Celebrando la llegada del bebé por CosmicCthulhu

Nota de la autora:

¡Ven a saludarme a mi Tumblr (CosmicCthulhu)!

¡Os agradezco todos los comentarios y favoritos que recibo!

El inglés no es mi lengua materna, y este escrito no ha sido beteado, por lo que todos los errores son míos.

Aviso legal: No soy propietaria de ninguna parte de la franquicia Harry Potter.

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Nota de la traductora:

El título original es una frase hecha, por lo que no tiene traducción real en español.

Los personajes y todo lo reconocible es de la autoría de JK Rowling y la historia es de CosmicCthulhu.

Traducción oficial autorizada.

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—Es la bruja más increíble del planeta.

—¿Quién?

—¡Granger! —Se rio con sorna, aunque le salió más bien un balbuceo tambaleante, mientras intentaba poner los ojos en blanco—. ¡Obviamente!

—Gran... ¿Te refieres a Hermione? —Blaise enarcó una ceja cuidadosamente esculpida hacia su amigo, que se encontraba torpemente encorvado sobre la barra del bar, con los ojos plateados entornados, el pelo rubio pálido revuelto y su piel, habitualmente de alabastro, luciendo ahora un tono rojizo ridículamente brillante por toda la cara. Agarraba un vaso vacío de whisky de fuego en la mano, lo agitaba en el aire hasta que el camarero se acercó a llenarlo de nuevo (lo que probablemente no ayudaría en nada a su situación actual) y lo bebía alegremente como si fuera un vaso de agua helada y él un hombre varado en un desierto.

Oh Dioses, esto se estaba poniendo feo.

No entendía cómo Draco no se había desmayado aún o directamente había muerto por intoxicación etílica... Aunque tenía la sospecha de que, si el hombre llegaba a sangrar, no sería más que pura bebida derramándose por sus venas.

—¿Alguien ha dicho Her-mi-on? —Una risita estúpida resonó desde el lado opuesto de su asiento y Blaise resistió el impulso de golpearse la cabeza contra una pared mientras se giraba para mirar fijamente al otro amigo parlanchín (y completamente borracho).

De algún modo, Theo se las había arreglado para emborracharse aún más que el propio Draco, lo cual era sorprendente, dado que el primero prácticamente le había metido en la garganta una botella entera de tequila momentos antes y él no había consumido ni la mitad de alcohol mientras tanto.

Pero ahora, estaba desplomado en su silla, casi cayendo de bruces al suelo, con las extremidades extendidas en todas direcciones como un gato perezoso dormitando bajo el sol. Tenía una sonrisa torcida y tonta en los labios mientras se reía como una colegiala adolescente hablando de su enamoramiento mientras continuaba con un hipo feliz.

—¡Es una muñeca!

Blaise suspiró ante la lamentable escena que tenía delante, frotándose un punto dolorido de la sien mientras sentía que un dolor de cabeza se le agolpaba en el fondo de la cabeza. Aquellos dos estaban ya muy lejos, no les quedaba ni un ápice de cordura en la mente debido al alcohol, y no tenía ni idea de qué hacer al respecto.

No es que a los demás les fuera mucho mejor.

Greg, que estaba molestando al pobre músico al lado de la sala, estaba cantando Piano Man a pleno pulmón (con unas convincentes lágrimas cayéndole de los ojos con cada verso) mientras se bebía su décimo trago de whisky de fuego de la noche. Sinceramente, lo más sorprendente de la situación era que se supiera de memoria una canción muggle.

A su lado, Astoria, Pansy y Daphne bailaban alegremente al ritmo de la canción, añadiendo sus propios giros a la letra para crear la canción más confusa que jamás había tenido el disgusto de escuchar. Y teniendo en cuenta que sus daiquiris de fresa, piñas coladas y margaritas tenían una media de treinta por ciento de alcohol por bebida, era seguro decir que estaban borrachas más allá de toda duda razonable.

Incluso Adrian y Marcus, dos de las personas más reservadas y sensatas de su grupo de amigos, se estaban besuqueando hasta perder el sentido en un callejón mugriento a las afueras del pub, lo cual era un poco divertido, dado que a menudo decían ser "heterobásicos".

(A ver, la verdad es que sí que son bastante básicos, así que no están muy desencaminados.)

En general, estaba claro que todos tenían el objetivo de emborracharse esa noche y lo estaban consiguiendo sin esfuerzo... Bueno... Todos menos Draco, pero de todas formas había fracasado rotundamente a la hora de mantener la cordura.

