Los últimos días habían sido algo confusos para los Ackerman.

Desde aquella noche en esa doble cita se habían acercado de una manera sutil, aunque innegable. No sólo para ellos, los demás a su alrededor empezaron a notar su creciente cercanía.

Levi había nombrado a Mikasa oficialmente como su mano derecha, por lo que solían compartir mucho tiempo de trabajo, reuniones, entrenamientos y una que otra salida.

El capitán Ackerman pudo notar el cambio en su manera de relacionarse con ella y se asustó. Tener a Mikasa cerca le estaba causando un efecto extraño y difícil de explicar. Era algo incómodo, sinceramente.

A causa de eso se le dificultaba concentrarse. Pensaba muy seguido en ella y se preocupaba constantemente. A veces la veía decaída, ya que su relación con Eren parecía no mejorar. Además, ahora resultaba que debían colaborar con Zeke, Yelena y demás. Eso les disgustaba a ambos.

Las sensaciones provocadas por Mikasa lo empezaron a volver loco. En ocasiones se descubría deseando verla más tiempo, incluso pensó un par de veces en inventarse algún trabajo sólo para que estuviera allí con él en su oficina, se sintió patético sólo por considerarlo. Ni si quiera se atrevía a ahondar más en lo que le pasaba con ella, ya que eso significaba entrar en aguas profundas.

Una tarde de sábado, la mayoría de los integrantes de la Legión, no se encontraban en la sede. Sólo unos pocos.

Connie y Sasha eran los únicos que se quedaron, trabajando en la cocina. Mikasa estaba en su habitación leyendo unos informes que le había dado Levi el día anterior.

Terminó sus deberes y decidió ir al comedor por algo de tomar. Al llegar allí, una exhausta Sasha terminaba de limpiar la cocina. Mikasa tomó un vaso de agua y al verla, se ofreció a ayudarla a limpiar las mesas.

Antes de empezar, colocó su bufanda sobre una encimera y fue hasta la bodega de suplementos en búsqueda de algunas herramientas y productos de limpieza.

El capitán Levi estaba en su oficina/ habitación ordenando un poco su escritorio y al no tener nada más que hacer esa tarde, decidió limpiar el lugar.

No había estrenado los productos nuevos que le había hecho llegar Erwin hace unos días, como parte de su recompensa por acompañarlo a esa cita hace unas semanas. De sólo pensar en usarlos, se emocionaba un poco.

Fue a su armario para sacar sus implementos. Tomó el trapeador y lo apoyó contra la pared, mientras iba por la escoba. Para su molestia, tan pronto la sacó, esta se rompió en la base del cepillo. Sin más opciones para reemplazarla, salió hasta el almacén de la sede por una nueva.

Caminaba por los pasillos algo ofuscado. Era una buena escoba, aunque debía reconocer que tenía un buen tiempo con él. A pesar que era un hombre muy cuidadoso con sus cosas, tuvo que aceptar que hasta esos objetos tienen su fin.

Al llegar a su destino vio la puerta abierta, sabía que el picaporte no estaba muy bueno. Quizás alguien no supo cerrarlo, o se le olvidó hacerlo al salir. No le dio importancia y entró a buscar lo que necesitaba.

Mikasa había venido a la bodega por algo de cloro y desinfectante para limpiar las mesas y sillas, las tomó y regresó a donde estaban Sasha y Connie.

Al llegar allí se dio cuenta que había olvidado el trapeador, por lo que tuvo que regresar a la bodega. A su regreso, encontró la puerta abierta.

- Creo que olvidé cerrarla.

Sin saber que había alguien más, entró a lo suyo, encontrándose al instante de frente a un sorprendido Levi en el interior. No era un depósito muy grande después de todo.

Una brisa sopló por ese pasillo externo. Era un amplio corredor abierto, que dejaba ver a un costado una vista hacia el jardín y en el centro, había un patio con algunos bancos y una pequeña fuente. La ráfaga de viento cerró la puerta, a ninguno de los dos se le había ocurrido colocar el pequeño trozo de madera bajo la misma, para evitar que se cerrara de golpe.

Levi se acercó a la puerta imaginándose lo que ocurría. Definitivamente la puerta no abría. El picaporte no giraba y no había forma de que el pequeño seguro saliera.

Las paredes de esa bodega estaban hechas de piedra y aunque la puerta era de madera, quizás tardarían un buen rato si trataran de destruirla a golpes.

- ¡Mierda! - Levi estaba muy molesto al saberse encerrado en ese sucio y poco iluminado lugar.

