Angel y Husk caminaban por la ciudad tomados de la mano mientras conversaban casualmente sobre algunas cosas.

Aquella zona se encontraba muy tranquila esa tarde, aunque había varios pecadores transitando las calles. Algunos de ellos se sorprendían al ver a Angel Dust de la mano de su acompañante y otros tantos susurraban o se reían por lo bajo.

A pesar de que la araña nunca había sido de ponerse especialmente sensible por los comentarios ofensivos que otros demonios le hacían intentando herirlo, por algún motivo se estaba sintiendo muy incómodo al notar a los demás a su alrededor cuchicheando de forma burlona, y es que para él estaba claro que, por su estatus de exestrella porno, la gente no podía verlo de otra manera más que como una sucia puta cuyo cuerpo estaba usado por quién sabe cuántos demonios, y por ello les resultaba irrisorio ahora verlo andar por la calle, tomado de la mano de un hombre, haciendo como si ese pasado jamás existió.

Luego pensó que quizá no se estaban burlando de él, ¿y si en realidad se estaban burlando de Husk?

«¿Cómo lo puede llevar de la mano tan tranquilo? ¿Sabrá cuántos hombres se lo han cogido ya? ¿De verdad le enorgullece estar con la ramera más guarra de todo el infierno? ¡Qué puta asquerosidad!» Por su cabeza pasaron las posibles palabras de aquellos demonios y de pronto se sintió bastante triste.

Miró a Husk de reojo y se preguntó qué estaría pensando, si acaso ya se había dado cuenta de las miradas para nada discretas que estaban atrayendo y qué era lo que eso le hacía sentir, pero no quería preguntarle, simplemente agachó un poco la cabeza y de forma algo inconsciente, su mano se soltó de la del contrario; sin embargo, al sentir que el agarre de Angel se debilitó, Husk le dio un pequeño apretón y sostuvo su mano con firmeza. El demonio de blanco pelaje lo miró con un gesto de sorpresa y Husk también lo observó como diciéndole que no bajara la mirada.

—No les prestes atención —Murmuró, intentando transmitirle seguridad.

—Husk… —Angel quiso decir algo, pero el contrario tomó la palabra nuevamente.

—Lo que digan o piensen no importa, yo estoy orgulloso de estar contigo y tú no tienes nada de qué avergonzarte.

Angel se sonrojó un poco, no entendía como Husk era capaz de traerle tanta calma incluso cuando sus fantasmas querían atormentarlo. Recuperó su sonrisa y volvió a sostener fuerte y seguro la mano del demonio felino, caminando con ese porte y confianza con el que solía andar de aquí para allá, cosa que hizo que Husk sonriera con orgullo, para después retomar la conversación sobre a dónde irían y qué era lo que harían.

Mientras hablaban, ambos sentían como si nada a su alrededor fuera importante, como si el caótico infierno se transformara en un lugar diferente, ¿tal vez así fue como debió sentirse estar vivos? ¿O era así como se sentía estar en el Cielo? Si no era algo parecido a esa sensación de paz y felicidad que tenían en ese instante en que estaban juntos, entonces no merecía llamarse "Paraíso".

«Creo que de cierta forma Charlie tenía razón con lo del hotel… O sea, no literalmente, pero creo que gracias al hotel encontré mi propio camino al Cielo y finalmente estoy ahí» Pensó Angel mientras escuchaba a Husk hablándole sobre los espectáculos de magia que le gustaba hacer en vida.

Al llegar a su primer lugar de destino, Angel caminó más rápido con evidente entusiasmo, llevando a Husk de la mano mientras este intentaba seguirle el paso. El acuario era sin duda un lugar bastante bonito, incluso parecía algo de otro mundo tomando en cuenta lo poco común que era encontrar lugares que se sintieran tan pacíficos en el infierno.

Tal y como era de esperarse, había bastante gente, pero eso no detuvo a Angel de seguir llevando a Husk de aquí para allá, enseñándole los peces que nadaban tras los cristales que les rodeaban.

— Si fuera un pez, sería uno de estos —El demonio de pelaje blanco señaló un grupo de peces ángel que nadaban por ahí, atrayendo la atención de su acompañante hacia ese punto—. Si fuera un pez, ¿me comerías, gatito?

Husk intentó no reírse ante la pregunta, pero no pudo ocultar una sonrisa divertida al momento de responder.

—Si tuvieras cara de pez, quizá te comería, piernitas —Bromeó, y ante aquella respuesta, Angel se rio en voz baja.

—Menos mal que no tengo cara de pez. Con Alastor ya tenemos suficientes comegente en nuestro círculo —Respondió con un tono algo gracioso y los dos se echaron a reír.

