20. Cambio de planes.
Revisé mi teléfono sólo para estar seguro de la hora, 1:58 pm.
Demonios, aún era demasiado temprano, pero ya no tenía nada que hacer en mi recamara y me negaba a pasar el rato en la sala de estar a merced de cualquier tarea que pudieran asignarme. Le di una nueva ojeada a la recamara buscando algo en que ocuparme pero ninguno de los pendientes obvios (tareas, limpieza, ordenar) eran de mi interés. Respiré hondo varias veces y trate de ver videos para entretenerme, pero no tuve éxito. Mi mente no se podía enfocar. Como resultado, tome las llaves de mi escritorio para abandonar esas cuatro paredes que no planeaba soportar ni un minuto más. Matar el tiempo deambulando era mejor que estar ahí.
Pasé por la sala donde estaba la televisión, y sentadas ante el aparato estaban Pirika, Tamao y Jun sumamente entretenidas en una serie de época mientras comían palomitas. Hablaban entre sí, compartiendo risas y armando un alboroto hasta que una escena de sexo comenzó en la pantalla. Las tres gritaron al unísono.
-¡No! ¡No! ¡No! – gritaba Tamao, cubriéndose la cara, que tenía roja hasta las orejas.
-¡Te dije que lo ibas a amar! – le codeo Pirika – No importa tu moral; esa es la primera en morir cuando el villano es sexy.
- O un poco promiscuo – se rio Jun.
- Con esos abdominales – concordó Pirika
- Imagínatelo – se inclinó Jun para decirle al oído a Tamao.
- Kya~~ – Ahogó un grito Tamao, abrazando un cojín para ocultar su rostro.
No pude evitar sonreír ante el intercambio entre las chicas. Se veían bastante divertidas. Un trío compartiendo tonterías completamente despreocupadas. Les di la espalda, dispuesto a continuar mi camino cuando escuche la voz de Jun.
- ¿Cita importante, Hao?
Me detuve en seco. Pensé que nadie notó mi presencia, sobre todo porque el joven en la pantalla desvistiéndose era más interesante que yo mi paso por ahí. Regresé sobre mis pisadas, para encontrarme con que la imagen en la pantalla estaba congelada gracias al mágico botón de "pausa"; dejándoles tiempo suficiente para que me acosaran con la mirada. Pirika, Jun y Tamao permanecían con los codos apoyados en la mesa, expectantes.
- Depende ¿Quieres sacar turno? – le contesté, arqueando una ceja y cruzándome de brazos
Las tres se voltearon a ver entre sí, encantadas de atraparme con las llaves en la puerta. Tramaban hacer las preguntas escabrosas, lo vi venir tan claro como quien sabe que lloverá al ver el cielo tupido de nubes negras. Casi las podía escuchar preguntando "¿Con quién saldrás?" "¿vas a volver en la noche?" "¿Llevas condones?" así que decidí detener esto antes que pudieran comenzar.
-Sabes bien que no me interesan los chicos de tu edad - Me contestó Jun, la coquetería de sus palabras era digna de un premio. Jun Tao era todo el paquete completo: bella, inteligente, independiente, sexy… Lo único que no entendía sobre ella, era porque seguía aferrándose a vivir en esta pensión cuando era obvio que tenía a su novio en la palma de su mano. - pero gracias. Entonces ¿Una cita?
- Solo voy a salir a dar la vuelta - resoplé, resignándome a jugar la carta de la honestidad. Nada mejor para evitar respuestas concretas que entregar pequeños fragmentos insignificantes.
- ¿Con alguna chica interesante? – Cuestionó Pirika.
-Tiene cualidades que me interesan - le dije evitando poner los ojos en blanco.
- Bueno, espero que tengas suerte – respondió Tamao mirándome de soslayo – Pero ¿Qué le diremos a Keiko-san? ¿Vas a volver en la noche o no?
Suspiré, harto del cuestionario.
- Pueden decirle que sí volveré en la noche, que no me espere a cenar y que mañana yo haré el aseo de la entrada y barreré el frente para compensarla.
