DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
Guardo los paquetes de arroz que estaba contando y cierro las puertas del almacén para encaminarme a casa, veo a Mao y Mei corriendo fuera de nuestro hogar, persiguen a Kirara mientras Sango está sentada en la entrada, riendo con la escena.
Han pasado un par de semanas y recién ayer la anciana Kaede pudo confirmar las palabras de InuYasha. Debido a la pérdida anterior, le recomendó a Sango hacer reposo desde ya, para evitar alguna complicación. Ella ni siquiera chistó, aunque pude notar en su rostro que la idea no le agradaba del todo, comprende que no puede arriesgarse. Para qué decir que InuYasha no pudo estar más de acuerdo con ella, y sermoneó bastante rato a mi mujer, no sé cómo no terminó sin cena anoche.
Llego a mi hogar y saludo a mi familia, para luego entrar e instalarme en la mesa, donde ya había dejado un trozo de pergamino, algo de tinta y un pincel, para comenzar a calcular.
— LXXIX —
"Accrual"
Anoto la cantidad de provisiones que nos quedan y luego saco la cuenta de cuántas necesitaremos para pasar sin problemas el invierno. La cantidad de comida que requerimos para satisfacer a nuestra familia ha aumentado bastante, principalmente porque las gemelas están exigiendo más de su porción habitual e InuYasha también ha estado con el apetito insaciable. Escribo los números, pasándome la mano por la frente, no se ve una tarea fácil poder cumplirlos.
Las gemelas entran corriendo junto con Kirara, Sango las sigue y se sienta en un rincón, riendo alegre. Comienzan a jugar en la sala, llenando el ambiente de risas y saltos, piruetas hábiles que serian difíciles de creer si no fuese porque conozco a su madre. Ella no hace intento de detenerlas, se ve satisfecha con la diversión de nuestras pequeñas. Pronto hace su aparición InuYasha, trae un par de peces seguramente recién pescados y los deja en la mesa, sin mucho cuidado, indicándole a mi mujer que es su aporte para la cena. Inician una animada platica, en tanto las gemelas causan más alboroto por su llegada, tratando de llamar su atención y la de su madre. Varias veces pasan cerca mío, me chocan o golpean sin querer, ríen y cantan y de pronto, el dolor de cabeza comienza a aparecer mientras los números anotados se me hacen imposibles de lograr, y empiezo a pensar en el frío invierno, el delicado embarazo, nuestras frágiles hijas y la responsabilidad de cuidar de todos, no sólo mi familia, sino la aldea y los alrededores.
Otro golpe accidental más, las risas fuertes y los correteos imparables hacen eco en mi cerebro, hasta que de pronto no puedo pensar más, me molesta el ruido, las distrscciones, incluso ver a mi esposa y amigo tan despreocupados, me irrita un poco. Dejo el pincel sobre la mesa, quizá un poco más fuerte de lo acostumbrado, llamando la atención de todos.
— ¿Ocurre algo, Miroku? — Sango me observa con extrañeza, InuYasha imita su gesto.
— ¿Pueden guardar silencio? Estoy… tratando de sacar cuentas. Por si no lo han notado, el invierno se acerca y nuestras provisiones escasean.
— Lo sabemos, por eso volveremos a salir mañana, ¿no?
— Si lo supieras, no comerías como un saco sin fondo todos los días — mi comentario es sarcástico y llega duro a sus oídos, ambos me observan aún más extrañados y confundidos.
— InuYasha come como siempre…
— Sí, pero debería moderarse. Las gemelas están creciendo y piden más alimento, y además, tú también comenzarás a comer más por el embarazo. No podemos estar desperdiciando nuestras provisiones. De hecho, debes cuidarte: ni siquiera deberías estar tan despreocupada, al fin y al cabo, de ti depende que todo salga bien.
Ella frunce el gesto ante mis palabras, InuYasha sigue confundido, aunque ahora puedo ver que mis palabras también le afectaron. Bufa, haciendo un gesto con su mano y se va, diciendo que no vendrá a cenar esta noche. Sango niega con un gesto, llamando a las niñas con un movimiento de su mano.
— Vamos, pequeñas. Dejemos a su padre solo, para que pueda pensar — Mao y Mei se apresuran en acercarse y salir, saltando alegres, al contrario de mi mujer que me fulmina con la mirada —. No volveremos a cenar, así que no nos esperes. De hecho, no creo que pasemos la noche aquí.
