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Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,

hoy estoy para penas solamente,

hoy no tengo amistad,

hoy solo tengo ansias

de arrancarme de cuajo el corazón

y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,

hoy es el día de llantos en mi reino,

hoy descarga en mi pecho el desaliento plomo desalentado.

Me sobra el corazón-Miguel Hernández

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— Rosie...no has probado bocado hoy —pronuncio con cuidado su hermano, se encontraban en el comedor de su casa, habían pasado alrededor de dos horas desde aquella escena, sus padres estaban vueltos locos en el ministerio, su hermano estaba parado a lado suyo con cara de preocupación, apenas habían llegado ella había ido directo al baño vomitando por la sangre en sus manos, y metiéndose en una regadera con todo y ropa, su estómago estaba vacío, su piel manchada por lo que parecían quemaduras, el dolor había cesado después de una hora; y una mirada ida.

En minutos llegarían para llevarlos a la madriguera, no quería ir, sabía que la interrogarían, no tenía ganas de nada, se sentía ida, como si le aborrecía ser ella.

— Si no comes la abuela te hará comer...prefiero comas tu sola a que ella te presione...Hermanita

— ¿Sí?

—No es tu culpa, sé que lo piensas, ¿Sabes que puede que solo quería causar disturbios? No es la primera vez Rosie

—Pero nunca me habían atacado, aparte...escuche que, creen traicione a la sangre — y como si fuera magia divina, la imagen de sus padres, sus tíos, aurores regreso a su mente, mientras todo el ministerio estaba echo vuelta, escucho como unos aurores le mencionaba a su familia que pronto ella traicionaría a su sangre, o más bien ya lo había hecho.

—Ministra, él le habló con confianza, ella no se inmuto, por Merlín, todos lo vimos, ella estoy casi seguro que sabe quién era, ella está a punto de ser lo que temían, ella es nuestra perdición.

— ¡Cállate!, ¡Estás hablando de mi hija idiota!

— Señor Weasley, solo piénselo— intento razonar aquel auror con voz de desesperación.

— Cállate William—sentenció un rubio que salió de las sombras —esa niña solo es víctima de las circunstancias, que usted sea un cobarde no quita que ella tenga conocimientos de control emocional.

—Se pueden callar. — sentenció una castaña frustrada — que todos se vayan a casa, y mis hijos luego a la madriguera.

Y hasta ahí logró escuchar su mente se nublo tratando de asimilar todo y unos brazos la rodearon apartándose de ahí y llevándola al auto de los Malfoy.

Bajo la mirada a sus brazos observándose, tenía manchas por todos lados, no se atrevía a tocarlos sabía con certeza que le ardían, con la simple presencia del aire ya lo sabía. Un par de lágrimas cayeron de su rostro, recordaba esos ojos azules, recordaba ese infierno que su cuerpo se convirtió, le dolía respirar, sus huesos se sentían como un fierro caliente que al contacto con sus órganos, su cuerpo en pocas palabras se sentía como la mierda, la quemaba, la calcinaba, con afán de marcarla; su sangre salía de su boca, claro que lo recordaba, su cuerpo expulsaba la sangre como podía y donde podía, otras lágrimas cayeron, sus padres la cara de ellos, sus rostros de miedo, su hermanito...otra lágrima, él la vio muriendo, los periodistas, como los odiaba, sabía que harían, las fotos serian primera plana, otra lágrima, la conversación de su familia con el auror, otra lágrima, algo no estaba bien, algo sabían y algo no le querían decir.

Las lágrimas cayeron como pétalos de rosa, como los de una rosa que tuvo una gran y estrepitosa caída.

—...entonces nos iremos a la mansión Malfoy? Pero mamá— escuchó decir su hermano al teléfono con tono frustrado— recuerda que me quedare con Lily mamá —hubo otra pausa en la que se supuso la ministra contestaba — puede quedarse conmigo madre, ella —soltó un suspiro y le paso el celular a su hermana — te habla mamá Rosie

Se limpió las lágrimas como pudo tomando el teléfono de casa— ¿bueno? — su voz le pareció desconocida, tan cortada y dolorosa, como si le doliera hablar. Lo hacía.

—Rosie— escuchó a su madre, su dulce voz sonó lastimera y le dolió aún más, otra lágrima cayó— los planes cambiaron en un momento tu tía Ginny y tío Harry irán por ustedes, Hugo se quedará con Lily como ya lo había planeado y tus iras con Albus a la mansión Malfoy

— Mamá... no por favor no me alejes de Hugo, si le pasa algo yo...

