Saga había regresado al despacho, su rostro era molesto a decir verdad, del otro lado del escritorio estaba Milo quien bebía tranquilamente una copa de vino.
-Eres un imbécil -regaño Saga.
-¿Por que? ¿Por que lastime a ese humano? -preguntó con burla.
-Dejarte de estupideces... Eres una peor persona y sobre toda imbécil -replicó.
-¿Eso importa? -preguntó.
Saga solamente se disponía a acercarse, ya había pasado por esto una vez, eso había sido cuando se entero de la futura hija de aquella familia y Milo andaba de caliente. Ya no habría remedio, dio un suspiro pesado y habló.
-Milo, hay un detalle, Camus es el ultimo de su familia, eso quiere decir que ya no habrá otro que te pueda hacer feliz dándote un hijo, así que... ¡Dejarte de estupideces y se cortes y cariñoso con el! -exclamo en aquella oración.
Milo quedó mirando a Saga por unos minutos hasta que gruño.
-Tratare pero lo odiaré, solo porque quieres sobrinos lo haré -sonrió.
-Sabes eres igual a Ecarlate, un antiguo ser dragón, estuvo en tu mismo problema, mas el no se baño en el alcohol por un... Joven -hablo.
-Entiendo, ahora que se sabe haré todo lo que me pides, total no cambiare a mi amado Afrodita por ese humano -dijo.
-Mañana por la noche haré un baile Milo, todos los nobles dragones vendrán inclusive el causante de la muerte del antiguo dragón mayor de tu clan -Hablo.
-¡¿Que?! ¿Con que cara vienés a decirme eso Saga? -pregunto sorprendido.
-De la misma manera de las cuales seras presentando -respondió.
-¿Presentado? -pregunto.
-Si, donde como vez al "humano" y como te ve él... -respondió.
-Se bien que el dirá que soy bueno, porque me tiene mie... -silencio.
-Vez que no todo tiene ganado, ya que el si te rechaza, otros lo tomarían y sabes quien puede ser ¿no? -preguntó sonriendo.
-Hmp, como si me importara -habló con enojo.
-Bueno ya dijiste no te molestara entonces -sonrió.
Con aquello Saga salio del despacho, en cambio Milo detono una faceta de enojo, algo le había molestado en absoluto mas no dijo nada mas.
Esa misma tarde Camus había salido, era acompañado por Saga, el menor seguía y escuchaba cada palabra del mayor.
-Espero y tengas modales en la mesa, he mandado hacer un elegante traje para que lo uses en la ceremonia -hablo.
-¿Ceremonia? -pregunto.
-Si... -abrió la puerta.
El menor quedo asombrado, al ver las decoraciones, veía a doncellas y hombres correr de un lado a otro, acomodando todo, poniendo floreros, luces, veladoras todo, las mesas y sillas elegantes estaban puestos con manteles blancos.
-Las medidas que use fueron en tu antiguo traje -hablo Saga. -Camus cuando estés enfrente de todos los nobles dirás palabras reales nada de mentiras de que si te quieres unir a Milo -hablo.
Camus miro a Saga, no sabia si hablar pero sentía que debía decir algo, quedo en silencio, cuando se giro al jardín en donde pudo ver las bellas flores, aquellas flores eran hermosas, detalladas y coloridas, era grato ver aquel bello jardín.
Esa misma noche Camus había salido a cenar, había sido atendido de una manera tan humilde, pronto la presencia de Milo le hizo bajar su mirada, tal vez si se negaba a quererlo podría regresar a casa y así podría vivir tranquilo y feliz como era antes, mas no sabia como lo podía tomar el heleno.
Si, eso haría, diría que odiaba tanto a Milo, que nada era bueno proviniendo de el, que sus males eran horribles. Eso diría, eso haría terminar.
-Maestro Saga necesitamos su ayuda para el banquete -pidió una doncella.
Saga no dijo mas, se puso de pie y se dirigió hacia la ayuda de la muchacha.
-Se lo que piensas Camus -hablo Milo. -Y no pienso hacer que eso suceda -hablo para pronto alzar su vista.
