Camus cubrió su cuerpo, veían como el heleno detonaba una fría mirada hacia el pelirrojo.

-¡Ha! ¿Qué tanto podrás hacer aquí? Prácticamente eres una burla, tu estado sería tan deplorable en cuestión de minutos -habló Surt con una sonrisa mientras se relajaba.

-Como si me importara -dijo Milo con frialdad.

Aquello no cambió la postura del pelirrojo, puesto sabía que el heleno se debilitaría por las bajas temperatura, más solamente tendría que estarlo atacando, ya que una vez que se debilitara sería un blanco sencillo.

-Vamos escoria voladora calenturienta ven y matarme -reto el pelirrojo.

-¡Voy a callarte por lo que te resta de vida! -hablo el heleno con molestia.

-Milo no lo hagas -pidió Camus quien intentó ponerse de pie.

Milo miro de reojo al galo, más le preocupó que volviera a terminar en el suelo, cosa que se aproximó a él y ayudo un poco, para Surt aquello era bueno quien pronto se aproximó a golpearlo. Más Milo solamente se lanzó cayendo sobre él.

Los ojos de Milo habían cambiado a uno de reptil, sus uñas habían cambiado a garras y sus dientes tomaban forma de enormes colmillos filosos.

-Sabes que si usas tu transformación morirás más pronto ¿no? -hablo Surt con burla.

-¡Cállate! -exclamó Milo molesto.

-Eso lo sabes deberías solamente irte, estaba tan bien con Camus, estaba por poseer ese cuerpo tan delicado -hablo mientras lamia sus labios.

Aquello había enfurecido de sobremanera al heleno, lanzó un golpe quien fue recibido por el pelirrojo, aun así, sabía bien que su estado podría cambiar rápidamente hasta tomar forma de un dragón, conocía de igual manera la forma del pelirrojo más que podía hacer.

Surt terminó lanzando lejos al heleno, había salido de aquella especie de cueva, Milo se levantó de la fría nieve mientras veía hacia enfrente.

-¿Ves? No hay manera que puedas detener me, pronto yo seré el líder de estas tierras -hablo con una sonrisa.

-Será una enorme pérdida de tiempo -habló Milo con burla -Sobre todo cuando tu estas como líder si ni siquiera puedes hacer algo bien -río.

Aquello vio molestar al pelirrojo, aquel comentario había herido un poco el ego, simplemente se dedicó a continuar dedicando una serie de conversaciones que herían poco a poco el ego.

-¡Ya callarte! ¡Eres irritante! -exclamó Surt, harto de aquello.

-No sabes jugar, tu hiciste lo mismo, ¿recuerdas? -pregunto.

-¡Eres una maldita escoria! -exclamó quien pronto comenzó a transformarse.

Milo miro aquel enorme dragón rojo, los ojos avellanas y la piel escamosa de un color anaranjado-rojizo. Milo seguía atento, veía al dragón mover las enormes alas, pudiendo elevarse, las ventiscas creadas por los primeros aletazos no se hicieron de esperar, Milo se había cubierto por todo aquello, mas no sería sencillo, un dragón era más poderoso, en ataque e inclusive el peso, ya que era enorme.

-Demonios como lo pienso derrotar si ni siquiera arma tengo -Habló Milo mientras veía al dragón.

-Milo -llamo Camus quien estaba en la entrada de la cueva.

-Camus no vayas a salir de ahí, has entendido -habló secamente mientras no quitaba la vista de aquel dragón.

Era increíble como lo derrotaría, Camus seguía en la entrada viendo aquel dragón sobrevolar la zona, no iba a ver manera de que Milo saliera de esa, no habría manera de salir con vida.

-La única manera de poder enfrentarme es transformándome, pero si lo hago, mi cuerpo necesitará de mucho calor y este sitió... -pensó.

Todas sus ideas estaban estropeadas, todo porque la zona en donde estaba era hecha de hielo, frío. No entendía cómo podía liberarse de todo aquello. Estaba perdido

El dragón dio una vuelta más para pronto lanzarse en búsqueda del heleno, el peli morado esquivo rápido no sin antes sentir una ventisca helada provocada por la cercanía a la tierra de la inmensa bestia.

