Kung fu panda y sus personajes son propiedad de Dreamworks

Ecos de tu corazón

hace 2 semanas que el desgraciado se fué— Pensó ella, y aunque su temple emocional y físico no lo dejaban ver, aquello le dolía demasiado. Lo peor es que ella y todos sabían que mientras más tiempo pasaban en el palacio de jade tarde o temprano, a cualquiera, le nacería las ganas de marcharse, así como pasó con los Maestros Mono y Mantis quienes como mejores amigos abandonaron el palacio para abrir y dirigir su propio templo de entrenamiento. Ella también pensó en irse hace un par de años, ¿la razón? Había sido esa "gran sorpresa" que cayó del cielo frente a ella cuando esta estaba a punto de recibir el título para el que toda su vida se había estado preparando.

Ella en aquellos tiempos, en muchísimas noches de insomnio, pensaba en empacar todo, despedirse de su Maestro y amigos e irse lejos, muy lejos. Pero mientras más tiempo pasaba ahí, más florecía aquel inevitable e insurgente sentimiento hacia ese "estúpido panda" (como ella lo sabía llamar), ella para sí misma no lo podía negar, se estaba enamorando de él, pero procuró con mucha cautela ocultarlo.

Tantas oportunidades tuvo ella para irse y se quedó únicamente por él, Po fue la razón por la cual decidió definitivamente quedarse para siempre en el palacio de jade.

decidí quedarme por él —pensó mientras golpeaba el grueso tronco de un inmeso árbol— y a la primera oportunidad que él tuvo para irse, se fué sin más... ¡Panda cobarde! —susurró la última parte mientras daba otro golpe.

—Tigresa —con tono suave aquella inconfundible, dulce y maternal voz la llamó.

La Maestra dejó de golpear el tronco, relajó su postura y encorvó ligeramente la espalda agachando la cabeza; acciones que jamás había hecho, o que jamás la habían visto hacer, fue algo insólito de ver.

—yo estoy enamorada de Po —habló. Finalmente se lo confesó sin rodeos a alguien. Al fin habló sobre aquello que tanto había estado agobiando sus emociones.

La Maestra Víbora suspiró, no le sorprendió debido a que ella ya lo sabía, las expresiones faciales y comportamientos involuntarios que manifestaba cuando estaba junto a Po la habían delatado desde hace ya mucho tiempo y todos se habían dado cuenta.

La Maestra Tigresa estaba enamorada del Guerrero dragón y para su fortuna, el Guerrero de blanco y negro también estaba enamorado de ella, él siempre lo estuvo, incluso, para Po, la Maestra Tigresa siempre fue el amor de su vida.

—él no hizo nada. Tantos años de diversión y riesgos, de entrenamientos arduos y relajantes descansos. Y jamás hizo nada —musitaba iracunda mientras fruncía el ceño y la mandíbula mostrando una parte de la intimidante dentadura que rodeaban sus fauces.

La Maestra Víbora la escuchaba en silencio. Sabía que ella necesitaba desahogarse, era la primera vez en que la Maestra Tigresa desahogaba sus sentimientos a los cuales, en ese instante, aún intentaba reprimirlos con su ira.

—si es que algún día lo llego a encontrar voy a golpearlo —esta vez la Maestra se dio la vuelta, viendo ahora a su compañera reptil, con aquel ceño fruncido y sus ojos ámbar cristalinos al borde del colapso.

— ¡estúpido panda tonto! —le gritó, como si en lugar de la Maestra Víbora estuviese el mismísimo Guerrero dragón.

Con aquel grito ella excluyó su ira y fue todo, se dejó caer, sentándose en posición fetal apoyando la espalda sobre el tronco al que golpeaba minutos antes y con su corazón ahora gobernado por una pena desoladora. Aquellos pesarosos sentimientos se le desbordaron a través de sus lágrimas que fluyeron como dos tristes y fríos arroyos de agua salada, mojando sus mejillas mientras sollozaba desconsolada. su amiga reptil juraría que era la primera vez en que la veía llorar.

