Capítulo 3.

El castaño no quiso poner en duda las palabras del chico puesto que su voz estaba llena de seguridad, así que decidió seguirle el paso en silencio. Ahora parecía que L cuidaba del menor como debía ser. Los pasos de ambos eran lentos, silenciosos y pequeños. Lo tomaron con calma.

Cuando estuvieron frente a la habitación una vez más se dieron cuenta de que la puerta estaba entreabierta. Seguramente BB la había dejado así a propósito para evadir al adulto con facilidad. Cuando L y Alexander entraron a la habitación sin permiso vieron al chico asomándose por la ventana dándoles la espalda, observando todo con tranquilidad. Les daba la espalda y se le percibía sereno, cansado y quizá molesto muy en sus adentros. Al igual que Elle, estaba confundido.

—Aquí está —afirmó L.
—¿Cómo te diste cuenta? —exclamó Alexander muy sorprendido soltándole la mano—. Roger dijo que no estaba y no lo vimos cuando pasamos…
—Seguro que estuvo cazándonos todo el tiempo o nunca salió de aquí. En el ropero, debajo de la cama, detrás de la puerta… Hay opciones.
—No hablen como si yo no estuviera aquí —sentenció Beyond sin desviar la mirada de la ventana—. ¿A qué viene el alboroto de ese viejo? Fue él quien nos metió en esto.
—¡Roger estaba preocupado por ti! Dormiste profundamente toda la noche y el clima de ayer no favorecía a nadie… —dijo Alexander.

Beyond Birthday se dio la vuelta y al ver a L ambos quedaron anonadados. Por primera vez L abrió los ojos, grandes, grandes, grandes. Y BB por primera vez demostró interés y curiosidad. Ambos creyeron que estaban viéndose al espejo, con mucha suerte y bastante dificultad era posible encontrar alguna diferencia. Eran prácticamente gemelos. Ante ese pensamiento los chicos solo pudieron compartir miradas de extrañeza y una sonrisa se dibujó en el rostro del menor.

—Ustedes son hermanos, ¿verdad? Seguramente es por eso que Roger y el señor Wammy estaban tan interesados en reunirlos. Oh, debería presentarlos. Este es…
—¿Elle Lawliet? Qué nombre tan mas excéntrico—dijo BB. «Lo hizo otra vez», pensó Alexander. El pelinegro agregó—: Aunque, como he mencionado antes, no tengo derecho a decirlo.
Los ojos de Elle se quedaron muy abiertos y expectantes.
—¡Es cierto! Antes adivinaste mi nombre también, pero no me dijiste el tuyo —dijo Alexander con rostro de cachorrito. Pasa su mala suerte, de nuevo el chico evadió su pregunta.
—¿Cómo sabes mi nombre? El señor Wammy me dijo que no se lo diría a nadie… Me mintió. —El rostro de L se ensombreció por un segundo.
—No, no lo hizo —dijo BB acercándose a su gemelo—. Simplemente lo supe al verte. Es… difícil de explicar. ¿Debería disculparme por enterarme inevitablemente de algo que no me incumbe?

El sonido de la goma de unos pesados zapatos recorriendo el pasillo a toda prisa hizo que los tres niños voltearan hacia la puerta.

—¡Aquí están los tres! —exclamó Roger muy agitado, demostrando enojo y alivio al mismo tiempo si aquello era posible.
—¿Por qué tanta prisa? —preguntó un BB desvergonzado.
—¡Tú, niño! ¿Quieres explicar qué fue lo que sucedió?
—Acabo de despertar, no conozco a nadie ni recuerdo nada… No tengo idea de dónde estoy o de qué día es. ¿No quieres explicarme tú a mí?
—¡Cielos! —exclamó Roger con pesadumbre.

No solamente estaba exhausto por el susto que acababa de pasar, sino porque según lo que podía ver, los tres niños tenían la lengua igual de afilada y ello se volvería un problema si no se les corregía a tiempo.

