Capítulo 13: Largo sufrimiento a la flor

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El dolor es para la humanidad un tirano más terrible que la misma muerte.

—Albert Schweitzer

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El sentir que le fallaste a la única persona que confió en ti de una manera genuina, arde, quema y carcome.

"Ella confiaba en mi" palabras que iban y venían junto con un "mi única tarea era protegerla" que lo atormentaban en las bancas de afuera de la enfermería.

Hace unas horas había estado con ella, la sostuvo en sus brazos mientras lloraba tan abiertamente, noto los rasguños que adornaban su bello rostro, las marcas de sus muñecas, su cabello ya rojizo lleno de una combinación entre sangre, tierra y agua, su uniforme desgarrado con una cadena tirando de su cintura y los pequeños espasmos que sufría mientras sus ojos azules se llenaban y expresaban lo que su boca aún no se atrevía a gritar, la abrazó, la abrazó y estuvo con ella hasta que se calmó, hasta que sus espasmos disminuyeron y hasta que sintió como sus piernas le fallaron y su cuerpo se relajó, se había dormido.

De ahí hasta ese momento habían pasado tres horas, en las que entró a la enfermería del colegio y con ella sus padres, tío y mi padre. Nadie había salido aún, nadie le había comunicado a él o los demás que había sucedió.

Afuera se encontraba una escena muy bien parecida a la de la oficina solo con un cambio, ella estaba acá, con nosotros pero la duda de qué pasó, que le hicieron y el porque estaba presente.

Se escucharon pláticas a murmullos donde se preguntaban si sabían algo cada que alguien tenía que abandonar su guardia.

Algunos se había ido a dormir pues habían sido horas en las que se le buscó. Todos tenían cansancio, otros se les cerraba los ojos y dormitaban sentados o parados, otros como Lily y Hugo se ocupaban tomando cuantos vasos de llenas de cafeína les permitía sus sentidos.

Otros como él y James, la culpa les era peor, quedaron despiertos tanto como pudieron recapitulando todo apenas la encontraron.

Parecía hasta incoherente como la dueña de su vida estaba a una puerta de distancia y no sabía nada de su estado; al igual parecía casi ridiculo como el castillo estaba adornado para la fiesta del 31 de Octubre, había calabazas adornadas por los pasillos, el gran comedor se encontraba cerrado por que lo estaban adornando, el mundo había seguido con su curso normal mientras que el suyo se encontraba en una camilla llena de sangre después de días de desaparecida.

Así era la vida, ninguno de sus seguidores la fue a buscar con nosotros, ninguno se presentó con varita en mano ni piso el bosque, nadie se presentó a ma oficina de la directora y mucho menos nadie se acercó a la familia y queridos de aquella pelirroja, de su monarca, pero cuando se supo que ella había regresado un grupo extenso tuvo que ser corrido más de una vez por el escándalo que causaban.

Pretendían hacerse presentes cuando ella despertara.

Pretendientes llegaron para invitarla al baile, baile que le tocaba organizar a ella pero no pudo.

La sola idea le rompió el corazón recordaba todos los años que ella lo organizó o ayudó, su rostro iluminado con dulzura y esperanza; para poder darle un buen recuerdo a los demás. Esta vez le toco a él junto a los otros Monarcas organizarlo; en pocas palabras el solo dio el visto bueno y desecho cuanta idea le parecía que ella no hubiera aceptado.

Su corazón se estrujó en cada adorno que visualizó pensando en lo ilusionada que pudo haber estado ella al escogerlo.

Su corazón ardió cada que revivió el momento de como la vio caminando a lo lejos en el bosque prohibido, como casi se arrastraba al caminar y como su presencia normalmente impecable parecía mito.

Pero su corazón se hundió al verla llorar tan abiertamente y rogarle nunca dejarla.

"Debía protegerla"

Sus manos pasaron por su rostro y cabello con nerviosismo por novena vez en ese minuto hasta que las grandes puertas de la enfermería por fin se abrieron.

