– ¡Vamos a la cafetería! –.
– ¿A ti se te olvidó lo que pasó cuando me puse a trabajar como encargado, Paimon?, salieron rumores que por suerte…la gente se dió cuenta que no tenían credibilidad. ¡Estaban emparejándome con medio mundo! –.
Aether no quería recordar cuando muchos paparazzi, periodistas en busca de salseo y una parte de público en la corte creía que estaba enamorado de: Navia, Charlotte, Lynette; incluso con Furina por no medir adecuadamente sus palabras…y hubo alguno que hasta pensaba que la relación era con Lyney!
– Viajero, es que no tienes opción –. La afirmación tan nerviosa de Paimon asustó al viajero.
– Paimon…¿qué hiciste? –. Él estaba esperando totalmente quieto, el silencio se puso espeluznante.
– ¡Nada!, ¡Paimon solo aceptó un encargo del Señor Aouret para que volvieras a cuidar de la cafetería Lucerne por unas horas!; ¿qué podría salir mal? –.
Sin escuchar más, Aether trató de correr…pero cuando pensó que había sido fácil huir de ella, fue teletransportado directamente a la cafetería donde observó un punto de teletransporte.
– ¡¿Qué es esto?! –.
– Paimon intuía que no querías aceptar, eso te dejaría mal con nuestro amigo y te dí un empujón para llegar más rápido, jeje –. Ella sonreía entre dientes un poco apenada como un niño, después de haber usado el mapa para llevarlos al puesto de trabajo.
– ¡NO!, ¡me gastaste las monedas de la Relajatetera en un teletransporte!; ¡sabes que solo lo gasto en resina y libros de mejora por semana!, ¡creí que Gordi te lo había dicho! –. A este punto, Aether solo quería reclamarle por no avisarle de todos los gastos que hace.
¿A quién quiere engañar?, no tenía opción y cuando ya tiene un encargo, no ha rechazo nada para evitar problemas si se niega. Luego de ver por encima la cafetería desde su letrero, suspiró resignado para caminar lentamente hacia el mostrador y dar por abierto el local para ver de nuevo a los clientes.
"Por favor…fue una vez, no puedo imaginar este sitio como un nido de problemas, ahora que ya estoy integrado en la sociedad de Fontaine nadie se armaría más rumores falsos de mí, puedo lidiar con esto. Es solo una cafetería, sé cómo hacer las bebidas y entregar los postres que la gente vea, solo haré lo mismo de la última vez sin ponerme nervioso con nada". Aether cambió de pensamiento, comenzando a distraerse al ver los primeros clientes llegar y ponerse a revisar si todas las herramientas estaban en su sitio para comenzar.
La gente lo reconocía con más facilidad, sin tratarlo como una celebridad igual que al principio. No hubo nadie que hablara de los chismes faranduleros que trataban de meterlo en una relación, él tampoco quiso ver a cualquier cliente como un espía, esperando el más mínimo despiste para publicar un nuevo artículo en revistas.
Tampoco debía sorprenderse de tener ojos que hablen sobre él constantemente sin importar si es bueno, malo o falso, todos sus amigos en Fontaine han estado rodeados de rumores de todo tipo en muchas revistas y periódicos. Ahora que todo había vuelto a la normalidad, le llegó el turno de ser la comidilla de los nativos, después de todo estuvo involucrado directamente en muchos logros dentro y fuera de la nación desde que llegó.
Ya debía entender que es algo normal, la última vez todavía estaba conociendo Fontaine y la corte, acostumbrándose a la cultura de la nación. Ya no tenía misiones importantes, por lo que ya no falta mucho para irse a Natlan.
Quizás esta es una de las últimas veces que puede tranquilizarse, antes de prepararse a la siguiente parada. Estar trabajando en la cafetería no es tan malo, lo quería creer.
Trabajó de forma normal y amable con los clientes, quienes notaron la pasividad suya, para no ser molestado; Aether solo recibía halagos por la preparación de las bebidas, muchas más que la vez anterior, se encontraba mucho más animado. Cuando las mesas se llenaban, se repartía con Paimon los pedidos y los entregaba al mismo tiempo sin demorarse.
– Preparar bebidas de chocolate es mi pasión –. El chico se había dado el lujazo de servirse un batido de chocolate caliente, con una taza que Paimon trajo de la Relajatetera, mientras atendía a la vez.
– Paimon está segura que Aouret gana más dinero cuando estás como encargado. ¡Ahora se está multiplicando con tantas bebidas!, ¡prepáralas más seguido! –.
– Es gracias a Fontaine que conseguí el chocolate. Antes no lo había visto en ninguna parte, por eso nunca lo hice –.
– *EJEM*…¿alguien dijo bebida de chocolate?, ¿cuánto cuesta? –.
Aether se volteó descaradamente hacia ella, sin negar que escuchar esa voz, le causaba una agradable felicidad cuando la encontraba en la ciudad. En ese momento su pecho saltó porque estaba aquí.
El viajero sigue enfocado en recuperar a su hermana, esa es su principal misión. Lo que no se puede negar, es que ha ido encontrándose con distintas mujeres que considera atractivas de las 5 naciones. Valora las habilidades y porcentajes de lo adecuada que puede ser estar junto a una chica.
Algunas de Mondstadt, Liyue, Inazuma, Sumeru…y en Fontaine, ha sentido un claro atractivo por todas con las que se ha cruzado.
Charlotte es bonita, tiene una voz muy linda y siempre está preocupado de que algo le pase por tomarse en serio su trabajo de reportera. No ha hecho más movimientos después de lo que pasó la última vez en la cafetería.
Lynette igual, es adorable y linda, sin negar que puede despertar un lado furro en él. Su comportamiento protector mientras actúa calculadoramente la hace muy seria.
Navia es hermosa, una mujer la cuál estaría dispuesto a cuidar y saber guiar. Se notaba la cercanía entre ellos, lo mucho que le necesitaba, ayudándola totalmente encantado de verla.
Todas son mujeres con las cuáles él se vería en una relación. Si la gente escuchara esos pensamientos, los rumores tendrían buenos motivos de hacer escándalo. Tampoco está desesperado por ello, él no ha pensado en la idea de quedarse en Teyvat.
Ahora se encontraba en la situación de ver igualmente a Furina como una buena opción. Ha sido con quién más tiempo ha pasado desde que dejó el Palacio Mermonia, hay una cercanía entre ellos y se ha formado una bonita relación amistosa.
– Si es por ti, entonces yo pongo el dinero y tú no te preocupes. Te daré las bebidas que quieras –. Inesperadamente acomodó el hombro en la mesa de su recepción, quedando frente a los ojos tan cerca de Furina, quien reaccionó con un gemido tímido y sonrojada alejándose un poco.
"Y pensar que llegue a gritarle y amargarme con ella en su etapa de Arconte, ¡jaja!. Que solo y arrepentido me siento, perdóname por todo Furina". No tenía reparos en lanzar la caña, creía que a lo mejor una oportunidad podía pescar en algún momento del viaje.
Sin tirar de otros recuerdos…la última vez en la misma cafetería pasaron cosas raras con las chicas. Hasta Navia le quitó la virginidad con un beso, ¿estarán dándole mensajes en estos momentos y no ha levantado la cabeza para darse cuenta?, ¿está haciendo lo correcto al coquetear o esta actitud nueva resulta contraproducente e inesperada?
Él no se imaginaba ver diferente a Furina desde que la descubrió sin ese papel que estuvo siguiendo. Ahora solo puede sentir mucho amor y cuidado por ella, pero duda que sienta lo mismo y se limita a dejarlo así.
Estaba actuando distinto, la primera vez en la cafetería no tiraba fichas a cualquiera. Había entendido que no perdía nada con hacerlo, si regresa a otras naciones, puede que muestre una actitud de más desparpajo. También ha llegado a pensar en encontrar a una mujer sencilla, debe haber un promedio de ciudadanas en las 5 naciones que ha visitado y sean sus admiradoras secretamente enamoradas.
Ahora, Furina se encontraba sin encontrar las palabras ante el coqueteo de Aether. Tartamudeaba sin decir nada, moviendo los ojos a todos lados.
Aether jugaba con ella, pero esto le hacía saltar el corazón y él no estaba seguro que fuese por algo romántico.
– P-Por favor…q-quiero una bebida de chocolate y un trozo de pastel… –. Las palabras salieron en un susurro con el rostro mirando abajo, una expresión muy increíble para el rubio.
Él se acercó más a ella, haciéndola sonrojarse otra vez.
– A sus órdenes…Lady Furina –. Ella abrió los ojos al devolverle los susurros en el oído, sintiendo su cara cocinada.
– ¡Solo haz tú trabajo y no molestes a los clientes! –. Ella se fue a un puesto alejado, luego de chillar cubriéndose la cara.
"Parece que no le gustó. Usaré otra estrategia más común y si la sigo incomodando, entonces me detengo".
Es demasiado bueno como para que alguien le dijese que habían muchas chicas enamoradas de él y sus coqueteos hacían más difícil a las chicas que no sean descubiertas. Pero, la trama de esta historia terminaría en una habitación a oscuras y muy reducida, por eso no puede descubrirlo.
