Día de Loid y Yor
En los últimos días, Yor podía admitir que su vida como esposa y madre Forger había mejorado mucho. A pesar de haber bebido alcohol en exceso y haber golpeado a Loid en la mejilla, los eventos posteriores habían sido provechosos, incluso si tuvo que pelear con un humano mitad robot y aterrizar una nave con su familia.
Pero su optimismo no se quedaba solo en eso. La conversación con Loid durante su última noche en Frigis y la que tuvieron mientras regresaban a casa, había despertado en ella una nueva esperanza y un deseo que no sabía que tenía: formar parte permanentemente de la familia Forger.
Así que, con esa idea creciendo a cada segundo, el repentino abrazo de su esposo no la hizo entrar en pánico. No sabía por qué él no solo la estaba abrazando, sino también llorando, pero creía que Loid necesitaba desahogarse antes de recibir preguntas.
Deseando no despertar a Anya, que todavía tenía un par de horas antes de ir a la escuela, Yor llevó silenciosamente a Loid hacia el sofá. Ese pequeño traslado pareció ayudar a relajarlo lo suficiente para que las lágrimas dejaran de empañar su vista y pudiera mirarla.
—Lo siento, Yor —susurró él.
Yor observó detenidamente al hombre que se disculpaba con una vulnerabilidad casi desconocida para ella. Pocas veces había visto a Loid así, y no sabía si era una buena señal ser testigo de una escena como esa.
—Loid, no tienes que disculparte —le dijo—. No sé qué pasó, pero ¿hay algo que pueda hacer por ti?
Un nuevo grupo de lágrimas salió de los ojos de Loid ante esa pregunta, pero Yor, instintivamente, las limpió antes de que recorrieran su rostro ya bastante marcado. Por un segundo, pudo ver cómo su esposo reaccionaba asombrado por su gesto, pero luego se relajó, cerrando los ojos con tranquilidad.
—Tuve una pesadilla —admitió Loid. Yor estudió su rostro, notando cómo parecía estar en conflicto con lo que decía—. Estábamos todavía en la nave y, aunque logramos aterrizar, Anya y tú no estaban bien —agregó, deteniéndose para que ella completara el resto—. Incluso un pedazo de la nave me atravesó.
Yor respiró hondo y se quedó en silencio. Pasaron unos instantes antes de que sintiera lágrimas en su cara y se diera cuenta de que también estaba llorando. Aunque no había tenido la pesadilla, pensar en un mundo sin su hija era desgarrador y el simple hecho de que no hubiera nada que hacer era frustrante.
Ella pronto sintió las manos de Loid sujetando su rostro, tratando de quitarle las lágrimas. A diferencia de su propio movimiento rápido y eficaz, su esposo levantó su cara para estar frente a frente mientras sus pulgares limpiaban lágrimas con mucho cuidado.
—Lo siento, Yor —dijo Loid de nuevo—. No quería llorar.
Él estaba disculpándose por hacerla llorar. Loid Forger, el doctor que trabajaba más de lo normal y apenas dormía por sus pacientes. Loid, el padre que se esforzaba por su hija, incluso si eso significaba horas de práctica. Loid, el esposo que siempre tenía palabras de ánimo cuando ella se sentía mal. Era ese padre y esposo ejemplar quien se estaba disculpando por contarle sobre una pesadilla y por mostrar sus emociones.
La emoción que sintió al apartar las manos de su cara y abrazar a su esposo fue desconocida para Yor. Aunque había pasado poco desde que lo había golpeado en la mejilla, ahora sentía la necesidad de abrazarlo.
—Ya te lo dije, Loid —exclamó con fuerza y un poco de regaño. No le gustaba que su esposo reprimiera sus emociones—. No necesitas disculparte.
—Yor, pero es que…
—No.
—Pero sí me…
—¡No, Loid! —interrumpió Yor. Sin soltarlo, levantó su rostro para quedar frente a él—. No sé si los psiquiatras tienen esa costumbre, pero no deberías descuidarte. ¿Qué pasa si te enfermas? Anya se pondría muy triste y yo también. Además, yo no sé cocinar.
La última parte del comentario no pretendía ser graciosa, pero Yor se sintió emocionada cuando una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Loid. Fue algo momentáneo, pero lo suficiente para que él cruzara sus brazos alrededor de ella y acortará la distancia.
Una distancia que desapareció por completo cuando sus labios se rozaron.
Yor no se movió, pero sentía como si estuviera a punto de romper la camiseta de Loid por cómo la estaba estirando con sus manos. Su esposo tampoco emitió ningún sonido, permaneciendo quieto como una estatua. No se miraron por un momento, pero algo pareció cambiar y volvieron a encontrarse con la mirada, con sus narices casi tocándose.
—Yor —pronunció Loid con un tono de voz grave—. ¿Debería disculparme por lo de recién?
Ella lo miró y no dijo nada, aunque entendió lo que él quería decir. La decisión de qué hacer respecto a todo dependía de lo que dijera e hiciera a continuación.
Lo que hizo fue inclinarse y dar un primer beso real.
El primer contacto fue con falta de experiencia, Yor sintió cómo rozaba los labios de Loid y no hacer mucho más, pero la mano de él en su mejilla le indicó que quería ser el maestro. Ella no se resistió, y cuando su esposo tomó el control del beso, las cosas cambiaron.
Loid la besó con calma, convirtiendo el momento en un aprendizaje. Yor podía asegurarse de que entendía cómo funcionaba, porque pronto sus brazos dejaron la espalda de su esposo y treparon hasta su nuca, buscando profundizar el beso.
Si eso sorprendió a Loid, Yor no se dio cuenta, porque él también comenzó a hacer lo suyo, dejando sus mejillas y bajando hacia su cintura para ponerla sobre su regazo. El movimiento rompió el beso y los dejó a ambos mirándose.
—Hola —exclamó Yor con timidez, algo que no había sentido momentos antes.
—Hola —respondió Loid con una sonrisa.
El nuevo beso que compartieron fue más ligero y se separaron de inmediato. Se alejaba de lo que posiblemente iba a suceder, lo cual resultó un poco decepcionante para Yor. Sin embargo, se dio cuenta de que el día estaba a punto de comenzar y que Anya podría despertar en cualquier momento.
—¿Te sientes mejor? —preguntó ella, sintiendo la necesidad de saber si el tema de la pesadilla necesitaba atención.
—Estoy bien, Yor —dijo Loid con una sonrisa, juntando su frente con la de ella—. Gracias por estar aquí conmigo.
Yor le devolvió la sonrisa y luego procedió a cepillarle el cabello hacia atrás, notando una reacción extraña por parte de Loid ante su gesto.
—¿Qué sucede?
—Estoy sorprendido de cómo terminamos aquí —indicó Loid antes de que Yor pudiera añadir algún comentario—. Me tomaré un día libre del hospital para hablar, ¿crees que puedas hacer lo mismo?
Nota de la autora: Lamento la tardanza, pero tuve días complicados y no me pude sentar a escribir. Posiblemente, acabe esta historia no en el tiempo estimado, pero llegará a su conclusión.
Ciao.
