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...En una flor sus recuerdos
el corazón atesora;
sobre sus pétalos llora
su soledad el dolor;
dulce enigma comprendido
tan solo por los amores:
quien no comprende las flores tampoco sabe de amor...
Las flores-Ramona
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El verano del 2022, en una casa de las provincias inglesas, con un jardín y fachada de envidiar, sumamente cuidadas con dotes de tranquilidad, habitaba la hija mayor del matrimonio, una chica de apenas 16 años, pelirroja, con rizos, pequeña de estatura para su edad, con pecas y muy bonita, cuidando de su hermano menor, más alto que ella, pelirrojo, guapo, pecas, claramente hablamos de los Weasley's más controversiales, estos dos niños eran todo menos lo cotidiano en nuestro mundo, tú mundo, son los perfectos hijos de la ministra, con un gran detalle, la ministra de un mundo subnormal, espléndido con detalles de felicidad y en pocas palabras mágico.
La familia Weasley, se caracteriza por su cabello rojizo, por los numerosos familiares y por ser parte fundamental a la derrota del mago tenebroso más famoso y poderoso de los tiempos, aquel que mandó a matar a aquel icónico personaje, aquel que venció a Gellert Grindelwald, ¿Recuerdan? O aquel que fue denominado como el más poderoso mago, instruyendo a mil y un estudiantes que comandaron una guerra, aquel que su título más especial para él era estar en los cromos de las ranas de chocolate, exacto, hablo de nada más y nada menos que Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
Si logro matar a aquel icónico personaje, aunque bueno, sabemos que no fue mérito propio, aún así se le atribuye aquel título, hablando de sin más de Lord Voldemort, el innombrable, el ya saben quién, Tom Marvolo Riddle, creador de siete horrocruxes.
Su derrota fue la más icónica, por aquel chico pelinegro, ojeo verde, con una característica cicatriz y lentes, con apoyo tanto emocional como físico de sus mejores amigos, un Weasley y una hija de muggles, aquel trío que de vista no te inspira demasiada fortaleza, sobrevivieron tantas adversidades, tanto juntos como separados, todo para un mundo con paz, un mundo sin el temor de encontrarte por las calles a aquel seguidor de Voldemort, aquellos chicos son denominados el trío de oro, dieron su salud mental y vida por desconocidos, como los malditos héroes que son, hablo claramente de nuestro Harry James Potter Evans, hijo de una pareja que dio la vida para detener aquel ser sin mucho éxito pero dándole un apoyo inhumano a su hijo para el futuro, Hermione Jean Granger, hija de una pareja la cual no dudó en alentar a su hija en cada situación, teniendo amor, inteligencia y la valentía para poder alejarse y borrarse de la vida de sus padres para su seguridad, y para rematar, Ronald Bilius Weasley, hijo de una pareja con numerosos hijos, no siendo el primero y mucho menos recibiendo lo nuevo, pero con una nobleza, fidelidad, honestidad y valentía digna de amar.
Es más que obvio que los hijos de aquel trío, están en el ojo del huracán desde su nacimiento, no lo pidieron, pero se le atribuye el título de los hijos perfectos ante el mundo mágico.
De los que nos centraremos en este momento es de la familia Granger-Weasley, constituida por dos del trío, una pareja explosiva pero con amor exorbitante, Ronald y Hermione, juntándose desde séptimo año escolar, cuando se conllevaba y dirigían la guerra mágica, casándose años después y teniendo a su primera hija un 23 de Marzo del 2006, lo que ellos denominan su rosa, Rose Granger-Weasley, naciendo ya con una fama que le traería problemas, amada y apreciada por cada integrante de su familia, heredando la inteligencia de su madre, se dice que a la edad de cuatro años logró leer por completo Historia de Hogwarts, libro el cual su madre es demasiado fan, dos años después del nacimiento de la primera nace Hugo Granger-Weasley, quien se volvería el príncipe de la familia, naciendo un 14 de Marzo del 2008, volviéndose potencialmente amado y reconocido al ser ya el último hijo de la pareja, volviéndose el consentido en pocas palabras, y por supuesto una fama inimaginable. Ellos constituyen de las familias con más poder y reconocimiento del mundo mágico.