Camus miro al heleno, no sabia que hacer, solamente veía aquellos ojos zafiro, jurarían que habían brillado mas no quiso decir mas, solamente se puso de pie y salio, estaba nervioso iría a buscar a Saga o encerrarse hasta nuevo aviso o Saga estuviera con el, mas no quería estar solo con aquel hombre, el hombre que le había provocado cierto miedo, cierto dolor.
Camus caminaban por los pasillos, había doncellas que hacian sus trabajos, estaban tranquilo porque sabia que el heleno no atacaría, mas algo le había salido mal.
Había sido jalado era una especie de habitación, que más estaba todo oscuro, miro a todos lados queriendo encontrar a la persona que había hecho aquello más no había nadie, siguió mirando hasta que sintió una mano, una mano que recorrió parte del hombro del menor. Camus retrocedió, alejándose de todo aquello, buscando con desespero quien pudiera a ver hecho eso.
Pronto miro aquellos ojos, los reconoció y comenzó a retroceder, pero había sido tarde la pared era el obstáculo, solamente quedo ahí, con sus ojos cerrado.
-Odio mucho cuando no me respondes -hablo para pronto besarlo.
Camus ya no se retenía, mas solamente pensaba en odiarlo. Sentía todo aquellas sensaciones de caricias, todas aquellos roces de cuerpos, que poco a poco comenzaban a sentirlo lleno de placer.
-No... -suplico.
-Vamos Camus -hablo.
Al escuchar su nombre quedó petrificado, miro al heleno quien estaba enfrente, mientras sentía como acariciaba su sexo.
-Eres perfecto en esto -hablo con lujuria. -Voy a violarte -lo dijo con burla.
Quito las túnicas de Camus, dejando al descubierto su blanca piel, Camus se disponía a pelear pero aquella sensación extraña que lo invadió, dejándose llevar, sintiendo a cada momento los roces, Milo quiso su túnica mostrando su cuerpo, y prosiguiendo a seguir con su trabajo, había colocado su pierna en medio de las de Camus haciendo pequeños movimientos y provocando suspiros.
-Gime para mi, se que deseas hacerlo -susurro en el oido, mientras tocaba sus muslos.
Camus seguia sintiendo todo aquello, pudiendo saber la sensación del placer. Siguió haciendo aquellos hasta que presintió algo algo en su entrada... Un leve gemido se hizo notorio, un sonrojo se había mostrado agresivamente.
-¡Ah! Milo... -gimió el galo.
Milo quedo sorprendido, el rostro de camusnse cubría en el hombro del heleno cosa que opto por subirlo, lo cargo y las piernas del galo se aferraron a sus cadera, los besos seguian, Milo besaba y chupaba la piel del galo, mientras que entraba cada vez mas. Los gemidos del galo eran notorios y excitaban al heleno a proseguir.
Podía sentienla entrada húmeda, solamente deseaba entrar hacerlo suyo, de su propiedad, pero esos recuerdos le impedían todo.
-Milo... Hazlo... Quiero hacerlo... -suplico.
-¿Quieres hacerlo humano? Pensé que me odiabas -hablo con lujuria.
-hazlo, hazlo, hazlo -suplicaba entre gemidos.
Milo había entrado, Camus dio un grito haciéndole sentir mas placer, era extraño ver al galo de esa manera mas pronto se llevo una sorpresa.
Ese nombre... Había revelado un nombre que lo molesto, cuando lo miro pudo ver su sonrojo, sobre todo sus ojos entrecerrados.
-¿Porque pides a el? -hablo.
-yo... No lo se... -respondió.
-Acaso el... -se separo -¿realmente no eres virgen? -lo tiro.
-No... Nunca he estado con alguien, mi vida era perfecta, tener una vida normal, familia, hijos y una persona que me amara tal cual era y el me lo demostró -hablo con voz entrecortada.
-Esta bien si quieres ser feliz, te diré que te puedes largar pero esto queda claro, tu maldito pueblo sera consumido en las llamas y destrucción -habló el heleno. Quien se colocó la túnica.
-¡No puedes hacer eso! Ustedes prometieron... -se dirigió al heleno para sostenerlo del ante brazo.
-Nosotros no prometimos nada humano idiota, tu mismo has destruido el trató por un ser indiferente a nosotros -hablo. -Debiste a verte sentido honrado -silencio.
-¿Honrado? Me has intentado violar por muchos tiempo! -replico.
