DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


Hook us up


Los preparativos para el viaje nos llevaron días, todos preocupados de que no nos faltara nada. A Kohaku no le pareció mala idea que tomáramos nuevos aires, pero debimos lidiar con el mal genio de InuYasha, quien seguía sin estar de acuerdo con la salida. Refunfuñó hasta que nos vio salir y aún de lejos, podíamos notar su disgusto, pero no había nada más que hacer, él tiene que comprender.

Sonrío al divisar el templo acercándose, mientras Hachi me avisa que comenzará a descender. Le pedimos que nos trajera pues es mucho más cómodo y seguro viajar con las gemelas en él que en Kirara, aunque la felina insistió en venir pese a que últimamente había comenzado a ser la sombra de mi cuñado.

Llegamos a la entrada del lugar y apreciamos la calma y quietud que siempre hay. Suelto un suspiro, seguro de que conozco la razón por la que no tenemos un recibimiento adecuado.

LX —

"Rest"

— ¡Maestro Mushin! — Exclamo luego de atravesar la entrada, mirando de reojo a Sango cargar a Mei y a Hachi llevando las cosas con apremio. No obtengo respuesta, por lo que le entrego a Mao a mi esposa para ayudar a entrar las cosas y a continuación, me dirijo a una de las habitaciones del templo, donde encuentro a mi mentor durmiendo la resaca. — ¡Oye, Mushin! ¡Despierta, monje holgazán!

Abre los ojos y me mira, tarda unos segundos en reconocerme, mientras un par de hipidos se escapan de sus labios. Luego toma la vasija que está a su lado y bebe un trago antes de sonreírme.

— ¡Muchacho! ¡Por fin te dignas a visitar a tu maestro! — Se pone de pie con dificultad e intenta mirar detrás de mí, con curiosidad. — ¿La trajiste?

Asiento con un gesto y me sigue hasta fuera, donde Sango está sentada en el pasillo, jugando con las gemelas, Kirara y Hachi. Mi maestro observa la escena con alegría, se acerca a ellas y las saluda, tomando tiernamente la mano de mis pequeñas, quienes se ríen y le hacen gestos, tirándole la ropa y llamando su atención. Se sienta junto a ellas y comienza a hablar con mi mujer en tanto yo termino de ordenar nuestras pertenencias y preparo algo para comer. Cuando está todo listo, nos sentamos en el comedor, disfrutando el ambiente y la compañía.

— Pensé que te habías olvidado de tu viejo maestro, muchacho malagradecido — me espeta, mientras prueba la comida.

— Claro que no, sólo estuve ordenando un par de cosas… — Lo miro con seriedad y luego apunto hacia la vasija que comienza a llevarse a la boca. — Por favor, no bebas delante de las niñas.

— Bah, este es mi templo, mis reglas. Hago lo que se me da la gana — me responde, bebiendo un sorbo —. Te crié de esta misma forma y jamás te pasó nada. Aunque creo que las doncellas que solíamos visitar me ayudaron bastante… incluso a ti, cuando ya creciste un poco…

Ahora se pasa la mano por el mentón haciendo memoria, Sango se atraganta con algo de comida y Hachi la ayuda mientras me hace gestos para que evite más comentarios como ese.

— ¿Doncellas? — Logra preguntar ella, entre la tos que aún tiene.

— ¡Sí, bellísimas! ¿Las recuerdas, hijo? Había una que te tenía mucho cariño… Hace poco preguntó por ti…

— Supongo que le dijiste que estaba casado, ¿no? — Respondo, ahora mi mirada es más severa.

— Hum… — Lo piensa un momento y luego niega con un gesto. — No, lo olvidé. Incluso preguntó si seguías buscando alguien que tuviera un hijo tuyo… quizá podrías ir a verla, ya que estás por aquí.

— Claro que no. Su Excelencia vino acá a visitarlo a usted, no a… a… — Miro a Sango responder de forma cortante, mientras busca una palabra adecuada para referirse a la doncella en cuestión.

— ¿A damas de su pasado? ¡Pero si pasaban tan buenos ratos juntos!

— ¿Podemos cambiar de tema, por favor? Esas cosas ya pasaron, ahora no son relevantes… — Inquiero, quitándole de las manos la botella con sake a mi maestro.

— ¡Sí! Son sólo parte de los malos hábitos que le enseñó el maestro Mushin al Amo Miroku…

— ¿Seguro que son sólo eso? — Pregunta Sango, mirándome con ese gesto que logra darme escalofríos y paralizarme.

— Seguro, cariño. Te he dicho que sólo tengo ojos para ti — le sonrío en respuesta, alivianando un poco el ambiente para que volvamos a la comida.

Un poco a regañadientes, mi maestro deja el tema de lado y terminamos de comer con tranquilidad. Debido al largo y agotador viaje, las gemelas pronto caen dormidas en nuestros brazos y cuando Sango va a recostarlas en la habitación que ocuparemos, ella también cae rendida. La dejo descansar, aprovechando el momento para poder charlar tranquilamente con mi mentor. Llego a su lado, se encuentra sentado en el corredor contemplando el cielo estrellado, así que me siento junto a él, mientras me sonríe ofreciéndome algo de sake.