Mantenían una vida lo más tranquila posible, obviamente los padres hacían todo para que sus hijos no estuvieran al ojo público, todo se mantenía tranquilo o lo más parecido a ello, hasta que la mayor de los hermanos empezó a llamar la atención al ser casi una calca de su madre, trayendo consigo demasiados pretendientes, al igual que el hijo menor era aquello que los que tuvieron la fortuna de conocerlo podían alardear que parecía la reencarnación de un Weasley, uno que falleció con una sonrisa en la guerra mágica, Fred Weasley; el par de hermanos cada vez llamaban la atención con ocurrencias, bromas, actitudes, hasta que se volvieron un icono ante el mundo, mantenían ya reuniones aquí, fotos allí, algo que se había vuelto rutinario en la vida de la familia Granger-Weasley.
Intentaban todo hacerlo en familia, pero muchas veces el destino les jugaba mal, haciendo que los hijos consciente o inconscientemente crecieran solos, solos en aquella gran casa, no culpan a sus padres, saben que era necesario, pero no quita que más de una vez necesitaron un abrazo paternal, en lugar de uno de igual de destruido, fue así como aquellos hermanos se volvieron todo para el otro, tanto que darían el mundo por el otro.
En una noche de la más normal y cotidiana en esa casa, se mantenían los hermanos solos, ya que sus padres salían del trabajo rumbo a una cena para mantener acuerdos en el ministerio, no era la primera y mucho menos la última cena a la que los hermanos se verían obligados a ir.
Acababa de llegar en paquetería muggle dos cajas de aproximadamente un metro de largo, blancas, los hermanos se dirigieron a la habitación de sus padres, sabían que era entonces al toque las abrieron, era un traje blanco con notas doradas y un vestido de noche dorado, la vestimenta escogida minuciosamente por Hermione para aquella cena era especial esta vez.
— ¿Por qué tenemos que utilizar esa ropa? - Replicó el pequeño Weasley, la pelirroja volteo los ojos cansada de explicarle eso a su hermano cada cena del ministerio— Tenemos que utilizarlo porque es una cena importante para mamá, necesitamos ir...—no pudo terminar la frase, los interrumpió un golpe en la puerta de abajo.
—...ir elegantes, pero no entiendo, nunca escoge la ropa Rosie, ¿Esto es tan importante?
—Supongo, pero también puede que mamá solo, se cansó de vernos igual cada cena
—Puede ser...
Al término de la frase los dos bajaban a la planta baja, sus miradas se mantenían esparcidas en sus pensamientos, cada vez estaban más cansados de ser los perfectos hijos, pero sabían que no había elección, harían todo para que su madre tuviera la mejor reputación.
La chica fue abrir esa puerta que no paraban de tocar, algo que a oídos de varios les molestaría a no más poder, sabía quién estaba detrás de ella, nadie más que su familia los visitaba, a excepción de dos personas, uno más que obvio no era el, pero el otro era lo verídico, un chico alto, rubio, ojos griseases con tono azul, vestido con un traje con ausencia de color y una rosa la cual parecía bañada en oro puesta en la solapa del mismo, el inteligente, bello y magnifico, serio y frio Scorpius Malfoy, amigo de la familia, o algo así, sus padres lo eran sin importar sus conflictos escolares, apenas quedo al descubierto ante aquellos pelirrojos, con pijamas, cabello desarreglado, su mirada los penetro con esa expresión de burla tan típica al notarlos.
—Amo sus maravillosas vestimentas
— Apenas nos llegó la ropa Malfoy
— Uy, ¿Malfoy? ¿Por qué de mal humor pelirroja?
— Por tu llegada. — respondió con desdén el menor.
— Vengo a recogerlos para ir, los espero aquí — dijo cambiando de tema y sentándose en un sillón de la sala, explorando con la mirada la biblioteca de enfrente, el pelirrojo lo ve con algo de amargura apunto de recriminarle la sobra de confianza, pero dejándolo al notar la mirada de su hermana mayor.