—Niños… —continuó diciendo Roger con la mayor paciencia que podía poseer—. Este es Beyond Birthday, pueden abreviarlo como BB si gustan. No creo que haya inconvenientes, ¿cierto?
—Da igual —respondió el mencionado.
El anciano suspiró con pesadez.
—Y estos son…
—Alexander Ryuuzaga y Elle Lawliet, lo tengo. —Beyond Birthday interrumpió al mayor con agilidad.
—A-Así es… Pero podemos usar abreviaciones también. Por petición del señor Quillsh Wammy y para mantener la seguridad de los alojados todos suelen usar algún alias o abreviación de su nombre. Pueden elegirlo ustedes mismos o nosotros podemos asignarles uno si gustan.

Roger había estado tan preocupado que ni siquiera había pensado en el gran parecido que tenían ambos niños. Si no tenía una explicación para sí mismo mucho menos tenía una para ellos. Pero creía una cosa: el hecho de que ambos hubieran llegado el mismo día y fuesen idénticos era parte de algún caprichoso destino. Al notar que ninguno de los tres dio ningún tipo de opinión, el anciano solo pudo observarlos unos segundos más para continuar diciendo:

—Sé que todo puede parecer confuso. En cuanto mi mentor regrese les daremos una explicación, ¿de acuerdo? El día de hoy lo tienen libre. Mañana retomarán las actividades diarias del orfanato, voy a dejar que Alexander les explique si no les molesta. Por lo pronto vayan a comer algo. Pero tú, Alex, debes terminar tus tareas hoy en la noche como máximo. No te emociones.
—¿Cuándo llegará el señor Wammy? —preguntó L.
—Mañana por la mañana.
—Está bien.
Antes de que los chicos se retiraran, Roger quiso volver a preguntar:
—Elle, Beyond, ¿pueden recordar algo de ayer?

Los chicos se giraron para verle a la cara. Justo cuando había hecho esa pregunta los dos tuvieron tiempo para indagar en su memoria y como si se hubiera tratado de un hechizo de magia ambos pudieron darse cuenta de que en efecto no podían rememorar mucho. Todo lo que L podía recordar era el sonido de una locomotora, de alguien llorando y el sonido de las campanadas de una iglesia.

—Una, dos tres, cuatro… cinco… Quizá eran más. Eran las campanadas de una iglesia, una tras otra. Una y otra vez. El sonido no me dejaba dormir. —Elle cerró sus ojos intentando recuperar la memoria—. Alguien lloraba y el motor de la locomotora estaba como enloquecido… Hacía frío, y el señor Wammy me sostenía de la mano. No estoy seguro de donde veníamos… No puedo recordar más. Apenas recordaba mi propio nombre.

Elle estaba ocupado intentando hilar sus recuerdos cuando un dolor de cabeza lo invadió. Beyond intentó hacer lo mismo, pero por su parte no había mucho.

—También recuerdo que hacía frío. Y olía a chocolate caliente… Estaba dentro de un automóvil… Recuerdo haber visto la nieve caer por la ventana. Eso es todo.

Roger sintió algo retorcerse dentro de sí. Sentía pena por ambos, pero creyó que esa situación podría ser provechosa. Utilizar a Elle como guía para enmendar a Beyond Birthday parecía figurar como parte de un plan brillante.
No prometió librar sus dudas por completo, pero seguro que cuando llegara el señor Quillsh todo sería más sencillo para todos.

