Había sido una noche extraña. Andrei roncaba a todo pulmón rendido por el cansancio. Sin embargo Ilian pudo conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada.

Pero en el mundo onírico, las pesadillas se hicieron presentes, atormentándola. Pesadillas en las que ella se encontraba envuelta en una asfixiante oscuridad, antes de escuchar gruñidos desde algún punto de esa espesura oscura.

Al abrir los ojos, se dio cuenta del sudor que caía por su frente. Era extraño en ella presentar sueños malos, por lo general ella nunca recordaba lo que soñaba.

Andrei ya se encontraba despierto, y lo vio recargado en el marco de la puerta hablando animadamente con alguien en el pasillo. Prestó atención y descubrió que era Luca, el hermano de Andrei quien conversaba del otro lado.

Se levantó de la cama, e hizo lo posible para dejar ordenado el lugar. La habitación que compartía con Andrei era modesta pero con buen gusto. Incluso pensó que era más grande que la habitación que ella tenía en Italia.

Caminó hacia la puerta alertando a Andrei de su presencia.

-Por fin, despertó la bella durmiente-, dijo su prometido.

-Buenos días-, saludo ella.

-Buenos días-, contestó Luca desde la puerta de su habitación.

-Nuestro anfitrión se fue temprano, pude cruzar unas palabras con él antes de irse-, le informó Luca.

Los tres comenzaron a caminar hacia la zona del comedor.

-¿Dijo algo sobre quedarnos?-, preguntó Ilian casi adivinando la respuesta.

-Por supuesto. Insistió en que nos quedáramos a las festividades del Dro...Dre...-, intentó explicar Luca.

-"Dragobete"-, se escuchó la voz de Nicoleta en la cocina quién ya salía de la misma sirviendo el desayuno para ellos.

-Algo aquí huele delicioso-, dijo Andrei sentándose a la mesa con alegría.

-Gracias por tomarse la molestia de preparar alimentos para nosotros, Nicoleta-, agradeció Luca a manera de saludo con una sonrisa hacia la mujer.

-Enseguida terminaré de servirles, necesito dar instrucciones a Luiza y las demás-, dijo Nicoleta dirigiéndose hacia la salida, cerca de la chimenea y dejando la puerta abierta al salir.

Pudieron escuchar a la mujer quién en un perfecto Rumano hablaba con otras voces femeninas. Eran las mujeres que habían conocido la noche anterior.
Para los tres, era un alivio que intentaran con un Ingles aunque fuese imperfecto comunicarse con ellos.
Ellos tres no tenían el mejor inglés de toda la vida, pues su lengua natal era el Italiano, pero se defendían bien con el Inglés. Sin embargo, de Rumano no sabían absolutamente nada, y era curioso escuchar hablar la lengua de los habitantes del lugar, aunque no entendieran lo que decían. Por lo menos las personas que conocían hasta ahora, podían comunicarse en Inglés.

El teléfono que se encontraba en una mesa junto a la ventada comenzó a sonar, pero no parecía ser que Nicoleta se acercara para contestarlo.

Ilian sin dudarlo dos veces, se dirigió hacia el teléfono.

-No deberías hacer eso-, le reprendió Luca desde su lugar.

-Lo sé-, dijo ella tomando el teléfono en sus manos. Era incorrecto, pero todo ese sitio la intrigaba más de la cuenta.

Y entonces la escuchó.

-Escucha esto porque lo diré solo una vez... -, se escuchó la voz de una mujer hablar en Inglés con un acento que no parecía Rumano.

Se escuchaba bastante enojada.

-...sé que tienes a los mortales en tu asquerosa fábrica. Más te vale no tocar a ninguno de los tres hasta que Madre Miranda haya llegado o te arrepentirás. Estoy segura de que tendré su favor para por lo menos conseguir a un hombre, pero que te quede claro que si tocas a la chica, yo misma te partiré en pedazos con mis garras. Así que puedes irte quitando la idea de hacer experimentos inútiles. Si tienes suerte, te quedarás con uno de los dos hombres. No esperes más migajas que eso.

Cuando la mujer colgó la llamada del otro lado, Ilian se encontraba en estado de shock por lo que acababa de escuchar.

"¿Mortales?, ¿Cómo que experimentos?" pensó confundida colgando el teléfono con la mirada perdida en algún punto de la pared.

-No debió hacer eso-, escuchó la voz de Nicoleta a un lado suyo haciéndola saltar del susto.

-Eso mismo le dije yo-, atajó Luca levantándose de su asiento y caminando hacia Ilian.

Ella observó que a la casa habían ingresado no solo Nicoleta, sino Luiza, Roxana y Elena también, quienes la observaban atentamente con rostros de circunstancias que evidenciaban que el haber contestado el teléfono no había sido una buena idea.

-Lo siento mucho, no dejaba de sonar y nadie venía a atender-, intentó disculparse ella.

-¿Quién era?, ¿Qué dijeron?-, cuestionó con ceño fruncido Nicoleta hacia ella.

-No...no lo sé. Era una mujer muy molesta-, quiso explicar Ilian.

-¿Madre miranda?-, cuestionó Luiza contrariada.

-¿Quién?-, preguntó Luca sin entender.

-No pudo haber sido ella-, contestó Nicoleta sin quitar su severa mirada de Ilian -¿Qué es lo que le dijo?-, preguntó reanudando su interrogatorio hacia Ilian.

-Parecía dirigirse hacia Heisenberg-, comenzó ella- dijo que sabía que los mortales estaban en su fabrica y que más le valía no tocarlos antes de que llegara Miranda, o se arrepentiría de ello. Y que ella esperaba quedarse con la chica y uno de los hombres, así que el otro hombre sería para él si tenía suerte. Después colgó sin esperar respuesta.

-Ya sabe que están aquí-, dijo Elena desde su lugar mirando hacia Luiza.

-¿Hablaba de nosotros?-, preguntó Andrei sin levantarse de su sitio, tan perdido en la conversación como lo estaban Luca e Ilian.

Pero las cuatro mujeres, a juzgar por su expresión preocupada, parecían entender la situación perfectamente.

-Insistió en que no se atreviera a tocarme antes de que llegara Miranda-, dijo Ilian hacia Nicoleta dando ya por sentado de que se trataban de ellos tres.

-Señora Nicoleta, ¿Quién era esa mujer?-, preguntó Luca.

-Lady Dimitrescu-, dijo sin más antes de mirarlo por un momento, y después de volver su mirada a la mesa en donde el desayuno estaba a medio servir.

La mujer se acercó a la mesa para seguir sirviendo la comida con el ceño aún más fruncido, era obvio que estaba pensando en que hacer.

-¿A qué se refería con "mortales"?-, dijo Ilian con voz seria hacia ella.

Nicoleta se detuvo por un momento pensando en su respuesta, antes de girarse a encararla.

-Es...un juego de palabras que utilizan los jerarcas para referirse a los aldeanos-, explicó Nicoleta.

-¿Así que nos ven como menos que hormigas? Y a todos ustedes también-, dijo Andrei mirando a las mujeres.

Mujeres que sin saber que decir se miraron entre ellas.

-Verá- dijo al fin Luiza hacia Andrei - los jerarcas son la máxima autoridad aquí después de Madre Miranda. Todos aquí les debemos respeto.

-¿Al punto de sentirse tan importantes como para llamarles mortales? ¿No es algo estúpido?-, contestó Andrei.

Las mujeres compusieron rostros de alarma al escuchar esas palabras. Roxana incluso se giró hacia la puerta, como quien busca no ser visto por la persona de la que se habla. Se notaba que le alarmaba que Heisenberg entrara por la puerta y les escuchara teniendo esa conversación.

-¿A qué se refería con no hacer experimentos?-, cuestionó una vez más Ilian hacia Nicoleta.

Pues de todas ahí, parecía tener más confianza de referirse hacia ella, a pesar de ser la más huraña de todas. Si algo había aprendido de la mujer hasta el momento, es que era una mujer seria con quien podía contar para tener respuestas sin rodeos.

-Eso no puedo responderlo, porque son asuntos que competen solamente a los jerarcas con Madre Miranda.

-¿No puedes responderlo porque no lo sabes, o porque no quieres decirnos?-, dijo Ilian molesta.

-Ilian, tranquila-, atajó Luca con calma hacia su futura cuñada.

-¡No Luca!, ¿no lo ven?, algo está mal en este sitio. Hay cosas extrañas que no terminan de cuadrarme. No me van a negar lo extraño que es Heisenberg y su insistencia de quedarnos más tiempo. No van a negar lo extraño que era ese hombre al que llaman Duque y que nos trajo hasta aquí.

-¿El Duque los trajo?-, preguntó Luiza con curiosidad.

-En la casa de Balec me percaté de que tanto él como el Duque querían impedir desde un inicio que Andrei y yo ingresáramos a la aldea. Querían que regresáramos por donde habíamos llegado-, continuó Ilian ignorando la pregunta.

