Las muletas se habían convertido en un lastre unos cuantos días atrás. Se había hartado de ellas y ahora, aunque todavía existía el fantasma de un dolor pululando en los linderos de su conciencia, Luka andaba a pasos ligeros en dirección a la tienda de instrumentos.

El aire frío le acariciaba la punta de la nariz, la bufanda cubría la mitad de su rostro, Marinette la había atado con parsimonia bajo la atenta mirada del guitarrista antes de salir de casa esa mañana.

Marinette había mantenido el ceño fruncido mientras convivió con su esposo esa mañana, Luka no había podido evitar risas nerviosas y cargadas de ternura mientras la observaba tan ensimismada. Gruñidos casi inaudibles emergiendo de los labios de la diseñadora, desvíos de la mirada, suspiros entrecortados. Y no podía culparla, pero tampoco podía brindarle consuelo.

—De todos modos/Yo sé que no puedo —iniciaron al unísono.

Luka soltó una carcajada a cuenta del dolor en sus costillas y Marinette carraspeó alejándose en dirección a una ventana. Al final el guitarrista pudo controlarse un poco y puso las manos a los hombros de su musa, brindándole algo de tranquilidad en medio de la tormenta emocional en la que estaba sumida.

—Sólo vuelve a mí —suplicó a media voz justo antes de recibir un beso de su esposo.


98.-El final de las pruebas


Los reptiles se aglomeraban alrededor del estacionamiento, una sensación de pesadez y culpa cernía el aire, la última vez que se habían reunido en aquel sitio el rey de las serpientes se había convertido en el primer hombre en vencer a mano limpia a un portador de miraculous, pero el costo había sido alto.

Para muchos de ellos aquella fue una noche de oración y súplicas. Había quienes no habían pisado una iglesia en años, pero tal era su temor por la vida de Luka Couffaine, que habían terminado encaminando sus pasos hacia los recintos que consideraban sagrados según sus propias creencias, y así pedir por la salud de Luka.

Ahora, previo al evento principal, Andree había hecho llevar su trono al estacionamiento y esperaba sentado a sus anchas, dando tragos cortos a la cerveza que acababa de destapar. Denisse pasó saliva con dificultad al bajar del Uber y encontrarse con la imagen del Rey Caimán pegando sus labios a la botella y sosteniendo su mirada, como si quisiera seducirla con aquel gesto.

No, lo que el caimán se ganó fue un bufido en señal de ofensa mientras la asistente de Luka volteaba el rostro a prisa y se dirigía a dónde Oliver y Colette la esperaban, riendo entre ellos al ver el gesto incrédulo del rey ante el rechazo de la asistente.

—Pensé que te gustaba —canturreó Colette ofreciendo una cerveza a la joven y haciendo que Oliver se atragantara con su trago.

—Sí, bueno, hoy más que nunca no es el hombre modelo. Así que…

Fue turno de Oliver para reír levantando sospechas en Colette, pero no añadió más.

Erik se acercó al trono de Andree con una sonrisa melancólica. ¿Hacía cuánto no podía acercarse a sus anchas al trono del rey? Todavía recordaba la noche fría en la que, metidos en un callejón oscuro y mugroso, le había acompañado como respaldo para conocer al portador de Miraculous interesado en destronar a Luka. Andree lo había llamado a él (a él y no a Luka Couffaine), no porque creyera que la serpiente no iba a responder, se lo debía, sino porque en esos momentos le confiaba la vida a él.

—¿De verdad quieres hacer esto?

La pregunta de Erik no se escuchó por encima de las conversaciones, y fue pronunciada mientras recibía una botella de manos del propio rey caimán. Se preguntó si Andree se ofendería ante el cuestionamiento, pero sonrió agradecido al ver la mueca torcida en los labios del pelirrojo, un gesto habitual antaño que ahora le confirmaba al muchacho que, de nuevo, todo estaba bien entre ellos.

—A la gente le gusta el drama —espetó como una respuesta desenfadada antes de levantarse y dirigirse hacia la entrada del estacionamiento.

El sonido de la motocicleta de Luka era inconfundible. Jamás había escuchado antes de ese un motor que sonara tan limpio y al mismo tiempo tan poderoso.

Ahí estaba, la Cobra Rey.

Siempre acompañado de su reina fiel.

Andree profirió una carcajada. Hacía mucho tiempo no veía a Marinette salirse de los cánones estéticos de los reptiles para asistir a un evento formal, Colette tenía razón, parecía ratón cuando se peinaba con dos moños sobre su cabeza.

Irónico, una cobra y un ratón. Contrastes, negro profundo y rosa pastel en perfecta armonía.

