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Versos de rosa...
Son aquellos que humedecen al alma,
suaves como bálsamo,
incienso y mirra sagrados
al espíritu que ama
donde cada palabra sea alimento
y luz que aflora en el amor...
...
A la mañana siguiente apenas los dos jóvenes despertaron fueron convocados a una sala, el mendimago había llegado y con él el señor Malfoy.
— ¿Sabe por qué le sucede? — dijo un señor menudito con un rostro de fastidio tan parecido a un gato enojado, castaño y ojos negros, parecía de unos sesenta años.
— No señor—dijo con obviedad la pelirroja quien evitaba ver a los ojos a los Malfoy.
— ¿Desde cuándo?
— Antier
— ¿Síntomas?
— Mi cuerpo sufre altas temperaturas, me hacen temblar, tengo delirios sobre— "la guerra y sus muertes" quiso decir, pero en lugar de eso dijo— recuerdos que desconozco.
El mendimago se quedó callado y la miró con el ceño fruncido — Señorita Granger ¿tiene algo que ver con el escándalo del ministerio?
— Tal vez, no lo sé señor, solo ocurrió.
— ¿Que ocurrió?
— Bueno...mhm pues, esa persona se esfumó en humo y, mhm, este humo hizo que al poco tiempo sintiera un infierno, mis huesos quemando todo lo que toque, sangre salía, yo, mhm, solo sé que tengo estas ronchas— dijo dudosa la chica mientras se subía con cuidado las mangas de su camisa mostrando unas ronchas rojas, dolorosas a la vista como si, en efecto la hubieran...
— Te marcaron— sentenció el mendimago con una voz sombría, Rose busco con la mirada a los Malfoy por primera vez en el día y solo pudo ver como uno estaba tan desconcertado como ella, mientras que el otro se veía aún más pálido de lo que era y pasaba sus manos por su rostro— sabe lo que significa señor Malfoy, los mortifagos lo usaban...
Se callo y la miro con lastima pura, tal vez ya no había vuelta atrás para ella.
— Lo usaban como una forma de proclamar algo suyo, algo de los mortifagos — hablo el señor Malfoy con la mirada ida como si fuera algo que presenció en muchas formas— No era una marca tenebrosa, no, era una forma posesiva de gritar que era de tu propiedad esa persona, yo lo llegue a ver con prisioneros, aunque nunca tenían esas alteraciones a la temperatura...
— Fui marcada como propiedad de un mortifago— dijo con su voz rota mirando al señor Malfoy y al mendimago alternativamente y hablo sin realmente saber a quién se dirige solo lo soltó con pánico — quítemelo, resuelva esto, yo, yo no soy propiedad de nadie...
—Señorita cálmese, lo poco o mucho que se sobre, su padecimiento—Evito decir "sus marcas propiedad mortifago"—Es que pueden sobrellevarse, no desaparecerán, pero ya no dolerán y sobre sus altas temperaturas checare con un pocionista amigo mío, le daré algo para nivelarlas, no se preocupe de nada señorita Granger.
El señor la miró con una sonrisa tranquilizadora mientras sacaba de su maletín uno ungüentos y le explicaba cómo debería ponerlos , ahí, en ese instante fue donde más odio ser hija de quien era, porque ella no hubiera sido atacada si no fuera que sus padres fueron unos héroes en guerra, porque si tal vez pelearon para que existiera un mundo mejor, que nadie sufriera, pero ella lo estaba haciendo, ahora ella fue marcada, no con la marca tenebrosa que sabía el señor Malfoy poseía, pero si con algo parecido, ahora era proclamada como propiedad mortifago.
Unas manos en sus hombros la sacaron de sus pensamientos, miró hacia arriba y noto ese rubio que tanto la cuidó, le dedicó una sonrisa cálida, contrastando tanto con su aura fría y sería. Él sabía lo que estaba pensando.
Así transcurrieron varios días, el mendimago regresaba cada mañana con diferentes pociones que ella debía probar, algunas funcionaron, otras solo fueron placebos, cada tarde su temperatura se elevaba demasiado, eran apaciguadas por las pociones que servían pero no duraban demasiado, y en las noches siempre estaba ese rubio para mantener sus pesadillas al mínimo, que aún seguían siendo ella en guerra, viendo morir una y otra vez a su tío, sin poder hacer nada, hasta llegar al 31 de agosto, cuando este llegó con emoción entregándoles la poción definitiva, era de color casi blanco, líquida y parecía desprender hielo.
—¿Está seguro de que es la definitiva? — cuestionó el señor Malfoy quien todas las mañanas estaba para los chequeos de la pelirroja.
—Se lo aseguró señor Malfoy, fue una combinación de todas las que llegaron a tener efecto.
—¿Debo tomarla diaria?
—Sí señorita Granger, por ahora es solo una al día, esperemos no aumente la dosis.
Esta miró con preocupación al mendimago, ¿podría empeorar?
—Necesitaremos más de estas señor, ellos regresarán a Hogwarts mañana y deberá estar bien allá.
—Por supuesto señor Malfoy, aquí está una dotación, pero será toda suya, si hablamos de lo que me dará — el señor Malfoy miró a Scorpius quien sin palabras tomó del hombro a la pelirroja y la llevó fuera, hablarían del precio.
