Camus había despertado, sintió un poco de frío, se percato que estaba desnudo y sobre todo encima del heleno.

Ambos estaban desnudos, Camus se sonrojo al grado de cubrirse, mas rápido había sido la respuesta de Milo quien lo detuvo, obligándolo a seguir ahí, así de juntos.

-No te tapes, conozco tu cuerpo a la perfección Camus -hablo con una sonrisa.

-¡Espera! ¡¿Lo hicimos anoche?! -preguntó preocupado.

-No, nunca violaría a alguien antes de lo acordado pero debo decirte que eres mejor de lo que imagine... -beso su frente -Ese olor... Ese olor a vainilla... ¡Me encanta! -exclamo.

Se colocó sobre Camus, sus ojos reptil seguían visibles y su sonrisa había cambiado.

-Devorare tu cuerpo, te haré mío todo los días -hablo para apegarse a darle besos.

Camus no se sentía asqueado, se sentía protegido, siguió sintiendo aquello, marcas por parte de su pecho y pequeñas mordidas eran visibles.

Mientras que en donde se encontraba Saga, el gemelo daba severa información, en donde los invitados lo veían mal, puesto todos querían ver al futuro consorte y madre de la próxima generación del clan. Mientras un par de ojos se veían molestos por la situación que simplemente decidieron retirarse a sus tierras.

Saga se sentía como una burla, mas dio un suspiro, creo que eso ya era normal, puesto el heleno solía ser así, haciendo sus cosas a su manera.

El día de la boda, se llevaría en el famoso solsticio de verano y en donde la luna era la mas grande y hermosa, para los dragones según sus mitologías aquello era una manera de alabar a los dioses dándole a conocer que agradecían sus apoyos, había tributo después de esa boda. La muerte de un animal, era la típica manera, los invitados eran poco solamente conocidos los pueblerinos solamente debían escuchar rumores.

El gran día llego...

Camus era arreglado por doncellas, una elegante y blanca túnica, con adornos plateados y joyas zafiro, sin contar que su larga melena había sido acomodado en una especie de velo, en la cabellera tenia un sujetador con diamantes zafiro que hacían juego con las demás joyas, brazaletes de oro puro y las mangas anchas. Aquella túnica era sujetada de las caderas por una especie de tela color celeste claro, mientras tenia una flor de la misma tonalidad, la parte posterior a la túnica tenia figuras color grises, quien daba la diferencian, su rostro fue arreglado colocando algo, mas bien, muy leve casi no era necesario y finalmente un pequeño ramillete.

Se sentía extraño al mirarse en el espejo de pieza completa.

-Mi amo, se ve tan hermoso con esta túnica -hablo una doncella.

-Mi amo, una vez que deje el palacio en su luna de miel se dedicara a ser feliz -hablo una segunda mujer.

-¿Dejar? -preguntó confuso.

Antes de que respondieran, Saga entro, sacando a las doncellas y quedándose ahí, miro por unos minutos y hablo.

-Bien, te diré las indicaciones -dijo -Caminaras como una boda humana, Milo te colocara la sortija y tu a el, se dan un beso de cierre de amor y el... -silencio para agarrar aire. -Se transformará en un dragón, cuando lo veas bien, te tomara y se irán -finalizo.

-¿A donde? -preguntó nervioso.

-Camus el sabrá en donde, el se tiene que encargar de ti, tu eres el nuevo líder, su consorte, le darás herederos como debe de ser -hablo.

-Pero... Tengo miedo -habló.

-No tengas miedo, todo saldrá bien ya veras, los dioses místicos nunca te dejaran solo -animo.

Saga salio, dejo a Camus en aquella habitación, aun sentía aquella enorme duda, aun sentía aquel afecto por Surt y simplemente se quedo viéndose a si mismo.

Quedo así por unos minutos, mirando aquella figura, para pronto bajar su vista.

Los presentes estaban ahí, Kanon se encontraba a un lado de Milo quien yacía de pie debajo de un hermoso arco de flores y detalles, Saga se encontraba al inicio del pasillo, en donde entraría la pareja.

La vestimenta de Milo era una túnica color azul oscuro, detalles dorados y adornos del mismo material, algunas joyas incrustados en brazaletes en su cintura una cinta ancha sujetada a jn broce dorado y una gema rojiza. Lo hacia verde elegante ante los presentes.

-¿Estas nervioso? -pregunto Kanon a Milo.

-No, realmente no, solamente quiero dejar de pensar en el pasado -habló.

-Vaya, creí que nunca escucharía eso -hablo con una sonrisa.