El desliz de las túnicas al bajar y los zapatos al chocar con la fría piedra al levantarse fue lo primero que se escuchó. Cuando las puertas se abrieron se visualizó a un Auror que como se esperaba de ellos no mostró emoción alguna, simple y sencillamente se dirigió al único rubio del grupo que como si él le leyó la mente no tardó en comprender el mensaje que sus ojos le daban.

Un paso.

Dos pasos.

Tres, cuatro, cinco pasos se volvieron más en cuestión de segundos cuando aquel Malfoy avanzó corriendo entrando a la enfermería. No tardo en verla pero cuando lo hizo su mundo se vino a bajo, estaba pálida con heridas rojas como único atisbe de color, esas heridas, su pelo y esos ojos que estaban en si, miraban a los presentes, quienes casi sonreían parecía un momento demasiado privada, demasiado de ellos que se sintió un intruso, quiso regresar a sus pasos pero ella lo vio, ese mar en sus ojos lo enfocaron y como si sus brazos pesaran más de lo normal los alzo a su dirección con pesar pronunciando.

—Rubio...

No se percató como pasó de estar cuatro pasos atrás de sus padres a estar frente a ella tomando su mano extendida.

—Rojita...¿Que te hicieron?

—No quieres saber Scor...—sonaba tranquila, casi melodiosa mientras acariciaba su rostro, aquel con el que había soñado todos esos días. Aquel que tanto extraño.

—Claro que quiero nena, haré todo por que pague cada grito que te haya provocado —posó su mano libre en su otra mano mirándola con determinación— y moriré si es necesario, te lo juro en nombre de Merlin.

Ella le creyó. Ella le creería si afirmaba que el cielo es rojo si lo dice con esa determinación y en ese estado, su pelo estaba despeinado y bajo esos ojos color mercurio que le quitaban suspiros había manchas oscuras, ojeras.

—Los dejamos solos un momento hija, debemos hablar con los aurores

—Si mamá, no te preocupes

—En un momento regresamos para saber los detalles de lo ocurrida señorita Granger—la voz de rubio mayor los invadió— hijo, permiso

El no apartó los ojos de ella ni de ella de él aún escuchando como su padre se despedía de él y los pasos de personas saliendo de la enfermería, su vista y su enfoque era en ella.

—Scor...

—¿Me dirás qué pasó?

—Hay una profecía, él lo dijo, soy la clave de algo

—¿Quien el?

—Mi secuestrador, Scor, ¿Cuando es la próxima cena del ministerio?

—El 31 de octubre, pero escucha bien Rose, no iras.

—Necesitamos entrar Scorpius, debe estar la sala de las profecías donde se llevó la guerra del ministerio, Scor dijo que la profecía surgió desde mi nacimiento

—Rose, es peligroso, mira cómo estás— dijo señalando cada herida que podía con su dedo, desde el rostro hasta la cintura— tienes rasguños, cortes, y hasta marcas de cadena en todo tu cuerpo, cariño eso es lo poco que se ve, se qué hay más.

—Tendré tiempo de recuperarme, es en dos semanas — dijo confiada tomando su mano y jalándola a ella.

—Rosie...— sintió pequeñas caricias mientras que esos ojos grises la miraban, no había lastima solo preocupación, la miraba como siempre lo hacía.

"Rubio y gris eso me da paz"

"El también era rubio"

"Pero sus ojos eran fríos, azules"

"Tu los tienes azules"

—¿Que pasa?

—Faltan cinco días...estuviste secuestrada doce días

Doce días, creyó que estuvo mínimo dos y maximo 4, pero doce, sus manos se sintieron pesadas y lo soltó, lo soltó abrazándose a sí misma.

Nueve días mínimo en los que estuvo amarrada, torturada, nueve días donde su cuerpo no sólo experimentó golpes, experimento fuego, claro que recordaba cómo se sentía, el como tu cuerpo se sume en un horno y como al disiparse arde, arde cada parte de ella.

Un día máximo en los que estuvo varada en medio del bosque dormida, uno en el que caminó hasta encontrarlo y otro en la enfermería.

