Andree agradeció cuando Luka le entregó otra compresa fría y retiró la que el sheriff tenía en sus manos. El alivio que sentía en la hinchazón de su quijada era evidente por su expresión de satisfacción. Dos palmaditas en la espalda sirvieron para marcar la frase que Luka pensaba en esos momentos: Voy con mis muchachos.

Andree asintió y gruñó por lo bajo, una respuesta escueta y tosca que dejó a Luka más tranquilo.

En el interior de la habitación la historia no era del todo distinta. Los ánimos se notaban decaídos, incluso los hermanos Mattiew estaban consternados, pero mantenían ocupadas las manos y la cabeza, revisando el material que habían logrado obtener luego de los instantes de locura.

Dos golpecitos en el marco de la puerta hicieron a todos en la habitación levantar la mirada, Marinette sonreía apesadumbrada, casi avergonzada de estar ahí, pero el alivio en las miradas de todos fue toda la invitación que ella necesitó para ingresar a la habitación.

Incluso el sheriff, que había estado sentado en la parte de atrás de la van, se acercó para saber qué procedía a continuación.

.

97.-Amante poseído

.

(Come home - The Newton Brothers)

—Tomoe y Kagami se quedaron dormidas en nuestra habitación —murmuró Marinette con una sonrisa tranquilizadora—. Están agitadas, pero están bien.

—Bendito sea.

—No parecen recordar mucho de lo que pasó, pero no tienen problemas con olvidar.

—A veces es lo mejor. ¿Adrien?

—Fue a buscar algo de comer, vendrá en unos minutos.

—Perfecto. ¿Tenemos las fotografías? —Luka dirigió su pregunta a los hermanos, que ya se habían instalado en la habitación y analizaban la evidencia disponible.

—En unos minutos tendremos los primeros resultados. Pero es pronto para sacar conclusiones.

—Entiendo. ¿Creen que haya posibilidad de…?

—¡Un momento, un momento! —El grito de Andree llamó todas las miradas de la habitación sobre sí. Se le notaba estresado y el enrojecimiento de su quijada se había pronunciado gracias al frío, tenía un aspecto casi cómico para los hermanos, pero Luka y Marinette decidieron darle tregua al pobre hombre, que debía estarlo pasando muy mal—. Una habitación entera estalló frente a nosotros. Cosas volando por todos lados, ¡Me golpeó una silla! ¿Cómo demonios pueden estar tan tranquilos?

—¡Uy —musitó Erik bajando el rostro, con una expresión divertida—, palabra clave!

La exhalación en complemento a la mirada pesada que Marinette le dedicó al muchacho fue suficiente para hacerlos dimitir de su intención de burlarse del detective.

—Andree —trató de iniciar Marinette dando medio paso en dirección del sheriff, pero él se puso a la defensiva, misma postura: Una mano hacia ella, la otra hacia la funda de su arma.

—No se me acerque… Por favor, no, se-me…

—Tranquilo —pidió ella con una sonrisa dulce—, no va a pasar de nuevo.

—Yo le creo, pero no me vuelva a tocar.

—Andree —"pedazo de imbécil" le habría gustado a Luka añadir—, se ha dejado la colt en la patrulla.

La primera reacción del sheriff fue palmear su costado hasta sentir la funda vacía, y entonces cayó en cuenta que aquella era la segunda vez en la noche que amenazaba a Marinette con su arma. Tal vez la había puesto en peligro indirectamente, pero el matrimonio Couffaine se había tomado aquello con demasiada calma, y él debía agradecer y abstenerse de hacer aquello una vez más si no quería ganarse un reporte.

—Perdón… yo…

¿Qué, él qué? ¿Cómo finalizar esa frase?

La sonrisa dulce de Marinette le tomó por sorpresa de nuevo. ¿Cómo podía ella estar tan tranquila luego de dos amenazas directas?

—Usted tiene un don, Andree, y su hija también lo tiene. Por eso abandonó la ciudad, para evitar el ruido, sólo que usted no lo sabe. Entiendo que esté a la defensiva —prosiguió señalando la funda de la colt—, siempre ha tenido buen ojo para saber de qué cuidarse, pero esta noche yo no soy el enemigo.

Ahí había una afirmación.

Una frase ingenua o inocente, que conllevaba una afirmación grave. Porque si ella no lo era…

—¿Quién es el enemigo?