De hecho, la única razón por la que Blaise no estaba balbuceando como un tonto enamorado o bailando obscenamente encima de los taburetes (como Theo había estado haciendo hacía unos momentos) era porque se había encargado de ser el mago responsable del grupo, asegurándose de que todos sus amigos volvieran a casa sanos y salvos.

Para ello, decidió seguir con su sobriedad, sorbiendo el zumo de calabaza dulzón y asqueroso con desdén, y miró a sus amigos pasándoselo como nunca, sin preocuparse por nada en el mundo, atento a cualquier señal de problemas que pudiera surgir de sus payasadas. Dioses, al menos podría embotellar sus recuerdos en un pensadero y utilizarlos como chantaje más adelante... Después de todo, no todo lo que había pasado en la noche había sido en vano.

Y mientras observaba a la banda de tontos que se arremolinaban y bailaban por el local, apenas capaces de mantenerse erguidos mientras tropezaban con taburetes, mesas y sus propios pies, solo podía imaginar el desastre absoluto que sería si no hacía este sacrificio voluntario.

Sacudió la cabeza y miró fijamente su bebida, juntando los labios en una mueca cuando oyó a Draco lamentarse una vez más en su estupor de borracho.

—Blaise... Blaise, amigo...

—¿Sí, Draco?

—¿Tienes idea de lo inteligente que es? Granger, quiero decir.

—Creo que sí.

—¡No tienes ni idea! —Insistió con los ojos desorbitados mientras levantaba un dedo en el aire, imitando a un profesor muy entusiasta en mitad de una clase—. ¡Se graduó en Hogwarts con las puntuaciones más altas en los ÉXTASIS de todos los tiempos, Blaise! Nadie, absolutamente nadie, consiguió superarla en nuestro Octavo Curso. Ni siquiera yo. Y soy bastante listo, ¿verdad?

—Huh... En gran parte, supongo.

—¡Soy inteligente! —Resopló como ofendido, pero era difícil de decir, dado lo mucho que sonreía—. Pero ella es como... Un millón de veces más lista que los demás... ¡Sinceramente, es tan sexy! Podría oírla llamarme tonto todo el día mientras me da lecciones sobre la forma correcta de almacenar el veneno de acromántula. Es tan sexy cuando es una sabelotodo.

—Sí, es muy lista.

—Y oh, Salazar, no me dejes empezar con lo jodidamente preciosa que es...

—Como si yo pudiera detenerte, —murmuró en voz baja, mirando alrededor del local para ver si había alguna posibilidad de que a alguien más le quedara una pizca de cordura... en vano.

—Es tan, tan preciosa... ¡Es como si fuera la encarnación de Venus, Freyja y Branwen juntas! Sus curvas son como... —utilizó las manos tambaleantes para intentar imitar la forma de un reloj de arena curvado, como si esperara que su amigo pudiera imaginarse a la bruja en cuestión con el movimiento. Por desgracia, esto solo sirvió para que se diera cuenta de lo borracho que estaba—. Es la perfección en forma de mujer.

Maldición, si Draco volvía a casa como estaba, su mujer lo iba a matar en el acto.

Bueno... Probablemente mataría a Theo primero, con razón, ya que fue él quien insistió en que debían salir (y tampoco aceptaba un no por respuesta).

Entonces, probablemente mataría a Greg por arrastrar literalmente a su marido contra su voluntad al pub más cercano que pudieran encontrar.

También mataría a las chicas a continuación, ya que fueron ellas las que empezaron a engatusar a Draco para que bebiera un chupito tras otro, volviéndose cada vez más alborotadas con cada trago mientras seguían pidiendo por él sin parar.

A lo mejor dejaba en paz a Adrien y a Marcus, pero eso era solo porque estaban demasiado ocupados en su pequeño mundo "totalmente heterosexual" como para preocuparse por la misión de Theo de emborrachar a Draco tanto como fuera físicamente posible. (O tal vez los mataría también, solo porque Blaise sabía a ciencia cierta que habían estado investigando a su marido y tramando una forma de conseguir que se uniera a un trío con ellos más tarde en la noche).

Y finalmente, solo después de que todos los demás hubieran sido asesinados, sería el turno de Blaise para una muerte prematura a manos de la mujer de Draco, ya que no hizo nada para detener esta locura cuando tuvo tiempo.

Solo esperaba que fuera una muerte rápida e indolora. Pero conociendo lo francamente despiadada que podía ser, dudaba que fuera el caso.

Sus ojos recorrieron el pub y se detuvieron en el elegante reloj antiguo que colgaba de la pared y que, para su horror, indicaba que ya era más de medianoche.

