Camus estaba que se moría del miedo, aunque pronto fue su sorpresa, estaba siendo asechado por el heleno, quien al tenerlo enfrente quedo en silencio.
-Mi pequeña escoria a venido a entregarme todo su cuerpo -hablo con lujuria.
Milo acaricio la mejilla, sentía aquellas gruesas lágrimas, cosa que lo confundió.
-¿Por que llorar humano? ¿Acaso no te gusta que un ser superior te tome? -pregunto secamente.
-Alejate... Usted... Da miedo -intento hablar.
-¿Miedo? Sabes que debes satisfacerme ya que si no lo hago haré que tu pueblo caiga en ruinas -sonrió.
-Usted no es capaz de eso, ¡nosotros le damos todo lo que cultivamos! ¡Carnes, panes, vegetales! ¡Todo! -exclamó.
Milo miro asombrado, había sacado fuerza aquel pequeño, aquello le hizo sentir honrado, se aproximo a el, pero aquellas manos de lo impidieron, quito aquello rápidamente sujetándole y quedando sobre la cabeza del peliagua. Nuevamente aquella sensación de deseo y lujuria se había apoderado del heleno.
Camus miraba aquella mirada perdida, llena de lujuria y una sensación de querer hacer otras cosas, el rostro del heleno se acerco al menor pero algo lo había jalado, este era Kanon quien lo había jalado de la túnica, alejándolo del menor.
-Milo, que bajo has caído, que dirían tus padres, si te vieran de esa manera -hablo con decepción.
-Diran que poseer a esa cucaracha -sonrio.
-¡AH! por todos los dioses místicos -lamento el gemelo.
Sin llamado alguno tomo de la cabellera del menor y lo jalo hacia la habitación que quedaba a escasos metros, Camus quedo ahí tirado, mientras se aferraba a sus piernas y lágrimas recorrían sus mejillas. Al poco rato después Kanon se aproximo al menor, lo miro por unos minutos y coloco su mano sobre el hombro de este haciendo que se exaltara un poco.
-Tranquilo, ese idiota de Milo no te hará daño, ¿por que saliste de la habitación? -pregunto calmado.
-Tenia hambre... no he comido nada -hablo.
-Ya veo... -hablo y se puso de pie -Mataremos a esos pueblerinos por lo que han hecho -susurro para si mismo.
-¿Disculpa? -pregunto intentado saber lo que había mencionado el mayor.
-No, no fue nada, solamente sigue me... -hablo.
Kanon camino por los pasillos llegando hasta aquella habitación, en donde al abrirla miro que era la misma en donde se encontraba a principio, Kanon se adentro seguido del menor.
-Bien, por nada del mundo debes salir de aquí, debes esperar hasta que Saga o yo venga por ti -hablo.
-¿Por que? -pregunto.
-¿Quieres que Milo tome tu inocencia? -pregunto.
Camus rápidamente negó, Kanon solamente se limito a afirmar y se dispuso a salir, una vez que terminara la cena vendría...
La noche estaba comenzando, Camus había comido bien, se dio una ducha y saco una túnica que encontró en el armario, se aproximo al ventanal, en donde pudo mirar aquel hombre quien estaba en el balcón. Su melena era ondeada por los aires, mientras su vista parecía dirigirse al pueblo, era realmente poco comparado a la situación.
Le importo poco lo que hiciera, solamente fue a acostarse y dormir, no sabia que pudiera esperarle mañana.
Esa misma noche una presencia extraña había ingresado, el aroma lo había llamado y simplemente se dedico a acerca el enorme reptil alado olfateo, conociendo al nuevo inquilino, miro atento al ver como se movía en absoluto, no iba a hacer mas, solo se alejó y se fue dejando dormido al galo.
La mañana habían llegado, Camus había despertado a la presencia de Kanon, el gemelo le traía el desayuno, detono una sonrisa y hablo.
-Me sorprende que aun no te hayas casado -hablo mientras dejaba la charola de plata sobre la mesa de noche -Tu vida fue muy dura -hablo para tomarse asiento en la orilla de la cama.
