Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling.

Solo la trama es mía.

No obtengo ningún beneficio económico ni lucrativo de algún tipo al escribir este fic.


Aviso: Este fic forma parte del juego Drabble tag del foro Hogwarts a través de los años.


Elegí la condición de La tercera generación.


Ser animagos.


Llevaba tiempo queriendo intentarlo. No por los merodeadores o lo que sea, si no porque le gustaría saber cuál sería su forma animal. Sin embargo, sería más inteligente que su hermano. No lo intentaría solo y no se quedaría dormido e indefenso para que un niño asustado de quinto curso pensara que era un animal salvaje y lo echara al bosque.

James tuvo suerte de que el coche volador fuera en su rescate porque si no lo hubiera hecho, ahora sería mierda de acromántula.

Albus Seberus rió nerviosamente por su idea. Escorpius, Thor, Marco y él ya tenían la hoja de Mandrágora en la boca.

Era difícil no tragársela mientras comían o dormían. Y lavarse los dientes era un horror.

-Si me convierto en algo vergonzoso no voy a intentarlo más. -Thor Nott se quejó.

-Si empezamos con esas, entonces ya vamos mal. Seremos lo que debamos ser y nada más.

-Agh, Potter, esa pasividad lógica tuya me hace querer hechizarte.

-Solo soy práctico y realista, Zabini. Aunque vale. No me gustaría ser una rata. Las ratas son repugnantes.

Y conocía la historia de Peter Pettigrew y no, muchas gracias. No quería ir, decirle a su padre: "Oye, que soy un animago." Y luego ser una rata. Las connotaciones de eso simplemente... No.

-A lo mejor Al es un león, por toda su familia gryffindor.

-Scorp, te quiero, pero si vuelves a decir eso, te arañaré con mis inexistentes garras.

-¿Ah, sí? Bueno, sé de algo que puedes hacer con tus manos...

-No. No delante de nosotros. -Marco Zabini gruñó. -Nada de poneros asquerosamente cariñosos y empalagosos. Lo prohibo.

-Estoy de acuerdo. No quiero ver cómo os coméis las caras el uno al otro. Estamos hablando de animagos. Vamos a seguir con ello. -Nott secundó.

Scorpius le dio un beso a Albus solo porque podía y por molestar. Luego continuaron su conversación.


Ninguno se tragó la hoja. Eso fue bueno. Así podrían hacer lo del animago los cuatro al mismo tiempo.

La meditación fue un poco difícil al principio. Albus no podía quedarse quieto mucho tiempo sin quedarse dormido y eso no era el punto de meditar.

Creyó ver una cola una vez, o quizá era una pata marrón... Pero la imagen se le escapó antes de que pudiera seguirla.

Marco estaba muy engreído con la forma que había visto.

Thor, al igual que Albus solo había conseguido un destello breve.

Scorpius no dijo nada cuando le preguntaron.


Y llegó el día.

Los cuatro estaban en un aula sin usar tras el toque de queda de un sábado.

Pronunciaron el hechizo las veces necesarias y esperaron.

Albus sintió su corazón latir fuerte y después otro corazón al ritmo que el suyo. Algo en su cuerpo cambió y se dejó llevar.

Se sintió enorme. Probó a dar un paso con sus cuatro patas y casi se cayó.

Parte de su mente estaba saltando de alegría porque lo había conseguido.

Ahora tenía que aprender cómo moverse sin romperse algo o caerse vergonzosamente.