5.3
La temperatura empezaba a ser más agradable. La primavera empezaba a hacer aparición y a llenar de flores los jardines de Londres. Harry sintió que el sol de la tarde le cegaba realmente cuando vio aquel reflejo platino junto a la enorme fuente de la plaza junto al Ministerio.
Draco miraba al agua pensativo y a Harry le dio un vuelco en estómago. Sin duda estaba ahí para darle una respuesta y tras casi seis meses sin noticias suyas estaba ansioso de saber a qué atenerse. Fuesen buenas o malas noticias, al menos estaba ahí con su respuesta. Se había preparado para ambas y estaba dispuesto a afrontar el rechazo.
Se acercó a él.
— ¿Buscas algo? — preguntó Harry al llegar a su lado.
— ¿Alguna vez te has fijado en las gotas de agua? Se adaptan a lo que les venga, se separan, bailan y se vuelven a unir, pase lo que pase siempre se reúne de nuevo, es su tendencia natural. Simplemente fluyen y esperan.
Harry miró el agua de la fuente salpicando como siempre hacía. No entendía aquella reflexión, simplemente esperó a que Draco terminara de hablar pero al ver que no decía nada más volvió a preguntar.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
— ¿No es obvio?
Estaba críptico hoy y sólo se ponía así cuando se sentía inseguro de lo que estaba haciendo. Pensaba que aquella manía adolescente se le pasaría pero ya veía que no. Harry tuvo ganas de molestarle por eso, pero su sentido común le dijo que fuese precavido.
— A riesgo de sonar prepotente supongo que has venido a buscarme, porque imagino que esta fuente no tendrá gotas de agua especiales para la meditación — bromeó Harry intentando poner un poco de humor.
Draco se giró y le miró por fin. Sintió que el mundo tenía un color diferente. La luz del atardecer le daba a sus ojos un tono anaranjado que contrastaba con el frío gris dandole una cercanía que a Harry le hizo sentir en casa.
— Ya ha terminado todo, Harry. Lamento haberte hecho esperar y…
— Espera, ¿terminado?
La respuesta de Draco fue mirarle, asentir y volver su vista al agua. Harry vio que se le saltaban las lágrimas.
Harry le miró y le abrazó con fuerza.
— Tranquilo, Draco, estoy aquí — susurró en su oído.
— Vamos a cenar y te lo cuento, ¿quieres?
— Por supuesto — aceptó Harry sin soltarle.
Draco le contó que inicialmente había intentado aceptar la propuesta de Astoria de dejarlo todo atrás pero era muy evidente que ella ya no podía volver a la normalidad. Le guardaba un enorme rencor a Draco por lo que había hecho y sumado a su enfermedad cada vez tenía menos ganas de nada. De perdonarle entre otras cosas.
Le reprochó constantemente que tuviera que pasar por eso precisamente ahora, pues ella tenía claro que no le quedaba mucho tiempo. Como a los otros miembros de su familia que habían heredado la maldición.
— Scorpius salió del colegio y vino a casa cuando empezó a pasar más tiempo dormida que despierta. Está destrozado y también me culpa como ella.
Harry no era capaz de decir nada. Estaba conmocionado. La culpabilidad le devoraba.
— Unos días después de Navidad ya no despertó más.
Los ojos de Draco se inundaron de nuevo. Harry se levantó y se acercó a él para abrazarle.
— Lo siento mucho, de verdad.
— Gracias — murmuró contra su capa.
Cuando Draco se calmó un poco volvió a su sitio y trató de recuperar el ánimo.
— ¿Cómo está Scorpius?
— Al día siguiente se fue de casa y sé que volvió a Hogwarts. Creo que me odia.
— No creo que te odie, pero esto debe ser igual de complicado para él y necesita buscar culpables.
— En fin. ¿Y tú qué tal?
Harry removió su postre.
— La situación en mi casa ahora mismo es muy confusa. No estoy muy seguro de lo que está pasando entre mi mujer y yo.
— ¿Y eso?
— Ella está distante, como si siempre tuviera la mente en otra parte.