Ambos siguieron caminando por los alrededores mientras Angel miraba todo con fascinación, hablando sobre lo bonito que le parecía el lugar y lo mucho que le gustaba mirar a los peces. Husk lo veía con adoración, deseaba con toda su alma que cada día a partir de ese momento fuera así, poder ver a su querido ángel sonreír de esa manera, escucharlo reír y ser testigo y acompañante de su felicidad, ya fuera saliendo por la ciudad o solo tomándose unas copas en el bar del hotel mientras hablaban de la vida o cualquier cosa que les pareciera buena idea.

Quería estar para él como nunca nadie había estado, amarlo como se lo merecía, darle un amor completo y sincero, un amor que lo hiciera libre. No podía esperar para decírselo, pero tenía que ser paciente.

Pasaron un rato bastante ameno recorriendo el acuario, Angel estaba muy contento, se tomó bastantes selfies junto a Husk y finalmente le pidió ir a la tienda de souvenirs para poder comprar algún recuerdo de su visita a ese lugar.

Una vez ahí, el demonio araña se sintió encantado por unos hermosos colgantes en forma de pez ángel, así que llamó al gato demonio para mostrarle.

— ¡Mira! ¿Y si compramos estos?

Husk los miró con algo de curiosidad, eran metálicos con adornos de color azul y llevaban una pequeña argolla para colgarlos.

—Seguro, serán un buen recuerdo de esta cita —Expresó aprobando la sugerencia de Angel, él cual tomó un par de aquellos colgantes y se acercó al mostrador de la tienda para pagarlos.

Luego de comprarlos, Angel regresó alegremente junto a Husk y le dio uno de los colgantes dentro de una pequeña bolsa.

—Mira, ahora puedes tener un pez que te recuerde a mi cuando estés trabajando —Dijo y le guiñó un ojo con su aire coqueto de siempre.

—Será una buena compañía, cuando lo vea me acordaré de ti, Angel —Replicó Husk con una sonrisa que, a los ojos del contrario, resultaba irresistible.

Angel contuvo sus deseos de acercarse y robarle un beso, respiró profundo y esperó a que este le ofreciera su mano para tomarla y así caminar juntos hacia su siguiente lugar de destino, él cual les quedaba bastante cerca.

— ¿A dónde vamos ahora? ¿Te pusiste creativo? —Cuestionó Angel con curiosidad.

—Iremos a un lugar agradable para cenar y conversar todo lo que queramos —Explicó Husk.

— ¿Ah, sí? Bueno, veremos qué tal está ese lugar, a lo mejor coincide con mi ideal de una cita —Bromeó el demonio araña, aunque luego se quedó un poco pensativo—. La próxima vez yo te invitaré a comer, pero no afuera, voy a cocinar algo especialmente para ti, gatito.

—Será un placer, piernitas.

Ambos siguieron su camino hasta llegar al restaurante, el cual se veía bastante bien, Charlie definitivamente sabía de lo que hablaba cuando hizo su recomendación. Entraron al lugar y cuando les asignaron su mesa, se dirigieron hacia allá.

Mientras se tomaban su tiempo para elegir la comida que pedirían, Angel retomó la conversación donde la habían dejado.

— ¿Sabes? Creo que te podría preparar comida italiana, ¿eso te gustaría? —Husk asintió aprobando la idea y Angel sonrió bastante animado— ¡Perfecto!

—Si vas a sorprenderme con tus habilidades en la cocina, pienso que puedo sorprenderte también… Aún hay cosas que sé hacer y no te he mostrado.

—Mmmm, me encantaría que me enseñaras todo lo que sabes hacer —Expresó Angel con tono juguetón, no pudo evitar pensar aquella afirmación en doble sentido.

—Seguro, te puedo hacer un show de magia si quieres —Afirmó Husk intentando no reírse al notar la forma en que el contrario se había expresado— o puedo tocar el saxofón para ti, quizá.

—Ambas son excelentes opciones, tú sorpréndeme, guapo, y yo haré lo mío para sorprenderte a ti, espero que estés listo para eso.

—Lo estoy, es bueno saber que ambos lo estamos —Dijo Husk con otra de esas sonrisas que a Angel le despertaban las ganas de besarlo hasta no poder más, e incluso otros deseos que ya llevaba un buen tiempo conteniendo.

