Las manos del mayor recorrían el pequeño cuerpo del galo. El peliagua no hacia movimiento alguno y solamente se dejaba...

Pronto las manos llegaron a la parte del sexo en donde el heleno solamente noto el rostro sin emoción alguno del galo, cosa que le había puesto a dudar...

-Humano, se bien que no quieres mas hay algo que debes saber, estas aquí por que debes hacerme feliz, ¿acaso no quieres ver a tu pueblo feliz? -hablo.

-Yo... No me importa nada ahora -respondió.

-Humano... -lo miro -Has cambiado algo en mi -susurro.

Los besos del heleno se posaron en los labios, quien pronto comenzó a acaricias su sexo con el de Camus, el peliagua sentía aquella sensación, su rostro comenzaba a notar se cada vez más rojo. Odiaba admitir pero comenzaba a sentir algo de éxtasis.

Seguía aquellos movimientos quien sentía demás aquel sexo, sus manos abrazaban el cuello del heleno y pronto sintió como se disponía a entrar aquel miembro a su entrada.

-No... -dijo entre suspiros. -Por favor -prosiguió..

-Quiero hacerlo, quiero ver que me necesitas... -dijo demostrando una sonrisa.

-Yo... Yo no quiero... -miro al mayor.

-Cierra tus ojos, prometo que no te dolerá -Hablo.

Como si aquello hubiera sido una orden lo hizo, Camus cerro sus ojos los labios del heleno no paraban de devorar los del menor, mientras poco a poco sentía que las piernas del galo le daban paso, una de las manos del heleno lo tomo del muslo, pudiendo alzar su pierna y poder introducir sin mucho problema.

Una especie de suspiro salio de los labios del menor, mientras sus uñas se clavaban en la espalda del heleno. Sentía el inmenso dolor en su interior.

-Se nota que eres virgen, humano -hablo Milo de una manera ronca, mientras seguía embistiendo.

-Duele... -susurro.

-Tranquilo... -beso los labios.

No había pasado mucho cuando salio, nuevamente besaba su cuello, los amatistas seguían cerrado, mientras sentía el cuerpo del mayor sobre el suyo, los besos en su cuello le hacían sentir un extraño cosquilleo.

Milo término por sentarlo, la espalda del galo se recargo sobre la cabecera de la cama, mientras que el heleno estuvo enfrente, con su dedo índice bajo por todo el abdomen, hasta llegar a su sexo, en donde lo tomo con la mano, pudo sentir como el galo se estremeció, lo miro y sonrió al notar como un sonrojo y su respiración agitada iba en aumento.

Comenzó a masturbar, mientras el galo se disponía a alejarlo, mas el orgasmo había llegado, había eyaculado en la mano del mayor.

-Vaya, si que eres sencillo de excitar -hablo Milo, quien pronto lamió su mano.

Recibió una mirada débil del Galo quien su respiración era agitada.

-Descuida mi preciado humano, seré cortes cuando nuestra noche sea adecuada pero necesitó saber que tanto es lo que trabajaremos -hablo.

Aquello habían sorprendido al galo, puesto sintió unos dedos adentrarse por su entrada haciéndole gemir. Tapó su boca intentando no darle aquel placer al heleno, mas había sido imposible la mano de heleno, la tomo, beso y lamió cada uno de sus dedos.

El cuerpo blanquecino del galo estaba poniéndose rojo de la vergüenza sus piernas intentaban cubrir su sexo pero le había sido inútil, Milo había sostenido ambas piernas u con su boca comenzó a dar pequeñas lamidas al sexo del galo.

Los gemidos no se hacían esperar, Camus no soportaba aquello, sentía que su cuerpo se iba, su espalda se arqueaba en absoluto, realmente comenzaba a disfrutar, puesto coloco ambas manos el la nuca de Milo, enrollando sus dedos sobre aquella melena morada, sentía miles de cosa recorrer su cuerpo su paso jamas lo había recordado en esos momentos, solamente quería seguir sintiendo aquello.