— ¿Sospechas algo?
— No lo sé, Draco. Estos meses he estado preocupado por ti, por mi situación familiar y por los partidos del equipo. Siento que todo es caótico a mi alrededor.
— Tómate tu tiempo, Harry. Mientras tengas claro lo que deseas y seas justo con tus acciones yo estaré aquí. Te pedí paciencia, así que no puedo darte menos a cambio.
Harry asintió.
— Te lo agradezco. Pídeme cualquier cosa que necesites, ¿vale?
— Lo haré — dijo Draco con una sonrisa apagada.
Esa noche volvió a casa mucho más tranquilo de lo que había estado en semanas. Ya planificaba cómo haría a partir de ahora para verle o incluso cómo le diría a Ginny llegado el momento que las cosas no iban bien y que sería mejor dejarlo. También quería contarle lo de Astoria. Estaba hecho polvo.
Pero no entraba en sus planes lo que encontraría al llegar.
La casa estaba iluminada con velas encantadas suspendidas en el aire, con un ambiente íntimo. Sonaba una música agradable de fondo. Se asomó a la cocina cuando llegó pero no vio a su mujer. De pronto se temió lo peor. Pasó de largo y llegó hasta su cuarto, donde escuchó que la ducha se cerraba.
No se podía creer que lo que estaba imaginando fuese cierto. Un montón de pétalos de rosa sobre la cama… entonces ella salió del baño envuelta en una toalla con el pelo húmedo. Se asustó cuando le vio y cerró rápidamente la puerta tras de si.
Ocultaba algo, ya no había duda.
— ¡Harry! ¡Has vuelto temprano!
— ¿Qué es todo esto, Gin?
— Esto pues…
La chica se avergonzó y él ya no pudo seguir mordiéndose la lengua.
— ¿Hay alguien en el baño? — preguntó intentando esquivarla para abrir.
— ¿Qué? ¡No! — respondió poniéndose en medio de la puerta. — No entres, por favor.
— ¿Que no entre? ¿Y por qué no puedo entrar al baño de mi propia casa? — sin darse cuenta elevó el tono.
Una cosa era que ella estuviese haciendo a saber que y a saber con quién y otra que lo estuviese haciendo en su propia cama. Apartó a Ginny molesto y abrió la puerta esperando ver…
— ¿Qué es todo esto? — preguntó Harry confundido. El baño estaba lleno de pociones y ropa desordenada. Todo desordenado pero sin rastro de nadie más.
— ¡Te dije que no entraras!
— ¿¡Por qué?!
— ¡¿Porque también es mi casa y tengo derecho a la intimidad?! ¿Que si había alguien? ¿Qué te pasa en la cabeza? ¿Piensas que te estoy poniendo los cuernos? ¿Estás desconfiando de mi? Esto es increíble… — dijo dirigiéndose como una hidra a su habitación.
Harry no sabía qué decir. Se sentía estúpido por haberse dejado llevar y haberle soltado esa acusación así de golpe. Por pura vergüenza se quedó en la puerta observando a la pelirroja ir de un lado a otro de la habitación como una furia. Lanzando ropa y cosas aleatorias con frustración. Hasta que se detuvo y le miró.
— ¡Eres un maldito estúpido! Estaba preparando una noche especial para nosotros, después de tu última torpeza, y lo mejor que se te ocurre es que te estoy engañando. Te pasas la vida fuera de casa, con tus partidos y tu trabajo y no desconfío de ti pero si soy yo la que trabaja y está fuera soy infiel. No me esperaba esto de ti, Harry.
— Lo siento, Gin. He metido la pata, no quería decir eso.
— ¿Ah, no? ¿Y qué querías decir entonces? ¡Venga, explícate! — dijo acercándose y acusándole con un dedo.
— ¡Yo qué sé, Ginny! ¡No sé qué pensar! De repente no vienes a casa, de repente te quedas aquí todo el día, te llevas a nuestra hija sin contar conmigo para los planes… ¿Y quieres que simplemente no piense nada? — dijo Harry empezando a alterarse.