— Solo será esta noche y el día de mañana iré a por ti amor — la interrumpió con delicadeza. Otra lágrima.

—Mis tíos me pueden cuidar...

—Pero el más, el señor Malfoy sabe cómo piensan los mortifagos, aparté es el último lugar donde "aquel" no te buscaría

—Mamá...

—Te tengo que dejar, son mucho papeleo, hoy no llegaremos papá y yo, los amo mis niños — y sin dejarle contestar su madre colgó.

—Mamá está delirando— dijo con un suspiro cansado su hermano mientras subía por sus cosas dejándola sola. Se deslizó por el piso cayendo al mismo con lágrimas inundando su rostro mientras se aferraba al teléfono de casa y rogaba a los cielos que fuera una pesadilla.

Y como un empujón al lago ya frío, sonó el timbre de la casa, el menor fue a abrir mientras la chica tomaba las mochilas y a sus mascotas, no las dejarían ahí una noche solos, cuando esta se dio la vuelta su tía se cubrió la boca con las manos minimizando su reacción, mientras su tío la miraba con tristeza, no quiso ni siquiera preguntar el porqué, solo tomo sus cosas y salió de ahí.

El viaje fue, aunque rápido, demasiado incómodo para todos, fue en auto, demasiado raro para la pelirroja, sabía que sus tíos odiaban no ir a todos lados en escobas, lo dejo pasar al no tener ganas de tan siquiera cuestionarse más cosas insignificantes, Harry y Ginny no hablaban demasiado como si sus sobrinos se rompieran, al llegar sintió miradas de preocupación en el rostro de la familia.

La familia Potter, la familia con más reconocimiento y un linaje casi puro, Harry Potter como ya lo dije el héroe del mundo mágico desde cría, pero eso ya lo saben, aquí nos centraremos en el trío de hermanos, la viva calca de la descendencia Potter a no más poder, James Sirius Potter Weasley, de 17 años recién cumplidos, a punto de abandonar el nido, el primogénito, la viva imagen de su padre, hasta la miopía heredó pero con la actitud de su difunto abuelo y padrino de su padre, el nuevo Merodeador, en pocas palabras y como le gusta llamarlo McGonaggall la reencarnación de lo que hubiera sido un niño criado por Canuto y Cornamenta. El de en medio, el de 16 años en un mes, el único que heredó fueron esos ojos verdes esmeralda herencia de su abuela, Albus Severus Potter Weasley, el primer Slytherin de los Potter, por principio siendo el más odiado por el mundo, en este momento con una fama inigualable al ser lo que consideran un rompe esquemas, un elegido, el típico guapo, rico y la oveja negra de la familia. Y para rematar, Lily Luna Potter, la nena de la familia, 14 añitos, de las más pequeñas de los Weasley, que, aunque todo el mundo la trate como una princesa, tiene lo mismo de princesa que ojo loco de príncipe, es bueno, la viva imagen de su madre y padre, sacando lo mejor de ellos, fuerte, decidida, pero consentida a no más poder. Ellos eran el trío Potter, hermanos que se detestan la mayor parte del tiempo, pero se aman genuinamente.

Dos de tres miraban a Rosie con tal pena, que te envolvía en una depresión, como si de dementores se tratara, mientras que el del medio, la miraba como siempre, con ese orgullo que le transmitía, pero ahora más, ya que, bueno, sobrevivió a un infierno dentro de su cuerpo, nadie que él supiera podría tan siquiera soportar una quemadura causada por una comida hirviendo.

Sin antes de que aquella chica pudiera reaccionar fue puesta en la chimenea de la casa con sus maletas con su primo, aquel que grito fuerte y claro "MANSIÓN MALFOY", su estómago se revolvió apenas aquel sentimiento de vacío recorría su cuerpo y a casi los instantes sintió el piso en sus pies y un frío recorriendo su piel perforándola.

—Buenas noches, joven Potter y señorita Granger— escucharon decir a un elfo algo escuálido con un traje quien tenía una bandeja extendida hacia un chico con melena plateada que los miraba complacido.

—Buenas noches kinty —dijo el pelinegro saliendo de la chimenea ayudando a su prima.

