DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.
Hook us up
La primera nevada ya llegó, dejando el paisaje teñido de blanco después de su paso. Como hoy el sol decidió salir y la temperatura ambiente es mucho más elevada que otros días, los niños salieron a jugar con la nieve, y mis pequeñas no son la excepción. Sango procuró abrigarlas bien y ahora corren tras InuYasha y Shippō, quien volvió antes de la nevada a casa; se lanzan bolas de nieve y ríen alegremente. Los observo sentado a los pies de un árbol: mi castigo por la "coquetería" que InuYasha dijo haber visto de más, ha sido que me ocupe completamente de las gemelas estos días, dejando que Sango descanse. Sonrío, recordando que mi amigo también recibió un largo regaño por parte de mi mujer, por haberme dejado todo el trabajo a mí y, además, le insinuó algo de que no debía "andar de chismoso". Aunque claro, soy el único castigado.
— LXXXV —
"Sanction"
De pronto veo a un par de aldeanos conversando entre ellos, acercarse a mí un poco indecisos, hasta que llegan a mi lado y me miran, sus rostros muestran algo de preocupación.
— ¿Puedo ayudarles en algo? Se ven un poco afligidos… — Les pregunto, ellos asienten torpemente.
— Sí, verá… ¿podemos hablar en privado?
Me levanto y le hago un gesto a InuYasha, quien ha detenido sus juegos para observar la escena, me indica que vaya tranquilo mientras vuelve a perseguir a Mao y Mei. Acompaño a los hombres hasta la vivienda de uno de ellos, me invitan a pasar y, un tanto nerviosos, comienzan a hablar.
— Bueno, su Excelencia, nosotros… queremos pedirle su consejo. Es sobre nuestras esposas…
— Sí, creemos que usted nos puede orientar sobre qué hacer con ellas, como su mujer también es un poco problemática…
— Sango no es problemática — mi respuesta es casi refleja al escuchar sus palabras, lo que logra sorprender no sólo a los aldeanos, sino que a mí también —. Ella simplemente es… distinta. ¿Qué ocurre con sus mujeres?
— Ellas han estado hablando mucho sobre… bueno, que también son responsables de la seguridad de nuestros hogares. Se les ha metido en la cabeza la idea de comenzar a entrenar en cuanto el clima mejore.
— Así es — el otro sujeto asiente, bastante alarmado —. Incluso han considerado ir a hablar con su esposa sobre el tema. Claro que no podemos permitirlo, ellas son mujeres, nuestras mujeres…
— Sería inaceptable que hicieran algo así — lo secunda su amigo, agitando la cabeza con desagrado —. Usted debe ayudarnos. ¿Qué podemos hacer?
— He escuchado que… disculpe mi atrevimiento al decirlo, pero corren rumores de que ustedes han pasado por algunos castigos debido a algunos problemas que han tenido. ¿Qué clase de castigo le impone a su mujer?
Sonrío de medio lado y niego con un gesto, estos sujetos no saben de lo que hablan ni con quién lo hacen. Escucho a lo lejos los gritos de triunfo de mis hijas y de Shippō, seguramente le han ganado a InuYasha. Suelto un suspiro, ordenando mis ideas antes de responderles.
— Creo que han buscado a la persona equivocada para solicitar consejo. Quizá la anciana Kaede…
— Ella nos dijo que lo mejor era que habláramos con usted.
Entonces, la sacerdotisa considera que ellos deben cambiar su actitud. Sonrío más ampliamente, mirándolos fijo ahora, sus rostros muestran un poco de confusión.
— Bien, deben saber que, en realidad, el castigado soy yo. Es cierto, Sango es, en muchos sentidos, una mujer muy distinta a las demás: una Exterminadora. Quizá sea difícil de comprender, pero con ella aprendí que hay cosas que uno debe aceptar. El hecho de que sus esposas consideren que también son responsables de cuidar de su hogar, debería enorgullecerlos. Es un error nuestro pensar que los hombres debemos hacernos cargo de ese tipo de labores, mientras a ellas las limitamos a las domésticas y el cuidado de los pequeños.