—¿Seguro que quieres hacer esto —espetó Andree abriendo los brazos y salpicando con cerveza el asfalto por la velocidad de su movimiento—?

Luka soltó una carcajada mientras Marinette bajaba de su motocicleta.

Posiblemente aquel intercambio fue lo que hizo a todos los presentes relajarse en medio del drama, los reptiles presentes comenzaron a corear al unísono la palabra "fight", alzando sus puños con cada golpe de aquella palabra.

El Rey Caimán asintió una vez, como si los coros embravecidos de la gente presente fueran suficiente respuesta para su cuestionamiento.

Asintió levantando las manos, girando sobre sí mismo y mirando a su séquito, disfrutando y alimentándose del caos reinante en ese sitio, cuyo estruendo se volvía cada vez más atronador ahora que Luka se había sumado al gesto del rey desde el asiento de su motocicleta, levantando las manos y pidiendo más al ritmo del grito.

El guitarrista recordó su primera pelea importante con los reptiles. Era un adolescente que había logrado construir su primer motor desde cero sin la supervisión de Andree y había llegado montado en esa motocicleta a un estacionamiento vacío y alejado del centro, perfecto para pasar desapercibidos ante la policía.

Andree siempre había sabido elegir buenos lugares para llevar a cabo sus eventos clandestinos, había quienes sospechaban que tenía gente de confianza entre los azules que le hacía llegar la información, pero en esos tiempos involucrarse de cualquier manera con la ley no sólo era considerado juego sucio: era traición.

¿Qué se le dice al Rey entre los reyes de la ciudad?

O más bien, ¿Quién se atreve a decirle algo a cualquier Rey? Menos aún al sucesor de un desquiciado, que comienza a establecer un poco de paz tras años de locura y terror.

Luka ni siquiera recordaba contra quién lo habían puesto a pelear en aquella ocasión, solo recordaba que había ganado, y con ventaja.

Su vida había sido una serie de victorias aseguradas, cuando era un adolescente no era tan fuerte ni estaba tan acostumbrado a soportar el dolor como ahora, pero siempre fue un joven delgado y ágil, y su principal arma secreta siempre fue su mente aguda. Se aseguró cada victoria pensando en frío, conociendo a su oponente durante las peleas y atacando a sus debilidades, y el ser escurridizo le ganó el apodo de serpiente. Ahora peleaba de frente, ahora miraba a los ojos a su oponente, ahora sabía qué golpes podía recibir de lleno sin comprometer su victoria, y eso le hacía sentir poderoso.

Claro, la posibilidad de perder siempre estaba latente, y en sus primeros años como reptil estuvo a punto de perder muchas veces. Los ojos anegados por la reacción natural al dolor, labios reventados, sangre en las encías, moretones en las costillas, pero ahí estaba su segunda arma secreta. La resistencia. Siempre se cansaban primero sus adversarios de pelear que él se soportar el dolor, y ahí venía el repunte.

Andree era una excepción a la regla. Sabía (y en el fondo siempre lo había sabido) que el Rey Caimán era una fuerza imparable, un hombre hecho de fuerza bruta. Pero no sólo había trabajado su físico, era ágil e inteligente. En resumen, Luka no se estaría enfrentando a un adversario común, se había topado con un golpeador con cerebro.

Después de todo, por algo le habían nombrado rey.

Luka bufó divertido al ver a Iván instalar su batería al fondo del estacionamiento. Oliver conectó los amplificadores bajo la atenta mirada de Colette, quien parada en jarras le daba instrucciones sobre dónde iba cada eliminador.

—¿En serio, viejo cocodrilo?

—¡Cállate, Golden Boy! Ambos sabemos que te gusta el teatro tanto como a mí, o no habríamos grabado Bad.

Erik se paró en el centro del estacionamiento con un maletín pequeño en las manos. Los reptiles presentes sumaron sus gritos al coro que exigía pelea, incluso Erik disfrutó ese momento de gloria antes de levantar una mano para pedir silencio.

Para sorpresa de algunos, Louis Couffaine se acercó a su lado y sostuvo el maletín para que Erik pudiera abrirlo y levantar una mariposa cerrada.

—Tres cortes —dijo como única explicación, arrancando nuevos gritos y vítores a la multitud embravecida, mientras Luka y Andree se quitaban la chaqueta para dejar los brazos al descubierto.

Denisse levantó la mirada en dirección a Marinette en busca de explicaciones, pero la diseñadora se encogió de hombros negando con la cabeza, tampoco ella lo comprendía.