-¡Demonios! -exclamó Milo mientras busca con desespero algo con que atacar.

Siguió los ataques con aquello... más Milo no podía defender en absoluto, solamente quería proteger al galo de aquellas llamaradas quién eran de un fuego azulado, diferente a la suya.

-Esto está por empeorar -susurró Milo quien sujeto a Camus y se alejaron de ahí.

-Milo... tengo miedo -hablo el galo con cierto terror.

-Tranquilo no permitiré que ese sujeto te dañe -habló Milo quien siguió el camino.

Camus miró a Milo, este detonaba una seguridad, aunque había momentos en que escuchaba maldiciones mas no le era problema, lo que temía ahora era el inmenso dragón que ahora los seguía.

La llamarada que había sacado aquel dragón caso los alcanzaba de no ser que se detuvo, se habían girado viendo como las alas de este estaban heridas por una especie de flechas o lanzas.

-Debemos irnos eso no debe detenernos -habló Milo quien comenzó a correr.

La nieve comenzaba a subir, llegaba por encima de sus rodillas y eso comenzaba a molestar, había corridos lo suficiente como para que aquel dragón no se diera cuenta, suficiente como para ya casi llegar.

-Señor Milo ... -llamo el menor.

-Vamos humano, no te detengas -hablo.

-Estoy cansado, creo que no podré salir de aquí -dijo quien cayó y terminó por hundirse.

-Por todos los dioses místicos -lamento -Tendré que llevarte -se colocó enfrente de Camus para que subiera a su espalda. -Vamos sube que debemos seguir adelante aún queda mucho recorrido -hablo.

Camus a principio se negó, más un ruido a lo lejos le había provocado miedo haciéndolo subir, Milo emprendió el camino la nieve ya había bajado un poco, aunque aún no salían, ni siquiera llegaba al pequeño campamento que había puesto Saga.

Los pasos del heleno se hacían un poco más rápidos, sin contar que aquel estrepitoso ruido habían cesado.

-Señor Milo -habló desde atrás Camus.

-Tranquilo todo ya está mejor, una vez que estemos en ese campamento descansaras un poco y nos iremos -hablo de manera neutral.

Aquello sorprendió al galo, quien simplemente esperó la llegada, cuando lo hicieron se percataron de Saga y Kanon quien sostenían unas lanzas.

-Vaya, vaya -dijo Milo quien bajó a Camus de su espalda. -Con que ustedes atacaron a ese dragón -habló con una sonrisa.

-Si a menos de que quieras morir -hablo Kanon.

-Bueno ya, ya nos podemos ir, comienzo a cansarme más de lo debido -hablo Milo.

-Sí, solo danos unos minutos -habló Saga.

Milo solo afirmó, mientras tomo asiento en un tronco, Camus veía un poco preocupado al heleno, sin contar que los gemelos ya comenzaban a verse muy mal, se aproximó a Milo intentando saber qué era lo que pasaba con el heleno.

-¿Cómo se encuentra señor? -pregunto.

-Estoy bien descuida -respondió sin verlo.

-Pero se ve cansado -volvió a hablar.

-Estoy bien en serio, ahora ve descansando porque ya nos iremos -hablo mientras se ponía de pie.

Saga y Kanon veían atento la escena, ambos sabían que el heleno si estaba aceptando poco a poco al humano, habían visto la enorme paciencia del galo hacia el mayor para no provocarle una gran necesidad de irse o morir durante ese periodo, solamente saldrán de esas tierras heladas.

Una vez que había salido su recorrido fue corto, ya que había una manera sencilla de regreso, cuando regresaron fueron atendidos por doncellas, Milo simplemente se alejó encerrándose en su habitación. Camus solamente quedó en silencio nuevamente estaba en aquel enorme palacio.

-Camus -hablo Kanon.

-¿Si señor Kanon? -preguntó el menor.

-Será mejor que intentes hablar con Milo -respondió -Él ha mencionado que quiere cambiar su destino -hablo.

-Tal vez tenga razón y debas tu ayudarlo -habló Saga quien se unió a la conversación.

Camus había dudado si en hacer caso o no, más él le había ayudado, dio un simple suspiro y afirmó. Estaba decidido que ayudaría al menos en todo lo posible.