Jun sonrió ampliamente, sus ojos entrecerrándose con su expresión. Un rasgo en ella era ese toque maternal que proyectaba en sus palabras y actos; algo dulce y carismático, que a veces lograba hacerme sentir como que le debía decir la verdad sin temor a represalias, pues siempre me escucharía antes de castigarme.
- De acuerdo, yo le daré tu recado. – dijo y tomó el control remoto para volver a reiniciar el programa – Y Hao, no olvides comprar condones.
- Nunca salgo sin ellos – le respondí con descaro.
Mientras salía de la pensión, las escuche gritando como chiquillas, riendo fuertemente. Atravesé el jardín con paso decidido, sin voltear a ver atrás, aun y cuando me asaltaba la duda sobre el paradero de Anna. Mantuve la vista al frente, sin atreverme a mirar atrás para asomarme a la ventana del segundo piso que correspondía a su habitación. Mas tarde, cuando la esperara en la estación del tren, sabría si ella salió de la pensión a tiempo o no. Mi orgullo había tenido suficiente con el pequeño interrogatorio al que las inquilinas me sometieron. Así que eche a andar sin rumbo.
Deambulé por todas las calles de Funbari Hill por un largo rato, pase frente al cementerio, junto a la academia Shinra y una vieja tienda de boliche abandonada. Caminé hasta que el calor me pareció insoportable. Así que, decidí entrar en el konbini más cercano a la estación del tren en que había quedado de encontrar a Anna.
Me compre una paleta helada sabor fresa, que me refresco bastante; volví a sacar el celular para revisar algunas redes sociales. Salí de la tiendita, dí vuelta a mano derecha, y choque contra alguien. Como reflejo, solté la paleta y el teléfono, estire los brazos y atrapé a la persona con la que tropecé, evitando que cayera al suelo. Grande fue mi sorpresa cuando note que era cierta rubia que yo esperaba encontrar más tarde en una estación de tren. Ella me sujeto del brazo y abrió mucho los ojos al verme.
- No podías esperar un segundo más para estar en mis brazos, ¿verdad?
- Fíjate por donde caminas- Gruñó frunciendo el ceño.
- También me da gusto verte, Kyoyama.
- ¿Qué se supone que haces aquí? – me dijo, con aire de superioridad, luego de darme un empujón.
¡Que encajosa! Puse los ojos en blanco y luego revise rápidamente alrededor, buscando mi teléfono y … ahí había quedado mi paleta. Mi dinero directo a un charco de agua sucia
- Matando el tiempo – el tono desganado de mi voz fue imposible de ocultar – Me gusta caminar sin rumbo, estoy seguro de que ya has notado eso.
- Supongo que es cierto – contesto, acomodándose la ropa. – Bueno, creo que, ya nos encontramos. ¿Vamos a la estación?
- Claro – le respondí.
Anna asintió para indicar su acuerdo conmigo. Echamos a andar por la calle, subiendo por la calle principal, caminando hasta la estación del tren. Tuvimos la suerte de que el tren estaba vacío. Nos pudimos sentar uno unto al otro en el vagón.
-¿Que te gustaría hacer? - le pregunté, cruzándome de brazos
- Disculpa? No se suponía que tú me invitaste a esta ridícula cita. Si no mal recuerdo dijiste que veríamos una película o algo así. - arqueo una ceja, demostrando su incredulidad.
- Podemos hacer lo que tú quieras, no tiene que ser una película. ¿Tienes algo en mente?
- Escuche que un centro comercial cercano tiene bastantes descuentos por inicio de la temporada de vacaciones. Me gustaría ir a ese lugar, supongo que debe haber algunas librerías ahí. A menos que quieras mantenerte en esta cita de cine y cena.
Pensé seriamente en lo que me decía. La noche anterior, le había invitado al cine porque fue lo primero que pensé. Era mi plan estándar: invitar a la chica en cuestión al cine, luego comer algo juntos, y terminar con una sesión de arrumacos en algún lugar privado. Sencillo y fácil de seguir, una rutina por así decirlo. Ninguna chica que se me resistiera.
