Había pasado toda la tarde encerrado, no tenia la menor idea de lo que estaba por pasar, solamente se sentó en la orilla de la cama, miraba a todos lados buscando algo en que entretenerse mas no había nada, todo estaba específicamente acomodado, había una serie de muebles aparte de la cama, sin contar que al fondo había un estante de libros a lado de este un ropero le parecía completamente extraño, se había imaginado que seria torturado o puesto como un simple sirviente de aquellos hombres.

Quedo ahí por unas horas esperando algún indicio que pudiera salir o algo, no haría algo mal puesto el mismo se había puesto en marcha de hacer aquel acto.

En el un despacho se encontraba los gemelos, quien para ser exactos estaban sentado enfrente del escritorio, mientras que de pie se encontraba un hombre de larga melena esponjada y alborotada, el mencionado parecía estar mas que confuso.

-Entonces... ¿Que harás con el? -pregunto uno de los gemelos con una seriedad.

-No lo se, no entiendo porque los pueblerinos lo mandaron... me imagine que seria una mujer como lo hacían el pasado -respondio con cierto toque de confusión.

-Tal vez tenga al "especial" -marco en medio de comillas aquella palabra el gemelo menor.

El pelimorado se giro hacia los gemelos, quien miro confuso ante aquella oración, no sabia si era cierto aquello pero... no mentiría, ese muchacho poseía algo mas que una simple vida humana. solamente se quedo en silencio, ahora que estaba mas concentrado se limito a dar un suspiro y hablo.

-No queda de otra... -hablo.

-¿Entonces...? -pregunto el gemelo mayor.

-Destruire el pueblo -hablo secamente.

Los gemelos se miraron sorprendido aquello le había llegado de repente, los ojos del heleno detonaban un brillo sumamente diferente, sus ojos azules tomaron forma unos ojos de reptil, se giro al ventanal mirando con molestia aquel pueblo.

-¿Estas seguro? -pregunto el gemelo menor.

-Debes primero conocer a este chico, tal vez... -interrumpido.

-Ya se que saldrás que debo conocerlo, pero los pueblerinos saben que lo utilizare para darle paz a ese pueblo, a mi no me gusta ese humano -hablo.

-Ya se me hacia extraño que no respondieras de esa manera Milo -hablo el gemelo menor.

-Callate Kanon, que no pienso soportar la presencia de una persona que vaya a gustarme, por ese motivo haré que el mismo vea la destrucción de su pueblo -hablo.

Milo había salido de aquel despacho, los gemelos simplemente quedaron ahí, sabia que esto no saldría tan bien, a menos no para Milo.

Milo había subido hasta la habitación del recién llegado, cuando abrió la puerta pudo ver como el joven estaba apegado a la ventana viendo el pueblo. El heleno se aproximo lo tomo del ante brazo con fiereza, haciendo que el joven se tensara aunque al mirarlo quedo... ahí.

Reacciono después de ver aquellos ojos amatistas jalando lo con brusquedad.

-¡Oiga! ¿Que le pasa? -exclamo el menor.

-¡Callate! ¡Eres muy ruidoso para ser un simple humano! -exclamo molesto el heleno.

-¡¿Usted quien se cree que es?! -pregunto molesto mientras se zafaba.

-¿Te estas revelando? -pregunto molesto.

Camus miro al hombre sintió la mirada de aquel hombre, esos ojos azules había cambiado en un parpadeo mostrando aquellos ojos de manera reptil. Dio unos pasos hacia atrás, el terror lo estaba invadiendo cada vez mas. Milo se acerco su rostro detonaba desprecio alguno, Camus seguía ahí pensando que su vida se habría acabado.

Milo lo sujeto de la muñeca y lo lanzo a la pared, fue acorralado por el mayor, Camus sentía que su vida ya habría llegado a su fin, ya entendía porque algunas mujeres durante años aya no regresaban al pueblo.

-Eres una escoria... un humano que solamente busca el bienestar de otros y no lo suyo... -hablo con indiferencia el heleno.

Camus se disponía a pelear no se dejaría por el miedo, pero tan pronto como se movió, Milo lo tomo de ambas manos colocándolas sobre la cabeza del menor, los ojos del heleno seguían brillando, la distancia entre ambos se estaba acabando, al grado de sentir la respiración del mayor, Camus giro su rostro hacia a un lado cerro sus ojos esperando cualquier golpe o algo.

Pronto Milo se aproximo el, el olor de aquel joven era embriagante... no entendía ese motivo pero en ves de herirlo algo mas había llegado, beso aquel cuello con dulzura, una de las manos bajo a la parte de la cintura en donde se imaginaba el cuerpo del menor, siguió besando hasta su boca, quien el menor se negaba girando su rostro a otro lado, cosa que Milo molesto, lo tomo con fiereza y lo hizo que lo viera.

-Nunca te negaras... -hablo secamente.

Con aquello un beso algo brusco, Camus simplemente estaba ahí sin moverse, sus muñecas comenzaban a doler le en absoluto, y pequeñas lágrimas estaban por salir, aquello era su primer beso, había sido forzado a eso de una manera tan baja. Sentía la mano del mayor recorriendo cada parte del cuerpo del menor, a pesar de estar por encima de la ropa podía sentirse mal por aquel tacto.

Los besos seguían intensificándose, cosa que Camus comenzaba a sentirse aun peor, la mano del heleno seguía haciendo de la suyas hasta posarse en el sexo de este, con aquello Camus reacciono, pudiéndose zafar y alejándose del heleno, Milo por su parte limpio su saliva y lamió sus labios, estaba decidido el motivo de aquello.

-Us.. Usted... ale.. alejese -ordeno con temor.

-¿Me ordenas? Que humano tan estúpidamente hermoso ... -Hablo.

