Finalmente había llegado el día más esperado por todos.
Los preparativos habían estado listos, las pocas personas que estaban eran los conocidos y uno que otro recién llegado, todos los invitados eran personas importantes en el mundo de razas místicas.
Camus dio un suspiro, sostenía un ramillete de flores blancas, su túnica era blanquecina con algunos adornos dorados.
Usaba broches de oro puro y gemas zafiro, su larga túnica, arrastraba por los suelos, encima de este y en medio de sus brazos poseía otra especie de manto, en su cabellera recogida poseía un pequeño velo.
Sentía nervios, esta vez no sería raptado ni nada por el estilo, solamente sentía nervios, por estar atado a alguien más, Aioros lo llevó hasta el altar, susurró algunas palabras de ánimo. Pudo notar enfrente que estaba ahí, Saga, Milo y Kanon, ¿realmente haría esto?
Una vez que llegó al altar Milo alzó su mano, Camus la tomó de manera cálida y mirando nuevamente a los ojos pidieron ver algo más, posicionando a lado de Milo, Saga comenzó a dar inició.
–Hermanos y hermanas, estamos reunidos hoy en presagio de los dioses místicos, con la luna en su punto más bello, con aquello daremos unión y nueva vida a esta joven pareja –hablo Saga. –Iniciaremos con los votos –finalizó viendo a ambos.
–Yo, Milo Escarlata, amaré a esta persona, hasta el día de su muerte, estaré en todas las dificultades y amabilidad, lo cuidaré en la salud, hasta que mi muerte o su muerte los separe –hablo.
Camus miró atento, aquello era nuevo, mas no quiso demostrar asombro, más una sonrisa se había dibujado, inconsistente mente. Aun sosteniendo la mano del heleno Camus comenzó a dar sus votos.
–Yo, Camus Verseaus, amare hasta que mi vida me lo permita, cuidar de él en las dificultades y amabilidad, lo cuidaré en la salud, hasta que mi muerte o su muerte nos separe –dijo.
Milo pudo notar aquello, esos ojos amatistas, eran más que sorprendente, habían dejado perplejo todo su ser, las palabras de Saga no habían sido escuchadas hasta que sintió un pequeño golpecito en la parte de atrás, Kanon le hizo una leve seña de que colocara el anillo. Camus río por lo bajo, pudiendo obtener nuevamente la mirada del heleno.
Milo colocó el anillo, Camus había hecho lo mismo, las palabras de Saga resonaron nuevamente.
–Que esta unión, no sea separada por ningún otro, que esta unión no llegue a tocar fondos, que esta unión están más que unidad que los dioses místicos cuiden de su estabilidad, un beso sellará todo –habló.
Ambos se miraron y el heleno brindó un cálido beso, logrando que los presentes dieran un fuerte aplausos.
Una vez que se separaron, Saga habló nuevamente.
–Ahora que están unidos es momento de ver su forma verdadera –hablo Saga.
Milo afirmó, se encaminó hacia el centro del jardín dejó caer su traje dejándose notar al desnudó, Camus solamente desvío la mirada sonrojada, Milo tomaba la forma de aquel enorme dragón, Saga le susurro a Camus cosa que le sorprendió, aunque dio un suspiro.
La enorme bestia descendió su cabeza hasta quedar a un lado, Camus quedo enfrente del enorme dragón de piel oscura, sus ojos demostraban aquellos zafiros brillantes. El galo comenzó a alzar la mano quería tocar la nariz de éste de manera cálida, tranquila.
Todo salió bien, pasó unos minutos cuando se alejó la mano. Milo dio un salto comenzando a dar giros, por el castillo.
–Camus… bienvenido a la familia –habló Saga.
Camus sonrió y aunque pronto fue tomado por la enorme bestia.
Camus logró estar en el lomo, veía con maravilla el paisaje que se creaba a grandes alturas, sabía que no sería sencillo, pero ya estaba preparado, sería una persona "mala" con el heleno.