Subió las escaleras en dirección a la habitación de Milo, no sabía que pasaría o que resultaría, más no le importo.

Camino un poco por los largos pasillos hasta que finalmente llegó a aquella puerta. Toco la puerta con suavidad, pero no obtuvo respuesta, más algo había abierto dicha puerta, entró mirando al heleno sentando enfrente de la chimenea, estaba bañado y cambiado, estaba envuelto en una especie de túnica y aparte en una manta tibia.

-Como odio esos lugares -soltó el heleno.

-Ya entiendo el motivo -hablo el menor.

-A menos te dejarán en paz, de ahora en adelante, a menos que te quieras ir -hablo el heleno sin verlo.

Milo veía atento el fuego, en cambio, Camus estaba de pie, se dirigió hasta estar al lado de Milo y tomó asiento, abrazo sus piernas mientras veía aquel fuego.

-¿Por qué dejaste que te tiñan el cabello? -preguntó el heleno.

-Descuida no es permanente se quita con agua -respondió.

-Odio que quieras parecerte a él -hablo serio.

-No me quiero parecer a él Milo, solamente quería pasar desprevenido para poder salir de ahí -hablo Camus.

Milo se giró a verlo, el pelirrojo teñido demostraba una tristeza, el heleno estaba ahí, estaba confundido y poco a poco pasó su brazo por sus hombros, atrayéndolo a su cuerpo en una especie de abrazo.

Camus no hizo nada simplemente quedó quieto, temía que aquel heleno se aprovechara, más aquello pasó rápidamente cuando sintió un beso en su cabeza y un silencio inundó la habitación.

Afuera se encontraba Saga y Kanon quien veía aquella escena, sonrieron un poco y se dedicaron a descansar, pero no sin antes recibir una noticia del uno del otro.

-Traeré a Aioros al castillo -habló Saga con tranquilidad.

-No me molesta que vengas con Aioros, pero porque tienes que cuidar a ese bebé, esa niña ni es tuyo, mucho menos de Aioros -hablo Kanon con cierta molestia.

-Se eso, mas no puedo dejar a Aioros solo con esa pequeña -hablo.

-Solamente esperó que no te cause problemas Saga, porque he sabido que Aioros le importa otras personas que no son como nosotros -dijo molesto.

-Es cierto, no mentiré, pero me ha demostrado que aun siente algo por mí y lo está haciendo bien -hablo.

-Está bien, solamente se te está mencionando, mi prometido vendrá mañana -hablo.

-¿Prometido? -pregunto confuso.

-Claro, Sorrento vendrá aquí -hablo Kanon.

-Espera Sorrento, él es un tritón -hablo.

-Es cierto, por eso puede venir y vendrá -hablo.

-¿Estás loco cierto? -pregunto.

-No, solamente lo amo -hablo.

Saga a no dijo más solamente bufó y siguió su camino, le valió poco que su hermano gemelo hiciera algo total él tendría la culpa y su persona no estaría detrás de su hermano, cuidando de que no hiciera una estupidez.

La noche había llegado, Camus había bajado, hace horas había pasado a lado de Milo, charlando de cosas que habían vivido y de revelaciones que jamás se habían imaginado, aunque había un secreto que Camus conocía y aquel era el paradero de la verdadera familia de Milo, Saga le había confiado tanto que decirle eso le había hecho sentir bien y no arruinaría nada por simples cosas.

Milo le había comentado horas antes, que su madre era elegante, cabellera oscura violeta y una piel pálida, sin contar que sus ojos eran de color violetas, su postura era elegante y amable, poseía una seriedad cuando se molestaba y sin embargo amaba mucho a su padre.

Su padre en cambio siempre se veía amoroso con su madre, dándole mimos enfrente de él sin contar que tendría un hermanito pero por obras del destinos jamás llegó a nacer debido a un accidente haciendo que perdiera al pequeño, finalmente se dio su muerte de una manera natural, la salud, en cambio su padre pudo vivir un poco más pero había sido mal, puesto ese tiempo Milo se encontraba con los gemelos lejos del castillo, quien al enterarse que los habitantes asesinaron a su padre terminó regresando, siendo el que provocada todo aquellos estragos en el pueblo.

Prometería no abrir su boca, no por ahora.