- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
More than us
Capitulo XI
"Familia"
El matrimonio que habitaba aquella gran casona se encontraba en un rincón del dojo en donde se seguía desarrollando la celebración por la boda de su hija menor. Él mantenía a su esposa rodeada con uno de sus brazos y ella permanecía con su cabeza recostada en el hombro de su esposo. En silencio, simplemente observaban a todas esas personas que se movían por el gran salón de entrenamiento.
Muchos de quienes se encontraban allí eran familia, otros eran amigos o conocidos, sin embargo, la gran mayoría de las personas que habían sido invitados a esa celebración compartían uno o muchos recuerdos con el matrimonio que les observaba a todos en silencio.
En un rincón, sentados uno al lado del otro se encontraban los padres de Ranma. Ya con bastantes señales del paso del tiempo, Nodoka Saotome seguía manteniendo ese porte elegante y distinguido con el que se había presentado hacía tantos años buscando a su hijo. En la distinguida mujer sólo se apreciaban cambios físicos, siendo los más notorios en sus cabellos que ahora se veían totalmente blancos y las profundas líneas de expresión que se marcaban en su rostro siempre sereno.
A su lado, Genma Saotome se veía bastante envejecido y cansado, siempre conservando el gran tamaño de su anatomía que sin embargo, se notaba muy desgastada por el paso de los años y la poca constancia que había mantenido con sus entrenamientos que en otra época lo habían hecho convertirse en un buen exponente de las artes marciales.
Conversando animadamente con ellos dos se divisaba a la hermana mayor de Akane junto a su esposo. Ambos se veían muy contentos y animados, seguramente contándoles a los señores Saotome de los logros de su hijo menor Toshio, quien había decidido seguir el camino de su padre y se había convertido en un excelente y prestigioso médico transformándose así en el orgullo de Tofu. Su hija mayor, Kahori, otrora entusiasta practicante de las artes marciales, había desistido de seguir por ese camino al entrar en la adolescencia y se había interesado sin que nadie se lo inculcara en otro tipo de arte; el arte culinario corría por las venas de la hija mayor de Kasumi, y, aunque nadie lo dijera, todos sabían que esa pasión y buena sazón que ostentaba Kahori la había heredado de su madre, por lo que nadie se había extrañado cuando la chica había querido profesionalizarse y con ello, abrir su propio restaurante. Ahora Kahori era la chef y dueña junto a su esposo de un renombrado y reconocido restaurante en el centro de Tokio y estaban prontos a inaugurar una sucursal en Yokohama. Sí, la vida había premiado al matrimonio compuesto por la servicial Kasumi y el amable doctor Tofu, quienes tanto y tantas veces habían ayudado a Ranma y Akane durante todo ese tiempo.
En otro rincón del dojo se podía observar a una siempre altiva Nabiki tomada del brazo de su esposo Akio, quienes reían a carcajadas por algo que les había dicho uno de sus hijos gemelos, quienes también reían estruendosamente. La mediana de las hermanas Tendo se sentía orgullosa de sus tres hijos varones y lo pregonaba a quien quisiera escucharla. Junto a su esposo seguía trabajando en la dirección de la empresa de su cuñado, puesto con el que se sentía muy a gusto desde que Ranma se lo hubiera ofertado años atrás, además, era socia a partes iguales en la empresa de venta de juegos y productos infantojuveniles que habían formado sus hijos gemelos Shintaro y Haruki. Al principio, ella no había estado muy de acuerdo en que sus hijos se asociaran para constituir una empresa que a sus ojos no les traería muchas ganancias, sin embargo, cuando ambos se habían graduado de la universidad y habían comenzado a desplegar su idea, ellos le habían demostrado a su madre que su idea era buena, logrando que en poco tiempo su pequeña empresa prosperara, Haruki