Los dos subieron dejándolo solo abajo, con una pequeña hámster, Niris, y un gato muy típico para la imagen de bruja, Félix, los cuales no parecían de lo más contentos con la visita. No pasó demasiado tiempo, cuando el menor de los hermanos bajo con su traje y cabellera armónicamente combinados no dirigió ni su mirada al rubio, pasando enfrente suyo y sentándose sin más dirigiendo su mirada a su celular. Aquel incomodo momento terminó al escuchar a la pelirroja bajar a las escaleras.
— Ya podemos irnos — dijo con un tono dulce y calmado, puede ser que solo lo hizo inconscientemente o así fue la perspectiva de Malfoy.
Rosie vestía un vestido color dorado escogido minuciosamente, su cabellera pelirroja perfectamente peinada.
"Es demasiado bella, entiendo a todas aquellas personas que la voltean a ver con ojos de enamorados" pensó el rubio apenas la miró.
Mientras a aquel chico lo absorben sus pensamientos, el Weasley menor se acercaba a Rose diciéndole algo al oído mientras ella con una delicadeza acomodaba el cuello de él sellando con un pequeño beso en la mejilla mientras aquel se lo limpia con una sonrisa de vergüenza; si fuera otro y no los conociera diría que parece que aquella es la figura materna del hermano.
— ¿Nos vamos Granger 's?
Rosie lo miro con algo de curiosidad asintiendo.
De camino a la cena, aquel rubio noto como esa pequeña niña pelirroja no parece la figura materna del hermano, sino que es todo para él, se les ve sentados en la parte posterior del auto, el menor se le ve preguntando de cada cosa que le parece curiosa mientras a ella se le ve con una sonrisa contándole cómo fueron creadas aquellas cosas, tomados de la mano y tan malditamente elegantes se llevaron toda su atención. Es como la figura materna/paterna, el todo no solo de su hermano si no que a mi criterio igual de sus primos.
Al poco tiempo aquel rubio se percató que poseía una sonrisa que a su criterio era demasiado boba para un Malfoy, volvió a su semblante serio manteniéndola todo el camino a la tan esperada cena del ministerio.
Al llegar al lugar, entraron por la parte trasera de un edificio del tamaño de una casa gubernamental, blanca, con detalles minuciosamente elegantes, dándote un aire de formalidad a montones, el mismo lugar donde años atrás se había hecho una guerra, dirigida por nada más y nada menos que aquel trío y amigos, demasiado revoltosos para los maníacos planes de Riddle, he de aceptar que si yo fuera él, un poco de odio les tuviera aquellos adolescentes, pero como solo soy una simple escritora, amo aquellos adolescentes ya adultos; en fin, normalmente los muggles creen que cada que ocurre una de esas cenas, los invitados, especialmente los hijos de aquellos icónicos personajes, son un tipo de hijos de políticos algo amados y por ello el alboroto al entrar, por eso y por la seguridad del decreto mágico se tomó aquella decisión, aunque el olor no era el más grato, mínimamente no se encontraba bullicio.
— Joven Granger, señorita Granger y Joven Malfoy, bienvenidos sean, la cena está por comenzar — Se escuchó hablar a un hombre algo mayor con un típico traje denominado de "pingüino", una maravillosa sonrisa, de aquellas que te dejan una sanción de calidez, abriendo la puerta donde se descubrió un lugar con demasiadas oficinas y una estatua que acaparaban la mayor atención, modernizada a una versión donde los muggles y los magos se abrazan a comparación a la detestable de las épocas de aquel mago Riddle.
Al introducirse aún más, se empezaron a escuchar un par de copas chocando, murmullos sobre lo que podríamos distinguir trabajo y más trabajó, en una de aquellas oficinas convertida en un elegante salón, decorada con detalles dorados y vinos, colores representativos para la familia de la anfitriona, Hermione, ministra de magia.
