Era una tranquila mañana cuando Sesshomaru, el poderoso demonio, decidió salir a dar un paseo. A su lado, como era costumbre, iba la pequeña Rin, saltando alegremente a través de los campos y los bosques.
De pronto, la niña se detuvo en seco, mirando con ojos curiosos hacia un grupo de flores silvestres.
—¡Sesshomaru_sama, mire! —exclamó Rin, señalando emocionada—. ¡Son margaritas!
El demonio desvió su mirada hacia donde apuntaba su protegida, observando las coloridas flores blancas y amarillas.
—¡Estas flores son muy especiales! —aseguró Rin, acercándose al grupo de margaritas—. ¿Sabía que si le arrancamos los pétalos a una margarita, podemos saber si alguien nos quiere?
Sesshomaru la miró, ligeramente intrigado.
—¿Cómo es eso? —preguntó el demonio, a pesar de que su exterior demostraba aparente desinterés.
—¡Mire! —dijo Rin, tomando una de las flores—. Si voy arrancando los pétalos y digo "me quiere, no me quiere", al final sabremos si esa persona la cual estabas pensando nos quiere o no.
El Yokai observó a su pequeña protegida con una expresión indescifrable. ¿Acaso ese juego con las flores era algo que los humanos solían hacer?
Sin decir nada, Rin comenzó a quitar los pétalos uno por uno, recitando la frase "me quiere, no me quiere" con cada movimiento. Sesshomaru la miraba en silencio, expectante por saber cuál sería el resultado final.
Finalmente, Rin arrancó el último pétalo, exclamando con alegría:
—¡Me quiere!
Una imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Sesshomaru. Si bien no entendía del todo el significado de aquel juego, ver la felicidad reflejada en el rostro de Rin le provocaba una extraña y cálida sensación.
—¡Me quiere! —volvió a repetir. Y eso al demonio le hizo percatarse de que no sabía de quién se refería. ¿Quien era él? ¿Porque estaba tan feliz de que la quería?
—¿Quien es el que te quiere? —preguntó con un tono de voz más gélido del que pretendió.
—Usted —dijo inocentemente sus ojos marrones brillantes lo observaban fijamente— ¿La margarita no se equivocó, cierto? —la niña no pudo evitar desanimarse por esa posiblidad, su mirada dejando de brillar y su sonrisa comenzando a borrarse.
—No se equivocó —aseguró tranquilamente Sesshomaru.
La niña volvió a sonreir y mirarlo con ojos brillantes.
—¡Ahora le toca a usted, Sesshomaru-sama! —dijo Rin, con ánimos renovados colocando otra margarita en las manos del demonio.
Sesshomaru parpadeó, ligeramente sorprendido. ¿Acaso Rin quería que él también participara en ese peculiar juego?
—Solo piense en la persona que quiere saber si lo quiere o no.
Al ver la emoción reflejada en el rostro de su protegida, Sesshomaru realizó tal cometido. Lentamente, comenzó a arrancar los pétalos de la margarita, repitiendo la frase que Rin le había enseñado.
La niña lo miraba con atención, conteniendo la respiración. Cuando Sesshomaru arrancó el último pétalo, Rin soltó un grito de alegría.
—¡Lo quiere! —exclamó la criatura. —¿En quien pensó? —preguntó curiosa.
—En ti, Rin.
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Estuve enferma y eso afecto en todo. (Escribir era lo menos que quería hacer) No sé cuándo volveré a organizarme para escribir y terminar continuaciones. (En este y en otros fandoms) No creo tener mucho tiempo y ganas para volver a organizarme, drabbles ¿Quizás? Voy a ver si por estos días escribo algo, ya sea drabbles o continuaciones o desaparezco por un tiempo más.
Espero que hayan disfrutado de este drabble cortito :)