Había puesto detalles en la bebida de Furina, como un corazón que emergía al observar encima de la bebida. El pastel es de chocolate, quería darle la mejor experiencia al ser la primera vez que ella probaba algo hecho por él.
– Aquí está. Mi primera creación para ti, espero la próxima sea más encantadora y no en una cafetería. Lo más importante para mí es que te guste –. Esta vez, fue a la mesa de Furina muy expectante, se encontraba más calmada después de casi huir por la nueva actitud que había tomado.
– ¡No seas tan considerado!, no podría enojarme contigo si no es tan bueno como espero. Has hecho mucho por mi para que me ponga a reclamarte –.
– Espera, ¿tenías expectativas por probar mi cocina? –. Había un brillo adorable en el rostro incrédulo de Aether, quien se sorprendió.
Furina se hizo la sorda, tomando un trago para quitarle la atención de la pregunta. El rubio estaba quieto, esperando una muestra de lo que fue para ella, ya sea un detalle en su rostro o su postura.
– ¡Aether!, ¡Paimon no puede hacerse cargo de la cafetería sola! –.
– ¡Pero la idea de volver fue tuya, no?!, ¡te aguantas! –. Él solo hizo un aspaviento con la mano, diciéndole que vuele hacia los demás clientes.
Paimon solo apretó los dientes, yéndose entre gruñidos de molestia.
Aether no quería ser un auténtico esclavo trabajando, quería tener control mientras no hubiera ninguna queja o reclamos.
Cuando regresó la atención al rostro de Furina, estaba con la cabeza hundida en la mesa.
– ¡Ay por dios!, ¡si estaba malo me lo hubieras dicho! –. Reaccionó muy asustado, quitándose de la silla para tratar de revisarla porque creía que estaba inconsciente.
– Está rico… –. Fueron los murmullos de Furina, suspirando con normalidad cuando puso su mano en la espalda de Aether para quitarle la alarma.
– ¿Y tenías que ponerte así?, pensé que te había envenenado… –. Suspiró y se sentó nuevamente, Furina se recompuso y estaba con un sonrojo sin salir del sabor tan agradable. Aether se puso la mano en el rostro, sintiendo un gran alivio por ser solo una exagerada reacción.
– Perdón…es que no había probado una bebida tan buena antes –. Furina recibió una sonrisa considerada y que le perdonaba por parte del chico, recibiendo una palmada en el hombro.
Ella volvió a tomar otros tragos. Aether estaba satisfecho de que sus amigos estuvieran felices por la cocina que hace, aprovechando la posibilidad de hacer las bebidas por su cuenta. Cuando cocinaba algo para comer, también ha sido muy bien valorado.
Se tomó el momento de ver más de cerca a la chica de traje azul, suspirando un poco enamorado sin que se diera cuenta…pero ella se ponía roja por sentir la mirada suya.
– Me alegro de que todo esté bien, entonces…debo seguir atendiendo clientes –. La misión estaba terminada, se puso de pie y volteó hacia la fila que se formaba en la cafetería.
– ¡E-Espera! –.
La chica entendía que está ocupado y no puede ser su centro de atención en este momento, aunque él se dejaba llevar cuando se volvía muy propensa a suplicar un poco de tiempo. Lo había agarrado del brazo, Aether esperó en silencio lo que quisiera, le gusta consentir y escucharla si lo necesita para cualquier cosa.
– Siéntate un momento, hay algo que quiero hacer… –. Con un tono serio y a la vez nervioso, él obedeció para volver a la silla, observando mientras movía la cucharilla en el pastel.
– A-Abre la boca…y pruébalo –. Partió un trozo de pastel con su cubierto, se veía sonrojada y avergonzada por hacerlo en público, acercando las manos hacia él con un tono muy bajo.
Hubo algún chillido de los clientes, que se quedó viéndolos. Ahora, estaban ganándose más miradas a cada segundo sin que Aether fuese consciente. Furina se arrepentía por el congelamiento que le dió mirando su acción, iba a explotar de vergüenza si estaba esperando que tomarán una foto.
Furina le dió una pequeña recompensa. Sabía que siempre trabajaba y cada día Aether está moviéndose, con la esperanza de encontrar a su hermana. Aunque no pueda hacer nada por él, ha hecho mucho por ella y le encantaría poder consolarlo si lo permitiera.
Le dio un trozo de pastel, el chico abrió los labios y masticó el suave dulce en su mandíbula, Furina se encontraba muy sonrojada. La escena resultó bastante tierna, mucha gente se derritió por el bonito detalle que se alumbraba por los rostros de alegría de ambos.
Había otro cubierto en el plato de pastel, así que después de digerir, Aether fue al ataque.
– Vale, ahora no quiero escusas. Tú también debes probarlo –. Con una sonrisa, tomó un poco de pastel en el cubierto y lo acercó muy animado, hacia la mirada impactada de Furina.
– ¡¿QUÉ?! –. Ella solo quiso ser buena con él, para demostrarle que también se preocupa y vela por su salud, ¡en ningún momento pensaba convertirlo en un intercambio romántico!
Las novelas no son la vida real, Furina no sabía gesticular y hablar ahora. Pero tampoco sería capaz de rechazar algo de Aether.
En medio de sus labios temblorosos, la imagen del rostro de Aether frente a ella la hace ceder, probando el pastel. Los ojos dorados del chico permanecieron brillantes, los azules de Furina también cuando terminó de probar para verlo fijamente.
La escena iba a continuar, ya sintiendo un momento que nada ni nadie podría romper. Este es el momento donde ambos, pueden sellar lo que sienten sus corazones.
– ¡QUÉ PÉSIMO SERVICIO!, ¡voy a poner una queja y esta cafetería va a caer! –. Esa voz, tenía la fortaleza de derrumbar a quien se le pusiera en el camino, con tal de conseguir y arrebatarle el objetivo a quien intentara enfrentarla.
Quien rompió la tensión que casi se salda en una confesión, fue otra persona de relevancia en Fontaine y también se había hecho muy amiga del viajero. Chiori, estaba con ojos totalmente oscuros, mostrando la muerte en ellos si Aether no salía inmediatamente de la mesa de Furina.
Estaba con una mirada amenazante frente al mostrador vacío, las piernas de Aether avanzaron. No sabe si por miedo, un aura de pasividad ante lo que es capaz de hacer la costurera o darle problemas a Furina y al Señor Aouret.
– ¡Perdón, tengo que apurarme! –. Él entendió lo que estaba en juego, saltando de la mesa.
Furina pudo comprender la estrategia sucia que jugaba esa mujer, devolviéndole una mirada de perro rabioso.
Chiori ahora tenía en sus manos a Aether, quien fue a escuchar su orden y realizarla con una velocidad inhumana. Eso no le quitaría la calidad, ordenando todo como lo había pedido ella con detalle, consciente que es capaz de conseguir lo que quiere si se lo propone.
Aether se arrodilló en misericordia con la orden en la bandeja, encontrándose por primera vez dominado realmente por una mujer a quien no puede decirle que no, si quiere tenerlo de esta forma.
Nadie habría esperado ver al héroe de 5 naciones, tan sumiso con una mujer.
Estaba revisando si Aether entendió cada detalle que pidió en su bebida, básicamente para hacerle pasar unos minutos con ella y enfriarle la cabeza después de estar tanto tiempo con la directora Furina.
– Se ve muy apetecible –.
– ¿Lo probarás? –. Aether levanta la cabeza y sonríe ingenuamente, un poco ilusionado.
– Si te sientas ahora mismo, estoy seguro que no quieres verme arremetiendo contra la cafetería del Señor Aouret –. Aether había quedado en silencio luego de pensar que ella lo dejaría libre y no estaría molesta.
Definitivamente, Chiori necesitaba sacarse la espina de que la ex Arconte lo tuviera hipnotizado.
Aether, por supuesto…no lo iba a asociar como un caso de celos compulsivos.
No le tocó de otra, suspirando cuando se acomodaba en el asiento al lado de Chiori.
La mujer controló a Aether, los clientes podían esperar a que vuelva a hacer los pedidos. En este momento, quiere ser la única atención del chico dorado. Si no fueran amigas de Aether y que ella también conoce como colegas, se habría puesto a repartir amenazas diestra y siniestra; así que no estaba en la lista desaparecer a los amantes del inocente Aether.
El viajero también está atraído por Chiori, sería una mujer que se pelearía con cualquiera que le hiciera daño. Ya demostró que podía defender a sus amigos, y mucho más a su mercancía.
Definitivamente es elegante, linda, sabe cómo vestir y causar impacto. La rudeza de tomar la situación por los cuernos, es algo que la hace diferente al resto de mujeres que hay por Teyvat. Nadie es más aterradora cuando se enoja que ella.
– No me avisaste que estabas en Fontaine trabajando. Ni siquiera me fuiste a ver para contarme, estaba en mi tienda –.
– Es que el encargo lo aceptó Paimon…d-de verdad, si lo hubiese sabido con anticipación, habría ido a la sastrería para decirte que iba a estar en la ciudad si me necesitabas... –.
