Desde pequeña, Felicia ha sido el centro de atención a cada lugar al que va. No en un mal sentido, pues siempre logra brillar. Termina haciendo algún amigo en el lugar menos pensado, desde adultos hasta gente de su edad quedan prendados de la dulce niña con ojos ámbar, piel clara y mejillas rosadas.
Siempre -o casi siempre- todos son lindos con Felicia también. Ella siempre fue desde niña muy alegre, adorable, capaz de tocar hasta el corazón más frío -o eso dicen todos en su familia-, es la luz de los ojos de su abuelo a quien quiere mucho, aunque ya no pueda visitarlo tan seguido porque vive en Italia y ellos no.
Ella y su hermana se parecen mucho a su mamá, pero solo ella tiene su personalidad. Siempre ha sido popular, incluso antes de saber qué significaba esa palabra. Entre su propia familia durante las reuniones familiares, incluso antes de darse cuenta, los adultos se acercaban a ella y todo lo que tenía que hacer era sonreír o hablarles. Puede que por eso no entendía cuando la gente decía que era difícil hacer amigos o interactuar con otros, nunca le pasó algo así, desde que recuerda siempre fue fácil hablar y tratar de hacerse amiga de todo el que se cruzaba en su camino.
Era una niña muy curiosa con mil preguntas, le gustaba saber cosas de otros, algunos se molestaban y otros le contaban gustosos, más veces que no recibiendo sonrisas de su parte. Eso siempre le gustaba, la cara de felicidad de las personas. Creía que la vida era mejor así.
Por eso no es de extrañar que cuando conoció a Alice Kirkland, ambas chocaron por sus personalidades tan opuestas. Siempre han sido populares a su manera.
Alice era una niña muy seria, mandona y que ni se comportaba como lo hacían los demás niños. Era así desde los cinco años en la Escuela de Ballet a la que sus mamás las hacían asistir, luego empezaron la escuela y la niña rubia era igual.
Al principio se le hizo triste verla sola en los recreos, tratando de incluirla en su grupo de amigos para que comieran juntas, pero la chica hacía poco por intentar llevarse bien con sus pequeñas amigas, ¡era peor que Chiara! De todos modos, se entendió con su hermana, tras esto empezando a almorzar ambas niñas juntas y lejos de ella en algún momento de primer grado de primaria.
En el segundo año, viendo que eran amigas, sus madres decidieron ponerse en contacto. La madre de Felicia ofreció llevarlas a la escuela y pasar a buscar a Alice. Ésta había sido totalmente grosera con su madre preguntando de qué trabaja y haciendo incomodar a su madre porque ¨no tenía una carrera profesional¨, aunque en ese momento no entendía bien qué significaba, no le gustó como la pequeña rubia dijo a su madre que ¨las mujeres no debían contentarse con hacer feliz a un hombre¨.
Esa fue la primera vez que Felicia se enojó realmente con la otra niña.
—¡Mami también nos hace felices a nosotras!
Su mamá rio incómodamente, pidiendo que se calme y haciendo como si lo que dijo Alice no fuera importante.
Puede ser que eso fuera una tontería de niñas, claramente algo que dijo una niña que no le habían enseñado a no decir todo lo que pensaba o, en su caso, repetir todo lo que oía. No es que dijera estas cosas cuando era grande, Alice no le había hecho comentarios así a su madre de nuevo, pero eso no significa que no conservara esa forma de hablar de creerse mejor que otros. Seguía hablando así con Felicia que, a pesar de lo que dijera a sus espaldas, sí sabía cómo hablaba de ella. No era tonta y Alice no era tan sutil.
Aunque sumado a eso, puede que fuera más la forma de ser de Alice. Siempre seria, siempre hablando de problemas y cosas negativas cuando se presentaba un problema.
Felicia nunca entendió realmente eso, cómo algunas personas tomaban la vida como si fuera un problema y por qué ponían caras largas. Le gustaba decir que bastaba con ser positiva. Todo era mejor si uno no se preocupaba, si trataba de tomar los golpes de la vida con una sonrisa.
En realidad, puede que fuera por eso ella y Alice Kirkland no se llevaban bien. Era divertido, considerando que la hermana de Felicia tampoco es una chica alegre. Claro, Chiara puede fingir ser dulce a veces, especialmente con los chicos. Solo que su hermana no lo intenta demasiado, pues cree que los idiotas no merecen sonrisas lindas, mucho menos las suyas.
Ha tenido peleas con Chiara en el pasado, pero sigue siendo su hermana. No estaría bien que pelean por cada cosa, de todos modos, Felicia sigue creyendo que se debe a la fundamental diferencia con Alice de que Chiara no es tan… engreída o negativa.
Hay ocasiones donde Chiara también es grosera, pero Felicia también lo es solo aunque más disimuladamente. Alice en cambio dice cosas hirientes sin importarle los demás. Cuando hay clases y está hablando con otras chicas, la puede ver mirándola reprobatoriamente. Por Dios, la chica está casi tan mal como un profesor, piensa a veces.
Alice la llama tonta, plástica, con el cerebro inflado, superficial… Felicia está harta de oírlo. ¡Ella no es su familia, sabe que no son bromas como con Chiara! No, ni siquiera Chiara la ha llamado así a menos que sean peleas, que Felicia corresponde gritándole ¨amargada, sin novio o mojigata¨. Sin embargo ¡luego se disculpan por todo! Saben la personalidad de la otra, sus palabras para herir en sus momentos de enojo no son en serio. Si algo malo le pasa a alguna, la otra está ahí para ella, se quieren a pesar de que no lo digan mucho, más bien aunque la Vargas de ojos esmeralda reniegue de ella, pues la Vargas menor le es más fácil expresar su cariño.
Claro, a pesar de todo lo anterior, hay una razón, una gota que colmó el vaso por la cual Felicia decidió iniciar la ¨vendetta¨.
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¡El capítulo más largo hasta el momento! Y todavía hay más de Felicia.
Dos capítulos para el final, no tengan miedo a pesar de mis últimos fics, esto sí acaba bien para la pareja y las hermanas, solo esperen~~ :D