—Luka —llamó Ethan lentamente, estirando aquella palabra con aires incómodos—, no estoy seguro, pero… creo que tenemos una situación…

El muchacho sostenía en sus manos las fotografías ya reveladas, habían tomado todas las polaroid que habían podido recoger en su carrera, pero las fotografías de rollo habían demorado más. Ahora Luka temblaba de pies a cabeza mientras observaba las fotografías, comenzando a poner a todos nerviosos.

.

(Darkness and chaos - The Newton Brothers)

—Tía Juleka…

Tanto Juleka como Anarka dieron un brinco en sus sitios.

El sobresalto se suscitó por ser tomadas desprevenidas, puesto que el menor había hablado muy, muy bajito. Louis se tallaba el ojo mientras se aferraba a su manta con la mano disponible, tenía la mirada llorosa, y la nariz enrojecida. Había estado llorando.

Anarka se lanzó hacia el niño, lo levantó al vuelo antes de sentarse de nuevo en su sitio.

—Oh, corazón, ¿qué pasa?, ¿tuviste un mal sueño? Cuéntale todo a la abuela.

—Soñé muy feo —se quejó el infante mientras Juleka se dirigía hacia las repisas con un pensamiento fijo: chocolate caliente.

—Cuéntale tu sueño a la vieja capitana, yo lo lanzaré al mar para que se lo lleve lejos —la mujer comenzó a arrullar al pequeño entre sus brazos mientras la leche hervía.

—Soñé que mi papá estaba en una casa enferma, y que se enfermaba por mi culpa.

—No digas eso —se apresuró Juleka a decir mientras se arrodillaba al lado del pequeño—, tú eres un niño bueno.

—Sí, pero mi papá se enfermó por mi culpa, porque se asustó mucho de verme ahí.

Un mal presentimiento se apoderó de Juleka, la joven levantó la mirada en dirección de su madre, angustiada y dudosa, pero la sonrisa de la capitana y el asentimiento de la cabeza, le dieron el valor necesario.

—Llévate el auto, lo vas a necesitar para llegar a tiempo.

—Gracias mamá —Juleka besó la coronilla de su madre y su sobrino, y salió disparada tomando todo cuanto había en la mesa.

Anarka se quedó ahí unos minutos más, arrullando al pequeño cantándole shanties, y casi para quedarse dormido, mientras la leche hervía y se desbordaba, el menor murmuró: La casa se quiere comer a todos.

.

(That night - The Newton Brothers)

El grito de Adrien los puso bajo aviso.

Marinette no llegó a ver la fotografía que Ethan le mostró a su esposo.

Andree de nuevo se llevó la mano a la funda mientras todos miraban en dirección a la pared izquierda, donde debía estar la otra habitación…

Por largos segundos dudaron.

No les quedaba claro del todo lo que acababan de escuchar. ¿Y si había sido sólo su imaginación?

El silencio sepulcral de la madrugada les dificultaba pensar con claridad. Y el cansancio, y el estrés.

El mutismo de la noche les hizo dudar, ¿de verdad habían escuchado…?

Y el sonido del auto los obligó a correr.

Andree salió para darse cuenta de que se habían llevado la patrulla, los hermanos Mattiew corrieron a la habitación del costado esperando encontrarse con una escena del crimen, tal vez algún asaltante que creyó que Adrien era el dueño del auto, algo que les brindara esperanza.

La puerta de la habitación de Marinette y Luka estaba abierta, la luz encendida titilaba de manera irregular, y cuando los hermanos entraron esperando encontrarse con la habitación vacía…

—¡Llamen al padre Moreau —gritó Luka mientras él y Marinette corrían hacia el celica—, díganle que necesitamos apoyo urgente, mándenlos a la casa!

—¡Pero Luka…!

—¡No hay tiempo que perder! —El grito de Marinette los hizo reaccionar— ¡Si queremos evitar una tragedia tenemos que actuar ya!

—¡Díganle a Moreau que no hay opresión, estamos en la tercera etapa!

Andree no comprendió aquellas palabras. Corrió hacia la habitación de al lado, donde se encontró con el cuerpo de Adrien tirado en el suelo, su brazo tenía tres heridas paralelas, como si las garras de un animal enorme le hubiesen propinado un zarpazo. Todo el lugar estaba revuelto, justo como había quedado la casa Tsurugi, la cama volcada, las ventanas reventadas, la ropa, las cortinas, los muebles…

Pero Tomoe y Kagami habían desaparecido del lugar.

—¡Voy con ustedes!