Aether estaba rindiendo cuentas, moviendo las manos con mucha rigidez y muy angustiado, esperando ser entendido por Chiori. A pesar de estar a la luz del día, se sentía como un criminal siendo interrogado por delitos de guerra frente a la policía agresiva.
Chiori movió los ojos hacia los suyos, batiendo su bebida lentamente con la cucharilla. Los choques del cubierto metálico se convirtieron en repetitivos y muy fuertes sobre la base de la taza, él sudaba bajando la mirada unos momentos. Chiori terminó de mover la bebida, sacando la cuchara después de darle unos últimos golpes ligeros en el borde.
La expresión de Chiori no escondía nada, Aether podía respirar por ahora después de pasar la prueba. Ahora, ella va a probar la bebida que tan emocionada la tiene sin que él lo descubriera, por estar en un estado más animado, Aether no creía que siguiera molesta o se le ocurriese algo.
Chiori cierra los ojos y bebe lentamente con sorbos. Después de tragarlo y saborearlo, suspira hinchando el pecho y luce más satisfecha.
– Cómo se esperaba de ti…me pone feliz probar algo de tus manos, aunque sea una bebida –. Sonríe honestamente a los ojos del viajero.
– Bueno, me alegra que te guste. Lo hice como lo querías a detalle, con ingredientes que tengo en la recepción, espero sientas el chocolate de forma especial y suave –. Responde con un tono alegre, feliz de ver el cambio que causó la bebida a Chiori, sin querer saber lo que la tuvo molesta.
– Ah, con respecto al chocolate –. La interrupción le hizo quedar paralizado. Aguantando un grito, se acerca por creer que algo no estaba bien.
Chiori sonreía y crece un presentimiento desconocido para Aether. Ella sacó los dos cuadros de chocolate flotando en la taza. Se lo puso en los labios y dejaba un cuadro afuera, no dio tiempo de preguntas al viajero quien abrió la boca, pero Chiori aprovechó para compartir un beso dulce.
A Furina se le caía la mandíbula, atragantándose con su propio pastel. Un odio profundo surgió como espinas que se clavaban a su corazón.
Aether quería escapar, pero las manos de Chiori le impidieron separarse. Una extraña forma de compartir los cuadros del chocolate, derritiéndose entre sus lenguas y labios chocando varias veces. El sabor, mezclaba el aroma con la falta de oxígeno para ambos.
Todos los clientes presentes observaron y soltaron un gemido de incredulidad. Esto traería mucho revuelo.
A Chiori no le importa si alguien los ve, de hecho, quiere que todos vean esto para dejar clara sus intenciones en la guerra. Esto es algo propio de ella, así que causaría mucho impacto.
La castaña no está arrepentida. Un hilo de saliva separaba a ambos; Aether jadeaba casi sin alma, el sonrojo le llegaba a la cabeza, casi se había quedado sin pensamientos y si lo de Navia ya lo dejó mareado, ahora no sabía ni en que mundo estaba.
– Solo estoy demostrando, que Navia lo hizo mal. Así se comparte una bebida –. Chiori sonreía y estaba totalmente tranquila, relamiéndose los labios cuando se limpió los restos de chocolate.
También aprovechó, para limpiarle los labios con su dedo. Pensó hacerlo con sus propios labios y lengua, pero sería una verdadera humillación. Fue suficiente demostración por hoy.
Aether no sé desmayó ya que tenía una cafetería que cuidar, pero las piernas temblaban como una gelatina y su cuerpo no tenía equilibrio para mantenerse a plomo. Iba como un muñeco inflable, riendo nervioso y consciente por lo que acababa de pasar, Chiori lo vió irse con un rostro de victoria.
Furina seguía en su puesto, observando todo con una vena saliendo de su frente.
– ¡Oye tú!, ¡¿qué fue eso?!, ¡no tenías derecho! –. Gritó señalando llena de vehemencia a la chica de cabello castaño.
Chiori arqueó una ceja, mostrando repulsión.
– ¿Qué le pasa?, ¿por qué no se va a su casa a escribir historias ficticias que nunca va a terminar? –. Dijo en un susurro, pensando en terminar la taza de chocolate.
No contaba que Furina tenía un rifle en la mano, metafóricamente por supuesto. Apuntó en el rostro, lanzándole un perfecto trozo de pastel a la mejilla que ensució a la costurera y después cayó dentro de su taza.
Pasó un momento de silencio con los ojos abiertos, viendo la marginalidad conseguida por Furina y sus celos.
– Acabas de arruinar la bebida que Aether me preparó, no solo eso…acabas de mancharme la ropa –.
– ¡Sí!, ¡YO LO HICE!, ¡¿hay algún problema?! –. La chica de cabello blanco estaba lista para lanzar más trozos de pastel, haciendo que sintiera más irá que cuando la vió junto a Aether en la mesa.
Los clientes veían el intercambio como un partido de tenis, la veda entre Furina y Chiori estaba encendida, no había nada que pare la mecha de fuego.
Todo el mundo comenzó a mirar hacia Furina, intercambiando hostilidad contra la castaña que se levantó golpeando la mesa con sus manos.
Paimon se comenzó a reír al darse cuenta mientras entregaba órdenes en otras mesas, los gritos de Furina y cada paso de Chiori, se convertía en un segundo menos para una explosión de tamaños colosales.
– ¡Oye Aether, Aether, mira!, ¡van a hacer un ring improvisado!, ¡¿puede Paimon cobrar apuestas por elegir quien ganará?! –. Ella jaló su manga, llamándole la atención hacia donde señalaba y se encontraban Furina, mientras Chiori iba hacia ella a paso totalmente enfadado.
También se sintió muy horrorizado cuando la costurera de vestido dorado parecía descontrolada, a saber la causa por la que está tan obsecada en ir hacia Furina ahora.
– ¡¿De qué estás hablando?!, ¡hay que pararlas! –. El rubio señalaba enajenado, escuchando los gritos que Furina le decía a Chiori cada vez más cerca.
– ¡Aquí me tienes!, ¡¿vas a tratarme igual que a tu competencia?! –. Chiori había llegado, tomándola de la manga del cuello y casi chocan rostros ante la cercanía escasa que las separaban. Estaban totalmente llenas de veneno, con deseos de matarse mutuamente.
– ¿Este berrinche tuyo solo por quitarte la atención de Aether? –.
– Peor eres tú…por caer en mi juego. Tú realmente no has cambiado, ¿crees que hacerte la dura y amenazarme va a impedirme que me aleje de él? –.
Las dos se respondieron mutuamente entre sí, nadie entendió porque empezó todo esto…solo se les ocurría mirar a Aether, ya que los flashbacks de la última aparición del viajero en la cafetería Lucerne trajo mucha movida extraña hacia él.
– H-Hey…¿qué están haciendo?, ¿no se dan cuenta que tengo que seguir entregando órdenes? –. Aether se paró frente a ellas, lentamente se acercaba buscando tranquilizarlas.
Sin embargo, solo se ganó una mirada incrédula y molesta.
– ¡ESTO NO TE INCUMBE! –.
Fueron capaces de alejarlo con un grito combinado, poniéndole los pelos de punta.
"Pero…¿qué pasó con ese comportamiento que tuvieron conmigo cuando las atendí exclusivamente?". Él se alejó igual que se acercó, lentamente ya sin ideas para buscar la paz entre las dos fieras.
– ¡¿Paimon?!, ¡¿dónde estás?!... –. De vuelta en el mostrador, con los clientes y la fila, buscaba donde estaba su compañera pequeña.
– Joder, cuando necesito con urgencia una cabeza extra para pensar, desaparece si no huele un trozo de comida a menos de 20 kilómetros –. Él maldijo, chasqueando los dientes ante la inminente destrucción que ocasionarían Furina y Chiori.
Un silbato apareció en la última jugada, cuando ya habían sacado sus espadas y las cargaban detrás de sus espaldas esperando el momento idóneo de atacar…Paimon vino con la caballería, alzando el pulgar hacia su compañero luego de llamar a la Unidad Especial de Seguridad y Vigilancia.
Solo podía ser alguien, Furina y Chiori se voltearon impactadas de que llegara "ella", aprovechándose de su puesto de autoridad para sacar tajada.
– Oh…esto sí que es una sorpresa. No lo digo por ti, Chiori –. La chica de cabello y ojo morado, traje rojo, sombrero de militar y un parche en su otro ojo, portaba una sonrisa mientras se divertía por la situación que Paimon le comentó y le hizo volar hacia la cafetería para imponer "orden".
– Chevreuse, nadie te llamó para esta conversación, por favor déjame solucionar esto civilizadamente con Furina –. Ella sabía que vino a aprovecharse de la situación, como un tiburón que cae en medio de sus presas.
– Oh nonono. Yo no vine a quitarte la oportunidad de resolverlo "civilizadamente" con la señorita Furina. Lo harás, pero en una celda acompañándola por supuesto –. Sonrió muy diabólicamente, con unas palabras que helaron a las dos mujeres.
