La noche había pasado tan tranquila, todo los detalles habían sido arreglados y otro día serían de preparativos, los gemelos se encontraban en la sala principal del enorme castillo.

–¡¿Por que te molestas por eso Saga?! –exclamó Kanon molesto.

–¿Por qué? No es más obvio Kanon, él es un tritón, alguien que le miente a la gente para comérselo vivos –soltó.

–Pero yo soy un dragón si te das cuenta ¿acaso no puedo? –exclamó igual el gemelo menor.

–¡Estas demente! –hablo Saga.

Aquello había hecho molestar a Kanon, terminando por soltar una última frase, frase que fue tan hiriente para el mayor.

–Entonces vete con ese maldito quien te engaño con otro y ahora vienes a cuidar a alguien que ni es tu hija –hablo Kanon fríamente.

Saga se detuvo su andar, quien pronto se giró hacia el menor, se aproximó y lanzó un fuerte golpe a puño cerrado, Kanon termine el suelo con sorpresa, mientras que el mayor de ambos quedaba de pie viéndolo con aquellos ojos rojizos.

–Debí haberte dejado en aquella aldea cuando estabas herido –habló secamente.

–Lo hubieras hecho, total no ibas a perder nada, solamente seguirás siendo un idiota mas –hablo Kanon con una sonrisa.

Saga lo miro no se iba a llevar por la molestia y enojo, solamente dio un suspiro y se alejó, no perdería más su tiempo.

Milo se encontraba en los jardines, después de lo sucesos de la cena que había sido a avergonzada por los gemelos ante el consorte que tenía que despejar su mente.

/Inicio de Flash Back/

Kanon reía mientras contaba algunos sucesos.

–Si, hubieras visto cuando era un niño, tenía miedo a las alturas –dijo entre risas.

Los presentes solamente rieron a menos Saga detonaba una sonrisa, puesto recordaba aquellos momentos, Camus dio una risita mientras cubría su boca para no causar una molestia en el heleno, quien el mencionado ya tenía sus mejillas rojas de la vergüenza.

–¡Ya! ¡Eso fue hace mucho! –exclamó mientras se cruzaba de brazos.

–Bueno, fue antes de todo así que no hay duda –hablo Saga.

–También hubieras visto –Fue interrumpido.

–¡Ya callate! –exclamo molesto.

/Fin del Flash Back/

Milo quedo viendo aquellas flores, flores blanca que le hizo recordar a Afrodita, más pronto aquella imagen se borró al escuchar la voz de Camus quien venía con una pequeña charola de plata, encima poseía unos postres y algo de bebida.

–Señor Milo –llamó con tranquilidad mientras seguía sosteniendo la charola.

–¿Qué es eso? –preguntó Milo confundido.

–Son postres, son panque, me dijeron que a usted me gusta esto, así que quise... –interrumpido.

–Humano no es necesario que hagas algo como esto –hablo Milo.

–Lo hago porque quiero, aparte usted me ha salvado, a pesar de tenerle miedo aun se que debo de agradecerle –hablo

Milo se sorprendió al escuchar aquella palabras, aun le tenia miedo aquel humano. Camus se dirigió hacia la fuente en donde dejó la charola, se colocó enfrente de Milo y tomó la mano, el heleno podía sentir el enorme nervios o más bien el temor que emanaba el chico.

–Quiero que me disculpe he sido muy malo en estos días –hablo con tranquilidad.

–Me estas mintiendo... –soltó de golpe el heleno. –Pero descuida no haré nada en tu contra –hablo.

El rostro de Camus detonó tristeza en absoluto.

–Me gusta tu cabello en ese color –hablo el heleno.

Camus alzó su vista pudiendo encontrar los ojos zafiro del mayor.

–No estés asustado, te prometo que no pasara nada, solamente quiero que me digas una verdad –hablo.

–Bien, entonces si yo diré algo, usted también debe decirme algo –hablo Camus con tranquilidad.

Milo miró a Camus afirmó tranquilo, quien pronto tomó aire para hacer su pregunta.

–¿Tu tuviste algo más que relaciones con ese sujeto? –preguntó Milo con cierto tono serio.

