Camus seguía sintiéndose mal, aquello le provocaba nostalgia, solamente se puso de pie, llamando la atención de ambos.
-Perdón debo retirarme -se disculpo y se fue.
Milo lo miro alejarse y se relajo mas, miro serio a Kanon y hablo.
-¿Realmente es cierto? -preguntó Milo de manera confuso.
-Si, su familia entregaba una doncella cada doscientos años, tal vez el no sepa de eso -respondió.
-Aun así, no quisiera olvidar a mi verdadero amor Kanon -hablo.
-Milo, ese muchacho de quien te enamoraste a muerto, murió envenenado en su propio reino y te culparon a ti por eso -hablo.
-Pero no era cierto, nunca hice eso -hablo -Aun así ese humano no obtendrá nada mi -dijo Milo irritado.
-Ese humano será tu amante, aquella persona que te de crías, así que debes hacerlo, eres el único de tu especie -hablo. -¿O quieres que el clan enemigo te lo quite? -pregunto.
-¿Que quieres decir? -pregunto confuso.
-Milo, has hablado con el, de una manera sería -hablo, Milo lo miro confuso. -¡Seras un imbécil! -quejo. -El ha tenido a alguien antes que tú y cree me que si el viene aquí, Camus se vaya -hablo.
-Me estas diciendo que ese humano ya se a metido con nuestro enemigo -hablo un poco molesto.
-Escucha, ese sujeto que sigue sus huesos, por que aun hace es parte de aquel clan que destruyo tu familia -habló Kanon.
Con aquello había puesto molesto al heleno, al grado de ponerlo de pie y con aquellos ojos de reptil.
-¿Me quieres decir que mi enemigo había encontrado a mi consorte? -preguntó molesto.
-¿Ahora le dices consorte? Sobre todo, TU consorte -sonrió.
-Grrr... No estoy para juegos Kanon, la sincera verdad... Es despreciable -hablo relajándose.
-Bueno -sonrió -me retiro, quiero ver a ese hermoso tritón -sonrió.
-¿Tritón? -pregunto confuso.
-Si, bueno me voy -se puso de pie - ¡Ah! Otra cosa, te recomiendo que te lleves mejor con el, porque una vez que Saga llegue, sera para casarlos ya se acerca la luna llena y así como los hombres lobos usted necesita aparearse -sonrió. -Por lo menos intenta decirle su nombre enfrente de Saga -hablo y salio.
Milo miro molesto, eso seria imposible, desde aquel trágico día había jurado jamas sentir algo por un humano, mucho menos por aquel que estuviera a su lado, el motivo era que jamás olvidaría a su enorme amor, por aquel joven muchacho que peleo día y noche, por aquellas extensas noches de lujuria que le hizo sentir, mas sabia que aquel joven no podía darle hijos, cosa que le molestaba en absoluto.
Por los pasillo, Camus se había detenido, detonaba un rostro triste sus pasos solamente le dieron a detenerse, no soportaba la idea de saber que sus vecinos no habían hecho nada para detener aquel horripilante destino que sus padres tuvieron aquella noche, habían sido asechados por aquel dragón de piel rojiza, mas nunca tuvo aquel mismo destino, sabiendo que aquel dragón lo miraba atento.
-Como odio esas bestias -susurro.
Aún así sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir una mano posarse sobre su hombro. Este era Kanon quien detono una sonrisa tan tranquila quien al verlo rápidamente quito aquellas pequeñas lágrimas.
-No llores, el pasado a quedado atrás, sólo te demora el futuro -dijo Kanon sonriendo.
-Señor Kanon, usted que ha pasado aquí mucho tiempo, diga me ¿que debo hacer para obtener mi libertad? -pregunto esperanzado.
-Camus hay cosas por las cuales se pierden, tu estas atado a Milo, no porque tu hayas aceptado, si no porque tu debes hacer esto -hablo.
-¿Que? -preguntó.
-Si, mira dime algo, tu mamá iba a tener un bebé ¿cierto? -preguntó y Camus afirmo. -Ese bebé seria una niña, una niña que seria entregando a Milo cuando tuviera 7 años, pero debido a sucesos, se perdió -dijo mirando al menor. -Dejando aquello como olvidado -termino.