—No seas escueto —soltó Colette rodando los ojos mientras conectaba su guitarra.

Erik soltó una carcajada al percatarse de lo acostumbrado que estaba a recibir órdenes de aquella mujer.

—Ya saben, no a la cara, no a los bajos. Los contendientes tienen el espacio de una canción para hacerle tres cortes al otro, el primero en lograrlo, o el que haya logrado acercarse más a esa cifra al terminar la canción, será el ganador del desafío. ¿Preparados?

Luka recibió de manos de Erik la navaja, Andree tomó la propia del maletín, y luego ambos contendientes sonrieron mirándose, abriendo las navajas con la floritura clásica de aquella arma blanca.

El Rey Caimán ofreció la mano derecha, Luka lo tomó por la muñeca con la izquierda y Andree le imitó dando un tironcito para asegurarse de que estaban bien enganchados.

—¡¿Preparados—volvió a gritar Erik, esta vez retrocediendo para dejarles el espacio libre—?!

(Beat It – Sing It live, Chloe Casteldine)

Luka y Andree se miraron fijamente a los ojos por largos segundos, la tensión era respirable en el ambiente, la gente parecía reacia a liberar el aire contenido en sus pulmones mientras ambos contendientes avanzaban lentamente describiendo un círculo, lejos el uno del otro, tan lejos como lo permitía la extensión de sus brazos. Hasta el viento frío parecía haber detenido su aullar para observar la pelea entre ambos reptiles.

Y entonces, con el primer rasgueo de Colette, Andree tomó la iniciativa.

Tiró de Luka al mismo tiempo que lanzaba la navaja hacia adelante, Luka doblo las rodillas y estiró la espalda hacia atrás evadiendo el corte de último minuto, había sentido claramente en aquel tirón que Andree haría aquello en serio, sin medirse por los remanentes de sus heridas, sin ningún tipo de piedad para el convaleciente. Lo daría todo, igual que él, por el respeto mutuo que se tenían.

Sonrió agachándose en una rodilla y tirando de Andree, el caimán perdió el equilibrio y terminó arrodillado frente a Luka, quién rápidamente se enderezó y lanzó el siguiente navajazo.

—¡Dios —espetó Denisse cubriendo su rostro con las manos—, odio verlos hacer esto!

—¿De verdad?

La emoción contenida en la voz de Marinette la tomó por sorpresa, Denisse la miró entre los dedos, preguntándose si se había vuelto loca al fin.

La curiosidad le pudo más. Volvió los ojos hacia los contendientes, sintiendo que el estómago se le encogía cada vez que aquel par se lanzaba de nuevo al ataque en un tira y afloja hecho a base de fuerza de voluntad. No le tomó mucho tiempo darse cuenta de qué era aquello que tenía a Marinette fascinada.

Sí, Luka y Andree lanzaban estocadas que tenían toda la intención de alcanzar a su contrario, sin embargo había muchísimo control en cada movimiento.

Luego de observarlos seriamente, Denisse fue capaz de notar que los filos de las navajas eran evadidos con cierta ventaja, como si el otro supiera desde antes hacia donde iría el golpe.

Lo siguiente que notó fue que apenas y parecían rebasar la extensión de sus propios brazos. Aquel no era un duelo a muerte, era una demostración de destreza y habilidad. No sólo de evadir los golpes que podían recibir, sino de demostrar que ninguno de sus golpes era letal en realidad.

Cómo si la mariposa fuera otra extensión de su cuerpo y ellos supieran exactamente hasta dónde llegaba.

Llegó el primer corte, y para sorpresa de muchos, lo recibió Luka.

Gotitas de sangre mancharon el asfalto cuando la punta de la navaja trazó una línea delgada en su antebrazo. Esa fue la siguiente cosa que notó Denisse, a pesar de tener un blanco fácil ahí, ninguno de los dos tiraba navajazos al brazo del que habían enganchado al otro.

—¿Estás segura de que no se matan?

La risa nerviosa de Marinette le hizo pasar saliva. Por supuesto que lo iban a averiguar.

El metal de ambas cuchillas emitió un chasquido y un destello cuando se encontraron a medio camino, Luka tiró de Andree, él saltó con las piernas en volandas hasta aterrizar al otro lado, y Luka aprovechó que en el aire no podía hacer nada. El segundo corte lo hizo él, y está vez fue el abdomen de Andree el que mostró una delgada línea carmesí.

Luka estaba agitado, respiraba con dificultad, pero su sonrisa socarrona delataba que lo estaba pasando en grande, así que Andree correspondió a su sonrisa y ambos volvieron al encuentro del otro.