-Yo lo interpreté como que no éramos bienvenidos por ser foráneos. Ya sabes, somos muy extraños para gente de pueblos tranquilos como este-, explico Andrei su punto de vista.

-No Andrei. No querían que entráramos para que ninguno de sus "jerarcas" o la mujer a la que llaman Madre Miranda nos encontrara.

-Entonces llegó Heisenberg-, completó Luca la idea de Ilian cayendo en lo que ella relataba.

-Así es. Cuando Balec intentó retenerme en su casa, era para que Heisenberg no descubriera que yo estaba ahí. Dígame Nicoleta. Su hermano estaba escondiéndome de Heisenberg, ¿cierto?-, dijo Ilian entonces.

Todos se giraron hacia la mujer entonces. Quien en un silencio sepulcral miraba a Ilian.

-Lo preguntaré una vez más. ¿A qué se refería esa mujer con experimentos?-, insistió Ilian hacia Nicoleta.

-Nicoleta dice la verdad- habló Luiza entonces para calmar los nervios de todos-, nosotros no estamos enterados de lo que Madre Miranda hace con sus hijos. Solo sabemos que es gracias a los experimentos, que muchos de nosotros hemos curado enfermedades. Así ha sido durante generaciones. Pero como simples aldeanos, no se nos permite saber como logra Madre Miranda ser tan poderosa.

Los tres Italianos miraban a Luiza como si fuera de otro planeta. La explicación que arrojaba era extraña sin duda.

-No sé a que se refería Lady Dimitrescu-, atajó Nicoleta entonces- ya que como se habrá dado cuenta, esa llamada era directamente para Lord Heisenberg.

Ilian soltó una risa nasal de incredulidad antes de hablar.

-Luca, lo mejor vas a decir que estoy loca. Pero esa madre Miranda y esos jerarcas quieren experimentar con nosotros para sus curas poderosas-, dijo directamente hacia su futuro cuñado.

Luca la miraba en silencio. Ella sabía perfectamente que él estaba de acuerdo con lo que le decía. Le creía.

-Y no se que opinen ustedes dos, pero yo no voy a ser víctima de trata de personas con fines de mercado negro-, dijo ella caminando hacia la habitación que había compartido con Andrei.

-Joven Ilian, espere-, dijo Luiza antes de que ella doblara por el pasillo.

Rápidamente entró a la habitación y tomó la mochila que llevaba consigo al llegar ahí. Salió para dirigirse a la habitación de Luca y tomó su mochila de viaje y emprendió su camino hacia el comedor nuevamente.

Al llegar ahí Luca y Andrei ya la esperaban con rostro de alarma. Luca se acercó rápidamente a ella para tomar las dos mochilas, dándole una a su hermano. Y con la mirada le señaló hacia Nicoleta.

La mujer estaba ya en el teléfono mirándolos con detenimiento esperando a que contestaran.

Los tres Italianos emprendieron con prisa su camino hacia la salida. Ni Luiza, Elena o Roxana intentaron detenerles. Pero las palabras de Nicoleta al teléfono los congeló por un momento.

-Mi Lord, Lady Dimitrescu llamó y la joven Ilian contestó al teléfono. Ahora quieren huir de la aldea. Están saliendo de la casa en este momento.

Esas palabras bastaron para que los tres apresuraran su andar hacia el puente que llevaba a la entrada.

-¡Tendremos que pasar por la entrada de la fábrica!-, dijo Andrei.

-Más nos vale apresurarnos-, les dijo Luca comenzando a correr.

Fueron afortunados de que al pasar por la fábrica nadie interrumpió su camino. No sabían con exactitud en que sitio estaría Heisenberg, pero era un milagro que no los hubiese interceptado ahí. Así que caminaron hacia el camino de terracería que llevaba hacia las montañas corriendo tan rápido como podían.

Después de varios minutos en los que recorrieron el camino que había usado la carreta del Duque para llevarlos hasta ahí, el agotamiento de la inclinación montaña arriba hizo de las suyas alentado su paso.

-No puedo creer que nos salvamos de esa-, dijo Andrei hacia su hermano.

-Aún no estamos a salvo-, contestó Luca -Tenemos que pasar corriente a tu automóvil para largarnos de aquí.

Cuando por fin llegaron a la cabaña de Balec, justo en la salida de las montañas y vieron al hombre a la mitad del camino esperando por ellos, las esperanzas de Ilian de salir del sitio mermaron.

-Yo me encargo del anciano-, dijo Andrei con confianza.

-No lo lastimes-, dijo Ilian a su prometido.

-¿Vas a defender a estos psicópatas?-, le dijo él con incredulidad cuando llegaron frente a Balec.

Ilian miró hacia Balec levantando sus manos en señal de calma.

-Usted quiso ayudarme desde un inicio-, dijo ella hacia el hombre quién al miró con rostro contrariado - deje que nos vayamos por favor, no quiero que ellos lo lastimen.

Pero Balec no contestó. Tan solo la miraba con tristeza, casi con lástima.

Entonces la voz de Heisenberg dentro de la casa de Balec hizo que a los tres Italianos se les helara la sangre.

-Nadie va a ponerle un dedo encima a Balec mientras yo esté aquí, Ilian-.

-Maldita sea-, dijo Andrei poniéndose en guardia.

Luca tomó una rama de árbol lo suficientemente gruesa como para dañar. Andrei tomó piedras del suelo poniéndose en guardia.

-Esa perra no podía resistir la tentación de joder en cuanto se enteró de que ustedes estaban aquí-, dijo lamentándose el jerarca - no debiste contestar la llamada, Ilian. Todo habría sido más fácil para todos.

-Querrás decir, más fácil para sus experimentos-, dijo Andrei entonces a la defensiva.

Ilian se acercó a Luca tomándolo del brazo.

Mientras Heisenberg se reía con fuerza de las palabras de Andrei, él le habló en voz baja.

-A mi señal, corres a la camioneta-, dijo él.

Ilian asintió metiendo su mano en la bolsa del pantalón de Luca, tomando las llaves de la camioneta sin que Heisenberg se percatara.

-Te aseguro, Andrei. Ustedes están más seguros conmigo de lo que lo estarían en cualquier otro lugar de la aldea. Ganarse mi favor, es ganarse el favor de Miranda. Y créeme que lo necesitarán.

-Si tienen tantos "mortales" como dijo esa mujer, ¿porqué no nos dejan ir?-.

-Andrei, ustedes no irán ningún sitio sin importar la cantidad de aldeanos que haya. Mucho menos ahora que la perra de Alcina y muy probablemente la aldea entera ya saben que están aquí.

-Siento mucho si difiero de tu opinión, Karl-, se expresó Luca dando un par de pasos hacia adelante - pero no estamos dispuestos a quedarnos más tiempo aquí.

-Oh, Luca. Tú e Ilian son los más cercanos a ganarse mi favor. A diferencia de tu hermano, quien desde que llegó no ha dejado de ser una molestia. No lo arruines ahora-, dijo Heisenberg con una sonrisa.

-Una molestia, ¿eh?-, repitió Andrei con una sonrisa sombría hacia él. Listo para atacarlo.

-Para todos, incluidos tu hermano y tu prometida. ¿Cuánto tiempo tardarías en cogerte a la primera mujer que se te cruce en esta aldea? Me parece que Ilian pierde su tiempo y desperdicia su vida junto a alguien como tú-, se rió Heisenberg de él -Incluso tu hermano es un mejor prospecto para ella de lo que tú lo serías jamás.

-¿No será que tienes ganas de cogértela tú desde que la viste?, deja de ocultar tus intenciones-, contestó Andrei a la defensiva.

-Ah, no tienes idea de como me gustaría quedarme con ella. Y de hecho lo haré, te lo aviso desde ahora-, contestó Heisenberg lanzando una mirada a la mujer - ella no estará ni contigo, ni con esa zorra chupasangre. ¡Eres mía Ilian!-, anunció el jerarca con altanería.

Ilian sudo frío con esas palabras. Miró hacia Balec a la izquierda de Heisenberg quién la miraba con preocupación. Era más que obvio que no haría nada por ayudarlos estando Heisenberg ahí, pues el miedo y la lealtad hacia ese hombre eran más fuertes que sus ganas de ayudarla a salir de esa situación.

De reojo miró a la derecha, justo al camino que llevaba a la camioneta y se preparó para correr en cualquier momento.

-¡Ahora!-, gritó Luca sin esperar un momento más.

Mientras él y su hermano se dirigían uno hacia Heisenberg y el otro a Balec, Ilian echó a correr hacia su derecha lo más rápido que pudo sin mirar atrás. El camino de terracería de subida terminó pronto dando lugar a una bajada pronunciada hacia el bosque.

Ilian escuchó un ruido metálico proveniente del lugar donde se habían quedado ellos cuatro y enseguida la voz de preocupación de Luca.