El grito de Andree logró alcanzar apenas a Luka, quien ya había arrancado el vehículo, el sheriff abandonó la idea de ir al escuchar el chirrido de las llantas contra el asfalto, pero se apresuró en cuanto vio a Marinette salir del vehículo para saltar a los asientos traseros.

Tal vez nunca sabría que ella misma había dicho a Luka que le necesitaban esa noche.

.

La casa estaba helada, jamás Kagami sintió tanto frío estando en esa casa como la madrugada que estaba viviendo. ¿De verdad estaba ocurriendo?

Se sentía aletargada, le pesaba el cuerpo, trató de abrir los ojos, pero apenas conseguía vislumbrar una imagen borrosa por su estado somnoliento, la volvía a vencer el aturdimiento y cedía ante la oscuridad.

No recordaba cómo había llegado hasta ahí, no recordaba cómo había perdido la conciencia, no recordaba el golpe en la sien, mismo que la proyectó directo a un sueño profundo. Tenía solamente tres certezas.

Primero, estaba de vuelta en su casa.

Segundo, su madre la había llevado.

Tercero… y por mucho que le doliera admitirlo, aquella ya no era su madre.

.

(What did you really see - The Newton Brothers)

—Andree, tenemos que prevenirlo sobre lo que viene —dijo solemne Luka mientras Marinette vaciaba el contenido de una maleta sobre el asiento trasero—, sé que no cree en que nada de esto sea real, pero necesitamos confiar en que nos apoyará hasta el último segundo.

Silencio primero, el sheriff había tenido muchos problemas para abrocharse el cinturón, ni hablar de conectar dos pensamientos coherentes.

Agua.

Fueron unas gotitas de agua llenando el parabrisas por dentro lo que hizo reaccionar al sheriff. Marinette desde el asiento trasero rociaba con agua las ventanas del vehículo, y de paso, también un poco a ellos.

—¿Agua bendita?

La pregunta emergió como un graznido ronco desde el fondo de su garganta, pero Marinette sonrió asintiendo una vez.

—Agua bendita —confirmó dulcemente—, aunque usted no lo crea.

Luka se santiguó al ver la finca, Marinette se hizo con fuerza del rosario que enredó en torno a su mano izquierda, y Andree por primera vez en años, comenzó a rezar.

—Sospechábamos que Tomoe sufría de una terrible opresión —prosiguió Luka mientras sentía los dedos de Marinette ungirle la nuca con aceite bendito—, toda la casa está infestada. Eso quiere decir que hay una presencia oscura.

—¿Como un poltergeist?

—¡Mira nada más! El incrédulo en turno sabe un par de cosas.

La ironía de Marinette pareció alivianar un poco la tensión del ambiente, y cuando ella mostró el frasquito de aceite al sheriff, él asintió resignándose, pero sintiendo un escalofrío ante la idea de entrar de nuevo en contacto con Marinette.

—Los poltergeist son un poco más complejos que un montón de fantasmas atacando una casa, pero si le sirve de referencia, entonces podemos usarlo.

—Ok, lección exprés —murmuró el sheriff asintiendo luego de que Marinette lo ungiera también—, deme todos los malditos detalles.

—Mi esposa identificó al menos a un ente inhumano rondando la casa y tratando de apoderarse de Tomoe y de su hija, pero algo no cuadraba. Normalmente estos entes se mantienen lejos de la vista, no les gusta ser descubiertos, pero este parecía moverse por el lugar como si fuera el dueño. Más adelante ella tuvo una visión.

—Erik hizo una investigación a profundidad —continuó Marinette mientras se ajustaba un cinturón con bolsillos a los costados y comenzaba a guardar frasquitos de vidrio ahí—, encontró que en el pueblo había una leyenda famosa de un pozo de los deseos al que los niños acudían a lanzar objetos.

—¿Monedas?

—No iban a pedir deseos, Sheriff —puntualizó Luka con voz sombría—, querían molestar al que habita.

Un nuevo escalofrío recorrió la espalda de Andree, quien pasó saliva con dificultad y esperó.

—Los humanos tenemos alma —explicó Marinette antes de colgar un escapulario en torno al cuello del sheriff—, los ángeles y los demonios son espíritus sin cuerpo, son en sí mismos su propia naturaleza benévola o maligna. Y luego están los espíritus inhumanos.

—Alguna vez fueron personas —dedujo el sheriff.

—Lo que enfrentamos en la casa Tsurugi no es un demonio. Es un espíritu inhumano.