El cansancio lo invadió terminando por soltarse de Milo y quedar recargado en la cabecera, cosa que Milo alzo la vista, pronto se aproximó a el, acaricio su mejilla y beso con desespero al menor, el menor no se negaba al contrario, se dejaba sentir todo aquello.

-Se que quieres mas -dijo una vez que se separo -Por eso el día que unamos nuestras vidas, podrás tener todo de mi, podrás hacerme feliz -dijo mientras acariciaba la mejilla del galo.

Camus no respondió, simplemente dio una sonrisa y pronto quedo dormido.

Milo sonrió, miro por unos segundos pudiendo mirar con atención cada facciones del rostro, sus largas pestañas y sus cejas delineadas, aquellos labios pequeños y rosados, piel blanquecina que al cualquier sonrojo era muy notorio, tanto que le hizo recordar a alguien.

Esa persona que dormía con el, antes de que todo esto empezara...

Se levantó dejando de pensar en aquello y salio rumbo al jardín, pronto sus ojos brillaron su cuerpo tomo forma a un estrepitoso dragón, quien comenzó a sobrevolar por los alrededores del enorme castillo, ya solo quedaba poco, sabia que Kanon regresaría primero, tenia esa costumbre... Una vez que le mandara información sabría que hacer.

La mañana llego, Camus había despertado, se levanto de golpe mirando a todos lados, había estado de una manera desquiciada a noche, al sentirse excitado por las acciones del heleno, mas no digo mas solamente se levanto y dio una ducha, ahora comenzaba a entender a fondo las palabras de Kanon.

Realmente Milo no es malo.

Una vez que salio limpio y vestido miro a ambos lados del pasillo y se encaminó por aquellos extensos pasillos hacia la cocina, no sabia que haría de desayuno, había todo en la cocina mas no sabia que pudiera darle al hombre. Dio un suspiro una vez que estuvo frente a la puerta de madera, ni modo, solamente esperaba poder dar en el blanco de los gustos del presente.

Había comenzado a preparar varios platillos, calentaba, freía y hervía, cosa que le hacia sentir como en casa cada vez que iba al trabajo, era cocinero en una taberna, en donde borrachos y bandoleros paraban para comer o beber.

Las puertas se abrieron mostrando al heleno, miro calmado al menor quien solamente seguía haciendo sus acciones, la larga túnica azul que portaba aquel peliagua le hacia enorme juego con su cabellera aguamarina. Quedo de pie mirando cada movimiento, las acciones del menor y sobre todo aquel gesto al mirar como había terminado, limpiando su sudor de la frente con su brazo.

Con sigilo se posiciono detrás de él, quien al momento de girarse lo sostuvo hasta llevarlo a la mesa, sentarlo sobre aquella mesa y besar su cuello, mientras sus manos se adentraban por debajo de la túnica, Camus no hacia nada parecía disfrutar cada acción que hacia sobre todo cuando sintió una mano quitar el prendedor que sostenía aquella túnica mostrando el pecho blanco, Milo comenzó a acariciar los pezones rosados, Camus cubrió su boca, cuando sentía como eran jalados y le provocaban cierta sensación de placer. El sonrojo en su rostro iba en ascenso, mientras sentía como su sexo iba encendiéndose. Milo se veía encantado ver aquel rostro erótico notar como la saliva del humano salia por la comisura y aquellos gestos le provocaban cosas diferentes.

-Te prometo que esto lo recibirás todo los días .. -susurro mientras seguía masturbando al galo. -¡Ah! Como adoro escucharte gemir -dijo con una sonrisa.

Había sentido en su mano el liquido de aquel humano, saco su mano por debajo de la túnica y con delicadeza lamió su mano. Sonrió gustoso y pronto coloco los emprendedores vistiendo y cubriendo el rostro del galo. El galo estaba recargado en el hombro del heleno, esperaba estar tranquilo para poder terminar de hacer las labores pero aquellas caricias le habían sido tan provocadoras.

-Por... Por favor... No... No lo haga cuando este... Haciendo labores -hablo entre cortado.

-Sabes que una vez que seas mio no podrás hacer nada de eso, sirvientes vendrán al castillos para hacer labores por ti, tu solo te vas a dedicar a mi y a nuestros futuros retoños porque no quiero uno, quiero muchos -habla, que mas bien ordeno.