La Maestra Víbora reptó lentamente hasta quedar en su costado, rodeandola con su largo y delgando cuerpo a manera de abrazo. Era la primera y probablemente la única vez en que vería a la feroz Maestra Tigresa rota de esa manera. Y a ella le dolía verla así, tenía muy en cuenta de que aquellos infaustos sentimientos se manifestaban desde su alma, demostrando que tan destrozada la tenía.

—fue... Todo fue mi culpa... —se lamentaba entre sollozos- siempre fui dura, nunca le dí la oportunidad de que se abriera de esa manera conmingo, yo lo sabía, él me respetaba y estoy segura de que por eso procuraba mantener eso de los sentimientos al margen.

La Maestra Víbora le acariciaba lentamente la espalda con su cola. Qué amargo destino al cual su mejor amiga se había forzado sin estar consciente de ello. Aquella felina siempre con aquella postura tan seria y recta, y el pobre panda tímido para esos temas, intimidado siempre por ella, nunca pudo decirle que tan loco estaba por ella por miedo al rechazo o a que ella lo golpee, que esto último era lo más probable. Ambos se gustaron, ambos se amaron, pero nunca pudieron demostrárselo el uno al otro.

—lo lamento tanto Tigresa.

—o tal vez... Solo fui yo, tal vez él realmente no sentía nada por mí y solo mal interpreté sus comportamientos respetuosos hacia mí... Por eso abandonó el palacio sin titubear cuando tuvo la oportunidad. —susurró para después volver sollozar mientras bajaba el rostro ocultándolo.

Suspiró hondo la Maestra Víbora— no pienses de esa manera —dudó un momento, debatía en su mente si era oportuno o no decir lo que quería decirle.

—sabes, él... —desidió soltarlo, esperando no agravar más el dolor de su amiga.

Ántes de que la reptil continúe, la Maestra Tigresa levantó la mirada para verla con los ojos cristalinos y el pelaje de las mejillas empapadas y una chispa de duda.

—él sentía lo mismo por tí, te lo aseguro. Me lo confesó una vez, pero tenía mucho miedo de decírtelo, no quería hechar a perder su valiosa amistad contigo y peor aún; temía incomodarte tanto con esa confesión que le aterraba la idea de que pudieses abandonar el palacio por eso.

La Maestra Tigresa bajó la mirada de nuevo. Consciente de que una parte de la culpa era suya al haber sido tan cerrada con él en ese ámbito.

—tal vez no te dijo nada, pero sí te escribía cartas, te hacía dibujos y poemas, todo lo que se le ocurriera.

Inmediatamente la Maestra Tigresa levantó la mirada. La Maestra reptil podía asegurar que entre ese par de rubíes ambar cristalinos podía notar una chispa de esperanza. Continúo relatando.

—Po estaba preparándote una sorpresa, fue lo último que me dijo.

— ¿qué es lo que hizo? —cuestionó la Maestra Tigresa, resignada ante la duda y desesperación.

—escondió las cosas con todo lo que quería decirte.

— ¿donde? —volvió a interrumpir la felina.

—él tenía planeado confesártelo todo, de una manera especial.

— ¿pero cómo? —se hacía demaciado notable la desesperación conferme iba hablando.

—dijo que lo más importante sobre eso estaría enterrado a cinco pasos del durazno de la sabiduría celestial, 5 pasos hacia el norte...

Un brusco movimiento la interrumpió, la Maestra Tigresa se había puesto de pié. Sin decir nada, se dirigió a todo galope hacia el palacio de jade hasta llegar al durazno de la sabiduría celestial.

—cinco pasos hacia el norte —susurró mientras medía los pasos con sus pisadas. Una vez hecho eso miró al lado de sus pies, pudo notar una pequeña porción de terreno removido hace no mucho tiempo. Se hincó y excabó desesperada con ambas zarpas. Unos centímetros abajo, sus garras rascaron algo sólido de madera. Removió el resto de tierra con cuidado y al fin pudo sacar lo que era una caja. La abrió y ahí había una hoja de papel doblada, junto a un pequeño trozo de madera sin forma. Desdobló y leyó en susurros la carta.