— Pero es que es peligroso… Eso es tarea de hombres…
— Además, ellas son tan débiles, dudo que puedan… — Deja la frase a medio terminar cuando me escucha soltar una risita en desacuerdo.
— Han visto a mi esposa, ¿verdad? ¿Y a mí? Sé que sí, muchas veces nos han criticado. Sin embargo, ambos sabemos que no somos nosotros los que estamos equivocados. Si les dan la oportunidad a sus mujeres de intentarlo, verán que luego incluso ustedes lo agradecerán. Se quitarán un peso de encima al saber que ellas no están indefensas. Les aseguro que Kohaku, InuYasha y Sango son excelentes guerreros y las entrenarían con esmero. Y nunca estarían solas, la idea es que entre todos nos cuidemos. — Sus miradas ahora denotan más confusión, pero me alegra darme cuenta que por lo menos no he llegado a oídos sordos. — Si de verdad quieren mi consejo, se los daré: hablen con ellas. Escúchenlas, comprendan sus razones y denles las suyas. Probablemente, puedan llegar a una solución juntos.
Siguen un tanto confundidos, pero asienten con un gesto. Luego de despedirme, abandono el lugar para ir en busca de las gemelas, encontrándome de sorpresa con Sango, quien observa sus juegos apoyada en el mismo árbol donde estaba yo.
— Aquí estás — me mira con el gesto serio y un leve tono de reproche —. ¿No debías ver a las niñas?
— Sí, pero un par de aldeanos me pidió consejo sobre sus esposas y no pude negarme… — Le respondo, llegando a su lado y sonriéndole.
— ¿Consejo? ¿Qué, necesitaban reconquistarlas?
— No, ellos querían saber cómo controlarlas, porque quieren comenzar a entrenar…
Entorna los ojos al escucharme, noto su molestia y fastidio con facilidad, chasquea la lengua en tanto niega con la cabeza.
— ¿Los mandaste con alguien más?
— No, en realidad sí los aconsejé — me mira confundida, quizá pensando que apoyé su idea. Le acaricio la cabeza y sigo sonriéndole con tranquilidad —. Les dije lo maravilloso que es tener una mujer como tú y que deberían dejarles intentarlo. Tienen la idea de que eres una esposa problemática y que soy yo quien te castiga. La gente puede hacerse una impresión muy errada de las cosas, ¿no crees?
— Bastante… — Me sonríe de vuelta, acariciándome la mejilla y besándome fugazmente. — Hablando de eso… ¿quieres cambiar tu castigo? InuYasha verá a las gemelas un rato, tu esposa necesita un poco de atención. ¿Qué tal si la ayudas mientras se baña?
Mi mirada pícara se encuentra con la suya coqueta, no necesita decirme más: toma mi mano y me encamina hasta nuestro hogar, recordándome que sus castigos son por lejos, algo que nos saca de la rutina y que, además de redimirme, terminan encendiendo aún más nuestra relación.
Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 1089
¡Hola! Aquí de nuevo con otra viñeta, esta vez sobre la forma en la que el pensamiento de Miroku cambió definitivamente sobre su mujer. Si recordamos, él se preocupaba de que Sango fuese como es porque temía que la lastimaran y además, estaba un poco agobiado por los rumores y chismes que solían rondarles; ahora, sin embargo, es completamente consciente de que estar junto a una mujer así es lo mejor que le podría pasar, y qué mejor para demostrarlo que aconsejar a un par de aldeanos que le den la oportunidad a sus propias mujeres de aprender a defenderse. Después de todo, dudo que Miroku pueda conciliar mucho la idea de limitar a las personas, aunque sea en esa época. Y claro, no podía faltar su lado libidinoso, el que su esposa ya conoce y sabe aprovechar bastante bien - Sango, te envidio sanamente, ya quisiera yo tener a mi propio Miroku -.
Nuevamente, agradezco a todos los que se han pasado, se pasan y se pasarán a leer, muchas gracias por sus reviews Nuez, Mor y aby2125, y les dejo saludos fangirleros a quienes puedan pasarse en el futuro, en especial a Firee, Onmi y Loops. Un beso gigante para todas :3
Nos leemos pronto~
Yumi~