Después de intercambiar aquellas palabras, ambos estuvieron listos para ordenar la comida y así lo hicieron. Husk le dijo a Angel que podía pedir todo lo que quisiera y que incluso podían pedir un buen alcohol, el que más le gustara, lo cual hizo que este se mostrara bastante contento, no era usual para él que alguien le agasajara de esa manera sin tener dobles intenciones, pero Angel conocía a Husk y sabía que con él las cosas eran claras, transparentes, lo trataba así porque genuinamente buscaba hacerlo sentir bien y por eso estaba disfrutando tanto de su atención y sus muestras de afecto.

—Husky… ¿Qué se supone que uno habla en una cita normal? —Cuestionó la araña, haciendo que el gato demonio se quedara reflexivo.

—Pues… Seguramente hay muchas cosas que nos faltan por conocer el uno del otro, podemos hablar de eso —Husk se encogió de hombros pensando un poco en que ciertamente aún había cosas que no se habían contado pese a que hablaban casi todo el tiempo.

—Hum… Entonces, platícame algo que jamás le hayas contado a nadie más —Pidió el demonio de pelaje blanco, mirándole con sus ojos rosados, rebosantes de curiosidad.

Husk se quedó pensando un poco en eso.

—A ver… Podría ser el hecho de que no me gusta mucho hablar sobre mi tiempo allá en la Tierra, porque… Si te digo la verdad, todavía tengo… Pesadillas al respecto —Murmuró, a la vez que en rostro de Angel se veía una expresión de asombro y ligera preocupación—, te he contado ya la parte de mi vida en Las Vegas con los casinos ¿no? Bueno, fue también ahí donde aprendí todo lo que sé sobre trucos de magia, esa es la parte… Menos oscura de todo eso.

—Oh, Husk… —Murmuró Angel, acercando un par de sus manos a las del contrario para tomarlas—, no tienes que contarme sobre eso si te hace sentir mal recordarlo, ¿sabes?

El gato demonio negó con la cabeza y luego miró a su acompañante con determinación.

—No te preocupes, quiero ser honesto contigo, que conozcas mi historia para que sepas quién soy y lo que me ha traído aquí —Explicó, ante lo cual Angel asintió y le invitó a continuar—... Bueno, como te decía, me gustaban mucho esos espectáculos de magia, así que durante un tiempo me dediqué a eso, me gané la vida por unos años mediante mis propios shows de magia y también con la música, tú sabes, tocando el saxofón.

— ¡Wow! Eso suena muy bien, gatito —Exclamó Angel, mirándolo con admiración.

—Sí… Aunque no todo fue así de agradable —Continuó, meditabundo—, el mundo no era lo mejor en esos tiempos, además de que yo comencé a llevar una vida de excesos en todos los sentidos, sobre todo con el tema del juego, no salía de los casinos… Me volví bueno con las trampas y así casi siempre lograba ganar, pero al mismo tiempo me metía en muchos problemas. Mi familia pensaba que estaba llevando las apuestas demasiado lejos, se molestaron bastante, pero yo me sentía a gusto con ese estilo de vida, así que poco a poco fui tomando distancia hasta que no volví a saber nada de ninguno de ellos. Cuando fui lo suficientemente mayor, me dediqué a viajar por el país y a conocer a todo tipo de personas, no tenía un lugar fijo para establecerme, estaba por un tiempo en alguna ciudad y luego iba a otro sitio… Supongo que por eso mismo tampoco tuve ningún tipo de relación cercana con nadie cuando era joven y nunca me fue bien en el amor.

— ¿Alguna vez has amado a alguien de esa manera? Quiero decir… ¿Te enamoraste alguna vez mientras estabas vivo? —Cuestionó Angel con curiosidad. A pesar de que todo el relato de Husk le resultaba interesante, no se sentía en posición de opinar sobre su situación familiar y su adicción al juego, después de todo, en ese sentido no eran tan diferentes tampoco.

—Sí, conocí a algunas personas, pero esas relaciones no prosperaron, en parte por mi estilo de vida… —Explicó el demonio felino— La última vez que estuve con alguien, me sentí bastante enamorado, pero aún con eso no funcionó, no terminamos bien, aunque de los dos creo que yo fui quien salió más jodido de todo eso, pensé que el amor era una pendejada y que no era para mí, así que me cerré por completo a volver a intentarlo.

—Tenemos otra cosa en común, guapo —Señaló Angel—, nunca me fue bien en el amor, siempre me metía con pendejos abusivos que solo querían coger, que me arrastraban más a los vicios o que se avergonzaban de estar conmigo y me tenían a escondidas… —Dicho eso, negó un poco intentando no seguir profundizando más en el tema— Mejor sígueme contando tu historia, me gusta escucharte.