Las dos se llevaron una sorpresa cuando sus manos se encontraban encadenadas a unas esposas. Chevreuse aprovechó para decomisar las armas, y siendo del Río Ceniciento, tenía experiencia para colocar esposas en menos de un segundo sin que los criminales se dieran cuenta.
– ¡¿QUÉ?! –. Para Furina, sería la primera experiencia que tendría entre barrotes de metal y en un pequeño cuarto confinada. Estaba en shock, congelada y olvidando la razón por la que encendió el lío.
– Tú… –. Chiori sabía lo que ella estaba haciendo, quitándose del camino a dos pájaros con un par de esposas…y tener el camino despejado para estar con Aether en la cafetería.
– Qué suerte he tenido, está ha sido la única interrupción para mí hoy. Básicamente hoy no estoy trabajando, ahora tengo buenas razones para dejarte todo el tiempo posible encerrada, espero lo entiendas –. Ella mostró una sonrisa burlona, frente a su compañera de información.
La sonrisa tan malvada de Chevreuse, solo incrementó la desesperación patente de Chiori en el rostro. Jadeando de consternación, los ojos le temblaban de incredulidad.
– ¡A PARTIR DE HOY SE ACABÓ NUESTRA COOPERACIÓN, CHEVREUSE!, ¡SI NO TUVIERA ESTA MIERDA TE MATARÍA AQUÍ MISMO! –. Ella se vió obligada a avanzar entre empujones, acompañada de la congelada Furina.
El público observó con asombro el resultado, Aether estaba boquiabierto por la idea de Paimon, no sabía si ahogarla con alitas de pollo o meterla en una tina de chocolate hirviendo para hacerla sufrir.
Aunque, tendría un poco de optimismo al tratarse de Chevreuse para que no estén mucho tiempo fuera. Le asustaba un poco las reacciones que tenía Chiori.
– Cómo te atrevas a ponerle un dedo a Aether… –.
– ¿Uh?, ¿lo dice quién se aprovechó a darle un beso? –. La capitana se rió ligeramente, ganándose un gruñido de Chiori y una mirada de Furina totalmente desquiciada.
– ¡No fui la única que lo hizo! –.
– Pero eres la única que forma un escándalo después de eso. Tú competitividad te va a hacer perder el privilegio contra mí, no te sientas mal…solo te falta mucha calle –. Chevreuse tenía sujetando a Furina y Chiori con una mano en cada espalda, haciéndolas avanzar delante suyo hacia la comisaría.
– Tengo anotado todo por lo que te mantendré el tiempo suficiente fuera del viajero. Así quizás hasta consigas una compañera nueva con Furina. Ojalá pudiera encerrar al resto de enemigas que quedan libres. Pero me complace encerrarte a ti, después de tantas veces que te salvé de ello por nuestro intercambio de favores –.
A Chiori le daba igual si esto le manchaba ligeramente la reputación de la sastrería. Siente que ha cometido un error fatal.
– ¿Al menos reparten dulces en la cafetería de la comisaría? –. Preguntó ingenuamente Furina. Chiori se quedó con la pregunta de cómo pudo intentar pelear contra ella.
"Debí haberlo pensado dos veces y liquidar a cada enamorada de Aether, así esto no sería tan complicado". Si Chiori no estuviera esposada, estaría con las manos en el cuello de la traicionera capitana.
Mientras caminaban a la comisaría, el sol ya descendía. Está terminando el mediodía, aún el encargo no termina para Aether y Paimon, quienes aprovechan a tomar bebidas de chocolate.
La ola de Chiori y Furina se calmó, los clientes regresaron tranquilamente a la normalidad habitual. Esto fue un alivio para el chico de cabello dorado.
– Sabes, viajero. Con todo lo que hemos probado en Fontaine, Paimon está segura que cualquier líquido es mucho más sabroso y útil que los remedios de Sigewinne –.
– Si te oyera, igual y te pega un tiro. Le tengo un miedo y unas ganas de golpea–.
Paimon le dió una cachetada imprevista, avisando que Clorinde estaba a pocos turnos de llegar al mostrador y no lo escuche hablar mal de otros frente a su presencia, además que se llevaban bien para lo poco que han interactuado.
Estar con Clorinde ahora que no hay profecías la cuál centrarse, le pone un poco nervioso en el pecho, le cuesta verla o comunicarse normalmente. Si con Chiori se siente obligado a ser pasivo, con Clorinde es diferente, algo dentro de él quiere caerle bien por todo lo que se dice de su rango de "guardiana de la justicia".
No quiere que descubra los pensamientos tan extraños que tiene al verla, especialmente en varias zonas de su cuerpo, que además de imponente, resulta muy atractivo para él.
– Actúa con naturalidad, Aether. Hablemos de lo bueno que te salen las bebidas –. Paimon susurró a su lado, tratando de cambiar de tema rápido.
– Tú lo que quieres es sacarle dinero a la gente, mientras yo trabajo, me exprimes y vas anunciando a todo el mundo que soy quien hace todo –. Al menos, había conseguido quitarle los pensamientos secretos que se le pasan cuando encuentra a Clorinde.
Estuvo mentalizándose hasta su turno en no meter la pata y controlar los ojos de zonas provocativas, hasta el momento donde el último cliente que los separaba los dejó frente a frente.
No quería que alguien lo vea como un pervertido, pero Clorinde lo pone en la máxima dificultad.
– ¡Hola Clorinde!, ciertamente nos parecía extraño no verte aún en la cafetería mientras estábamos trabajando –.
– Me alegra verlos aquí, Aether, Paimon –. El chico solo asintió con una sonrisa cerrando los ojos, trataba de calmar los hombros y esperar que nada llevara a un escenario vergonzoso.
– ¿Hay algo que te apetezca?, nos estamos ocupando unas horas de la cafetería y estamos tratando de hacerlo lo mejor posible –. Mostró un comportamiento amable y sereno, hablando suave para no perder los nervios.
– ¡Pfffttt!, ¡no seas humilde, Aether!; Clorinde, pídele lo que sea y verás lo bueno que es con las manos –. Paimon interrumpió el plan, alentando eufórica a sacar el mora.
Aether seguía con la sonrisa, pero su malpensada cabeza le hizo una idea equivocada a esas palabras tan malinterpretadas. Pasando a ponerse rojo, tembloroso y mirando a la cara de Clorinde sin bajar más allá, arqueando una ceja por lo tímido que estaba ahora.
– ¿Estás bien? –. Ella le llamó la atención a su estado.
– ¡P-Por supuesto!, ¿p-por q-qué no lo estaría cuando te v-veo? –. La amabilidad que suele usar, también lo traicionó y no pudo rectificar cuando ya había dicho eso.
Ahora solo reía sudando, como un chile y mirando a todos lados. Es complicado tratar de actuar normalmente cuando siente una debilidad por Clorinde en general.
Lo que él no estaba considerando, es que ella se preocupaba más por el estado actual del chico que de pedir algo. No había nadie que no supiera la bondad de Aether, eso lo ha hecho poner por delante el bienestar de sus amigos y de último el suyo.
Eso no podía ser, ella no lo iba a permitir.
– Déjame ver –. Inesperadamente, ella tomó con las manos la cabeza de Aether. Estuvo durante un minuto a pocos metros de su rostro, incluso debajo de los guantes sentía el calor del chico, quien hasta dejó de respirar un momento. Él no esperaba que actuara tan cuidadosa.
Le sirvió para confirmar varias cosas, Aether resultaba adorable y lindo, pero debía estar trabajando mediante sobreesfuerzos con alguna fiebre que está ocultando.
Esa bondad y amabilidad, como demostró en Fontaine lo hacía ver diferente al resto.
Quizás, le tenía un cariño especial, para tomar el atrevimiento de revisarlo sin esperar su confirmación.
– ¡De verdad, n-no es necesario!...¡solo tengo calor! –. Puso las manos en su propia cara, quitándose el agarre de Clorinde si no quería marearse.
– A mí no me parece calor, el clima está fresco hoy –. Clorinde no paraba de insistir, el chico volteó el rostro a un lado.
Paimon miraba con decepción la cobardía de su compañero, ciertamente no bateaba una con las chicas ni intentándolo.
Clorinde estaba preocupada en su fiebre, sin entrar en razones por las que se sintió así.
– Deberías tomar un medicamento, ¿hay algo para una fiebre muy alta? –. Bajó la mirada, mirando a algo debajo de ella.
– ¡Puedo curarlo! –. Una voz aguda y desconocida pareció responderle.
La mujer asintió, sin escuchar o ser detenida, toma la cabeza de Aether nuevamente con más cuidado y fuerza entre sus mejillas.
Le pusieron una pequeña botella con liquido verde en la boca y tragó sin querer la poción familiarmente asquerosa, poniendo cara de repulsión y unas orejas familiares se asomaron bajo el escritorio del mostrador.
– ¿Estás mejor o necesitas ir al Fuerte? –.
– ¿Sigewinne? –. Respondió incrédulo mientras se limpiaba los labios con la mano.
– ¡¿Sigewinne?! –. Paimon se escondió tras él, temerosa.
Con razón el medicamento resultaba desagradable, quitándole todo el sabor dulce del chocolate que tomó hace unos minutos. Solo esperaba no sufrir de nada seriamente por culpa suya.