-¡Andrei!- gritó con desesperación, Luca.

Ilian reconoció que el tono de su voz no era bueno, y se giró hacia atrás.

Cerca de ella, Balec corría para detenerla, así que reanudó su trayecto hacia la camioneta. Tenía que darse prisa y entrar a la camioneta antes de que Balec la atrapara. Pero al llegar a la zona donde estaban aparcados el auto y la camioneta, vio horrorizada que las llantas de los dos vehículos habían sido arrancadas. Era como si algo a mordidas las hubiese destruido.
Observó que ambos vehículos tenían marcas de arañazos. Y el parabrisas del automóvil de Andrei estaba roto, con las pertenencias de ambos esparcidas por el suelo.

Sería imposible regresar sin llantas. Sin detener su carrera se desvió hacia la izquierda volviendo a subir parte de la montaña para intentar esconderse entre los arboles y la maleza.

Si una ventaja le confería ser más joven que Balec, era que su condición física respondía mejor. Así que el paso del hombre fue alentándose conforme su cansancio montaña arriba lo frenaba, mientras ella con agilidad se movía lo más deprisa entre los arboles para escapar de él.

-¡Balec!-, escuchó la voz de Heisenberg más atrás de donde venía Balec. Lo cual alarmó a la mujer, preguntándose que había sucedido con Luca y Andrei.

-¡Subió la montaña!-, alcanzó a escuchar la voz de Balec.

Siguió moviéndose hacia la derecha internándose más en la montaña.

-¡Maldita sea!- escuchó la voz de Heisenberg detrás de ella, más lejos de lo que la había escuchado la primera vez. Tal parecía que los hombres habían seguido su camino recto y no hacia la derecha como lo había hecho ella.

No se detuvo sino varios minutos después de seguir corriendo en esa dirección y hasta que dejo de escuchar las voces de Heisenberg y Balec. Estaba perdida, sin duda alguna. Y volver atrás no era una opción. Así como tampoco lo era desviarse a la izquierda y bajar la montaña camino a la aldea. Enfocó la vista hacia la izquierda. Podía ver las torres del castillo desde su posición. Siguió por lo alto de la montaña mucho rato más, hasta que el cansancio la alcanzó.

Agudizó el oído. No había más que el cantar de las aves de los árboles. Sus manos sudaban y el temblor de su cuerpo por el miedo a ser atrapada continuaba. Caminó mucho más en la misma dirección internándose más en la espesura de ese bosque. Cada vez, habían más árboles y arbustos a su alrededor, y llegó un momento en el que ya ni siquiera alcanzaba a ver las grandes torres de ese castillo.

Comenzó a llorar en silencio.

No sabía en donde se encontraba, pero no podía volver aún. Hizo una pausa para sentarse y pensar con claridad. ¿Cómo volverían si los vehículos no tenían llantas? No estaba loca, las llantas tenían mordeduras y esos zarpazos eran como garras de un animal grande. No recordaba haber visto los vidrios de la camioneta rotos, pero el automóvil había quedado destrozado.

Aproximadamente una hora y media después de haberse detenido, decidió reanudar su camino en la misma dirección.

Se sentía tan solo un poco más tranquila, y ya no estaba tan agitada. Era una fortuna que no habían dado con ella aún. Pero no se confiaría, tenía que seguir avanzando.

Mucho después de haber reanudado su camino, encontró un bloqueo. Pues el nacimiento de otra montaña impedía que anduviera en la misma dirección. Así que intentó rodear decidiendo ahora si, bajar la pendiente a su derecha para alejarse de esas montañas y volver en dirección opuesta de la carretera. Tal vez así encontraría la ciudad de la que habían venido y donde habían rentado los vehículos. Tal vez, si lograba encontrar la carretera y seguía el camino, podría conseguir ayuda y avisar a las autoridades para que le ayudaran a encontrar a Luca y Andrei.

Escaló un poco parte de la montaña para poder saltar hacia un terreno más bajo, pero no se percató de un agujero en la tierra por estar calculando el salto hacia abajo. Cuando pisó ese sitio, la tierra cedió bajo sus pies, abriendo un agujero algo más grande provocando que cayera montaña adentro.

El agujero no era tan grande como para que la dejara caer por completo, y quedó recostada de su lado izquierdo con medio cuerpo colgando y medio cuerpo fuera de la montaña. Al mirar hacia abajo vio una cueva grande y oscura, con lo que parecían troncos de arboles retorcidos alrededor. Eran de un color extraño y se enroscaban a lo largo y ancho de la cueva haciendo formas caprichosas en su recorrido. En el centro de la misma, había una masa extraña que se movía como si se tratara de un corazón, o alguna especie de ser viviente.

-Dios mío- dijo en Italiano para sí misma, asustada de lo que veía.

¿Qué demonios era esa cosa?, ¿Estaba viva?, Era enorme.

Intentó salir de esa incómoda posición para salir de la cueva, pero al recargar su peso en la orilla del agujero, la tierra cedió cayendo desde la superficie.

Y ella cayó al centro de la cueva con un grito desgarrador.

A la mitad de su caída, su nuca se golpeó con la dureza de uno de todos esos troncos retorcidos y cayó inconsciente sobre esa masa viviente que reaccionó al sentir su presencia al caer sobre ella. Ilian en la inconsciencia, poco a poco fue deglutida por esa gran masa viviente que la absorbía hacia su interior. La joven no despertó ni siquiera cuando la había absorbido por completo.

Cuando abrió los ojos nuevamente, no podía mover su cuerpo con facilidad. Notó que se encontraba atrapada en una especie de sustancia entre gelatinosa y liquida, pero su cuerpo no reaccionaba a la falta de aire. Se movió con pesadez, ya que esa sustancia le hacía sentir como si nadara en lodo. No podía ver nada más que blanco a su alrededor, sentía la mente nublada y un dolor en la nuca.

Nadó en cualquier dirección con la intención de llegar a alguna orilla de esa espesura, y unos momentos después de estar luchando contra la espesura de lo que la rodeaba, encontró una superficie más endurecida que cedía a su empuje. Ella con fuerza empujó lo más fuerte que pudo hasta que una zona se desgarró dejando salir un poco del liquido hacia el exterior. Cuando sus dedos sintieron el contraste con el cambio de temperatura del exterior, se aferró a esa abertura con ambas manos para desgarrarla del todo y poder salir.

Aquella extraña pared se abrió dejando salir parte de la masa semi acuosa que albergaba en el interior, y ella salió de su encierro dando una gran bocanada de aire hacia el interior de sus pulmones.

En ese momento, varias voces comenzaron a escucharse en su mente. Eran voces que no lograba distinguir ni de quienes eran ni lo que decían. Sólo estaban en su mente diciendo quien sabe que cosas que no lograba descifrar. Sabía que no eran voces del exterior, pues cuando se limpió los ojos, nariz y boca de esa sustancia, abrió los ojos y se encontró sola en esa extensa cueva con los cientos de troncos por todos sitios, y aquella masa gelatinosa escurriendo hacia el suelo de la cueva.

Abrir los ojos hizo que las voces en su cabeza se detuvieran. Miró a su alrededor entendiendo por fin, que se encontraba nadando dentro de aquella cosa viviente. Se apresuró a salir del todo de ella y sujetándose de esos extraños troncos logró llegar hasta el suelo de la cueva por fin.
Incorporándose, dio unos pasos atrás para ver con horror que aquella cosa gigantesca en efecto parecía tener vida. La zona que ella había desgarrado para salir de ella, comenzó a regenerarse, cerrándose nuevamente para evitar seguir perdiendo el contenido del interior.

-Dios mío-, dijo en voz baja sin dar crédito a lo que veía.

Comenzó a buscar una salida del lugar, y un tiempo después encontró por fin la salida a esa cueva. No notó que el astro de viscosidad que escurría de su cuerpo, era rápidamente absorbido por el suelo sin dejar rastro alguno.

Antes de llegar a la salida, pudo ver una mesa y una silla. En ella habían papeles y libretas varias. Y varios frascos que contenían lo que si su cabeza no estaba jugándole una mala broma, criaturas similares a aquella gran cosa en el centro de la cueva, pero en un tamaño reducido. Esas pequeñas criaturas flotaban en algún extraño líquido dentro de esos frascos.

Se acercó y tomó uno de los frascos, encontrando la palabra "Cadou" en el. Si prestaba atención, todos los frascos decían lo mismo, junto a una fecha en específico.
En una de las hojas, estaba dibujado ese mismo ser etiquetado como Cadou, y se señalaban las partes que lo conformaban. Leyó las palabras "pared celular", "micelio", "membrana plasmática" e "hifas". Siguió leyendo y descubrió la palabra "hifas septadas" y a un lado la frase "Cuando la estructura reproductiva Cadou está madura, es el momento perfecto para el implante". En otra hoja, el dibujo de aquella cosa gigantesca en el centro de la cueva con el nombre "Megamiceta" sobre ella.