–Tuve una relación con el, mas nunca llegamos a tener sexo, hasta ese día que quiso hacerlo a la manera bruta –respondió –La sincera verdad no me siento preparado para hacer esto, no entiendo porque ustedes... –quedo en silencio.

Camus había visto aquellos zafiro, quien denotaba tranquilidad, quedó mirándolos por unos segundos cuando reaccionó agitando su cabeza en negación.

–Yo... lo siento –se disculpó mientras giraba su cabeza a otro lado.

–Afrodita era un príncipe sueco, yo había salido con el cuando tenia los 18 años de vida, Saga me decía que no debía involucrarme con otros humanos que no fueras tú, pero él... –miró la rosa blanca –Era perfecto, su postura, su manera de hablar, su belleza, todo, el nunca se enteró mi verdadero ser, pero tampoco quería mostrárselo, él había despertado algo dentro de mi... –hablo. Camus estaba en silencio, viendo cada faceta del mayor –Pero nunca pude lograr protegerlo, tanto que le jure amor, tanto que le juré que estaría con él tantas veces –dijo.

Camus miraba con cierta preocupación al mayor puesto detonaba una especie de tristeza.

–Si, yo... su yo... –se quejo –como odie a ese sujeto –habló secamente.

Su temperamento cambió drásticamente, sus ojos se tornaron reptil mientras sus colmillos crecían.

–¡Odiaré a todos los humanos! –exclamo molesto.

Aquello había sido malo, puesto el heleno empujó al galo al suelo, quien al sentir la caída se quejó del mismo, cosa que Milo pudo reaccionar rápidamente.

–Lo siento... –se disculpó.

Camus no dijo nada, solamente veía a Milo quien ayudaba a ponerse de pie.

–Ya entiendo tu miedo –hablo el heleno –Descuida prometerle no acercarme a ti a menos que tu quieras –hablo.

Camus seguía mirando cosa que solo se dedicó a colocar su mano sobre su mejilla concierto terror.

Desde el interior se encontraba Saga quien veía aquella escena, se quejaba internamente por el absurdo "amor" que le tenía al sueco, quien había muerto hace más de 60 años, cosa que le haría complicado, más al ver los intentos del galo se relajo.

Finalmente había podido estar tranquilo, Kanon no se había aparecido por toda la tarde dejando a Saga mas que confundido, dedujo que había ido a buscar al "novio" aquel tritón, más que podía decir.

El solo esperaría a Aioros quien no tardaría en aparecer por unas horas debido al largo viaje.

La tarde había llegado y ambos se veían tranquilo.

Milo y Camus había conversado demasiado haciendo que los gemelos quien veían distanciados vieran con asombro.

–Entonces ¿podremos ir al pueblo? –preguntó Camus, mientras caminaba hacia el interior.

–Sabes que no puedo hacerlo, aparte debemos preparar todo para la partida –hablo.

–¿Partida? –preguntó –¡Oh! Ya recuerdo, aun así me hubiera gustado ir a haya y ver un poco – habló Camus.

–Si, pero que caso tendría –hablo el mayor. –aparte ¿para que quieres ir? –preguntó Milo.

–Milo deja a Camus en paz, pobre humano se siente mas que estresado –hablo Kanon con una sonrisa.

–No creó, solamente tenga miedo eso es lo que le provocó –hablo Milo quien se retiró.

–Vaya nunca lo había visto actuar así –dijo Kanon mirando a Milo alejarse.

–¿A que se refiere señor Kanon? –preguntó Camus confuso.

–Milo es... mmm... como decirlo, como si fuera egocéntrico y cosas así, pero ahora que lo veo detona algo diferente creo que los dioses han iluminado a Milo –habló con burla.

–Bueno... –dijo Camus quien terminó por ver al heleno quien de adentraba al castillo.

–Has estado haciendo bien tu trabajo Camus –hablo Kanon. –Tal vez en unos días Milo se sienta tranquilo y acepte ru presencia más que un simple humano –finalizó.

Camus quedó más que relajado mas no sabia que pudiera suceder, aun sentía algo de miedo, pero aquello no era tanto, Kanon se había ido, y solamente quedó el.