Sí. Definitivamente iba a ser asesinado por ella. Y tampoco iba a ser rápido.

—¡Blaise... Blaise, amigo!

Suspiró. ¿Qué otra cosa podía hacer un condenado?

—¿Sí, Draco?

—¿Te he dicho lo divertida que es Granger también?

Sí, lo había hecho, al menos cinco veces esa noche.

—No, todavía no.

—¡Bueno, es divertidísima! —Gimoteó—. Ella siempre puede hacerme reír, incluso cuando estoy siendo un pequeño imbécil deprimido como siempre. Ella solo... me siento el tío más feliz del planeta cuando estoy cerca de ella, ¿sabes?

—Me alegra oírlo, amigo. Te mereces ser feliz.

—¡Y es tan inteligente! ¿Mencioné que es inteligente?

—Lo hiciste.

—¡Bueno, ella es verdaderamente inteligente!

—Lo sé.

—¿Sabías que salvó el mundo? —Siguió balbuceando, agarrándole la manga y sacudiéndosela un poco como para enfatizar su punto—. Como que destruyó por completo al Señor Tenebroso aquella vez y no me importa lo que digan de Potter... Ella es la verdadera heroína.

—¡Lo sé! Yo estaba allí, amigo, —dijo Theo una vez más, levantándose del suelo para echarse parcialmente sobre su amigo mientras seguía arrastrando las palabras en señal de acuerdo—. 'Mione es como... Brillante. ¡Qué bruja!

—¡Cállate, Nott! No te la mereces... —gruñó con una mirada asesina en la cara, pero debido a su estado actual, solo salió como un mohín arrastrado digno de un chihuahua inválido—. ¡Así que ni siquiera pienses en ella!

Oh, qué maldito hijo único, demasiado posesivo para su propio bien.

—¡Pfff! Nadie se merece a 'Mione, —ronroneó Pansy, bebiendo el resto de su cóctel mientras las hermanas Greengrass asentían con la cabeza—. Es demasiado... pura para nosotros, las serpientes. Debe estar en un... altar o algo así. Maldita bruja perfecta que es...

—¡Exacto! ¡Lo has pillado! —Draco alzó las manos en el aire y Blaise estaba bastante seguro de que el hombre estaba a punto de llorar ahora—. Solo podía soñar con tener una oportunidad con ella.

Blaise ladeó la cabeza con la boca abierta ante la idiotez de toda aquella situación.

Ni en un millón de años esperó ver a alguien tan sereno y altivo como él comportándose como un cachorro enamorado, llorando en medio de la taberna y profiriendo palabras de adoración sobre una bruja como si fuera una deidad, pero, por otra parte, nunca antes lo había visto tan borracho, así que sin duda era un espectáculo sorprendente.

(¡Gracias por eso, Theo!)

—Draco, amigo... —se burló—. ¡Estás casado con ella!

—¿Con quién?

—¡Con Hermione! ¡Eres literalmente su maldito marido!

—¿Qué? ¿Lo soy? —Sus ojos plateados parecieron brillar más ante la revelación. Buen Merlín, este idiota estaba completamente trastornado—. ¿De verdad? ¿Cómo pasó?

—Sí. Yo tampoco sé cómo ocurrió.

—Creo que fueron todas las leyes de bienestar de la Casa de los Elfos que él le ayudó a redactar, —dijo Astoria con hipo desde su sitio, y Daphne no tardó en añadir con una risita—. Y el hecho de que donara la mitad de su fortuna para financiar la Ley Matalobos que ella creó...

—¡O a lo mejor es que tiene mucha suerte! —Marcus y Adrien volvieron juntos al pub, todavía pegados el uno al otro—. ¡Y está jodidamente en forma!

—Tiene suerte de ser guapo, —ladró Pansy, en un torpe intento de enderezarse—. 'Mione habla de su culo como... Todo el tiempo. ¡Es insufrible! Ojalá estuviera hablando de mí, pero... ¡Ella quiere a este idiota!

—Y no olvidemos lo del bebé... —musitó Greg en voz alta con una mirada pensativa hilarante y un poco fuera de lugar—. Ahora está contenta de ser mamá, ¿no? A lo mejor se casó con él por eso.

Ah, sí... Lo del bebé ...

Blaise hizo una mueca mientras volvía a mirar el reloj con una sensación de terror que se le hundía en el estómago con cada tic y tac de las manecillas. Ya se habían pasado del toque de queda y estaba seguro de que Hermione Malfoy aprovecharía cada segundo extra que pasaran fuera tramando una forma de que sus muertes fueran lo más lentas posible.