Aquello había dejado a Milo tranquilo,sin embargo no podía decir lo mismo de lo que pasara más adelante. Dio un ultimo suspiro y pudo notar aquella figura, Milo dirigió su vista hacia el galo, quien detonaba una belleza diferente, cosa que le había sorprendido en parte, sobre todo por recordar a Afrodita, aquella persona quien protegió por mucho tiempo, pero a final de cuentas perdió.

El galo fue acompañado por Saga quien una vez dejarlo a lado del heleno se colocó entre medio, dando así inició a la reunión.

-Hermanos, aliados, estamos presente aquí por la voluntad de los dioses, a unir a esta joven pareja en el manto sagrado -hablo. -La unión de ambos hará que el clan Escarlata tenga beneficios, prosperidad, hoy se cumplirá las tradiciones de los antepasados -hablo Saga. -Si no hay nadie que pueda detener se proseguirá en los votos -finalizo.

Milo dio un suspiro, miro a Camus y comenzó a hablar.

-Camus, yo, Milo Escarlata, el líder de mi clan y el último, estoy aquí para decirte lo mucho que... -dudo -... Te amo, con los nuevos sacrificios no me importa ver mi vida caer de una manera tan poca cosa así que ... Yo, Milo Escarlata haré todo lo posible para que seas feliz en este día y los nuevos futuros protegeré esta vida y las próximas encarnaciones -finalizó.

Camus miró los ojos del heleno, detonaban una especie de tristeza, abrió un poco sus labios.

-Yo... -silencio -Yo Camus... -fue interrumpido.

Un estrepitoso ruido inundo aquel lugar, los presentes dirigieron su vista hacia donde se había hecho el "ataque".

Un enorme dragón atento en aquel palacio, cosa que Saga, Kanon y Milo reconocieron aquellos seres.

-Ese imbécil -susurro Milo molesto.

Aquel enorme dragón detonaba molestia, lanzo una serie de ráfaga de fuego, provocando que los presentes huyeran.

-Debemos irnos -hablo Saga quien sujetaba del antebrazo al peliagua.

-Pero... -susurro.

Camus quedo viendo hacia un punto mirando con asombro a la silueta.

Camus había sido alejado de aquel desastre, mientras que Saga miraba molesto el camino, mientras se quejaba de manera silenciosa.

-¿Que pasa porque nos atacan? -pregunto Camus confuso.

-Solamente queda te en un sitio seguro, no te atrevas a salir por nada del mundo, ¿has entendido? -hablo Saga.

Para Camus aquello le recordó a su pasado... Quería aferrarse al gemelo mayor, mientras sus ojos se cristalizaban.

-¡No! ¡No vaya! -exclamó mientras abrazaba el brazo del gemelo.

-Descuida pronto vendrán por ti -hablo detonaba una sonrisa.

Saga salio de aquella habitación, pudiendo quedar solo en la habitación se recargo en la puerta, mientras se aferraba y rezaba por aquellos no muriera.

Paso unos minutos la destrucciones y explosiones eran escuchadas hasta aquella habitación, Camus solamente estaba aferrado a sus piernas, llorando sin parar.

Alguien toco la puerta... Con rapidez abrió aquella puerta.

-¡Señor Mi... -silencio. -¿Surt? ¿Que paso? -preguntó con algo de sorpresa.

-Camus... Vamos te llevare a un lugar seguro, el señor Saga me digo que debía llevarte -hablo.

Surt había tomado la mano del galo y lo jaló hacia las afueras de aquel castillo.

Milo se encontraba peleando contra aquel dragón, hasta que término derribado provocando que regresara a su verdadera forma humana.

-Este sujeto... -susurro molesto -Debería matarte -miro al enorme dragón blanco.

-... -se transformó.

Milo había tomado forma, su cuerpo escamoso y su piel oscura, sus ojos eran zafiro brillantes, sus alas se expandieron y lanzo una llamarada hacia el enemigo.

Camus corría por los pasillos, por la ventana veía la guerrilla entre ambos dragones, quería detenerse estaba preocupado por uno de ellos pero Surt se lo impidió.

-Camus vamos -suplico.

-Pero... -silencio.

-¿Acaso quieres seguir encerrado? ¿Quieres seguir sufriendo? El nunca te amara Camus ¿entiendes? -pregunto mientras sostenía de ambos hombros.

Camus miro hacia el ventanal, tenia razón, nunca sería amado, estaba destinado a seguir siendo un simple esclavo.

Milo seguía lanzado sus garras hacia aquel enemigo, quien pronto comenzó alejarse, Milo quedo serio y retomo su forma humana, en cambio los otros pequeños enemigos emprendieron retirada, Saga se vio en la necesidad de ir en la búsqueda del menor, mas se dio cuenta de la ausencia.

-Demonios... Ellos nos han engañado -susurro Saga.

