Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 9

Para un ser con poder mental ilimitado, Edward no podía pensar. En verdad, era como si no supiera cómo pensar. No sobre esto. Él se encontraba tan desconcertado, que cuando llegó a casa, despertó a Rosalie con insistencia, esperando impacientemente a que ella saliera del cuarto.

—¿Ese fuiste tú? —preguntó ella, fulminándolo con la mirada, soñolienta.

Él no se molestó en contestar. Había cosas más importantes en su mente.

—Ella me besó.

Rosalie parpadeó.

—¿Qué?

Él comenzó a caminar de un lado a otro, irritado con su cerebro humano lento. ¿Cómo había logrado renunciar a ser un ángel cuando ser humano era muy limitante?

—Bella. Me besó.

—Oh —dijo Rosalie, y entonces sus ojos se abrieron aún más—. Ooh.

—No lo entiendo. No hice nada para provocar tal acto. Sé que fue algo que hablamos, pero no la seduje. No intenté...

—Edward. —Rosalie levantó sus palmas, señalándolo—. Cálmate. Y siéntate. Vas a hacer un agujero en mi alfombra.

Con un bufido, Edward lo hizo. Llevó su cabeza a sus manos e intentó pasar los dedos por su cabello. Hizo una mueca cuando encontró resistencia y recordó que a principios de la noche Bella peinó su cabello.

—No lo entiendo —repitió, frustrado—. Esa no fue mi intención.

Rosalie se veía demasiado divertida para gusto de él.

—Sabes lo que dicen sobre las intenciones, hermano.

—No hay un infierno.

—Eso es irrelevante. —La voz de Rosalie se suavizó—. Dime cómo se sintió cuando ella te besó.

Edward guardó silencio por un momento. Llevó una mano a su pecho mientras su corazón comenzaba a latir con fuerza.

—Como si estuviera volando. Como si me moviera a gran velocidad excepto que... —Frunció los labios, preguntándose si había palabras en algún idioma que describiera tal cosa.

Rosalie comenzó a reírse.

—Oh, Edward. Estás en problemas.

Su cabeza se levantó rápidamente.

—No me sentía cómodo con tu plan. Hacer que me quiera de esa manera. No fue algo que quería.

—Calma —dijo ella, levantando sus manos nuevamente. Ella seguía sonriéndole retorcidamente—. No, Edward no tuviste nada que ver con lo que pasó. Recuerdo bien a tu Bella. Ella siempre ha sido un poco impulsiva. Te besó porque eso es lo que ella quería hacer; no porque la sedujiste para que lo hicieras.

—Pero... ¿por qué?

Rosalie se rio de nuevo.

—No tienes idea de lo dulce e inocente que suenas. Por Dios santo. Eres un ser antiguo, y has observado a los humanos por siglos. —Su expresión se suavizó—. Le gustas. Te quiere.

—¿Me quiere para qué?

—Mi dulce gota de rocío. —Rosalie ladeó la cabeza, echando un vistazo en dirección a su cuarto donde Emmett aún dormía—. Si tienes que preguntarlo...

Edward mostró rechazo.

—No puedo... Pero... No estoy... —Él sacudió la cabeza, irritado con el hecho que la piel de sus mejillas estuviera ardiendo—. No estoy aquí para eso.

—Quizás no, pero eso es lo que tu Bella quiere. Era tu objetivo hacer que le gustaras así confiaba en ti.

—Así no.

—Confía en mí. No es algo que puedas controlar. La atracción puede ser así. —Lo miró—. El amor puede ser más extraño.

—Ella no puede amarme. Te lo dije. No tengo deseos de lastimarla. Intento ayudarla.

—No estoy hablando de ella, tonto. —Hizo un ademán con la mano—. Pero está bien. Volvamos al tema. A pesar de si lo planeaste o no, está hecho. Sucedió. Bella se arriesgó, y ahora tienes que descifrar cómo vas a responder.

—¿A qué te refieres con que ella se arriesgó?

—Te ha tomado a ti, un ángel, por sorpresa, y aún no lo ves. —Rosalie se inclinó hacia él—. Los humanos no ven las cosas en términos de un panorama general. Somos criaturas emocionales que viven en las minucias del momento, y es difícil para nosotros aceptar cómo nos sentimos, cómo miramos las cosas, cómo cambiarán.

»—Cuando Bella te besó, ella se arriesgó. Si la rechazas, si no sientes lo mismo, y no te sientes atraído a ella, las cosas se volverán incómodas, posiblemente al punto de que ya no podrán ser amigos. Si la rechazas ahora, es posible que fracases en tu misión.

Edward frunció el ceño.

—¿Dices que debo hacerle creer que puede haber una relación romántica entre nosotros?