-¿Como es que...? -pregunto dudoso.
-Tranquilo, no importa eso ahora, solamente que ahora sabemos es mejor iniciar -respondio.
-¿Iniciar? -pregunto.
-Si, iniciar tu vida, tu solo te vas a quedar en este castillo junto con Milo, ustedes deben... Amarse, -hablo -Una vez que estén tu podrás entregarte a el -hablo.
-Como quieres que me entregue a el, si es muy cruel conmigo -susurro.
-No digas eso -lo levanta el mentón -se que te vas a enamorar del maestro, porque desde que era pequeño, detono compresión, pero sobre todo amor -hablo.
Camus miro al gemelo, quien se puso de pie le dedico una sonrisa y se fue de la habitación, acaso era cierto, acaso ese sujeto seria amable, se negaba a creer eso, pero ¿que podía hacer?
En el despacho.
-Esto es ridículo... -susurro molesto.
-Calmate Milo, que el estará aquí por todo lo que resta de su vida -hablo Saga.
-Pero es un hombre... ¡UN HOMBRE! -exclamo molesto.
-¿Y eso que tiene? -preguntó Kanon.
-El puede procrear y sabes bien que lo necesitas -hablo.
-Dime una sola generación de que hayan tomado a un hombre así -hablo molesto.
-Ah... -suspira -Esta bien Milo, encontraremos a alguien de la familia, pero hasta entonces te quedaras con el, aquí -hablo.
Milo miro molesto, solamente se dedicó a afirmar, Saga le siguió explicando todo cosa que el menor solamente veía con fastidio, hasta que finalizo, se despidió de ambos gemelos y se alejaron, dejándolo solo.
-Esto es imposible, haré que sufra este humano... -dijo molesto.
Estaba decidido que lo mataría, aunque se detuvo, un vago recuerdo hizo que de quedara ahí de pie.
-Es posible... -susurro.
Quedo ahí, pensando en todo aquello, aquel muchacho detonaba mas que solo una molestia. Salio a la parte trasera del enorme castillo tomo aire fresco, querían pensar de otra manera.
Camus había terminado de desayunar, había puesto ropa que encontró en el armaría, se sentía extraño usar largas túnicas que se arrastraban al suelo, la túnica era un color azul con decoración dorada, sujeto un poco su cabellera en una coleta baja, se aproximo al estantes de libros miro con atención cada libro, hasta que miró algo afuera.
Se aproximó mirando asombrado que era una bestia monstruosa, eran aquellos dragones que provocaban destrucción a su pueblo.
-Un dragón, el mismo que cuando llegue -hablo.
El dragón pareció a ver notado la presencia del joven apegado al ventanal, este se acerco a la ventana, Camus veía cada facción del dragón con cierto temor. El dragón hacia lo mismo veía atento cada facción del menor.
-Me... Comerá... -susurro.
Pronto aquel dragón solamente se alejo, dejando confuso al galo, aunque algo mas había sacado de esa situación, el llamado a la puerta se había hecho presente, a principio dudo por no querer abrirlo, pero algo le indujo a hacerlo, se aproximo tranquilo a la puerta y abrió un poco, miro por la puerta que estaba entre abierta.
-¿Que es lo que quiere? -pregunto temeroso.
-Ey humano abre la puerta -ordeno el heleno.
-No hasta que me diga -reto.
Milo se vio molesto, pronto se dedico a abrir la puerta de golpe, haciendo que el galo retrocediera y se colocara del otro lado de la cama, veía con sumo terror al heleno quien estaba de pie, una sonrisa se había dibujado en el rostro del moreno, para pronto bajar su vista dar un suspiro y hablo con un tono serio.
-Humano, necesito que cocines para mi, ya me dio hambre -hablo con seriedad.
-¿Es cierto eso? o solamente me estas mintiendo -dijo mientras veía atento al heleno.
-¿Acaso me vez que estoy mintiendo? -pregunto.
