Remus después de hacer el rondín del viernes con Severus ya ha vuelto a su cuarto, pero luego al querer salir para la biblioteca están Minerva y Pomona dando vueltas aún en su parte del rondín de manera desordenada (es culpa de Pomona) y se han pegado un susto.
Se asoma por la puerta de su cuarto un segundo antes de cerrarla otra vez y girarse a Sirius.
—Creo que Pomona y Minerva tenían mucho de qué hablar hoy, pero creo que se han ido ya...
—Igualmente mejor esperar a que duerman todos.
—¡Pues es que ellas dos debía haber vuelto hacía como una hora! —protesta Remus que siempre tiene los pelos un poco de punta cuando hace algo que no debe.
—Cálmate, igualmente no hay nada que hacer mañana.
—Ya, ya… pero igualmente —se muerde un poco el labio y se sienta.
—¿Estás bien? No has parado de hacer rondines infinitos toda la semana.
—La peor parte es que no son solo rondines infinitos, son rondines estúpidos. Me paso horas comprobando que no estés en la mitad de la escuela cuando sé PERFECTO dónde estás.
Sirius hace una risita con eso.
—Ugh, es que hay momentos que... No sé si incluso parezco DEMASIADO obvio, ¿sabes? Filius está por aquí y por allá haciendo miles de encantamientos y yo... es que trato de hacerme el interesado, pero ¡es estúpido!
—Pues... —se encoge de hombros—. Haz miles de encantamientos.
—Preferiría venir aquí contigo a estar buscándote en el resto de la escuela.
—Bueno, eso ya lo sé —se encoge de hombros—. Y además te ha tocado con Snivellus hoy, ¿no? Es que no compares...
—Es que… Ugh. Además el idiota se pasa todo el rato… poniéndome nervioso. Y la peor parte es que además TIENE RAZÓN.
—¿Por?
—Pues… porque me dice "seguro le tienes en tu cuarto", "seguro le estás ayudando", "no estás buscándole porque sabes dónde está".
—¡Ojos en blanco con este tipo!
—Y es que, insisto, tiene razón. O sea… es que lo sabe, Sirius. Solo no tiene como comprobarlo, pero lo sabe.
—No sabe una mierda. Nunca sabe nada. Se lo está inventando para molestarte como siempre.
—No, Sirius. De verdad... Estoy seguro de que sabe.
—Si supiera, se presentaría aquí de improvisto y abriría esa puerta seguido de todos los dementores del ministerio. No me extrañaría que lo hubiera hecho ya cuando no estábamos ninguno de los dos con lo imbécil que es.
—Y es que además ahora que... tiene tooooodo el poder sobre mi.
—Deberías ir a la casa de los gritos conmigo.
—¿En vez de tomarme la poción?
—Como hacíamos de pequeños —asiente—. Yo puedo contigo solo.
—Podías. El… lobo se ha vuelto peor.
—Yo también. Además, esta vez, si Snivellus nos sigue no estará James para salvarle.
—Ugh, no me digas eso —aprieta los ojos.
—Se hubiera merecido que lo mordieras.
—No, no.
—James era un blando.
—Hay algo que no te he contado… —Remus traga saliva y se mira las manos. Sirius le mira de reojo—. En estos años tuve un… accidente.
—¿De qué tipo?
—Del accidente exacto que siempre tuve terror que pasara.
—¿M-Mordiste a alguien? —levanta las cejas.
Remus no le mira, traga saliva y asiente.
—Oh, ¡por Merlín! —se va a abrazarle.
—Yo no quería... —Remus se deja, qué más va a hacer, apretando más los ojos.
—Sh... sh... está bien... no pasa nada.
—Sí que pasa...
—¿A quién mordiste?
—A alguien a quien NO debí haber mordido.
—¿Pero quién era? ¿Qué pasó?
—Fue hace muchos años… muchos años.
—¿Cuándo?
—Cuando fui con los hombres lobo… No son buenos, Sirius, son HORRIBLES.
—Pero... ¿Cómo? ¿Te obligaron?
—De verdad puedo entender si quieres dejar de hablarme.