No entendía nada. Dejó el frasco en su lugar y su mirada se detuvo en unas curiosas fotografías enmarcadas. Cuatro personas aparecían en esas fotografías individuales, y reconoció a uno de ellos enseguida.

Heisenberg.

Miró otra fotografía de una hermosa mujer con sombrero y mirada desafiante, en la siguiente fotografía, otra mujer que parecía llevar lo que le pareció un hiyab que cubría todo su rostro cargaba una muñeca consigo. Y en la última fotografía, alguien encapuchado notoriamente deformado del rostro. No se distinguía del todo, pero apostaba que se trataba de un hombre.

Varias veladoras, y algunos libros más.

Su nuca comenzó a doler, y llegó a ella un mareo intenso. No lo pensó, en un acto reflejo se dejó caer en la silla y recargó su frente en la mesa. Quería descansar un poco, ya que parecía ser que con ese mareo, sus energías estaban disminuyendo. Cuando el mareo cedió tocó su nuca y masajeó un poco para calmar el dolor. Las voces en su cabeza volvieron a escucharse. Eran muchas, tantas, que no lograba distinguir lo que decían.

Luca y Andrei llegaron a su mente. Debía salir de ahí y buscar ayuda. Seguramente Heisenberg y Balec seguían buscándola.

Salió de la cueva y caminó por un camino hasta salir a un área más descubierta. Había dejado atrás los altos pinos y arbustos de la alta montaña. Miró hacia arriba, en efecto, había caído una larga distancia. De milagro estaba viva al caer desde tal altura, pues la montaña era inmensa.

¿Qué demonios era esa cosa en la cueva de nombre Megamiceta? ¿Cómo es que había logrado caer en su interior?, ¿Qué era ese lugar y quienes eran las otras personas de las fotografías?

Mientras caminaba, recordó la voz altanera de la mujer al teléfono en la casa de Heisenberg, y recordó la fotografía de la mujer con expresión retadora. No tenía pruebas, pero tampoco dudas de que muy probablemente la voz correspondía a ese rostro. Quedaban como anillo al dedo.

¿Cómo era que se llamaba esa mujer?, intentó recordar.

Alcina Dimitrescu, había dicho Nicoleta en la casa de Heisenberg. Una de los jerarcas del lugar.
No tenía idea de cuantos jerarcas eran en total, pero seguramente ya lo había descubierto. Así que probablemente, la otra mujer de rostro cubierto sería la supuesta Madre Miranda de la que todos hablaban. Eso dejaba solo el misterio del hombre con deformidades y su identidad.

Perfecto. Tenía los nombres de varias personas para dar a las autoridades en cuanto lograra llegar a la ciudad más cercana. Caerían presos todos esos malditos.

Un lago se dejó ver a su derecha. Y creyó buena idea acercarse para lavarse lo mejor posible, pues estaba totalmente cubierta de aquella viscosidad de lo que ahora sabía, se llamaba Megamiceta.

-Megamiceta-, dijo para si misma mientras lavaba su rostro y cabello.

Decidió arrojar agua a su ropa también limpiando los restos de esa viscosidad. Sabía que su ropa quedaría mojada, pero era mejor eso que estar impregnada de esa viscosidad por todo el cuerpo. Se dio prisa en su aseo, porque estaba segura de que ese sitio estaría custodiado por los jerarcas de las fotografías. Y le aterraba la idea de volver a encontrarse con Heisenberg o Balec.

Caminó mucho más alejándose de esa zona de las montañas, hasta que llegó a una zona rocosa que conducía a lo que parecían ruinas de alguna estructura empedrada. Todo estaba abandonado, y ella estaba totalmente desubicada sin saber a donde ir. Pensó que lo mejor era ir montaña arriba nuevamente para salir al lado de la carretera, aunque estaba convencida de que ahora estaba muy lejos de esa carretera y tendría que sondear el lugar hasta encontrar una zona para ir montaña arriba.

Entonces se percató de algo que no había notado. Era de mañana, ya que el sol apenas comenzaba a verse por el horizonte.

¿Cuánto tiempo había estado sumergida en la Megamiceta? Toda la noche seguramente.

Encontró un acceso a un camino y lo siguió. Después de todo el sitio estaba más que abandonado. Siguió caminando hasta lo que parecía ser parte de un poblado, pero no había nadie en los alrededores. No sabía si era buena idea seguir por ahí, pero lo hizo. Notó lo que era una iglesia en el momento en que el cansancio volvía a su cuerpo. No podía permitirse dormir en el exterior pues alguien la vería. Así que decidió entrar a esa iglesia en ruinas para poder descansar un poco antes de pensar en como encontrar la salida a las montañas.

Sintió un mareo que dio paso una vez más a las cientos de voces en su cabeza que la confundían. Se sentía tan cansada. Abrió la puerta para ingresar mientras cerraba los ojos esperando que esas voces se callaran y cerró la puerta tras de sí con la respiración alterada. Avanzó unos cuantos pasos antes de abrir los ojos al escuchar una conocida voz llamarle justo en el momento en que las voces se callaban.

-¡¿Ilian?!-, dijo Heisenberg con asombro.

Y ella con horror levantó la vista hacia él.

No podía ser posible. Ahí, en el centro de esa iglesia medio en ruinas, estaba Heisenberg junto otras personas. Y distinguió sin equivocarse a los otros tres que aparecían en las fotografías. Por un momento, la descomunal figura de la mujer con sombrero captó su atención. Era una mujer enorme, tanto que parecía irreal. Estaba sentada en una silla tan grande como para alojarla y la miraba con asombro. La mujer se levantó de su sitio enseguida al verla.

-¿Ella es la mortal?-, dijo con la inconfundible voz que había escuchado al teléfono.

Ilian miró rápidamente hacia la otra mujer con el hiyab quien no hablaba y enseguida hacia la derecha donde la figura del hombre deforme daba un par de pasos hacia ella con conmoción en su deformado rostro. Y en el atrio de la iglesia, una mujer con un habito que le recordaba a una monja la miraba con intensidad.

-Demonios, creímos que los Lycans te habían devorado-, dijo Heisenberg con un dejo de felicidad en su voz.

Ilian con verdadero terror se giró hacia la puerta para huir de ahí, pero con horror vio como una lámina de metal literalmente voló hasta bloquear la puerta por la que había entrado. Y ahí levitando en el aire se mantenía bloqueando su único escape.

-No vas a volver a escapar, preciosa-, dijo Heisenberg detrás de ella.

Ilian se giró con terror al sentir que el hombre tomándola del brazo.

-¡Suéltame!-, exigió ella intentando alejarse inútilmente.

Heisenberg con el otro brazo la tomó de la cintura acercándola a él.

-Joder Ilian, estás empapada. ¿En dónde estuviste todos estos días?-, dijo él mirándola de arriba abajo.

Ella detuvo su lucha un momento al escuchar sus palabras.

-¿Días?-, le preguntó casi en un susurro sin entender.

-Llevas más de una semana desaparecida-, le explicó él - te buscamos en todos lados, juro por lo más sagrado que me volví loco al no encontrarte.

Lo decía en voz baja para que solo ella lo escuchara.

-¡Déjanos ver a la foránea!-, dijo una voz femenina, casi infantil cerca del atrio hacia Heisenberg.

-¡Quítale tus asquerosas manos de encima!-, demandó la voz de la gran mujer, Alcina.

-Por favor déjame ir. Yo no te he hecho nada-, rogó Ilian.

-Imposible. Eres mía desde el primer momento-, contestó él.

-¿En dónde están Luca y Andrei? ¿Qué les hiciste?-.

-Ah, interesante pregunta y una larga historia que te contaré cuando logre que Miranda te deje a mi cargo-, dijo Heisenberg sonriendo hacia ella.

-Déjame ir-, rogó ella.

-Nos tenías muy preocupados. Balec ha vivido un infierno desde ese día. Te creímos muerta-, dijo él.

¿Balec?, pensó ella. Balec había estado preocupado por su vida. No tenía sentido si trabajaba para Heisenberg y los jerarcas de ese sitio.

-Tráela, Heisenberg-, demandó la voz de la mujer en el atrio, trayendo a Ilian al presente.

Ilian se resistió, pero Heisenberg decidió levantarla en brazos para llevarla hasta ahí.

-Estas muy delgada, no has comido en días seguramente. Maldita sea-, dijo Heisenberg en un susurro con el ceño fruncido.

Ella intentó bajarse de sus brazos, una tarea imposible pues el hombre era descomunal y muy fuerte a comparación de ella.

Cuando la dejó frente a la mujer del atrio, notó que todos posaban su mirada sobre ella. Se sentía minúscula. Aún no terminaba de carburar todo lo que había visto, desde esa Megamiceta, pasando por el gran tamaño de la mujer del sombrero y aquella lámina de metal que había volado bloqueando su camino.