Aquella pelirroja se quedó quieta viendo con una mirada ida a su alrededor mientras aquellos amigos se ponían de acuerdo de sepa que, miró a su pequeño hámster que miraba con curiosidad el salón al que se encontraban que por instantes logró disuadir una sonrisa.

—Granger, deberías ya subir a tu habitación, te ves cansada— interrumpió sus pensamientos aquel rubio mirándola con algo de indiferencia, pero extendiendo su mano dando entender que la dirigiría a la habitación, no la acepto, no podría, le dolía tocar y ser tocada. Si fuera otro momento de su vida se hubiera recriminado por su falta de respeto al anfitrión de la casa, pero no aceptaría, pero este tomó su mano sin importar que, un grito de dolor salió de ella mientras sentía cómo le ardían las quemaduras, sintió como la soltó mirándola preocupado, su primo igual lo hizo cuando esta busco su mirada, y lloro aún más apartándose de todos chocando con sus cosas.

Ya no sería normal.

Y sin recordar mucho más , se levantó al día siguiente con lágrimas secas en su rostro y destapada, recordó como el roce de estas le dolían tanto que seguro se quedó dormida cansada de llorar, mirando a su alrededor se dio cuenta que no había visto al señor Malfoy en toda la noche, que si bien no debería importarle lo hizo al caer en cuenta que lo que sea que ocurrió el día de ayer era tan importante para que aquel señor que añoraba su tiempo con su familia, lo sacrifico para resolver algo, algo que quisiera o no, arruinaría a su familia, la arruinó a ella, ya lo veía venir veía venir los periódicos, los comentarios en su entorno, entendía la razón de estar en la mansión Malfoy, nadie la molestaría con preguntas idiotas.

—Buenas días señorita Granger— la sacó del trance el mismo elfo doméstico que la recibió abriendo las ventanas al toque, que si bien no hizo un gran cambio en la iluminación le lastimo los ojos, tapándose con su mano.

—Buenos días

—Rose, Rose, ya es hora de salir de esa cama —escuchó decir antes de que sus ojos vieran un rostro pálido con un par de mechones platinados cayendo por su rostro, Scorpius Malfoy era alguien que hace unos días no le dirigía la palabra, pero estaba desde ayer queriendo captar su atención y lo había logrado, a las seis de la mañana y ya tenía traje, por merlín.

—¿Acaso nunca duermes o duermes con traje como pijama? — pronunció pesadamente, su voz sonaba tan diferente a como lo recordaba,

—Albus se fue— soltó de repente haciéndola pararse de inmediato causándole sollozos de dolor, pero viéndole incrédula —Teddy vino por él, se irán de Londres, hasta el primero de septiembre.

—Pero... ¿mi hermano?

—Se quedará con tus abuelos hasta que acepte venir aquí, sal de la cama, mi padre te explicara todo—me miró dándome una sonrisa que se sentía tan extraña para ella. La habían dejado sola, totalmente sola, y no hablaba de Scorpius si no de su familia, ellos la dejaron y no tenía una explicación, quiso reprimir cada lágrima que avisaba en salir, pero no lo logró. Nunca había llorado tanto.

—Buenos días, señorita Granger —dijo un hombre de aproximadamente de 40 años con una manzana en mano y un periódico en la otra, sentado en el comedor de esa mansión, a lado suyo otro rubio mirando su celular con el señor fruncido.

—¿Dónde se fue Albus señor?

—Mire señorita, me parece que es una persona bastante sensata para su edad, y se lo diré como es, ayer hubo un ataque como era esperado en su casa, por ende, tus padres y tíos han ido en busca de aquel atacante, y tus primos y hermano han sido mandados fuera de Londres—dijo bajando el periódico y ofreciéndole sentarse a lado de sí hijo.

—Scorpius dijo que mi hermano estaba con mis abuelos— dijo sentándose sin evitar hacer muecas, procesando que su casa ya no existía.

—Y lo están, pero no aquí, lo verán en dos semanas, en Hogwarts.

— Quiero ir con ellos señor Malfoy, por favor

— No se puede

— Por Favor...señor estoy sola si ellos no están aquí, necesito ver a mi hermano saber que está bien, por favor

— Señorita sea inteligente a quien buscan es a usted, no puede estar con ellos— dijo mirándola con lástima, esa lástima que tanto odia.

—Mira—dijo Scorpius dejando su celular enfrente de ella con un video de esa noche parecía ser, las ventanas de su casa rotas, todo movido, partes quemadas, su jardín destruido y periodistas muggles hablando de un desastroso incendio provocado por lo que parecía una chimenea prendida.

