DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
Han pasado un par de días desde esa conversación con InuYasha. Sé que debería haber hablado ya con Sango, pero no me he sentido realmente en condiciones de hacerlo. El dolor sigue demasiado profundo, al igual que el miedo; sin embargo, lo que me ha impedido lograrlo es la indiferencia que muestra ella. Como si no existiera, como si nada fuese real…
Como todos estos días, escucho a Kohaku decir que se llevará a las gemelas por un rato, Rin lo acompaña y cada uno carga a una de las pequeñas mientras noto que Shippō e InuYasha los esperan afuera, dejándome nuevamente solo. Miro la sala, soltando un suspiro de abatimiento: mi hogar ya no se siente como tal.
— LIV —
"Missing"
A pesar de que este par de días he dedicado mis energías en tratar de que la casa vuelva a ser un lugar habitable, nada es igual. Las risas de mi familia ya no inundan los rincones de cada habitación; la calidez de sus abrazos es algo que hace tiempo no tengo el placer de recibir y, lo peor de todo, es que la soledad se está asentando con fuerza en mi pecho. Y tengo miedo de que nunca se vaya.
Niego con un gesto, mientras me decido a servir algo de comida y la llevo hasta nuestra habitación, de donde Sango no ha salido en todo este tiempo. Ese día lloró por nuestro hijo hasta perder las fuerzas, hasta quedar sin lágrimas y aún más, hasta que su cuerpo pudo mantenerla despierta; luego, sus labios han estado sellados y ni siquiera ha querido probar alimento. Está delgada, pálida y se nota cansada, lo único que sigue teniendo vida en ella son sus ojos, pero sólo expresan demasiado dolor.
Ingreso al cuarto y me sorprende no verla recostada en el futón: de hecho, no está ahí. Salgo hacia el patio y la encuentro sentada en el césped, el cabello suelto, la yukata compitiendo con el blanco de su piel, los ojos perdidos en algún punto distante. Me extraña que haya tenido la fuerza para llegar hasta aquí, pero me acerco a ella en silencio, sé que me ha sentido.
— Es mi culpa… — Murmura de pronto, sus ojos siguen sin mirarme. — Yo… Yo no pude soportar un nuevo embarazo. Fue mi cuerpo el que no fue capaz de mantener a salvo a nuestro pequeño…
— Sango, no digas eso…
— Es la verdad. Digan lo que digan la anciana Kaede, InuYasha o tú… fue mi cuerpo el que falló.
Me siento a su lado y la abrazo, su cuerpo se estremece levemente al igual que el mío, como si fuese la primera vez que estamos tan cerca. Le beso la frente, tratando de traer de vuelta a mi esposa, ya que la mujer que está a mi lado no es ni siquiera su sombra.
— Tu cuerpo no falló. La anciana Kaede nos explicó que era muy pronto aún y, como el parto de las gemelas fue complicado, existía la posibilidad de que esto pasara. Incluso InuYasha lo había sentido. No puedes culparte por…
— ¿Por la muerte de nuestro hijo? — Sus palabras duelen, están cargadas de remordimiento y son un golpe bajo; pero no hemos hablado del tema y creo que es hora de hacerlo. — ¡Admítelo, Miroku, yo lo maté!
— ¡Basta, Sango! — Detengo el repentino impulso de golpearla que nace al escuchar sus palabras, esa no es la respuesta que ella necesita, que yo necesito. La tomo de los hombros para que me mire, remeciéndola levemente para que reaccione. — ¡No fue tu culpa, tú no lo mataste! Si alguien es responsable, soy yo por… por no haber sido capaz de esperar. Si hubiera esperado…
— Tampoco es que me obligaras, yo también quise… Así que no puedes culparte por eso…
El silencio vuelve a imponerse, pesado como siempre. No he podido evitar sentirme culpable por lo que pasó y, al parecer, ella tampoco. Aunque trate de pensar que estas cosas pasan y que no podíamos evitarlo, no puedo sacarme el peso de encima y pensaba que Sango no me hablaba por eso. Pero ahora me doy cuenta que es todo lo contrario, debí notarlo antes…
Los sollozos de mi esposa me sacan de mis pensamientos, las lágrimas nuevamente corren por sus mejillas y su rostro está contraído con una expresión de miedo y dolor que me golpean con fuerza.