Pero, la reflexionarlo in poco más, podía darme cuenta de que Anna no encajaba en el molde, por así decirlo. Era bastante testaruda, y siempre lograba darme la negativa a todos mis acercamientos. Sin duda, una cita tan común y predecible era un error; el instinto me dicto que seguirle la corriente sobre algo en que demostraba interés, era la mejor ruta a seguir.
Pero ahora ella estaba aquí, dispuesta a pasar la tarde conmigo, en una cita. Bien valdría la pena el hacer algún a otra cosa. Quizás, explorar un poco sería de su agrado, ya que le gusta vivir en Tokio.
Asentí con la cabeza.
-Claro, lo que sea para complacerte - le dije
-Es tan tierno que crees que tienes lo que se necesita para poder complacerme - me respondió, dirigiéndome una mirada de medio lado - pero te doy puntos por esa confianza que tienes en ti mismo.
- Si tan solo te dieras la oportunidad, entenderías de que está confianza que tengo está bien fundada, y te lo puedo demostrar.
- oh, cariño - su voz melosa- como si eso fuera a ocurrir
El centro comercial que sugirió Anna era nuevo y se notaba en detalles como la decoración y distribución de los espacios. Era amplio y alargado, de tres pisos, con elevadores y escaleras eléctricas. En el pasillo central lucían algunas palmeras artificiales rodeadas de foquitos de colores, con bancas alrededor, la música neural sonaba en los altoparlantes. En algunos de los locales, anuncios de ofertas así como empleados voceando sus promociones pululaban el recinto.
Perezosamente ingresamos y mentalmente agradecí el fuerte aire acondicionado que refrescaba el espacio. El lugar estaba medianamente concurrido, sin llegar a tener una afluencia abrumadora, ciertos locales lucían una sana población de clientes conformados por adolescentes ruidosos y familias con niños en edad escolar.
Sin mediar palabra conmigo, ella simplemente señaló un pequeño establecimiento donde vendían café, dirigiéndose hacia él, yo le seguí. Era buena idea, después del caluroso viaje en tren, una bebida no sonaba nada mal.
Se acercó a barra de café y pidió un frappé con extra de crema batida, yo pedí un capuchino frío para llevar. La chica de rostro afable que nos atendió volteaba a ver de reojo hacia donde estábamos, al extender las bebidas note que en una de las servilletas que me entregó tenía un número de teléfono y un nombre: Akane. Sentí el orgullo hinchar mi pecho, resistiendo las ganas de devolverle el gesto.
La chica, Akane, se acercó a la caja registradora y anunció el costo. Continuó observándome, esperando alguna palabra. Resistí la tentación de guiñarle un ojo, volcando mi atención hacia el capuchino en mis manos. Anna en una actitud desinteresada, sacó su pequeño monedero rosa del bolso que siempre utilizaba. Y entonces se detuvo en seco, con unos cuantos yenes en las manos y me miró directo a los ojos, antes de sonreír con malicia. Se dirigió a la barista y con un tono de voz meloso declaró:
-¡Vaya! ¿Que no se supone que es el chico quien debe de pagar cuando te invita a salir?
El capuchino se me atoró en la garganta y terminé por escupir, por poco y se me sale por la nariz, dejando una desagradable sensación. Use la servilleta para limpiarme la boca.
- Eso es lo que oí - dijo Akane, entre risas, compartiendo una mirada cómplice con Anna.
- Nunca dijiste nada de que querías un café - le reclamé.
Anna extendió el billete y pagó el importe antes de que yo pudiera sacar mi billetera. La barista me dedicó una expresión que no supe interpretar.
-Es una pena - susurró Anna, mirándome a través de sus pestañas largas - pensé que de entre todas las personas, tú sabrías lo que una chica quiere.