Al fondo, Oliver no se había podido resistir a tocar con Colette e Iván, e incluso coreaba a su novia de vez en cuando, pensando en que por fin conocía el verdadero origen de algunas de las cicatrices de su padre.

El tercer corte lo anularon, Luka perdió el equilibrio, Andree el control, el pómulo del guitarrista mostró una línea delgada, y aunque Andree primero compuso una expresión de sorpresa, pronto se recompuso y logró evadir el siguiente corte de Luka.

Para los que los conocían bien, para los que de verdad los conocían bien, ahora era claro que estaban alargando aquel combate. Por supuesto, ambos querían ser declarados como ganadores inequívocos de aquella contienda, pero estaban disfrutando tanto del encuentro…

Se alcanzaron al mismo tiempo, la navaja de Luka alcanzó la barbilla de Andree, el corte fue apenas superficial pero la sonrisa déspota del guitarrista dejó clara la intensión: se había dejado alcanzar por Andree (quién sólo había logrado enredar un poco su navaja en la camiseta de Luka), para lograr con cinismo un corte que vengaba el de su pómulo.

—¡La-cara-no!

El grito de Andree arrancó carcajadas a los presentes, y vino acompañado con otro golpe.

Luka sintió más certero el ataque. Andree había arremetido con toda la intensión de hacerle un segundo corte válido, Luka lo esquivó apenas, y lanzó su mano.

La punta de su navaja alcanzó el antebrazo de Andree, había descubierto su guardia, finalmente recibió de lleno el golpe de Luka, pero lo hizo fuera de tiempo, si bien ya había admitido la derrota, ninguno se percató de que la música terminó un segundo antes de que la navaja de Luka alcanzara la piel de Andree.

El silencio sepulcral que inundó aquel estacionamiento se sintió tenso.

Agotados física y mentalmente, se soltaron y retrocedieron jadeando. Luka se apoyo en sus rodillas cuando la mariposa finalmente rebotó lejos de sus manos, Andree analizó la profundidad del último corte antes de negar con la cabeza.

—Eres una cosa seria, Couffaine.

—¡Jódete, Dumont!

—Pero es que esto fue un empate —apuntó Erik divertido.

—Ningún maldito empate —se apresuró a asegurar Andree con un puchero, alivianando el ambiente de nuevo y haciendo que Marinette y Denisse suspiraran aliviadas—. Yo no vuelvo a contender contra él en mi vida, ya fueron suficientes humillaciones.

—¿El segundo corte fue el bueno?

—¿Segundo? ¿A ti esto —exclamó acercándose hasta Erik mientras se apuntaba la barbilla con el dedo medio— te parece la puta cara?

Erik rodó los ojos alejándose del rey caimán y resoplando harto, ya recordaba por qué se había sentido aliviado cuando dejó la sombra de Andree.

—Suena legal para mí —fue la voz tenue de Celine la que quebrantó el nuevo silencio que se había instalado en el lugar, y murmullos de aprobación fueron secundando la moción.

Pronto el murmullo tímido de los reptiles se convirtió en un grito que celebraba la victoria con emociones encontradas. Por supuesto, Andree era el líder de la banda, la mayoría de los presentes le tenía una fe ciega que halagaría a cualquiera, por ende querían verle vencedor aún en contra de los favoritos.

Pero Luka Couffaine…

Luka se había ganado a pulso un lugar muy especial en los corazones de todos los miembros de la banda. Y por más motivos de los que él mismo habría creído.

Para todos aquellos quienes creían que Luka no era sino un elemento sobrevaluado y dormido en sus laureles, la pelea contra Cobra se convirtió en el incentivo para investigar a profundidad la carrera del rey de las serpientes, y en el curso habían descubierto todo lo demás.

Primero, Luka personificaba en toda regla los valores que representaban el código de los reptiles, siempre había cumplido la ley de sus calles al pie de la letra, y había hecho a otros cumplir con mano de hierro.

Después, su éxito personal no estuvo rodeado de escándalos, aunque se habría esperado que un artista que abiertamente había hablado en su pasado sobre pertenecer a la banda más grande y respetada de París, fuera un manojo de "escenitas". Pero estaba limpio. O casi.

Ahí estaba otra cuestión. Su casi-escándalo había sido por un tercero en cuestión: Colette, e incluso ahí se notaba su compromiso con los reptiles, porque no sólo salió bien parado de la acusación de un presunto crimen federal, sino que sacó a otro miembro de la banda del apuro. Podría haberla dejado hundirse sola, debió hacerlo, después de todo, ella podría haberlo hundido. Y esa opción jamás se cruzó por su mente.

