1. LA PETICION

Si me hubieran dicho hace más de una década que mi vida sería justo como ahora, quizás no hubiese sido fácil de creer.

Llegué a perder la cuenta de las veces que deseé volver a estar junto al calvo y a Kamui, de intentar volver a ser una familia, aunque mami ya no estuviera.

Por mucho tiempo eso parecía imposible, sentía que cada día que pasaba nos distanciábamos más.

Aunque las situaciones de mi vida propiciaron mi estadía en la Tierra, sabía que en ese momento mi padre no se quedaría conmigo. Mucho menos, yo dejaría mi nuevo hogar en este planeta para irme con él.

Tuvo que pasar varios años para ver aunque sea un poco de nuestra relación familiar renovada. No fue un cambio drástico, instantáneo. Sin embargo, todo fue mejorando de una manera sutil y gradual.

Aunque no lo parezca, amo ser quien soy: Una Yato. Me agrada la idea de ser una orgullosa guerrera, muy difícil de vencer.

A veces quisiera lograr más, pero por ahora sólo llevo una vida tranquila con Gin chan, Shinpachi y Sadaharu.

Tengo un techo, comida, un trabajo y lo más importante, amigos que son como mi familia aquí en la Tierra.

Ha pasado algo de tiempo desde la última vez en que vi al viejo y a mi hermano. No mucho, la verdad. Luego de que este planeta casi terminara destruido tras nuestra última gran batalla, ellos partieron a seguir con su travesía por el espacio. Cada quien en lo suyo. En algunas cartas pude saber que habían unido fuerzas en ocasiones.

Actualmente no me hace falta nada, aunque no dejo de pensar que extraño también a los de mi sangre. Sería divertido verlos, conocer más de ellos, luchar nuevamente a su lado y ¿por qué no? Aprender algo de ellos.

Nunca se los diría, son los Yatos más fuertes que conozco. No hay nadie como ellos, aunque obviamente yo no me quedo atrás y tampoco pretendo estancarme. Los quiero y además, los admiro.

Una vez escuché que nuestros padres son quienes mejor nos conocen, pueden intuir si algo nos pasa o nos preocupa, como un sexto sentido que viene intrínseco con la paternidad.

La verdad nunca pude comprobar eso. Quizás si mami aún estuviera conmigo sería quien más me conociera, mi confidente y mi mejor consejera. Aún así, me ha tocado aprender con la experiencia propia, a los golpes. Bruscamente.

Mientras medito en todo esto y recuerdo tantas cosas, llego finalmente a casa. La Yorozuya hoy está tranquila, sólo tuvimos un cliente en la mañana y ahora estamos libres. Shinpachi había regresado con anego y Gin chan había ido al pachinko, como de costumbre. Sadaharu se encontraba dormido en medio de la sala.

Pude ver algunos sobres en la mesa, al parecer había llegado el correo durante mi ausencia. Me dio curiosidad y luego de cambiarme, me senté a revisarlos.

Todo era aburrido, no conocía a casi nadie y el resto eran cuentas por pagar. Sólo un sobre llamó mi atención, justo cuando vi el remitente. Mi rostro de seguro debe haberse iluminado. Extrañaba mucho a papi y saber de él me causaba una fuerte emoción.

Abrí el sobre y saqué el papel, esperando tener buenas noticias. Sadaharu despertó y se sentó cerca de mí, para luego seguir con su siesta.


Querida Kagura

No sabes lo mucho que te extraño, quiero empezar mandándote un saludo y un cálido abrazo.

He estado pensando mucho últimamente en ti. No se cómo explicarlo, tenía la inquietud de saber de ti y cómo estabas. Se que quizás te extrañe, pero quiero que sepas que puedes confiarme cualquier cosa, aquí estoy para ti.

En fin, quería aprovechar también para hacerte una propuesta. Se que ahora llevas una vida normal en la Tierra, pero pensé que quizás podrías tener un tiempo libre y tomarte unas vacaciones conmigo.

No se qué opinas. Me agradaría viajar contigo por el espacio, conocer nuevos planetas y luchar a tu lado. Hay muchas cosas que me gustaría que vieras y conocieras, así como yo lo he hecho a lo largo de mi vida.

No sólo estarías conmigo, si quieres podrías ir de vez en cuando con Kamui, Abuto y los demás. No te estoy pidiendo que dejes la Tierra permanentemente, sólo un tiempo. Aunque si desearas quedarte con nosotros, tampoco me quejaría.

Piénsalo y si tu respuesta es sí, entonces escríbeme. Estaré esperando tu carta esta semana. La siguiente partiré en una nueva misión.