Mientras nos alejábamos de la barra de café, distinguí que Akane se reía tras el mostrador. La sangre me hervía, pero soporté estoicamente, prefería no contestar y dejar que Anna creyera que había ganado este juego. Pronto ella sería testigo en carne propia de que mi especialidad es saber lo que una chica quiere y cómo hacerlo. ya tendría tiempo para demostrarlo cuando fuera el momento oportuno. De preferencia en mi cama. Mientras tanto, ella podía creer que se salió con la suya, dejándome en ridículo. Pero me las pagaría por eso, tarde o temprano.
Caminamos un tanto hasta que se detuvo pues estaba peleándose con la tapadera de su frappé. Me detuve para esperarla, y sus movimientos gráciles captaron mi atención.
Ella retiró el pequeño domo plástico de la bebida, y con singular gusto la probó. La crema batida se le quedó en la boca, al notarlo, se relamió con la punta de la lengua, repasando sus labios de una forma que me pareció sugestiva. Después Hundió el dedo índice en la crema, tomando un poco y se la llevó a la boca, lamiendo con la lengua hasta dejarlo limpio. Levantó la vista de su bebida y me miró directo a los ojos, una sonrisa maliciosa decorando su rostro; repitió la acción, está vez observándome atentamente mientras se chupaba su dedo embadurnado deliberadamente lento.
Mi mente viajó rápidamente a un lugar de acciones poco decorosas pero sumamente placenteras. Me perdí imaginando como esa boca y lengua podrían obrar maravillas. Y la imagen mental de esa chica abriendo la boca para recibirme, silenció cualquier otro pensamiento. ¡Demonios! la familiar sensación de cosquilleo entre mis piernas se hizo presente. Tenía una erección.
-Entonces… ¿Vas a contestar lo que te pregunté? - me dijo, sacándome del ensimismamiento.
- puedes repetir la pregunta - respondí, en un intento por disimular la distracción. Mentalmente guarde en un cajón la idea sobre las habilidades de Anna, para meditar sobre ella después.
- ¿Qué harás en las vacaciones?
- no tengo planes, no hay mucho que me interese por el momento - mentí. La realidad es que el negocio era bastante demandante y no siempre nos podíamos dar el lujo de unas vacaciones. El viaje de Keiko para cuidar a la abuela Kino, dejo las arcas familiares en una condición deplorable. Una enfermedad no era barata. -¿Cuál es el tuyo?
Se encogió de hombros como respuesta. Siempre con evasivas..
-Me gustaría salir a vacacionar, pero no creo que sea viable. Mi madre ha estado insistiendo en que no puede esperar a verme de nuevo en casa - puso los ojos en blanco.
- Así que tú madre te extraña.
- Algo así - dijo restándole importancia con un ademán de la mano, luego se detuvo frente a un aparador de zapatos, enfocando su atención en unos tacones antes de continuar- creo que más bien trata de convencerme de volver y estudiar cualquier otra cosa en la universidad local.
Asentí para confirmarle que entendía. Meses antes, Keiko llego a mencionar sobre la llegada de la hija de su mejor amiga, y aunque no puse mucha atención en ese momento, recordaba que el principal motivo porque fue inscrita en nuestra pensión era que desconfiaba de las habilidades de su joven hija, temerosa de lo que podría ocurrirle en una ciudad tan grande a una "niña" que vive sola. Pero Anna si algo aprendí en estos meses, es que Anna no era una niña y que era perfectamente capas de arreglárselas sola. En especial por ese carácter del demonio que tiene.
-Pero tú no tienes interés en nada de eso - corrobore
-Así es. Tengo metas que voy a cumplir - confirmó Anna, determinada. - Me gusta Tokio y aquí voy a quedarme.
- a veces no entiendo que es lo que ves en Tokio, habiendo tantos lugares y universidades prestigiosas en Japón. - solté sin pensar- hay más opciones que quedarse aquí.
-Era mi sueño de toda la vida - contestó con tranquilidad, señalando un par de tacones rojos que seguramente se le verían espectaculares - desde que era niña deseaba vivir aquí.
-¿Hace tanto tiempo ? ¿Cómo es eso?
