Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 3

—Oh, por Dios.

Edward inclinó la cabeza, estudiando a Rosalie de cerca en su cuerpo humano por primera vez. Mientras él la miraba, ella lo observaba. Cuando sus ojos se encontraron, él habló.

—Parece irónico.

Ella parpadeó.

—¿Qué?

—Que un ángel exclame eso. "Oh, por Dios" suena irónico. Aunque sea por la manera en que los humanos perciben a Dios.

Los labios de Rosalie se torcieron en una sonrisa.

—No tan irónico como los ateos que usan la frase. Siempre encuentro eso divertido. —Ella tomó su mano y lo jaló al interior de su apartamento—. Ahora dime qué estás haciendo aquí. —Lo estudió—. No has caído. Puedo ver tu brillo.

—¿Todavía puedes ver eso?

—Polvo residual de ángel. —Se rio ella—. A veces veo cosas. A veces escucho cosas. Es como un eco. —Se sentó en el brazo del sofá—. Ahora responde la pregunta.

Edward explicó la situación.

—¿Puedes creer que Carlisle me dio la idea?

—Diría que estoy sorprendida, pero de alguna manera, no lo estoy. Me pregunto sobre ese ser a veces. —Ella lo miró de arriba abajo—. Ese es el cuerpo de Edward Cullen.

Edward bajó la mirada a su cuerpo, aún tan incómodo para él, y asintió.

—Es un recipiente.

—Eso lo sé, imbécil. —Ella señaló su cuerpo con las manos—. ¿Sabes quién era ella?

—La Rosalie Hale original.

Rosalie asintió.

—¿Estar en un cuerpo que tiene vida? Eso es algo que está más allá de nuestros poderes, pero eso lo sabes. Este recipiente tenía más vida por dar, por lo que encendí la chispa. Tú, sin embargo, sigues siendo un ángel. Un ángel no puede ser contenido por mucho tiempo en un recipiente humano.

—Esa es la cuestión. Carlisle me advirtió que no tendría una eternidad para cumplir mi objetivo.

—Entonces, necesitamos un plan.

~FAH~

Ellos probaron la historia que elaboraron con Emmett cuando él vino esa noche.

Los ojos del joven brillaron cuando llegó al apartamento de Rosalie y vio a Edward allí.

—Rosie, sabes que soy un hombre celoso —dijo, claramente bromeando—. Si invitas a chicos bonitos mientras yo no estoy aquí, podría llegar a conclusiones incorrectas.

—Lo dice el hombre que coquetea con todo lo que se mueve. Como sea, no te preocupes por él. Emmett, este es Edward Cullen. ¿Recuerdas que te conté que crecí en el sistema de acogida? Él fue uno de mis hermanos de acogida. Edward, este es Emmett. Él es un amigo.

—Con beneficios —dijo Edward, estrechando la mano de Emmett como habitualmente había visto que hacían los humanos.

Edward.

Edward miró a Rosalie, perplejo de por qué ella de repente parecía molesta.

—¿Qué? Eso fue lo que me contaste, ¿cierto?

Rosalie golpeó su frente y Emmett parecía pensar que todo este intercambio era gracioso. Carraspeó.

—Como sea. Un placer conocerte, amigo. —Miró a Rosalie—. Creía que dijiste que no te mantienes en contacto con nadie de tu pasado.

—No lo hago. —Rosalie los condujo hacia la sala—. No estoy segura de cómo explicarlo. Hemos pasado mucho juntos. Es un lazo que no se rompe con facilidad, incluso aunque hayan pasado años desde que ha escuchado de Edward.

Edward le sonrió. Esto, al menos, era la verdad. Por tan extraño que era verla tan humana, el lazo que compartieron como ángeles jamás se quebraría.

Emmett asintió mientras se sentaba.

—Y bien, ¿cuánto tiempo estarás en la ciudad?

—Indefinidamente. —Edward se aclaró la garganta, preparándose para relatar la historia que él y Rosalie habían elaborado—. Estaba viviendo en Chicago. Hubo un incendio. Debido a unos cables defectuosos. No es culpa de nadie. Perdí casi todo, así que supuse que era una señal. No estaba feliz con mi trabajo o con mi vida, por lo que decidí que necesitaba un cambio de paisaje. Rosalie fue bastante generosa al recibirme hasta que llegue el dinero del seguro.

—Vaya. Eso es bastante intenso —dijo Emmett.

Edward sonrió.

—No tienes idea.

~FAH~

Es hora de que te vayas.