Me despido con un abrazo y deseándote mucha salud

Umibouzu


Luego de leer eso, me quedé pensativa. Una parte de mí deseaba aceptar la invitación de papi, pero tampoco quería quedar mal con Gin chan. Tendré que pensarlo estos días muy bien.

Hablaré con ese tonto permanentado más tarde, sólo espero que no regrese todo borracho. Suspiré y me levanté para tomar un baño, trataré de mantenerme ocupada mientras espero a mi compañero de casa para conversar con él.


...

- ¡Gin chan, al fin llegas!... Espero no hayas bebido mucho.

Kagura había aguardado por varias horas. Ya era tarde y estaba cansada de esperar, por lo que su humor no era el mejor.

- Sólo un par de tragos... Perdí casi todo lo que llevaba.

- No se por qué sigues perdiendo el tiempo... No tienes buena suerte en eso.

- ¡Déjame en paz, mocosa irrespetuosa! Eso es sólo una distracción... A todas éstas ¿por qué tan molesta?

¿Estás en esos días del mes en que te enojas por todo?

- ¡He estado esperándote para hablar algo contigo, idiota!

- Escúpelo. Hablémos de una vez, quiero tomar un relajante baño.

- Bien... Escucha permanentado, el calvo me escribió una carta hoy. Me ha pedido que viaje con él un tiempo por el espacio. Al parecer quiere pasar una temporada conmigo. No sé cuánto dure ese viaje, sólo quería saber tu opinión.

- Eh... Bueno, ya eres casi una adulta. Puedes decidir qué hacer. Se lo mucho que te gusta este lugar, pero también entiendo que tienes tu propia familia de monstruos. Es normal que ese viejo quiera pasar un tiempo contigo.

- ¿No te molesta? Digo, tendría que dejar la Yorozuya temporalmente.

- Uhmm... No, creo que Shinpachi y yo estaremos bien mientras no estás. Si deseas viajar, hazlo. Aprovecha tu juventud, mocosa. Quizás puedas aprender algo.

- Bien, supongo que no es mala idea ¿Debo llevar a Sadaharu conmigo o lo dejo a tu cuidado?

- Ni idea... Aunque sería un alivio no tener que limpiar su mierda descomunal o tener que aguantar que me arrastre cuando lo saco a pasear.

Kagura estaba indecisa. Le encantaría tener la compañía de su amigo canino durante su viaje, pero temía que le pasara algo. No quería arriesgarlo, mas aún después de todo lo que pasaron para traerlo de vuelta hace un tiempo.

Durante su primer viaje en solitario por muchos planetas intentando revertir el estado de Sadaharu, no pudo disfrutar tanto como hubiera querido en otras circunstancias. Su única preocupación era poder lograr su objetivo, aunque al final ese viaje no le ayudó a alcanzarlo.

- Dejaré a Sadaharu. Espero que lo cuides bien Gin chan.

- Bien, como quieras. ¿Eso es todo?

- Por ahora sí. Si quieres ve por tu baño, apestas. Tengo que escribir la respuesta al calvo.

Luego de escribir su respuesta, Kagura no podía evitar sentirse algo emocionada. A sus 17 años se embarcaría en una nueva aventura, aunque no como parte de su amada Yorozuya, esta vez sería con su padre. Lo que una vez soñó de chica, se cumpliría finalmente.

...

Unos días después la Yato de cabellos naranja salió, luego de recibir nueva correspondencia de parte de su padre. Este le había mandado algo de dinero para su pasaje hasta el Planeta Sirius 9, así como algunos detalles sobre su viaje. La chica compró su boleto y luego decidió ir de compras.

Un par de horas después, terminó de conseguir lo que buscaba, algo de ropa y uno que otro artículo para su viaje. Ya estando algo cansada volvía a Kabuki cho, aunque pensó en detenerse por algo de comer al pasar por un pequeño restaurante.

El olor de la comida que salía al exterior le pareció maravilloso y tentador. No lo pensó dos veces y entró al lugar. Caminó sin prestar mucha atención y se sentó en la barra, mientras veía el menú que colgaba de la pared de enfrente.

Pidió un tazón de ramen y esperó pacientemente, cuando un extraño sonido a su izquierda interrumpió su momento de tranquilidad.

Pidió un tazón de ramen y esperó pacientemente, cuando un extraño sonido a su izquierda interrumpió su momento de tranquilidad

Volteó rápidamente, viendo con atención lo que producía ese ruido y una vez más su estómago se revolvió. Ya un par de ocasiones en el pasado lo había visto hacer lo mismo y era muy extraño para Kagura.

- ¡Mayora!... - El tipo había estado muy concentrado en su comida. Iba casi por la mitad y estaba exprimiendo una vez más su botella de mayonesa casi en su totalidad.

- ¡Ah, China!... Qué raro verte por aquí.