Su viaje había tardado alrededor de una hora. No sabría bien a donde se dirigían, mas quedaba embellecido por los países, veía los ríos, varios pastizales y bosques, hasta que pudo notar unas montañas, era extraño, mas no había sido tan confuso descendió cerca de la entrada principal, una pequeña base de roca en donde se detuvo, retomando su cuerpo, varias doncellas ya salían con algunos utensilios de limpieza, una de ellas se aproximó a Milo y colocó una túnica, el heleno le hizo una seña al galo para que se adentrará a la casa quien parecía estar adherida a la enorme montaña.
–Este es el "templo" aquí es donde pasaremos un mes completo, te guiaré hasta un bello lugar –hablo.
Caminaron por un pasillo, aquel pasillo era blanquecino con adornos de retratos, flores, muebles elegantes y una larga alfombra roja. Pronto la luz se hizo un poco más brillante, habían llegado a una especie de jardín, enormes árboles, flores, pasto y en el centro una mesita con sillas blancas y algunos pilares adornan el lugar. Sin contar las estatuas que había en todos esos lados.
–Esto… esto es sorprendente –habló el galo.
–Es un regalo de mis ancestros –habló.
Camus se giró a verlo realmente todo aquel sitio era hermoso, la expresión del heleno era tranquilidad, parecía estar más que confundido, a decir verdad.
–¿Pasa algo? –pregunto Camus confuso.
–Nada –reaccionó –Ven te llevare a tu habitación –habló.
–Espera ¿no vamos a dormir juntos? –pregunto.
–No, se bien que me odias, por eso no vamos a dormir, pero tendré tu cuerpo esta noche –sonrió.
Ese era el Milo que él conocía, pero había algo más diferente en él, algo que le había estado extraño, guardó silencio y lo encamino, lo veía desde atrás, mirando cada acción del heleno, mas no obtenía mucho hasta que llegó a la habitación.
–Aquí vas a dormir –hablo Milo.
Abrió la puerta mostrando una habitación, amplia, cama en medio, y muebles elegantes.
–Bien alistarte, la cena pronto estará preparada –hablo.
Camus solamente afirmo y se dedicó a mirar, había una ventana quien tenía una vista hacia los bosques, aquellos por donde habían llegado, veía a las doncellas descender las escaleras, había sido raro, puesto eso no debía pasar ¿o sí? Estaba confundido.
Había pasado unas horas, Camus había salido caminaba por el pequeño pasillo mirando las obras, hasta que se encontró con una doncella.
–Joven amo, he venido a darle el aviso de que la cena ha sido preparada, mi retirada será inmediata –habló.
–Disculpe, pero ¿a dónde van? –pregunta
–Regresamos al castillo, aquí solo se queda la pareja –habló.
–¡Oh! Entiendo –habló.
–Dígale al maestro de nuestra retirada y la cena, cuando salga del baño –hablo.
–¡Espere! Antes de que se vaya, ¿me puede decir dónde está el baño? –preguntó con cierta pena.
–Cerca del Jardín joven maestro, por el mismo pasillo –habló.
Con aquello hizo reverencia y se fue.
Camus quedó ahí, había entendido las indicaciones, ahora que recordaba el pasillo que llevaba al jardín poseía una puerta, tal parecía que era aquella.
Se en caminó hasta aquella puerta, miró la puerta de madera oscura, se disponía a tocar, pero quedó ahí.
Con sumo cuidado entro a la habitación, pudiendo ver al heleno quien le daba la espalda, su melena aún alborotada, estaba en una especie de jacuzzi, puesto aquel baño estaba en tonalidades blanquecina.
No sabía lo que estaba haciendo, pero su rostro tomó un fuerte sonrojo quien lo obligo a quererse voltear, pero no, debía hacerlo, se aproximó a él quedando a pocos metros, hasta que colocó sus manos sobre los hombros anchos del heleno.
–Amor mío –intento decir sin nervios.
–¿...? –sonrió.
–He decidido que tomare un baño –habló.
–¿Estás seguro? No quieres que me vaya, digo, para que no te moleste –habló sonriendo.
–No, realmente me he decidido –habló.