-¿Qué es este sitio?, ¿En dónde está mi familia?-, dijo ella a la rubia mujer del habito frente a ella.

-¿Tú familia?, por favor Ilian. Andrei es todo menos alguien que pueda ser llamado tu familia-, dijo Heisenberg detrás de ella.

La rubia levanto una mano para callar al hombre quien obedeció enseguida.

-Vuelve a tu lugar Heisenberg, y tú también Moreau-, dijo la mujer al hombre con deformidades.

-Si, madre-, dijeron ambos obedeciendo enseguida.

La habían llamado madre. Así que se encontraba frente a la mismísima madre Miranda de la que todo mundo hablaba ahí. Se giró hacia su izquierda para mirar a la mujer del Hiyab, a quién habría creído que era Miranda. La mujer parecía analizarla debajo de esa tela negra. Cuando miró la muñeca, observó con horror que parecía moverse con autonomía. Escrutándola con la mirada. Su mirada era casi humana, lo cual le aterró. Ambos hombres se sentaron en sillas separadas a la derecha. Alcina volvía a su asiento mientras miraba con insistencia hacia ella. No quiso ni siquiera voltear a ver a la gran mujer, estaba tan aterrada que no era capaz de mover un músculo.

-Ilian-, dijo la mujer frente a ella -en verdad creímos que habías sido devorada por los Lycans en la montaña, pero veo que estas con vida. Debes saber, que huir de un jerarca está prohibido en este lugar. Tú y los otros dos debieron quedarse en donde estaban hasta mi llegada.

-¿De qué hablas?, lo único que queremos es largarnos de este lugar. ¿Por qué no nos dejan ir?-, contestó Ilian tomando valor de quién sabe donde.

-No le faltes el respeto a Madre Miranda-, dijo la voz del hombre deforme llamado Moreau.

-Déjanos ir-, le dijo ella a Miranda.

-No irán a ningún lado, Ilian-, respondió Miranda.

-¡Dámela a mí madre!-, habló Alcina hacia la rubia -, Heisenberg y el Duque obtuvieron sus favores personales.

-Aún no terminan mi peticiones y lo sabes-, dijo enseguida Heisenberg hacia Miranda - ella me pertenece, te la he pedido desde el primer momento y sabes que aún tengo un favor más por pedir.

-¡Tú ya tienes uno de los mortales!, confórmate con eso y cierra la boca-, dijo la mujer con enojo hacia Heisenberg.

-¿Qué?-, dijo Ilian mirando hacia Heisenberg cuando escucho la noticia.

Ilian sintió estática en el lugar y vio como algunos metales en el suelo vibraban peligrosamente. Levitaban levemente como por arte de magia.

-Cierra la maldita boca-, habló Heisenberg - Son míos. Tengo asuntos personales que tratar con el imbécil de Andrei, y Miranda sabe perfectamente que he elegido a Ilian para mí desde un inicio. El Duque y yo teníamos trato con Miranda desde que ellos dos fueron llevados ante ella. El Duque se quedaría con Luca y yo con Andrei e Ilian-, dijo Heisenberg a la gran mujer.

-Alcina, deja que Heisenberg termine de hablar-, demandó Miranda callando la intención de la mujer.

Ilian no podía creer lo que estaba escuchando. Esas personas, si es que podía llamárseles de esa forma, se debatían las vidas de ellos tres como si se tratara de mercancía.

-Madre-, comenzó él -, la quiero a ella. Con eso, el trato que tenemos con el Duque se termina. No me debes nada más después de ese favor.

En ese instante la puerta de la Iglesia se abrió y todos se giraron para mirar. En la puerta, Luiza y su esposo llevaban consigo a una jovencita con el rostro lleno de pánico.

-¿Es ella madre?-, dijo el hombre llamado Moreau con voz ansiosa levantándose de su sitio y mirando a la joven.

Miranda no contestó y permitió que los aldeanos se acercaran. Al llegar al atrio, los tres reverenciaron a la mujer antes de percatarse de quién estaba a un lado de ellos.

-¡Joven Ilian!-, dijo Luiza reconociéndola - ¡está viva!-.

-La conociste en la casa de Heisenberg, ¿cierto Luiza?-, interrogó Miranda.

-Así es Madre-, dijo la mujer y su esposo asintió.

La jovencita a su lado la miró. Tenía el cabello muy claro, casi rubio. No la conocía.

-¿Así que es Heisenberg el primero que tuvo contacto con ella?-.

-Así fue, Madre Miranda. Pero cuando ellos huyeron, solo los jóvenes fueron devueltos. Pero ella no apareció-, explicó Luiza.

Miranda miró hacia Ilian pensativa. Después miró hacia la joven junto a ella y de nuevo a Ilian.

-Heisenberg-, dijo al fin - te quedarás con ella-.

-¡¿Qué?!-, dijo Alcina.

-¡Silencio!-, sentenció Miranda hacia la mujer callando su protesta y volviendo a mirar a Heisenberg -Si Ilian sobrevive, volverá a ti-.

-Gracias, madre-, contestó Heisenberg con una gran sonrisa.

-¿De qué hablan?-, intentó protestar Ilian sin entender.

Pero en ese momento, del suelo salieron troncos similares a los que había visto en la cueva. El tronco se enredó a su alrededor y una de sus ramas más finas le cubrió la boca para que no hablara. Ilian llena de terror ante lo que veía quiso gritar y soltarse de su agarre, pero fue imposible. Miró hacia Heisenberg con lagrimas en el rostro. El se había levantado con preocupación al ver la manera en la que era sometida.

-Tranquilo, no la lastimaré-, le calmó Miranda al notar el nerviosismo del hombre.

Ilian notó como el hombre con impotencia se quedaba en su lugar mirándola llorar sin hacer nada para liberarla. ¿Qué estaba ocurriendo en ese lugar?

-Si Margarett sobrevive, será para ti, Moreau-, dijo Miranda hacia el otro hombre.

-Gracias, madre-, dijo el hombre mirando de la joven hacia Miranda con absoluta felicidad.

En ese momento el dolor de la nuca y las voces volvían a la mente de Ilian. Pero había una cosa más. Sentía una extraña energía recorrer toda la piel que era tocada por ese extraño tronco que la sujetaba.

Otra vez el cansancio. Y esas malditas voces.

Cerró los ojos vencida por sus sensaciones, perdiéndose en la oscuridad.

¿Cuánto tiempo había estado atrapada en esa oscuridad? Lo suficiente para perder la noción del tiempo. Voces iban y venían, no reconocía ninguna. Ilian permanecía en silencio, como a la espera de algo. Aunque en realidad no sabía decir el qué.

Todo era clama.

Todo era paz.

Todo era oscuridad.

Abrió los ojos. La luz del día la cegó un poco. Acostumbrada a la oscuridad se sintió desubicada, su cuerpo se sentía extraño. Miró desconcertada hacia todas direcciones, varias personas la rodeaban y observaban con atención, junto a ellos, madre Miranda al fondo presenciaba la escena.

-¿Qué...?- quiso preguntar que estaba ocurriendo, pero las nauseas le impidieron continuar. Giró su cabeza intentando contener las nauseas y al enfocar la mirada, encontró a la joven llamada Margarett respirando con dificultad sobre una cama mirando al rededor tan desorientada como ella. La joven vestía un vestido color blanco muy sencillo y de tela fina. Como una pijama antigua. Ilian se percató que ella estaba vestida de la misma manera. Su sangre se heló recordando lo que había sucedido antes de caer en la inconsciencia.

-Bienvenidas, hijas- se escuchó la voz de Miranda llamándolas- es hora de levantarse. Ilian, Margarett.

Ilian sintió que la tomaban de ambos brazos y la ayudaban a levantarse. Giró su cabeza a la derecha, y encontró a Heisenberg ayudándola a incorporarse. Notó que al igual que Margarett, ella se encontraba en una cama hecha de aquellos extraños troncos. Miró hacia Margarett quién era ayudada por Moreau a incorporarse de su sitio.

Sintió las nauseas regresar a ella.

Giró su rostro para hundirlo en el pecho del jerarca inhalando con fuerza intentando combatir las nauseas.

-Yo también te extrañe, Ilian- dijo él acariciando su cabeza con suavidad.

Entonces Miranda habló.

-El mareo y las nauseas son normales, Ilian. Debido a la posición del Cadou en ti. Siempre los órganos cercanos sufrirán un efecto a su presencia-.

¿El Cadou?, se preguntó. Recordó aquellos frascos que contenían pequeñas replicas de aquella cosa llamada Megamiceta. Su cuerpo se sentía cansado. Por alguna extraña razón se sentía agotada.

-De acuerdo- dijo Heisenberg quién parecía haber entendido la situación y la levantó en brazos llevándola hacia una silla cercana y depositándola ahí, para después sentarse a su lado.