Edward se encontraba en la habitación de huéspedes de Rosalie, su cuarto, tratando de descifrar cómo funcionaba la computadora portátil que ella le había dado horas atrás cuando su voz retumbó fuertemente en su cabeza. Aunque contener su forma angelical en un recipiente humano limitaba sus poderes, él no los perdía por completo. Aún podía leer mentes, y Rosalie sabía eso.

No estoy bromeando. Vete. Me aseguraré de que te arrepientas si no lo haces.

Él escuchó con más atención y se dio cuenta que Rosalie seguía con Emmett. Estaban en su cuarto. Se estaban besando. Emmett la estaba tocando.

Edward, juro por Dios que si sigues aquí...

Edward desplegó sus alas y se escabulló del reino físico, desapareciendo de la casa a la velocidad de los pensamientos. Voló hacia arriba, contento de tener la excusa de abandonar la fachada humana. Escondido de manera segura de los ojos humanos, voló sin pensarlo dos veces y aterrizó sobre una torre de agua. Podría haber ido a cualquier otro lugar del planeta, una reducción significativa teniendo en cuenta que estaba acostumbrado a poder viajar a lo largo del universo, pero no había nada en particular que deseara ver justo entonces. Por lo que se acomodó en lo alto de la torre para pensar.

Él sabía lo que Rosalie y Emmett estaban a punto de hacer, y no podía decir que comprendía la objeción de Rosalie con su oído. No era nada que él no hubiera visto millones de veces a lo largo de todos los años de velar por la humanidad. Incluso cuando él había sido un guerrero, él no había estado inconsciente de los humanos.

Era algo extraño pensar en Rosalie relacionándose con un humano de esa manera, pero ella era una humana. Lo había sido por tres años ya. No se le había ocurrido a Edward preguntarse sobre su vida humana, ¿un ángel realmente podía vivir la vida como ellos lo hacían?, pero ahora su mente estaba llena de preguntas.

Como no tendría respuestas en ese momento, Edward dejó que sus pensamientos fluyeran a su misión. En el espacio de otro pensamiento, se encontraba junto a Bella en su coche. Ella no podía verlo, por supuesto. Edward se sentó cómodo, escuchándola tararear junto a la radio, y observar al tráfico. Él inclinó la cabeza y se sintió confundido.

Temprano ese día, cuando había ido a visitar a Bella a su trabajo, él seguía fresco en su cuerpo. Él se había sentido desconcertado con estar contenido en un pequeño recipiente y aún más perplejo por las complejidades de caminar y, bueno, simplemente experimentar la existencia en esta nueva forma. Él brevemente había intentado abrir su mente para recibir los pensamientos de Bella y ninguno había llegado. Entonces, había estado demasiado distraído como para pensar en ello. Ahora, sin embargo, especialmente escondido como lo estaba de la vista humana, era capaz de concentrarse en una tarea.

Por más que lo intentara, no podía escuchar los pensamientos de Bella.

Interesante. Irritante. Quizás esta era una de las limitaciones que Carlisle había mencionado, pero entonces, ¿por qué había escuchado los pensamientos de Rosalie?

Quizás esta habilidad en particular solo funcionaba si alguien le enviaba sus pensamientos. Después de todo, Rosalie había estado tratando de comunicarse con él.

Él hizo una nota mental para probar los límites de este poder más tarde. Justo entonces, él estaba satisfecho con hacer lo que estaba acostumbrado, observar a Bella.

El viaje fue casi tranquilo. Bella acababa de salir de la autopista y estaba entrando en una intersección cuando otro coche pasó un semáforo en rojo. Bella soltó un chillido, su coche se sacudió cuando ella reflexivamente giró, esquivando otro coche solo por milímetros. Ella se detuvo, temblando pero bien.

A Edward no le estaba yendo tan bien. Había necesitado de toda su fuerza de voluntad para evitar manifestarse. Él podía pensar un poco más rápido que los humanos, y había visto el coche una fracción de segundo antes de que Bella reaccionara, salvando su coche, y posiblemente a sí misma, de cualquier daño. En ese pequeño espacio de tiempo, él podría haber arruinado su propio plan.

Aunque ese era el tema. Carlisle le había dado la opción. Al bajar a la tierra, tomando un recipiente humano, se había aislado del plano celestial. Durante toda la vida de Bella, él había influenciado seres de maneras que los humanos no podían percibir. Carlisle le había advertido que si él elegía el camino en el que se encontraba ahora, solo sería capaz de influenciar eventos físicamente. Sí, él podía ver todo lo que quería desde un espacio que los humanos no podían percibir, pero él ya no podía actuar desde ese espacio. Si Bella no hubiera actuado lo suficientemente rápido, él habría tenido que aparecer junto a ella.