Se volvió ministra en 2018 a partir de que Kingsle Shacklebolt, antiguo ministro abandonara el puesto, subió a partir de cualquier y toda corrupción que hubiese permanecido desde la toma de posesión del ministerio de magia.
Hasta el momento donde se centran los acontecimientos, lleva cuatro años en poder, donde ha sido discriminada por su sangre, pero nunca minimizada por su gran inteligencia y potencial para mantener todo en orden.
Ella no era la única con renombre en el lugar, a lado suyo, con una sonrisa se encuentra el segundo del trío, Ron, simplemente magnífico y uno de los dueños de la empresa que anteriormente era de su hermano fallecido, Fred Weasley, comparte título con su otro hermano, gemelo del ya mencionado, George Weasley, dueños de "Sortilegios Weasley" el cual fue creado desde los años escolares de los gemelos, financiado un año después de su creación por un icono que hablaré de él en un momento; al igual era de los aurores con más importancia por su experiencia a la hora de detener y atrapar a diversos criminales.
El otro, aquel que financió el negocio Weasley, tío de varios Weasley y amigo de la familia, el tercero del trío, Harry, aquel se encontraba del otro lado del salón junto a su familia, siendo reconocido desde cría, al ser "el niño que sobrevivió" y aquel que detuvo de primera y mantuvo fuera de combate a Voldemort, de los primero al no temer decir su nombre, y aquel que desde que puso un pie en el mundo mágico, su vida dio una vuelta de 180, siendo quien lo detuvo y retuvo desde su primer año escolar hasta el último donde comandó, dirigió y participó en una de las guerras más importantes del mundo mágico, siendo la clave fundamental para su derrota.
A lado suyo, una pelirroja de renombre y presencia hablando de sus maravillosos años como jugadora profesional de las Arpías de Holyhead, cumpliendo de sus mayores sueños, por obvias razones habló de Gynevra, Ginny, aquella que fue clave en un momento para el regreso de aquel mago tenebroso, y parte esencial a la hora de una revolución dentro de Hogwarts en su sexto año contra aquellos mortifagos, seguidores de Voldemort que se adueñaron del colegio, siendo al igual una de las tantas Weasley como al final, de los títulos que menos relevantes como persona individual, pero para ella siendo esencial, teniendo como esposo a el famoso Potter y teniendo juntos a tres hijos, que en un momento hablo de ellos.
Cerca de la barra se encontraba un indistinguible rubio con un traje monocromático charlando con un trago en mano de algo que ni él prestaba atención, es más que obvio de quien hablo, el famoso y por un tiempo irritable Draco Malfoy, bullying del trío por varios años escolares y luego siendo obligado a formar parte de las filas de Voldemort, obligado a matar y torturar o la vida de su madre se veía en peligro, al final el casi autor de la muerte del famoso Dumbledore, como igual al final siendo aquella pequeña parte de la salvación del trio al no "reconocer" a los mencionados al atraparlos; al paso de los años se casó con lo que él adora mencionar, el amor de su vida, Astoria Greengrass, la cual falleció al darle a su único primogénito, el famosillo Scorpius, aquel que recogió a los Granger's; apenas ocurrió eso se volvió el jefe de aurores volviéndose cercano y hasta amigo de aquel trío y familia.
Algo muy lindo que sellaría una etapa de sus vidas.
Aquellos personajes eran el show de la noche, o lo eran antes de que llegaran aquellos tres chicos, los pelirrojos y el Malfoy, su llegada dio de primera de qué hablar al llegar juntos lo que para los medios eran sumamente perfectos, de segunda al ser el dorado un color distinguido tan solo en la decoración, que los hermanos Granger lo trajeran atraían la atención pero aquel aquel rubio tuviera una detalle dorado, señal que para los medios presentes, de encubierto, era la alta seña de que la rosa era por Rose, por su nombre y al ser el único más allá de los mencionado que tuviera un detalle dorado, les dio pie a rumorear de todo.
— ¿No te parece espléndido que ahora crean rumores acerca de un enamoramiento?