"Tigresa ¿cómo estas? Si has encontrado esta carta entonces encontraste el hilo que te guiará a una sopresa especial que preparé para tí. ¿Quieres continuar? Por favor dime que sí.

¿Recuerdas aquella noche en la que rompí con mi peso el pasillo de las habitaciones? Aquella madera que se usó para repararla aún puede moverse.

Mueve la madera, encontrarás otra carta oculta allí abajo".

Entonces la felina dobló el papel, rápido y con suma delicadeza, y luego lo guardó entre su ropaje. Dejó la caja y tomó el diminuto trozo de madera guardándolo igual entre su ropaje. Corrió, como si la misma muerte estuviese intentando alcanzarla atrás de ella. Una vez llegó a los pasillos, caminó hacia el punto indicado, ante el cual se postró y de un solo tirón levantó una parte de la madera reparada, redujo la fuerza y levantó con cuidado la madera y la hizo a un lado, ahí adentro encontró una pequeña bolsa de cuero, al abrirlo sacó de ahí adentro un papel enrrollado, otro trocito de madera el cual esta vez tenía protuberancias que se asemejaban a una cabeza y extremindades.

Leyó entonces después lo que estaba escrito sobre aquella hoja de papel ahora desenrollada.

"¿Recuerdas la primera vez en que me hablaste? Fue en este pasillo, en la puerta de tu habitación. Aquella noche rompí el suelo de madera intentando no hacer ruido, desperté a todos, salí de la habitación de Grulla y ahí apareciste tú, te contemplé de tan cerca por primera vez, no tienes idea de lo magnífico que fue y lo cautivado que estaba, veía a tus labios moverse, entonando palabras dirigidas hacia mí, mientras que tu hermoso par de ojos, brillantes joyas ámbar, iluminaban el sombrío pasillo y a mi alborotada alma...

Se había dejado un espacio en este tramo de la hoja en la cual, en lugar de letras, ella contempló un dibujo a base de rayones, entre los cuales pudo notar dos espacios sin tinta negra, iguales a sus ojos, los cuales eran las únicas partes que estaban pintadas de aquel color ambar tan característico de sus ojos. Aquel dibujo y su el estilo en los trazados y coloreados tenía su peculiar encanto.

— ¿Po... Los dibujaste tú? —preguntó mientras con la yema de sus dedos de una de sus manos acariciaba lentamente el dibujo.

¿Te gustó el dibujo? Lo hice yo, son tus ojos...

Tal vez esta situación ya esté incomodándote y quieras dejarlo así, está bien. Lamento molestarte.

Si aún deseas continuar; la otra carta está escondida en lo más alto del tejado del salón de los héroes"

La felina, abrió ligeramente los ojos, suficiente para que cualquiera que la viese notaría lo sorprendida que estaba.

Trepó entonces con ligereza y maestría por el exterior del edificio. En la punta halló atada una pequeña bolsa.

—ay... Po —susurró ella con amargura en la voz y en su mirada. Po sabía que ese tejado era su lugar de soledad y relajación, por eso lo habría escogido. Y no se podía explicar cómo hizo Po para subir y dejarlo ahí.

La felina abrió la bolsa y de su interior extrajo con mucha delicadeza; un papel enrollado y ya no un trozo de madera, sino un muñeco de acción mucho más pequeños que los habituales, tomó dicho objeto con una sola mano y la examinó, era un muñeco de acción de ella. Sabía que era artesanal, elaborado a detalle por las grandes y minuciosas manos de Po.

La Maestra acarició con el pulgar, con mucho cariño y delicadeza, aquel objeto que tenía tanto valor para ella en ese instante.