— ¿Pero tú estás mal de la cabeza? ¿Me estás echando en cara que pase tiempo con mi hija? Esto es lo único que me faltaba — dijo ella tapándose los ojos. — ¿Se te ha ocurrido en algún momento hablar y preguntarme?
La conversación siguió sin ninguna conclusión. Salió el tema del sexo y Ginny de pronto cambió de actitud y se tiró en sus brazos. Besándole con exigencia. Tirándole del pelo con frustración, empujándole para arrojarle a la cama.
Entonces el mundo se dio la vuelta.
De repente, acostarse con su mujer, estaba mal. Su cabeza funcionaba a toda velocidad tratando de poner sentido y lógica a las cosas pero ella parecía desatada. Ella le inmovilizó las manos con un hechizo y le tapó los ojos. A horcajadas sobre él y sin mediar palabra le acarició incluso de manera violenta.
No podía quitarse la sensación de estar traicionando a Draco. Imaginaba su cara si le viera ahora mismo.
¿Lo entendería? Definitivamente no quería que le viera. No se lo contaría. No después de la conversación de antes.
Sentía a Ginny esforzándose por darle placer pero su mente no desconectaba, lo que provocó que de repente aquello se quedara inerte una vez más. Ella se detuvo. Sintió que se quedaba sentada a su lado, mientras él se sentía expuesto, con su vergüenza a la vista y sin poder cubrirse, pues ella no le había soltado las manos ni destapado los ojos.
— Ginny, por favor, suéltame… — pidió con amargura.
Ella le quitó la venda de los ojos pero no le soltó. La vio desnuda, despeinada con el pelo húmedo todavía y llorando mientras se levantaba de la cama. Se agachó a coger algo de la ropa que había arrojado al suelo durante el enfado y sintió lástima.
Ver su cuerpo delgado salpicado de pecas que siempre le había gustado tanto y no sentir nada más que lástima fue la prueba definitiva de que los sentimientos por ella se habían esfumado.
— Me voy a casa de mis padres — dijo antes de salir por la puerta.
Era un patán y un cobarde. Y no le había podido contar lo de Astoria.
Una semana más tarde ella volvió a casa. Al principio estuvo distante y silenciosa pero unos días más tarde le había pedido hablar.
Había llevado las riendas de la conversación. Le había explicado su punto de vista de lo que le había molestado y le había preguntado a Harry por su parte. Él aprovechó y expuso sus temores, sus sentimientos cuando había estado ausente durante tanto tiempo y otros asuntos que habían terminado alejándole de ella. Ginny se había disculpado y había sido sincera. Le había confesado entonces que si que había estado interesada en una persona de su ámbito laboral. Que efectivamente había estado viajando y pasando tiempo con esa persona pero que nunca había llegado a serle infiel.
Así que sus miedos habían estado fundados pero no acertados del todo. Le aseguró que después del verano anterior había recapacitado y había cortado con aquella situación con intención de recuperarle a él y su vida familiar, pero la frustración de ver que podía haberle perdido la tenía confundida sobre qué hacer para solucionarlo.
En ese momento había visto de nuevo a la mujer de la que un día se enamoró.
— ¿Te enteraste de lo de Astoria? — aprovechó para preguntarle, sacando el tema de Draco.
— Si, el rumor llegó a la redacción pero consideré que lo mejor era que fuese su marido quien te lo contase.
Aquello no tenía sentido para él, pero ella debía estar acostumbrada a guardar secretos de editorial e información no contrastada. Se lo pensó un poco y empezó a contarle:
— ¿Sabes? Quizá esto te suene a locura pero Draco y yo estuvimos juntos la última época de Hogwarts. Prácticamente desde que volví al castillo tras destruir los Horrocruxes, apenas fueron unos días pero…
— ¿Qué? ¿En serio? ¿Y nunca me dijiste nada…?
— La verdad es que yo era el primero que quería olvidar aquello y casi lo había conseguido hasta que volví a verle en King Cross el día que Albus se fue a Hogwarts por primera vez.
