DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


Hook us up


Despierto sintiendo la suave caricia de mi mujer en mi rostro, tan delicada que apenas logra sacarme de mis sueños. Abro los ojos y la veo observarme en silencio, con una mezcla de cariño y preocupación que no puede ocultar. Llevo mi mano hasta la de ella y le devuelvo la caricia, intentando sonreírle con tranquilidad, pero creo que no logro mi objetivo, porque su expresión no cambia.

— Estuviste llorando — murmura, sin quitar sus ojos de los míos —. Anoche, después de que te recostaras… te sentí. — Su tacto se vuelve más notorio, protector, su mano me transmite una calidez amena. — ¿Pasó algo…?

— No, tranquila… — Niego con un gesto, pero su preocupación no se esfuma.

— ¿Entonces, por qué llorabas?

Suspiro, mirándola fijamente a los ojos y luego me incorporo para responderle, besándole la mejilla.

— Es difícil de explicar, pero lo haré. Sólo necesito que estemos solos.

Ahora su rostro se muestra confundido mientras yo me levanto y tomo con cuidado a las niñas, que siguen durmiendo, y las llevo junto a Hachi y Mushin para que las cuiden mientras tanto. Mi maestro tiene razón y debo hablar con Sango, pero no quiero que nos interrumpan y mucho menos, deseo que las gemelas sientan nuestro dolor, así que esta charla debemos tenerla en privado.

LXI —

"Urge"

Tras dejar a las pequeñas, regreso a la habitación y me encuentro con mi mujer aún sentada en el futón, confundida. Me observa mientras entro al cuarto, cierro la puerta y me acerco a ella, sentándome frente suyo. El silencio cae sobre nosotros un par de segundos, Sango toma mis manos y las presiona con seguridad, esperando. Tomo aire y decido empezar, recordando las palabras de mi maestro.

— Sango, cariño… no sé cómo comenzar. Desde que perdimos al bebé, he sentido aún más responsabilidad contigo y las pequeñas, poniendo todas mis energías en cuidarlas y ayudarte a seguir adelante.

— Lo sé y te lo agradezco, si no fuera por eso yo no hubiese logrado salir. Por lo menos no sola.

— Jamás te habría dejado sola. De cierta forma, pensé que así podría sanarme yo mismo. Sin embargo, no me di cuenta que estoy cometiendo un error: me preocupa tanto darte mi apoyo, que no he sido capaz de ver que yo también necesito el tuyo. Me perdí en algún punto del nosotros. Supongo que es por esto que a veces sientes que las cosas van mal.

Su mirada no se ha separado ni un instante de la mía, su agarre sólo se ha hecho más firme, todo su ser me transmite calidez, pero una distinta a la que estoy acostumbrado.

— Siempre aparentas estar bien, ser capaz de soportar nuestros problemas... Y lo haces, pero nunca has demostrado necesitar ayuda. Nunca la has pedido y yo he sido demasiado ciega como para notarlo...

— Sigue siendo por mí, porque yo no te he permitido verlo. Cuando intentas acercarte, cuando me dices que sabes que algo está pasando, te alejo, tratando de cuidarte. Y debería ser todo lo contrario, porque te necesito. Necesito que me cuides, que me ayudes a sanar. Necesito que aprendamos a vivir este dolor juntos, porque por separado no creo que lo logremos. Yo no, por lo menos…

— Miroku…

Ya no hay más palabras, ni sus ojos en los míos, sus manos sueltan su agarre, pero todo es reemplazado por sus brazos rodeándome, acercándome a su cuerpo. De pronto me encuentro contenido por ella, sintiendo su calor, su protección, su apoyo… pero sobre todo, su amor, en un gesto que me sobrepasa. Deposita un cariñoso beso en mi cabeza y, sin poder contenerme más, me encuentro llorando en su pecho. Ella no me dice nada, dejándome derramar lágrimas en silencio, aunque su abrazo se hace más seguro, más presente.

— Cariño, yo… yo… lo siento… — No encuentro palabras, lo único que sale con facilidad de mí son las lágrimas.