"Lo del bebé" era, sin duda, una parte integral de su matrimonio, y también resultó ser la razón por la que el grupo de amigos había estado en el pub celebrando y bebiendo toda la noche en primer lugar.

Se suponía que iba a ser algo rápido, solo una pinta o dos en honor del pequeño Scorpius: el nuevo heredero de la fortuna Malfoy, el orgullo y la alegría de Draco, el absolutamente adorable ahijado de Blaise y la más reciente obsesión de los antiguos alumnos de Slytherins.

Al parecer, era algo que a los hombres muggles de Inglaterra les gustaba hacer poco después del nacimiento de sus retoños, una especie de "tradición". Lo llamaban "wetting the baby's head" y parecía una actividad divertida en la que todos podían participar para felicitar al nuevo y orgulloso padre... A pesar de que el propio Draco había insistido mucho en que no quería participar en nada de eso.

Según él, la idea de salir de copas con sus amigos y dejar a su mujer (aún convaleciente del parto, y la que básicamente hacía todo el trabajo) sola con su recién nacido (una criaturita quisquillosa que necesitaba atención constante a todas horas del día) era, como mínimo, detestable.

Y ahora que lo pensaba... Blaise suponía que en realidad tenía razón.

Pero Theo, al que se le había ocurrido aquella idea francamente estúpida, era un capullo testarudo. Y seguía siendo un Slytherin de corazón, lo que significaba que no se oponía demasiado a hacer cosas desagradables para conseguir lo que quería.

Y después de cuatro meses enteros de constantes ruegos, súplicas y coacciones por su parte, por fin consiguió lo que quería cuando convenció a sus amigos de que secuestraran al pobre Draco para obligarle a ir al pub con ellos, haciéndole tragar una copa tras otra hasta dejarlo en ese lamentable estado para evitar que huyera en cuanto pudiera.

No era la mejor decisión que habían tomado en mucho tiempo, de eso no cabía duda.

Sin embargo, mientras todos los demás se alegraban de proporcionar una "noche salvaje" al feliz nuevo padre, Blaise decidió que probablemente debería seguirles en su aventura solo para estar seguro de que nadie saldría herido.

Además, se aseguró de advertir a Hermione de sus estúpidos planes (todo mientras Pansy y Greg ya estaban sacando a Draco por la ventana) para que no se asustara y llamara a los aurores por su repentina desaparición. En ese momento, él le había asegurado que lo llevaría a casa sano y salvo y a una hora razonable de la noche.

Oh Dioses, que manera tan terrible de romper la confianza de alguien. ¿Podría quitarle el título de padrino de Scorpius por esto?

Bueno, probablemente sería difícil actuar como padrino desde el Más Allá, de todos modos.

—¿Granger tiene un bebé? —murmuró Draco con una mezcla de fascinación y pura devastación flotando en su voz—. Pero... ¿quién es el padre?

—¡Oh, por los cojones de Salazar! —gritó Blaise de repente por todo el bar, golpeándose la cabeza contra la barra con un sonoro golpe, deseando poder estrangular al pobre diablo—. ¡Tú lo eres! Eres literalmente su marido. Y también eres el padre de su hijo... ¡Maldito idiota! Ella es una Malfoy desde hace tres años.

De repente, todo el mundo a su alrededor pareció volverse más silencioso: Greg había dejado de hacer su improvisado karaoke, Theo había dejado de reírse, las chicas habían dejado de balancearse, Adrian y Marcus habían dejado de meterse mano y Draco había dejado de llorar, con los ojos brillantes de asombro y como si Blaise acabara de darle la mejor noticia de su vida.

Abrió la boca para decir algo, probablemente más palabras de elogio dirigidas a su mujer, pero lo que iba a decir fue rápidamente ahogado por un grito chirriante detrás de ellos.

—Erhm... ¿Hola? ¡Disculpad! —Al otro lado de la sala, un hombre corpulento y de aspecto rudo los miraba con una fea mueca. A su lado, estaba el dueño del pub, más pequeño, pero igual de molesto, con su varita apuntándoles, listo para echarlos a patadas mientras continuaba—. Creo que ya han tenido bastante por esta noche. ¡Por favor, paguen la cuenta y lárguense!

Blaise apretó los labios en una fina línea de desagrado.

—Por supuesto, señor, por favor perdone su comportamiento, no saben cómo aguantar el licor...

—¡Eh, dueño del pub! ¿Sabía que estoy casado con Hermione Gr...? —Le dio un codazo en las costillas a su amigo para que dejara de hablar y molestara aún más al dueño del pub.

