DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


Hook us up


Observo a InuYasha volver a refunfuñar, mirando con cara de pocos amigos a mis pequeñas mientras ellas le trepan por las piernas. Hace poco volvió de donde Jinenji, fue por más hierbas medicinales encargadas por Kaede y de seguro, traerá la provisión necesaria para Sango, quien sigue tomando lo que el hanyō le recomendó.

— ¿Y Sango? No la vi entrenando cuando llegué…

— No se sentía bien, amaneció un poco mareada así que decidió suspender la sesión de hoy. — Asiente con un gesto, mirando en dirección a nuestro hogar. — ¿Podrás ver a las pequeñas esta noche?

— ¿No crees que te estás aprovechando un poco? Ya es la tercera vez esta semana.

— Bueno, pero la semana ya acaba… además, el tiempo está refrescando, hay que aprovechar para entrar en calor.

— Maldito pervertido — refunfuña, cruzándose de brazos, pero haciendo evidente que accederá —. Sólo porque pronto volveremos a salir.

Asiento con una sonrisa, mirando la misma dirección que él. De pronto noto que frunce el ceño, lo que llama mi atención, está olfateando el aire y sus orejas se mueven casi imperceptiblemente, mientras la figura de Sango aparece en la puerta de nuestro hogar.

— ¿Ocurre algo, InuYasha?

LXXVIII —

"Amazement"

Tarda unos segundos en responder, sigue mirando a mi esposa un par de segundos, luego se quita a las gemelas de encima y les hace gestos para que vayan donde ella, sin dejar de analizarla hasta que, por fin, decide mirarme, su mirada brilla de forma extraña, está sonriendo de medio lado, mostrando uno de sus colmillos.

— Creo que tenía razón. Sango ya no debería tomar las hierbas que traía… ahora sería bueno que tomara éstas en su lugar — me entrega otro paquete, sin borrar su gesto.

— ¿Eh? ¿Por qué el cambio?

— Sólo háganme caso. Y que no siga con las sesiones de entrenamiento, eso puede esperar.

Su gesto expresa un poco de preocupación, pero más allá de eso, se nota satisfecho, feliz, hasta complacido de cierta forma. Arrugo las cejas, mirando a lo lejos a Sango mientras está sentada en la entrada de nuestro hogar, jugando con nuestras pequeñas. Vuelvo a mirar a mi amigo, intentando descubrir en qué es lo que tenía razón.

— InuYasha…

— ¿Qué?

— ¿Me dirás lo que pasa o tendré que sacártelo a la fuerza?

— Me gustaría verte intentándolo… — Suelta una risita, su gesto es socarrón.

— Si no logro hacerlo yo, pediré refuerzos. Tengo 3 mujeres que estarían encantadas de ayudarme a torturarte… Aunque a una de ellas, deberías tenerle mucho miedo.

— Puedo ganarle a Sango cuándo y dónde quieras… pero es mejor que evite cualquier tipo de enfrentamiento por un tiempo. Sólo tiene que cuidarse.

— ¿Cuidarse, por qué? La última vez que me dijiste esto fue cuando… — Guardo silencio, recordándolo. La última vez que InuYasha me dijo algo similar, fue cuando ella… — InuYasha, ¿acaso Sango está…?

— Ya comenzó a cambiar. Hace poco fue su aroma, creí que no era nada, incluso lo asocié a que han estado más activos estos días… pero si me concentro, puedo escucharlo.

— P-Pero… ¿estás seguro? Es decir, ella… pensé que ella…

— No jugaría con esto, Miroku. Sé lo que escucho. ¿Cuándo fue la última vez que sangró?

— No sé, quizá un poco más de un mes… Esperaba que uno de estos días comenzara de nuevo…

— Pues creo que no lo hará — acentúa su sonrisa, dándome una palmada en la espalda, como tratando de espantar mi sorpresa.