Desenrolló el papel y leyó el contenido, en susurros, con los labios temblándole y las lágrimas ya casi desbordándose.

"Tigresa ¿notaste cómo los trozos de madera poco a poco tomaron forma de algo muy hermoso? Sí, me refiero a tí. De la misma manera, desde que caí del cielo delante tuyo, un sentimiento fue inevitablemente tomando forma en mi corazón, no pude contenerlo, así que decidí mejor dejarlo crecer libremente y tomó una forma tan hermosa que crecía más cada vez que sentía tu presencia, oía tu voz o te miraba a los ojos, deseo tanto hacértelo saber, pero no encuentro el modo, y la valentía no me alcanza para decirtelo...

Dejé una última sorpresa atada a las vigas de tu cama abajo de ella".

Un vez la felina llegó a su habitación, buscó bajo su cama, efectivamente ahí estaba una bolsa, esta se notaba más llena.

Tomó la bolsa con cuidado, se sentó en su cama y posó la bolsa sobre su regazo.

— ¿cómo hizo para dejar esto aquí sin que lo descubriera? —pensó por un momento mientras tenía la mirada perdida sobre la bolsa.

Segundos después, despojó de la bolsa algunas hojas plegadas, un papel enrollado y otro muñeco de acción de ella que esta vez llevaba un sencillo pero hermoso vestido tradicional minuciosamente confeccionado. Era obvio para ella que Po había confeccionado tan bella y delicada prenda, pues era el único que poseía conocimiento exacto de las dimenciones y tallas de los muñecos de acción que elaboraba.

Se le escapaban las lágrimas mientras leía uno de los papeles.

"Eres la barbarosidad hecha felina,

Una ligera hoja de cerezo que flota,

Un sable con la más fina hoja,

Que cuerta el viento y a mi alma enamora"

Sus lágrimas caían sobre la hoja, borrando aquello que ya había leído. La hizo a un lado y tomó el papel enrollado.

"la verdad es que eres perfecta y hermosa, mis letras no bastarán para describirlo con exactitud.

Me gustas mucho y me he enamorado de tí, es aquello que siempre quice decírtelo. Hay tanto que te he escrito y dibujado. Pero yo quiero verte ahora. Aún hay demaciado que quiero decirte, pero quiero que lo escuches de mis labios ¿Recuerdas dónde inició esto? Estaré esperándote en el Durazno de la sabiduría celestial. Por favor no tardes"

Ella sabía que Po no estaría esperándola en ese lugar.

Salió llorando de su habitación, y forzó la puerta frente a ella, ingresó al cuarto ya deshabitado de Po, buscó por instinto bajo la cama, y ahí encontró una caja, al abrirla sacó un montón de papeles entre los cuales pudo distinguir letras y algunos dibujos de ella, con el mismo estilo de delineado con el que Po le había dibujado sus ojos. Y leyó al azar una de las hojas.

"El ambar de tus ojos refleja el atardecer.

Cristales reflejando el majestuso manto estelar.

Tu voz, como el viento helado de las montañas

Soplando en mi ventana todas las mañanas"

La afligida felina ya no quiso ver ni leer más, salió corriendo dejándo tras ella aquellos poemas, cartas y dibujos sobre papel los cuales flotaban al azar, cayendo de uno en uno, regándose por el suelo de aquella solitaria habitación.

La felina corría sintiendo cómo se revolvían dentro de su ser los pedazos de su alma. Mas tenía un rumbo, ella sabía así a dónde corría.

La Maestra Tigresa corría hacia donde moraba ahora Po, pese a que este se había marchado sin decirles su destino, ella lo sabía, y seguramente lo encontraría allí, comiendo dumplings, jugando con sus nuevos vecinos, alardeando sus habilidades quién sabe.

¿Qué llegaría a decirle la felina cuando lo encuentre? ¿Acaso lo golpearía? ¿Acaso lo abrazaría? ¿Acaso al fin dejaría relumbrar su lado tierno e infantil y saltaría sobre él para besarlo? No le daba tiempo de pensar en algo, ella solo corría, con el único deseo de volverlo a ver.