Me dirigió una mirada significativa y empezó a andar de nuevo. Era detestable que hiciera eso, segura de que yo la seguiría a donde sea que ella se moviera, como si yo fuera su perro faldero. De mala gana, adelante el paso para quedar junto a ella,
-cuando tenía 6 años, visitamos Tokio. Fue un viaje en coche que duró varias horas. Recuerdo cómo fue llegar y que desde entonces quise vivir aquí. Tokio tiene algo mágico.
La escuché atentamente, pensando en lo diferente que fueron nuestras experiencias de vida. Para mí, llegar a Tokio, fue dejar todo lo que teníamos a un lado, solo para instalarnos en una casa deplorable y que tenía ruidos por las noches. Aun no olvidaba como se me erizaron los vellos de los brazos la noche en que la abuela Kino realizo un "exorcismo" de un tal Tamegoro en el baño de la casa. Sacudí la cabeza para espantar el recuerdo. Me termine el capuchino, y tire en un bote de basura el residuo. Ahí iba la servilleta emborronada de número telefónico.
-¿Y tú? ¿Cuáles son tus metas? - pregunto simplista
- Ser un abogado exitoso y cobrar caros mis servicios - respondí con una sonrisa de medio lado, vi como ella arqueo una ceja dándome a entender que no estaba para bromas luego de haber compartido algo de forma sincera - si preguntas sobre qué haré luego de terminar la carrera, esa es la respuesta. Pero, si preguntas sobre lo que realmente me interesa, pues, digamos que a diferencia tuya, mis metas no están en Tokio.
Ella también tiró el vaso de plástico en la basura y se detuvo frente a mí, esperando a escuchar lo que tenía que decir. A Anna no les gustaban las respuestas a medias, o las decisiones sin motivos; no iba con su carácter pragmático. Suspiré resignándome a compartir mis planes con alguien que no fuera Yoh. Espere a que formulara la pregunta.
- ¿En dónde están?
- Fuera del país - anuncie sin darle importancia, calculé cuidadosamente mis palabras- No es mi sueño quedarme en Tokio o en Japón durante toda mi vida. Sabes cómo es. Existen oportunidades que voy a tomar para hacerme de un nombre.
- Hao Asakura, un hombre de ambiciones.
- Y recursos - puntualice.
Observe que detrás de ella estaba una tienda de discos decorada muy al estilo vintage, tenía playeras de bandas en la vitrina y algunos instrumentos. Señale con la cabeza aquel lugar y cambie el tema
-quieres entrar?
-si tú quieres - dijo restándole importancia.
Entramos, y la luz tenue del lugar le daba un ambiente íntimo. La tienda estaba bien surtida, incluso en un rincón tenía una mesa plagada de vinilos viejos. Anna no espero un segundo y se coló con paso decidido por los reducidos pasillos del local. Llegó hasta una exhibición de discos compactos y comenzó a revisar disco por disco en la mesa, para matar el tiempo.
Me dio oportunidad de observarla bien.
Allí de pie, entre la mesa que revisaba y un muro que exhibía mercancía de bandas de punk, Anna resaltaba. La rubia cabellera, que tenía recogida con una media cola de caballo y adornada con un broche rosa, acentuaba sus fracciones finas; usaba una playera negra que dejaba una porción de su abdomen al descubierto, junto con una falda plisada rosa y unos sneakers blancos. En su bolso, estaba la pañoleta roja que siempre cargaba consigo, amarrada coquetamente. Se veía realmente bonita.
Levantó la vista, y me observo a través de sus largas pestañas. Podría perderme en esos ojos que a veces eran color miel y en otros momentos parecían avellana. Note un tenue rubor en sus mejillas, justo antes de que frunciera el ceño.
-¡Deja de verme así!
- ¿Así como? - fingir inocencia
- como si estuvieras planeando cómo aprovecharte de mí.
- bella e inteligente, mi clase de chica - respondí, así que me acerqué a ver qué era lo que estaba buscando, una serie de CD, pasando de largo.
- ¿Buscas algo en particular?
- descubrir tus verdaderas intenciones. Es algo importante, ya sabes, para saber si debo lamentarme de haber dejado que me convencieras de venir.