-¿Por que no sabia eso? -preguntó.
-Por que un hombre no tiene tu condición y sería una perdida de tiempo tenerte como un esclavo o sirviente -hablo Milo quien se aproximaba a ambos.
-Deberías ser amable Milo... -hablo tranquilo Kanon.
-¿Para que? -preguntó, quien pronto recibió un zape, logrando sacar una risita del menor. -¡No te rías! -bufo.
-Je je je es mejor verte así de feliz que ver como lloras en silencio, lo bueno que Milo hará todo para que no estés así -hablo Kanon quien prosiguió su camino.
-No es... ¿Que? -hablo de golpe Milo al escuchar aquello.
Con aquello Kanon salio, Camus miro hacia la salida y de giro al heleno, quien al mirar los amatistas del menor solamente se sonrojo, quitando aquella vista de sus ojos.
-Bien, menos mal que ya se fue -hablo Milo sin ver al galo.
-Entonces... -hablo Camus.
-Ya me voy -dijo mientras de iba.
-¡Espera! No, quiero que diga todo, porque el señor Kanon... -fue interrumpido.
-¿Quieres saber realmente? -preguntó mirando a Camus. -Te lo explicaré -dijo esta vez con fastidio.
-Mi familia toma a un descendiente de la familia Verseus, una familia que hace milenios le otorgó la gran capacidad de procrear seres místicos, tu familia a medida de los siglos a entregado a la doncella para formar parte de mi familia y así dar a luz a los futuros herederos de la especie del dragón -hablo.
-Pero... -interrumpido.
-Antes de que tu... Hermana naciera yo salia con alguien, me importaba poco la relación entre tú familia y la mía, debido a eso, solamente me dedique a proteger a esa persona... -finalizó mientras se alejaba.
-Entonces... -aun con duda.
Se disponía a seguir al heleno, pero este solo se había encerrado en su el despacho, cosa que el galo solamente se limito a quedarse enfrente de la puerta.
Aun poseía dudas no sabia que era, quería saber quería entender mas ¿que podía hacer?
Decidió irse a su habitación, iba pensando en todo lo mencionado, al momento de abrir la puerta de su habitación, pudo lograr ver que no era su habitación, siguió adentrándose mirando cada espacio hasta que llego al ventanal, en donde vio con asombro el bello jardín, cosa que desde su habitación no era muy visible.
Siguió viendo no tocaba nada en absoluto hasta que llego a la chimenea, en donde miro un cuadro, quedó sorprendido, el cuadro se mostraba un joven de piel blanquecina y un cabellera celeste y ondulada. Su traje constituía en aquellos que los elegantes príncipes usaban, chaleco de una tonalidad violeta y adornos dorados. Su rostro se veían tan delicado, sus largas pestañas y cejas delineadas, juraba que aquel joven poseía sus labios marcados con pinta labios. Quedo ahí viendo con suma atención mas alguien mas había ingresado con sigilo.
Sin hacer tanto ruido se quedo detrás a un metro del humano, quien veía atento aquel cuadro.
Lo asechaba, cada movimiento d menor y así poder golpearlo, pero algo se lo impedía, algo le dedicaba a no hacerlo. No quería que nadie viera aquel rostro, aquel rostro que tanto guardaba en sus memorias.
-¿Que haces aquí? -preguntó el heleno con seriedad.
Camus dio un pequeño saldo, se giro rápidamente y pudo notar al heleno de pie.
-Nada... Nada... Solamente vine por error -dijo con nervios.
-¿Estas hablando enserio? -pregunto mientras se acercaba al galo.
-Si, lo juro -respondió rápidamente.
Esta a escasos centímetros de su cuerpo, podía oler aquella fragancia de alcohol, tal parecía que aquella hora que se había encerrado en el despacho lo había usado para embriagarse, quedo ahí, oliendo aquel aroma que odiaba, pronto sintió los labios del mayor posarse sobre su mejilla. Una mano se poso sobre su otra mejilla y pronto cayo arrodillado.
-Perdoname... -susurro.
Aquello lo dejo petrificado, lo dejo confuso al grado de solamente quedar ahí, de pie. Los sollozos del heleno eran audibles, que era lo que sus ojos veían en ese mismo momento.