Luego de aquella carrera, llegó junto a él al fin, se paró erguida y caminó lentamente hasta estar frente a frente.

—leí las cartas que dejaste —habló sin rodeos.

Sus palabras se las robó el viento, pues Po no contestó.

—si todo eso fue cierto, déjame decirte que también siento lo mismo por tí.

Tampoco le replicó, posiblemente el panda estaba resentido.

— ¡te estoy hablando! ¡Panda tonto! — vociferó frunciendo el ceño.

Ante la indiferencia de este, ella lanzó un fuerte puñetazo, luego otro, y otro, y la sangre saltaba al rederdor con cada golpe.

— ¡Tigresa! ¡Basta!

Aquella exclamación hizo que se detuviera. Volteó la mirada a un costado y ahí vio a su amiga, la Maestra Víbora quien lloraba reflejando en su expresión lo muy preocupada que estaba.

La Maestra Tigresa volvió a mirar hacia adelante y frente a ella se alzaba una gran roca.

"aquí yace el legendario Guerrero dragón, guardián de China, Maestro y discípulo"

Leyó la felina al alzar la mirada, aquello escrito sobre una reluciente placa dorada, lo había leído muchas veces y parecía que siempre se le olvidaba.

Sobre la gran roca había una estatua tallada en piedra de quien fue el Gran Guerrero Dragón.

Frente a ella, la roca estaba manchada con la sangre de sus nudillos.

— ¿por qué nunca me lo dijiste? — le preguntó como si se tratase de él.

A la Maestra Reptil le temblaron los labios involuntariamente ante la pena de presenciar tan desafortunado romance.

—tal vez aquí también enterraste algo con la razón de tu despedida escrita sobre un papel —dijo para después postrarse y cavar usando amabas zarpas.

La Maestra Víbora intervino inmediatamente sujetándole las manos con la cola.

—Tigresa cálamte —le rogó.

La felina la miró a los ojos un momento, luego miró a la estátua y luego sus manos, con las garras manchadas de tierra y sus nudillos sangrando.

—yo... — había recuperado la consciencia suficiente como para saber en dónde estaba, quién era y qué había pasado.

—lo lamento cariño —le susurró triste su amiga acariciándole una mejilla con la cola.

La Maestra Tigresa se sentó en posición fetal.

—Po, lo lamento. Por favor regresa —suplicó desde su alma con la voz quebrada.

La Maestra Víbora la rodeó con su alargado cuerpo.

La felina sollozaba desconsoladamente, el eco de sus elevados gemidos se oían alrededor, como la de un alma en pena.

¿cúan impetuosos pueden llegar a ser los sentimientos que cuando estos se manifiestan pueden incluso, al igual que un voraz parásito, drenar completamente la cordura de su desdichado huésped?. Se preguntó la Maestra Víbora mientras acompañaba a su amiga, llorando en silencio.

Po ya le había confesado lo que sentía por ella, mediante su arte, sus manuscritos y sus bocetos.

La felina lamentaba tanto no haber hecho nada, deseaba al menos tener al Po frente a ella por unos segundos y también confesarle todo.

En algún punto de su historia, tal vez cuando ella llegue al reino de los espíritus logre encontrar a Po, y pueda tener al fin el tiempo junto a él que en este desolado momento de su vida tanto anhela.

Fin

Querido lector, quiero comunicarte que también tengo un canal de youtube con el mismo nombre, Egsren. En el cual subo contenido variado; cosas que pueden dar cringe, furras en ropa interior, humor estúpido y medio pesado, etc. la mayoría del contenido está basado en el universo de Kung fu panda. Les agradecería el apoyo si van y me regalan un par de vistas o se suscriben si es que les gusta el contenido.

Gracias.

Para mis queridos suscriptores que vienen desde youtube, gracias por venir, gracias por leer, los amo, gracias por su apoyo. uwu