– Qué raro que Wriothesley no esté aquí también –.
– Prefirió que sacara a pasear a Sigewinne y quedarse en el Fuerte. Parecía insistente de que la saque, como si tratara de salir de un suplicio –. Todo esto, fue dicho por Clorinde mientras veía a la melusina guardar el frasco en su bolso.
"Quizás ese medicamento es la razón por la que la mandó a pasear".
Sin más rodeos y ya con Aether con el color normal en la cara, Clorinde y Sigewinne ordenaron para esperar en una mesa. El chico al fin relajaba la tensión, el medicamento lo había conseguido distraerse y por una vez, está agradecido con la melusina pseudo médica y psicópata.
La congruencia de la cafetería se hacía más evidente, el final del día tendía a llenar este lugar cuando la gente terminaba de trabajar o cuando vienen al mediodía por un pequeño descanso. La aparición suya también causó atención, este lugar no estaría tan abarrotado si no fuera por verlo y probar algo suyo.
Ciertamente, estaba extra motivado y puso todos los esfuerzos en preparar bebidas cuando se trataba de algún amigo conocido. Todos le habían dado una aprobación por sus creaciones.
Una orden de batido de fresa con vainilla para Clorinde, y una bebida dulce con galletas para Sigewinne.
El viajero solo miraba expresamente a la guardiana. Cuando puso la bandeja y tomó su orden, estaba asustado ante la poca articulación de la cara que puso al tomar un trago.
Estaba ansioso por saber su opinión. Clorinde alza la mirada, viendo el adorable rostro con una expresión de cachorro, lo cuál la hace desconcentrarse y comienza a toser.
– ¡¿Está malo?! –. Él salta a ayudarla, imaginando que se había ahogado de lo mal que estaba.
Clorinde niega, sintiendo latidos acelerados y nerviosa por haber visto esa mirada tan encantadora que nunca lastimaría ni querría ver triste.
– ¡N-No!, está perfecta. S-Su sabor…ha hecho que me quedara…absorta un momento –. Ella mintió, un poco ruborizada sin apartar la mirada de Aether, un poco tímida, demasiado impropia de Clorinde. Se había pasado la mano en el labio, cubriéndose.
– Oh…bueno, no te apresures. Lo pediste en un vaso grande, tranquila –. A Clorinde la ponía más difícil sus amabilidades y cortesías, con una sonrisa que le hizo olvidar cualquier problema del trabajo.
– Ta exquisito, fíjate –. Sigewinne también aprobó su bebida, tenía una mirada sospechosa por los comportamientos desconocidos de Clorinde.
– ¡No olviden recomendarla a todos sus compañeros y amigos!, el tiempo de nuestro cocinero ocupado solo será limitado para que aprovechen a probar sus bebidas –.
Clorinde comenzó a revisar la billetera.
"¿Cuánto tendré entonces para seguir probando lo que hace Aether?". Parecía ansiosa por ver moras en su cartera, definitivamente no le importa estar un poco más de tiempo sentada hasta que se vaya.
Sigewinne estaba observando sin palabras, hilando la situación entre ella y el chico que se comportan de forma nerviosa.
El problema es que Clorinde le prometió pasear por Fontaine, llevarla a varios sitios y no pasar las horas en la cafetería.
– ¡Y les digo más!, ¡Aether sabe hacer pociones y todo! –.
– ¡¿Pociones dices?! –. Sigewinne rápidamente se puso de pie sobre la mesa y movía las orejas, olvidando lo que pensaba hacer antes.
– Bueno…también se hacer pociones de alquimia. Lo aprendí en Mondstadt –. El rubio inclinó los hombros sin más.
– ¡Toma Clorinde, aquí está mi dinero!; creo que Wriothesley puede llevar el Fuerte sin mis medicinas para los heridos por un día o dos que esté fuera –. La melusina le pasó la billetera luego de agitarla, parecía muy interesada en escuchar un poco de los conocimientos de Aether y Paimon, eso le serviría para ayudar a más presos.
– Qué considerada –. Clorinde sonrió aceptando el dinero.
Paimon había ayudado sin querer o no, a que se pudiera tomar un tiempo más largo para ver a Aether trabajando y pasando por su mesa.
No estaba Navia, Lynette; Furina y Chiori estaban detenidas. La oportunidad le llegó como un regalo de los dioses por su buen trabajo y paciencia. Mientras tenga para pagar, no está estorbando en la cafetería.
– Bueno, creo que tomaré otra orden de bebidas –. Paimon alzaba las manos de felicidad al escucharlo.
Pasó una hora entera, Aether venía sonriendo amablemente con las órdenes y más acostumbrado de ver a Clorinde en un día que anteriormente en Fontaine. Le ayudó a perder el nerviosismo, la mujer también descubrió que sentía algo especial con el adorable rubio.
— Ehh…me consta que algo extraño pasa en Fontaine con las mujeres cuando aparece el viajero —.
— Si. Y todas las que parecen enamoradas de él, tienen un puesto importante y son populares en Fontaine: Furina, Navia, Charlotte, Chiori, Lynette y ahora Clorinde —.
Los demás clientes tenían un debate, ya que no son tontos y en todo el día notaron la sensibilidad de Aether para atraer la atención, además de sus bebidas.
— A ver…tiene que ser una coincidencia, hombre. No todas las mujeres con puestos importantes y populares en Fontaine se han comportado igual. Digo, Chevreuse no parece seguir el mismo patrón —.
Alguien se encontraba atónita en la fila cuando se percató de la presencia de Clorinde, estaba sonriendo embobada al ver a Aether llegando a su mesa.
Después de dejar metidas en una celda a dos de sus enemigas, disfrutar un poco de tener a su colega berreando insultos y amenazas detrás de las rejas, pensaba tener una tarde tranquila para ver a Aether sin interrupciones. Pero esto lo temía, sin embargo, no esperaba que fuese precisamente la guardiana de la justicia quien aprovecharía la oportunidad ante la desprotección que dejó al llevarse a Chiori y Furina.
Clorinde también sintió la mirada penetrante entre la fila, pero no pudo detectar la dirección donde se encontraba. Esto perturbaba su momento de paz, olía a un enemigo de su calibre.
La fila se desplazaba rápidamente, ya que la presencia de Clorinde no le quitaba mucho tiempo, como pasó con las demás chicas cuando venían a la misma hora.
– Aether, Paimon cree que deberías preguntarte qué está pasando contigo y las chicas. Nos quitan mucho tiempo de trabajo y dinero por estar entreteniéndote –. Sonó muy mandona, como un jefe pidiéndole toda la atención a su trabajo.
– Lo clavaste, seguramente me entretengo bastante con ellas. Pero la gente no parece quejarse demasiado de ello, diría que hasta se divierten –.
– Se divierten porque está convirtiéndose en un nido de chismes y TÚ eres la carnada. Navia y Chiori te han dado un beso, Furina y Chiori se han peleado en plena cafetería –. Aether rápidamente se quitó esos recuerdos que lo ponían rojo, necesitaba mejorar el tiempo de entrega para aligerar la fila.
El hombro del siguiente cliente en espera, cae pesadamente sobre el mostrador, él levanta la cabeza y queda en silencio.
Ella portaba un rostro muy frío, totalmente quieta en su posición en busca de escuchar sus explicaciones con su ojo púrpura brillando.
– C-Chevreuse…¡qué bueno verte! –. Aether parpadeó ligeramente nervioso, primera vez que enfrentaba esa mirada de su amiga la capitana.
– Esta mañana estuviste aquí pero no pasaste al mostrador. De verdad estuve esperando para encontrarme contigo en algún momento del día, hace mucho que no te veía –. Él tomó la mano de Chevreuse como una reliquia, dejándola cuidadosamente en un sándwich entre las suyas y con una sonrisa de emoción.
"Demonios, no puedo enojarme con él si yo pensaba lo mismo". La misma capitana se ruborizó, viendo que no es capaz de verlo con malos ojos. Se cubrió el rostro ligeramente con la otra mano, suspirando.
Hubo otro silencio, se miraron a los ojos con una sonrisa de alegría.
Fue el momento de Clorinde de apretar su vaso, haciéndole una grieta al vidrio ante los celos de ver a la mujer de cabello morado llevándose la atención de Aether.
– ¿Entonces las pociones de Mondstadt tienen varias proporciones y efectos mediante cada ingrediente?; ¡pásame una lista de cada resultado y lo que usaron!, estoy seguro que puedo emplear alquimia con flores, vegetales y ingredientes de Fontaine –. La melusina de color azul claro sacó un cuaderno de notas forrado en calcomanías, tenía intriga.
– Espera, ¿y con quien vas a probar las pociones? –. La hada voladora se asustó ligeramente, pensando que querría matar a alguien.
– Con Wriothesley, por supuesto –.
– Bueno, pero no le digas que fue Paimon quién te lo recomendó –.
Aether y Chevreuse se quedaron en silencio por la conversación entre las pequeñas, de hecho ella no esperaba ver a Sigewinne dentro de la cafetería y lejos del fuerte.