-pensé que a estas alturas sabrías cuáles son mis intenciones
Apretó los labios en una fina línea, juzgándome con dureza por lo que contesté.
-no va a suceder - declaró. Y continuo checando los cd
Me reí por dentro, pensando en que podría hacer para hacerla enojar. Levantó un CD y lo observó detenidamente, leyendo el listado de canciones, observando la portada y admirándolo como quien descubre un tesoro; incluso su semblante cambió, iluminándose ante el objeto en sus manos. Estire el cuello para ver de qué se trataba y en la portada una mujer vestida extravagantemente y de tonos oscuros con una expresión de odio, "Ringo Awaya" se leía en la portada. Recordé esa cantante, estuvo de moda en los noventas y sus canciones deprimente nunca fueron algo que me gustase mucho.
- ¿Algo interesante? - le pregunte, tratando de ser indiferente, pero ella solo dejo el disco en su lugar.
- Nada importante.
Ahí estaba Anna, de nuevo actuando tan ruda y desinteresada. Se alejo y se puso a revisar los diferentes afiches y decoraciones de bandas que estaban en aparadores colgando de la pared. Yo tome el CD, dispuesto a comprarlo con el fin de ver su expresión cuando se lo entregará, estaba seguro de que no podría fingir disgusto luego de que duro tanto tiempo mirándolo.
Lo tome con la izquierda, solo para notar que justo detrás estaba un disco de Bob Soul. Suspire y también lo tome, ¡Que remedio! Si ya estaba de compras con regalos, igual podría gastar el dinero que llevaba en el bolsillo en cosas interesantes para las personas importantes en mi vida.
Me acerqué a la caja y Anna me alcanzó.
-No tienes que desperdiciar tu dinero en eso - me dijo, con los ojos abiertos de par en par, sus grandes pestañas dándole un aspecto inocente a su rostro. Si que era bonita.
- ¿Esto? - le dije, señalando a Ringo Awaya - estas equivocada. no es desperdicio: es una inversión. Así no podrás decir que soy un avaro cuando una chica me da su número de teléfono.
- Siempre viendo por ti mismo - afirmo, glaciar, pero en su boca colgaba una apacible sonrisa que procedía del halago.
- Así es, siempre busco lo mejor para mí mismo, es mi forma de ser.
- No podría esperar menos del maldito que me dejo encerrada toda una tarde en un cobertizo desvencijado.
Me reí ante su comentario. Por más que tratara de negarlo y de pensar en ella como una chica más, no lo era. No se parecía en nada a ninguna otra, y ella me divertida incluso con la escarcha de sus actos. Sus respuestas sarcásticas y mordaces le daban un alegría a mi día a día, eran una fuente de diversión que disfrutaba, y el principal motivo por el que le mandaba mensajes siempre que algo me la recordaba. Siempre respondía con un algún comentario acido.
- Todavía me lamento de no haber sido yo quien se quedó contigo en ese cobertizo. Hubiera sido toda una experiencia.
Anna puso los ojos en blanco, ignorándome.
- ¿Y ese otro? - preguntó cuando el joven marcó el precio del otro disco - No sabía que te gustaba el Bob Soul
- Lo detesto. Esto no es para mí; Es para el idiota de mi hermanito. Yoh tiene un pésimo gusto en música y un cd nuevo es la oportunidad perfecta para mofarme a expensas de sus gustos - le contesté.
- Terrible, eres una persona terrible - afirmó, asintiendo con la cabeza - no deberías mentir tan descaradamente. Un poco de honestidad no te haría daño.
- Que puedo decir, comienzo a creer que soy un mitómano - le respondí, tomando la bolsa de papel en que me entregaron las compras.
Al salir de la tienda, Anna dejó de ser tan cortante conmigo. Supongo que el regalo era algo que le gusto tanto que no podía mantener el acto de chica fría por más tiempo. Lo sabía, era cuestión de tiempo para que ella comenzará a acortar la distancia. Seguramente sentía algo pero no era capaz de permitírselo o de admitirlo.