No por primera vez, Edward dudaba de sus decisiones. Aún así, los contratiempos menores que podrían sufrir un humano que podían resultar potencialmente en sus muertes podían también no serlos. Si ese coche hubiera impactado con Bella, solo hubiera destrozado su vehículo por completo, y ella tenía todas las posibilidades de salir ilesa. No había manera real de saberlo, así como no había manera de saber cómo habría resultado si Edward no hubiera estado allí para "salvar" a Bella cada vez que ella se topaba con el peligro. Después de todo, tanto Rosalie como Emmett vivían sin un vigilante o un guardián de su existencia, y no estaban en problemas.

No, él había tomado la decisión correcta, decidió Edward mientras Bella ponía el coche en marcha de nuevo.

Aún así, él se sintió mejor al quedarse con Bella por unas horas más mientras ella iba a casa y seguía con sus cosas. Observándola, él consideró el plan que él y Rosalie habían elaborado, y se preguntaba si funcionaría.

Todo había parecido tan simple cuando Carlisle le dio la opción. Él estaría en un disfraz humano con poderes superhumanos. ¿Qué tan difícil sería lograr que una joven y pequeña mujer regresara al lado correcto de la calle?

Rosalie había dejado en claro que él no conocía a los humanos tan bien como quería creer.

Varias horas más tarde, Bella estaba completamente dormida y Edward se encontraba en el techo de la pequeña casa de Rosalie. Él prefería el exterior. El interior le resultaba demasiado limitado.

—¿Edward?

Edward volvió a aparecer en la sala de Rosalie en su sofá.

—¡Ah! —Rosalie rio, llevando una mano a su pecho—. Tienes que no hacer eso —susurró.

—No lo haré frente a los humanos.

—Shh. Soy humana.

—Humanos que no lo saben. —La miró—. ¿No necesitas dormir?

—Sí, pero quería ver cómo estabas.

—¿Cómo es eso?

—¿Qué? ¿Dormir? —Rosalie sonrió con suficiencia—. Molesto a veces. Cuando hay demasiadas cosas que quiero hacer, es muy molesto. Dormir hasta tarde por el otro lado... —Se estiró desganadamente—. Eso es fabuloso. Especialmente cuando hay alguien con quién despertar.

Edward la miró, estudiando la sonrisa que se asomaba por la esquina de sus labios, la manera en que su piel y sus ojos parecían brillar con una luz interior.

—Estás enamorada de ese hombre. De tu obligación.

Ella suspiró y se sentó junto a él en el sofá.

—Te mentiría, pero sabrías que estaba mintiendo. Sí, estoy enamorada de él. —Levantó sus piernas sobre el sofá y apoyó su cabeza en ellas, sonriendo para sí misma y meciéndose—. Es una ventaja de la humanidad. El amor, quiero decir. Hay muchas ventajas.

—Si él te ama, ¿por qué se acuesta con otras mujeres?

Ella sonrió de nuevo.

—¿Se acuesta con otras mujeres?

—Él habla como si lo hiciera.

—Emmett alardea mucho, pero no creo que esté acostándose con alguien más. No creo que haya estado con alguien más en mucho tiempo. —Soltó un pequeño chillido de placer—. Él es casi mío.

Edward la observó.

—Estás haciéndole lo que quieres que haga con Bella. Has usado lo que sabes de él, de su vida, para hacer que se enamore de ti.

Su sonrisa cayó.

—No puedes hacer que alguien se enamore de ti.

—Entonces, ¿por qué crees que puedo hacer que Bella se enamore de mí?

—El espectro emocional humano es complejo, Edward. Como ángel, solo conoces emociones puras. Devoción pura. Fe pura. Confianza pura. La emoción humana es mucho más compleja. ¿Recuerdas que solíamos bromear sobre las canciones, los poemas, la ficción? ¿Por qué hay un millón de maneras de describirlo, de experimentarlo? La respuesta es simple. Es porque hay un millón de maneras de estar enamorado, y todas ellas son amor verdadero. Diferentes en profundidad y facetas, pero todas reales.