—Y entre más le temamos —dedujo lentamente el sheriff, rezando internamente estar equivocado por el rumbo que habían tomado sus pensamientos.

—Más poderoso se tornará —confirmó Luka deteniendo el auto…

Frente a la casa.

.

Juleka estacionó frente a las habitaciones del hotel de paso. Encontró la puerta de Luka y Marinette colgando de una bisagra y temió lo peor, el auto no estaba, y la habitación estaba batida por completo. Por un momento quiso sentarse a llorar, pero la puerta contigua se abrió y emergió de ella Ethan, con expresión confundida.

—¡Bendito sea!

El grito de Juleka escapó a su garganta y ella corrió para abrazar al muchacho.

—¿Qué haces aquí?

Erik salió de la habitación y se unió al abrazo grupal antes de tirar de ambos para llevarlos adentro, lejos del frío, pero bajo la atenta mirada de Adrien.

—Louis —si bien, aquella palabra no era precisamente una explicación, ambos hermanos comprendieron de inmediato lo que podía haber ocurrido. Ofrecieron a Juleka una taza de café y le contaron los sucesos de las últimas horas.

Juleka por su parte sacó del bolso todos los dibujos hechos por su sobrino, extendiéndolos en la cama para que los hermanos pudieran verlos claramente.

Trató de acomodar lo que había descubierto en el barco de la capitana, sin mucho éxito en realidad.

—Son coordenadas —dijo Ethan rodeando la cama y cambiando algunas hojas de lugar.

—No lo sé. No estoy segura —dudó Juleka en voz baja, un bisbiseo poco inteligible que Erik logró descifrar luego de pensarlo mucho—, pero creo que las hojas forman un mapa de la casa. Y un retrato del que habita.

Los hermanos tomaron las riendas mientras Adrien acercaba un mapa de la zona, reacomodaron los dibujos, ya habían estado ahí, conocían de primera mano la distribución de la mansión Tsurugi luego de haberse pasado horas instalando sus equipos. Lograron armar un rompecabezas decente.

—Pero no lo entiendo —admitió al final Adrien—, la maldición crece en torno al pozo que está en el bosque. La señora Tsurugi admitió haber ido al pozo a realizar el ritual.

—Y la visión del pequeño cazafantasmas no muestra nada del pozo—concluyó Erik con desgano.

—Hay algo que no estamos viendo —musitó Ethan antes de pasar saliva con dificultad.

—Luka y Marinette están a ciegas…

—¿Dónde están?

—Se dirigen a la casa. Llamamos al padre Moreau, pero no respondió, estábamos esperando un poco más para alcanzarlos.

—Al menos queríamos tener noticias de Moreau para brindar apoyo moral.

—No hay tiempo —urgió la joven levantándose en dirección a la puerta—, si mi hermano no sabe a lo que se están enfrentando, necesitarán todo el respaldo posible, al menos para tratar de entender los horrores de la casa.

.

Oscuridad.

Andree insistió en ingresar de primero, apuntando su colt a todos lados, haciendo barridos rápidos de las habitaciones por las que iban pasando, asegurándose de que estuviera todo despejado antes de permitir que Marinette y Luka ingresaran.

La actitud de ambos especialistas le parecía escalofriante, dado que avanzaban erguidos y despreocupados, serenos, como si creyeran que él era capaz de protegerlos con su arma y sus años de experiencia en la fuerza policiaca. Aunque poniéndolo en perspectiva, una parte de él se sentía a salvo sabiendo que ellos caminaban a sus espaldas, y sabía que eran ellos quienes lo cuidaban y no al revés. No sabía de dónde provenía esa certeza, pero a esas alturas del partido no estaba dispuesto a dudar de nada que le brindara una brizna seguridad.

Cuando la especialista sacó una lámpara de aceite del maletero, el sheriff tuvo que hacer un esfuerzo extra para tragarse la ironía que surgió en los linderos de su mente.

—Aceite bendito —dijo el oficial para sí mismo cuando vio al matrimonio reunirse para orar cerca de la llama titilante que ofreció cobijo de las sombras—, por supuesto que es aceite bendito. ¿Qué más va a ser si no? —Siguió con sus balbuceos hasta que ingresaron a la casa.

Y entonces se hizo el silencio.

Se alzó entre ellos como una muralla amenazando con aplastarlos si se atrevían a proferir sonido alguno.