No respondió solamente seguía ahí recargado, escuchando cada palabra.

Camus había recordado aquel día en que su amor le demostró que quería todo, que estaría con en las buenas h en las malas, mas ese día que decidió irse no estaba, ahora estaba solo en ese apuro.

Milo beso su frente algo que le hizo sacar de todo pensamientos y le dedico una sonrisa.

-Bien es mejor que me vaya, esperaré el desayuno tranquilo -hablo.

Con aquello le dedico otro beso en los labios y tomo retirada hacia la salida de la cocina, Camus quedó ahí, bajo de la mesa, sentía que no era necesario pelear de una madera absurda, puesto el heleno no demostraba un enorme molestia, si fastidiaba que fuera tan acosador o que solo pidiera sexo.

Las palabras del heleno de conseguir familia había pasado por su mente, es cierto que tendría que revelar aquel don, cosa que aquella persona no sabia, pero ¿como demonios sabia el? Como para decirle que no quería un hijo, si no muchos.

Saco las ollas del fuego, sirvió un poco y se dedico a llevarlo a la mesa, dejo cada uno, colocando todo en su respectivo lugar, había acomodado un poco la mesa y una vez que lo hizo busco algo para llamarlo, le seria complicado, ya que no sabia en donde pudiera estar aunque su sorpresa fue otra al notar como la enorme puerta se abrió, Camus se dirigió para decirle que ya estaba la comida mas se llevo una sorpresa. Era Kanon.

-Señor Kanon -dijo para demostrar una sonrisa.

-Hola Camus, ¿has visto a Milo? -preguntó.

-No, pero no tarda en bajar prepare la comida, ¿quiere comer? -preguntó sonriendo.

-¿Tu preparaste la comida? -preguntó asombrado. Camus solo afirmó -Entonces si comeré contigo -sonrió.

Camus solamente se dedicó a sonreír, se dirigió a la mesa y coloco un plato más, no paso mucho cuando Milo entro de manera tranquila, no le asombro ver a Kanon de vuelta más un tema delicado hablarían.

-¿Que hay de Saga? -preguntó.

-El idiota de quedo con ese sujeto, ya sabes, Aioros -respondió molesto.

-¿Sigues molesto? -preguntó.

-¡Claro que estoy molesto! Saga sigue detrás de ese bueno para nada, sabiendo que cuido a un bebé que no es hijo de Saga -replico cruzando sus brazos.

-Pero tampoco es hijo legítimo de Aioros -prosiguió el heleno.

-No, pero es absurdo -respondió.

-Y bien, ¿que descubrieron? -preguntó.

Kanon miro al menor que había servido y sentando a un lado, sonrió enormemente al notar la mirada molesta. Aun así habló.

-Hubo una pareja con sus mismos gustos, y a decir verdad pudieron procrear de las doce hijos que tuvieron tu y madre se encuentran ahí -hablo.

-Eso es patético -respondió.

-Vamos admite que por lo menos intentará ser feliz -hablo. -Hazlo por Di... -fue silenciado.

-¡Callate! ¡El no se merecía eso! -exclamó molesto mientras de ponía de pie.

Con aquel golpe había asustado al menos más Kanon detono seriedad en aquella situación.

-El no era parte de la linea de la familia que se sacrifica... -hablo.

-¡Y TU CREES QUE ESE HUMANO...! -señala a Camus -... ES CAPAZ DE HACERLO, ¿ES CAPAZ DE DARME LO QUE QUIERO? -Esta vez el heleno detonaba unos ojos de reptil.

Para Camus aquello podría transformarse en un caos. Kanon por su parte estaba tranquilo, se puso de pie y se aproximo a Camus colocándose detrás de el mientras dejaba caer sus manos a los hombros del menor.

-El lo haga, porque el es el último de su familia -hablo.

Para Camus aquella revelación fue tan nostálgica, sus padres habían muerto de una manera brutal. Y para que Kanon lo hiciera recordar le hacia sentir cosas horribles. Milo miro atento no sabia si creer puesto aquello era algo nuevo, una nueva información.