Husk se quedó ponderando las palabras de Angel por un momento y pensó que ahora entendía el motivo por el cual había reaccionado como lo hizo cuando vio a las personas murmurando en la calle, eso le hizo sentirse muy molesto, pero pensó que no era momento para exteriorizarlo, así que decidió hacerle caso y continuar con su relato.

—El punto es que a partir de eso no volví a ser la misma persona y me aislé bastante de los demás, no le di importancia por mucho tiempo al hecho de no tener a nadie, pero, conforme fui envejeciendo, me di cuenta de lo solo y vacío que estaba… No tenía familia, ni siquiera supe si mi madre y padre vivían o ya habían muerto, además como mis relaciones fracasaron, jamás me casé y mucho menos tuve hijos… Logré hacer un par de amistades cuando ya me sentía demasiado viejo y aburrido como para seguir viajando, pero viví el tiempo suficiente como para verlos partir, todos en situaciones trágicas… Y, ¿sabes? Era realmente desesperanzador, así que me hundí más y más en el alcohol para no pensar en la soledad y la tristeza, para olvidar… Pero no funcionó, no me trajo paz, no borró la culpa, sólo me ayudó a tener mi lugar asegurado aquí abajo una vez que los vicios y la apatía que tenía en cuidar de mi salud, se cobraron mi vida.

—Lo lamento mucho, Husk —Expresó Angel, acariciando suavemente con sus pulgares las manos del contrario— Si no me hubiera muerto tan pronto, me habría encantado conocerte en la Tierra… Habría sido… agradable envejecer juntos.

Husk sonrió ligeramente ante aquella afirmación.

—Ciertamente —Replicó totalmente de acuerdo con las palabras del demonio arácnido—. Ahora ya sabes algo de mí que nunca le había contado a nadie.

—Gracias por contármelo —Angel le sonrió con un aire dulce, demostrando que realmente apreciaba que le tuviera esa confianza.

En ese momento llegaron a traerles lo que habían ordenado. Luego de que agradecieran al camarero y este se retirara, Husk decidió tomar la palabra.

—Es tu turno de contarme algo que jamás le hayas dicho a nadie —Sus ojos amarillos se encontraron con los de Angel, tomándolo un poco por sorpresa.

—A ver, déjame pensar —Se llevó una mano al mentón mientras intentaba recordar algo que no le hubiera contado ya— Bueno… Esto lo saben sólo un par de personas, pero mi verdadero nombre es Anthony.

—Bonito nombre, adecuado para alguien que siempre resalta en cualquier lugar en el que está —Dijo Husk con su seductora voz, haciendo que la piel de Angel Dust se erizara y su corazón se acelerara.

—Ay, qué cosas me dices, guapo —Respondió con una sonrisa coqueta—, pero bueno, ya te he hablado antes sobre Niss y sobre mi papá, pero algo que no te he dicho y nadie sabe sobre mí, es que tuve una hermana melliza, su nombre era Molly… Después de que morí y caí al infierno, pedía con todas mis fuerzas al de arriba que no permitiera que la volviera a ver, porque volver a verla implicaba que la mandaran al infierno y de ninguna manera considero que este sea lugar para una chica tan dulce como Molly, ella era muy buena y yo siempre quise mantenerla fuera de ese mundillo asqueroso de la mafia en el que la familia estaba metida.

— ¿Y el de arriba te escuchó? —Preguntó Husk, mirándolo con interés.

—Eso parece, porque en las décadas que he estado aquí, jamás la he podido encontrar —Explicó Angel—. Niss y papá llegaron aquí, pero Molly no… Pienso que ella debe estar en el Cielo, al igual que mamá… Es por eso por lo que me gustaría poder subir, porque quiero comprobar que ellas están allá, lejos de toda la mierda que se vive aquí abajo…

—Quizá pronto lo puedas confirmar, piernitas —Afirmó el felino—, cuando vean la persona que eres en realidad, estoy seguro de que la gente de arriba no tardará en reconocer que tú lugar es allá, con ellas dos.

—Puede ser… Aunque admito que no me molestaría si no me dejan subir, porque aquí está Cherri, están Charlie, Vaggie, Niff y también estás tú —No pudo evitar sonrojarse un poco al momento de decir eso, pero no quería guardarse lo que sentía.

—Lo mismo digo yo, me siento a gusto así… Además, no creo que, si mi familia está allá arriba, se estén muriendo de ganas por volver a verme —Expresó mientras observaba la comida—. Pero tú no desaproveches la oportunidad de ir al paraíso a reencontrarte con tu familia si te aceptan allá, es algo por lo que te has esforzado mucho.