Sacó del bolsillo una bolsa de terciopelo repleta de oro, que cubriría mucho más de lo que habían consumido durante la noche, y la arrojó sobre el mostrador.

—Gracias por su tiempo. ¡Ya nos vamos!

—¡Y no vuelvan! —resopló, embolsándose los galeones sin molestarse en darle el cambio.

Mordiéndose el interior de la mejilla para evitar maldecir a aquel hombre, Blaise se giró hacia sus amigos y comenzó a hacer un recuento mental para asegurarse de que nadie se quedaba atrás. Y con eso, recogió los abrigos, bolsos y cuerpos de todos, llevándolos fuera del pub para que regresaran a sus casas.

— — —

Finalmente, tras dejar a casi todo el mundo en sus respectivas casas en una serie de pésimas apariciones, a Blaise solo le quedaban Draco y Theo colgados de él para terminar la noche. Y eso significaba que pronto iba a enfrentarse a lo que probablemente iba a ser la mayor reprimenda de su vida. Dioses, no lo estaba deseando.

—Hermione nos va a matar, —suspiró Blaise con tristeza, luchando por mantenerse en pie mientras intentaba cargar sobre sus hombros a un hombre prácticamente inconsciente y mucho más alto—. Todo lo bueno llega a su fin, supongo... Incluso mi propia vida.

Había aparecido lo más cerca posible de la mansión, pero dado que solo los Malfoys podían llegar al interior de los muros, aún tenía que caminar unos cuantos kilómetros para llegar a su destino, teniendo que forcejear con dos hombres borrachos hasta la colina donde se encontraba su lujosa casa.

—¡Na, no lo hará! —rio Theo, tropezando con una roca suelta en el camino y gritando de dolor mientras cojeaba dramáticamente hacia un lado—. Estará encantada de que hayamos pasado una noche tan divertida.

No podría ser más incorrecto si lo intentara.

Pero al menos Theo parecía haber conseguido despejarse un poco desde que salieron del pub, y todo porque Pansy había decidido como "broma divertida" conjurar un cubo de agua helada y tirárselo a la cara en cuanto llegaron para dejarla en su lujoso ático de Londres.

—Suenas confiado, —puso los ojos en blanco—. Pero yo no estaría tan seguro, Theo.

—¿Qué? ¡Ella nunca mataría a los mejores amigos de su marido! ¡Relájate!

No podría relajarse, aunque lo intentara, sobre todo cuando sintió que Draco movía el cuerpo encima de él hasta que se zafó de su agarre, cayendo al suelo con un ruido sordo.

—¡Chicos! —Hipó desde su posición en el suelo—. ¡Un pub más! ¡Vamos! La noche es joven y toda esa mierda, ¿no?

Sí, estaban prácticamente condenados.

Sintiendo que su paciencia se agotaba, le agarró de los brazos, mientras Theo le agarraba de las piernas con paso un poco inseguro, y ambos tiraron de él hacia arriba para arrastrarle de vuelta a la Mansión a paso lento.

—Seguro que nos mata, —volvió a lamentarse, aunque logró sentirse un poco aliviado al ver las familiares e imponentes puertas de su casa, abriéndolas de un tirón usando la varita de Draco para poder acceder a los ricos jardines de su propiedad. Bueno, al menos las cosas terminarían pronto—. O tal vez solo desmembrarnos. Pero definitivamente habrá algún grado de mutilación involucrado.

—Pfff... ¡Hermione es la bruja más dulce del mundo! Además, ya casi llegamos, ¿no? No hay de qué preocuparse.

Y como si quisiera demostrarle a Theo que estaba equivocado, un par de los preciados pavos reales albinos de los Malfoy aparecieron de la nada, probablemente intentando investigar quién se atrevía a invadir sus dominios, y sisearon a los magos con un feroz graznido, abalanzándose de repente sobre ellos como dragones diminutos atacando a su presa. ¡Maldita sea! ¡Hasta los pájaros de los Malfoy eran unos capullos!

Ni siquiera tuvieron la oportunidad de escapar de los pájaros, ya que todos cayeron al suelo entre una serie de alaridos. Y aunque Theo y él consiguieron amortiguar la caída con las manos, Draco no tuvo tanta suerte, ya que estaba demasiado borracho para darse cuenta de lo que estaba pasando.

No pudieron hacer otra cosa que ver cómo se le formaba un feo tajo en un lado de la sien al chocar contra el duro suelo rocoso con otro ruido sordo en el aire, que no hizo más que empeorar cuando los feroces pavos reales picotearon la cara de su dueño, justo en sus heridas.