- No le veo lo raro. Lo que si es extraño es ver la cantidad de mayonesa que le pones a ese pobre ramen. Aún no me acostumbro. - Dijo Kagura, poniendo una cara de disgusto.

- Ja! Una persona de paladar simple nunca comprenderá el exquisito efecto de este condimento... Funciona para todo, hasta con el café.

- Sí, claro. Señor de paladar sofisticado. Tal parece que en vez de tirar la ceniza de tus cigarrillos, te la has tragado. No es normal que tomes hasta el café con mayonesa.

- Es un vicio que no le hace daño a nadie... No seas tan quejumbrosa.

- Señorita, aquí tiene. Buen provecho. - Kagura posó su vista en ese hermoso platillo frente a ella. Poco tiempo después, había terminado y ahora pedía una porción más.

- Para ser tan joven, eres un pozo sin fondo.

Y así vienes a criticar mi manera de comer.

- Cállate, Mayora... - Kagura se sintió ofendida, si había algo que no le gustaba que criticaran, era su amada comida y su forma de ingerirla. - ...Todos los Yatos tenemos un gran apetito. Eso es normal en mí.

- Cierto, lo olvidaba... ¿Desde cuándo la Yorozuya no se mete en problemas? - Preguntó el hombre, desviándose un poco del tema.

- Desde hace mucho, todo va bien... Tonto.

¿Y en tu Shinsengumi? ¿Siguen siendo los mismos ladrones de impuestos?

- Insolente... - El chico suspiró, pareciendo ya resignado y acostumbrado a la actitud de la chica.

- ...Muy normal, la verdad. Algo aburrido diría yo. - Hijikata terminó su comida y ahora tomaba de su vaso.

- Parece que saqueaste alguna tienda. - Dijo señalando las bolsas de la chica.

- Eh... Bueno necesitaba comprar algunas cosas necesarias para mí viaje.

- ¿Vacaciones?

- Algo así... Me iré un tiempo con el calvo. Dejaré la Yorozuya y la Tierra por una temporada.

- Vaya... No pensé que harías algo así. Por lo que he visto se que te gusta mucho la Tierra y estar con ese holgazán borracho y el cuatro ojos.

- ¿De cuando a acá me prestas tanta atención, Mayora? - Kagura dejaba a un lado su plato vacío y pedía un tercero, mientras cruzaba su pierna sobre la otra. Dicho acto no pasó desapercibido por el hombre a su lado.

- No te creas tanto, niña china. Sólo soy observador, además he tenido que lidiar con muchos de sus desastres varias veces. Es normal que los conozca un poco.

- ¿Cómo que niña?... En unos meses tendré 18. Más respeto, esta "niña" podría romperte todos los huesos ahora mismo, si quisiera.

- Debes ser muy popular con los chicos... - Dijo él sarcásticamente, mientras ahora encendía un cigarrillo.

- Ni idea. - Respondió ella con una sonrisa. Aunque entendió su sarcasmo, la verdad era que no tenía conocimiento si era atractiva para el sexo opuesto. Hasta ahora no había sabido de nadie interesado en ella.

- Pues, si sabes de alguien adviértele lo mucho que comes y gastas en ropa. El pobre quedará en bancarrota desde el inicio.

El pobre quedará en bancarrota desde el inicio

- ¡Estúpido de fleco en V! Te lo arrancaré.

- Bueno, espero que tengas un buen viaje. Yo me retiro.

- Gracias. Aunque me asqueaste con tu mayonesa no fue tan malo conversar contigo, Mayora.

- Igual. - Hijikata pagó su cuenta y salió de la tienda, mientras movía su mano en modo de despedida.

Kagura lo miró algunos segundos hasta que ya no fue visible. Era la primera vez que tenía una charla tan amena con él.

El toque que hizo todo más agradable fue la deliciosa comida. Pronto el sabroso ramen le hizo olvidar el desagradable momento con la mayonesa. Sin embargo, esperaba algún día volver a encontrarse con el subcomandante y compartir un momento igual al de ese día.

Hijikata se sentía igual, aunque no le pareció algo descabellado,. Después de todo, habían compartido en varias ocasiones anteriores de locuras, aventuras y peleas.

Aunque quizás no eran los que más habían interactuado o sido tan cercanos, Kagura no le parecía tan desagradable. Pensó que la conversación que mantuvieron había fluido naturalmente, sin nada raro, ni insultos o actitudes irritantes, más que su típica manera de expresarse.

Era una lástima, lo más probable es que ese evento no volviera a repetirse, quien sabe en cuanto tiempo. Tal vez nunca.

El hombre suspiró, desechó la colilla del cigarrillo que tomaba entre sus dedos y finalmente iba de regreso a su cuartel tras su almuerzo, mientras ajustaba su katana en el cinturón de su uniforme.