había demostrado ser muy parecido a su madre si de asuntos de negocios se trataba y Shintaro era un experto en marketing, por lo que no les costó demasiado sacar adelante su proyecto, fue entonces cuando Nabiki se asoció con ellos y la pequeña empresa comenzó a crecer hasta posicionarse en el mercado tanto de Japón como en algunos países de la región. Al contrario de sus hermanos mayores, Akito, el hijo menor de Nabiki, siempre había demostrado ser bastante retraído y desde pequeño no mostraba un interés por ese mundo de negocios en el que se sentían tan cómodos el resto de su familia, así que cuando estuvo en edad de ingresar a la universidad, optó por una carrera que le dejara desarrollar el lado ambientalista que siempre le había llamado la atención. Se transformó en científico y no fue sorpresa para nadie cuando el menor de los hijos de Nabiki comunicó que se uniría a un grupo formado por profesionales de distintas naciones que se dedicaban a estudiar los cambios en selvas, desiertos y mares entre otros, por distintas partes del mundo, por eso, ese día en que se esperaba que Akito estuviera presente en la boda de su prima, él había enviado un sentido mensaje a la novia y su familia, indicando que le sería imposible llegar a tiempo pues se encontraba en territorio antártico, en una base militar realizando estudios sobre el calentamiento del océano, los contaminantes en territorio antártico y la aparición de virus en las aves, entre otras muchas cosas, así que las felicitaciones fueron a distancia, con mucha interferencia de por medio y con la promesa que en cuanto volviera a pisar territorio Japonés, harían una gran celebración familiar.
Las risas en otro sector del dojo llamaron la atención de varios de los allí presentes sólo para mostrar a una azorada, pero alegre Ukyo, acompañada por una sorprendida mujer china tratando de apartar a uno de sus nietos de unos cinco años, de otro pequeño que aparentaba tener la misma edad del otro niño, mientras Mousse intentaba quitarle sus anteojos a un bebé que tenía en brazos. Lo cierto es que después de que Ukyo hubiera vuelto a reaparecer en la vida de Ranma y Akane, éstos se habían hecho muy cercanos y el matrimonio compuesto por Shaomei y Mousse también habían establecido lazos de amistad con la antigua cocinera de okonomiyakis, por eso ahora estaban los tres compartiendo juntos en esa celebración importante para el matrimonio Saotome-Tendo. Cuando Akane había querido retomar una amistad extinta con Ukyo, nunca había imaginado lo importante que sería una para la otra durante el transcurso de sus vidas; Ukyo había recibido todo el apoyo de Akane cuando había tomado la difícil decisión de divorciarse de su esposo hacía unos seis años atrás; a pesar que el ex esposo de la cocinera se notaba un buen hombre, eso no había evitado los problemas cada vez más serios en una relación desgastada y fue la propia Ukyo quien tomó la decisión de cortar todo de raíz; los problemas de convivencia no se solucionaban y estos habían ido mermando cada vez más el cariño entre la pareja, así que, para evitar el terminar odiándose, ellos habían optado por separarse. Los dos hijos de Ukyo ya estaban haciendo su propio camino para cuando la ruptura se produjo y apoyaron a su madre en el difícil quiebre. Ahora, ambos con sus vidas resueltas profesionalmente, se dedicaban a sus respectivas familias; el hijo menor de la cocinera mantenía una relación estable con un joven al cual ella adoraba por lo feliz que hacía a su hijo, mientras que su hijo mayor se había casado y tenía un pequeño de cinco años que había acompañado a su abuela al matrimonio de Akemi, quien ahora era el centro de atención junto al nieto mayor de Mousse, ya que ambos niños se habían puesto a pelear por ver quién se comía un trozo de pastel, derivando esa pelea en el juego de embetunarse mutuamente con la crema del maltrecho pastel.