Ok, tenía que admitirlo. Al menos para sí mismo. Cuando había conocido al matrimonio, esperaba "asistir" a dos charlatanes en un caso perdido donde le sacaban dinero a una pobre vieja ciega y a su hija crédula. Los aborreció en cuanto anidó aquel pensamiento. Ahora se aborrecía a sí mismo de pensar que el fraude habría sido mejor que enfrentarse a aquello.

El candelabro de araña se balanceaba suavemente de un lado al otro, como si aquel enorme cuerpo de acero y cristalería pudiera ser mecido por una brisa ligera. Un único foco titilaba sombrío a punto de fundirse, pero nada más. El resto de la casa permanecía sumida en las sombras de la noche, haciendo que el sheriff se preguntara cómo era posible que la electricidad de la finca sólo alimentara una bombilla.

"Para añadir dramatismo al asunto" pensó oteando los alrededores.

—¿Luka?

La voz de Marinette se levantó apenas por encima del silencio sepulcral de la noche, como un hechizo que le erizó la nuca a Andree, el oficial volvió un poco el rostro y se percató de que el aludido miraba en dirección a un pasillo aledaño, quieto como una tabla, pero notoriamente tenso, como si estuviera a punto de saltar.

.

Juleka conducía nerviosa a través de la niebla con cierto apremio, no podía ir demasiado rápido o perdería el camino, pero tampoco podía darse el lujo de avanzar lenta y paciente. En el asiento del copiloto, Erik trazaba líneas en su mapa, tratando de encontrar el punto exacto que Louis había marcado con sus visiones, pero los cálculos que realizaba no terminaban de tener sentido. Si de verdad eran coordenadas, éstas los mandaban muy lejos de donde la casa o el pozo se situaban, les faltaba información, y al mismo tiempo, sentía que la respuesta estaba bailando frente a sus narices, y burlándose de su ceguera.

Sobraban números, o faltaban números. El mapa de la casa era claro, pero al mismo tiempo no lo era, porque cada espacio estaba tachonado como si hubiesen reciclado las hojas para hacerle más dibujos encima. Entonces, la cocina no era la cocina, la sala no era la sala, y el ático…

—No hay ático —murmuró para sí mismo.

El ruido que Ethan y Adrien hacían al pasar de páginas en los libros de la sociedad histórica del pueblo ahogó el murmullo trémulo de su hermano, ni ellos ni Juleka lo escucharon, demasiado absortos en sus pensamientos como para prestarle atención, pero el salto que dio en su asiento lo hizo un poco más evidente.

El mapa entró en el campo de visión de Ethan, arrancándole un reclamo a media voz, pero Erik no lo escuchó, y comenzó a rebuscar entre las hojas, frenético.

—No tiene ático, ¡No tiene ático! La casa no tiene ático.

—Sí, sí —espetó Ethan frustrado—, ¿qué más?

—La casa fue construida originalmente con un ático, pero en la década de los treintas se cayeron algunas vigas de madera podrida por la falta de mantenimiento ante las lluvias torrenciales que barrieron con los cultivos de la zona, la mitad del techo se derrumbó y la reconstrucción del ático fue imposible porque los pilares de la casa quedaron vencidos.

—Sí, ya sé, yo te dije eso. ¿Y qué tiene?

—Sí son coordenadas, pero no como nosotros creíamos. Los números representan las medidas de la finca, el tamaño del terreno original.

—Sí —le instó a seguir al notar su larga pausa.

—Los dibujos delimitan la casa y los alrededores, no sólo la construcción.

—Sí —insistió impaciente, a punto de lanzar el mapa por la ventana.

—Los números que sobran, no sobran; no son latitud ni longitud, no son otra ubicación en el mapa. ¡Es profundidad! Esta parte no representa el ático —dijo agitando los dibujos frente al rostro de su hermano—, ¡representa el sótano!

Y, como un eco de su descubrimiento, una figura espectral se materializó en el camino para luego estamparse contra el vidrio en medio de un alarido.

Los cuatro gritaron en respuesta, Juleka perdió el control del volante por un momento, serpentearon un par de metros y luego ella clavó ambos pies en el pedal del freno, derrapando un poco antes de detenerse por fin.

Los corazones acelerados, las respiraciones agitadas. La gratitud de estar vivos.

Y luego la pregunta en la mente de todos, misma que Erik se atrevió a pronunciar en voz alta.

—¿Qué demonios fue eso?

Y, tras pasar saliva con dificultad, Ethan respondió con irónico nerviosismo: —Uy, palabra clave.

