Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.
Capítulo 3
En algún lugar entre la sección de carnes y de farmacia, el móvil de Edward suena. Cuando le echa un vistazo al número, pone los ojos en blanco y se despide rápidamente, pero promete verme pronto. Lo escucho contestar la llamada mientras se aleja, pero hago todo lo posible para no escuchar a escondidas.
Tomo el resto de lo que necesito, y demasiado pronto me encuentro estacionando en la casa sin siquiera recordar cómo llegué allí. Es como si me encuentro en mi pequeña burbuja.
Cuando entro en la casa, dejo las bolsas de las compras junto a la puerta y me quito los zapatos. Me sorprendo cuando paso por el espejo del pasillo. La mujer que me mira a través del reflejo se parece a mí, pero es mucho más bonita. Rose hizo un trabajo increíble con el cambio de imagen. No es de extrañar que Edward está interesado.
Una pizca de duda me invade cuando me doy cuenta de que, si esto funciona, él me verá por quién realmente soy en algún punto. No soy este tipo de chica que demanda mucho mantenimiento, usa tacones altos, y tiene reflejos en el cabello. Soy Bella, la chica que usa una coleta y zapatillas.
Lo saco de mi mente y decido simplemente ir por ello de todas formas. Si Edward se marcha a la primera señal de una zapatilla para correr, entonces él no vale la pena.
Lo cual me recuerda que necesito lentes de contacto nuevos, de lo contrario usaré mis anteojos el fin de semana, y, bueno, eso simplemente no es sexy.
—Hola, mamá —me saluda Ellie cuando doy la vuelta a la esquina desde la entrada. Coloco las bolsas sobre la encimera de la cocina y procedemos a guardar la compra.
Le sonrío a mi hija y salgo de esa mentalidad con baja autoestima. Charlamos sobre su primer día de clases y sobre sus profesores. Me cuenta sobre el Sr. Cullen, su profesor de literatura que, a pesar de ser viejo —sus palabras, no las mías— es "super sexy".
Me río pero no digo nada sobre la posibilidad de que su profesor sea mi cita, pero sí le digo que voy a salir el sábado.
Sus chillidos de emoción mientras da saltitos me llenan de entusiasmo y me relajo un poco ante la idea de seguir adelante.
También me doy cuenta que no he tenido una cita en años. Alec fue el primer y único chico con el que salí.
Paso el resto de la semana en una feliz negación y los nervios lentamente me invaden mientras más nos acercamos al sábado por la noche.
El sábado por la tarde, llamo a Rose para que me ayude a calmarme y entonces recuerdo que con toda la energía nerviosa y la vida que pasa a mi alrededor, me he olvidado de mis estúpidos lentes de contacto.
Después de ducharme, depilarme y pulirme, recojo mi cabello en un moño sexy y dejo que varias mechas suaves enmarquen mi rostro. Entonces, por sugerencia de Rose, me pongo una falda corta negra, exponiendo mis largas piernas, y la combino con un suéter blanco de cachemira escotado.
Uso poco maquillaje, solo me aplico máscara de pestañas y lápiz labial de un tono rojo intenso. De acuerdo con todos, me veo jodidamente sexy.
Escojo un par de tacones color rojo intenso que sutilmente combinan con mi lápiz labial y le sonrío al reflejo que veo en el espejo de cuerpo entero en mi habitación.
—Mierda, mamá. ¡Te ves sexy! —grita Ellie desde el pasillo.
Me doy la vuelta justo mientras ella entra a mi cuarto.
—El vocabulario, Ellie. Y gracias, cielo. —Sonrío a pesar que quiero regañarla por sus modales, pero realmente no hay mucho que pueda decir al respecto.
Tomo mis anteojos de montura negra, me los coloco y echo otro vistazo al espejo.
—¿Esto es demasiado? —le pregunto a Ellie, haciendo contacto visual con su reflejo.
Ella sonríe.
—En verdad te ves bien, mamá. Estaría loco si no le gustas.
Suena el timbre, recordándome que esta mierda se está volviendo real. Tengo una cita. Esta noche. Con un hombre atractivo. Quién es más que posiblemente el profesor de mi hija.
Santo cielo.
—Yo abro, mamá —dice Ellie mientras sale del cuarto. Puedo oírla bajar las escaleras, creo que ella podría estar igual de emocionada por esto como yo.
Respiro hondo por última vez y camino por el pasillo.