—Scor... necesito esa profecía, necesito saber porque yo... necesito saber si debo morir o luchar por sobrevivir, porfavor

—Rojita no hagas esto difícil, podemos ir Al y yo a buscarla la profecía, pero tú quédate aquí porfavor —su mano fría acaricio su rostro que empezaba a subir de temperatura —Te traeré tu medicina, deje mi mochila afuera con tu hermano

—No sabrán si la profecía habla o no de mi porque no seré yo quien la toque— dijo la pelirroja mientras tomaba con casi desespero la mano del rubio intentando sentarse, mala idea sintió un jalón hacia abajo y ardor insoportable soltando un sollozo.

Sintio un brazo rodeándola y recostando su cabeza a su pecho levantando con cuidado el camisón.

No tuvo tiempo de sentir pena cuando un sollozo opaco sus sentidos, le ardía el cuerpo y la exposición al aire lo empeoró. Su vista se empañó y solo noto una cabellera rubia que le ayudó a recostarse saliendo de su visión.

"El no me dejaría sola...no, no el no"

"Claro que lo hará, quien quisiera estar cerca tuyo después de ser marcada y tortura por un mortifago y no sólo marcada parece eres la culpable de algo"

Sus ojos se sintieron pesados y quiso cerrarlos tan solo un rato, un rato tan pequeño que nadie se daría cuenta, no nadie.

—Rojita quédate aquí conmigo— dijo una voz masculina quien la tomaba del rostro haciéndola abrir los ojos al instante— Rojita mírame, no te dejaré ¿Ok? Pero tú tampoco lo hagas, la enfermera no se encuentra esta con tus padres. ¡Ey ey! rojita mírame, no cierres los ojos, quédate aquí ¿Ok? ¿Me escuchas?

—S..si

—Bien, tengo aquí tu medicina, necesito que la tomes ok? — una boquilla chocó con sus labios, los abrió lentamente saboreando el contenido de la botella con cuidado, hacia mucho no tomaba líquidos— muy bien cariño, quiero que sigas aquí, conmigo, escucha mi voz.

Sus manos se separan de su rostro alejándose, quiso enfocar pero todo se movía, y sus oídos zumbaban, ruido blanco estaba alrededor suyo que empezaba aturdirla cada que él no le habla.

Un desespero casi desconocido empezó a invadirla, ¿Que pasaba?, ¿Que hacía?,¿Que sería de ella?, ¿Y si ya no sería normal nunca más?

Sus ojos se llenaron de lagrimas, lágrimas pesadas que empañaron su visión.

Quiso tomar una larga respiración pero ¿y el aire? ¿Donde estaba?

Quiso tomar cuanto aire pudo pero ¿no había?

Se sintió cada vez más caliente y el ya tan conocido fuego la invadió.

Oxígeno, ¿Porque ya no había?

Un sollozo y alguien hiperventilando llegó a sus oídos pero no logró distinguir si era de ella o de otra persona.

Una parte de la camilla se sumió un poco y escuchó como metal chocaba con metal —Cariño, ¿Sigues aquí? ¿Como me llamo?

—Scorpius...— el aire regresó un poco.

—Completo nena, se que puedes dime —cristal, ahora cristal chocaba con metal, quiso enfocar su mirada pero solo logró que todo se movieran aún más mientras una sombra con cabellera clara sacaba y metía cosas de frascos poniéndolos en una bandeja de metal.

—Scorpius...H..Hyperion Malfoy...Greengras...—Casi por completo llegó el oxígeno.

—Muy bien, sentirás frió y tal vez dolor linda, pero es necesario ¿Bien?

—¿Q...que harás?

—¿Confías en mi?

—Si...—Su cuerpo se relajó un tanto, logró respirar con normalidad.

