Un pequeño avance
Capítulo 6
Los nombres de los personajes se encuentran basados en el manga Ranma y medio de Rumiko Takahashi.
Ranma se colocó a la derecha de la chica y le pidió que comenzara a explicarle.
—Bien. Cuando vayas a usar el hacha, debes colocar ambas manos sobre el mango...
—¿Quieres que traiga uno del frutero? —le interrumpió confundido.
— ¿Lo estás diciendo en serio o solo estás jugando?
Ranma frunció el ceño y se rascó brevemente la cabeza.
—¿No estabas hablando de la fruta?
La peliazul le dió la espalda y tomó un poco de aire en un intento de serenarse para borrar la pequeña sonrisa burlona que se estaba expandiendo en su rostro. Una vez relajada, se aclaró la garganta y volvió a enfrentarlo.
—No, Ranma. No hablaba de la fruta.
El de la trenza suspiró y se cruzó de brazos.
—¿Qué tal si mejor me das la herramienta y me lo explicas sobre la marcha?
Akane expulsó un poco de aire y asintió en acuerdo.
—Bien.
La peliazul le tendió el hacha y dejó que él la sostuviera en sus manos.
—Está pesada —murmuró el de la trenza un poco sorprendido.
—Debe serlo o no cortaría la madera.
Ranma sostuvo el mango con sus dos manos y esperó por más instrucciones.
—Separa tus manos, una debe estar cerca de la hoja metálica y la otra al final.
—¿Así?
—Eso es perfecto. Ahora... ¿Qué tan buena puntería tienes?
—La mejor del mundo.
Akane arqueó una ceja, pero calló su comentario sobre eso mientras se agachaba para recoger un trozo de tronco.
—Para cortarlo, el hacha debe golpear justo en medio —murmuró al mostrarle la zona de la madera—. Si lo haces bien, no te costará trabajo.
Ranma asintió y esperó a que ella bajara la pieza y la dejara en el suelo.
—¿Alguna vez has ido de pesca?
—No... pero sé usar una katana.
—Eso servirá. ¿Quieres ver cómo lo hago antes de que lo intentes?
Ranma dudó un poco, pero al final terminó accediendo.
Akane sujetó el hacha tal cómo le instruyó al chico y estiró sus brazos sobre su cabeza para ganar el impulso suficiente para terminar cortando de un solo hachazo la madera.
Ranma abrió los ojos sorprendido y levantó uno de los trozos. Se había cortado perfectamente a la mitad.
—Ahora es tu turno —le indicó la chica al extender su mano con la herramienta.
Ranma aceptó lo que le ofrecía y se colocó en el lugar donde la chica habia estado.
—Un último detalle... —mencionó la peliazul antes de que el chico bajara los brazos para dar el golpe—. Tu agarre en el mango debe ser firme o podrías lastimarte las manos.
Ranma asintió y bajó los brazos con rapidez.
La risa de Akane resonó a lo largo del jardín, provocando en Ranma una sensación de ofenza.
—¡Lo bueno es que tenías la mejor puntería del mundo! —expresó la peliazul, mientras se partía de la risa y señalaba divertida hacia la madera intacta.
Ranma se cruzó de brazos y miró enfurecido a la joven.
—¡Puedes parar! —le reclamó el pelinegro con enojo.
Akane se cubrió la boca con una manos y apartó el rostro.
—Perdón... ¿Por qué no lo intentas otra vez? —le pidió la chica, una vez que logró controlar su risa.
Ranma frunció el ceño y se agachó para recuperar el hacha del suelo.
—Ya verás que en esta ocasión lo hago bien —comentó el de la trenza.
Akane asintió en silencio y colocó sus manos a cada lado de su cintura, expectante. Ranma dió un paso adelante y volvió a levantar sus brazos sobre la cabeza. Completamente seguro de que no fallaría en esta ocasión.
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Soun y Genma caminaban hacia la casa cuando escucharon las voces de sus hijos. Dirigiéndose hacia el lugar en donde ellos se encontraban, vieron el momento preciso en que el muchacho bajaba sus brazos con el hacha en las manos y cortaba de un solo tajo la madera.
—¡Muy bien hecho, hijo! —le felicitó Genma, sin poder contenerse.
Los dos jovenes miraron sorprendidos hacia sus padres y aumentaron un poco más la distancia que los separaba.
—Buenos días —les saludó la muchacha, antes de acercarse a su padre y colocarse junto a él.
—Buenos días, hija. ¿Ya desayunaste?
—Sí.
Soun le sonrió y miró hacia el muchacho.
—¿Qué hay de ti, Ranma? ¿Ya has comido algo o Akane te obligó a venir sin desayunar?
—¡Papá! —le regañó la peliazul en voz baja.
El de la trenza se aclaró la garganta y miró brevemente hacia la mujer antes de contestar.
—Ya he comido, señor. Gracias.
Los dos padres se miraron entre sí y ampliaron sus sonrisas mientras se despidían brevemente de sus hijos, alegando cansancio y hambre.
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Una vez que Akane y Ranma se quedaron solos, el de la trenza se aclaró la garganta y acomodó otro tronco para intentar partirlo con el hacha. Akane suspiró y después de observar al muchacho partir con éxito la segunda y tercera pieza, miró dudosa hacia el corral.
—Debo ir a alimentar a los animales... ¿Está bien si te dejo solo por un rato?
Ranma se limpió el sudor que comenzaba a caer por su frente y asintió con la cabeza.