— Lo hiciste a propósito, ¿Cierto? —dijo entre dientes mostrando una sonrisa a los presentes mientras aquel chico se agachaba a su altura haciéndola ver más pequeña de lo acostumbrado.
— Creí eras más atenta pelirroja
— No me iba a poner a analizar tu imagen hoy
— ¿Pero los demás días sí? — dijo con aires de grandeza con una sonrisa escondida en sus adentros.
— ¿Qué deseas? para ya dejar esto en paz Scorpius —Pronunció cansada, con notas de fastidio viéndolo a los ojos, aquellos grises los cuales hace un tiempo aborrecían y apreciaba a la vez.
— Tu amistad cariño —Soltó cerca de su oído mientras se inundaban del característico olor del otro, el oliendo a más allá de la loción costosa a menta, aquel olor que se queda después de una lluvia y a libros, mientras ella oliendo a chocolate, miel, flores y por obviedad a libros.
Aquel chico se quedó hipnotizado por el olor que lo inundaba mientras ella le dirigía una mirada confundida mientras era arrastrada por su hermano para mantenerse a lado de sus padres. Fue así como los tres se dirigieron a sus padres, cuales los presumieron ante las personas con las que charlaban, como si se trataran de los mejores hijos, los perfectos hijos de los salvadores del mundo, todo condujo a charlas personales y de vuelta a tratados ante los diferentes lugares mágicos.
Algo demasiado aburrido, haciendo que ansiaran la hora de la cena.
— Así que, ¿amigos? — Hablo en el oído el mismo rubio que de un momento a otro se encontraba junto a su padre, cerca de la familia.
— ¿Por qué el afán? Que yo sepa, me has odiado desde la primera vez que nos vimos — dijo la chica con una sonrisa atenta a la conversación que mantenían sus padres y el señor Malfoy mientras inconscientemente evitaba mirar al rubio al causarle algo que solo una vez había sentido, nervios de verdad, de aquellos que confundes con mariposas en el estómago.
— Bueno, solo odio no he sentido por ti Rosie
— ¿Qué has sentido por mi Scorpius? ¿Amor? —Esto último lo dijo con notas sarcásticas y una sonrisa de autosuficiencia.
— ¿Puedes mirarme a los ojos? aunque sea una vez en toda la noche
— ¿Feliz? —dijo mirándolo aun con aquella sonrisa notando la diferencia tan notoria de estatura.
— Más que encantado pelirroja
— Responde mi pregunta Malfoy
— La respuesta es más que obvia, ¿Quién no se enamora de la odiosamente perfecta princesa de Gryffindor? — dijo como si se tratara de algo tan obvio mientras aquella chica reía rodando los ojos y prestando atención a sus padres los cuales los veían desconcertados, al igual que el señor Malfoy.
— Parecen una bella pareja Rosie—comentó con dulzura Hermione ganándose miradas furiosas por parte de su esposo y mejor amigo, Draco, y miradas algo confundidas y sonrojadas por la pareja.
— Has tomado bastante ya Granger, estás delirando, aunque...
—Aunque nada Malfoy. — dijo celoso Ronald mientras Draco miraba a la pareja minuciosamente y Hermione los miraba con dulzura.
Los dos se miraban algo apenados mientras por su mente pasaba la pregunta ¿Si nos veríamos bien juntos?, ninguno de los dos sabía describir porque se lo preguntaban solo se miraban hasta antes de que los interrumpiera, se acercó a ellos un mesero anunciando a todos los presentes
— Favor de dirigirse a las mesas la cena va a comenzar
A los minutos todos estaban sentados, la comida apareció enfrente de cada uno, segundos después se escuchaban por todos lados cubiertos chocando, copas y pláticas serias; mientras hablaban sobre cómo erradicar los mortifagos aún sueltos, Rose se deleitaba de cada sabor de la comida, era exquisita hasta que algo toco sus pies debajo la mesa, dirigió su mirada a Scorpius quien se encontraba de su lado derecho mirándola con una sonrisa divertida, un tenedor en su mano con un bocado, acercándose a ella y susurrando — ¿Deseas?