-¡Saga! ¿Donde esta... -silencio al notar al gemelo mayor mas que preocupado. -Saga, ¿donde esta Camus? -pregunto el heleno.

-Maldicion -volvió a maldecir en voz baja.

-Se lo llevaron ¿cierto? -preguntó Milo.

Milo quedó molesto, empujó a Saga quien pronto salio del enorme castillo, dio un salto pudiendo así transformarse, no iba a dejar que aquellos dragones se llevaron lo que era suyo, mucho menos un enemigo para el.

En donde se encontraba Camus, este iba a lado de Surt, este se encontraba de pie sobre aquel enorme reptil volador.

-Camus -hablo el pelirrojo. -Debes estar bien cubierto -coloco una gruesa piel cubriendo la mayor parte de cuerpo. -Aquí nadie te molestara -finalizo.

Camus no dijo nada mas, solamente quedo en silencio y sonrió, los aires helados ya comenzaban a hacer efectos en su rostros.

Milo solamente quedo hasta cierta distancia de su castillo, regreso a aquella enorme lugar, se odiaba demasiado.

-¿Porque provocaste eso? -pregunto molesto hacia Saga.

-Tranquilo Milo, aun no es momento de pensar así -hablo Kanon quien defendió a su hermano.

-¿Como quieres que este? Ese grandisimo estupido se llevó a ese humano -hablo molesto.

-Aun así, buscaremos a alguien quien pueda ir por el, ya que tu no puedes pisar tierras heladas Milo -habló Saga.

Con aquello Milo quedo en silencio, se odiaba en efecto y solamente se dirigió hacia su habitación, buscaría de alguna manera algo que le pudiera ayudar, pero en vez de eso había llegado a la habitación de Camus, aquel olor de vainilla le hacia sentir miles de cosas.

-Maldito Surt... -Susurro.

Milo noto el enorme cuadro que se allá en el sofá, aquel que tanto añoraba, fue ahí donde de aproximó, miro atento la pintura pudiendo así hablar.

-Mi amado Afrodita, ¿que debo hacer? Me siento mal cada momento que pasa, ya ha pasado mas de 60 años y no puedo olvidarte -hablo con tristeza. -Espero a que regreses como una reencarnación... Para poder estar juntos -toco el cuadro.

Quedo ahí de pie, mirando el cuadro hasta que escucho una voz a su espaldas, se giro pudiendo ver aquella silueta, dejándolo sorprendido.

-Afrodita... -hablo.

-Milo -llamo detonando una sonrisa.

-Los dioses te han... -interrumpido.

-Sht... Sht... No Milo -sonrió -he venido aquí para que veas la realidad -hablo.

-¿Realidad? Explicarte -dijo confuso.

-He venido solamente a decir que debes olvidarme, porque tu ya no me amas, nunca me amaste como debía a ver sido -hablo.

-Claro que te ame, te sigo amando -dijo mientras se aproximaba.

-Milo, se bien que el destino de un dragón es diferente a un humano y tu me has dicho que aquello que obtiene a esa persona se enamoran pérdida mente -hablo.

-¡No es cierto! -refutó.

-Ahí tienes a tus padres, ellos nunca se separaron -hablo -Milo, promete que serás feliz, que te vas a enamorar de esa persona ¡Prometeme! -suplicó.

Milo miraba a Afrodita, cosa que le hacia tan extraño, mas aparte aquella persona comenzaba a derramar lágrimas.

-Promete que no seguirás bebiendo en mi nombre, prometerme que si me recuerdas sea como algo pasajero, algo muy bello -hablo con ternura -Prometerme que vas a ser feliz estando con él -acarició la mejilla del heleno.

Milo solamente sintió la fría mano, bajo su vista y afirmo, no sin antes sujetas la mano de Afrodita y sujetarlas en ambas manos.

-Te prometo que haré todo lo que me has pedido, haré feliz a aquel joven y amare -hablo.

-Ahora por ultimo, quema el cuadro -pidió.

-¿Que? Pero... -miro a Afrodita -Esta bien -afirmo.

-Milo, eres un buen hombre por eso te ame, pero es momento de dejarte ir como yo quiero ser libre, el te hará feliz y sin importar el tiempo, nos volveremos a ver como simples amigos -habló.

Aquello había sido tan rápido, Milo había despertado, el heleno se había quedado en el sofá dormido mientras a su lado estaba el cuadro, era extraño a decir verdad.

-Esta bien Afrodita lo haré todo por ti -hablo.

Con aquello se puso de pie sujeto el cuadro y se a cerco a la chimenea, lanzando así el cuadro. Milo no dijo nada mas, solamente sintió su pecho arrugarse y finalmente quedó en silencio.