—¡No quiero dejar de hablarte! ¡Estoy más preocupado por ti que por quien sea! —le abraza más fuerte.
—Yo no quería hacerlo, Sirius... de verdad. P-Pero SÉ que lo hice —Remus le abraza también y se esconde.
—Te obligaron, no tuviste otra opción... —le mece un poco.
—No debí hacerlo igual…
—No podías hacer otra cosa, era una cuestión de tú o él.
—Son como animales, Sirius y yo… yo…Yo también me porte como un animal. Lo odio. Lo ODIO. Snape tiene razón.
—Snape NO tiene razón —se gira un poco a mirarle.
—Era un joven —Remus suspira—. Lo trajeron para… "aumentar la población". Cuando quise… A mí me dijeron que era un lugar seguro, que todos se guardaban en sitios así… para EVITAR morder a alguien. Y les creí.
Sirius hace uno de esos SUSPIIIROS.
—Ya sé…
—El mundo valdría mucho más la pena si fuera como tú crees que es.
—No puedo ser TAN idiota, Sirius.
—Eso no es ser idiota.
—Lo es… —Remus se limpia un poco los ojos, discretamente.
—Claro que no —le abraza más fuerte.
—Lo siento, Sirius…
—No te preocupes, te perdono. Ya te lo dije miles de veces, ojalá me mordieras a mi.
—No te haría eso NUNCA… —le aprieta contra sí.
—No sé por qué no, sería súper genial.
—Lo sería… sí lo sería. Tendría cosas súper geniales.
—Exacto.
—Ya no sería yo el único así… y no estaría solo, habría alguien más como yo, como yo DE VERDAD.
—Yo soy como tú de verdad —frunce el ceño.
—Sí, pero sin el lobo idiota.
—Nah, sí lo tengo.
—Tienes un perro súper mono, tú no eres Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
—Eso cuéntaselo a Minnie cuando es un gato —se ríe.
—Por Merlín —se le escapa la sonrisa a Remus—. ¿No me odias entonces?
—Nunca te he odiado, ni un solo día de mi vida —le pasa las manos por el pelo, sonriéndole.
—Yo intenté odiarte mucho tiempo… y fallé miserablemente —Remus cierra los ojos con esa declaración de Sirius.
—Bueno, tal vez sí te odiaba un poco en primero cuando sacabas mejores notas que todos y no querías dejarnos copiar el trabajo —admite.
—Tú eras un vago.
—Y cuando creíamos que te gustaba Lily.
—Me gustaba más que tú —ojos en blanco.
—Ñañaña. Pues ya sé lo que siempre decís todos, pero ella estuvo coladita por mí una época SEGURO. Y para que James no me odiara a mi le convencí que le gustabas tú.
—Todo el planeta estuvo coladito por ti… no sabía. A dónde se metían —Ooooojos en blanco.
—Seguid negando la evidencia...
—Nadie niega la evidencia, yo te vi liarte con toda la escuela. Con TODA. Viniste conmigo cuando ya te habías liado hasta a Snivellus.
—Sabes que así era, hasta tú te volviste homosexual. Uuuuugh —la cara de asco con la idea de liarse con Snape.
—Yo no me… Ugh —protesta un poco, pero se ríe de esa cara.
—Pues tenía que sacarme de encima a todo el mundo antes de poder ir con el adecuado, o no nos habrían dejado en paz.
Remus le peina el pelo… ¿¡Cómo demonios había hecho para estar PERFECTO ya, si solo llevaba usando shampoo suyo tres días?!
Sirius mueve un poco la cabeza con eso, sonriendito porque sabe cuándo a alguien le gusta él... y su pelo y hacía mucho que no veía esa mirada en nadie.
Ughhhh. Pues sí que le gusta, maldita sea. El estúpido pelo y él.
—Tenías que probar a toda la escuela y fallar…
—Nah, sabía desde el principio que eras tú, pero tenía que esperar a que tú lo notaras —miente y se acerca a darle un beso.
—Tan absurdamente m… mmmm —se lo devuelve.
Sirius, deberías decirle del bigote…
Sirius se separa, riendo un poco por las protestas. Remus se ha olvidado de todo, denle un minuto.