Entre Shaomei y Ukyo terminaron por separar a los niños justo cuando el hijo del matrimonio chino llegaba al lugar junto a su hermana, su esposa y su hijo menor. Jian se había convertido en un afectuoso padre de familia y se dedicaba a enseñar con pasión las artes marciales desempeñándose como maestro en el dojo Tendo, actividad que complementaba también apoyando a sus padres en el manejo del restaurante tanto en la administración como en el servicio junto a su hermana, así, el matrimonio compuesto por Mousse y Shaomei, y después de haber librado un difícil momento en el pasado, habían superado todos sus problemas y habían conseguido convertirse en una gran familia que se ayudaba en todo momento.
El matrimonio dueño de la casona fue alertado cuando escucharon la característica y poco recatada risotada que escapó de labios de su hijo Ryûma, quien se encontraba junto a sus dos hermanos y el ahora esposo de su hermana menor. Ambos sonrieron al ver esa escena tan familiar para ellos ya que desde que eran pequeños, sus tres hijos habían sido muy unidos entre ellos y esa unión la conservaban hasta ahora.
Kazuma, el mayor, había sido el único que había seguido el legado de sus padres, transformándose en un gran exponente de las artes marciales, por lo que se había encargado casi por completo tanto de la administración del dojo como de los gimnasios que Ranma había implementado a petición de su padre antes de su reencuentro con Akane. Así, Kazuma era feliz desempeñándose con maestría en lo que siempre había sido su pasión ya que Ranma poco a poco iba dejando que su hijo tomara más protagonismo, sobre todo cuando su hijo había querido formar su propia familia. El joven llevaba poco más de un año casado con una linda chica que había conocido en una competición; la muchacha había sido presentada a la familia ganándose rápidamente el afecto de todos, por lo que cuando Kazuma decidió casarse con ella, todo fue alegría tanto para sus padres como para el resto de la familia, así que el joven matrimonio se instaló en una acogedora casita no muy lejos del dojo Tendo y desde allí, Kazuma y su esposa repartían su tiempo entre el dojo y los gimnasios, puesto que la muchacha ayudaba a su esposo en la administración de los últimos.
Ryûma, el más indómito de los tres hermanos había optado por dedicarse a la empresa de su padre, por lo que cuando se había graduado de la universidad, se había trasladado a un apartamento cercano a las oficinas centrales de la empresa y había comenzado a trabajar codo a codo con Nabiki en la dirección de la Black Ryu Company, demostrando ser tan bueno con los números como su tía. El joven se diferenciaba de su hermano mayor no solo en el físico, sino también en su comportamiento ya que para nadie era un secreto que Ryûma siempre había sido más rebelde e independiente que su hermano mayor, siendo el primero en independizarse totalmente de sus padres y cambiando frecuentemente de pareja, por lo que su familia jamás había conocido a una novia con la que permaneciera más de cuatro meses. No era que el muchacho fuese un Don Juan, simplemente él se defendía diciendo que su encanto era natural y que las chicas lo seguían sin él proponérselo, por lo que él simplemente disfrutaba de su soltería y no pensaba comprometerse con nadie hasta no sentir que fuera con la persona y momento indicado. Nabiki constantemente bromeaba cuando hablaba con su hermana y cuñado al decirles que su hijo del medio, además de haber heredado el intelecto de su tía, al parecer había sacado ese encanto natural que poseían sus padres para atraer casi sin proponérselo al sexo opuesto y que, a diferencia de sus padres, Ryûma sí sabía aprovechar.