Ay, por lo menos estaba tan fuera de sí como para sentir dolor, ¿no?

Teniendo en cuenta los gritos de Draco, estaba claro que no era el caso.

Maldito infierno, como si las cosas no estuvieran ya bastante mal. Apuntó con la varita a los molestos pájaros, lanzando un Protego sobre el cuerpo inerte de su amigo y ahuyentándolos con un pisotón y gritándoles hasta que salieron corriendo de vuelta con sus pavas reales, lo que permitió a Blaise acercarse a él y evaluar los daños.

Apoyó la cabeza de Draco en el suelo y lo obligó a sentarse mientras le examinaba la herida con el ceño fruncido. Lástima que se le dieran fatal los hechizos curativos, probablemente acabaría estropeándole aún más la cara si intentaba curársela ahora mismo.

A este paso, si conseguía devolverlo de una pieza se consideraría el más afortunado del planeta.

—Theo, ¿tienes alguna poción para la resaca contigo?

—¿Por qué coño iba a tenerla? Cuando salgo a beber quiero estar borracho. ¡Una poción de sobriedad sería contraproducente!

—Bueno, gilipollas... ¡Necesitamos a Draco sobrio ahora mismo! Así que, ¿sabes cómo preparar un poco, por lo menos?

—¡Claro que no! —Se encogió de hombros, casi cayéndose él también al suelo—. ¡Que fuera un Slytherin no significa que fuera bueno en pociones!

Bueno, suponía que no le faltaba razón: también se le daba fatal Pociones en Hogwarts, y siempre prefería formar pareja con cierto mago brillante que en ese momento estaba besando el suelo sucio mientras luchaba por levantarse.

—Maldita sea... ¿Por qué insististe en emborrachar tanto a Draco? Nos sería mucho más útil si estuviera consciente. Apuesto a que aún podría curarse y preparar la maldita poción si al menos pudiera mantenerse erguido...

—¡Nah! ¡Nos llamaría idiotas y se negaría a ayudarnos para que "aprendiéramos la lección" o algo así!

Pues sí. Probablemente lo haría. Pero si no estuviera tan borracho, no tendrían este problema.

—Oye, ¿sabéis quién podría arreglarlo todo? —Oyeron murmurar a Draco mientras señalaba con el dedo hacia la mansión que tenían delante, con brillantes luces amarillas que se colaban por las ventanas a pesar de lo tarde que era.

Blaise se tragó un nudo en la garganta cuando vio una figura de pie junto a la puerta principal: una mujer menuda vestida con un camisón blanco y el pelo rizado sobresaliendo en todas direcciones. Llevaba en brazos a un niño adorable que se retorcía y jugaba con las mangas holgadas de su ropa como si fueran el juguete más divertido que jamás hubiera existido, pero Blaise apenas podía prestarle atención porque estaba demasiado ocupado contemplando su aterradora mirada, que apuntaba directamente al grupo.

Oh, sí. Definitivamente iban a ser asesinados.

—¡Granger! —gorjeó Draco cuando sus miradas se cruzaron mientras él la saludaba con una sonrisa bobalicona que solo se hizo más amplia al ver que ella le devolvía el saludo tentativamente. Y entonces, agachándose torpemente sobre su oreja, continuó en un susurro (no muy) bajo—. Granger puede ayudarnos, es una bruja lista y guapa, y es... increíble.

—¡Oh, por el amor de Salazar! Solo... cierra la puta boca, ¿quieres?

—Quiero decir, —tarareó Theo con una mano en la barbilla y una expresión ridícula en la cara—. Draco tiene razón, ¿sabes? Hermione bien podría cuidar de él... Además, ella ya está viniendo hacia nosotros...

Solo tuvo menos de un milisegundo para sentir cómo se le helaba la sangre en las venas antes de oír un grito agudo que atravesaba el aire.

¡Zabini!

Tenía un aspecto etéreo, con la ropa y los rizos alborotados fluyendo a cada paso y prácticamente chisporroteando con la magia que su núcleo parecía estar generando desde el interior de su alma. Su piel besada por el sol estaba ligeramente enrojecida (probablemente debido a su enfado, pero aun así era un espectáculo digno de ver), especialmente alrededor de las pecas de su nariz y mejillas, que contrastaban maravillosamente con el llamativo color de sus ojos ámbar adornados con motas doradas en el iris.