-Mi culpa... No lo protegí... -se lamento. -Yo debí protegerlo, debí estar con el en cada momento -seguía lamentándose.
Camus esta confuso, solamente se agacho a estar a su altura, miraba las lágrimas de aquel hombre, con cierto temor acerco sus manos con la intención de poder sostener el rostro y poder mirarlo, quería calmar aquel dragón.
-Señor -llamo Camus quien tocaba la mejilla del heleno. -No es necesario que este así, el no quería que usted tomara este sentido -hablo Camus.
-Yo era feliz con él, siempre fue feliz conmigo, ambos fuimos uno para el otro -hablo.
Camus solamente se limito a verlo, tal vez tenía razón o tal vez solo estaba delirando, siguió escuchando cada palabra del heleno, aquellos momentos que paso con su amor, mientras alzaba su vista al retrato.
Pronto quedó dormido entre los brazos de Camus mientras seguían arrodillado en el suelo, Camus alzo la vista hacia el cuadro, mirando atento hasta que una idea surco sus pensamientos.
Recostó al mencionado en la cama, mientras que el solamente se dirigió al cuadro y lo tomo, sacándolo fuera de aquella habitación. No sabría a donde lo llevaría pero mas o menos tendría la idea factible.
La mañana había llegado.
Camus dormía plácidamente cuando un grito lo despertó de golpe.
Tenia a Milo enfrente, moviendo todo a su alrededor y haciendo destrozos, estaba molesto, echaba humo por las orejas, metafórica mente.
-¡¿DONDE ESTA EL CUADRO?! ¡HUMANO IDIOTA! -grito molesto.
Camus no hablaba, miraba de una manera confusa al mayor, aunque su miedo era notorio, no podía hablar.
-¡¿DONDE ESTA?! -preguntó de manera furioso.
-Lo queme -respondió
Camus sabía que recibiría un golpeo por aquello, Milo quedo ahí sorprendido por aquello.
-¿Qué hiciste que? -pregunto con voz tranquila.
-Lo que escuchaste lo queme, deshice de ese cuadro -dijo.
Milo no respondió, solamente se aproximo a el, lo tomó del cuello, le importaba poco que perdiera la vida o algo por el estilo.
-Odiaré toda mi vida a los humanos, me lo han arrebatado y esta vez lo haces tu -apretó su agarre. -Voy a matarte humano estúpido -amenazo.
Camus intentaba zafarse su oxígeno se estaban acabando y para ser sinceros, todo se estaba poniendo borroso, poco a poco su mano cayo, Milo había sentido que el se había desmayado, mas no hizo mas, seguía apretando aquel cuello. Pero fue detenido, su cabello había sido jalado, se giro pudiendo notar a un Saga molesto, sus ojos eran rojo intenso cosa que Milo solamente soltó.
-Quiero que salgas de aquí -hablo.
Milo a regañadientes salio de la habitación, Saga solamente se dedicó a acomodar a Camus en la cama y así pudiera descansar, sabía que en esos tiempos debía ser paciente, pero ya no.
Camus había despertado, se sentó rápidamente, se había llevado buena enorme sorpresa al mirar a Saga ahí, a principio lo había confundido con su hermano, más pronto lo reconoció en absoluto.
-Lo bueno que has despertado -hablo -Si no tendría que hablar a un medico del pueblo -hablo Saga con cierta seriedad.
-... -bajo su vista. -Señor quiero irme, ya no quiero estar aquí -hablo.
Saga lo miro, sabía que todo aquello era gracias al heleno, su enorme miedo era gracias a el.
-No puedo dejarte, solamente... -suspiro -no puedo -finalizó.
Camus lo miro detonaba una serie de lágrimas, no podía creer que aquello seguiría así.
-Pero señor, ese sujeto es un idiota es muy cruel -suplicó.
-Descuida todo sera mejor lo prometo -dijo -Iré por tu comida -hablo para salir de la habitación.
Camus quedo ahí, confuso por las palabras del mencionado, solamente se dedico a esperar una respuesta, mientras hacia eso miro detrás del estante de libros, solamente se limito a dar una vista y quedar en silencio, su cuello aún le dolía, aquel agarre había sido muy fuerte a decir verdad.