— ¡Y vaya que sí! Aunque, tú eres una gran opción para subir si los ángeles de verdad se interesan en el hotel… —Puntualizó el demonio de blanco pelaje—, sea como sea, si yo llego primero, te voy a esperar… Así que necesito que también me esperes en caso de que te elijan a ti primero.

Husk se quedó algo dudoso, no sabía si realmente tenía algún chance de ir al Cielo, pues su alma ni siquiera le pertenecía. Aun así, la mirada de Angel le hacía imposible no prometer que así sería.

—Está bien, te lo prometo y haré lo posible por alcanzarte allá, ángel.

La araña se sonrojó notablemente al escucharlo llamarle de esa manera, le daba un poco de pena pensar que así era como lo veía Husk, como un ángel que se merecía el Cielo.

Luego de aquella conversación, ambos se dedicaron a cenar bastante a gusto, hablando de vez en cuando sobre lo buena que era la comida y el alcohol. La atmósfera del restaurante hacía que todo se sintiera bastante romántico (tal cual Charlie había afirmado), así que en la mente de ambos rondaba la posibilidad de hablar sobre sus verdaderos sentimientos por el otro, pero la sola idea hizo que se pusieran nerviosos.

«La próxima vez, quizá la próxima vez…» Pensaban ambos mientras comían y de vez en cuando sus miradas se cruzaban.

Siguieron así hasta que terminaron la comida. Angel se sentía un poco nervioso porque no sabía cómo proceder, así que, intentando disimular la pena que le causaba pensar en confesarle a Husk lo que sentía, decidió ir por otro camino.

— ¿S-Sabes? Me estaba preguntando… Cuando volvamos al hotel, ¿dónde quieres que pasemos la noche? ¿En mi habitación o en la tuya? —Trató de darle una mirada provocativa, ante lo cual el contrario abrió los ojos un poco más de lo normal.

— ¿Cómo? No, no tan rápido —Respondió Husk—. A menos que sea una invitación para dormir contigo, pasaré la noche en mi cuarto y tú en el tuyo.

—P-Pero… ¡Vamos, guapo! ¿No debe ser así en las citas…? Yo quiero agradecerte por tus muestras de cariño… —Angel se encogió de hombros y luego desvió la mirada— Además, llevo como un año sin coger…

Husk lo miró parpadeando un poco, entendiendo que debía ser bastante claro con él.

—Angel, ya es suficiente agradecimiento para mí el verte feliz y que me permitas disfrutar de tu compañía, eso es lo que busco con esta cita —Explicó—, mereces mucha felicidad y yo quiero dártela, quiero darte algo que sea mucho más significativo que citas que terminen en sexo.

Angel se ruborizó tanto que incluso sintió la pelusa de su pecho enrojecer, se preguntó qué cosa buena había hecho para que la vida lo recompensara con ese hombre y se tapó la cara con su par superior de manos.

—E-Entiendo, entonces si no vamos a coger, ¿al menos aceptarías pasar la noche en mi cuarto y…? Yo qué sé, ¿acostarnos juntos y acariciarnos hasta dormirnos…? —Murmuró Angel aún sin atreverse a mirarlo, por alguna razón le daba más vergüenza decir eso que el hacer insinuaciones tan directas.

Husk se sonrojó un poco, pero asintió aprobando la idea.

—Supongo que es una buena alternativa.

Angel sonrió bastante feliz con la idea, levantó la mirada sintiendo una incontenible necesidad de decirle la verdad de una vez por todas.

—Gatito… ¿Puedo decirte una cosa?

—Adelante, te escucho.

—Bueno, yo… Hum… —El demonio arácnido trataba de sostenerle la mirada a su acompañante mientras entrelazaba los dedos de su par inferior de manos, aún nervioso— Te agradezco mucho que seas así de atento y detallista conmigo, me haces sentir realmente querido… Y yo… Hum… Yo quiero… —Cuando se preparaba para soltar por fin esas palabras, un repentino alboroto llamó tanto su atención como la de Husk y los demás comensales.

Un grupo de pecadores habían entrado al lugar despavoridos, buscando donde esconderse.

— ¿Qué carajos pasó? —Preguntó un desconcertado Husk, aunque de inmediato se puso alerta y cubrió a Angel cuando vio el tumulto de gente.

— ¡Hay ángeles exorcistas bajando para acá! ¡Están matando a toda la gente que consiguen a su paso! —Exclamó una pequeña demonio con apariencia similar a la de un poodle, por lo que todos los presentes entraron en pánico y trataron de salir de ahí cuanto antes.

—Puta madre… No otra vez… —Murmuraron Angel y Husk al unísono, dándose cuenta de la situación tan jodidamente desfavorable en la que se encontraban envueltos.