Hablando objetivamente, supuso que Draco realmente tenía una buena razón para estar tan enamorado de su mujer: era absolutamente preciosa, como su propio marido había dicho varias veces aquella noche, y el poder que corría por sus venas era palpable incluso desde la distancia.

(No es que alguna vez lo admitiera en voz alta, obviamente... Él valoraba mucho su vida, y Draco podía ser tres veces más despiadado cuando se trataba de su actitud protectora hacia Hermione).

Desgraciadamente, su mujer también los miraba con el ceño fruncido, con una mano en la cadera y la otra sosteniendo a un precioso bebé, con un mechón de pelo rubio pálido y los ojos plateados más profundos que un bebé pueda tener, que en ese momento se estaba riendo a carcajadas al reconocer a su padre a pocos metros de distancia.

Casi como golpeado por un hechizo, Blaise observó cómo Draco se enderezaba de inmediato en respuesta a la risa de su hijo, pareciendo casi un humano de verdad, si no fuera por el ligero titubeo de sus pasos, mientras se acercaba a su mujer con la sonrisa más brillante jugueteando en sus labios mientras saludaba a Scorpius con un enérgico gesto de la mano y soplaba un beso descarado en dirección a Hermione.

Estaba seguro de que, de no ser por lo tarde que era, probablemente se habría reído de la reacción ebria de su marido. Era, si podía ser sincero consigo mismo, muy divertido ver lo mucho que quería a su familia, lástima que Hermione no pudiera apreciar ningún tipo de humor en ese momento.

En lugar de eso, les frunció el ceño y les ordenó a todos que entraran en casa. A Theo y a sí mismo no tuvo que decírselo dos veces mientras agarraban al otro por el cuello y prácticamente lo arrastraban hacia dentro.

—Entonces... ¿vas a explicarte? —chasqueó como un látigo, aunque bajó la voz a un susurro, pues no quería sobresaltar a su bebé—. ¡Me dijiste que esto iba a ser rápido, Blaise! ¡Una pinta o dos como mucho!

Hizo una mueca en respuesta, sintiendo que la culpa le subía por la garganta al notar las bolsas bajo sus ojos ahora que podía verla de cerca.

Por suerte, antes de que pudiera siquiera intentar pensar en una explicación adecuada, Theo ya estaba hablando, con un desafortunado tartamudeo que revelaba lo borracho que estaba.

—¡Oh 'Mione! Lo siento, muñeca. Nos dejamos llevar un poquito.

—¿Un poquito? ¡Miradle! ¡Está fatal!

A su lado, pudo ver a Draco haciendo pedorretas para hacer reír y aplaudir a Scorpius, y aunque seguía borracho como una cuba, era agradable ver que seguía siendo un padre cariñoso mientras susurraba en voz baja lo mucho que quería a su hijo.

Era una escena innegablemente tierna... y habría sido el ejemplo más perfecto de felicidad doméstica en el libro de Blaise... Si no fuera porque seguía sangrando abundantemente por el corte en la cabeza, tenía la ropa arrugada y manchada de tierra y barro, aún se balanceaba de un lado a otro como si estuviera a punto de caerse en cualquier momento y olía bastante como una maldita destilería.

—Bueno, sí. Lo sé. Es que lo estábamos celebrando. —Continuó, ajeno al hecho de que ella parecía cada vez más una leona furiosa dispuesta a comérselo vivo. Los pavos reales no tenían nada que envidiar a su ferocidad. ¡Después de todo, estábamos honrando a Scorp! ¡No podíamos tomar solo una cerveza!

¡Maldito Theo! Maldito idiota, ¡lo estás empeorando!

—¡Oh, que detalle por tu parte! —Siseó entre dientes—. Qué cosa más ridícula por tu parte, así que yo tengo que hacer todo el trabajo duro durante nueve meses y luego sois vosotros los que salís.

—Quiero decir... Si quieres, supongo que podrías unirte a nosotros la próxima...

—¡Theo! —Gritaron al mismo tiempo ella y Blaise, haciéndole callar de inmediato (por una maldita vez en su vida). Pero al darle un codazo a su amigo en las costillas, continuó con un fuerte grito—. ¡Cállate de una puta vez, gilipollas!

—¡Blaise! —gritó Hermione, tapando con las manos los oídos de su impresionable hijo de cuatro meses y fulminándolo con la mirada—. ¡Si las primeras palabras de mi hijo terminan siendo un insulto, te asesinaré!

¡Como si no fuera ya un muerto viviente!

—¡Granger! —intervino de pronto Draco con una ligereza en la voz que lo hacía irreconocible del hombre frío que solía ser—. ¡No vas a creer lo que acabo de descubrir!