— Pequeñita…
— Aunque no fuese mi culpa… ¿qué pasaría si lo que dijo la anciana Kaede fuera cierto? ¿Y si después de esto, yo no…? — Su llanto se hace más notorio, siento el agarre más fuerte en mi ropa antes de que continúe. — ¿Si no puedo tener más hijos? ¿Y si no puedo darte la familia que tanto deseas…?
— Por favor, no pienses en eso…
— ¡Pero te estaría fallando! Ya soy un desastre de esposa, imagina si luego ni eso puedo darte…
La miro a los ojos sólo una milésima de segundo antes de besarla en los labios, no quiero que siga hablando. No quiero que siga mortificándose ni sufriendo sola por esto. No quiero mirarla y no encontrar a mi esposa en sus ojos. Ya no quiero sentir que, además de a nuestro pequeño, también la perdí a ella.
Se sorprende ante mi gesto, sé que no lo esperaba y lo único que logra hacer es cerrar los ojos mientras más lágrimas caen, puedo sentirlas en mis mejillas también. Me separo suavemente y le limpio el rostro con mi pulgar, a pesar de que sé que yo sigo llorando, ya no quiero ver sus lágrimas.
— Nunca me has fallado, ni antes, ni ahora y creo que mucho menos, en el futuro. Lo único que puedo reclamarte es que te culpes por lo que pasó o lo que pueda pasar. La familia que tanto deseo ya la tengo: me diste dos maravillosas niñas y, por si fuera poco, tengo la mejor esposa del mundo. Si no pudiésemos tener más hijos, sería doloroso, no lo niego; pero no sería el fin. Mao y Mei nos necesitan… y no sólo ellas. Todos están preocupados por nosotros, pero son apenas unos niños y también nos necesitan. Incluso la anciana Kaede e InuYasha…
— ¿L-Lo dices en serio? — Asiento con un gesto, sus ojos ya no reflejan tanto pesar. — P-Pero nuestro bebé…
— Sango, perdimos un hijo y eso nunca lo olvidaremos ni nada podrá cambiarlo… pero debemos seguir adelante, no sólo por nuestra familia, sino que por nosotros mismos. Siempre te admiré por lo fuerte que eres y el gran corazón que tienes. Ahora quiero volver a encontrarte cuando te mire a los ojos. No quiero perder a mi esposa también.
Repentinamente, sus brazos se cierran alrededor mío, con fuerza y desesperación, aferrándose a mí como si no hubiese un mañana.
— Lo siento… lo siento… Miroku, lo siento tanto… perdóname…
La abrazo de vuelta, con cariño, aliviado y sintiendo como mi corazón vuelve a latir con la fuerza que sólo ella le da. Le beso la frente con aprehensión, tomando su cara entre mis manos y apoyando mi rostro en el suyo, mi mirada se vuelve a perder en la de ella, nos volvemos a encontrar.
— No te disculpes, Sango. No hay nada que perdonar, sólo sigamos adelante.
Ahora ella asiente con un gesto, me vuelve a mirar y limpia mi rostro de las lágrimas, sus ojos vuelven a ser cálidos y sus labios me vuelven a regalar un dulce beso. Extrañaba tanto a mi esposa, a mi Sanguito.
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Ok, estaba un poco ansiosa por subir esto. De seguro no debe ser nada fácil perder a un bebé, menos para ellos cuyo plan son 20 hijos o más. Aparte, Sango debe tener muchos complejos e inseguridades y no dejaría de pensar que fue su culpa - de hecho, muchas mujeres piensan eso luego de un aborto espontáneo - y más con todas las consecuencias que puede tener. Pero vamos, que Miroku es un amor (L)
Ahora sí, ya vamos por la viñeta 54 (y yo que había comenzado el proyecto pensando que serían unas 10 o no muchas más). Le agradezco el apoyo y creo que si no fuera por eso, no hubiese tenido el ánimo ni la inspiración para llegar hasta aquí. Y creo que hay para rato, así que les vuelvo a agradecer que sigan leyendo y dejando sus pequeños comentarios. Gracias Mor, Nuez y ahora, a aby2125. Son la luz, las adorou~
¡Nos leemos en la próxima!
Yumi~