Muy enfocado y serio para entregar la orden de Chevreuse, el viajero estuvo unos minutos preparando todo con delicadeza y detalle. Ante la atenta mirada de Clorinde, él fue hacia la mesa de la capitana.
– ¿Cómo están Furina y Chiori? –.
– Nah, mañana podrán salir, pero por el teatro que montaron en la cafetería, deben pasar la noche encerradas y reflexionando lo que hicieron. Tranquilo, estarán bien –. Al final, la chica se aprovechó en darle palmadas y tocar su cabello, viéndolo sonreír.
Aún si son sus enemigas, él las considera buenas amigas y está preocupado. Siempre está cuidando a cada uno, a ella le da mucha ternura.
– El trabajo ha estado bastante duro, puede ser cansado, pero hay que tratar de hacerles entender a los criminales que Fontaine es segura y justa –. Chevreuse suspiró, casi dejando caer los brazos en la mesa y en tono de agotamiento.
– Qué mal, deberías descansar. Mereces una recompensarte por todo lo que haces diariamente –. Aether fue quien pasó a preocuparse por ella y su salud.
Aether tenía una gran imagen de Chevreuse, trabajar juntos en la kinografía de Xavier les hizo acercarse más. El viajero siempre pensaba mucho en ella, sintiéndose cómodo cuando comparte tiempo al encontrarla en la corte.
Chevreuse comenzó a llamarlo varias veces para que lo ayude en unos casos, entrenar, comer; estaba viéndose en el espejo cuando contaba sus historias más tristes y difíciles donde maniobrar una decisión debía ser en pocos segundos.
Clorinde suspiró, sabiendo que estaba muy por detrás de varias chicas en cuanto a cercanía y relación con él. Había tenido suerte de estar un tiempo hasta ahora con él, terminó su bebida y cambió a una expresión más tranquila. No pareciera que nadie tuviera posibilidades de ganar aún, así que no necesitaba desesperarse y causar mala imagen a Aether.
Cuando se levantó de la silla, el chico se fue hacia la mesa.
– ¿Ya te vas? –.
– Si, ha sido una tarde agradable…espero verte pronto, Aether –. Clorinde no podía estar más agradecida, sonreía de forma hermosa hacia él.
Aether volvió a ponerse tímido, volteando los ojos con nerviosismo.
– S-Salgamos un día… –. A pesar de decirlo en voz baja, Clorinde supo que fue él. Ella se sonrojó, sorprendida. Rápidamente puso una sonrisa y asintió.
– Estoy disponible cuando lo necesites –. Su corazón se abrazaba a la almohada del amor, suspirando al verlo avergonzado. Él había despertado un sentimiento nuevo en ella.
Aether recogió la bandeja de la mesa, limpiando cualquier mancha que quedara. Clorinde avanza, hasta que Chevreuse la mira cuando pasa por su mesa.
– La justicia siempre gana –. Mira al horizonte, sonriendo con orgullo.
– Buena suerte con él, ahora nadie debería quitarte su atención –.
Chevreuse soltó una risa leve de ironía, en el amor no existía el respeto profesional que había entre las mujeres. Ella la miró, arqueando una ceja.
– Creía que le llamarías la atención si te quitabas el botón del traje frente a él –.
– ¿Insinúas que yo… –. Abrió los ojos, arrugando la frente con una chispa saliendo de su estómago.
Hubo un chillido de armas, Clorinde había desenfundado la espada en un segundo y Chevreuse lo interceptó con su lanza. Las dos ejercían fuerza, los clientes gimieron anonadados por la reacción violenta, sin mediar palabra.
Los ojos de Chevreuse estaban en llamas, Clorinde desprendía chispazos electro.
– ¡Chicas!, ¿está todo bien? –. La voz angelica de Aether les hizo bajar los humos, se había acercado por la intensidad que desprendían en el ambiente, más fuerte que la de Chiori y Furina.
Ambas lo miraron, suspiraron enamoradas y se relajaron. Hubo un intercambio de miradas, "tregua" decían entre sí.
En algún momento, una de las dos habría perdido la estabilidad mental y en desesperación sacaría su pistola. Aether tenía la mala suerte de estar ante las dos mujeres con armas de fuego frente a frente, pero a su vez, si las controló para evitar una tragedia.
A diferencia del resto, Chevreuse y Clorinde son leones con razonamiento, que ceden cuando su objetivo está de por medio. Si no estuviese, la situación estaría descontrolada y la cafetería ardería.
No querían verse igual a Chiori y Furina.
– ¡Sigewinne!, ¡nos vamos! –. Clorinde desistió, llamando a la melusina.
– ¡Mañana me cuentan más información! –. Ella salió corriendo con el cuaderno, mientras Paimon suspiraba en el mostrador.
Chevreuse sonrió cuando la sombra de la guardiana se fue diluyendo, hasta desaparecer por la ciudad.
Antes de darse cuenta, vió la bandeja con la orden que le hizo a Aether. La sensación de ser la última, pero que no tendría interrupciones le hizo estar más feliz.
Aether también está muy enamorado de Chevreuse, ama muchas cosas de ella que le dan un toque diferente cuando trabaja por Fontaine. Pero está seguro que no querría una relación romántica, para no estorbar en el trabajo, por confundir lo sentimental con lo profesional, ambos siempre están ocupados de alguna forma, podría no haber mucho tiempo si él se encuentra en otra parte de Teyvat.
Si tan solo leyera la mente de Chevreuse, se daría cuenta que no le importa nada de eso, le dan igual las condiciones. Si tan solo lo dijera o se le deslizara de forma accidental. Nadie sabía que pensamientos circulaban en la cabeza del chico, las chicas pensaban que se enfocaba demasiado en la búsqueda de Lumine y en parte es verdad.
Sorprendentemente, Aether pudo descubrir algo nuevo. La afluencia de clientes bajó, debido a que la gente salía de sus monótonas rutinas e irían a casa; otros pasaban a pedir algo que no sea muy pesado, y no tardaron mucho en despejar las mesas mientras Chevreuse conseguía más tiempo de retener a Aether.
Sabía cómo estirar los restos de la orden de comida, mientras tuviera a Aether en la mesa, prestándole atención.
El sol caía, yéndose a casa como los ciudadanos de Fontaine. Solo Aether y Chevreuse se quedaron, cada vez más solos y en privacidad.
Hablar un poco de lo que han vivido en las últimas semanas, que esperan para su propio futuro, algunas colaboraciones en casos cuando sean posibles. El rubio sentía que compartía muchas ideas con ella, solo con verla comer sentía una paz y ternura, se volvió evidente, haciendo que se ruborizase, pero no se detenía porque la viera.
No le avergonzaba y no es nada que le estimulará como algo sexy o erótico, podía percibir que simplemente le agradaba verla comer. Además el jugo que le preparó Aether estaba muy bueno y tenía hambre.
A los dos les encantaría que esté momento fuera diario, y no una casualidad encontrarse unos minutos para hablar. Están tan ocupados en sus misiones, que les resulta difícil encontrar tiempo.
Aether no quería que se fuera y esto terminara, tampoco quiso que se fueran Furina, Chiori, Clorinde...y las demás chicas.
Los días de paz ya se terminaban. Probablemente vaya a extrañar a todos, no ha tenido una sola experiencia romántica en su vida y quizás puede no tenerla ni logre rescatar a Lumine, quedándose en el intento. Estos pensamientos conseguían dudar a Aether, ¿debía intentarlo?
– Te pagaré si me das la comida –. Chevreuse no podía dejarlo así, los dos querían seguir un poco más, ya cada vez más vacía la cafetería. Ella estaba sonrojada, pero decidida frente a sus ojos.
Una nueva oportunidad cayó a las manos de Aether.
Chevreuse tenía experiencia para manejar las situaciones donde encuentra la forma de acorralar al objetivo, consiguiendo hacerlo con Aether.
– ¡ACEPTA, ACEPTA EL PAGO! –. Paimon agarró la mano de Aether para sacudirlo, obligándolo a abrir la palma y tomar las monedas de Chevreuse.
Es verdad que no quedaban clientes que atender. Aether preparó otra orden de jugo y un postre dulce.
Él estaba embobado ante esta oportunidad. Se puso más nervioso que antes con cualquiera de las chicas, limpiaba su sudor de la frente con el brazo, evitando algún error y con más cuidado de no estropearlo.
Chevreuse también se había puesto ansiosa de nervios, nunca había pensado en un movimiento que provino de una reacción de sus impulsos. Una parte le trajo más hambre, y también una inseguridad de si el comportamiento de él se trata de una pista sobre su posible interés en ella; estaba considerando que igual él es así con todas, pero si todavía no ha visto al viajero con una pareja…
Por probarlo no había pérdida, mientras no le cause sospechas.
Aether se sentó con la orden de Chevreuse, seguía incrédulo. Una chica le acaba de "pedir" que le diera comida y él aceptó. Paimon solo quería tomar dinero, pero una petición tan explícita no la podía negar, todo para no obligarse a cerrar el lugar de una vez.
No es lo mismo que darle la comida a Furina por idea propia, fue la capitana quien le hizo la orden de hacerlo, de forma muy suplicante.