Camus daba pasos hacia atrás, veía a Milo con cierto temor, no podía jurar que aquel joven había demostrado algo diferente, algo que le hacia sentir miedo.

-Ya entiendo porque esos pueblerinos te han traído... eres un encanto con esos ojos de terror, tus gestos... ¡Me fascina! -exclamo.

Nuevamente se lanzo haciendo que el menor quedaran en el suelo y Milo quedara sobre el. Las manos del menor peleaban mas nuevamente habían sido sujetas por el heleno, quien las coloco en ambos lado de la cabeza, se acerco a su cuello besando con fiereza comenzó a dar suaves movidas en la parte del sexo del galo, haciendo que Camus se sonrojara se sombre manera, estaba por gritar pero la voz ronca del heleno se lo impidió.

-¿Gritaras? Nadie te escuchara, nadie vendrá ayudarte humano... te marcare seras mio, nadie te alejara de tu dueño... -hablo.

Aquello había aterrado tanto a Camus, los movimientos del heleno eran tan eróticos, la lengua de este pasaba por su cuello, había sujeta con sus dientes la túnica de la parte del cuello, mientras en la parte inferior se movía con suavidad.

-Vamos... pide me lo -hablo el heleno.

Camus intentaba soportar, cerrar sus piernas mientras intentaba pensar otra cosa, no quería que su sexo se fuera encendiendo, no podía hacer nada, realmente, leves mordidas dejaba el heleno sobre le blanco cuello del joven, mientras seguía besando solamente seguía sintiendo todo.

Rogaba a los dioses que esto pasara, que no sintiera aquello, se sentía extraño... era confuso a decir verdad, pero no quería que ese sujeto tomara su vitalidad, su virginidad.

Sin previo aviso alguien había jalado al heleno quitándolo de encima. Logrando soltar a Camus quien comenzaba a llorar, Milo por su parte miro molesto a quien había hecho aquello, simplemente miro a Saga quien lo sujetaba desde la parte de su cabello.

-No seas un imbécil... debes esperar -hablo.

-¡Callate! ¡Que tu tuviste la culpa! -exclamo molesto intento zafarse.

-Tu, entra la habitación y no salgas hasta que te lo ordene yo... -hablo Saga secamente.

-¡NO! -exclamo Milo. -¡El se quedara, porque el es MIO! -aun molesto.

-Vete a la habitación, si no quieres que este niño te viole -Hablo.

Camus no menciono nada, mas simplemente afirmo y se dedico a correr a la habitación, el galo quedo mas que aterrorizado, se había recargado en la puerta de madera y poco a poco comenzó a bajar hasta llegar al suelo.

Camus se abrazo, no quería estar ahí, quería irse, ya no deseaba en absoluto ayudar a su pueblo. Quería huir, aquellas escenas jamas serian olvidadas parecía que todo habían sido una mala idea.

Las lágrimas del menor eran silenciosa seguían cayendo sin parar.

Milo había entrado al despacho, su molestia era enorme, Saga entro después y miro con sumo reproche.

-Pensé que te lo llevarlas para que viera el caos de su pueblo -hablo serio.

-¿Eso en que te afecta? No eres tu -hablo.

-Aun así debes tener respeto por los ancestros -hablo.

Milo se tumbo al sofá amplio, no podía creer que había hecho algo así, ningún ser había sido capaz de a verlo puesto de esa manera.

-Milo, sabemos que esto es nuevo para ti, pero como líder del clan y el ultimo de tu especie debes de ver por todos -hablo.

-Me da igual, ese humano no puede procrear un hijo, así que no hay manera en que el pueda hacer algo útil para mi -hablo molesto.

-Supongo que investigare para que te sientas mas tranquilo, en cambio no harás nada estúpido y eso me refiero acercarse a ese muchacho ¿quedo claro? -preguntó seriedad.

Milo simplemente se quedo en silencio, Saga salio de la habitación, no tenia remedio aquel heleno.

Una vez que salio se dirigió hacia la salida, miro a todos lados sin que nadie se diera cuenta, dio varios pasos cuando su túnica que arrastraba los suelos lo detuvo, se giro dándose cuenta que Kanon.

-¿A donde ibas? -preguntó.

-¿eh? Bueno... Iba a buscar agua -hablo con nervios.

-Milo... -hablo.

-Ah -suspiro. -Solamente iba a ver a ese humano es todo -habló.

Kanon sonrió, tal parecía que su querido líder había estado preparado, aun así lo llevo hacia el despacho.

-Tengo ordenes de que no debes salir de aquí -hablo.

-No es justo -hablo mientras regresaba al despacho.

Finalmente había llegado a noche.

Camus había quedado aun encerrado, no sabia si salir o no, pero necesitaba hacerlo, comenzaba a tener hambre, abrió un poco la puerta, dándose cuenta que aquel pasillo estaba solo. Salio de aquel lugar con sumo cuidado, pudiendo buscar con la vista algún "enemigo" su camino lo había hecho perderse cosa que termino quedando en un pasillo, mirando a tres caminos mas.

Kanon había tocado la puerta, en manos llevaba una charola de plata con alimento. Al no recibir una respuesta simplemente entro, vio que no había nadie y aquello le preocupo. Dejando aquello bajo a buscar al joven muchacho.

Camus seguía caminando ahora si estaba mas que perdido, aunque todo se fue por la borda cuando al doblar la esquina pudo notar como aquel heleno salia de la habitación, se oculto en la esquina, veía como se acercaba temía que ya lo hubieran descubierto, simplemente se agachó, cubrió su boca con ambas manos mientras las lágrimas salían.

Tenia miedo, podía sentir la presencia del heleno cada vez mas cerca...