DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
— ¡Bien, es toda tuya! — InuYasha suelta una carcajada, quedándose en un rincón apoyado en la pared, los brazos cruzados y con sus ojos llenos de malicia.
—¡¿Mía?! — Esquivo un golpe, mirándolo confundido. — ¿Acaso no vas a ayudarme?
— Keh, las princesas encantadas son tu especialidad. Además, no es un yōkai tan poderoso.
Voy a reclamarle cuando otro ataque me interrumpe, alcanzo a evitarlo y utilizo mu shakujō para defenderme, enfrentando al demonio que ya no tiene la forma de una delicada princesa y que me mira con odio en su roja mirada, sacando la lengua ahora bífida y pasándosela por los labios.
— ¿Qué pasa, Hōshi? Pensé que te gustaban las princesas… yo no tendría problema en darte una probadita…
Su voz y su aspecto me causan repugnancia, más cuando recuerdo el rostro de la princesa a la que le arrebató la identidad. Saco un par de pergaminos y vuelvo a mirar de reojo a mi amigo, sigue en su posición indiferente, incluso parece un poco divertido con la situación, su sonrisa muestra ambos colmillos. Niego con un gesto, asumiendo que esta es su venganza.
— LXXXIV —
"Revengeful"
Vuelvo a atacar, intentando llegar lo más cerca posible de la cabeza del yōkai para poder colocar los pergaminos y terminar con esto pronto; sin embargo, la criatura es ágil y logra evitarme sin mucha dificultad. Luego de unos minutos que se me hacen interminables, logro paralizarla para colocar los Sutras en su frente. La energía maligna comienza a desvanecerse hasta desaparecer y por fin el ambiente se aliviana.
Tras informar al patriarca que hemos acabado con la amenaza y explicarle la situación, vuelvo con InuYasha, quien me espera cerca de la salida, cargando un par de cestas de gran tamaño llenas de arroz y mirándome aún con cierta malicia, al parecer disfrutó del espectáculo.
— Deja de sonreír, no fue gracioso.
— Vamos, sabía de sobra que podrías con esto. Y no es como si te hubiese abandonado, seguía ahí en caso de que algo se saliera de control.
— Tendrías que decírselo tú a Sango y las gemelas, si algo hubiese pasado…
— Lo sé, por eso me quedé — murmura, sus ojos por un momento se ensombrecen con algo de preocupación —. Ella me hizo jurarle que volveríamos a salvo. Sabía que seguía molesto contigo.
— ¿Sango…? — Suelto un suspiro, mi esposa puede ser muy precavida en algunos aspectos y no le permitiría a InuYasha abandonar la aldea sin asegurarle nuestro bienestar. — Creo que no era necesario, ¿verdad?
Me observa con la mirada brillando, puedo notar algo de traviesa maldad aún escondida en sus ojos, sonríe de medio lado soberbio, pero su semblante astuto no logra ocultar del todo el alivio que expresa todo su ser.
— Habría preferido quedarme en el bosque y que te las arreglaras por tu cuenta, a ver si sigues pensando que soy un "desperdicio" de comida…
— Oh, vamos… me he disculpado incontables veces por eso. ¿Hasta cuándo seguirás?
De pronto se detiene, dejando una de las cestas en el suelo y mirándome fijamente, ya no con malicia o astucia, esta vez sus ojos se posan en los míos, está serio aunque notablemente más relajado que otros días. Guardo silencio en espera de sus palabras, si bien pasamos un tiempo los dos solos mientras Sango estuvo en su aldea, ese ambiente no era propicio para una charla sincera porque nuestros corazones tenían mucho pesar. Ahora es diferente, porque algo de normalidad ha vuelto a nuestras vidas.
— Ya no estoy molesto, menos después de saber cómo pagaste ese error — me sonríe de forma fraterna, con una comprensión que me embarga por completo —. Lo de hoy sólo fue un escarmiento…
— Pues, espero que no se repita… o, por lo menos, avísame antes la próxima vez.
Sonríe nuevamente, volviendo a cargar su cesta y comenzando a andar, su mirada perdida en el camino. De pronto, vuelve a romper el silencio, aunque casi en un susurro, como si no quisiera realmente verbalizar nada concreto.
— Miroku, ¿cómo es…? — Se arrepiente casi al instante y no dice más, aparentando que jamás habló.
Lo miro de reojo un par de segundos y luego golpeo suavemente su hombro, llamando su atención.
— Es como si la vida volviese a tu cuerpo, InuYasha — me mira un poco confundido, le sonrío antes de continuar —. Descuida, sé que lo sentirás algún día, espero que pronto.
Asiente con un gesto, agradeciendo con sus ojos que haya comprendido sin necesidad de que entrara en más detalles. Seguimos caminando a paso sereno, ambos más tranquilos y con el alma más liviana después de haber aclarado todo este asunto y vuelto a estar en paz el uno con el otro. Repentinamente, noto como el gesto de InuYasha nuevamente se tuerce, mirándome de forma perversa, sus colmillos relucen en la comisura de sus labios.
— Oh, pero no creas que te las llevarás así de fácil… — Se ríe por lo bajo, desconcertándome. — No me veas así, coqueteaste de más con esa princesa… ¿piensas que no te vi? Sólo espera a que se lo diga a Sango…
— No serías capaz… — Murmuro, un tanto temeroso debido a la amenaza implícita en su voz.
— Claro que sí. No estoy molesto, pero siempre es divertido ver cómo te pone en tu lugar.
— ¡Sabes que no me pasé de la raya!
— Puede ser, pero yo te vi muy dispuesto a consolarla por todas las tragedias que había pasado — intenta imitar su voz, logrando un tono que es gracioso, aunque yo no me río para nada.
— InuYasha, ¿crees que este inocente monje podría hacer algo así?
— Mejor deja esa cara para cuando se entere Sango — se adelanta, riendo con sorna —. ¡Si llego antes que tú, eres hombre muerto!
Comienza a correr, rápidamente intento alcanzarlo; seguirle el paso nunca fue un problema para mí, pero ahora llevo carga al hombro, por no decir que él se adelantó bastante sin siquiera advertirme antes. Niego con un gesto, agradeciendo poder contar con su amistad, pese a que le gusta meterme en aprietos.
Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 994
Así es, InuYasha quizá lo haya perdonado, pero nunca dejará de fastidiarlo. Considero que le gusta molestar a Miroku, ponerlo en aprietos y verlo pagar su comportamiento, seguramente porque sabe que Sango lo terminará perdonando de todas formas. Además, ¿qué amistad verdadera no disfruta de un poco de bullying? En especial la de los hombres... Lo bueno, es que ya están en paz y que pueden volver a hablar relajados, de la misma forma en la que siempre lo hacen. También creo que InuYasha no podría seguir guardándole rencor a su amigo porque de sólo comprender el dolor que vivió esos días sin Sango, debe haberlo perdonado. Incluso creo que, después de lo que pasó, él querría saber cómo es volver a tener a su otra mitad consigo, y Miroku lo conoce lo suficiente para saber leerlo y calmarlo. Es que son un amor~
En fin, muchas gracias - nuevamente - a todos quienes leen, muy especialmente a mis fieles aby2125, Mor, Nuez y a quienes sé que se pasarán por aquí en algún momento, Firee, Loops y Onmi. Nos leemos en la siguiente, o por ahí, ya saben~
Saludos y abrazos!
Yumi~