Margaret ya había tomado asiento en una silla contigua a la suya con ayuda de Moreau. La joven estaba tan desconcertada y aterrada como ella. El resto de jerarcas caminaron hacia donde estaban, para tener una visión de las recién "nacidas". Notó que solo se encontraban los jerarcas, Miranda y ellas dos en aquella iglesia que estaba medio en ruinas. De Luiza y su esposo no había rastro.

-Intenta no acercarte demasiado, Moreau- dijo la muñeca en los brazos de la mujer con el rostro cubierto.

Ilian se sorprendió de ver que aquella muñeca parecía hablar por cuenta propia. Miró a la mujer que la cargaba preguntándose si era ella quién daba voz a su muñeca. Esa figura parecía tener vida propia, y era en verdad aterradora.

-Si lo haces, Ilian podría vomitar- completó madre Miranda hacia Moreau.

-¡Entonces hazlo!, será muy divertido ver al idiota de Heisenberg bañado en vomito- dijo Alcina desde su sitio con sorna.

Heisenberg ignorando a ésta ultima, revisó el rostro de Ilian, quién desvió la mirada de él e inspirando profundamente miraba hacia Margaret. No entendía lo que le estaba sucediendo. Y su mente agotada no le ayudaba a tratar de entender tampoco. Pero Miranda habló hacia ellas, facilitándole la tarea de comprender la locura que ocurría a su alrededor.

-Ambas sobrevivieron a la implantación del Cadou, y ahora son parte de esta familia. Necesitan descansar antes de dar paso al desarrollo de sus nuevas habilidades que con el tiempo conoceremos. Si todo es favorable para ustedes, no empeorarán de salud como muchos otros y no morirán.

-Que alentador discurso de bienvenida- dijo Heisenberg por lo bajo y la joven regresó su mirada hacia él, siendo la única que pudo escucharlo.

-Deberán estar agradecidas de que madre Miranda les haya dado una nueva vida- Moreau desde el fondo, provocando que Karl lanzara una pequeña risa sarcástica.

-Lo estamos- dijo Margaret con una inclinación de su cabeza y evidente miedo en su rostro, hacía lo posible por no provocar la ira de ninguno de los que las acompañaban. Algo muy inteligente a ojos de Ilian.

-Ahora nuestra familia es más grande, regocíjense en la felicidad, hijos- les dijo Miranda a los jerarcas mirándolos.

La muñeca comenzaba a aplaudir con emoción, al igual que lo hacía Moreau.

Para Ilian había un cúmulo de emociones irracionales en su situación. Indiferencia, celos, curiosidad, miedo y...

"Presta atención", se dijo a sí misma.

Meditó un momento mirando a los presentes. Y entonces comprendió que ese cumulo de emociones eran las emociones de todos ellos, mas no suyas. Miró hacia la gran mujer de sombrero negro, había un sentimiento de indiferencia en ella, quien estaba más ocupada en mirar el reloj que a la nueva iniciación. Miró hacia el hombre deforme, y notó envidia. Podía verlo mirarlas alternativamente a ellas y a Miranda en busca de saber que es lo que la mujer haría enseguida. A la izquierda, la mujer bajo su velo que impedía ver su rostro, albergaba un sentimiento de gran curiosidad hacia ellas, no podía asegurarlo, pero estaba casi segura de que tenia los ojos fijos en ella, así que los desvío su mirada encontrándose a Heisenberg que la seguía observando en silencio absoluto, analizándola y junto a él un sentimiento de... ¿enojo?, lo curioso es que su cara impasible no delataba ninguno de esos sentimientos. A su lado podía sentir claramente miedo proveniente de Margaret.

-Naturalmente, no recuerdan nada a cerca de lo que sucedía antes de sus nacimientos tras el implante del Cadou-comenzó a explicar Miranda - tampoco lo necesitan, le he regalado nuevos poderes e inmortalidad. Una nueva familia y renacer.

Mentira.

Ella podía recordar absolutamente todo lo que había ocurrido antes de ese momento. Recordó la llegada a la aldea con Andrei y Luca. La cueva, aquél ser extraño, ese tronco aprisionándola...

Y la oscuridad.

"Ella no lo sabe", pensó. Miranda creía que no tenían recuerdos de lo que había sucedido antes de lo que fuera que hicieron con ellas.

Al sentirse observada por Miranda actuó de inmediato.

-No puedo recordar nada- mintió.

-Yo tampoco- dijo Margaret mirando el suelo. Pero a diferencia de Ilian, ella decía la verdad.

Se notaba más desconcertada que Ilian. Y podía percibir que de ella emanaba una sensación de desconcierto. Podía sentir las emociones de las personas a su alrededor. Realmente podía percibirlas. Asombrada de su descubrimiento, miró hacia Heisenberg quién no dejaba de analizarla. El enojo en él había desaparecido y ahora le sentía preocupado.

-Entonces debemos presentarnos-dijo Moreau desde su sitio y enseguida procedió a presentar a todos los presentes, incluyéndose, mencionando ser los cuatro Lords de la principales casas de la aldea.

Ilian compuso una mueca de dolor. Su cabeza dolía.

-¿Demasiada información?- le dijo Heisenberg quién había notado su cara de dolor.

-Estás intentando recordar, Ilian-, dijo Miranda quién también había percibido su gesto-, No te esfuerces en hacerlo, no resultará. Ninguno de los que están aquí recuerdan nada antes de sus nuevas vidas tampoco. Antes de concluir, y como les explicaba antes de que Ilian despertara. Ambas son obsequios tanto para Heisenberg y Moreau.

Moreau desde su sitio aplaudía con emoción mirando hacia Margaret. Heisenberg seguía atento a las reacciones de Ilian.

Claro que recordaba eso también. Lo recordaba todo.

-¿Eso significa que vivirán como nuevos matrimonios?- pregunto Alcina hacia Miranda.

-Así es Alcina. Margaret con Moreau e Ilian con Heisenberg. Confío en que sabrán guiarlas y cuidarlas en esta primera fase de acoplamiento al Cadou. Necesitan comer y dormir lo suficiente. Todo lo que sus cuerpos les pidan, bríndenselos. Y no escatimen en cantidades.- dijo Miranda mirándolas a ambas.

-Si madre- dijo Moreau con emoción, a diferencia de Margaret quién no estaba tan alegre de saber que estaría atada en una relación con un hombre con tantas deformidades. Y miraba con una mezcla de miedo y asco oculto.

-Madre Miranda es muy generosa- dijo Angie la muñeca con una risita.

-Deberán recordar-, añadió Miranda - que se unirán en matrimonio una vez que ambas hayan superado su tiempo de acoplamiento. Yo los uniré en matrimonio cuando llegue el momento. Ambos deberán avisarme en cuanto ellas se encuentren perfectamente estables.

Margarett miraba de Miranda a Moreau con el ceño fruncido. Ilian se compadeció de la pobre chica. No imaginaba el infortunio de tiene que despertar sin recordar nada de tu vida para enterarte que serías entregada a un hombre con ese aspecto.

-Si eso fue todo por hoy...- dijo Heisenberg con hastió y levantándose de su lugar.

Parecía querer terminar con esa reunión pronto. Tomó la mano de Ilian y la ayudó a levantarse de la silla.

-Estoy muy agradecido por este gran regalo madre- dijo Moreau con evidente alegría - No puedo esperar a que la hermosa Margarett se encuentre mejor para poder unirnos en matrimonio.

-¡Eres un ridículo Moreau!- menciono la muñeca para después reírse de él.

-Es lógico que se encuentre emocionado, jamás ha tenido compañía en su vida- dijo Dimitrescu desde su sitio mirando hacia Margarett con lástima.

-Por último-, dijo Miranda - los aldeanos están muy ansiosos desde que supieron la noticia de Margarett e Ilian y en dos días se celebrará el Dragobete. Como cada año, yo estaré presente. Pero en esta ocasión es obligatorio para Heisenberg y Moreau que asistan con ellas para hacer las presentaciones formales a los futuros matrimonios. Así los aldeanos conocerán a sus nuevas jerarcas.

El Dragobete, Ilian recordaba que en casa de Heisenberg se había hablado al respecto. Pero en ese momento, faltaban semanas para que el evento llegara. Ahora solo faltaban dos días para la celebración. No podía concebir que hubiese estado tanto tiempo en la oscuridad absoluta ausente del mundo exterior.

Alcina suspiro calmando su mal humor y miró hacia ambas jóvenes antes de hablar.

-Como sea, mis más sentidos pésames para ambas- dijo Dimitrescu llamando su atención - no puedo imaginar la tortura de tener que fornicar con semejantes adefesios. Pero no tienen otra opción ¿cierto? Me retiro, Madre Miranda- se despidió la mujer abandonando el lugar después de reverenciarla.

La mujer con velo negro, presentada como Donna Benneviento reverenció a Miranda saliendo del recinto en absoluto silencio.