La victoria de Luka sobre Andree les llenaba de orgullo, aunque lamentaban que su líder desde hacía poco más de una década hubiese perdido.

—¡Ok, ok —espetó Andree sacudiendo las manos para llamar a la calma—, ya quedó claro que están muy contentos!

Algunos sonrieron abochornados, otros se rieron asintiendo descaradamente.

Andree repartió su mirada entre los presentes antes de abrazar a Luka por los hombros y tirar de él hasta situarse ambos frente al trono del caimán.

—No me gusta nada esto —confesó Luka encarando a la gente en un gesto espejo al del caimán.

—La determinación del equipo Olimpo quedó demostrada desde hace tiempo. Ustedes mostraron respeto, yo escuché sabiamente lo que pidieron y hoy termina una larga jornada de pruebas que demostraron quiénes fueron los más aptos.

Quejas emitidas al unísono, algunos de ellos defendiendo que la colaboración entre Luka, Colette y Erik había sido injusta para los miembros más normales de la banda, pero ante las carcajadas de la aludida, ni siquiera llegó a formarse un nuevo tipo de tensión entre los presentes. No, Colette y Erik intercambiaron una sonrisa cómplice y luego todos volvieron la vista hacia Andree.

—Todos sabíamos —continuó el rey caimán con un aire solemne que contagió rápidamente a los presentes, Denisse incluida— que el equipo Olimpo se había convertido en el ganador indiscutible. Que Erik renunciara a su derecho de calificar como uno de los dos finalistas y, eventualmente el ajuste de cuentas entre Luka y Colette... Bueno. Creo que quedó más que demostrado por qué ellos tres eran la decisión correcta.

Algunos de los presentes asintieron, otros intercambiaron comentarios de aprobación en murmullos apenas audibles por sobre el viento, un ambiente generalizado de aceptación unánime a las palabras del rey.

—Todo este torneo ha sido su oportunidad para demostrar tres cosas. Primero, y obviado además, qué tan dispuestos están nuestros reptiles a actuar para lograr sus objetivos —de nuevo la unanimidad permeaba la aceptación de aquello que aseveraba Andree—. Segundo, las capacidades físicas, donde han triunfado los más capaces, ¡Darwin estaría orgulloso de ustedes! Por supuesto que sí —risas de los presentes en respuesta a la ironía del rey caimán—. Y tercero, las aptitudes para adaptación al entorno, la agudeza mental, la habilidad de trazar estrategias en situaciones complicadas. Si bien, todos mostraron diversas destrezas a lo largo del torneo, el equipo Olimpo...

—¡Es que no son humanos —gritó Ethan desde el fondo, arrancando una carcajada unánime—!

—Tarado —murmuró Erik cruzando los brazos y haciendo que Colette se riera con más fuerza.

Andree esperó un poco más antes de continuar con su discurso, dedicando una sonrisa melancólica a todos los presentes, gesto que no pasó desapercibido para Luka a su lado.

—En fin —soltó el rey dando un fuerte aplauso—, también mostraron una inteligencia envidiable al momento de organizarse. Eligieron no pelear entre ellos, podrían haberlo hecho, podrían haberse hecho pedazos, podrían haberse aprovechado de las ventajas que sabían que tenían sobre el otro, pero eligieron pensar en el bien común. Tomaron decisiones pensando en lo mejor para el equipo en su conjunto y en lo individual, y eso habla de su verdadera naturaleza como personas.

Luka pasó saliva con dificultad y sus ojos se encontraron con la mirada de su esposa, que sonreía orgullosa.

¿Acaso sabía algo que él no?

—Muy bien, reptiles, pues aquí está su campeón —la voz de Andree emergió poderosa mientras él levantaba con brusquedad una mano de Luka por encima de sus cabezas, arrancándole un gruñido de dolor que ignoró alegremente—, reptiles, ¡les presento a su nuevo rey!

Los ojos de Luka se abrieron como platos, volvió la vista hacia Andree tan rápido que pudo escuchar el chasquido de sus huesos, los aplausos llenaron el estacionamiento, y poco a poco todas las voces se sumaron a un solo grito.

—¡Cobra rey!

—Pero Andree...

—¡Bah, nada de peros! Llevo mucho tiempo en el trono —espetó dando la espalda a los reptiles y sonriendo para sí—, ambos sabíamos que llegaría este día, Luka. No podía ser nadie más. Eres el más capacitado para guiarlos.

—¡Cobra Rey!

—Andree —soltó con gravedad, como si hablara con un desequilibrado mental.

—Ah, no sabes cómo odio ese tonito condescendiente tuyo.