—Es porque no sabía que eras un hombre lobo. Cuando lo supe, ahí empezó mi fascinación absoluta.
—Siempre he pensado que le quieres más a él que a mi —Remus le… mira.
—Él y tú sois la misma persona.
—Uuugh.
—Solo hablas de él en tercera persona porque TÚ no le quieres.
—Pues claro que no.
—Ese es tu error.
—Eso dices siempre porque tú no tienes a un monstruo dentro —debes haberle oído miles de veces decir esto mismo.
—Lo tendría si vinieras conmigo a la cama —respuesta de CADA VEZ estén dónde estén desde los... quince años. Servido con acompañamiento de sonrisita de lado y guiño de ojo. Y sonrojo automático de Remus—. "Uuuugh, Siriuuuus" —le imita con voz en falsete antes que pueda siguiera contestar—. "¡No es eso de lo que hablo y lo sabes!"
Remus no puede evitar sonreír porque le ha robado las palabras de la boca.
—Y aun así... —cejas cejas.
—Ven aquí, monstruo.
Ahí va donde le diga, sonriendo. Va a besarle y él se lo devuelve, tan feliz.
Remus cierra los ojos y se deja llevar. Esta es una forma fantástica de hacer que el tiempo pase. Remus puede vivir boca a boca con Sirius el resto de sus días sin problema.
Van a estar un ratito en eso esta vez, por lo visto.
Oh, sí.
Sirius se separa un poquito al rato y Remus le mira, ojitos de corazón.
—¿Todo bien?
Remus asiente.
—¿Estás contento?
—Estoy más contento... de lo que he estado en años, es como si todo fuera... casi perfecto —Asiente otra vez y se le recarga, frente con frente. Sirius se ríe con eso.
—Eso me recuerda que... ¿has recibido la respuesta de Andy?
—Really... ¿De eso es de lo que te acuerdas ahora? —protesta un poco.
—¿Pues no es el dinero lo que impide que sea perfecto?
—El dinero… No había pensado en el dinero.
—¿Entonces?
—Pues... que tú estés libre de toda culpa.
—Ah, ya, bueno. Hay que ir a la biblioteca para eso, venga.
Remus asiente, organizándose un poco la ropa y... ahm... ahí abajo.
—A lo mejor podemos esperar un poco más... —comenta con ese movimiento.
—Cállate —protesta apretando los ojos.
—Pues es que mira como estaaas —Hace una risita.
—Como si tú no lo estuvieras un poco también —se sonroja más, haciéndose un hechizo de enfriamiento con la varita.
—¡Eh! —protesta con eso frunciendo el ceño
—¡Pues lo estás!
—¡Y tú te enfriaste!
—Pues no voy a ir por el castillo con el…
—¿Por qué no?
—Porque… no.
—No se supone que tenga que vernos nadie. Antes se van a fijar en mi que en tu...
—Ya… ya.
—Solo por eso, deberías ir tu desnudo.
—Tú quieres que me echen directo —sonríe mirándole.
—No te van a echar, si el plan es que no nos vean...
—¿Si Minerva me ve circulando desnudo por ahí?
—A lo mejor ella se replantea sus decisiones vitales. O así ayudas a que no se fije en que yo estoy ahí, en cualquier caso, suena como una ventaja.
—O sea… ¡No voy a ir completamente desnudo! —Remus se ríe un poco con eso.
—Porque no quieres, si estás seguro que igual no nos van a ver, no debería preocuparte... —va a ir a meterle las manos por dentro de la camisa.
Remus traga saliva porque... es que maldito Black, ¡Haces efecto!
—Te estoy viendooo...
—No sé qué crees que estás viendo, pero definitivamente no es... ¡Lo que crees que es! —protesta, medio riéndose.
—Cómo te tensas... y tiemblas... y te sonrojas... y en general reaccionas.
—¡Pues cómo no voy a reaccionar! ¡Eres tú!
—Y te gusto.
—Ugh… ugh. Ni tanto.
—Sí que lo hago —sigue con su sonrisita molesta.
—Ñañaña… no tanto. Venga, deja de liarme, vámonos.
—Vaaaale, vale —se convierte en perro, tan contento.