Guardaron silencio unos momentos más, recomponiéndose, esperando el siguiente ataque, suplicando porque hubiese terminado la pesadilla. Nada ocurrió. Y sólo cuando estuvieron seguros de que estaban a salvo, Juleka echó una breve ojeada a sus compañeros antes de musitar:

—¿Soy la única a la que le pareció familiar?

Erik negó con la cabeza mientras Ethan levantó uno de los dibujos que habían quedado desperdigados por todo el auto.

Se lo entregó a su hermano, y aunque Erik por un momento pensó que se había equivocado al dárselo bocabajo, Juleka volvió a voltearlo y los tres se percataron de que el trazo original de Louis, debajo de los tachones posteriores, era el rostro del espectro que acababan de enfrentar.

—Oh, no… esto es muy malo…

.

(Turning – The Newton Brothers)

Ocurrió en segundos.

Luka, quien normalmente pensaría bien las cosas antes de actuar, salió corriendo sin meditarlo siquiera. Andree trató de seguirlo en el instante, pero las manos de Marinette se aferraron a su ropa y ella empleó toda su fuerza para tratar de detener al sheriff. La puerta al sótano se cerró en cuanto Luka desapareció tras ella, el especialista no se detuvo pese a los gritos y advertencias que profirió Andree, y el oficial tuvo que ceder ante las temblorosas manos de Marinette, que le suplicaron silentes que dejara de forcejear.

La joven temblaba y sus ojos anegados rebosaban de pánico y confusión, pero la determinación de la especialista para mantener a salvo al oficial pudo más que su miedo.

—Salió corriendo sin más y usted…

—Yo conozco a mi esposo, y eso no es nada bueno. Cuando bajemos, debemos estar preparados para lo peor.

Andree pasó saliva con dificultad. Si ella actuaba con tal nerviosismo ahora, nada bueno podía venir a continuación.

Marinette puso la mano del rosario en la perilla del sótano y pasó saliva con dificultad antes de empujar la puerta, que cedió con un chirrido agudo y estridente, y el frío y el hedor los golpearon al instante.

Una silla vacía, no era precisamente lo que esperaban encontrar cuando descendieran al sótano. Luka miraba fijamente la silla vacía que estaba dispuesta al centro del lugar, y su gesto horrorizado sólo sirvió para confundir más a su esposa y al sheriff.

—Por favor —suplicó el especialista, avanzando medio paso hacia la silla—, por favor, él no…

Marinette quiso decir algo, levantó una mano en dirección a su esposo y abrió la boca, pero en el momento en que se dirigió hacia él, su rosario reventó y ella salió disparada hacia el fondo de la habitación.

Andree ahogó un grito al ver a Marinette pasar por su lado; como si no hubiera visto ya suficiente para una sola vida, ahora atestiguaba cómo una fuerza invisible retenía a Marinette contra la pared, a medio metro del suelo. Su primer instinto fue acercarse para ayudarla, pero la voz ahogada de Tomoe lo retuvo en su sitio.

—No-no-no oficial, yo no haría eso si fuera usted.

Andree levantó su colt en dirección a donde provenía la voz, y por un momento perdió toda voluntad de pelear.

Tomoe emergió de las sombras con Kagami frente a ella, una manola utilizaba para acariciar el cabello de su hija y con la otra le amenazaba el cuello con tijeras oxidadas. Pero no fue este factor lo que horrorizó al sheriff, no fue el hecho de ver a una madre amenazando de muerte a su hija, la pura imagen de Tomoe fue suficiente para terminar de amedrentar al oficial.

Las facciones de la vieja ciega se habían deformado, los pómulos marcados, las bolsas de los ojos ennegrecidas, la piel con tonos verdosos y en apariencia putrefacta, un demonio…

—¡Amor, tú tienes que luchar!

El grito de Marinette pareció alcanzar a Luka por un momento, el muchacho levantó un poco la vista, pero volvió a sus súplicas a la silla vacía mientras Tomoe soltaba una risotada maligna y macabra.

No escucharon el ruido proveniente del piso superior.

—Quien sea…

No escucharon a Juleka llamarlos por sus nombres.

—Quien sea…

No se dieron cuenta de que había llegado la ayuda.

—Quien sea…

Hasta que fue demasiado tarde.

—Menos él…

Y entonces Marinette lo vio.

Justo donde su esposo pondría el pie al dar el paso. Oculto bajo años de polvo acumulado, justo como había visto en sus visiones…

La tapa de un pozo al ras del suelo.