—Esto no va a funcionar, he estado fuera mucho tiempo, ya no conozco a la mitad de ellos. Trabajé con la policía, ¡Aún lo hago!, los reptiles no lo van a ver bien.

—¡Cobra Rey!

—A mi me parece que ya se pronunciaron.

—Además soy una figura pública, la banda siempre se ha caracterizado por dominar la ciudad desde las sombras.

—¡Cobra Rey!

—Pues no le digas a nadie —soltó con una sonrisa descarada—, manténlo en secreto.

—Andree —espetó cada vez más apremiante—, ponerme al frente no traerá cosas buenas.

—¡Cobra Rey!

—Explícale eso a ellos.

—Y además...

—¡Cobra Rey!

—¡Corten ya con eso!

La orden de Luka se escuchó por encima del bramido de la multitud. La gente obedeció casi al instante y el guitarrista pudo darse unos minutos para contemplar a los congregados.

Las miradas variaban: Orgullo, alegría, curiosidad.

Complicidad.

Colette, Oliver y Erik sonreían como si lo hubieran sabido todo el tiempo.

Marinette y Denisse se mantenían expectantes. La diseñadora le dedicó una mirada pesada a Luka: es tu decisión.

Suspiró con cierta frustración antes de echar otro vistazo a los presentes y revolverse el cabello con una mano.

—No voy a cambiar lo que soy ni lo que he hecho hasta ahora —puntualizó (amenazó) con voz firme, haciendo que las sonrisas se ensancharan—, he trabajado con los azules, tengo proyectos pendientes con Kitty Section, Conciertos y Giras que atender...

—¡Sin mencionar que todavía tiene una familia que planear!

El grito de Colette se ganó una mirada furibunda en respuesta. La chica no dudó en correr a ocultarse tras Oliver, como si el muchacho fuera escudo suficiente para protegerla de la ira de Luka.

—Si están de acuerdo con ésta locura —prosiguió en busca de alguna mirada que denotara descontento, pero el entusiasmo por su nombramiento era unánime— van a tener que aguantar la idea de que al final sigo siendo yo. No habrá un nuevo Luka, sólo yo. Así que, ¿están seguros de esto?

Se intercambiaron sonrisas y miradas divertidas, la gente asintió para sus compañeros antes de dedicarle un asentimiento al nuevo rey.

—¡Jesucristo Andree —exclamó un Luka nuevamente furioso al ver que su esposa se acercaba hacia ellos con una caja en las manos, ya podía imaginarse el contenido—, no sabes cómo te odio justo ahora!

—Ya se —respondió recuperando su actitud jovial y desenfadada, destapando la caja que Marinette le ofrecía y levantando la chaqueta con una expresión de ilusión y orgullo. El mismo parche del rey de las serpientes, pero con las modificaciones que lo identificaban como ahora rey de todos los reptiles. La nueva chaqueta de Luka Couffaine.

—Tú y yo hablamos después —amenazó el guitarrista cuando Marinette se alejó tímidamente de ellos con una sonrisa radiante mientras Andree le echaba a Luka la chaqueta a los hombros.

Andree sonrió encaminándose hacía la gente y sonriendo con malicia.

—¿Soy el único que quiere ver a Erik convertido de nuevo en la mano derecha del rey?

Algunas risas y ante la mirada atónita del aludido, los reptiles comenzaron a corear su nombre. Todavía estaba aturdido cuando Colette lo empujó hasta donde estaba Luka.

Luka suspiró resignado antes de palmear el hombro de Erik, que mantenía una expresión de incredulidad.

—No, yo no puedo —balbuceó todavía dudando que las miradas que la gente le dedicaba fueran de aprobación—, es que no me lo merezco. Luka, no —exclamó encarando al aludido con gesto

—No, yo no puedo —balbuceó todavía dudando que las miradas que la gente le dedicaba fueran de aprobación—, es que no me lo merezco. Luka, no —exclamó encarando al aludido con gesto afligido—, ataqué a tu familia, rompí las reglas, violé el código de los reptiles para ir con todo en tu contra.

—¡Sí —atajó irónico, cruzando los brazos y dedicándole una sonrisa cargada de sarcasmo—, y yo te partí la cara con dos costillas rotas como pago por tu amabilidad!

El rostro de Erik se deformó en una mueca de aflicción, por lo que Luka suavizó su sonrisa y puso una mano al hombro de su amigo.

—Todo eso quedó atrás, Erik. O no habría trabajado contigo. Marinette te perdonó, Colette también, yo lo hice —enfatizó ensanchando la sonrisa, antes de añadir, de nuevo con cierto aire de ironía—, además, es a ellos a los que tienes que convencer de que te dejen ir. A mí no me dejaron.