Camus dudo, pero al notar los ojos fríos que detonaba aquel hombre, tuvo que afirmar, el heleno fue el primero en salir y lo tuvo que guiar hasta la cocina, durante el camino, Camus iba atento a cualquier acción que hiciera el heleno, mas algo lo relajo, el hombre que seguía adelante por unos cuantos pasos y la larga túnica que arrastraba los pisos. Le era extraño saber que aquel enorme castillo estaba completamente solo y que solamente había tres personas en todo ese enorme lugar.
-Bien hemos llegado, aquí encontrarás todo, solamente no quiero que salgas del castillo, todo lo que vayas a necesitar esta en esta cocina... -abrio la enorme puerta -... vendré dentro de tres horas -ordeno.
Camus miro la extensa cocina, era enorme, era como su antigua casa, aunque ahí solo era una simple cocina, miraba a todos lados, había enormes ollas, utensilios de cocina, todo. Se giro para ver si seguía ahí aquel heleno mas no miro a nadie quedo mas tranquilo y se dedico a preparar la comida, busco ingredientes, busco sobre todo verduras, para pronto buscar carnes, algo le decía que pudiera gustarle al mencionado.
Paso las horas haciendo aquello hasta que por fin había terminado.
Había llegado a la hora exacta, Milo pudo notar al menor como le servía en un tazón de porcelana aquella comida, el caldo de carne cocida, con verduras y condimentos. Milo dudo en probarlo, puesto por lo general no solía comer este tipo de comidas.
Milo tomo haciendo en una de las sillas que había ahí enfrente de una mesa de madera de roble, provocó un poco aquella comida, a principio no le había encontrado sabor, sobre todo al saber que su contenido era de verduras y poca carne, solamente se dedico a seguir comiendo hasta que miro a Camus quien seguía de pie, como si esperara una especie de critica.
-¿No piensas comer? -pregunto
-¡Oh! Si, solo que estoy esperando saber su opinión -respondio.
-Realmente es bueno... -lo toma de la mano y lo jala hacia su cuerpo -Espero que hagas mas comidas así -dijo para pronto besar.
Aquello había sorprendido al galo, puesto nunca pensó que el heleno lo tomara de esa manera, podía sentir las manos del moreno recorrer sus piernas y subían hasta sus muslos. Los labios del mayor no se separaban de los suyos y una vez que lo hizo descendió por su cuello provocando leves mordidas, Camus soportaba aquella sensación de no gritar.
-Vamos humano se que te gusta -dijo con una voz ronca.
Milo termino por subirlo a la mesa, Camus intentaba alejarlo de su cuerpo pero las manos del mayor se aferraban a los muslos, los besos y caricias hacían que Camus se negara a sentir a gusto, sin embargo sintió aquellas manos posarse sobre su sexo... quiso alejarlo pero la mano del heleno lo detuvo sujetándolos con fuerza.
-Me provocas... -susurro.
-Yo... yo lo odio... ¡suelteme!-suplicaba.
-¿Por que? muchos quisieran estar en tu lugar -dijo con lujuria.
-Pero no quiero que sea así... no mi primera vez -dijo en susurro.
Milo se detuvo, lo miro atento, veía las lágrimas del menor recorrer sus mejillas...
-¿Primera vez? -pregunto el heleno.
Milo se separo, miro como había tenido aquellas marcas ... se aproximo al galo y lamió aquellas mordidas. Camus solamente había cerrado sus ojos con fuerza, no podía decir que eso era bueno pero podía sentir cálido aquella lengua, cosa que lo hacia sentir extraño.
Milo termino por recostarlo en la mesa, subió sobre el mientras seguía su a cercanía, podía oler la fragancia de vainilla
-Humano -Llamo -¿Por que hueles tan bien? -preguntó sin alejarse de su cuello.
-... -No respondió.
Milo simplemente se alejo, miro la mirada pérdida, tal parecía que el galo ya no perdería tiempo peleando con aquel hombre, cosa que Milo le preocupo en absoluto, puesto noto las enormes lágrimas que salían de sus ojos. Solamente se separo y acomodo su túnica, para pronto salir.