— Por eso estabas tan extraño…
Harry asintió. Le confesó que se había tenido que extraer los recuerdos para no cometer un error y que aquello había sido una buena solución. Omitió sin embargo todo lo que vino después.
Había una línea muy fina que separaba la confianza de uno y otro y le había contado hasta donde podía saber sin implicar a Draco.
Afortunadamente ella debió entender que todo había quedado ahí y que ahora simplemente se llevaban bien y disfrutaban de pasar tiempo juntos. Aunque tampoco era tonta.
Se sintió mal por no serle totalmente sincero, pero hay veces que la sinceridad es tan dañina como una mentira. Más aún cuando esa verdad comprometía a alguien más.
Terminaron de hablar y Ginny le abrazó.
— Espero que a partir de ahora podamos volver a hablar como antes y a recuperar la confianza — dijo ella con una sonrisa.
— Yo también lo espero.
Aquella mentira le quemaba la garganta pero no podía hacer otra cosa. Dejaría que fuera feliz un poco más de tiempo.
Unas semanas más tarde fueron juntos a la estación a recoger a sus hijos. Se sintió mal cuando vieron a Draco ir solo a la estación a recoger a Scorpius pero ellos actuaban con naturalidad y distancia. Como siempre.
Draco les saludó con normalidad, amable y elegante como siempre. De cara a los demás no se notaba que nada hubiese cambiado.
Lily le saludó con algo menos de efusividad de la normal pues estaba creciendo y trataba de no comportarse como una niña, además de que había empezado a sonrojarse cuando él la sonreía.
James bajó del tren con expresión triunfal, mostrando su diploma a sus padres.
— James, ¿has olvidado peinarte esta mañana? — preguntó su madre.
— No, Jay saltó al lago cuando íbamos a embarcar a modo de celebración y cuando estaba volviendo algo lo arrastró hasta el fondo, tuvieron que saltar varios profesores al agua para conseguir liberarlo del calamar gigante que se lo llevaba — respondió Stan avergonzado y divertido.
— ¡Fue genial! — exclamó James.
— ¡Si, hasta que intentaste tirarme a mi después para que le viera yo también! — replicó el chico.
James rió y abrazó a Lily mientras gritaba y saltaba repitiendo 'lo he conseguido'. Draco miraba la escena con una sonrisa hasta que Scorpius apareció con Albus. No tenía muy buena cara, de hecho se diría que estaba enfadado. Se despidió de Albus y salió de la estación sin esperar a su padre, que negó con la cabeza.
— Espero veros este verano, chicos. Enhorabuena, James — dijo Draco antes de pasar por la barrera hacia la salida de la estación.
Harry se quedó mirándole, no sabía exactamente lo que le pasaba a Scorpius pero se hacía una idea acerca del motivo del disgusto del chico. En ese momento sintió la mirada atenta de Ginny sobre él.
¿Estaba buscando alguna señal o diferencia en su comportamiento ahora que sabía que habían estado juntos?
Él la miró y sonrió calmado. James seguía con su fiesta, esta vez molestando a Albus que estaba más taciturno de lo normal. Lily le miraba preocupada pero no hizo nada. El andén se iba vaciando poco a poco. Ellos salieron de allí también y fueron a casa.
Al día siguiente James propuso salir a comer todos juntos para celebrar su título. A sus padres les pareció buena idea.
Desde la conversación con Ginny ella había estado más cercana y cariñosa. Esto había aumentado la sensación de culpabilidad de Harry pues por un lado sabía que Draco estaba pasándolo mal y superando la pérdida de su esposa solo mientras le daba a él tiempo para decidirse. Y él, a su vez, estaba dejándose querer y dando esperanzas a su propia mujer.
Al final terminaría cagándola con todos y lo pagaría caro.
En un intento de ayudar a Draco y darle apoyo le escribió a la mañana siguiente. No se había sacado de la cabeza la idea de que el rubio habría pasado por una noche terrible tras pasar con su hijo la primera noche solos después de la pérdida. Quería ir a verle y darle apoyo pero la salida de la familia le había trastocado los planes.