Cuando Erik dedicó una mirada a los reptiles, estos dejaron de corear su nombre poco a poco, hasta que solo quedaron sonrisas divertidas y cómplices.

El abrazo que Luka y Erik se dieron logró reavivar el entusiasmo entre los reptiles, sobre todo cuando Andree les gritó que se consiguieran una habitación. Aplausos, chiflidos, uno que otro grito, y la sonrisa melancólica de Colette ante la escena.

—Los voy a extrañar —admitió para Oliver.

—No por mucho —respondió a manera de promesa—. Siguen ahí a donde vamos. Sólo un poquito mayores.

—Sabes a lo que me refiero. Me voy a perder de todo esto.

—Te prometo que te lo voy a compensar.

—¡En fin! ¿Volvemos a Les Reptiles?

La invitación de Andree cayó a bien, algunas personas comenzaron a retirarse al interior del establecimiento, pero Ethan y Orson volvieron sobre sus pasos a toda prisa, seguidos de algunos de sus amigos, y luego se les unieron varios más. Sin previo aviso levantaron a Luka y a Erik en hombros, arrancándole al primero más gruñidos de dolor y al segundo una carcajada casi histérica en la que logró liberar por fin todo el estrés que él nombramiento le había provocado.

Luka se relajó un poco antes de sonreírle a Erik con la sensación en el pecho de que todo estaba de nuevo en su sitio.

—Ya entendí por qué se lanzan a la gente en sus conciertos —confesó Erik con una sonrisa radiante.

Cuando Andree se acercó hacia ellas con su sonrisa fingida de niño bueno, Marinette decidió que era buena idea darle un poco de espacio para hablar con Denisse. ¡Y vaya si le costó trabajo no reírse cuando lo escuchó decirle a su amiga que ahora ya no era más un malandro y se había convertido en un hombre decente!

Marinette llegó hasta donde Colette y Oliver desconectaban los instrumentos y decidió ocupar sus manos mientras Luka y Erik disfrutaban de su momento de triunfo.

—Supongo que no querías arruinarnos la sorpresa —murmuró distraída mientras entregaba un cable a Colette.

—Bueno —inició Oliver con cierto nerviosismo—, no habría sido divertido si lo supieran, ¿Verdad?

—Es cierto, Luka no lo habría disfrutado tanto.

—Sabrá qué hacer —aseguró Oliver dedicando una mirada larga a su padre antes de sonreír y volver a los cables—, siempre tiene la respuesta para todo.

—Sí —ironizó Colette divertida—, apuesto que a los quince eso fue horrible.

—No tienes idea.

—Colette —llamó Andree entusiasmado mientras Denisse a su lado suspiraba preguntándose en qué se había metido—, ¿Tocas está noche?

La chica intercambió una mirada con Oliver antes de encogerse de hombros.

—¡Sí, ¿por qué no?! Hagamos esto una última vez —concluyó dedicando una mirada dulce a su novio y recibiendo un asentimiento.

Colette se giró en busca del estuche de su guitarra y le sorprendió ver a Celine acercándose a ellos con expresión sería.

—Guarda la calma —pidió Oliver con un aire distraído, aunque en realidad se mantenía alerta, preguntándose en qué son vendría la chica.

—¿Podemos hablar?

Colette no respondió, se limitó a levantar y enrollar un cable en su brazo antes de suspirar pesadamente para encarar a la reptil.

—¿Qué quieres?

—Disculparme.

Colette, desconfiada como siempre fue, barrio lentamente a Celine con la mirada, cruzando los brazos mientras fruncía el entrecejo, confundida.

—Ok, ahora qué hiciste...

Y aunque si bien Celine quiso responder con alguna ironía hiriente y despectiva, al final se mordió la lengua y pensó mejor en sus palabras.

—Tú y yo solíamos ser amigas, y el día que me akumatizaron te dije algo horrible sin pensar en que habías perdido a Jeanette recientemente.

—Está en el pasado —murmuró incómoda, tratando de quitarle importancia al asunto.

—No, escucha, de verdad me comporté horrible. No quería serlo. O sea, sí que quería, pero no era con mala intención, estaba celosa de ti.

—Eso nunca ha sido una novedad, ni siquiera cuando sí lo era.

Celine gruñó ante aquellas palabras puesto que sabía que se las merecía, pero su furia se disolvió cuando Colette compuso un puchero volviendo el rostro al costado y ofreció una mano.

—¿Un apretón y estamos como nuevas?