—Oh, amigo. Eso suena jodidamente turbio. —Se reclinó, frotándose las palmas—. Intenta contestar sin pensar en las potenciales consecuencias. ¿Disfrutas de su compañía?

—Sí —dijo Edward sin vacilar—. Ella es fascinante y... encantadora, supongo. Quién es ella en su alma, quiero decir, aunque sé que ella es atractiva según los estándares humanos.

—¿Eres feliz cuando estás con ella?

Edward inclinó la cabeza. Qué pregunta tan extraña. Ese tipo de emoción no era algo en lo que pensaban los ángeles. Su existencia estaba basada en el deber. La felicidad era irrelevante. Sin embargo, sus simples palabras habían identificado la sensación rara y optimista que Edward a menudo sentía cuando interactuaba con Bella.

—Sí. Supongo que soy feliz.

Como volar. Como entusiasmo y aceleración. Como el viento en su rostro y el mundo entero debajo de él. Se permitió pensar en cómo se sintió en el momento que sucedió, y recordó la descarga que lo atravesó en el medio de todo lo que era—su cuerpo humano y su esencia celestial.

Edward entendía el carácter físico del cuerpo humano muy bien. Fácilmente podría haber explicado la respuesta de su recipiente en términos científicos. Todo se reducía a feromonas y el instinto por la reproducción, pero nada en su infinito conocimiento podía explicar ese beso, un simple roce de piel húmeda contra la suya, podía haberlo sacudido hasta el alma.

—Pero no tengo alma —murmuró en voz alta, casi inconsciente de que había hablado.

—Tú crees que no tienes alma por lo que entiendes que es un alma, la esencia de una persona. Nosotros, los humanos, llevamos con nosotros la misma alma en cada reencarnación. Aunque ellos, nosotros, no lo recordemos en nuestras vidas terrenales, llevamos nuestras enseñanzas de esas encarnaciones con nosotros.

Ella extendió una mano hacia él, palma arriba.

—Léeme. ¿Tengo un alma?

Edward se estiró, palmas abajo, manteniéndolas extendidas sobre las de ella.

—Por supuesto. —Él podía sentir la calidez de esta, tan diferente a cualquier otra que había sentido. Era un calor vivo, vibrante, pleno, y complejo—. Eres humana.

—Y aún así, retengo la mayoría de mis recuerdos y conocimientos de cuando era un ángel.

—Dices que tengo un alma. —Edward consideró esto—. Eso es irrelevante. No estoy hecho para experimentar ese tipo de cosas.

—Deja de huir de eso. El punto, Edward, es que buscar algo con Bella no es deshonesto. No es un engaño. De hecho, es menos engañoso que tu plan original. ¿O no recuerdas que todo esto es una farsa?

—Estás distorsionando las cosas —dijo Edward, aunque la única cosa que estaba retorciéndose era una sensación profunda en su interior. Su misión había sido honrada, ¿o no?

—Aww. —Ella revolvió su cabello—. Los humanos son mejores que los ángeles en muchas cosas, una de las cuales es llevar una vida incierta. No es simple, y hay riesgos.

—No deseo arriesgarme con ella —dijo Edward, su voz dura para cubrir su confusión.

—Como dije, querido hermano. Bella se ha arriesgado por sí sola. Es tu decisión ahora corresponderle o huir. Necesitarás más valentía de la que tienes para explorar esto que está sucediendo entre ustedes.

~FAH~

Bella intentaba fingir que no estaba vigilando la puerta, pero cada vez que sonaba la campana, su corazón trastabillaba. Jamás era él, y sus esperanzas caían de nuevo.

En realidad, culpaba a Jasper. Cierto, ella había estado teniendo esas sensaciones deliciosas y estremecedoras por Edward durante un tiempo ya, pero hasta que él puso un nombre a ello, no había pensado en reaccionar.

Bueno, suponía que quizás, un poco, se había preguntado cómo sería besarlo, pero sus labios eran tan... y él era...

Bella se cruzó de brazos sobre el mostrador y enterró la cabeza, gruñendo. Se había saltado toda esta parte cuando estaba en la secundaria, la parte donde se reía como tonta y estaba embelesada por un chico estúpido.

Había algo extrañamente puro sobre la manera en que Edward la hacía sentir. Ella no era virgen. Había estado con hombres de los que no había estado enamorada y había reaccionado a una atracción y deseo mutuo. Y no era que estaba enamorada de Edward. Simplemente tenía la sensación de que podía hacerlo. Oh, Dios, sería tan fácil enamorarse de Edward.

La campana de la puerta sonó, su único cliente se iba. Bajó la cabeza de nuevo, tratando de no pensar.

—¿Bella?