-Mas no lo he hecho! Porque tengo moralidad y tengo el honor de esperar hasta la noche especial... -hablo.
Camus se disponía a hablar pero silencio al notar como Milo salia, solamente quedó ahí, se colocó la túnica, no sabia que estaba haciendo el placer lo había inundado enormente, sobre todo al estar cerca fe el.
La noche había y con ellos aquel famoso baile que Saga habían organizado, Milo no se había visto en todo el día y Camus solamente estaba encerrado en su habitación, el galo por miedo a pensar que el heleno pudiera dañarlo se quedo ahí, había recibido el regalo de Saga, utilizar aquellas prendas elegantes, solamente afirmo, sabia que ese día seria su final.
La noche era joven y los invitados cruzaban la planta baja hacia el jardín, todos eran guiados por los mayordomos o doncellas, en cambio, Camus estaba ahí, en la habitación, vio por la ventana, no sabia si salir estaba arreglado, su cabello estaba sujetado en una especie de bola de cebolla con adornos de diamantes, su flequillo acomodado y algunos pequeños cabellos caían por sus hombros, en cambio su ropaje era una túnica de color blanco, encima de este poseía una especie de manta con adornos de flores que cubría los hombros y llegaban hasta el suelo, era demasiado a decir verdad, sandalia de correas color negra y aunque eran cubiertas eran necesarias, usaba una gargantilla de oro pudo con zafiros incrustados, en muñecas llevaban brazaletes del mismo estilo de oro solido, su rostro detonaba una especie de intranquilidad y de nerviosismo, aunque sus ojos se abrieron al mirar aquel pelirrojo, era Surt.
Saga llamo a la puerta, sacando de todo pensamiento, provocando que se girará y viera al hombre usando una elegante túnica.
-¡Vaya! Te ves hermoso, no entiendo por que Milo sigue encerrado en su burbuja de amargura -hablo Saga.
-Disculpe quiero que sepa algo -hablo Camus -Si llega a cambiar este destino, por favor... Ahí esta el cuadro de señor -hablo mientras señalaba al sillón grande.
Saga lo miro y solamente le dedico una sonrisa, afirmo tranquilo y pidió su mano, Camus solamente afirmó abrazando el brazo y dedicándose a salir.
-Por el momento Milo no esta, ha salido, pero si llega temprano todo sera bueno, así se dirán los votos y la boda... -interrumpido.
-Perdones si interrumpir pero... ¿Por que usted y Kanon son amable conmigo? Me imagine que serían igual que el señor -hablo Camus.
-Por que sabemos que eres especial, formas parte de la familia que se sacrifica y fue bendecido por los dioses místicos, pero no me preocupa, yo se bien que Milo es un idiota y si estos votos no se hacen tu quedarás libre -hablo. -Pero... No podemos dejarte que regreses al pueblo, por eso deberíamos matarte -finalizó.
-Lo entiendo -afirmó.
-Aparte Milo no tendría con quien mas ser feliz -sonrió.
-¿Eh? ¿A que se refiere? -preguntó.
-Milo es un imbécil, idiota, el cree que los dioses le regresaran a su amado si cumple su promesa de no enamorarse de alguien mas, mas eso sera imposible, los dioses hablaron primero y tu familia es quien decide, me es raro que no llames a Milo inclusive inconscientemente -hablo.
-¿Llamarlo? -confuso.
-La familia Escarlata siente cuando su integrante mas preciado esta en peligroso o lo necesita, pero veo que tu no lo necesitas -hablo.
-Pues nunca he pensando o hecho algo que lo necesite... -respondió.
-Bueno no importa, ahora disfruta un poco de la noche -hablo.
Camus miro a toda la gente, realmente eran gente elegante, sofisticada, aunque para Camus había algo mas, se acerco a la mesa de comida y miro todo, pequeños aperitivos bebidas y cosas por el estilo.
Era extraño, sentirse ahí, no habría nadie que conociera, aunque recordó a Surt, tal vez si lo buscaba hablarían e intentarían estar juntos, a lo lejos vio a Saga recibir a cada invitado, mientras seguía buscando sintió una vista pesada, extraña a decir verdad, al momento de girarse y darse cuenta de quien de trataba se sorprendió.
Era Surt.