—La atacaron horas después de su partida, lamento ser yo quien se lo diga y no sus padres, pero ojalá no le cause inconveniente pasar el resto de las vacaciones aquí señorita Granger, todas sus cosas se quemaron, por suerte su hermano y usted se llevaron sus mascotas, y no se preocupe la ropa y o cosas que necesite hasta su partida a Hogwarts corren a cuenta mía.

Y así se levantó yendo a su oficina, no entendía nada de lo ocurrido, ni siquiera entendía por qué todo iba tan rápido, quiso llorar.

—Tu ropa será comprada apenas terminemos el desayuno.

—Malfoy.

—¿Sí?

—¿Estoy en una pesadilla?

—¿Es tan malo pasar tiempo conmigo cariño? —ese tono tan sarcástico que molestaba a la pelirroja, pero a la vez le hacía tanta gracia regreso.

—Scorpius— dijo lastimera mientras veía el periódico que el señor había dejado, la imagen que aparecía le era tan indistinta que le dolía, vio como su boca expulsaba sangre y sus manos temblaban limpiando lo que podía causando que se embarrara más en ese vestido que tanto había amado, y luego lo vio a él, a Scorpius tirándose a su lado acomodando su saco en ella mientras la tomaba y volteaba hacia él, mientras se llenaba de sangre y apuntaba a cualquiera que se acercara, recordó los brazos que la habían tomado, el frío que le transmitieron que le sentaba tan bien a el calor que sentía, recuerda que lloró mientras un cuerpo apaciguaba sollozos, era él.

— Me dolió verte así Rose, nadie merece lo que te sucedió— dijo tomando el periódico y lanzándolo a la chimenea más próxima, un silencio inundó la habitación, tan así que sentías escuchar hablar a las paredes—Yo también espero sea una pesadilla, yo también.

No hubo más que hablar, terminaron de desayunar y los dos se fueron, ella a la habitación que le dieron y él salió.

Se volvió a quedar sola.

...

—¡Bromeas, Perce!— grito un pelirrojo con una sonrisa tan contagiosa en su rostro al mismo tiempo que un mortifago con quien peleaba se derrumbaba bajo el peso de tres hechizos aturdidores. Un mortifago había caído mientras le salían púas por todo el cuerpo, como si se estuviera convirtiendo en un erizo de mar. El pelirrojo miro a otro más pequeño de estatura con cara de regocijo — ¡Si, Perce estas bromeando! Creo que es la primera vez que te oigo explicar chistes desde que...

En ese instante se produjo una fuerte explosión. Cinco muchachos formaban un grupo junto a los dos mortifagos y en cuestión de una milésima de segundo, cuando ya creían tener controlado el peligro, fue como si el mundo entero se desgarrara.

— ¡No!¡No! — se oyó gritar — ¡No!¡Fred!¡No!

Percy zarandeaba a su hermano, otro pelirrojo estaba arrodillado a su lado y los ojos de Fred miraban sin ver, todavía con el fantasma de su última risa grabados en el rostro...

— ¡No! — grito Rose levantándose de un golpe, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas y temblaba de pies a cabeza, había soñado con la muerte su tío, lo había visto como el muro lo aplasto, como su tío lloraba y su padre se arrodillaba, como su tío, quien nunca conoció, pero siempre supo quién era, estaba muerto, lo habían matado, sollozo tanto que le ardía la garganta. Si sus padres nunca le hubieran contado sobre la guerra, creería estaba volviéndose loca, veía en primera persona la muerte de su tío, un escalofrío le llegó recordando que cabía la posibilidad de estar en una de las habitaciones donde tal vez estuvo Voldemort.

Pasó así hasta que anocheció, durmiendo y despertando de golpe al revivir una y otra vez la muerte su tío, le habían dejado la comida en el mueble, pero sin mucho apetito la dejo ahí, sin ser tocada, ella calculo que eran alrededor de las 10 de la noche, cuando sintió demasiado frío, ahora se sentía congelada, como su sangre se estancaba sin circular porque tal vez ya se había congelado.

—Te mataré Granger—escucho decir una voz muy familiar entrando a la habitación sin pedir permiso, botando algo al suelo y acercándose a ella la cual pudo distinguir su cabellera plateada.