Además, eso significaba pasar mucho rato junto a la chica con la que se había sentido extraño los últimos días. Había tratado de evitarla, aunque fue una tarea algo difícil. A fin de cuentas, ella era su mano derecha.

- ¿Por qué no pusiste ese pedazo de madera en la puerta? - Preguntó Mikasa.

- Sólo vine por una escoba, sería rápido. No pensé que el viento la cerraría. De hecho, llegué y estaba abierta.

- Sí. Saqué unas cosas y regresé rápido por algo que había olvidado. Creo que olvidé cerré la puerta y no creí necesario ponerle el tope.

- ¿Ahora qué hacemos? - Preguntó Mikasa algo nerviosa.

- Intentaré romper el picaporte.

- No creo que sea buena idea. Quizás si rompemos la madera sea mejor.

- Tsk. Ve si consigues algo con qué golpearla.

Mientras Mikasa buscaba, con el corazón inusualmente acelerado, Levi pateaba la puerta y gritaba de vez en cuando, tratando que alguien le escuchara.

La chica no consiguió nada lo suficientemente fuerte y contundente.

Mikasa también trató de golpear la puerta, más sólo consiguió aflojar un poco el marco, pero no lo suficiente.

Tomaron asiento sobre una caja de madera para descansar un poco. Por ahora no se les ocurría nada más que hacer.

- ¿No se suponía que estabas leyendo unos documentos? Tenías la tarde libre. ¿Por qué ibas a limpiar? - Reclamó Levi. Considerando con quien estaba, hubiese preferido quedar encerrado sólo en esa bodega. Odiaba lo nervioso que se sentía por culpa de la chica.

- No. Ya había terminado. Fui a la cocina y me ofrecí a ayudar a Sasha a limpiar el comedor. Y usted... ¿No se supone que tendría la tarde libre? ¿Por qué no sale como una persona normal a pasear o algo? - Respondió ella con los brazos cruzados.

- Quise limpiar mi oficina. Eso es todo. - Ahora era ella quien devolvía la jugada y le reclamaba. Esa mocosa insolente lo estaba exasperando.

Mikasa estaba extrañada. Después de notar que la actitud de Levi hacia ella había cambiado un poco, llegó a pensar que él empezaría a tratarla igual de distante que Eren con ella.

Por algún motivo, le dolía más pensar recibir un trato así de parte del capitán. Durante las últimas semanas, él había sido amable y hasta divertido con ella, dentro de los parámetros de Levi.

Estuvieron un par de minutos en silencio, hasta que Mikasa se atrevió a hablar.

- ¿Se puede saber por qué últimamente está tan extraño? Está más gruñón de lo normal.

- No se de qué hablas. He actuado igual que siempre. - Levi empezó a sentirse intranquilo al saber que ella se había dado cuenta. Tampoco era estúpida.

- Quizás ha actuado igual que siempre, pero no conmigo. Aunque no es de extrañar...

- ¿Qué estás diciendo mocosa?... ¿Qué no es de extrañar?

- Nada, olvídelo.

- Habla claro ahora, Mikasa. Aprovecha que estamos solos y desocupados. - Dijo él, más seriamente.

- Usted está distante. De la noche a la mañana está distante conmigo... Creo que es lo mío... Primero Eren y ahora usted. Lo que falta es que Armin también me deje a un lado.

Levi se quedó sorprendido por eso, además de sentir una opresión en su pecho. Tampoco era su intención hacerla sentir mal, sólo estaba... confundido.

- ¿Estás loca, mocosa?... Yo jamás haría algo así y estoy seguro que Armin tampoco. Sólo... Necesitaba aclarar algunas cosas.

- ¿Esas cosas tienen que ver conmigo? ¿Me equivoqué en algo? ¿Dije algo indebido?

- ¡No, mujer!... No has hecho nada malo. Es cosa mía, aunque sí... Tiene que ver contigo.

Mikasa quedó pensativa con eso. Ella no podía negar que estaba actuando un poco como él mismo venía haciendo. Se sintió algo hipócrita por hacer esa especie de reclamo.

En una ocasión la chica llegó a pensar que se estaba sintiendo atraída por él. Trató de desechar la idea, pensando que sería algo impropio de Levi pensar en sentir algo por ella. Pero justo ahora no le parecía tan descabellado. Mikasa se acercó un poco más al hombre a su lado.

- Creí que al menos éramos amigos. - Dijo la chica mientras tomaba la mano de Levi, quien volteó rápidamente hacia ella ante ese gesto. - Puede confiar en mí. Dígame, ¿Qué pasa conmigo?.