Desde donde me encuentro, puedo escuchar a Ellie y a Edward hablando. Él es su profesor, después de todo. Sus palabras sobre que él es viejo y sexy resuenan en mi cabeza, haciéndome sonreír y sacudir la cabeza.
Mi hija ciertamente es impresionante, y simplemente la adoro.
Bajo los escalones uno a la vez con cuidado, y cuando levanto la mirada, puedo ver los ojos de Edward fijos en cada milímetro de mi cuerpo. Mi respiración se entrecorta y me aferro al barandal, la intensidad de su mirada es palpable en el pequeño pasillo.
—Hola —digo y sonrío cálidamente.
Él me devuelve la sonrisa.
—Hola. No sabía que eras la madre de Elisabeth —dice.
Mi expresión se cae y bajo la mirada a mis manos, las cuales están retorciéndose frente a mí. Creo que he arruinado las cosas por completo.
Quizás él no sale con madres solteras.
Quizás no sale con las madres de sus estudiantes.
Quizás solo debería olvidarme de todo esto, él obviamente está muy fuera de mi alcance, no hay manera que esto pueda funcionar.
Edward da unos pasos y se detiene frente a mí.
—¿Bella? —Levanto la mirada para encontrarme con sus ojos—. Está bien —dice suavemente—. Nos dará algo de qué hablar si no se nos ocurre algo más.
Su sonrisa es burlona y sus ojos están transmitiendo algo, ¿comprensión? No sé qué es exactamente, pero me ha atrapado y no quiero darme por vencida todavía.
Suelto un suspiro de alivio.
—¿Estás seguro?
Extiende su mano, pidiendo la mía sin decir una palabra.
—Por supuesto.
Ellie suelta unas risitas y se va a la cocina mientras masculla sobre personas "viejas". Necesitaré hablar con ella sobre eso mañana.
Edward y yo salimos de la casa y me río cuando abre la puerta del pasajero para mí.
—Tan caballeroso —comento. Él sonríe y sacude la cabeza antes de cerrar la puerta.
Lo observo caminar alrededor del frente del coche. Por primera vez, soy capaz de mirarlo por completo. Es alto y delgado, pero no flaco. Sus hombros anchos, presumidos en un suéter tejido gris con cuello V, se estrechan muy bien en las caderas. Sus pantalones de vestir negros se ajustan perfectamente a su trasero, haciéndolo lucir redondo y perfecto. Mis dedos se flexionan ante la idea de que quizás pueda pasar mi mano contra este. Más tarde. Quizás.
Viajamos en silencio, no es un silencio incómodo, simplemente es un ambiente agradable con música de la estación de radio local de fondo. No estamos yendo lejos, de todos modos, y en realidad, estoy grande para llenar el vacío con charla. Si ya necesitamos llenarlo, bien podríamos terminarlo aquí. Lo cual no hacemos, y estoy bastante agradecida por eso.
Edward me mira de reojo y sonrío tímidamente cuando encuentro su mirada. Sus orejas enrojecen al ser atrapado mirando, y diablos si no es la cosa más adorable.
Estaciona el coche al frente del restaurante local de comida china, y gira en su asiento para mirarme.
—¿Esto está bien?
Asiento.
—No he salido en... bastante tiempo. Esto es perfecto —admito tranquilizadoramente. No quiero decirle de inmediato que han pasado casi quince años desde que he tenido una cita. Eso me puede hacer sonar un poco desesperada o entusiasmada. No queremos eso.
—Espera, ¿de acuerdo? —Edward me saca de mis pensamientos, sale rápidamente por la puerta del conductor y camina alrededor del frente del coche.
Me río cuando abre la puerta para mí y me pide la mano.
—No tienes que hacer eso, ¿sabes? —Sacudo la cabeza y lo miro a través de mis pestañas.
Edward se encoge de hombros, sus ojos iluminados.
—Lo sé, pero quiero hacerlo.
No se me pasa desapercibido que él no suelta mi mano mientras caminamos hacia la entrada.
Mi mano encaja muy bien en la suya y estoy sorprendida de que la mía no esté asquerosa y sudada. Quizás sea la edad. De hecho, eso tiene mucho sentido. De ninguna manera hubiera salido con un hombre como Edward cuando era más joven.
Ahora que siento que me he convertido en quién soy, ¿por qué él no querría estar conmigo? Soy un gran partido, demonios. Resoplo ante mis pensamientos internos. Tratar de levantar mi autoestima mientras me encuentro en una cita con quien podría ser el santo grial de la especie masculina me está poniendo muy nerviosa.
Esto no puede ser tan malo, ¿cierto?