Iban siendo ya las 2:00 de la tarde y los gemelos, como los creía Alexander, apenas estaban desayunando. El comedor comenzó a llenarse otra vez pues los demás niños salían de clases, otros iban a dormir una siesta de regreso a sus habitaciones y otros cuantos salían a jugar al patio. No había mucho que el castaño pudiera explicar, pues el día resultó ser inesperadamente tranquilo. No obstante, algo sí había cambiado, y era que en cuanto ambos recién llegados se vieron a los ojos por primera vez hubo una clase de chispa que despertó en sus corazones y desde ese momento la idea de separarse fue imposible. No solamente L se miraba un poco más animado y despierto en todos los sentidos, sino que BB se miraba más accesible en comparación a como se había mostrado con el pequeño Alexander por la mañana.
Ese día fue suficiente para que los chicos conocieran todo el orfanato. Aunque no era el lugar más grande de todos y podía estar mucho mejor, era uno de los lugares más bonitos y más seguros en el que los "gemelos" habían vivido, aunque no recordaran nada del pasado.

El clima de ese día era agradable. El viento estaba heladísimo pero el sol brillaba con fuerza y no había ni una sola nube en el cielo para cubrir la vista.
Como no debían asistir a clases todavía tuvieron tiempo de sobra para degustar la comida que les sirvieron en la charola en el comedor. Ese día sirvieron puré de papas y calabaza, estofado y gelatina.

Lawliet apenas se terminó la gelatina, Beyond devoró el estofado y Alexander se encargó de dejar impecables las tres charolas, llenándose con aquello que le pudo haber sobrado a los nuevos. Luego tuvieron el tiempo suficiente para descansar en el patio trasero y oír algunas de las anécdotas sin sentido del menor. Alexander solía hablar mucho sobre los libros que le gustaban, sobre la gente que le agradaba y la que no, sobre las cosas que le divertían y las que le daban miedo… Pero ninguno de los mellizos podía prestar verdaderamente atención a ello. Aun así, eran chicos listos y aunque creían no oír, seguro que, si les preguntaban después, de algún rincón de su mente sacarían fragmentos de la conversación.

El día terminó rápidamente. Para el castaño apenas había alcanzado el tiempo para divertirse con los recién llegados y estaba tan emocionado que ni siquiera podía conciliar el sueño durante la noche. Quizá era por el aura tan misteriosa que emanaban, quizá era porque, por alguna razón, Alex pensaba una y otra vez: «Estos chicos son como yo». O quizá fuera simple y sencillamente porque el chiquillo nunca había visto dos personas idénticas. Había oído hablar sobre gemelos y mellizos, pero creía que solo era un mito.

El día siguiente fue exactamente igual que el anterior. Por razones personales Roger le cedió el permiso al pequeño castaño de faltar algunas horas de clase con tal de que estuviese con los mellizos. No quería que, por alguna razón, el comportamiento de BB en el anterior orfanato detonara una vez más en Wammy's House. Por otra parte, L apenas hablaba o comía… Solo se mostraba mínimamente interesado cuando Alexander estaba con ellos. Por ello el anciano supuso que la estadía del pequeño junto a ambos sería positiva para evitar comportamientos negativos hacia ellos mismos o hacia los demás. Otra cosa de la que había tenido sumo cuidado era de no dejarlos ver ante los otros niños. ¿Por qué? No lo sabía. Sentía que eran dos gemas que debía mantener ocultas hasta que el señor de la casa llegara.

Fue en el día número tres desde la llegada de los niños que el señor Quillsh Wammy hizo acto de presencia en la residencia.

Todos los niños dormían. Como era de costumbre el hombre llegó durante otra helada madrugada. Roger lo saludó con mucho gusto y le dio un informe respecto a cada cosa que hubiera podido suceder durante su ausencia. Wammy soltó una risita ante la histérica formalidad de su compañero.

—¿Has dormido bien, viejo amigo?
—Supongo que podría dormir un poco más, señor.
—Hazlo entonces. Voy a encargarme de los niños mañana… Hay algunas cosas que deben saber.
—¿Se encuentra bien? Se ve cansado.
—Quiero resolver las cosas lo antes posible. Según lo que me cuentas, no pueden recordar nada.
—Así es, señor.
—Bien, podríamos usar eso a nuestro favor. No te preocupes y no me mires con angustia, es por el bien de ambos.
—Sí, señor.
—Supongo que tenemos tiempo antes de que adopten a uno.