"No puede pedirme algo así…a menos que haya descubierto que me gusta…¿no?". La idea lo hizo estar paranoico y gemir a sus adentros, levantó la mirada ligeramente con un sonrojo claro.
Definitivamente, no había experimentado tanta adrenalina por recibir contactos o palabras de mujeres, le hacía falta afecto femenino, estaba entrando en un mundo nuevo. La inexperiencia y la desaparición de su hermana ya estaba llegando a nuevos limites en su cabeza.
No había marcha atrás, pensaron los dos con una repentina mirada entre sí.
Él usa el cubierto y hace un corte al pastel que trajo. Lo acerca lentamente al rostro de Chevreuse, brillando más que una burbunaranja, mientras pregunta en un tono muy agudo.
– ¿Q-Quieres probarlo?... –.
– S-Si…gracias… –. A ella también le salió un tono muy tímido de una doncella, Chevreuse se quita el sombrero para que no moleste al inclinar la cabeza.
El cubierto con el trozo llega y abre la boca para devorarlo. Estaba bueno, no puede evitar demostrar su gusto con un ligero gemido de satisfacción y cerrar los ojos. La simple reacción ya fue muy adorable para Aether, mientras Chevreuse parecía acostumbrarse.
Ahora está confundido, ¿cómo pudo hacer eso con Furina sin volverse loco?, ¿por qué las chicas le causan diferentes reacciones nuevas y aceleradas en el pecho?; todas tenían un encanto que él encontraba para hacerlas especiales.
– ¿Tú no tienes hambre? –.
– Ahh, no te preocupes por eso. He estado en la cafetería y también me aprovecho un poco para servirme algo, antes de cerrar pagaré algo –. Aether prefería seguir alimentando a Chevreuse, la idea resultaba lo más romántico que jamás había hecho.
Pero las reacciones de Chevreuse lo hacían aún mejor. La chica se centró en disfrutar de la amabilidad y el sabor que probaba en cada bocado, normalmente suele ser muy expresiva cuando algo le gusta. Quizás la presencia de Aether lo hacía más evidente, sirviendo como una imagen tierna a sus ojos y le complicaba seguir sin bajar la mirada.
– ¡Vivan los novios! –. Aquel grito les hizo caer en cuenta como se estaba llevando este momento, tanto para Aether, como Chevreuse quien se había desviado.
– ¡Paimon te voy a cobrar una deuda si sigues haciendo esto más difícil! –.
Lo que vino fue un silencio incómodo, Aether cuestionaba que estaba haciendo con su vida para darle de comer a pedido de alguien, Chevreuse no podía mantener el papel de personaje y sonreía llena de ansiedad hacia los pies.
Incluso si está tratando de descubrir si a Aether le gusta alguien, su corazón sufre demasiado con ser tratada con amabilidad cariñosa por quién está anhelando. Su seriedad y voz profesional se desmoronaría si le da un turno de hablar. Tenía una sonrisa que bailaba de nervios, el ojo saltón y un sonrojo muy pronunciado por culpa de Paimon, deseaba abandonar la misión.
Aether suspira, contrariado y enfrentándose a si mismo mentalmente, para mirar a Chevreuse quien debe hacerlo igualmente.
– ¿Te gusta? –. Una pregunta no podía ser tan incierta y tan complicada como esta. Chevreuse se quedó a cuadros, sin respuesta y reacción ante el tono dulce de Aether.
Pasó a mirar por todos lados, sudando en la frente y en silencio porque no sabía exactamente qué quiere decir. ¿Hay un mensaje subliminal en esa pregunta y la lanzó como una trampa?, ¿si responde lo que espera…lo complacería, le daría la razón en caso de sospechar que está enamorada de él o es ella quien está siendo exagerada?
"¿Qué?, ¡¿QUE ME GUSTA QUÉ?!, ¡¿LA COMIDA, EL JUGO?!, TU CARIÑO O SI ME GUSTAS TÚ?!, ¡¿QUÉ QUIERES DECIR MALDITA SEA?!". Chevreuse iba a tener un colapso, roja y sin razonar una respuesta.
"Si intento pedirle que sea más claro, ¿se dará cuenta?". Chevreuse no estaba dispuesta a mover la cabeza o abrir los labios, estaba segura que sus expresiones podían delatar la verdad, sería peor si hiciera contacto visual directo a los ojos de Aether.
– ¿Chevreuse… –.
La mano más fresca y enguantada del rubio se posó sobre su mejilla, buscando que lo vea. Llegando a rozar su cabello, hubo un cosquilleo que le estremeció en todo el cuerpo y la hizo gemir de sorpresa.
Consiguiendo el efecto deseado, miró a Aether, quien parecía genuinamente cerca de su cara. Durante un segundo, pensó en decirle que sí y esperar cerrar la brecha. Pero significaba que toda la investigación se iría al traste, es ella quien pensaba descubrir su romance…ahora está apunto de confesarse ante él.
Definitivamente estaba usando sus encantos para extorsionarla. Chevreuse estaba en un interrogatorio, y Aether usa los trucos más sucios que ni ella, ha ejercido como capitana contra los criminales.
– ¡NO PUEDO MÁS CON ESTO!, ¡ES DEMASIADA PRESIÓN PARA MÍ! –. La chica se fue gritando muy avergonzada, con la cara del mismo color que su traje y cubriéndose con las manos. Aether no tuvo la reacción para perseguirla en la carrera, incrédulo en su asiento y estirando la mano.
– ¡OYE!, ¡ESPERA! –. Aether casi se cae de la silla al ponerse de pie, Chevreuse había corrido más rápido que en sus carreras afuera de Fontaine cuando le acompañaba a entrenar.
– ¡¿NO TE GUSTÓ LA BEBIDA?! –. Ya estaba muy lejos para que le hiciera darse cuenta que sin querer, malinterpretó la situación.
Se quedó allí, congelado sin encontrar una lógica de lo que pasó. Paimon se acercó con decepción.
– Ahí va nuestro último cliente y tú última oportunidad –. Cuando ya no habían ojos que pudieran incomodar el momento, Aether había conseguido espantar la chance. Paimon se cruzaba de brazos y lo mira.
– ¿A qué te refieres con última oportunidad? –.
– No te sorprendas si algún día, Paimon decide traicionarte –. Ella fue al mostrador con indiferencia.
No había muestra alguna que pudiera salir del charco. Que el problema se lo cale su hermana cuando la rescate.
Llegaba el momento de cerrar, pasaba gente pero sin venir a la cafetería Lucerne. Aún no había llegado Aouret, tocaba esperar y tomar algo de aperitivos para llenar los estómagos.
"Ha sido una experiencia diferente a la anterior, definitivamente". No encontraba respuestas a lo que sucedió en el turno con las chicas.
Desde la pelea de Furina y Chiori, hasta la retirada de Chevreuse en plena comida con comportamientos muy extraños.
Él no dejó tirada las sobras que la capitana no terminó, se las comió. Fue a revisar que las mesas estén limpias de cualquier desperfecto, acomodando las sillas y barriendo el suelo.
Aether pagó dulces para comer con Paimon. Volviendo al mostrador, ya estaba ordenando y limpiando los vasos, cubiertos y platos que faltaban.
Suspiro, cuando alguien se paraba detrás suyo en el mostrador.
– ¿Hay tiempo para una más? –. Una voz elegante y fría como el invierno, le sacó de los pensamientos y un latido cálido sonaba en el pecho del chico.
Al darse la vuelta, no esperaba ver a una última cliente inesperada a estas horas de la noche.
Cabello blanco, vestido elegante en forma de suéter, ojos carmesí que la hacen ver diferente al resto de Teyvat y la caracterizaba por la forma de X en ellos.
– En realidad…vamos a cerrar, ¿verdad Paimon? –. En busca de compañía y no estar expuesto ante las garras de un Heraldo, los ojos del chico saltaron mientras esperaba que su compañera regresara.
Paimon estaba echando la basura a un bote, cuando ya volvía e iba a hablar, vió la silueta de la mujer que estaba con Aether y desapareció sin hacer ruido. En el fondo se sentía mal por dejarlo tirado, pero no tiene idea del motivo de Arlechinno para aparecer a altas horas frente a la cafetería.
La mujer miró de reojo, el silencio reinaba a sus espaldas.
– Yo no veo a tu compañera, ¿estás cansado de trabajar todo el día? –.
El viajero no sabía si tomar la pregunta como una burla o preocupación de Arlecchino. Normalmente no se le ve una expresión muy efusiva, tampoco tiene una voz que exprese una emoción profunda.
– Eh, bueno…no tanto. No es tan duro que vagar de día a noche en alguna parte de aventuras, solo tengo que pagar algunas cosas para comer –. Decidió llevar la conversación en un tono tranquilo, limpiando la barra del mostrador.
– No sé si es demasiado urgente lo que te haya traído, pero podemos hablarlo fuera de la cafet–.
Arlecchino puso las manos cuando Aether pretendía, no muy convencido de quedarse mucho tiempo con esa mujer, cerrar el mostrador con el muro de acero al bajarlo por completo, siendo interceptado por las manos de la mujer. Sabía que debía estar apretándole las manos, viendo las garras sobresalir y arañar el metal, no debe ser un daño significante para ella.