-¡Hasta luego chicas!-, decía la muñeca en los brazos de Donna - me pondré en contacto con ustedes para jugar juntas alguna vez.

Un momento después, ambas mujeres habían salido del recinto por la puerta principal.

-Gracias por darme la oportunidad de tener una esposa madre. La amaré como debe amarse a una mujer- dijo Moreau reverenciándola - reverencia siempre a madre Miranda, querida Margarett.

Margarett hizo caso al hombre para después ser llevada fuera del recinto tomada de la mano. Miró por última vez hacia Ilian, y ella pudo sentir el miedo y la ansiedad emanando de ella. Moreau cerró la puerta tras de sí al salir dejándolos a los tres solos.

-Gracias por esto- dijo Heisenberg reverenciándola con la cabeza y mirando hacia Ilian quien los observaba a ambos en silencio.

El hombre puso una mano en su cabeza ejerciendo fuerza para que Ilian reverenciara también.

Miranda entonces deshizo su cuerpo en muchos cuervos los cuales salieron volando del recinto a través de las ventanas abiertas del lugar.

Ilian con los ojos bien abiertos por lo que había visto observó a los cuervos alejarse. Era increíble lo que observaba. Otro evento que casi parecía magia. Desde luego no entendía lo que estaba ocurriendo en ese lugar, y lo que eran todas esas extrañas personas.

Miró a Heisenberg entonces, a la expectativa de lo que él dijera enseguida. Sabiendo que no quedaba más que volver a la fabrica junto a él.

-Vamos a casa- dijo Heisenberg tomándola de la mano - es lo único en lo que he pensado desde que desapa...desde tu transformación-, se corrigió.

Lo sabía.

Él estaría ocultándole lo que había ocurrido desde antes de su nuevo despertar. Y a ella no le quedaba otra opción que seguir fingiendo demencia si quería conservar su vida.

Todo el camino hacia la casa había tenido unas ganas terribles de preguntar por el paradero de Luca y Andrei. Quería rogarle a Heisenberg que le dijera en donde se encontraban. Sabía que Luca estaba con el Duque y que Andrei con Heisenberg, pero no podía decir nada al respecto. O siquiera insinuar que los recordaba, o la descubrirían.

Al llegar a la casa de Heisenberg, Ilian descubrió que se encontraba en mucho mejores condiciones delas que estaba el día de su escape. No había rastro de hierba que impidiera la visión hacia la casa y las paredes estaban reformadas. Descubrió al entrar que estaba reluciente. Ni un espacio sucio y perfectamente equipada para habitarse. Nada más entra por la puerta buscó con la mirada a Andrei. Sin embargo, se encontró con Nicoleta, su esposo Velkan y por supuesto, Balec.

El hombre se levantó de su asiento al verla entrar y caminó hacia ella quitándose el sombrero que portaba. Su rostro era un poema. Reflejaba ansiedad, alivio, duda, preocupación. Y también despedía esas emociones. Ahora ella sabía lo que ese hombre sentía al mirarla. Ahora no le quedaba duda de que por alguna extraña razón, Balec la estimaba.

-Lady Ilian...-, dijo Balec hacia ella - ¿Cómo se encuentra?

-¿Lady?-, dijo Ilian completamente desconcertada.

-Es usted ahora compañera de Lord Heisenberg-, dijo Velkan con una sonrisa hacia ella - brindamos nuestros respetos llamándola con su honorífico.

-Aún no estamos casados, pero si. Supongo que es adecuado-, dijo Heisenberg caminando hacia la mesa para sentarse - ¿Hay algo de comer, Nicoleta?- preguntó a la mujer.

Nicoleta reverenció a Ilian con mirada neutral. No parecía signos de resentimientos por su parte. De hecho, tranquilidad era lo que emanaba como emoción. Después se acercó a la cocina abierta detrás de Heisenberg para servirla cena.

Ilian miró hacia Balec, quién seguía atento a ella.

-Estoy bien, eso creo-, le dijo al hombre.

-Yo...mi nombre es Balec-, se presentó hacia ella - soy uno de los favoritos de Lord Heisenberg junto con mi hermana y cuñado.

Ilian sintió la empatía que desprendía el hombre. Balec quería empatizar con ella. Recordó las palabras de Heisenberg antes de ser absorbida por la oscuridad. Balec había sufrido su ausencia.

-Hoy oficialmente es su día de nacimiento, y será el que celebraremos para ella cada año-, dijo Heisenberg mirándola con una sonrisa.

-Larga vida a Lady Ilian-, dijo Balec con absoluta convicción.

-Larga vida a Lady Ilian-, dijeron en coro Nicoleta y Velkan.

Ilian se sintió extraña con esas exclamaciones.

-Mi nombre es Velkan, y ella es mi esposa Nicoleta-, dijo Velkan acercándose más a ella sonriente.

-Hola-, respondió ella mirando a los tres fingiendo demencia -¿Qué significa que son favoritos?

-Significa que son mis personas de absoluta confianza-, explicó Heisenberg -los aldeanos más cercanos a mi y con quienes convivo la mayoría del tiempo. Puedes confiar en ellos, Ilian.

-Estamos para servirle-, dijo Balec.

-También significa que Miranda no les hará daño bajo ninguna circunstancia, porque ellos son de mi propiedad. No puede ni experimentar con ellos ni asesinarlos a diferencia de otros aldeanos de aquí.

Ilian alucinaba con esa información.

-Ellos tres son mis únicos favoritos, por lo tanto también son los suyos a partir de ahora. Ven a comer, ¿quieres?-, dijo Heisenberg una vez que Nicoleta sirvió la comida para ambos.

Ilian sonrió sin saber que decir hacia Velkan y Balec. Después caminó hacia la mesa para sentarse. Se sentía cansada. No sabía si tenía la energía para socializar durante esa cena.

-¿Ustedes ya cenaron?-, preguntó Heisenberg.

-¿Cree que íbamos a probar bocado antes de saber sobre Lady Ilian?, ¿piensa que Balec iba a sentarse a cenar tan tranquilo?-, dijo Nicoleta con su ya habitual brusquedad provocando que Heisenberg riera.

Parecía ser verdad. Sus favoritos podían tener un trato más cercano a su jerarca.

-Lo único que hacía él era dar vueltas por el comedor y mira por la ventana-,dijo Velkan con gracia.

Heisenberg sonriente señaló los asientos vacíos en la mesa para que se sentaran también. Ilian se sorprendió de ese gesto tan familiar e intimo hacia los aldeanos que le servían.

-No hubo mayores incidentes como el año anterior-, comenzó Velkan hacia Heisenberg -las instrucciones que dejaste fueron claras y todos las siguieron al pie de la letra. Si tenemos suerte, enviaremos los materiales para final de mes.

-Excelente-, dijo el jerarca con complacencia comenzando a comer - ¿comenzarán las labores de los lotes mañana?

-Dijiste que no-, respondió Velkan - no habrá actividades hasta terminar el Dragobete, recuérdalo.

-Mierda...es cierto-, dijo Heisenberg mirándolo - supongo que todos descansaremos hasta el Lunes en ese caso.

-¿Los favoritos pueden tutear a sus Lords?-, preguntó entonces Ilian tomando una cuchara para comenzar a probar su sopa. No sabía si tenía más hambre que sueño. Pues el olor de la comida había despertado su apetito.

-Eso es porque Velkan es un estúpido que se toma esa confianza, mi Lady-, respondió Balec quién ya recibía su plato de sopa por parte de Nicoleta.

-Lo siento, mi Lady-, dijo Velkan con una sonrisa - es la costumbre de tantos años de convivencia.

-No tengo ningún problema con eso, Ilian-, dijo Heisenberg - pueden hacerlo si estamos solos, pero no frente a otras personas, y mucho menos frente a Miranda.

Ilian sonrió hacia Velkan.

-Aunque solo yo me tomo esa confianza, Nicoleta y Balec jamás lo hacen-.

Los cuatro comieron sus alimentos mientras el aire se colaba por la ventana abierta que estaba junto a la chimenea.

-¿Es de su agrado la comida, mi Lady?-, preguntó Nicoleta.

-Esta deliciosa, Nicoleta-, dijo ella.

-Que bueno que le guste-, dijo Balec atento a ella.

Ilian le sonrió al hombre. Poco a poco, desde que había llegado a ese lugar, Balec impactaba en ella de una manera que justo en ese momento notó que era positiva. Comió en silencio pensando en Luca y Andrei. Aunque ellos tres estuvieran deshaciéndose en halagos y atenciones hacia ella, no olvidaba que al final, ella estaba ahí en contra de su voluntad.

Y que todos ellos eran cómplices del crimen que Miranda había cometido.

-En la fábrica están muy impacientes por conocer a la futura Lady Heisenberg-, alcanzó a escuchar la voz de Velkan que la sacó de sus pensamientos.

-Lo harán en el Dragobete-, aseguró Heisenberg antes de beber de su copa devino.

