DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
Por culpa de la ventisca, nuestro regreso de ha retrasado un par de días, pero ya estamos cerca. InuYasha reclama que es demasiado pronto para que el clima esté tan frío, yo sólo lo apoyo con un gesto, llevando con dificultad un par de cestas que logramos obtener por nuestro trabajo.
Logro divisar el bosque a lo lejos, el solemne Árbol Sagrado se impone sin dificultad en el horizonte. Entrecierro los ojos, tratando de distinguir si es a Shippō a quien veo alejarse volando, pero no logro hacerlo, así que suspiro resignado y apuro el paso, mi compañero hace lo mismo.
Cuando hemos avanzado unos cuantos metros, la figura de Kohaku se aparece en el camino, dirigiéndose presuroso hacia nosotros. Inmediatamente mis sentidos se ponen alerta, ante la posibilidad de algún inconveniente.
— Hola, InuYasha, su Excelencia — nos saluda, me sorprende ver que pese al trote, su respiración se mantiene regular —. Lamento esto, pero mi hermana lo espera en casa. Dice que vaya lo antes posible.
— XXXVI —
"Motion"
Sin darme tiempo para preguntar nada, me quita las cestas y me indica con un gesto que me apresure. Comienzo el trayecto, avanzando lo más rápido que puedo hasta llegar a mi hogar, ingreso y busco a Sango por la sala, pero ella no se encuentra allí, así que rápidamente voy hasta nuestra habitación y entro sin siquiera detenerme a recuperar el aliento.
— Sango, ¿estás bien…?
Ella se encuentra recargada contra la pared, sus manos apoyadas en el vientre abultado que ya tiene el tamaño de un melón. Me mira sonriendo, me hace un gesto para que me acerque y al ver que voy a decir algo, me indica que guarde silencio y sólo obedezca. Camino hasta ella, me pide que me siente a su lado, lo hago pero sin comprender el porqué. Una de sus manos toma la mía y la lleva hasta los pequeños, mientras me sonríe con cariño.
— Cierra los ojos un momento.
Quiero saber qué sucede, abro la boca para preguntarle pero su mirada me deja claro que será mejor que sólo siga sus indicaciones, así que cierro los ojos y espero paciente, con la duda y la incertidumbre consumiéndome por dentro. Tras unos segundos, creo que casi es un minuto, la ansiedad me gana.
— Cariño, ¿qué…?
— Sólo espera.
Vuelvo a guardar silencio, aunque la situación me confunde y, por primera vez en mucho tiempo, puedo decir que estoy impaciente, pese a que no sé qué tengo que esperar. Transcurridos otros segundos que se me hacen eternos, inhalo profundo para volver a hablar y de pronto, siento un golpecito en mi mano.
En la mano que tengo apoyada en el vientre de mi mujer.
Abro los ojos, sorprendido y emocionado, la miro directo a los ojos y puedo ver que ella también está emocionada. Sonríe cariñosamente, en tanto vuelvo a sentir otro pequeño movimiento bajo mi palma. Siento como una lágrima se logra escapar de mis ojos, pero no puedo impedirlo: acabo de sentir, por primera vez, a nuestros pequeños moverse. Sin poder evitarlo, con mi mano libre acaricio el rostro de Sango y le beso la frente, sintiéndome demasiado pleno como para poder articular alguna palabra. Simplemente, no hay nada que decir.
Nos quedamos así un rato hasta que los pequeños dejan de moverse y mi estómago gruñe, reclamando la falta de alimento. A pesar de que mi esposa hace ademán de levantarse para cocinar algo para la cena, ahora soy yo quien le pide que se quede en su lugar y voy hasta la cocina para preparar algo. Llevo la comida a la habitación y nos disponemos a servirnos, Sango sonríe al mirarme, sus ojos tienen un brillo alegre que impregna todo mi ser.
— Perdón por no decírtelo de inmediato, pero quería que fuese sorpresa…
— Gracias… — Le respondo, dándole un fugaz beso en los labios. — Pero creo que no volveré a irme de la aldea.
— ¿Por qué?
— Cada vez que estoy de regreso, termino preocupándome al tener que llegar rápido a casa…
— Lo siento, no quería…
— Lo sé, pero es inevitable que tema si llega Kohaku y me dice que debo venir lo antes posible.
Nuestras miradas se cruzan unos segundos antes de que los dos sonriamos con tranquilidad, ella toma una de mis manos y, sin dejar de mirarme, vuelve a hablar.
— Es mi culpa, no volverá a pasar. Además, no dejarías de acompañar a los muchachos, te encanta ir.
Asiento con un gesto, mientras sigo sonriendo antes de decidirme a decirle porqué me gusta hacerlo.
— Lo mejor de estos pequeños viajes, Sanguito, es volver a casa. Volver a verte y reafirmar que eres todo lo que necesito para seguir adelante.
Se sonroja levemente, la beso nuevamente y luego vuelvo a mi comida, sin dejar de pensar en lo feliz que puede hacerme sin siquiera esforzarse. Y eso es lo que más amo de ella.
Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 811.
Hola! Sí, yo otra vez. Lo subo rapidito porque estoy por irme a dormir, mañana debo levantarme temprano (sí, soy una irresponsable). Pero, promesas son promesas. ¿No es tierno cuando un padre siente a sus pequeños por primera vez? Pues sí. Corto, pero espero haberlo plasmado bien.
Agradezco mucho a la Capitana Mor (sí que me hiciste el día con tu hermoso review, lo responderé el fin de semana, lo prometo!) y a Nuez (sabes que esto es para ti, perdón la espera, ojalá valga la pena!). Y a todos los que se pasan, ¡mil gracias por leer!
Saludos y espero estarnos leyendo pronto!
Yumi~