— ¿De verdad? E-Ella… nosotros… InuYasha… tiene que saberlo.

— Lo sé, sólo quería decírtelo a ti primero — presiona con cariño mi hombro, un gesto fraternal que siempre logra reconfortarme —. Felicitaciones, amigo.

Comienza a caminar en dirección a mi hogar, haciéndome un gesto para que lo siga. Me apresuro a alcanzarlo y llegamos juntos con mi familia, Sango está entretenida mostrándoles a las pequeñas como rescatar a una lagartija que le quitó de las garras a Kirara.

— ¡Tija! ¿Podemos tocar?

— Claro, con cuidado, no la asusten… hola, muchachos. ¿Qué ocurre?

— Necesitamos hablar contigo.

— Así es, ¿entremos? Pequeñas, dejen a la pequeña lagartija en aquel árbol y vengan.

— ¡Sí, papa! — Responden en coro, obedeciendo de inmediato y corriendo para entrar antes que nosotros a la casa.

Las seguimos, Sango mantiene su semblante un poco preocupado, interrogante y también confundido. Le tomo la mano, tratando de calmarla, pero sé que sigue nerviosa por no saber qué ocurre. Nos sentamos frente a InuYasha, él también lo hace y se cruza de brazos, estoy seguro que dará la noticia de golpe y sin tacto, así que abrazo a Sango por los hombros antes de que diga nada, para contenerla.

— ¿Cuándo sangraste por última vez? — Bueno, no pensé que fuera a preguntarle eso, pero Sango parece más confundida que molesta.

— No lo recuerdo con exactitud, unas 6 semanas quizá… ¿Por qué?

— Estás embarazada. Hoy pude escuchar el corazón.

Sango empalidece, abre la boca mientras presiona mi mano, yo estrecho el abrazo para recordarle que sigo aquí. Me mira, incrédula, sus ojos comienzan a humedecerse, abre y cierra la boca, sin decir nada concreto hasta que logra formar una frase, débil pero segura.

— Seremos padres… — Las lágrimas escapan de sus ojos en señal de emoción. — Miroku, seremos padres…

Es evidente que cree en las palabras de InuYasha, sabe que, después de todo lo que ha pasado, no le diría algo así si no estuviese seguro. Me abraza, ocultando el rostro en mi pecho, yo le acaricio y beso la cabeza, un sentimiento sobrecogedor me embarga por completo. Veo a las gemelas mirarnos extrañadas, le preguntan algo a InuYasha, él niega con un gesto, logro escuchar su respuesta, aunque trata de decirla en voz baja.

— Son lágrimas de felicidad.

Sonrío, asintiendo con un gesto cuando ellas me miran interrogantes. Felicidad, eso es lo que sentimos ahora, y alivio, ambos sentimientos desbordantes en mi pecho.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 958.


Ok, no pude resistirme. Iba a subirlo mañana, pero ¿para qué esperar? Al final, es ternura pura y ya necesitaba algo con estos aires. Y, bueno, siendo sincera, ya era hora de que pasara. InuYasha ya lo sospechaba, pero ha ido aprendiendo un poco - y sólo un poco - sobre cómo decir las cosas. Por lo menos ahora tuvo algo de tacto y supo como decir las cosas sin gritarlas ni armar un escándalo. Y creo que ellos también tienen otra disposición a la noticia, porque ya no está el miedo a lo desconocido, sino que ahora es una verdadera bendición y recorrerán el camino con más seguridad, a pesar del miedo que siempre existirá.

No puedo dejar de mencionar el "favor" que le pide Miroku a InuYasha: que cuide a sus hijas por la noche para él poder hacer de las suyas con su esposa. Así como se está aprovechando, luego cuando regrese Kagome, le tocará devolver el favor y que ni chiste xd él solito se lo buscó.

Agradecimientos a todos los que leen, espero sus comentarios al respecto.

Nos leemos pronto, prontito~

Yumi~