A la distancia algo captó mi atención, una tienda tenía un terriblemente diseñado letrero de descuentos en la tienda, que por la mala ubicación se leía SASA LELE. Para mi sorpresa, Anna me dijo que quería ir a ese lugar y ver que había de ofertas. Apenas iba a comentarle sobre la terrible reprimenda que debieron darle al pobre incauto que se le ocurrió disponer de ese modo los letreros, cuando las vi.
Cerca de la escalera eléctrica estaba paseando una persona que conocía junto con sus dos amigas: Jun, Pirika y Tamao.
Giré la cabeza, solo para ver a una desprevenida Anna Kyoyama que aún estaba pegada a las vitrinas con publicidad mal colocada. Cierta sensación desagradable repto por mi pecho, en silencio, poniéndome sobre alerta. Las chicas no podían saber qué era lo que estábamos haciendo Anna y yo ahí, que íbamos en una cita, mucho menos dejarles saber que esa chica era la razón por la que había salido de casa desde temprano. La estúpida broma sobre los condones que Jun hizo y el modo en que le respondí regreso a mi memoria de golpe, para hacerme saber (de nuevo) que ser un fanfarrón no era mi mejor momento. Me llevé una mano a la frente, recriminándome lo imprudente y odiándolas por decidir salir de compras. "No podían quedarse viendo series toda la tarde" pensé.
Maldije todo lo que pude: el destino, la suerte, mi grandísima boca. Me acerqué a paso veloz hacia Anna y la rodee por la cintura, obligándola a andar hacia un pasillo de servicio que estaba cerca, ella comenzó a protestar en el segundo en que notó que el lugar de destino no era al que ella se dirigía.
- ¿Qué te pasa? – renegó, de tal manera que supe que mi pellejo estaba en juego.
-espera - le susurré mientras reviraba por una esquina del pasillo.
Mi mente trabajaba a la velocidad de la luz, haciendo cálculos y especulaciones sobre lo que sucedería. Si Keiko se llegaba a enterar de esto, incluso si es que por alguna suerte ignoraba la parte de la apuesta, sería el fin de todos mis planes y de las relaciones cordiales. Adiós al premio de la apuesta, a Anna y a mi futuro.
- Suélteme – me dijo en voz alta, me dio un golpe en el brazo – ¿A dónde me llevas?
- Rayos, Kyoyama, eso no importa
Clavó los talones en el piso y se safó de mi mano. Las chispas que lanzaban sus ojos fueron una advertencia, que pese a ser grave, no eran tan apremiantes como la necesidad de ocultarnos hasta que las chicas se esfumaran. Volví a mirar el pasillo, para determinar que hacer, si mentirle a Anna y lograr que se moviera; o buscar otros métodos quizás menos persuasivos pero si más efectivos. Pirika, Jun y Tamao se detuvieron un momento, cerca de la escalera eléctrica, admirablemente entretenidas y riéndose. Tamao, distraída, señaló hacia nuestra dirección y pude ver cómo las tres parecían estar de acuerdo asintiendo con la cabeza y a punto de ponerse en marcha.
A la fuerza tendría que ser.
Sujete a Anna fuertemente, y la obligue a regresar al pasillo de servicio que ofrecía un espacio perfecto para fungir de escondite. Usando mi cuerpo, procuré taparle la pasada de modo que no saliera y se topara con las muchachas. Ella parecía al borde de un ataque de ira, y no me resulto difícil imaginármela con guantes de boxeo y defendiendo un título de peso super pluma.
- Escucha, Anna – comencé a decirle, atropellando las palabras
- ¿Que te pasa, idiota? - renegó Anna
- Es lo que quiero explicarte
- No tienes derecho a tratarme así, pelmazo – me señalaba con el dedo índice, con una amenaza explicita en cada movimiento – estas...