— Gracias — acepto, bebiendo un sorbo.

— Creo que lo necesitas más que yo — murmura, mirándome ahora a los ojos —. Han sido meses difíciles.

— Bastante…

Guarda silencio un momento, apoyando su mano en mi hombro con cariño, en ese gesto paternal que casi había olvidado, brindándome una calidez que de a poco se apodera de mí, hasta llegar al punto donde logra romperme. Siento un peso en mi pecho y las lágrimas escapan de mis ojos sin poder evitarlo.

— La vida es cruel, muchacho, y tú nunca tuviste las cosas fáciles. Conocí a tu abuelo poco antes de que muriera y a tu padre por muchos años. Viví su muerte y siempre temí que sufrieras el mismo final… pero fuiste capaz de derrotar a Naraku. Y lo lograste porque te permitiste tener amigos, confiar en las personas. Porque tu objetivo cambió: dejaste de desear sólo librarte de la maldición, fuiste más allá. Anhelaste una familia, y más que eso, ver feliz a alguien más. Conociste el amor, hijo, y con eso obtuviste lo necesario para vencer. Le diste esperanzas y un motivo para seguir a esa muchacha… y lo sigues haciendo. Sé que ella también ha sufrido muchas desgracias, pero me confesó que gracias a ti y sus amigos, pudo superarlas. Ha recuperado en parte lo que la vida le arrebató, y eso es en gran parte por ti.

— Lo sé, pero…

No encuentro palabras para expresar el dolor que siento, así que desvío mi mirada hacia el horizonte, tratando de evitar seguir llorando, a pesar de que cada lágrima que escapa de mis ojos me hace sentir más liviano.

— Miroku, tu esposa aún guarda un dolor muy grande, al igual que tú. La pérdida que sufrieron y sus cicatrices… aunque no quieran hablar de ello, sus ojos no dejan de reflejarlas. Pero, después de haber pasado por tanto, ¿dejarás que los consuma? Puedo darme cuenta que no has hablado de esto con nadie. Tu alma aún carga ese peso.

— Es cierto. InuYasha no podría comprenderlo del todo, estoy seguro que sólo me regañaría por sentirme así, y Sango… no quiero que cargue con este peso, ya ha tenido bastante.

— Sabes que siempre estoy aquí, muchacho.

Asiento con un gesto, me tardo un par de segundos en ordenar mis ideas, pero luego vuelvo a mirar a mi maestro a los ojos, listo para liberar por fin esto.

— La muerte del pequeño… nos golpeó duro. Jamás hubiese podido imaginar un dolor igual, pero para Sango fue más que algo emocional, porque ella vivió cada segundo del proceso… Por lo mismo, cuando me logré reponer un poco, enfoqué mis energías en sostenerla y sacarla de la tristeza y el sufrimiento, de la culpa que estaba sintiendo. Verla mejor, más recuperada y ahora, con energías y decidida a seguir cuidando de nuestra familia, me ayuda a recuperarme, sin embargo… no sé, hay un vacío que sigue ahí, demasiado profundo para alcanzarlo.

— Nunca llenarás ese vacío, hijo, porque es el que ha dejado la criatura que no alcanzó a conocer este mundo. Es algo con lo que tienes que aprender a vivir, pero no puedes hacerlo solo. Tu mujer sufre lo mismo y no es sano que lo vivan por separado. Tampoco te lo dirá porque siente que ya has hecho demasiado por ella, así que tendrás que enfrentarlo tú mismo. La única forma en la que sanarán por completo, es juntos.

Me sorprendo por su consejo, pero si lo pienso bien, tiene razón. Yo mismo le he dicho a Sango que estamos juntos en esto, aun así no he compartido todo mi dolor con ella y eso no nos llevará a ninguna parte. Suspiro levemente, agradecido de sus palabras, para luego terminar el sake que me queda y despedirme con una sonrisa, las lágrimas han dejado de fluir y el peso que sentía ya no es tan agobiante. Es momento de descansar.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 1465


¡Hola! Siento que tardé en actualizar, pero el trabajo ha estado muy ajetreado. Ahora bien, esto NO ES UNA VIÑETA, pero necesitaba escribirlo. Creo que Miroku es de los que tiende a preocuparse de los demás, ser el apoyo de sus amigos y familia y siempre evita preocuparlos. Por lo menos, no hablaría de su dolor con Sango, pero su maestro - aunque sea un holgazán ebrio - es un hombre sabio y tiene razón: sólo juntos se puede superar un dolor y vacío tan grande.

Espero que no sea una molestia que esto sea como viñeta y media (?) pero es lo que nació. Pronto estaré de nuevo rondando, trayéndoles algo más~

Saludos y agradecimientos a Mor, Nuez, Shinki S y aby2125. Sus reviews son de lo mejor, espero tenerlas por aquí ahora también :)

Nos leemos en la próxima, ¡un abrazo enorme para todos!

Yumi~