— No gracias— Dijo negando con la cabeza mientras su Weasley interior la maldecía en mil y un idiomas.
—¿Segura? Tu rostro muestra que lo deseas —dijo tomando su mandíbula con delicadeza obligándole a verle.
—¿Qué? Mal...— El ruido de una cámara los interrumpió, todos guardaron silencio cuándo voltearon a ver de dónde venía el ruido, a lado del par estaban tomando fotos a todos, "gracias a la vida nadie nos había puesto atención" pensó la pelirroja lanzándole una mirada furiosa a Malfoy el cual reprimió una risa.
Todo mantenía un ritmo tranquilo hasta que a uno de los hombres del ministerio pregunto si los hijos de los Gryffindor's y del slytherin mantenían una relación amorosa.
— Y bueno, ¿Nadie responderá chicos? sinceramente son bellos, con estatus y apellidos de renombre, con una historia familiar que vamos, digna de tener a centenares detrás suyo.
— Bueno señor, ¿Quién dice que no es así? —dijo James, el mayor de los hijos de la Weasley y el Potter, el cual lo miraba con su típica sonrisa pícara.
— En mi caso sí.
Y sin más soltó Scorpius, al señor se le iluminó el rostro mientras que el señor Malfoy lo miró con confusión —Es mi Rosie, ¿Verdad cariño?
"¿Qué?..." pensó la chica confundida y una cara de realmente dices eso con mi familia enfrente.
La miro mientras los tíos, padres y primos de la mencionada no quitaban la mirada de ellos, Ronald casi se ahoga junto al señor Malfoy, Hermione reía con una mirada que decía "lo sabía". Todo fue silencio y esperaban una respuesta, que al criterio de Rosie era más un niégalo, pero se quedó en blanco, no entendía porque dijo aquello, ¿Acaso le gustaba a aquel Malfoy?
—¿Qué pasa Rosie? ¿Te comió la lengua el ratón? o ¿un escorpión? — Dijo Albus rompiendo el silenció mientras se escuchaba como reprimía una risa.
— Un poco de las dos — Soltó nerviosa la chica, pero con su característica nota de sarcasmo, supo era broma cuando vio a su primo y a Scorpius riendo causando que ella lo hiciera y al final todos los acompañaran, más Ronald y el señor Malfoy, que se miraban con algo de alivió que fuera broma.
La cena transcurrió con normalidad, la mayoría enfocándose en sus platillos o manteniendo conversaciones políticas, algunos intentando escabullirse o buscando una manera de salir de allí, habló claramente de la mayoría de periodista ya que habían logrado su cometido, aunque algo los hizo esperar unos minutos más, podría llamarse intuición o pura suerte.
En el preciso instante donde la ministra de magia se levantaba para agradecer, la puerta principal se abrió de par en par alterando a cada uno de los presentes, todos se pararon queriendo divisar quién era aquella inoportuna persona.
La pelirroja Granger logró escabullirse y ponerse enfrente de la escena junto a sus primos y Malfoy, donde se encontraba con varita en mano lo que se distinguía por su complexión alguien uno o dos años mayores que ella, con la tan característica y la odiada máscara que usaban los mortifagos.
Acercándose con cautela a la chica que ahora se encontraba enfrente de la multitud, se hizo un silencio mientras él la miraba analizando sus facciones, y sin más hincándose a sus pies, causando la sorpresa de todos ahí.
— Señora mía, al fin la encontré, disculpé la demora— menciono una voz masculina llena de locura y satisfacción, haciendo un ruido escalofriante en la habitación, incorporándose a los segundos y tomando la mano de la pelirroja la cual se escamo con el contacto, plantó un beso en sus nudillos creando al instante un campo de protección entre los dos, con caras de desconcierto a su alrededor había aurores, junto a los invitados con varita alzada.
— ¿Señora tuya?
— Si prefiere señorita con gusto lo cambio; Tan bella como todos lo mencionan, creí que eran palabras al viento — dentro de la máscara se veían unas pupilas brillantes azuladas llenas de deseo.
