DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


Hook us up


Entro a nuestro hogar y veo a Sango jugando con las gemelas. Sonrío, es una imagen que extrañaba y de sólo verla, me llena de paz. Dejo los paquetes por los que había ido al almacén sobre la mesa y me acerco a ellas, las pequeñas ya gatean y se entretienen explorando la casa, así que debemos estar aún más pendientes.

Me inclino y saludo a mi esposa con un corto beso en los labios, disfrutando el brillo en sus ojos. Si bien no puede ocultar el dolor que todavía sentimos, ahora expresan alegría y algo de paz, lo que es un gran avance.

— ¿Has visto a InuYasha? — Me pregunta de pronto, mirando hacia afuera.

— No…

— Qué extraño, no ha venido a fastidiar en todo el día.

LV —

"Medicine"

Ahora se nota un poco preocupada, supongo que ambos nos hemos acostumbrado a que él y los demás merodeen por aquí, cerciorándose de que todo esté bien y ayudando en lo que puedan. Así que es raro que no tengamos a alguno de nuestros amigos en casa en estos momentos.

— Debe estar en el bosque, ya sabes que hay días que no le gusta alejarse del Árbol Sagrado… — Le respondo de forma ligera, tratando de restarle importancia aunque también me extraña.

— No, Kohaku estuvo con nosotras más temprano y dijo que no lo había visto en el bosque tampoco. Que no lo había visto en todo el día, de hecho — agrega, no puede disimular su ansiedad —. Ni a Shippō.

Ahora arrugo las cejas, ¿Shippō también? Me siento junto a Sango y le entrego una taza con té, ella me agradece con un gesto y luego ambos bebemos un poco, mientras miramos a Mao tratar de ponerse de pie y caer sentada un par de veces mientras Mei se ríe y aplaude, como alentándola a seguir intentando.

— Seguramente están… — No alcanzo a terminar mi frase, escuchamos una discusión bastante familiar afuera y luego un par de golpes en la entrada. —… Por llegar. ¡Pasen!

Inmediatamente aparecen por la puerta, Shippō va sentado en la cabeza de InuYasha, golpeándole la frente en tanto él está molesto, pero no hace más que mover la cabeza tratando de bajarlo, ya que sus brazos están cargados con paquetes y le impiden levantar las manos para agarrar al zorrito.

— Miroku, sácame a este mocoso de encima — me saluda nuestro amigo, sacudiendo un poco más la cabeza —. Ya me tiene harto.

— ¡Reconoce que si no fuera por mí, te habrías perdido! — Exclama Shippō, golpeando nuevamente su cabeza.

— Oye, Shippō… mira, Mao intenta ponerse de pie — suelta casualmente Sango, como acto reflejo el pequeño abandona su ubicación para llegar junto a las gemelas y mirarlas entusiasmado. Ella sonríe al verlos y luego fija su mirada en InuYasha —. ¿Dónde estaban? Ya estaba empezando a preocuparme…

— Keh, sabemos cuidarnos muy bien solos — espeta él, dejando los paquetes sobre la mesa —. Te trajimos algo.

Ahora tanto ella como yo observamos los paquetes, con curiosidad. Nuestro amigo toma uno y comienza a desatar las amarras, dejando al descubierto unas cuantas hierbas extrañas que no he visto por los alrededores.

— ¿Qué…?

— Son hierbas medicinales. Pero no son cualquier tipo de hierba, son… — Hace una pausa, parece dudar antes de seguir hablando. — Te ayudarán a recuperarte por… por la pérdida de sangre y todo. Son especiales para eso.

— ¿De dónde…?

— Fuimos al campo de Jinenji. Sigue siendo quien tiene las mejores hierbas medicinales, después de todo. Como Shippō iría por algunas para su viaje, decidí acompañarlo y preguntarle si tenía algo que te pudiera ayudar. Así que te las traje.

Los dos contemplamos las hierbas, un poco sorprendidos. No puedo dejar de asombrarme por el detalle, ya que demuestra el grado de preocupación que siente InuYasha por Sango después de lo que pasó. Ella toma un par de hierbas del paquete y siente su aroma, arrugando la nariz.