Levantó la cabeza rápidamente y sus ojos se abrieron de par en par.

—¿De dónde diablos viniste?

A pesar de la distintiva expresión nerviosa, los labios de él se crisparon.

—No del infierno, eso es seguro. —Le dio una sonrisa tentativa—. Entré mientras ese niño salía.

—Oh. —Bella se sentía mejor de no solo que él estuviera allí sino que la mirara a los ojos. Cómo seguir, sin embargo, era un misterio. Típicamente, cuando había una atracción natural, había un dar y recibir. Bella sabía cómo coquetear, sabía cómo responder cuando un hombre coqueteaba con ella. De nuevo, era diferente para Edward, y no solo porque ni siquiera había meneado sus cejas en su dirección con interés.

Por otro lado... él le había devuelto el beso.

Bella resopló. El silencio entre ellos se había vuelto incómodo.

—Está bien. Tienes que darme una pista, amigo. No puedo leerte en absoluto. Solo dime si estoy equivocada en esto.

Los labios de Edward se curvaron hacia arriba y entonces abajo, como si él no supiera cómo reaccionar. Se frotó la parte trasera de su nuca.

—Lo siento —dijo con un resoplido seguido por una risita—. Solo me pregunto por qué usarías dos referencias de perros*. Pero supongo que no debería estar concentrándome en eso justo ahora, ¿o no?

Bella tuvo que reír. Un calor se extendió desde el centro de su pecho. Él era tan endemoniadamente adorable a veces. Ella se subió al mostrador, giró las piernas hacia el otro lado, y se arrimó hacia adelante.

—Me parece que ese es un frustrante cambio de tema.

Edward parecía inseguro. Casi nervioso. Él dio un paso hacia ella, y entonces otro. El corazón de Bella comenzó a latir muy fuerte cuando él puso una mano en su rodilla y la miró.

—Me gustaría intentar algo —dijo él.

Demasiado jadeante como para responder con palabras, Bella simplemente asintió. Edward levantó sus manos. La expresión en su rostro era un millón de cosas al mismo tiempo. Él parecía perplejo, confundido, posiblemente incluso asustado. Las puntas de sus dedos se posaron tan ligeramente en sus mejillas que cosquilleaban su piel. Un escalofrío recorrió la espalda de ella, y se quedó sin aliento. Bajó la cabeza por instinto y él levantó la suya. Su suspiro tembloroso era cálido contra sus labios mientras la besaba. Fue una caricia gentil y tentativa al principio. Entonces, él exhaló y presionó sus labios con más firmeza contra los suyos, sus brazos envolviéndola, sus manos firmes en su espalda...

Bella gimió, incapaz, excepto de disfrutar de la corriente de energía que parecía apoderarse de ambos. Ella sujetó su rostro entre sus manos, sintiendo su mandíbula mientras su boca se movía contra ella. Enredó sus dedos en su cabello, acercándolo más con un tirón.

Después de solo unos momentos, él rompió el beso, sin aliento como si no hubiera respirado por minutos en vez de segundos. Él la observó, sus labios se separaron y sus ojos se abrieron aún más.

—Ay, cielos —dijo él, las palabras saliendo en un suspiro.

Bella se rio. No podía evitarlo. Los labios de él se fruncieron mientras la miraba.

—¿Ay, cielos? —dijo ella, y se rio abiertamente—. Eres un viejo a veces. Santo Dios.

—Lo siento —dijo él, y tragó fuerte—. Simplemente... No lo sé.

Ella deslizó sus nudillos a lo largo de su mejillas, su risa se esfumó, reemplazada por algo más cariñoso. Él le estaba dando esa mirada de nuevo. Esa mirada que era inocente de alguna forma. Bella jamás entendería cómo él podía ser inocente pero no ingenuo al mismo tiempo.

—¿Qué no sabes?

Mirándolo a los ojos, Bella se sentía mareada. Tenía la sensación más extraña de que podía ver todo el universo allí en el verde. Era como si su alma era tan antigua como el mar, y de alguna manera había algo nuevo allí, algo inseguro y emocionante.

—No sabía que podía... —Sacudió la cabeza y lo intentó de nuevo—. No sabía que algo podía sentirse así.

—¿Cómo se sintieron las otras chicas a las que has besado? —preguntó, bromeando con él de nuevo.

Él ladeó la cabeza y parpadeó, mirándola.

—Jamás he hecho eso.

Eso la asombró por completo. Sintió sus ojos agrandarse.

—¿Ni siquiera un beso? —Acarició sus mejillas. Era imposible dejar de tocarlo ahora que ella había comenzado.

Él frotaba sus manos perezosamente sus rodillas.

—No había pensado en ello antes.