Finalmente, Akemi resultó ser muy parecida a la propia Akane, no tan sólo físicamente, sino también en el difícil carácter y también en su bondad, por lo que la chica había optado por dedicarse al rubro de la enseñanza, convirtiéndose en una querida maestra de primaria ya que desde que era una adolescente había demostrado una afinidad casi innata con los niños. Fue así como la chica comenzó a trabajar en un establecimiento cercano al hogar de sus padres, en donde había conocido hacía dos años a quien se transformaría primero en su novio y posteriormente en su esposo; el hijo del director del establecimiento en el que trabajaba Akemi había llegado un día para hacerse cargo de la dirección del lugar ya que su padre se encontraba enfermo y le habían prohibido seguir desempeñándose en el cargo. Los jóvenes no habían congeniado de inmediato y Akemi llegaba prácticamente todos los días a su casa quejándose por alguna cosa que le había molestado de su nuevo jefe; su madre, conocedora de relaciones de amor y odio, siempre la confortaba y le dedicaba una sonrisa de complicidad, hasta que un día se decidió a hablarle abiertamente de la mayoría de los problemas y situaciones que ella misma había tenido que enfrentar cuando había conocido a Ranma, diciéndole que tal vez la animadversión que sentían ambos se debía a una secreta atracción. Para su hija resultó revelador el enterarse de la cantidad de problemas e inconvenientes que habían sorteado sus padres antes de consolidarse como una pareja estable, pero realmente no creía que su caso fuese similar… hasta que un día tuvo que reconocer que su madre tenía razón y que estaba completamente enamorada del antipático y engreído director. Grata fue la sorpresa de su madre cuando ella le confesó que había decidido darle una oportunidad a esa extraña relación y más grata fue cuando meses después, Akemi presentó al muchacho como su novio formalmente ante toda la familia.
Ahora se encontraban todos allí reunidos, celebrando esa unión y todo era felicidad.
-¿Quieres que vaya a buscarte algo de beber? –preguntó Ranma al lado de su esposa.
-No, estoy bien así –contestó ella acercando aún más su cabeza al cuerpo de su esposo-. Ella se ve hermosa en ese vestido occidental.
-Todavía no entiendo cuál es el afán de casarse en una ceremonia tradicional para luego cambiarse de atuendo y lucir un vestido occidental.
-Supongo que es importante para las novias –dijo Akane sonriendo ante el comentario de su esposo ya que ella tampoco le encontraba mucha lógica al asunto-. Quieren cumplir con la tradición, pero también quieren lucir un vestido de princesa de cuento de hadas.
-Tú no lo hiciste –acotó él volteando para ver a su esposa a los ojos-, y te veías más hermosa que una princesa de cuento.
-Eres un adulador.
-Sólo digo la verdad.
Ambos se perdieron en la mirada del otro hasta que una voz dulce se dejó escuchar claramente por los altoparlantes que hasta aquel momento sólo habían emitido melodías suaves.
-Hola a todos… de nuevo –rio la muchacha suavemente-. Quiero pedir su atención un momento, por favor.
Todos observaron a la dulce chica de largos y azulados cabellos vestida con un hermoso y espumoso vestido de novia estilo occidental que se encontraba sosteniendo un micrófono al centro del dojo en donde se estaba desarrollando la celebración de su propia boda.
-Tanto yo como mi esposo Touji, aquí a mi lado, así como nuestras familias, estamos muy contentos de que todos ustedes nos estén acompañando durante este día tan importante para mí y mi esposo. Es por eso que queríamos agradecerles el que se encuentren todos aquí.
Los aplausos de los asistentes al escuchar las palabras expresadas por la muchacha no se hicieron esperar y luego de que los últimos entusiastas dejaron de aplaudir, ella se aclaró la garganta y siguió hablando con alegría en el tono de su voz.
-Muchos de ustedes nos han preguntado si bailaremos el típico vals que se aprecia en las películas extranjeras, y creo que por mi vestido intuyen que algo así suceda. También creo que nos hemos tardado mucho en realizar esa acción, pero, la mayoría de ustedes sabe que nuestra familia es bastante singular y pues, generalmente no seguimos las reglas… menos las protocolares –se interrumpió y rio bajito para luego enfocar su mirada en donde estaban sus padres-. Bueno, quiero decirles que con mi esposo decidimos no hacerlo… ¡aunque sí tendremos baile, no se preocupen! –se interrumpió nuevamente esta vez por la algarabía que armaron los más jóvenes-. Lo que pasa es que… nosotros no queremos ser la pareja que comience este baile de celebración –negó la chica tomando de la mano a su esposo y acercándose lentamente hacia donde se encontraban sus padres.