Alrededor del medio día salieron todos y fueron a un pequeño restaurante dentro del callejón Diagon donde servían la hamburguesa mágica favorita de James. Mientras los niños miraban escaparates Ginny le cogió de la mano y le sonrió con dulzura. Él la miró sin poder evitar sonreír en respuesta por amabilidad, ella besó su mano y luego a él.
Se quedó paralizado cuando vio aquellos ojos grises mirarle desde la salida de la librería Flourish & Blots. Instintivamente soltó la mano de su mujer pero sus reflejos de auror le salvaron. Estaban frente a la tienda de escobas en la cual exhibían el nuevo modelo de Nimbus. Se acercó al escaparate con teatralidad y le mostró la escoba a Ginny, que le miró un poco extrañada tras buscar en el frente el verdadero motivo de su reacción. Él hizo lo mismo pero no vio a Draco ya. Por seguir la pantomima entró en la tienda a verla de cerca. Allí estaban sus hijos Albus y James, valorando qué equipo de mantenimiento comprar para el siguiente año. Ginny no entró en la tienda. Supuso que se habría ido a buscar a Lily a la tienda de 'cosmética mágica para jóvenes brujas'.
Maldijo su suerte.
Draco había tenido que aparecer en ese preciso instante para ver el momento cariñoso de Ginny. Trató de centrar su atención en la conversación de sus hijos. El daño estaba hecho y él no pudo estar tranquilo el resto del día a pesar de que no volvieron a encontrarse con él.
Llegaron a casa y vio a la lechuza de los Malfoy esperando con un mensaje para él. Se quedó blanco.
¿Qué iría a decirle?
La carta era la respuesta a su carta de la mañana. En ella le contaba que estaba bien y que iría al callejón Diagón a buscar unos libros de consulta.
"A buenas horas" le dijo a la lechuza.
Unos días más tarde tomó la decisión. No había respondido a Draco, no sabía qué decirle y él tampoco había contactado con Harry. Al salir de la oficina, aprovechando la temperatura suave de la tarde se apareció en la puerta de su mansión e invocó un patronus con un mensaje para que le abriese la puerta. Vio al ciervo alejarse con la duda creciente de si le dejaría entrar. Esperó un rato pero no obtuvo respuesta. Quizá no quería verle después de todo.
Draco apareció por el camino con ropa cómoda de verano. Las camisetas negras le sentaban especialmente bien en contraste con su piel blanca.
— ¿Por qué no me avisaste de que vendrías? — preguntó mientras abría la puerta.
— No lo pensé, simplemente vine.
— Muy propio de ti, la verdad — admitió el rubio.
Pasaron por el camino de rosas blancas que daba a la entrada principal. No escuchaba más sonido que el de los pájaros.
— ¿Estás solo?
— Si, Scorpius se ha ido con sus abuelos.
— ¿Qué tal está?
— No lo sé, se fue el mismo día que vinimos de King Cross. Hizo la maleta y se fue antes de que pudiéramos hablar.
Una idea loca pasó por su mente.
— ¿Estás seguro de que está con los Greengrass?
— Se fue a casa de sus abuelos mediante red flu, ¿por qué?
Harry sospechaba que el chico se había alejado de los dos pero Draco sabía lo que hacía y si su hijo hubiese desaparecido lo sabría.
— Nada, por saber.
Él le miró inquisitivo pero no dijo nada más.
Entraron en la casa que estaba tan silenciosa como siempre. Se sintió extraño, entrar en esa casa ya le empezaba a traer buenos recuerdos.
Fueron hacia la cocina, sentía a Draco apagado. Nunca había expresado sus sentimientos muy abiertamente pero sentía ese aura de tristeza que tenía cuando las cosas iban mal. En lugar de preguntarle puso directamente un té frío para cada uno y le hizo un gesto para que le acompañase. Cruzaron la casa en silencio, la alfombra amortiguaba el sonido de las pisadas. Llegaron al final del pasillo de la segunda planta y abrió unas puertas de cristal abriendo paso a una preciosa terraza semi circular, con unas tumbonas elegantes como las que tenía en la piscina.