—Las ronchas ya no te duelen Rose—la había dejado de llamar por su apellido, era ya inútil mantener las apariencias cuando ella ya no era perfecta.
—Si, ya no me duele al tocarme.
—Me alegro, ven deberíamos ir a otro lado— le dijo con esa sonrisa que ya era típico verla con él.
Scorpius y Rose ¿se habían vuelto amigos?, tal vez, ella se sentía protegida a su lado, ¿El?, él se sentía con un deber por hacer, cuidarla; una amistad muy rara, pero ellos nunca tenían algo normal.
Esa tarde la pelirroja no salió de su cuarto en todo el día, estaba tan adentrada en un libro que encontró en la habitación, muchas cosas no venían en inglés y no entendía a que se referían las pocas que, si venían, eso ganó su curiosidad y se quedó ahí.
Al paso de las horas, el chico rubio entro a la habitación de la Weasley con una bandeja de comida y la poción fría, dejándolo en la cama, esta se dio la vuelta viéndolo ahí, el chico que sus compañeras no dejan de idolatrar, el chico que muchos de sus compañeros le tienen envidia, el chico que tiene prohibido por sus primos y tíos, el chico más popular, el chico que la ha estado cuidando desde que empezaron sus desgracias, quien no debería pero la cuida cada noche y le dedica sonrisas aun sabiendo quien es ella, ese chico está al lado de esa pelirroja viéndola con algo de amabilidad no sabía descifrarlo, él no era un libro peculiar.
— ¿Malfoy?—Dice la chica mirándolo a los ojos.
— ¿Por qué no has bajado? Ya hablamos de esto, debes comer todos los días, no es difícil, tu padre no te reconocería— intentó ocultar el tono de preocupación con sus bromas, pero desgraciadamente para él, no lo logró y Rose lo noto.
— ¿Te preocupa eso?
—¿De verdad lo preguntas? Sabes que me matan si pesas menos de lo que pesabas cuando llegaste, pero si quieres que lo diga, está bien, como si estos días no fueran prueba, pero me preocupas Rosebund—dijo con tono de burla, sabía que no le gustaba que la llamaran así.
— ¿Te preocupo? o ¿te gusta mi presencia? —le dice molestando aquella chica. Sus bromas y su sarcasmo habían regresado hace un par de días.
"Touche" Pensó el rubio mirándola a esos ojos azules que por mucho tiempo le daban algo de enfado, pero ahora como mucho antes, se podía perder en ellos fácilmente.
Después de molestarse mutuamente y ella comer y tomar su medicamento, quedaron los dos acostados en esa habitación, daba la impresión de que el tiempo se detuvo en la época medieval.
— Tu casa me da miedo—el rubio al escuchar eso la mira con algo de burla.
— ¿La bella doncella le teme a un palacio?
Saltaron un par de risas, mientras la pelirroja se sonrojaba levemente, creía que el amorío de niñez que había sentido se había disipado, y sin intención alguna lo abrazo arrepintiéndose al toque.
— ¿Desde cuándo una Gryffindor es afectuosa con un Slytherin? —dice el rubio mirando a la chica abrazando su torso.
— Mis compañeras me envidiaran si supieran que estoy abrazando a su amor platónico.
Los dos sabían la reacción que tenían con sus compañeros, a todos les gustaban simplemente porque tenían un puesto alto, uno por ser millonario, de las familias más clásicas y sin contar su belleza, la chica por ser hija de la ministra, hija de uno de los dueños de sortilegios Weasley y una belleza digna de una diosa griega. Sin contar que el par eran unos genios, aplicados, y simplemente perfectos en cada cosa que se propusieran.
Scorpius soltó una risa y contesto —Aquí al que le tendrán envidia es a mí, la chica perfecta de Gryffindor, la princesa, por la que se mueren todos mis compañeros y medio Hogwarts, abrazando a un simple rubio—respondió con algo de sinceridad.
— No quiero regresar a Hogwarts...
— ¿Por qué lo dices?
— ¿A ti no te cansa? Parecer despreocupado, aunque tengas cientos de cosas tras tuyo, porqué si no sonríes todos empiezan a crear rumores y no te deja en paz, o que te siga gente que ni siquiera te amé y solo busque caigas y ellos suban, a mí me está cansando demasiado...
— Te ayudare a sobrellevar todo, un abrazo, una sonrisa o simplemente alguien que tengas a tu lado, ese seré yo cariño —dijo mientras se abrazaban muy bonito, y por instantes sintieron que tal vez, nunca habían enterrado bien los sentimientos que se tuvieron.
Esa noche él se quedó hasta que la chica se durmió en su propio cuarto, la poción sirvió pensó este con alegría , habían hablado, reído y molestando, los dos sabían que aunque el rubio había prometido aquello, en un día eso se iba a acabar, ella rodeada de muchas chicas fingiendo una amistad y el de chicos fingiendo amabilidad, hablándose como los enemigos que el mundo de Hogwarts conoce, el chico extrañaría tener a la pelirroja, bromear y cuidarla , ella extrañaría al rubio platinado simplemente cuidándola , pero no podían hacer nada más que o verse a escondidas o simplemente ser ellos enfrente de todos, la última estaba descartado con tan solo pensarlo ¿No?