»—Algunos amores son más simples que otros. No es que puedas hacer que alguien se enamore de ti. Es que algunos amores son inevitables. Predecibles. —Los ojos de ella estudiaron su forma—. Déjame darte una pista, mi ángel inocente. Tu recipiente es ridículamente atractivo. No sería difícil hacer que ella te desee. Mezclas la lujuria con el agrado, y un humano inevitablemente se enamorará. No un amor duradero. No un amor como yo amo a Emmett, pero el amor adopta muchas formas.

»—Es el mismo plan. De cualquier forma, usarás tu ventaja deshonesta e injusta para ganarte su confianza. Usarás sus gustos y aversiones. La diferencia simplemente es qué tan efectivo puedes ser con el tiempo limitado que tienes. Podría llevar años cultivar una amistad tan profunda para que ella voluntariamente se aparte de sus otros amigos. Ellos son el único constante que ella ha conocido, Edward. Lo único que conoce del amor. Pero tú no tienes años. Simplemente digo que hay pocas cosas que fortalecen un lazo tan rápido como el amor.

»—Con respecto a Emmett y a mí, no me propuse hacer que se enamorara de mí. Lo busqué porque él era el único humano que realmente conocía, y necesitaba esa familiaridad después de que caí. —Miró a Edward—. Fui un ángel. Ese es un hecho que no puede ser borrado. No puedo dejar de saber las cosas que sé, y eso incluye cómo leer a las personas, cómo ver su interior, conocer su alma con solo mirarlas a los ojos. Puedo ver más que otros humanos, incluso sin el anfitrión, veo más. ¿Eso quiere decir que no puedo tener lo que los demás tienen? ¿No merezco su amor simplemente por qué sé cómo leerlo?

Ella se encogió de hombros.

—Ya lo verás. Si te quedas con la humanidad por bastante tiempo, comenzarás a entender. Mi amor por Emmett es honesto. Caí por mí misma antes de enamorarme de él. —Se rio—. Es solo que me he dado cuenta que él me ama antes de que se lo admitiera a sí mismo. Así es la vida. Es una cosa poderosa, Edward. Estás tratando de salvar la vida de Bella. Necesitas todo el poder que puedas conseguir.

Él se dio la vuelta.

—No soy tan ajeno al poder del amor. Si permito que ella se enamore de mí, romperá su corazón cuando me vaya.

—Eso es parte de una vida humana normal. A los humanos les rompen el corazón todo el tiempo. —Ella resopló y puso los ojos en blanco—. Confía en mí.

—Sí, sé cómo se ve el desamor. Específicamente, sé cómo se ve el desamor en Bella. No estoy aquí para ser el que la lastime. Quiero protegerla, no poner esa expresión en su cara.

Rosalie levantó las manos.

—Te escuché la primera vez.

Se mantuvieron en silencio por otro momento antes que Edward hablara de nuevo.

—Tengo una pregunta.

—Espero que tengas muchas.

—¿Cómo hiciste esto? Me refiero a caer. ¿Cómo fuiste capaz de planear todo esto sin que ellos lo supieran?

Ellos. Los ángeles superiores. Ellos sabían mucho. Sabían todos los pensamientos desde humanos a ángeles a todos los seres en el universo conocido. ¿Cómo se les había pasado por alto esto? ¿Cómo se les había pasado por alto que uno de los suyos, su subordinado directo, había comenzado a cuestionar hasta tal punto? Rosalie había sido un ángel por miles de años y había renunciado. Él no entendía por qué, y no entendía cómo los ángeles superiores habían permitido que sucediera.

Ella revolvió su cabello, su sonrisa triste.

—Te sorprendería con qué frecuencia no nos están escuchando. Incluso a nosotros. —Bostezó—. Ahora, desafortunadamente, realmente necesito dormir. ¿Puedes mantenerte fuera de los problemas por un rato?

Él la miró, divertido.

—Soy un ángel. Puedo cuidar de mí mismo.

—Eso no es lo que pregunté.

—Tengo un intelecto mucho mayor a lo que cualquier ser humano es capaz. —Inclinó la cabeza hacia abajo—. Y eso te incluye a ti. Pero para calmar tus miedos, sé cómo mantenerme fuera de vista. —Tocó la frente de ella con un dedo, curando varios dolores menores, dolores musculares, y los principios de una sinusitis—. Duerme bien.

Ella resopló.

—Gracias —dijo, y tomó las manos de él, dándoles un apretón—. Lo extraño a veces. Te extraño. —Le dio un apretón nuevamente y entonces se fue a la cama, dejándolo sentado y pensando.