En el horizonte se veía la puesta de sol más hermosa que había visto en mucho tiempo. Podía ver las infinitas tonalidades del cielo ensangrentado de la tarde. Harry se quedó sin palabras. Draco tomó su mano y le acompañó hasta el columpio de madera que había. Colocó los vasos de té en la mesita auxiliar junto al asiento. Se sentaron en silencio y Harry tomó su mano entre las suyas.
— Siento no haber estado a tu lado.
Draco negó con la cabeza.
— Es Scorpius. He pasado solo por muchas cosas pero ver el desprecio en los ojos de tu propio hijo es muy duro.
Estaba hablando con firmeza pero podía sentir el dolor en sus palabras. Deseaba consolarle pero no sabía si era eso lo que necesitaba. Le dejó reflexionar.
— ¿Crees que hice lo correcto, Harry?
— ¿Respecto a qué?
— Respecto a nosotros. Creo que no fue correcto tener una aventura.
Harry lo pensó.
— ¿Qué deseabas hacer, Draco?
Miró a Harry a los ojos.
— Ya da igual lo que yo deseara, Harry. Si solo hubiéramos esperado un poco más mi hijo no me odiaría.
— Scorpius es un adolescente, probablemente ni siquiera está seguro de lo que siente y tiene mas confianza para expresarlo contigo.
— ¿Por eso se aleja de mi?
— Debe ser. Sinceramente, ni siquiera puedo entender bien a mis propios hijos.
Draco le observó. Harry tomó el té, dio un sorbo y ofreció a Draco el suyo. Él negó con la cabeza y pasó una mano por el rostro de Harry. Él le abrazó.
Pasaron un rato así hasta que sintió la humedad en su hombro. La respiración inquieta del hombre y las leves sacudidas del llanto contenido. Harry le acarició el pelo.
— A veces me gustaría ser egoísta y pedirte que lo dejes todo y te quedes a mi lado.
— Algún día, Draco, algún día — dijo mitad para él mitad para sí mismo.
El sol se puso y dejó tras de si un cielo cada vez más oscuro. Draco apoyó la cabeza en su hombro, entrelazó sus manos con las de Harry y miró al cielo.
— Harry, sabes que te quiero, ¿verdad? — susurró Draco.
Harry no pudo responder porque esta vez fue a él a quien le brotaron lágrimas de los ojos mientras le estrechaba más cerca.
Le tomó de la barbilla y le besó. Sus labios sabían salados por culpa de sus propias lágrimas. Draco se colocó a horcajadas sobre sus piernas y le besó mientras le rodeaba con los brazos. Se separó y le quitó las lágrimas de la cara. Juntó su frente y mirándole a los ojos le pidió:
— Dame valor, Draco.
— Valor es precisamente lo que no te ha faltado nunca, Harry.
Volvió a besarle mientras la noche se terminaba de establecer sobre ellos.
— Debo irme pero te prometo que volveré.
Draco le sonrió.
— Lo sé.
Pudo mantener su promesa durante todo el mes de julio, en agosto le dieron vacaciones de verano y, excepto la semana que fueron a casa de los Weasley, Harry se escapaba a menudo, cada día con una excusa diferente. Quizá fue por respeto y por el remordimiento de Draco que se negó a acostarse con él ese verano. Aprovecharon para hacer actividades juntos y pasar tiempo juntos más allá de lo físico. Había caricias, cariño, miradas, besos… Pero sobre todo necesitaban saber si había algo más que deseo entre ellos.
— ¿Se puede saber dónde estabas?— le preguntó Ginny cuando entró con un par de copas de más en casa.
— Estaba con los del equipo— mintió sin preocuparse. — Es sábado, ¿qué problema hay?
— No, ninguno más allá de que tu hijo aún no ha vuelto a casa y son las dos de la madrugada.
— ¿Albus?
— Si, Albus. Ha estado pasando demasiado tiempo fuera de casa últimamente y yo ya estoy harta de que no me diga a dónde va.
— Quizá tenga una novia y le de vergüenza decirlo. Voy a ver si le veo.
