DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


Hook us up


Observamos a Sango llamar la atención de los habitantes de la aldea reunidos, para proponerles nuestra idea. Hay muchos murmullos y aún no han llegado todos. De pronto, InuYasha me da un codazo para que lo mire.

— Oye, ¿estás seguro de dejarla? Sabes que ese entrenamiento será principalmente con hombres, y no es que desconfíe, pero a veces hay quienes nunca muestran su verdadera cara… además, si se esfuerza demasiado…

— Hablamos de Sango. No es cualquier chica intentando enseñarle un par de golpes a un grupo de hombres más fuertes. Además, creo que no sólo la aldea necesita esto.

Me mira con extrañeza, sin comprender; le señalo con un gesto de mi cabeza a Sango, quien saca voz para hacerse escuchar.

LXXI —

"Prepare"

— Bien, deben preguntarse para qué les pedimos que vinieran. El ataque de hace un par de noches tomó a todos desprevenidos y, si no fuese por Kohaku y porque nosotros estábamos llegando, probablemente tendríamos consecuencias mucho peores. Es por esto que creemos necesario que estén preparados para estas situaciones.

— ¿Preparados?

Varios murmullos y cuestionamientos vuelven a interrumpir el momentáneo orden, los aldeanos parecen extrañados, algunos en desacuerdo y otros incluso, temerosos. De pronto, uno de los cabecillas se aclara la garganta y pide hablar.

— Señora Sango, somos simples campesinos, no sabemos cómo defender la aldea, y entre nosotros no hay nadie que pueda enseñarnos. Por eso confiamos en ustedes para protegernos…

— Lo sé, y he decidido prepararlos yo misma. Si están de acuerdo, puedo enseñarles varias cosas.

Ahora muchos intercambian miradas, pensándolo. Antes de que alguno pueda responder, una aldeana se adelanta, mirando con detenimiento a Sango, no muy contenta.

— No estoy de acuerdo. ¿Por qué ella? ¿No han visto su uniforme de batalla? Aunque lo niegue, de seguro se insinuará a nuestros hombres con ese… atuendo, y sus movimientos. ¿Están seguras de querer que sus hijos y esposos tengan la posibilidad de caer ante esa imagen?

Sango enrojece, mezcla de vergüenza y rabia, apretando con fuerza sus puños, noto con facilidad la ira que la recorre. Comparto el sentimiento, así que me coloco a su lado antes de que estalle, llamando la atención de todos, que vuelven a guardar silencio para escucharme.

— Mi esposa es la persona más capacitada en este lugar para enseñarles a defenderse, y jamás intentaría insinuársele a nadie. Confío en ella y ustedes deberían confiar en sus hombres, porque si a alguno se le cruza otra imagen de mi mujer por la mente, ya no es su responsabilidad. Además, estarían corriendo mucho más peligro que si se enfrentaran a un yōkai, y no lo digo por mí.

La mujer me mira con las mejillas rojas, pero guarda silencio, permitiendo que nuevamente hable el cabecilla, en tanto yo tomo discretamente la mano de Sango para calmarla, porque sigue molesta con la idea de aquella chica.

— Su Excelencia, señora Sango… agradecemos profundamente su ayuda y creo que tienen razón. Estoy de acuerdo en que debemos prepararnos lo mejor posible. Espero que los demás se den cuenta y decidan unirse. Por mi parte, mi hijo y yo aceptamos ser sus aprendices.

Otros aldeanos también asienten, formando un grupo para organizar el entrenamiento; animo a Sango para que se acerque a ellos, mientras observo de lejos, sintiéndome aún molesto por las palabras de esa aldeana y lo que hizo que atravesara por mi mente.

— Bueno, te dije que sería un problema…

— Supongo que es un riesgo que debemos correr. Además, confío en ella…

— No es de Sango de quien yo dudo. ¿Estás seguro de querer seguir con esto?

Miro a mi esposa dar instrucciones, su semblante serio y un tanto amenazante espantaría a cualquiera que tuviese otras intenciones. Sonrío, confiado porque sé que ella es capaz de mantener a raya a cualquiera que intente pasarse de listo, y luego vuelvo a mirar a InuYasha, quien sigue con los brazos cruzados y enfurruñado.

— Lo estoy. Sé que Sango no sólo será capaz de manejar la situación, sino que lo necesita. Creo que ver a Kohaku nuevamente en peligro, tratando de cumplir con su oficio, la hizo sentir sola. Son los últimos exterminadores, InuYasha, y estoy seguro de que ella no quiere que eso sea así. Probablemente no encontrará aquí a alguien que pueda convertirse en su camarada, pero traspasar sus conocimientos por lo menos le ayudará a que perduren.

Mi amigo vuelve a mirarla, estoy seguro que nota el brillo tenaz y entusiasta que escapa sutilmente de sus ojos, porque sonríe de medio lado, casi imperceptiblemente, antes de mirarme nuevamente, dándome un pequeño golpe en el hombro.

— Bien, hagan lo que quieran. Pero no deberíamos bajar la guardia, sabes que muchos humanos no son de fiar.

Sé que lo dice por propia experiencia y por la que hemos visto muchas veces en nuestros viajes. No quiero desconfiar de los aldeanos, ya que nos han apoyado mucho, pero tampoco puedo cerrar los ojos, por lo que asiento a las palabras de mi amigo. Él se va, mientras Sango se acerca, su semblante no se suaviza hasta que alcanzo su mano y beso su frente.

— ¿Cuándo comenzarán?

— Mañana. Espero de verdad no tener problemas por esto, yo sólo quiero evitar una tragedia… ¿cómo es posible que alguien pueda pensar que… que…?

— ¿Que tu traje de exterminadora y tus movimientos son insinuantes? A mí no me parece una idea errada, pero es una imagen que preferiría guardar sólo para mí.

Su mirada me asesina, siento su puño cerrarse con tensión y sus mejillas enrojecen levemente; le sonrío pícaro, abrazándola por la cintura para acercarla a mí, disfrutando en secreto cómo frunce los labios al molestarse.

— Es que eres un pervertido sin remedio.

— Sí, y cualquiera que piense de esa manera de ti, también lo es. Así que descuida, no creo que haya muchos por aquí…

— Por el bien de la humanidad, espero que no.

Le regalo una sonrisa cómplice, ella me devuelve el gesto, dándome un beso fugaz antes de que las niñas lleguen corriendo a nuestro lado con Kohaku tratando de alcanzarlas. Sango toma a las gemelas y yo suspiro, calmando a mi celoso yo interior que a veces me cuesta controlar, recordando que, aunque es inevitable que mi mujer llame la atención de otros hombres, es mi esposa y eso no cambiará.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 1044


¡Hola! Acá yo de nuevo, con este pequeño arrebato de celos que podría ocasionar, yo creo que en cualquiera que haya visto a Sango con su traje de Exterminadora, lucirse como lo hace. Lo bueno es que Miroku puede controlar esos celos porque confía en ella, además de que se da cuenta de que lo necesita y sabe darle ese espacio. InuYasha seguirá siendo así de sobreprotector pero qué se le va a hacer, no podemos cambiar a este orejas de perro.

En fin, saludos a todos los que pasan a leer, pero en especial a Nuez, aby2125 y a Mor. Gracias por su apoyo y por seguir aquí, ¡las quiero!

Nos leemos pronto :3

Yumi~