La noche había llegado, Camus caminaba en manos llevaba unas túnicas dobladas que pensaba entregarlas a Milo, cuando subía por las escaleras escucho un pequeño ruido o más bien un llanto. El peliagua se en camino hacia la sala principal en donde pudo notar a un castaño quien sostenía con cuidado a una bebé quien media suavemente.

–Hola joven –saludó el castaño.

–Hola, usted ¿quién es? –preguntó Camus quien se medio escondió en la entrada.

–Descuida no te haré daño, solamente he venido a quedarme aquí por unos días, por la celebración del compromiso de Milo –habló.

–¿Usted conoce a Milo? –preguntó más tranquilo.

–Si, cuando era pequeño, Saga lo a cuidado, para Saga es como su hijo y viceversa, porque Milo lo aprecia a pesar de ser egocéntrico –hablo el castaño.

–disculpa, pero ¿quien eres ? –pregunto nuevamente.

–Soy Aioros y esta pequeña es Saori, es una humana, ahora ¿tu? –preguntó sonriendo.

–Soy Camus, la bebé es una humana –preguntó sorprendido.

–Si, tuvo severos problemas pero ahora está bien y feliz conmigo –sonrió.

–Entonces... –interrumpido.

–Camus creí que estabas con Milo –Habló Saga quien se adentraba a la sala.

–No, pero a eso iba, con permiso –dijo y se retiró.

–¿El es el consorte de Milo? –preguntó Aioros.

–Si, ha pasado por algunos disgustos pero hemos visto cambios positivos –hablo Saga.

–¿Qué hay de Kanon? Ya me ha aceptado. –pregunto.

–Aun sigue terco, creo que no confía en ti –hablo.

–Descuida, ya pronto entenderá ya que yo también confió en él –sonrió.

Saga miro al castaño quien pronto se limitó a abrazarlo y a jugar un poco con la bebé, en cambio, sabía que la reunión especial sería dentro de unos días, esta vez nadie los molestaría en absoluto.

Camus había pasado la noche en su habitación, solo que este veía por la ventana hacia el pueblo, afuera comenzaba a ser fresca y eso hacía que las doncellas y sirvientes encendieran la chimeneas.

Saga le había mencionado al galo que cada mes la luna estaba en su punto más alto y eso era bueno, ya que de ahí comenzaron a hacer los rituales, rituales que darían unión a la nueva pareja.

Para Camus aquello sería nuevo, ahora estaba decidido a aceptar su destino, ya no tenía confianza en alguien más, aquellas esperanzas se habían esfumado de una manera tan repentina, Surt simplemente lo usaría como un objeto, sin contar que Cristal había muerto, al igual que su familia, era horrible. Ahora solamente le quedaban Saga, Kanon y Milo.

Este último ya comenzaba a entenderlo, aún así quería saber más a fondo la historia que tenía con Afrodita, los motivos por las cuales lo habían asesinado, aquella explicación rápida que había recibido no ayudaba mucho.

La mañana llegó, el frío era un poco notorio, no nevaba en aquellas zonas, más se sentía fresca la mañana, para Milo, y compañía era molesto, pero agradece que solamente pasará dos meses al año, a veces se extendía hasta tres meses pero la situación era a veces rara.

Estaban desayunando, Milo comía en silencio mientras Aioros mencionaba que la bebé podía hablar a pesar de tener alrededor de un año de edad podía decir dos simples letras, cosa que a Aioros emocionaba demasiado.

–Ustedes... –Camus intentó saber el origen del bebe.

–¡Oh! No, no puedo procrear, tenía ese don hasta que lo perdí en una guerra hace décadas –hablo Aioros.

–Me sentí fatal al no poder protegerte esa vez –habló Saga.

–Descuida ya ha pasado –dijo Aioros con una sonrisa. –Esta bebé tuvo madre, recuerdo perfectamente bien ese día... –interrumpido.

Las puertas del comedor se abrieron de golpe, mostrando así a Kanon, quien detrás de él venía un elegante joven de cabellera lila y de piel bronceada, su túnica era color tinto con algunos adornos de color dorado y otros dibujos tejidos en la túnica.

–He regreso a presentarle a mi futura pareja –habló con emoción.

Los presentes solamente miraron, Saga vio molesto, nunca se imaginó que su gemelo haría semejante estupidez.