El joven sonrió al ver la sorpresa que reflejaban en su rostro los padres de su esposa y al llegar a su lado, les dedicó una breve reverencia antes de tomar el micrófono que le ofrecía su esposa para comenzar a hablar.
-Quienes me conocen y también conocen mi historia, saben que perdí a mi madre cuando era un chiquillo de catorce años. Desde entonces fui criado por mi padre, pero también saben que él me dejó hace poco más de un año y para qué negarlo, fue un duro golpe –el joven carraspeó para aclararse la garganta y su esposa ejerció mayor presión en su mano-. Por suerte, el destino me premió al permitirme conocer a esta hermosa mujer que se convirtió en mi esposa y a través de ella, me obsequió una nueva familia y es por eso por lo que en este momento quiero dar las gracias a los padres de Akemi, porque me han adoptado en su propia familia y me han tratado como a un hijo más -dijo observando con agradecimiento hacia los padres de su esposa-. La tradición dice que cuando una joven se casa, son los padres del esposo los que la acogen en su familia y la convierten en su hija, en mi caso, agradezco el que sea el maravilloso matrimonio aquí a mi lado el que me acoja a mí como su hijo. Gracias por todo el apoyo y cariño que me han brindado desde que supieron que salía con su hija, señor y señora Saotome.
Akane sonrió afectuosamente y Ranma hizo el intento de responderle al joven, pero fue su hija quien volvió a tomar el micrófono y haciendo un gesto con una de sus manos para que los invitados dejaran de aplaudir, continuó hablando.
-Mis hermanos y yo hemos crecido escuchando la complicada pero linda historia de amor de nuestros padres -dijo buscando con la mirada a sus hermanos quienes asintieron esbozando una sonrisa-. Y entre los muchos episodios que ellos nos han contado, existe uno que me gustaría compartir con ustedes para que entiendan porqué hemos hablado tanto y, además, hemos tardado en comenzar el baile.
Los murmullos y sonrisas cómplices no se hicieron esperar entre los asistentes que conocían de cerca la historia de encuentro, desencuentro y vuelta a encontrar entre los padres de la joven novia, sin embargo, sus padres palidecieron y se buscaron con la mirada temiendo que su hija contara algo que resultara inapropiado y comprometedor. No tan sólo la familia y los amigos cercanos estaban allí, había familiares del novio, personas de su trabajo, amigos que solamente conocían a los novios y algunas otras personas que habían sido invitadas por sus compromisos ya fuera con el dojo o los gimnasios. Su hija simplemente no podía contar una anécdota que los expusiera a una situación embarazosa ¿o sí?
El matrimonio permaneció observándose fijamente por un momento y ella pudo ver la sorpresa reflejada en el rostro de su esposo, mientras él pudo vislumbrar la preocupación y angustia en el rostro de su esposa, por lo que él le dio un leve apretón a su mano cuando escuchó que su hija volvía a hablar.
-Cuando estábamos preparando nuestra boda y surgió el tema del baile de los novios, comencé a preocuparme porque ni yo ni Touji podríamos bailar algo remotamente parecido a un vals, que es lo tradicional en otras partes del mundo, pero luego me acordé de una conversación que tuve con mamá hace tiempo y encontré la solución a ese problema. Recuerdo que un día, siendo una adolescente, le pregunté a mamá cómo había sido su primer beso con papá, y ella me respondió que en realidad habían sido dos primeros besos -la joven se interrumpió sonriéndole a su madre quien se encontraba totalmente sonrojada-. El primero de sus "primeros besos" fue cuando ambos tenían dieciséis años, pero me dijo que ese no cuenta porque… digamos que fue bajo circunstancias que no es prudente mencionar -rio bajito al recordar que su madre le había dicho que su padre la había besado creyéndose un gato y que, por ende, él no recordaba ese momento-. Pero su segundo "primer beso" fue en Hong-Kong, en la pista de baile de un reconocido restaurante y bajo los acordes de una bella melodía. Yo creo que fue allí cuando comenzó la segunda parte de la historia de amor de mis padres y es por eso que queremos que sean ellos los que comiencen el baile, al compás de la misma canción que les ayudó a reencontrarse y volver a amarse, así que, papá y mamá, pueden dirigirse al centro del salón.