—Por eso te pedí que me enseñaras a hacer esto.
Akane suspiró.
—Bueno. Pero, tienes cuidado.
—Lo tendré, no te preocupes.
Akane se dió la vuelta y comenzó a alejarse. Mientras tanto, Ranma suspiró y volvió a su tarea de cortar los troncos. Nunca pensó que hacer esto sería algo divertido.
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El incesante cacareo de las gallinas incrementaba mientras la peliazul se encontraba dentro del gallinero e intentaba atrapar una de ellas para dársela a Kasumi, la mujer quien se encontraba del otro lado de la puerta que observaba la divertida escena.
—Akane, ya te dije que puede ser cualquiera... No te empeñes en agarrar la pinta —le pidió la mayor, divertida.
Akane resopló y miró hacia su hermana con frustración.
—Ya lo sé, Kasumi... pero esa gallina ya no pone huevos, así que debe ser la primera en irse.
El ruido comenzó a elevarse cuando todas las gallinas se interpusieron en el camino de la chica, en un intento de salvar la vida de su compañera, pero no contaban con que se abriría la puerta que mantenía al gallo encerrado y mucho menos que éste también fuera a ayudar a la gallina.
—¡Cuidado con Sanson! —le gritó la mayor al ver al gallo aletear hacia la menor de las Tendo.
Ranma iba pasando por el gallinero cuando escuchó los gritos desesperados de las hermanas. Aventando el hacha al suelo, se echó acorrer hacia el lugar donde se oía el alboroto y cuando llegó, no pudo contener su sonrisa divertida. Akane daba de vueltas por el corral detrás de una gallina blanca con jaspeo gris, además de que era perseguida por un gallo negro, mientras tanto, Kasumi le pedía a gritos que tuviera cuidado o que mejor saliera de ahí.
—¡No, ya casi la atrapo! —le gritó la peliazul como respuesta.
Ranma se detuvo junto a la mujer y continuó observando.
—¿Qué está haciendo, Akane? —le preguntó con curiosidad.
Kasumi se mordió el labio inferior, preocupada, antes de despegar brevemente la mirada para ver hacia el chico.
—¡Ay, Ranma! Le pedí que me sacara una gallina para la comida, pero el gallo se escapó de su corral que lo separaba de las gallinas y ahora está persiguiendo a Akane.
El muchacho frunció el ceño confundido mientras observaba a la mujer.
—¿Y por qué no van al pueblo a comprar pollo? ¿Por qué Akane tiene que sacar una de ahí?
Kasumi lo miró sorprendida por lo que le había preguntado. Pero al recordar que él no provenía de una granja, sonrió afectuosamente y apartó la mirada.
—Porque para eso los criamos, Ranma. Para no tener que gastar dinero en el pueblo.
El muchacho suspiró y miró hacia la chica que se encontraba dentro del gallinero, quien gritó victoriosa por atrapar la gallina mientras continuaba escapándose del alcance del tal Sanson.
—¡Ábranme la puerta! —les gritó la peliazul, al darse cuenta de la presencia del muchacho en el lugar.
El pelinegro hizo lo que la mujer le pidió y cerró inmediatamente la puerta cuanto sintió el peligro que el gallo negro representaba para ellos.
Akane tenía las mejillas sonrojadas y sonreía ampliamente cuando le entregó a su hermana la gallina y se giró a verlo.
—¿Terminaste de cortar la leña? —le preguntó con la respiración agitada.
Ranma sintió un nudo en su garganta mientras se preguntaba: ¿De verdad le está dirigiendo esa hermosa sonrisa a él?
—¿Ranma? —le llamó nuevamente cuando él no le contestó.
El mencionado carraspeó un poco y apartó la mirada.
—Sí... ya lo hice.
Akane asintió y comenzó a alejarse.
—Voy a ir al establo... ¿Quieres venir? —le preguntó la chica con expectación.
Ranma contempló su rostro iluminado, quería ir con ella ya que parecía una persona completamente diferente a la que había conocido, pero al recordar que en ese lugar estaría el caballo que lo había ensuciado ayer, apartó la mirada y negó con la cabeza.
—Tal vez en otra ocasión.
La mirada de la peliazul se nubló por la decepción, pero fingió estar bien antes de asentir e irse.
Ranma suspiró y se contempló las palmas de las manos, las cuales se encontraban enrojecidas y sucias. Nunca, ni en sus más infantiles sueños se imaginó estar o trabajar en lugar como este, sin embargo, ahora que había conocido a la familia Tendo, comenzaba a agradarle tan solo un poquito la idea de continuarviviendo aquí.
..
Akane abrió la puerta del establo y se recargó en ella cuando la realidad se asentó en su cabeza... ¡¿Pero qué había hecho?! ¿Por qué había invitado al citadino para que le hiciera compañía? Sin duda, la adrenalina en su cuerpo no le había hecho pensar bien las cosas que decía.
Dándose un par de palmaditas en la frente para continuar con su reclamo interno, se alejó de la puerta y caminó hasta el lugar donde se encontraba Oriza, su caballo favorito. Lo mejor que podía hacer cuando se sentía confundida, era montarlo e ir a despejar la mente un rato en el campo.
¡Hola a todos!
Sé que es un capítulo muy cortito, pero poco a poco iré avanzando con las historias pendientes.
Gracias por sus reviews! Les mando un fuerte abrazo y espero que tengan un maravilloso fin de semana...
Soy Tóxo Kai Bélos, ¡Hasta la próxima actualización!