Abro la boca ante sus palabras, atónito. Ella no espera respuesta y se va, dejándome con cualquier explicación sin verbalizar. Si antes estaba molesto, ahora estoy muy enfadado. Sólo intento sacar adelante a nuestra familia y ellos reaccionan como si fuera un crimen. Bien, si Sango quiere pasar la noche fuera, que lo haga, pero no sé llevará a las niñas con ella. ¿En qué está pensando? Mis hijas no van a pasar una noche fuera de casa sin su padre.
Cierro los ojos y trato de calmarme, aprovechando el silencio y la paz actuales para terminar los cálculos que hacía. Leo los números, saco cuentas y escribo opciones, pero al cabo de un rato, me percato de que realmente no logro concentrarme y no he progresado en nada. En mi mente, sólo está la imagen de Sango llevándose a las pequeñas, y sus palabras cargadas de resentimiento. Estaba dolida y creo que pude notar algo de decepción en su mirada, pero no comprendo qué la molestó tanto.
— Sólo decía la verdad, probablemente ella no comprende…
Un par de golpes en la entrada me alertan, como acto reflejo, abro rápidamente sólo para encontrarme con la anciana sacerdotisa esperando.
— Buenas tardes, su Excelencia. ¿Pensó que sería Sango?
— La verdad, sí…
— No creo que ella vuelva por sí sola, estaba bastante molesta y creo que la comprendo. ¿Puedo entrar? Me gustaría compartir algunas palabras con usted. — La dejo pasar y le sirvo un té, mientras espero que hable. Bebe un sorbo y luego me mira a los ojos con esa expresión sabia y experimentada que suele guardar más de lo que uno imagina. — El embarazo de Sango es un milagro, por lo que debemos ser cuidadosos, eso todos lo sabemos. Sin embargo, tampoco es bueno exagerar. Ella sabe lo delicada de su situación y está tomando todas las precauciones que debe.
— Lo sé, jamás dije que…
— Puede que no directamente, pero su actitud lo demuestra. Comprendo que esté preocupado, pero no logrará nada transmitiéndole esas emociones a ella. Debe buscar su apoyo, no alejarla. Los problemas que tengan, debiesen enfrentarlos juntos. En lugar de recrininarle al resto por las dificultades que vayan enfrentando, debería pedirles ayuda.
La observo unos segundos, notando la preocupación y las ganas de ayudar que tiene. Niego con la cabeza, buscando las palabras para explicarle lo que ocurrió.
— Sólo soy consciente de que no podremos llevar este ritmo siempre, el invierno se acerca y las cosas serán más difíciles. Quiero que mi familia tenga todo lo que necesita.
— De acuerdo, tal vez no está sabiendo cómo enfrentar la situación. Decirle a InuYasha que come demasiado y a Sango que ella pronto comenzará a hacer lo mismo, solo tensa el ambiente y provoca esto: que ambos se alejen. ¿Seguro que supo escoger sus palabras?
— Yo… No lo había pensado. Tiene razón, creo que me dejé llevar por mi dolor de cabeza.
— Bueno, en ese caso debería intentar hablar con ambos.
Se levanta, despidiéndose con una inclinación de su cabeza y se va. Miro el camino que toma, seguro de que Sango debe estar en su cabaña, junto con las pequeñas. Suspiro, la anciana Kaede tiene razón y les debo una disculpa. Así que me armo de valor para hablar con los dos. Esto no será sencillo, pero me lo busqué yo solo y debo asumir las consecuencias.
Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 1275.
Hi, hi... sí, es día de actualizaciones (el viaje a la playa me recargó de energías) así que aquí vamos con otra viñeta: Miroku estresado. Sí, la noticia del embarazo debe haberlos llenado de felicidad, pero también de miedos e incertidumbres. Y eso sumado a que ya tienen a dos pequeñas a las que cuidar y la responsabilidad de velar por la seguridad de la aldea y los alrededores... para una mente que no deja de pensar como la de él, de seguro es difícil poder canalizar las preocupaciones y, si no busca una forma de hacerlo, termina explotando. Así que sí, Miroku es capaz de estresarse, igual que todos. Y aquí lo tenemos, sin saber cómo reaccionar ante tanta presión. Se llevará más que una noche solitaria, de eso estoy casi segura.
Como siempre, saludos a mis fieles lectoras (saben que las amo, ¿verdad?): Nuez, Mor, aby2125 y Loops. Son un sol maravilloso, de verdad~
Bueno, abrazos a todas, nos leemos por ahí, ya saben :)
Yumi~