—¿Eh? —Parecía sorprendida—. ¿Qué pasa?

—¡Estamos casados! —Exclamó, acercándose para darle un tierno abrazo, que sin duda era dulce, si uno ignoraba el hecho de que casi tropezó con sus propios pies, y para presionar un beso descuidado en su sien. Pero como preveían que las cosas podían ponerse un poco complicadas, Blaise se ofreció amablemente a sujetar a Scorpius mientras ella se ocupaba de su torpe marido.

Sorprendentemente, el ceño fruncido de Hermione se transformó en una amable sonrisa mientras le devolvía el abrazo y lo acomodaba en el elegante sofá de terciopelo.

—Ya lo sé, amor, —rio tras respirar hondo, sacando la varita para arreglarle el corte de la sien y la ropa sucia con facilidad—. ¡Ya llevamos tres años casados!

¿Por qué parecía tan sorprendido? No hacía ni una hora que le habían dicho exactamente lo mismo.

—¿Tres años? Es increíble, —suspiró, tirando del brazo de su mujer hasta que cayó sobre su regazo, hundiendo la nariz en su pelo y susurrándole dulces palabras al oído—. Dioses, no puedo creer que tenga tanta suerte.

En los brazos de Blaise, Scorpius se agitó con un poco de alboroto, solo paró sus pequeños gritos cuando su madre lo alcanzó y lo volvió a abrazar mientras su padre le besaba la parte superior de la cabeza, calmándolo efectivamente.

—Mira, Granger, este es nuestro hijo. Es tan perfecto, —continuó Draco mientras fijaba una mirada cariñosa en su hijo, justo antes de inclinarse hacia delante en el regazo de su mujer mientras cerraba los ojos y susurraba—. Te quiero, Granger.

—Yo también te quiero, Draco, —Hermione puso los ojos en blanco, aunque en sus labios se dibujaba la sonrisa más grande que Blaise había visto nunca—. Incluso cuando estás borracho como una cuba.

Le pasó la mano por el pelo despeinado, peinando las finas hebras hasta que su marido por fin empezó a dormitar en la seguridad de su hogar, abrazado por las dos personas más importantes de su vida. Y desde su regazo, el pequeño Scorpius pareció seguir los pasos de su padre al bostezar y cerrar los ojos, acurrucándose en el pecho de su madre.

Fue una escena muy tierna, que casi (¡solo casi!) hizo que Blaise deseara tener una mujer y una familia propia.

—Puaj... —Theo se rio desde donde estaba, rompiendo efectivamente la magia tranquila que se había asentado sobre ellos—. Sois asquerosamente dulces. Parad o vomitaré.

—Cállate Theo, —susurró Hermione con una sonrisa—. ¡Y ayúdame a acostar a estos dos!

Bueno, era lo menos que podían hacer, después de todo lo ocurrido.

Se movió un poco en el sofá y aceptó la ayuda de Blaise para levantarse de su asiento, cargando a Scorpius en brazos y dirigiéndose a la habitación del bebé para ponerlo en su cuna mientras Theo arrastraba a Draco a su habitación para que pudiera dormir en una cama en condiciones.

Y como tanto su marido como su hijo estaban por fin durmiendo a salvo en sus propias habitaciones, Hermione se volvió hacia sus amigos, dirigiéndolos a las muchas y gigantescas habitaciones libres que la Mansión tenía para ofrecer mientras continuaba.

—Por favor, es tarde... y parece que va a llover pronto. Estoy segura de que sería mejor que os quedarais a pasar la noche.

Huh, pasar la noche en una de sus deliciosamente suaves camas king-size sonaba como una buena manera de darle la vuelta a esta terrible noche.

—¡Oh, 'Mione! —Theo rio con regocijo, echando un vistazo a las ricas sábanas de seda que iba a aprovechar al máximo mientras se estrellaba en su puesto—. ¡Sabía que podía contar contigo! ¡Eres una verdadera muñeca!

—Erhm, —Blaise se aclaró la garganta mirando hacia la habitación justo al lado de la de su amigo con una pequeña sonrisa en los labios—. Gracias, Hermione. Es muy amable de tu parte hacer algo así, después de... ya sabes.

—¡Oh, no hace falta que te preocupes! Poneos cómodos en vuestras habitaciones, —ronroneó, con una sonrisa mucho más siniestra en los labios mientras continuaba con la varita apuntándoles y una mirada digna del villano de una película de terror—. ¡Y no olvidéis que os mataré a los dos mañana por la mañana!

¡Dulce Circe, que los dioses se apiaden de su alma!