-¿Asistirá al Dragobete, mi Lord?-, preguntó Nicoleta con asombro.

Balec también miraba perplejo hacia Heisenberg.

-Miranda lo ordenó. Hemos de presentar formalmente a las nuevos miembros de la familia-, le contesto él.

-Increíble, por primera vez estarás rodeado de las mieles del amor en la aldea-, dijo Velkan en tono de burla hacia él.

-Cierra la puta boca-, dijo Heisenberg intentando beber de su copa riéndose por las palabras de Velkan.

-Cuántas mujeres dejaras en la absoluta decepción cuando te vean llegar con Lady Ilian-, continuó su monólogo mirándola.

-Es...eh...bueno-, quiso hablar Heisenberg mirando de Ilian a Velkan.

-Ah...-, dijo Velkan intentando no reír - pobrecitas...-, dijo Velkan comiendo para evitar reír.

-¡Velkan!-, reprendió Balec a su cuñado desde su sitio -¿Estás faltándole el respeto a Lady Ilian?

-¡No, no!-, se alarmó este mirándola - no es así mi Lady...Karl es muy codiciado por algunas mujeres en el pueblo, es solo eso. Pero usted es definitivamente nuestra Lady ahora. Y eso nadie lo va a cambiar.

Genial. No se encontraba de humor para descubrir la historia de las amantes de Heisenberg en la aldea. Era algo que literalmente le tenía sin cuidado. Solo podía pensar en Luca y Andrei. Pero no tenía manera de preguntar por ellos sin ser descubierta.

Ilian comió sin responder a ese comentario, concentrada en el pensamiento del dónde podrían estar ellos dos.

Velkan se alarmó enseguida creyendo que su silencio era una muestra de su disgusto hacia él.

-Por favor mi Lady, no era mi intención ofenderla-, dijo enseguida Velkan hacia ella con preocupación en el rostro al igual que expidiendo esa emoción.

Heisenberg en silencio la miraba observando su reacción.

-¡Eres un imbécil!-, dijo Balec molesto hacia él.

La esposa de Velkan habló entonces.

-Discúlpate, ahora-, dijo ella tajante.

-No hay ningún problema, no estoy molesta-, atajó Ilian para calmar los nervios de todos.

-Discúlpeme, no era mi intención...-.

-Está bien, Velkan. No estoy molesta. Karl puede hacer lo que quiera con sus mujeres de la aldea-, dijo ella.

-¡Mi Lord!-, dijo molesta Nicoleta hacia Heisenberg.

Ilian se sorprendió de la manera en la que lo reprendía incluso siendo él la autoridad y no ella.

-Maldita sea Nicoleta...sabes que no, yo...-, se contrarió Heisenberg mirando a la mujer y luego a Ilian - escucha Ilian, no veré a ninguna mujer que no seas tú. ¿De acuerdo?

-Lord Heisenberg no verá a ninguna mujer a partir de ahora, mi señora-, aseguró Balec.

Ilian suspiró al ver el enredo de la situación.

-De acuerdo. ¿Podemos cambiar de tema?-, sentenció ella harta del malentendido con el peso del cansancio en su cuerpo que le pedía a gritos dormir.

-Por supuesto-, dijo Heisenberg.

-¿Qué es Dragobete?-, preguntó Ilian.

-La celebridad en dónde hombres y mujeres de la aldea demuestran sus sentimientos los unos a los otros, mi Lady-, contestó enseguida Balec.

-Es un evento en el que nuevas parejas se forman y algunas veces incluso se comprometen en matrimonio. Madre Miranda siempre está presente y al final es ella quién determina si la pareja tiene o no permiso para estar junta.

-¿Miranda da permiso?-, preguntó Ilian.

-Ella debe autorizar todo lo que se hace en la aldea-, le dijo Nicoleta - en su caso y el de Lord Heisenberg, es un futuro matrimonio que ella ya aprobó. Así que estarán ahí más por presentarla a usted a todos que a pedir la venia de ella. Y es todo un acontecimiento, porque él jamás asiste a esa celebración.

Ilian medito al respecto. Era ridículo que Miranda tuviera que dar autorización incluso para poder respirar.

-Conoceremos formalmente a Lady Moreau, aunque algunos ya la conocemos-, dijo Velkan más para sí mismo que para los demás.

-¿Ya la conocen?-, preguntó ella como si no recordara que fue Luiza y su esposo quiénes llevaran a Margarett frente a Miranda.

Ellos le explicaron que Margarett era una aldeana como todos ellos, que mediante una exhaustiva selección por parte de Luiza, fue elegida para llevar frente a Miranda y entregarla a Moreau.

-¿A mi también me eligieron de la aldea?-, preguntó entonces.

Y el silencio incomodo se hizo sentir. ¿Cómo se librarían de esa ahora?

-Tú vienes del exterior, Ilian-, dijo Heisenberg - no eras aldeana.

-¿De dónde vengo?-, preguntó enseguida.

-Nadie lo sabe-, mintió entonces - Entraste en la Iglesia de las reuniones personales de Miranda desorientada y desnutrida. Ella te acogió y te salvó la vida dándote su "regalo", como lo hizo con todos los jerarcas, sus hijos.

-¿No llevaba nada conmigo?-.

-Nada que nos diera una pista de quién eras o de donde venias-, volvió a mentir.

Maldito mentiroso.

-Que infortunio-, dijo ella con mirada inocente mirando hacia Balec fingiendo estar satisfecha con la pregunta.

Nicoleta suspiró entonces con tranquilidad.

-No debe preocuparse mi Lady. Ahora está con nosotros y la cuidaremos como es debido-, seguro Balec.

-Tú me haces sentir segura, Balec-, le dijo al hombre.

Balec inspiró llenando sus pulmones mientras componía una ligera sonrisa haciaella. Sentía felicidad emanar del hombre.

-¿Y porqué me entregó como tu esposa?-, dijo ella.

-Porque yo te pedí para mi-, dijo el jerarca.

-¿Me amas y yo a ti?, porque no lo recuerdo-, dijo ella picando el tema para ver como reaccionaba.

Los tres favoritos miraron en sumo silencio en espera de su respuesta.

-Por supuesto Ilian. Nos amamos y es por eso que nos casaremos-, dijo sonriente.

Maldito bastardo mentiroso.

Velkan aclaro su garganta ante la incomodidad de la mentira y procedió a comer. Balec y Nicoleta hicieron lo propio. Por supuesto que no había amor ahí. Lo único que había era un crimen fatal en contra de sus derechos de libertad y una incógnita descomunal de que mierda era lo que estaba ocurriendo en ese maldito sitio.

Y ella iba a llegar hasta el fondo del asunto. Llegaría hasta las últimas consecuencias.

Dejaría el tema en paz por el momento. Estaba más cansada que interesada en intentar sacarles más información. Ya tendría tiempo para hacerlo con calma.

Frotó sus ojos con cansancio.

-¿Quieres dormir?-, pregunto Heisenberg.

-Estoy cansada-, respondió ella con sinceridad.

-Debe estarlo, mi Lady. La adecuación no es fácil y utiliza mucha energía del cuerpo-, dijo Nicoleta levantándose de su sitio.

Balec enseguida se levanto de su asiento para ayudar a Ilian a levantarse también. Velkan con respeto se levanto de su sitio como gesto hacia Ilian. Heisenberg se levantó para tomar su mano.

-Hora de dormir-, dijo Heisenberg a la joven, quién miró a los aldeanos.

-Que descanse mi Lady-, dijeron al unísono.

-Gracias, igualmente-, dijo ella dejándose llevar por Heisenberg al pasillo quedaba a las habitaciones.

Pero en esa ocasión sería llevada a la habitación principal. La habitación de Karl Heisenberg. Un lugar espacioso con un gran ventanal. Y una acogedora cama para dos personas que le esperaba. Ella rendida se recostó en la cama y Heisenberg le quitó las zapatillas color blanco que ella no recordaba haber visto en su vida. La ayudó a cubrirse con las cobijas antes de hablar.

-Nada nos va a separar ahora, Ilian. Eres mía-, dijo suavemente antes de acercarse para besarla.

El primer beso que recibía de ese hombre.

Ella cerró los ojos perdiéndose en la inmensidad de la oscuridad, rendida por el cansancio.

Ya tendría tiempo para enojarse con él por su maldito descaro de besarla sabiendo que su prometido estaba en algún lugar de la aldea, cautivo.

Ya tendría tiempo de resolver toda esa maldita locura.

Por ahora solo quería dormir.

.

.

.


¡Hola!

Nuestra querida Ilian ha sufrido la transformación por el Cadou. Y comienza su nueva vida como pareja de Karl Heisenberg. ¿Qué pasará ahora? ¿En dónde están Luca y Andrei? ¿Qué estará viviendo la pobre Margarett en las garras de Salvatore Moreau? Lo descubriremos próximamente.

¡Gracias por leer!