– Insisto, voy a ordenar algo. Llegué antes de que cerraras, no puedes negarte a un cliente –. Él maldijo en el fondo, esperando no recibir represalias por la forma de tratarla ahora.
Arlecchino le daba miedo, mucha desconfianza y prefería guardar distancias. Pero ella entró dentro de su guarida, ahora desprotegida sin clientes que graben cualquier cosa que suceda.
No por nada, suele atacar en la oscuridad de Fontaine cuando la seguridad se ablanda.
"Y ahora qué habré hecho para ganarme la atención de esta mujer…"
Cuestionaba porque tenía que tener mala suerte en algún momento del día. Arlecchino no vino con la atención de sus bebidas, pidió una taza sencilla, sin incluir postre.
Se aclaró la garganta después de poner en la mesa su orden. Aether se sentó, mirando a otro lado y con los brazos cruzados, no estaba muy seguro de estar con ella por buenas razones.
Tampoco está con motivos de iniciar una conversación.
– ¿He causado algún problema para tenerte tan reacio a dirigirme la palabra o mirarme? –. La heraldo notó el comportamiento esquivo, esperando que le preste atención.
– No me interesan los Fatui y tampoco trato mucho con ellos –.
– Y Tartaglia es una excepción, supongo –.
– Porque el tipo es pana. No me preocupa lo que le pase, pero sé que no es mala gente y le tengo respeto. Al final ambos vamos a libre albedrío, por eso nos entendemos –. Recordó que esperaba visitar a su familia cuando llegue a Snezhnaya, para tener un lugar de reconocimiento cuando sea el momento de pasar a la última nación.
Aether no supo responderle cuando trataba de defender a Furina, aquella vez cuando regresaba del Fuerte Merópide.
Arlecchino sabía cómo hablar y dejarlo sin un argumento para respaldar a la pobre chica, quien estaba esforzándose en no revelar lo que escondía.
La Sota tenía momentos malos, considerables y extrañamente buenos. Siempre estuvo detrás de Furina, hasta intentar quitarle la gnosis una noche en plena ciudad; pero parece que en La Casa de la Hoguera, le da un propósito y una oportunidad a las personas que no tienen cómo sostenerse; las fuerzas de los Fatui que estaban bajo su mando, ayudaron cuando la profecía atacaba Fontaine y parece estar preocupada por su ciudad natal...luego están los objetivos que hay de su trabajo con la Arconte Cryo.
– Todavía sigue en pie nuestro acuerdo de colaboración juntos en el futuro…¿no? –.
Fue algo que Aether no esperaba recordar, especialmente por parte de la misma mujer quien ofreció la oferta.
– No me gustaría verme obligado a ejercerlo, siempre he estado solo –.
Sus ojos aún no estaban satisfechos, mirándola tomar su taza en silencio. Algo que aún no entendía y quería saber los motivos.
– ¿Por qué me ofreciste colaborar?, ya debiste saber que mi opinión de ustedes no es muy confiable. Tuve problemas para llevarme bien con tus hijos, con Tartaglia también estuve dudando bastante, con Signora ni hablar…me alegro que se murió. Y Dottore no me había causado tanta molestia con un Fatui hasta que lo conocí en Sumeru –.
– ¿Y yo? –. Arlecchino quería escucharlo hablar de todos los miembros de los Once que ha visto, bastante interesada, con una expresión fija hacia sus ojos.
– No sé…pero tampoco me quiero acercar demasiado para conocerte, no vaya a ser que me pegues un "sustito" –. Él alzó las manos como señal, advirtiendo que no lo intentara.
Estaba llevando la conversación de forma sobria con la mujer de traje blanco.
– Puede que no seas el peor Heraldo de los Once que he conocido…pero no sé por qué, no puedo confiar en tí –. Al menos estaba siendo sincero, Arlecchino atendía en silencio, bajando su taza.
– Siendo sincera, me interesas –.
– Ya dije que por el momento, no quiero considerar colaborar con ustedes –.
– En realidad, no es eso –. Aether se puso serio, observando atónito el sentido de su extraño interés.
– ¿Te gustaría que te ayude a encontrar información de tu hermana?…así podríamos acercarnos un poco, te muestre mis motivos para hacerlo y pueda darte una mejor imagen de mi –. Arlecchino puso la mano en el corazón, la insistencia resultaba muy seria para que el viajero realmente la vea como un truco.
Estaba dispuesta a tener asegurada su apuesta de futuro si le permitía demostrar cómo hace las cosas.
Arlecchino tenía una sonrisa confiada, Aether la admiró y no pudo evitar pensar para sus adentros: "¿por qué sonríe así de linda ahora?". Estaba un poco embobado, parpadeando con el rostro de la mujer reflejado en sus ojos dorados.
Sacudió la cabeza, quitándose la imagen. La Sota extendía la mano hacia él.
Tomó un suspiro, apretando la mano con la suya para aceptar el trato.
– Demuéstrame que puedes ser confiable, al menos no me ocultes algo sin motivo y si llegas a ayudarme con la búsqueda de mi hermana…te lo agradeceré, y podría considerarte como el tercer heraldo que me cae bien –.
– ¿Quién es el segundo? –. Ellos siguieron apretándose las manos, mientras Arlecchino ya comenzaba a mostrar sus primeras inquietudes en la colaboración.
– ¡Perdón, quise decir…segunda heraldo! –. Aether rectificó sin titubear, sonriendo indiferente para quitarle peso.
"Están chéveres el color de las manos de Arlecchino, ¿seré raro?, hasta se siente bien. Pensé que sería como darle la mano a un animal". Aether soltó la mano finalmente, un poco desolado por terminar de sentir la calidez de aquella mano que estuvo apretando.
"Hay que hacer sacrificios cuando uno quiere un objetivo". Arlecchino se dio cuenta que podía atraer fácilmente la atención de Aether, por lo que debería adaptarse a esta situación y sacar provecho.
Ni siquiera consideraba a las demás mujeres de Fontaine como un obstáculo, solo les quedaba aprovechar su momento de gloria antes de que las rebase en esta carrera por el corazón de Aether.
No solo Clorinde se unía a la búsqueda del corazón del chico, otros enfrentaban una condena por ser muy apasionadas y otras perdían la oportunidad de descubrir la verdad que hay detrás del pecho de Aether.
Por fin la cafetería Lucerne cerró a medianoche, hasta el siguiente día sin la presencia de Aether en el mostrador. El encargo de Aouret fue terminado exitosamente.
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Apenas pone un pie en el mueble, el chico se hunde y gime con las manos en el rostro.
– Estoy muerto –.
– Pero mira, todo el dinero que nos dieron por hacer un buen trabajo en la cafetería –.
– ¿"Nos"?, ¿sigues pensando que hiciste algo útil a parte de aceptar el encargo? –. El chico dio todos sus esfuerzos en estar evidentemente molesto, desaprobando los créditos adjudicados de Paimon.
– ¡Paimon no te había visto tener tanto contacto femenino en masa! –. Él solo se le quedó mirando, consternado y incrédulo por eso. Qué forma tan descarada de desviar la atención.
Aether entendería si Paimon es un ente enviado a torturarlo y causarle más problemas, que algo involuntario provocado por él mismo.
– Pero, piénsalo…¿de verdad no considerarías hacer una cafetería aquí, en la Relajatetera?, ¡la de gente que desearía llenarse el estómago contigo! –.
– Paimon, si comienzas a planear eso a mis espaldas…no duermes más aquí –. Aether estaba cansado con las cafeterías, se puso un cojín en el rostro para echarse una siesta.
Quién sabe, la próxima vez...la cafetería de Aether se abra al público de forma internacional. Así, todas las amigas que están recibiendo informes de los movimientos en tierras extranjeras, puedan tener la chance de verlo en acción como cocinero y poner una marca de territorio en el aclamado viajero.
Por si hay dudas, no he hecho la misión de Clorinde y Arlecchino. Esta historia fue hecha solo con haber visto a las dos en las misiones de Arconte.
Cuando hice la "primera parte", no incluí a todos los personajes. Aparecieron Chevreuse, Chiori, salieron Furina, Arlechinno y Clorinde; decidí incluirlas en una segunda parte. Listo. Ya está completo todo el elenco, no ha quedado ninguna chica de Fontaine fuera y "tampoco va a salir alguien más relevante".
Cómo estuve unas semanas sin conexión, aproveché para escribir esto (y otra vez he pasado de las 10000 palabras xd). Espero les haya gustado.
Ahora sí, la Cafetería de Aether está terminada.
En otras noticias, la conexión de internet volvió hace unos días y remonté la actualización de la 4.7
Hoy mismo en las últimas horas saqué a Clorinde, ahora espero llegar sin problemas de conexión al comienzo en el banner de Saya...perdón, quise decir Nilou.
Me dí cuenta que no he hecho una historia de Aether x Furina simple, así que igual mi siguiente historia corta vaya de eso.
Nos vemos en la siguiente publicación, ojalá ya con el Wuthering Waves en Ps4.