Milo se giró pudiendo notar al galo, parecía serio y un sonrojo en sus mejillas, con tranquilidad tomó los broches de éste dejando al descubierto parte de su pecho, bajo las partes de las mangas pudiendo notar su cuello y sus hombros pequeños.
Dejó caer su túnica al suelo, Milo sonrió y se puso de pie, colocó su mano hacia adelante, cosa que Camus acepto, tomándola, se había adentrado a la tina y con un cálido beso unieron su momento.
Milo sentía los labios del galo, parecía tomar las riendas de su situación, puesto no quería ser el "débil", para Milo, aquello era muy divertido, había dejado al galo hacerlo, pero una vez que él tomaron lugar y el agua había subido hasta la parte del pecho del mayor comenzó a tomar las riendas, pasando su mano por las caderas de Camus.
Una vez que se separaron por la falta de aire se pudo mostrar en las mejillas del galo un severo sonrojo, era notorio, la sonrisa del heleno le provocó vergüenza, giro su vista hacia lado derecho.
–Puedo tomarte –habló el heleno.
Con cierta pena afirmó, era obvio que el galo lo deseaba ese momento.
Estaba arrodillado Milo estaba sentado mientras entre sus piernas tenía al galo, las piernas del peli agua pasaban hacia los costados del heleno, el agua era tibia, que le parecía lo mejor, Camus sentía el sexo del heleno cerca de su entrada, más le provocaba cierta desesperación, nervios, ansiedad.
Los besos del heleno habían posado en su cuello, mientras sus manos recorrían por debajo del agua aquel cuerpo, seguía recorriendo lentamente, mientras sentía cada sensación de su cuerpo, sus labios subieron hasta los labios del galo quien parecía estar agitado, un beso se hizo de esperar logrando llenar las ganas de heleno y del galo, pero el beso fue en aumento, sus lenguas habían cruzado camino, sintiendo con recelo todo aquella sensación de satisfacción, Milo había dirigido su mano hacia la entrada dando pequeñas caricias y haciendo al galo separarse en un pequeño grito.
–Tranquilo, sé que te gusta –dijo para volver a besarlo.
Continúa jugando con las intimidades del galo, tocando su miembro y jugando con su entrada, le hacía tan extraño al galo, sus pequeños gritos y suspiros volvían loco al heleno.
–¡Ahh…! ¡Milo! –suspiro jadeante.
–Sí, Camus –sonrió con lujuria –Dime que quieres más –dijo mientras besaba y mordía los hombros del galo.
–Milo… más... –suplico entre suspiros.
Aquello había sido una especie de orden, introdujo un dedo en su entrada, tensando el cuerpo del galo. Los besos de Milo no cesaban y las lágrimas de Camus aumentaban.
–Mi Camus… estás estrecho, te hacía falta, estarás placentero, suplicarás porque te dé mucho más –hablo con lujuria.
–¡Ahh! –gimió un poco más fuerte –Mi… Milo… –suspiró.
Milo siguió sacando y adentraba una vez más su dedo, pronto introdujo otro quien con ayuda de aquello lo hacía parecer tijeras. Los enormes suspiros del galo eran satisfacción para el heleno, era una manera de subir su enorme ego.
Milo se puso de pie, sostenían al galo quien respiraba agitado, las piernas de este se habían enrollado en la cadera del heleno y se aferraba desde su cuello, pequeñas lagrimillas se mostraban en el peli agua.
Sus cuerpos húmedos y la sensación de continuar no cesaban.
Los labios del heleno buscaban con desespero la piel del galo, la parte del cuello había sido lo más cercano, abrió la puerta de una patada y se encamino a la enorme cómoda, lo recostó, al pronto comenzó a besarlo, de los labios Camus había quedado recostado sus manos bajaron y sus piernas liberaron a Milo.
Milo se alejó, una vez más veía al galo, su cuerpo blanquecino, sus pezones rosados y en su rostro, un toque de lujuria, sus ojos entrecerrados, un sonrojo notorio y su respiración agitada. Todo era hermoso ante los ojos del heleno.
La noche sería larga y eso lo sabía.
