DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
Escucho el crepitar del fuego mientras el agua se calienta y el calor comienza a recorrer mi cuerpo. Cierro mis ojos, disfrutando el momentáneo silencio que hay ahora y pensando en los cambios que han ocurrido estos días, con una sonrisa en mi rostro.
Esto es muy distinto a cómo lo había imaginado.
— ¿Su Excelencia, puedo entrar? — La anciana Kaede me mira desde la entrada, le indico con un gesto que se acerque al fuego, mientras le ayudo a quitarse un poco la nieve de encima.
— ¿Ya terminó sus labores de hoy?
— Sí, con la ayuda de Rin no es tanto trabajo — me sonríe con calidez y luego mira en dirección a la habitación donde descansan Sango y las gemelas —. ¿Cómo han estado sus pequeñas? ¿Mei está bien?
— XLII —
"Fragile"
— Sí, ahora duermen… — le respondo, ella me sonríe de vuelta.
De pronto, recuerdo que no es primera vez que me pregunta específicamente por la más pequeña. Y no es la única. Inhalo profundo y decido averiguar la razón, ya que se me hace extraño.
— Anciana Kaede, usted se preocupa mucho por nuestras hijas, pero especialmente por Mei. InuYasha también pareciera que le presta más atención. Y me he dado cuenta que incluso Sango es más cuidadosa y atenta con ella. Me ha dicho que sólo es mi imaginación, pero creo que no es así. ¿Es por algo que yo no sé?
Ella me sostiene la mirada un instante y luego suelta un pesado suspiro, puedo notar una sombra de inquietud en sus cansinos ojos antes de que decida hablar.
— Sabía que tarde o temprano lo notaría, Excelencia. No queríamos preocuparlo pero creo que debe saberlo, después de todo es su hija — hace una pausa para servirnos algo de té, pero al ver mi angustia me pide con gestos que me tranquilice hasta que se vuelve a sentar para continuar —. No le mentiré: el parto fue complicado, demasiado largo para mi gusto. Pensé que podía tener repercusiones en ambas criaturas, pero Mao nació en perfectas condiciones. Lloró al instante, luego se quedó tranquila cuando escuchó a Sango volver a pujar. Pese al esfuerzo, costó que Mei naciera: venía de nalgas y, cuando por fin estuvo fuera, su pequeña no respiraba. Pasó casi un minuto sin que reaccionara. Tuve miedo, no lo negaré, pero le aseguro que tiene el espíritu guerrero de su madre, ya que cuando logró llorar, lo hizo con toda su fuerza. Y hasta ahora se ha mantenido bien.
El relato de la anciana sacerdotisa cala profundo en mi ser. Ahora recuerdo los momentos de silencio, la angustia mal disimulada de InuYasha, el apremio con el que Sango cargada a Mei antes de colocarla en mis brazos, y todo me hace sentido. De pronto, ella vuelve a hablar.
— Tu familia es muy fuerte. A pesar de la angustia que debe haber sentido Sango, porque sé que se percató de la situación, mantuvo la calma para no complicar más las cosas, cuidando de Mao mientras yo atendía a Mei. Debes estar muy orgulloso de tu mujer.
Asiento con la cabeza, en tanto fijo mi vista en el té, pensando en lo ocurrido. Repentinamente, un llanto interrumpe el silencio. Me disculpo con un gesto, la anciana Kaede se despide y abandona mi hogar, yo me dirijo a nuestro cuarto para ver a la pequeña que acaba de despertar.
Al ingresar, veo a Sango tratando de calmar a la bebé sin mucho éxito; me acerco, sentándome a su lado y ofreciéndole ayuda. Me entrega a la pequeña, quien sigue llorando enérgicamente. Tomo con cariño una de sus manos, ella cierra sus pequeños deditos alrededor de mi índice y puedo notar el listón rojo que lleva en su muñeca.
— Tranquila, pequeña Mei… papá y mamá están aquí para cuidarte, no debes llorar…
Fija sus ojos en mí y deja de llorar, apretando con fuerza mi dedo. Mi mujer apoya su cabeza en mi hombro y puedo notar como un suspiro de cansancio abandona sus labios.
— Ya sé lo que pasó durante el parto — le revelo, dándole un beso en la frente. Ella me mira sorprendida —. Sango, estamos juntos en esto. Sé que no querías que me preocupara, pero no comprendo por qué.
— Lo siento, esperábamos tanto este momento… en especial tú, sólo deseabas que nacieran y yo quería que lo disfrutaras, que sólo hubiera felicidad… no quería que te preocuparas ni que tuvieses miedo o angustia. Es uno de tus sueños y…
— Y lo estoy cumpliendo. Pero no quiero vivir sólo la felicidad de ser padre, también quiero enfrentar los momentos difíciles y que los superemos juntos. Por favor, ambos somos parte de esto.
Me regala un cálido beso y me sonríe, tiene las mejillas levemente sonrosadas y su mirada destella con felicidad.
— De acuerdo, no volverá a pasar algo así.
Le sonrío de vuelta, luego ambos observamos a nuestra bebé, que ha vuelto a dormir entre mis brazos. Me acomodo cuidadosamente al lado de mi mujer, dejando a Mei junto a su hermana y abrazándolas para luego también intentar dormir un poco. Antes de cerrar los ojos, vuelvo a besar a mi esposa en los labios, ella me acaricia el rostro, en un gesto que siempre me llena de paz.
— Son lo mejor que me ha podido pasar. Por eso, quiero estar al tanto de cada etapa, por difícil que sea.
— Está bien. Te amo, Miroku. Gracias por todo.
— No agradezcas, pequeñita. También te amo. Ahora, será mejor que descansemos mientras podemos.
Ella asiente con la cabeza, nos acurrucamos procurando no despertar a las gemelas y cerramos los ojos, listos para dormir.
Porque sé que nos queda mucho por delante, y tenemos que reponer energías.
Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 946
Ok, dije que quería plasmar lo complicado del parto, así que aquí está. Las pequeñas no la tuvieron fácil, así que hay que darles créditos a ellas y a su madre, por no rendirse. Creo que lo guerrera y fuerte de Sango se debe reflejar hasta en eso. Y además, creo que realmente ella no querría preocupar a Miroku, sólo desea que él sea feliz y haberle comentado lo complicado que fue todo, habría hecho que él también se preocupara. Aunque, bueno, yo siento que él desea estar ahí en las buenas y en las malas. Jamás las dejará solas, por muy difícil que sea el camino. Es amor puro, y del bueno ~y yo me derrito con él awh~
Mor, mil gracias por tu review (intentaré responder los últimos, por lo menos), espero que esta vez el correo sí te notifique e.é ; Nuez, ojalá pronto puedas despejar tu mente y pasarte a leer, por mientras sabes que cuentas conmigo.
A los demás, ¡gracias! Espero leernos pronto.
Los quiero, ¡un abrazo!
Yumi~