—Por merlín, ni siquiera has tocado tu comida, ¿Sabes lo furioso que se pondrá tu hermano y primos si descubren que te has saltado dos comidas?

La chica lo miraba intentando descubrir a lo que sus oídos eran inaudibles.

—¿Me estás ignorando? Sabes lo complicado que es ir a comprar cosas para ti, ni siquiera sabía tu talla, tuve que imaginar, y la vergüenza que pasé al que todo mundo creía que eran para mi novia, por favor, yo nunca podría...

Y habló, habló por mucho tiempo, Rose lo sabe, pero solo podía ver sus labios moverse y sus manos moverse, él moviéndose de un lado a otro mientras le enseñaba las muchas bolsas que había traído.

—¿Rose? — dijo el chico preocupado acercándose a ella con cuidado, y apenas rozó su mano con la frente de la pelirroja este la separó al instante— Estás hirviendo.

Ella solo lo miró con gracia, no entendía lo que le decía, pero sabía que era gracioso por su rostro de preocupación.

— ¿Nadie vino a verte acaso?

—Vino una persona, mini, mini, tenía un traje bonito, y me decía señorita

Este la miró sin prestarle mucha atención a sus palabras, salió corriendo al baño y a los instantes regresó cargándola en brazos, causándole un par de sollozos porque le ardía aún.

—¿A dónde me llevas? Tengo frio Scorpius— dijo con una voz demasiado tierna, pero también demasiado ida, el solo se acercó a la bañera y la metió, esta se quejó mientras se quería salir porque le ardía demasiado el contacto del agua con su piel quemada, pero no tenía fuerzas, si se movía sentía que sus huesos se podrían quebrar y tanto llorar la había dejado tan exhausta que prefirió quedarse adentro mientras sollozaba en silencio, el agua era tibia, el rubio no sabía que hacer, era tarde para un doctor, su padre no estaba en casa, sus elfos dormían, lo único que pensó fue en como su tía le quitaba la temperatura a sus primos de pequeños, al sumergir parte del cuerpo de Rose, está tembló, tenía aun la ropa, se lamentó de ofrecerse a comprar las cosas, se lamentó que esto trajera problemas serios.

—Ahora dormirás y mañana en la mañana iremos al doctor, ¿ok? —dijo el rubio a una quejumbrosa pelirroja que ahora vestía ropa liviana, estaba acostada en la cama de Scorpius pues la cama de la chica estaba sumamente sucia, al haber sudado frío desde quien sabe cuántas horas.

—Hace frío

—Se te quitara al dormir, corre ya

— Prefiero el frio al calor— dijo mientras se acomodaba con cuidado en la cama— el frío no me da quemaduras y no me hace escupir sangre— murmuro soñolienta, se quedó dormida en minutos, el dormiría en el sillón, solamente la miraba dormir con tal paz, mientras él solo pensaba cómo explicarle a su padre que la hija de su mejor amiga duerme en su cama porque casi se muere, otra vez.

Los dos durmieron hasta alrededor de la cuatro de la mañana que se despertó aquel rubio por los quejidos de la pelirroja que volvía a sudar frío, se acercó ella con cautela intentando despertarla.

—¡NO! — gritó despertándose de golpe y viendo al rubio que la miraba aún alterado.

—Solo fue una pesadilla cariño, sigue durmiendo—dijo sintiendo su frente con su mano corroborando que su temperatura era promedio.

—No...Quédate, duerme acá— rogó con lágrimas en los ojos temblando, señalando el otro lado de la cama, este negó y señaló al sillón.

—Ahí dormiré yo, y no me iré a ningún lado, pero vamos a dormir ya— este se volvió a su sillón intentando conciliar el sueño, hasta que habló una dulce voz temblorosa desde la cama.

—Regresaran las pesadillas, no quiero verlo morir ya... es mi tío... duele...solo quiero sentirme segura, por favor Scorpius, tengo miedo...

Un silencio se extendió por segundos, hasta que se escuchó rechinar el sillón y unos pasos hasta sumir el lado contrario a la cama—El sombrero seleccionador está desilusionado de su princesa de Gryffindor.

Y aquel rubio no lo vio, pero la pelirroja sonrió después de mucho, se acostó y está vez sí lograron conciliar el sueño.

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¿Quién no siente pena por ella?

Me dolió releer la muerte de Fred para adaptarla, pero es necesario se los juro.

Pronto nuevo cap. 3

-Vm