—No te estoy perdonando —musitó Colette cuando Celine aceptó el apretón—, ya te dije, está en el pasado. Estamos en paz —concluyó con una sonrisa, soltando a la chica.

—¡Aw, ¿no me vas a abrazar?!

—¡Y una mierda! Acércate y te golpeo.

—Amargada, oye niño bonito, haznos un favor y llévatela lejos.

—No creo que... —inició indeciso Oliver, pero Colette lo interrumpió con brusquedad.

—Voy a dejar la ciudad, Celine. No me queda nada aquí.

Oliver y la aludida intercambiaron una mirada de sorpresa, aunque el muchacho estaba fingiendo en realidad, eso no tenía porqué saberlo Celine.

—¿De qué hablas? Eres la reina de las serpientes, no puedes sólo irte así.

—Celine, ambas sabemos que este lugar me va grande desde lo que pasó con Jenny. No me pidas que me quede en un lugar donde todo me recuerda a ella.

Las palabras de Colette les cayeron de peso, tanto a Oliver como a Celine, volvieron a intercambiar una mirada, está vez sincera de pesar por la joven que se echaba la guitarra al hombro antes de sonreírles.

—¡Qué caras tienen! Nadie se murió hoy, vamos a tomar algo, ¿O se te cae la matriz?

—¡Idiota!

Celine se dió la vuelta dando fuertes pisotones a cada paso, sin embargo se detuvo y le dedicó una última sonrisa a Colette antes de retirarse.

—La primera la invitas tú, alteza. Los esperamos en la de siempre.

Oliver esperó a que Celine se alejara suficiente y le sonrió a su novia.

—¿La de siempre?

—Sí, nos espera en la mesa de siempre.

—¡Ah, ella era de tu herpetario personal!

—¡Cállate y carga! Que no llegamos.

Colette se alejó en dirección a Erik y Luka, quienes por fin tenían de nuevo los pies en la tierra. Oliver no pudo suprimir la carcajada y asintió echándose una bocina al hombro cuando por fin pudo calmarse. La amaba, con todo su corazón la amaba.

.

Andree pasó esa noche sentado en su trono, pidió como último deseo que Luka no se atreviera a quitarlo, y, aunque fue pronunciado como una orden tajante y Luka espetó en respuesta que él ya no podía darle órdenes, al final la sonrisa divertida del guitarrista dejó claro al rey caimán que el trono se quedaba.

Aunque Luka dudaba mucho llegar a usarlo, el que se sentía orgulloso de ser rey de los reptiles se retiraba esa noche, dejando el puesto a uno que nunca había querido el poder.

Dale el poder a los que no lo quieren y ellos sabrán qué hacer con él.

Denisse se sentó a la mesa con Luka y Marinette, Erik, Colette y Oliver se unieron más tarde, Louis fue el último en llegar, había brincado de una mesa a otra conforme habían exigido su presencia. Una noche no le sería suficiente para ponerse al corriente con sus viejos conocidos, pero le conmovió profundamente darse cuenta de lo mucho que todavía le importaba a sus viejos aliados y amigos. Ahora que la indulgencia había sido dada y que el pequeño retoño del saxofonista había sido nombrado rey, los reptiles veteranos por fin se sentían a salvo de ponerse al día con su viejo amigo.

—Este ambiente ya no es para mí —refunfuñó Louis dejándose caer en su silla con aires agobiados.

Luka y Oliver soltaron una carcajada ante aquella afirmación, ganándose una mirada enfurruñada del saxofonista.

Palabras como hipócrita, farsante, mentiroso, volaron por la mesa seguidos de cacahuates y corcholatas, les sorprendió mucho a todos la agilidad con la que Louis respondió a todos los ataques, e incluso Oliver recibió una corcholata de regreso, que lo golpeó entre los ojos arrancando reacciones diversas a todos en la mesa.

—No sé si me dolió más el golpe o tu risa —reprochó ofendido mirando a Colette.

—Perdón. Fue épico.

—¡Momento Go-Pro —gritaron Marinette y Denisse al unísono antes de estallar en carcajadas—!

—¿Qué —murmuró Erik confundido mirando a todos los demás y percatándose que la confusión plagaba la mesa en equidad a las risas?

Por primera vez en meses, una sensación de normalidad los embargó a todos. Se permitieron disfrutar del momento de paz sabiendo que habían logrado al fin quitarse una tonelada de los hombros. No más torneo, no más cuidarse las espaldas, no más estrés por cumplir peticiones de Lila, aunque parecieran inocuas, sólo una noche de tragos con amigos que tenían la vida por venir.