Estaba encantado de poder huir de dar explicaciones a su mujer. No había cerrado la puerta de casa cuando le vio aparecerse al final de la calle. Cerró la puerta y salió igualmente.
— ¿Te parecen horas para volver? — preguntó Harry ignorando que él mismo aún estaba vestido con ropa de calle y parte de ella aún conservaba el olor a alcohol.
— No me des sermones, papá.
— No pretendo hacerlo pero debes entender que es mi deber como padre cuidar de ti, aún eres menor.
— ¿Ahora eres un buen padre?
Eso le dolió. Pero el alcohol le ayudó a ignorarlo.
— Albus, podemos hacer esto por las buenas o por las malas.
Albus se paró en seco.
— ¿Qué quieres, papá?
Harry le imitó.
— Quiero saber de dónde vienes.
— De casa de un amigo.
— ¿Ves qué fácil es?
Albus estaba sorprendido pero reanudó el camino a casa. Harry caminaba a su lado.
— ¿Cómo está Scorp?
— Pff, ni preguntes…
— No debería seguir mintiendo a su padre.
— ¿Se lo vas a decir? — preguntó mirándole asustado.
— No, pero asegúrate de ser un buen amigo y ayudarle a tomar las decisiones adecuadas.
Su hijo le miró con cara de no entender nada. Dudó un momento y se sentó en el banco del jardín.
— ¿Cómo se supone que ayudas a alguien que ha perdido a su madre?
Harry se sentó a su lado.
— Hmmm… Lo más importante es que consiga aceptar que estas cosas pasan, que nadie tiene la culpa y que hubiera pasado de todos modos. Luego solo puedes esperar a que pase el tiempo y se cierre esa herida.
— ¿Se supera algo así alguna vez?
Su padre negó con la cabeza, recordando a toda la gente que perdió él hace años.
— No se supera, pero se aprende a vivir con ello. Lo aceptas y sigues adelante, apoyándote en las personas que te quieren y siguen a tu lado.
— Me duele verle así— dijo Albus mirándose las manos.
— Claro que duele, si le quieres te dolerá. No es algo malo. Son sentimientos y hay que aceptarlos sin dejarse dominar por ellos. Se su escape, Al. Dale cordura, apoyo y mucho cariño — aconsejó Harry con una sonrisa, recordando que era exactamente eso lo que estaba haciendo con su propio Malfoy.
Albus miró a su padre, parecía preguntarse si sabría algo más de lo que debía saber. Después asintió, se acercó a él y le abrazó.
— Gracias, papá. Perdona por haberos preocupado — dijo Albus antes de entrar en casa.
Harry le sonrió.
Ginny se quedó echándole la charla mientras él subía por las escaleras para darse un baño antes de dormir. Vio a Lily durmiendo en su habitación, escuchó a James hablando con alguien desde dentro de su cuarto, probablemente con Stan. Sintió que en ese momento lo tenía todo. Tenía a su familia unida, tenía a Draco, un buen trabajo, una afición satisfactoria… No podía pedir más. Sin embargo tuvo el presentimiento de que esos días estaban a punto de terminar.
Ojala pudiese alargarlos eternamente.
¿Pueden ser las cosas aún más difíciles? Ya vemos que si.
Me parece tan difícil tomar estas decisiones cuando no dependes solo de ti mismo.
Me gusta mucho Ginny en esta historia.
Es una buena madre, trata de ser buena esposa, es respetuosa y quiere ayudar a Harry a pesar de que este la está mintiendo descaradamente.
Por otro lado Draco está esperando a que Harry tome su decisión.
¿Hasta cuando aguantará su paciencia?
¿Qué creeis que hará Harry finalmente?
Menuda pregunta xD
Terminamos el quinto año. Quedan solo dos añitos.
Aprovecho para informaros de algo:
Toda la historia Scorbus tiene un sentido. Está organizada para que pueda ser una historia posterior.
¿Quién sabe? Quizá un día os encontreis con que ha aparecido un nuevo fic Scorbus ?
Muchas gracias por leer.
Un abrazo
Kanna