— ¿Seguro que esto es medicinal? No huele muy bien…

— Jinenji lo aseguró. Dijo que te prepararas una infusión con cuatro de estas hierbas y la bebieras caliente dos veces al día, una por la mañana al levantarte, y otra por la noche al ir a dormir.

— Hum… de acuerdo…

— Debo advertirte que no sabe muy bien, pero la mayoría de las medicinas efectivas tienen ese problema.

Mi esposa le sonríe en respuesta, para luego acercarse a los paquetes y volver a envolver el que InuYasha había abierto, comenzando a guardarlos en uno de los muebles.

De pronto, el silencio se hace evidente, ya no escuchamos a Shippō y las gemelas. Los tres nos volteamos a verlos y mi boca se entreabre ante la escena: Mao se afirma tambaleante de la pared, está de pie, con las piernas temblorosas; aguanta un par de segundos, pero en cuanto se suelta de su agarre e intenta dar un paso, vuelve a caer sentada, haciendo pucheros. Mei se ríe y se acerca a ella gateando junto al zorrito, y antes de que la mayor rompa en llanto, ya la han hecho reír nuevamente. Sonrío y miro de reojo a Sango, su mirada brilla feliz y también sonríe, al igual que InuYasha. Aún faltan un par de meses para que las pequeñas cumplan un año, pero sigue siendo sorprendente la forma en la que crecen. Creo que nunca dejarán de sorprenderme.

Nos acercamos a las niñas y seguimos jugando con ellas, Mei pronto pide los brazos de Sango y Mao, los míos, ambas hacen gestos y balbucean animadas, su energía es contagiosa.

— Oigan, hay algo más — dice de repente InuYasha, acercándose a nosotros y dejando que las niñas le jalen un poco el cabello – podría apostar que el juego favorito de ellas es molestarlo –, mientras nos mira un poco serio.

— ¿Qué es?

— Bueno, Jinenji dijo que podrías sentir un poco de dolor luego de tomar la medicina. Es parte de su efecto, debería pasar luego de los primeros días. Dijo que era importante que la siguieras tomando a pesar de eso.

— De acuerdo — responde Sango, sonriéndole con cariño —. Gracias, InuYasha.

— Keh, no es nada, sólo son un par de hierbas…

— No, no sólo por esto. Por todo. Todo lo que has hecho, tú y los demás… gracias.

Él vuelve a bufar, un sonrojo casi imperceptible se apodera de sus mejillas. Mi mujer lo mira con cariño y verdadera gratitud en sus ojos, las pequeñas ahora intentan alcanzar las orejas de perro, lo que provoca que InuYasha les haga muecas, ellas ríen felices, yo abrazo a Sango y ella apoya su cabeza en mi hombro, mirando la escena.

De a poco, mi hogar vuelve a ser el mismo.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 1101


Sé que últimamente he tenido problemas para mantener las viñetas como tal con menos de 1000 palabras, pero es difícil expresar todo en tan pocas palabras. Espero que no sea un problema.

Ahora, sinceramente pienso que InuYasha buscaría otra forma de ayudar a sus amigos. Creo que de verdad debe sentirse impotente porque bueno, no pudo ayudarlos a no perder al pequeño - aunque no sea su culpa, tiende a ser sobreprotector con todos - y ahora, con toda la situación, tampoco los puede ayudar mucho más que gritándoles que sigan adelante. No es bueno para hablar, por lo que sabe que no puede ayudar a Sango a llevar ese dolor como lo haría Kagome, y qué decir con las cosas de la casa: aunque trate de ayudar, no es su fuerte y seguro sólo puede colaborar con entretener a las niñas y eso, aunque sea mucha ayuda para sus amigos, él lo considera inútil. Así que buscaría otra forma. Eso es lo que yo creo, por lo menos.

Sobre las gemelas, según mis cuentas ya deben estar cumpliendo entre ocho y nueve meses, están en la edad en la que comienzan a explorar el mundo y tratar de pararse, caminar y hablar. Así que eso alivianará los afligidos corazones de sus padres.

Saludos apretados a todos, pero en especial a quienes se animan a dejarme reviews: Mor, aby2125 y Nuez. ¡Sus palabras son de lo mejor!

Besos a todos, ¡los quiero~!

Yumi~