El grupo de la Alianza se encontraba callado, con caras tristes y nerviosos por lo ocurrido hace poco y lo que vendría. Habían perdido a uno de sus pilares y estaban devastados.

Cada quien estaba tratando de asimilar todo y la presión era insoportable, sobre todo para Armin, Levi y Mikasa. Habían pasado por mucho los últimos días, estaban cansados, con heridas físicas y emocionales. La responsabilidad que había sido impuesta por ellos sobre sus hombros, era inconmensurable y agobiante.

Los minutos transcurrían casi en cámara lenta, subidos en ese avión piloteado por Onyankopon. Sólo podían ver mar azul a su alrededor y pronto llegarían a su destino. Habían tenido uno que otro intercambio de palabras, incluso Eren los contactó en los caminos por un momento.

Mikasa estaba intranquila. Sabía que pronto debían enfrentar a su hermano y esperaban algo como un milagro, para que ese pequeño grupo de personas acabara con algo tan asolador como el Retumbar.

Sólo tenían la esperanza de contar con sus compañeros y portadores de titanes cambiantes, además de la destreza de los Ackerman.

La chica no podía evitar observar con disimulo a Levi constantemente. Imaginaba lo mal que se sentía por la muerte y sacrificio de Hange.

Desde aquella ocasión en que hablaron sobre lo que sentían el uno por el otro dentro de esa bodega, no volvieron a hablarse, sólo para lo más puntual.

Eso era otro asunto que hacía sentir mal a Mikasa. En su corazón sentía la necesidad de acercársele, consolarle, demostrarle con cariño que no estaba solo y darle apoyo.

Lo único que la detenía era él. Sabía cómo era la actitud de Levi y lo terco que podía ser. Él mismo fue quien puso un alto a lo que sea que se empezaba a dar entre ellos.

Sin embargo, tenía el deseo de abrazarlo y darle ánimos, no le importaba si la despreciaba. De todas maneras, eso no sería algo nuevo para ella.

Mikasa tragó fuertemente, sintiendo mariposas en su estómago y con la respiración acelerada. Observó a su alrededor y vio al resto de sus compañeros en su mundo, conversando o perdidos en sus pensamientos.

Mikasa se puso de pie y se acercó al herido capitán, tomando asiento a su lado. Este ni siquiera alzó la mirada. En ese momento se sentía perdido, sólo trataba de maquinar en su mente lo que tendrían que hacer para atacar al fundador.

Tampoco podía evitarlo, tenía miedo. No sólo al pensar en no alcanzar su objetivo, tenía miedo a morir, a que Mikasa muriera y el resto de los chicos. No quería perder a nadie más, mientras él sólo presenciaba. Aunque trataba de ser razonable al considerar a lo que se enfrentaban.

Quizás él mismo moriría, estaba herido sin poder usar bien una de sus manos, con sólo un ojo y con heridas por todos lados. Se sentía impotente, sabía que quizás no podría dar todo de sí. Pero aunque perdiera todas sus extremidades, acabaría con Zeke de una vez por todas.

Las dudas lo consumían, perdió a la última de sus colegas, sólo estaba rodeado de los que habían sido sus soldados, puestos a su cargo y otros que, en un momento llegó a considerar como enemigos. No podía evitar pensar en lo irónico de la situación.

Una que otra lágrima se derramó con disimulo de sus ojos, aunque una de ellas no alcanzó a terminar su recorrido, siendo atajada por el suave toque de un dedo en su mejilla.

Ese leve tacto lo sacó del estado lamentable de trance, en el que se encontraba perdido y embotado. Rápidamente miró hacia su izquierda, encontrándose esa dulce mirada gris frente a él.

Por un momento se sintió confundido, Mikasa no era una persona demasiado empalagosa o expresiva con él. Obviamente después de que Levi le dijo que se olvidara de lo que sentía, no esperaba otra cosa. Pero allí, rodeados de los demás, era algo nuevo e inesperado.

Ellos nunca dieron a entender al resto lo que sentían ambos por el otro, dejándolo como un secreto sobre algo que no llegó a florecer y ahora, Mikasa estaba sentada justo a su lado.

La chica se acercó lo más que podía, secando sus lágrimas y para más sorpresa ahora lo abrazaba dulcemente y con cuidado de no lastimarlo más.

