DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


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Inhalo profundo, llenando mis pulmones con el aire fresco del comienzo de la primavera. El invierno nos ha dejado ya de forma definitiva, por lo que el movimiento ha regresado a la aldea y sus alrededores. Miro el camino que hay frente a mis pies y suelto un suspiro, comenzando a andar sin prisa hacia el Árbol Sagrado, donde sé que se encuentra InuYasha. Al llegar, levanto mi vista hacia la rama que siempre ocupa como refugio, viéndolo ahí tal como esperaba.

— ¿Qué quieres?

— Saber si estás bien. Estamos preocupados por ti — le respondo sinceramente, sé que no obtendré nada con rodeos.

— Keh, cómo fastidian… no me pasa nada.

XCII —

"Yearning"

Chasqueo la lengua mientras niego con un gesto, sentándome en una de las enormes raíces del Árbol, siento que me mira con atención mientras lo hago.

— Estos días has estado más distante de lo normal. ¿Ocurre algo? Que no estés merodeando la cabaña como de costumbre ya es bastante raro, pero en realidad casi no te has alejado de aquí.

Mis palabras logran que se encoja de hombros, presiento que esta vez será un poco más difícil que me cuente qué es lo que le preocupa.

— Tus mocosas son muy escandalosas, aquí estoy más tranquilo. Además, nunca me ha gustado estar en la aldea con tanta actividad.

— Estás inventando excusas, InuYasha.

— Si no vas a creerme, entonces no preguntes y déjame en paz.

— De acuerdo, no preguntaré — inhalo profundo y me acomodo mejor en la raíz, el tintineo de los aros de mi shakujō indicándole a mi amigo que no me he ido.

— ¿Y ahora, qué? Deberías volver con Sango, no podrá sola con las gemelas y su barriga…

— Las niñas dormían su siesta cuando salí. Creo que podrá esperar un poco, este es un buen lugar para descansar del ajetreo de casa…

Lo escucho refunfuñar como si no le importara mi presencia, y así transcurren unos minutos en silencio, hasta que un nuevo suspiro lo rompe, abro los ojos para mirar al hanyō, que también los ha abierto y los tiene fijos en un punto en las ramas sobre él.

— Ya van a ser tres años, Miroku. A veces, creo que lo mejor es que haya vuelto a su hogar, donde está segura. Allí también tiene gente que la quiere y se preocupa por ella.

Me deja sin palabras, porque sé que puede tener razón, a pesar de nuestros deseos, de su anhelo por reencontrarse con ella. Pienso un momento en la situación, de seguro esta idea lo ha desanimado bastante.

— Lo sé, no es primera vez que lo mencionas. Pero ¿dónde quedan sus sentimientos y deseos si eso ocurre? ¿Crees que la señorita Kagome sea feliz lejos de ti, después de todo lo que vivieron juntos? Sé que tú no lo serás, no has vuelto a ser el mismo desde ese día…

— Eso no tiene importancia, si ella está a salvo…

— InuYasha, sabes que eso no es verdad. Ni para ti ni para ella, ustedes nacieron para conocerse. Creo que, de alguna forma u otra, la vida volverá a reunirlos, porque ambos se necesitan. Quizá sea ahora o en 500 años más, pero volverás a verla y serán felices. No deberías perder la esperanza.

Noto la sonrisa de medio lado, un tanto desanimada, mientras sus ojos reflejan el temor que lo recorre ahora.

— No es fácil. Yo sólo ponía en peligro a Kagome, tengo miedo de que eso siga siendo así si ella vuelve…

— Yo recuerdo que ella solía ignorar nuestras advertencias, era un poco obstinada… pero podía defenderse sola, además sé que no dejarías que nada malo le pasara. Estás cuestionándote demasiado, InuYasha. A veces es mejor no pensar tanto y dejarse guiar más por el corazón y el alma. ¿Qué te dicen?

— Já, mira quién me dice que no piense tanto… — Se burla un momento, pero luego cierra los ojos otra vez para dar con una respuesta. — Yo… siento que la volveré a ver algún día.

— Entonces baja de esa rama y ven a cenar con nosotros, no quiero que mueras de hambre antes de que eso ocurra — le indico mientras me pongo de pie para que vayamos a casa.

Baja hasta mi lado y comienza a caminar junto a mí, su rostro se ve mucho más sereno y puedo notar el gesto de agradecimiento en sus ojos cuando me mira. Sonrío, dándole un codazo suave en las costillas, llamando su atención.

— ¿Y ahora qué?

— Intenta no volver a preocuparnos así, ¿de acuerdo? Recuerda que nosotros seguimos aquí.

— Keh, eso lo sé, pero a veces necesito estar solo. No fastidies.

— De acuerdo.

No volvemos a tocar el tema, simplemente seguimos nuestro camino hasta llegar a mi hogar, lugar en el que somos recibidos por enérgicos abrazos y saltos por parte de mis pequeñas y una aliviada Sango, quien prepara la comida y me regala una sonrisa de tranquilidad al ver que nuestro amigo nos acompañará hoy.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 821


¿Hola? Lo sé, lo sé... debieron haberse estado preguntando qué me pasaba que no actualizaba este fic, aún con otros proyectos activos. No sé si mis disculpas valgan de algo ahora, ya que llevo más de 7 meses desde el capítulo anterior, pero de verdad no fue mi intención. El momento del regreso de Kagome se va acercando y eso me pone un tanto ansiosa y nerviosa. Además, con la muerte de Kouji Tsujitani se me hizo aún más difícil poder escribir algo contado desde la voz de Miroku, pero por fin aquí está...

Bueno, no tengo mucho más que decir. Sólo agradecer a las hermosas personitas que aún no pierden la esperanza en mí y han llegado hasta acá con la historia. Son un sol, la luna y todos los astros juntos. De verdad, se los agradezco y valoro mucho.

Por ahora me iré a dormir. Espero que este capítulo, aunque corto, pueda compensar en algo la larga espera.

Ya saben, nos estamos leyendo por ahí~

Yumi~