Levi suspiró y en un momento de lucidez, decidió hacer lo que ella le pidió. Diría todo. A final de cuentas, ambos eran adultos, él era el mayor. Habían matado docenas de titanes todos estos años, no tenía por qué temerle a esa charla. Sólo era una conversación con una mujer.

- Yo... No se. No entiendo. Es agradable compartir tiempo juntos. Pero... Últimamente en lugar de sentirme tranquilo cuando te veo, siento que mi corazón se acelera hasta casi salir por mi boca. Es una sensación extraña en mis entrañas. Nunca me había pasado.

¿Acaso eres una bruja, Ackerman?...

- ¿Qué?... Muy chistoso. - Mikasa suspiró, cubriendo un poco más su rostro con su bufanda. - Bueno, yo... No sé por qué le ocurre eso, pero yo creo que también paso por algo similar con usted. Además, en mi caso, siento que el tiempo pasa muy rápido cuando estamos juntos, quisiera que fuera más lento.

Los ojos de Levi se abrieron un poco más, por el asombro. Quizás esa rara cita en la que fue involucrado por Erwin, no fue tan buena idea. Él mismo había dicho que no le gustaba apegarse a nadie para al final terminar perdiéndolos.

Mikasa no era la excepción. Se había acostumbrado a tenerla cerca, le gustaba su silencio, su voz tranquila, la manera en que se expresaba, su dulce rostro...

- Tsk... Estoy jodido... - Murmuró para sí mismo, aunque obviamente llegó a oídos de la chica. Mikasa le gustaba y acababa de aceptarlo.

- ...Y tú eres la culpable, Mikasa Ackerman. - Levi se puso de pie. Sacudió los restos de polvo de su pantalón y cruzó sus brazos.

- ¿De qué habla?... Yo...

- Mocosa... No me digas que te enamoraste de mí. - Las palabras de Levi interrumpieron a Mikasa, dejándola sin palabras.

Él no podía ver su expresión, ya que estaba de espaldas hacia ella. Ni se atrevía a voltear, estaba nervioso. Mikasa lo miraba con la boca abierta y sus mejillas ruborizadas.

- Yo no se... Si fuese así, entonces eso quiere decir que usted también lo está de mí. Al fin y al cabo, me acaba de decir que también siente lo mismo que yo. Por eso me evitaba.

Levi lo había pensado anteriormente, pero no se atrevería a pronunciar esas palabras. Más, ahora que Mikasa lo decía en voz alta, con esa seguridad, sus ideas iban tomando más claridad. Se sentían más reales.

- Yo... Creo que es mejor que te olvides de eso, Mikasa. No creo que sea lo más conveniente. - Esas palabras dejaron un toque de amargura en sus labios. Ninguno de los dos terminaría muy bien luego de esa conversación.

Unos pasos y una voz tarareando, empezaron a escucharse detrás de la puerta y el picaporte empezó a moverse. Alguien hacía esfuerzo para abrir la puerta, hasta que el sonido del seguro destrabándose se oyó y Connie abría la bodega.

- ¡Capitán!, ¡Mikasa!... ¿Qué demonios hacen allí?

- ¡Idiota! ¡Baja la voz! Nos quedamos encerrados. Ni se te ocurra dejar que la puerta se cierre. El picaporte no está muy bueno. - Le ordenó Levi.

- Entiendo... Me extrañó mucho que no volvieras al comedor, Mikasa. Pensé que te habías ido a dormir o algo. Si no hubiera venido por el trapeador habrían pasado la noche aquí.

- ¡Menos mal que no! Este lugar está muy sucio... Connie mañana has la solicitud para que reparen esa puerta y dile a Jean que limpie este lugar.

- Sí, señor. - Levi salió algo sonrojado de ese lugar por las últimas palabras que escuchó de Mikasa. Al menos tomó esa dichosa escoba para limpiar finalmente su oficina. Quizás eso lo calmaría un poco y podría pensar las cosas con cabeza fría.

Mikasa quedó algo nerviosa y molesta. Se despidió de Connie y salió hacia su habitación. Recordaba esa pequeña conversación con Levi y su cara ardía. Sus ojos mostraban indicios de querer llorar, aunque trataba de contenerse.

- No puede ser... ¿Acaso todos mis amores serán imposibles? - Pensaba ella. Desde su perspectiva, aún si descubría que le gustaba a Levi, habían otros obstáculos entre ellos. Él mismo se lo dio a entender.

- Definitivamente enloquecí.

¿Levi y yo?...