—Bien, no haré nada malo, evitaré lastimarte, te explico cariño, tienes ampollas en tu cuerpo, no en todos los lugares– dijo él mientras sentía como con un algo esponjoso le ponía algo, por lugares aleatorios de su cuerpo, no recordaba en qué momento había quedado sin su camisón —Necesito reventarlas para quitarle el agua cariño, luego pondré esencia de murtalph, te curará las quemaduras y ya no te arderán gracias a la medicina que tomaste y esto, la enfermera te había sedado pero ya pasó el tiempo.

Sus sentidos estaban regresando a su orden, casi pudo enfocar, pero solo sentía una toalla recorriendo su cuerpo después de un leve pinchazo en lugares aleatorios.

—Te provocaron un ataque—no preguntó él afirmó.

—Si...me torturan Scor claro que tendería un ataque, tuve varios...

—Por eso te quemaron, necesito consultar al mendimago, el nunca dijo que habría este tipo de síntomas— sus manos se separaron de su cuerpo separándose un tanto.

Volvió a intentar enfocar y lo logró, vio con normalidad y el ardor casi había disminuido, su cuerpo ya no se sentía caliente y logró respirar sin dolor, casi lloro de alivio.

—Te pondré una venda, todo sería más fácil con magia pero no estoy seguro de saber los hechizos — el tomo la venda cubriendo cada lugar de su cuerpo a la vista.

—¿Donde aprendiste?

—Regresó la Rosie curiosa— sintió su sonrisa aunque su rostro estuviera enfocado en otra parte de ella —Estuve aprendiendo desde la cena

—Scor...

—Iremos a la cena, no necesitas rogar, te ayudaré a buscar esa profecía—con delicadeza sintió su camisón abrazando una vez más su cuerpo.

—Creí que te tendría que rogar

—Cariño tú nunca debes rogar nada ni a nadie, y mucho menos a un simple mortal

—¿Simple mortal? Scor un simple mortal no sería mi novio

—Novio falso cariño— La toma de la mano ayudándola a sentar en la camilla recargada a la pared.

—Un novio falso no busca a su novia falsa, no tiene ojeras y mucho menos estudia medicina por ella

—Soy un novio falso especial

—Mhm, crei que ese te amo era de un novio real...— sentía un gran alivio, su cuerpo dolía al moverse claro pero era manejable, todo lo era ya a comparación de lo que sintió estos días.

—Rojita no es un momento oportuno— dijo agachándose acomodando todo en la bandeja, su perfil casi angelical era un sueño.

"El esta aquí"

—Estuve apunto de morir, todos los momentos ahora son momentos oportunos—lo vio tomando la bandeja y alejándose de su vista.

Escuchó su risa de lejos.

—Te lo pediré como mereces cuando estés mejor y no estes semimoribunda encima de una camilla.

Su risa sonó ronca al salir de su garganta que casi la desconoció.

—Disculpe Doctor Malfoy no sabía que eso era un tema

—Claro que lo es señorita Granger así que a dormir si es que quiere que la de alta para la cena.

—Lo haré doctor si es que se queda conmigo

—Cariño yo me quedaré todo lo que tú quieras que me quede.

—Acuéstate conmigo, porfavor, hay espacio para los dos— posó su mano en la camilla haciéndose a un lado con dificultad.

—Si entran tus padres...—su tono dudoso, lo había extrañado, lo había extrañado a él y sus bromas.

—Les dire que solo necesitaba a mi novio conmigo, porque es el único al que confió.

—¿El único?— sintió un lado de la camilla hundiéndose y casi al instante unos brazos rodeándola con cuidado.

—El único— dijo ella sumergiendo su rostro en su pecho sintiéndose por primera vez en dos semanas en paz, tranquila y casi olvidando lo que había sufrido, por que el no la veía con lastima como si lo hacían los demás, el la seguía mirando igual y siempre la miraba igual.

—Haré que paguen por lo que te causaron

—¿Que harás? ¿Te volverás un mortifago?

El tono en que lo dijo, adormilado y soñador, adornado con esa pequeña risa que soltó nunca se creería que el desde ese momento lo empezó a tomar como una opción.

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¿Profecía? ¿De que profecía estarán hablando?

Nos vemos muy pronto gente hermosa

—VM