— No sé ni siquiera quién eres — Dijo la chica sin inmutarse ni un momento, aunque el miedo que sentía se respiraba a kilómetros.
— Que bella hija tuvieron ministra, que infortunio que seas producto de una deshonra de sangre —dando de largo su comentario situó su mirada en la del matrimonio Granger, eventualmente regresando a la de la chica que se mantenía físicamente serena, con esa valentía característica de su casa y familia.
— ¿Qué quieres? ¿Quién eres? — esta vez fue ella quien se acercó a él, intentando recordar dónde había dejado su varita y mirando de reojo a un centenar de aurores rodeándolos, como al igual varios rostros preocupados y alterados, distinguiendo un rubio con varita en mano acercándose.
— No necesitas saber eso por ahora linda, le quita lo — pauso un momento mirando a los aurores, específicamente al Malfoy que estaba cerca — divertido.
— ¿Por qué la máscara?
— Pensé te gustaban los chicos misteriosos con aire de misterio y familia de mortifagos.
— No sé a qué te refieres, ¿Voldemort te mando?
— Linda nadie, ni él, puede evitar la muerte pero...— se escuchó una risa baja, hizo una pequeña reverencia ante ella y en ese momento desapareció junto a una horda de humo vino y un hechizo que retumbó el suelo, rodeando a la pelirroja la cual terminó en el suelo, llena de sangre y una horda de gente rodeándola intentando saber qué sucedía, flashes retumbaron la escena mientras ella miraba al suelo sin sentir dolor alguno pero sabiendo que en su cuerpo quedaban marcas de algo, de algo que se sentía extraño, de algo que la mataría si seguía desechando su sangre, sus ojos se inundaban de lágrimas de dolor que aún no sentía, y no podía evitar intentar quitar su sangre, o la sangre de él, la sangre de ambos, mezclada de una manera perturbarte, le daba asco con tan solo sentir aquel líquido por sus dedos; sintió unos brazos rodeándola con un saco, no distinguió de quien se trataba, sus ojos le impedían ver con exactitud a su protector.
Intentaba quitarse la sangre con sus manos de manera desesperada, manchándose cada vez más, donde poco a poco entro en una desesperación casi inmunda, se sentía sucia, y su cuerpo poco a poco empezó a arderle en sentidos inimaginables, soltaba uno que otro quejido reprimido por el cuerpo de quien la abrazaba.
— Quema... me duele mucho...— se escuchó decir con una voz cortada y sollozando mientras era apaciguada por un cuerpo tan frío que contrastaba con el infierno de su cuerpo.
— Rosie...cariño... — Pronunció Ron como si su hija se rompiera en pedazos si lo decía más fuerte acercándose con cuidado, mientras aquel que la abrazaba se separaba del abrazó, ella alzó la mirada con desconcierto mirando a lo mucho su alrededor, a lo lejos se escuchó la voz de su madre, palabras indistintas retumbaron los oídos de la adolescente, pensando ¿Cómo?, ¿Porque ella?, ¿Porque debía ser ella entre las cantidades absurdas de gente?, y ahí por primera vez en años, aborreció que sus padres fueran los héroes de una guerra, puede que ella no existiera si las cosas hubieran sido distintas, puede que su madre anduviera con otra persona, o si tal vez sus padres quedaran juntos, pero ella ni su familia estaría en el ojo del huracán, nadie la vería, y ningún ser extraño la hubiera visitado ese día lastimándome como nunca, dejándola con dudas, con un cuerpo ardiendo, desperdiciando de su sangre, más de la que podía soportar, aborreció el rojo, aborreció tener la atención, aborrece la magia, aborreció a Voldemort y seguidores, aborreció los hechizos, aborreció las cámaras, las miradas de lástima, aborreció por primera vez sus apellidos, ella y todo lo que la conlleva y sabía con exactitud que lo haría con una fecha indefinida.
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Primer capítulo y las desgracias ya llegaron
¿Que nos espera en el futuro?
Pronto la nueva actualización 3
-VM