— Shhh… — Me acalla, acariciándome el rostro. — No te disculpes. Está bien. Todo estará bien. Estoy contigo.

— Lo sé… — Casi por instinto, me aferro un poco más a ella, buscándola; Sango estrecha el abrazo en respuesta. — He sido tan orgulloso, pensando que podía solo con esto todo el tiempo… pero te necesito tanto. El vacío que hay en mi alma ahora no se llena con nada y duele… duele demasiado…

Vuelve a besarme la cabeza, su gesto sigue envolviéndome acogedoramente; por primera vez en mucho tiempo, me siento como un niño buscando la protección de su madre, encontrándola en sus brazos, la calidez que me brinda comienza a llenarme de a poco.

— Sé cuánto puede llegar a doler, Miroku, y no debería ser algo que se viva solo. Me tienes a mí, y no sé quién podría ser mejor que tu esposa, la madre de tus hijos, para comprender tu dolor. Pasamos por esto juntos, y debemos superarlo juntos. No sigas apartándome, también necesito ayudarte. Te amo y cuando decidí unir mi vida a la tuya, no fue sólo pensando en los momentos felices. Quiero contar contigo siempre, pero también ser tu apoyo, darte lo que tú me das a mí. Estoy aquí, para ti, siempre.

La forma en la que me tiene abrazado termina de calmarme junto a sus palabras, siento mi alma mucho más liviana y el vacío que tengo ya no duele tanto.

— Todos conocen tu lado fuerte, alegre y protector, pero yo conozco al Miroku que ha temido, sufrido y llorado y también me enamoré de él. Permíteme ayudarte…

Asiento con un gesto y levanto el rostro para mirarla nuevamente a los ojos. Tiene un par de lágrimas en su rostro, pero me transmite una tranquilidad reconfortante antes de besarme dulcemente. Todo lo que hace logra llenarme de una forma extraña, me completa, me complementa. A pesar de que el vacío sigue presente, saber que lo comparto con ella y que puedo encontrar refugio en sus brazos de la misma forma que lo ha buscado en los míos, provoca que ya no sea tan pesado.

— Gracias, Sango. Temía fallar si pedía ayuda, porque tontamente pensé que debía ser responsable por todo. Olvidé que eres la mujer más fuerte y sexy que conozco y que tengo la fortuna de que eres mi esposa, y puedo contar contigo. Ahora sé que estaba equivocado. Te amo, preciosa.

Sonríe, sin dejar de acariciarme el rostro mientras limpia las lágrimas, sus ojos brillan al volver a encontrarse con los míos y acentúa su sonrisa antes de volver a besarme, esta vez un poco más efusivamente.

— Ahí está — murmura luego de separarse de mis labios, sin borrar su sonrisa —. Ese es el Miroku que quería volver a ver.

Ahora yo le sonrío, comprendiendo a qué se refiere. Le acaricio también el rostro para luego volver a dejarme rodear por sus brazos, permitiendo que me mime. Después de todo, creo que ambos lo necesitamos.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 1135


Hola~ Lo sé, definitivamente tengo un SERIO problema con las viñetas, porque ya no son viñetas, pero ¿qué más da? Miroku merece desahogarse y buscar y encontrar el refugio, apoyo y protección que necesita. Así que tiene bien merecido este capítulo, porque realmente en cualquier momento iba a explotar. Y estoy segura que Sango querría protegerlo, porque ella es una mujer fuerte y que no teme estar a cargo, cambiar los roles. Si él le ha dado apoyo y sostén a ella este tiempo, ella quiere y también necesita darle la mano de vuelta.

Saludos y miles de agradecimientos a aby2125 y a Mor, adoro sus reviews, son lo más~ También le dejo mis saludos a Nuez y a Shinki S, de seguro prontito las veo por acá.

Besos pegajosos a todos, nos leemos pronto. Feliz Halloween para quienes lo celebren, y Feliz día de los Muertos también para los que tienen esa festividad. Sólo por si no nos leemos antes de eso.

Los quiero!

Yumi~