Los chicos a su alrededor se dieron cuenta, aún más sorprendidos que el capitán. El único que no lucía tan impactado era Armin, él conocía a su amiga y sabía que cuando se lo proponía podía ser muy dulce y protectora con alguien. Pero en este caso se sintió intrigado, jamás hubiera imaginado que Mikasa se comportaría de esa manera precisamente con Levi Ackerman.

- Mikasa... Qué... - Levi estaba algo confundido.

- Shhh. Sólo... Quería decirte que lo siento. Lamento que Hange San se sacrificara por nosotros. Se lo mucho que la apreciabas.

Levi quedó en silencio sin saber cómo responder. Le sorprendía ver esa actitud tan abierta de Mikasa, aún después de haberse distanciado cuando quedaron encerrados.

Sobre todo porque al parecer no le importaba la presencia del resto a su alrededor.

Ante eso, lo único que pudo hacer Levi fue dejarse llevar y aunque un poco dudoso, correspondió a su abrazo.

- Levi... No estás solo. No se qué pasará con nosotros luego de esto, me gustaría que saliéramos con vida... No quiero perder a ninguno más. Mucho menos a ti, por favor, no mueras.

- No puedo prometer eso, Mikasa. Ninguno puede. Mira en qué condición estoy.

- Lo se, pero... Eso me ayudaría a luchar. Saber que tengo algo por lo que pelear, además de hacerlo por el bien del resto del mundo.

- Quizás tengas razón... - Levi pensó por un momento tragarse su orgullo y temor, para aprovechar la oportunidad de hablar. Después de todo, nada garantizaba que terminara vivo luego de ese último enfrentamiento con Eren.

- Mikasa... Lo siento. Por haberte dicho eso aquel día se que te hice sentir mal. Yo también me sentí así. Mis noches han sido una mierda, descanso mucho menos que antes pensando en eso... En nosotros.

- No hay nada que perdonar. Yo entiendo por qué lo hiciste. - Mikasa se separó del cálido abrazo un poco, para mirarlo a los ojos. - Si llego a morir hoy, quiero que sepas que lo que siento por ti es real.

Te amo. Trata de vivir y ser feliz.

- Parece que esta caja con alas nos ha servido de confesionario. - Señaló el capitán con ironía para luego suspirar. - ...No quiero hacer promesas irreales, pero aunque mi capacidad se vea reducida ahora, trataré de vivir. Luchemos juntos, haré todo lo posible por ayudarte con esta carga. - Dijo en voz baja para luego susurrarle al oído.

- Yo también te amo.

Mikasa no supo cómo reaccionar ante esas palabras por unos segundos, pero a pesar de los eventos terribles que esperaban vivir dentro de poco, sintió alivio. En su corazón había esperado escuchar palabras así desde hace mucho tiempo. Ahora, una necesidad creciente por salir victoriosos y vivos de esa batalla, aumentaba sus fuerzas un poco.

- Oigan, ¿alguno de ustedes sabe lo que está ocurriendo allí? - Preguntó Connie a Armin, Jean y Reiner.

- Ni idea, pero están muy cariñosos. - Respondió Jean.

- Es muy raro ver eso.

- No es de extrañar... Estoy seguro que el papel de esos dos en nuestra batalla será el más importante. Quizás están aclarando sus asuntos antes de enfrentar la muerte. - Reiner parecía entender lo que en realidad pasaba.

- Espero que tengamos éxito... Por ellos, por nosotros y por todos los que ya no están. - Dijo Armin con una triste sonrisa.

- ¡Oigan, ya estamos cerca! - Exclamó Onyankopon.

Un par de minutos transcurrió y los Ackerman se pusieron de pie. Todos terminaban de dar los últimos ajustes a sus equipos.

Sin importarle nada ni nadie más a su alrededor, Levi decidió tomar valor para decirle algo más a Mikasa.

- Oi, Mikasa. Si por algún milagro salimos vivos de esto, tan pronto regresemos a Paradis... Te casarás conmigo.

- ¡¿Ah?! - El resto de los tripulantes exclamaron ante la extraña situación.

- ¿Qué? - Mikasa lucía muy sorprendida y sonrojada, no se esperaba su confesión de hace rato y mucho menos una propuesta de matrimonio.

- Ya me oíste. Más vale que luches y salgas con vida.

- Yo...

- Es mi última orden para ti como tu capitán. Así que debes obedecer, sin peros.

- Sí, señor. - Mikasa dio una pequeña sonrisa aunque en su interior los nervios la consumían, mientras se acercaban cada vez más al desastre.

El paisaje aterrador que se veía ante ellos, sellaría el futuro de esa inesperada petición.