Si las inquilinas tomaron la dirección que yo había deducido, entonces no era seguro volver a asomar la cabeza hacia el corredor principal. Esperando a escuchar a las chicas pasar o por lo menos poder verlas, mantuve a Anna atrapada entre la pared y mi cuerpo; agucé el oído lo más que pude procurando no llamar la atención. Pero las insistentes quejas de Anna eran un ruido infernal y constante que era todo menos discreto. Su perorata de insultos no me dejaba escuchar ni mis pensamientos; sin duda Pirika reconocería la voz de Anna si pasaba junto a nosotros…
- ¡Cállate! - le espeté. Perdiendo la paciencia.
El rostro de Anna enrojeció por el coraje, una vena palpitando en su sien era visible. Le iba a dar un derrame por el coraje que estaba haciendo. Quizás no debí haberle hablado así, pero no era el momento para cortesías inútiles. Mi mejilla escocía con el recuerdo de la poderosa izquierda de Anna.
- ¿Qué dijiste?! - exclamó, alzando la voz, me dio un empujón con ambas manos. Le temblaba la ceja.
- ¡Lo que oíste! Guarda silencio! - le repetí y retrocedí tres pasos, procurando que nos ocultase bien la luz. La mire suplicante, esperando que entendiera porque lo había hecho y cuan apremiante era que me siguiera la corriente y ocultarnos sin hacer más preguntas. Pero ella no me comprendió.
-¡Escúchame bien! Si crees que voy a aguantar esas cosas estás en un error - me espetó, furiosa, su voz era un graznido alto y agudo. -¡tu eres un grandísimo patán! ¡No puedes hablarme así! ¡Carajo!
No se callaba, a este paso era cuestión de segundos…
- ¡Piensas que puedes hacer lo que quieras conmigo porque soy una chica más en tu lista?
Rayos, estaba desesperado. Necesitaba una solución lo más rápido posible…
- ¡Pues te tengo noticias! ¡A mí no me tienes a tus pies, oíste! ¡Conmigo no funcionan tus encantos! –
Y situaciones desesperadas, requerían medidas desesperadas...
- Me estás escuchan…
Así que la besé… para hacer que se callará.
Y funcionó.
Un beso breve que tuvo el efecto esperado. Fueron solo un par de segundos, tras lo cual nos miramos en silencio.
Pero, fue suficiente para que olvidará la razón por la que la había besado en primer lugar.
La necesidad de tenerla entre mis brazos nublo mi mente, dictándome que debía tenerla entre mis brazos, una punzada que me exigía besarla y acariciarla. Un impulso que (caí en cuenta) reprimí por mucho tiempo, en especial ese día. Cerré los ojos, respirando hondo, ignorando el impulso. Y cuando los volví a abrir, Anna me observaba atentamente. Nuestras miradas fijas. Seguía sintiendo ese temblor en mi cuerpo, pero no era adrenalina o preocupación; era como un aleteo dentro de mi pecho, como un ave que cantaba que no la dejara ir nunca.
La recorrí con la mirada, solo para caer en cuenta de que tenía a Anna contra la pared. Su cintura en mis manos, su pecho contra el mío percibía como su respiración estaba agitada, además de observarme atentamente con sus grandes ojos ámbar, como si tratara de entender algo; del mismo modo que yo trataba de comprender esta sensación. Mi corazón latía fuertemente…
"Maldición" pensé para mis adentros, en el instante en que supe que había perdido la cabeza por ella y que no podría contenerme ni un segundo más.
Así que la besé, al mismo tiempo que deslizaba mi mano por su cintura hasta llegar a sus muslos y buscar la tersa piel que estaba bajo el borde de su falda.
Hola! Mucho tiempo!
Juro que no abandone este fic. Mas bien fui víctima de no saber como escribir este capítulo. Tenía muchas ganas de escribirlo y muchas ideas en la cabeza. Hice como tres borradores de este capitulo y cada vez era algo que no terminaba de encajar. Siempre había algo que faltaba o que era "demasiado". Pero, al menos hice un capitulo extra largo para compensar ji ji... Bueeeeenoooo...
Al final, tuve que hacer la cita en dos partes. No te preocupes, el siguiente capitulo ya lo estoy editando.
En fin, espero haber cumplido con las expectativas y que haya sido de su agrado. Déjame tu comentario para saber que pensaste.