Bella se bajó del mostrador, sus manos en los hombros de él. Él no se apartó, por lo que se encontraban presionados contra el otro, sus manos en la cintura de ella. Bella presionó un pulgar contra su mentón.

—¿Qué piensas?

Él suspiró y se inclinó para tocar su frente contra la de ella.

—Creo que estaba equivocado sobre la razón de mi existencia. Nada jamás se ha sentido tan correcto.

—Vaya. De acuerdo. —La risa de Bella era temblorosa, y ella no podía dejar de sonreír—. En caso de que te lo estés preguntando, esa frase es avanzada. Esa fue una mierda encantadora.

Él llevó su mano alrededor de su nuca.

—Solo es la verdad —dijo él, y la besó de nuevo.

Bella suspiró. Ella no intentó controlar este beso. En cambio, dejó que Edward fuera a su propio ritmo. Era tan fácil responder a él, responder a sus firmes besos con una inclinación de su cabeza. Cuando sintió la punta de su lengua a lo largo de sus labios, ella se abrió a él, y aunque estaba preparada para el ataque vigoroso de un besador torpe, él era todo lo contrario. Su lengua, como sus caricias, eran tentativas.

Él exploraba cautelosamente. A Bella le llevó varios minutos, con su poder de pensamiento casi destruido, darse cuenta que él estaba adaptándose a lo que ella le gustaba, lo que ella quería. Él estaba leyendo su lenguaje corporal para descifrar lo que a ella le gustaba sobre sus besos. Por Dios, él era el ejemplo perfecto de aprendiz rápido. Esto era tan Edward que solo la dejaba más hambrienta por él. Colocó sus piernas entre las de él, reclinándose contra el mostrador y jalándolo con ella, necesitando estar tan cerca como fuera humanamente posible.

Estaban tan ocupados que ninguno de ellos escuchó el tintineo de la puerta. No se dieron cuenta que no estaban solos en la tienda hasta que James carraspeó fuertemente.

Bella jadeó mientras rompía el beso, aún aferrándose a Edward al mismo tiempo que miraba por encima de su hombro hacia donde James estaba mirando con furia. Él le dedicó una expresión que gritaba "te lo dije". Tragó fuerte.

—¿Necesitas algo? Estoy un poco ocupada.

James entrecerró los ojos y su mirada se movió hacia Edward. Edward no se movió, no intentó soltar a Bella. Simplemente le devolvió la mirada a James, su expresión seria.

—Claro —dijo James, la palabra saliendo tan oscura como seguramente era su humor en ese momento—. No necesito nada. —Con eso, se dio la vuelta y se fue de la tienda, dejándolos a solas de nuevo.

Bella soltó un suspiro y Edward la soltó, dando un paso atrás. Se pasó una mano por su cabello, su ceño fruncido mientras miraba entre ella y la entrada vacía.

—Bella, juro que no planeé esto. Jamás vine aquí con la intención de que esto sucediera.

Ella tuvo que soltar una carcajada.

—¿Qué haces, lees su mente? —Los ojos se él se abrieron aún más, y ella se rio de nuevo—. Él es bastante transparente. Está bien, Edward. Créeme, sé que no planeaste esto.

Si todo hubiera sido una farsa desde el comienzo, él hubiera reaccionado antes, pero Bella había sido la que lo besó. O incluso si estuviera jugando a algún juego elaborado, haciendo que ella diera el primer paso, si él solo buscaba su cuerpo, él hubiera sabido que podría haberla presionado a ir más allá. Si la hubiera subido al mostrador de nuevo y metido sus manos en sus pantalones, ella no hubiera objetado. Un hombre más experimentado hubiera sabido eso.

—Olvídate de él —dijo Bella. Se estiró para tomar su mano—. ¿Esto está bien? ¿Esto es algo que quieres?

—Sí. No. —Él resopló y bajó la cabeza—. No sé si esto está bien. Siendo quién soy.

Ahora fue el turno de Bella de fruncir el ceño. ¿Qué diablos quería decir él con eso?

Pero antes que ella pudiera preguntar, sonó la campanilla y un dúo de chicas entraron, charlando entusiasmadamente. Ella aprovechó la oportunidad y presionó un suave beso en los labios de Edward.

—Lo vamos a descifrar, ¿de acuerdo?

Él la miró y asintió con la cabeza. Dándole un apretón a sus manos de nuevo, ella se apartó de él y fue a ver si podía ayudar a sus clientes.


*Se pierde el chiste, «throw me a bone», literalmente «tírame un hueso», quiere decir dar una señal/pista; y «bark up the wrong tree», literalmente «ladrar al árbol equivocado», significa estar equivocado/ir por el camino incorrecto. De allí a que a Edward le parezca gracioso que Bella usara dos referencias de perros.