-Akemi, esto no es una buena idea -dijo Akane tratando de evadir ese momento-. Son ustedes los novios y nosotros…
-Por favor, mamá -le interrumpió su hija-, hazlo por mí. Sé toda la historia de esa canción, sé lo que vino después, todas las dificultades que tuvieron que afrontar después porque tú misma me lo contaste y yo… necesito verlos tan unidos como siempre, necesito reafirmar que todos los problemas se pueden afrontar si existe amor. Es sólo un baile.
-Pero, yo no sé bailar…
-Yo tampoco sé bailar -dijo Ranma quien hasta ese momento había permanecido en silencio-, y sin embargo, creo que es bastante simple -terminó de susurrarle a su esposa para luego extenderle su mano y comenzar a avanzar.
-Ranma -musitó su esposa sonriendo tenuemente ya que las palabras de él la habían transportado justo a recordar ese momento que habían vivido en la isla de Hong-Kong cuando ella recién se estaba arriesgando a darle una segunda oportunidad al amor que había nacido entre ambos cuando eran unos adolescentes.
Cuando el matrimonio se encontró al centro del salón y comenzaron a escucharse los primeros acordes de la melodía, ellos parecieron abstraerse del mundo que los rodeaba. No veían a nadie a su alrededor, no escuchaban los murmullos de sus cercanos, simplemente parecía que habían ingresado a un mundo paralelo en donde existían sólo ellos dos, moviéndose suavemente al ritmo cadencioso de la canción, perdidos en la mirada del otro. De pronto, ella escondió su rostro en el hombro de él y soltó una breve risa que hizo sonreír a su esposo.
-¿Qué es tan gracioso? –preguntó intrigado.
-Recordé que lo primero que dijiste durante ese baile fue que extrañabas mi aroma.
-Bueno, tenía que romper de alguna forma ese escudo de hielo que tú construías cada vez que yo trataba de acercarme a ti, además, esa noche estaba muy nervioso y quería jugarme mi oportunidad.
-Lo hiciste… pero el resultado no fue lo que esperabas ¿no?
-No, porque me comporté como un idiota –reconoció.
-Vaya –dijo ella buscando la mirada de su esposo-. No me esperaba que admitieras eso después de tantos años.
-¿Y tú? –contestó acariciando con una de sus manos los cortos cabellos de su esposa-. ¿Admitirás que cada vez que yo trataba de acercarme a ti, tú huías y construías esa barrera que no me dejaba avanzar?
-Tenía miedo y muchas dudas, y también… desconfiaba de ti –confesó descansando su mejilla en el pecho de su esposo-, pero esa noche realmente quería que todo funcionara, quería darle una oportunidad a esos sentimientos que habían renacido con fuerza…
-Pero yo lo arruiné –le interrumpió.
-Desde que nos conocimos, ambos arruinamos muchos momentos que pudieron ser hermosos y significativos. Lo importante es que al final, yo vencí mis temores y tú no te diste por vencido conmigo.
-Estuve a punto de darme por vencido, pero te las ingeniaste para evitarlo justo a tiempo –dijo él buscando la mirada de su esposa-, y déjame decirte que no ha sido nada fácil amarte –comentó con una sonrisa en sus labios cuando pudo observar el divertido mohín de enfado en el rostro de Akane-, pero ya te he dicho muchas veces que no amarte sería imposible –ella sonrió y subió su mano hasta posarla en la mejilla de su esposo.
-Cuando te conocí, nunca se me hubiera pasado por la cabeza que ese chico arrogante e insolente pudiera llegar a sentir cariño por alguien como yo.
-Lo mismo digo, luego de presentarme en mi forma masculina, nunca hubiera imaginado que esa chica violenta y testaruda pudiera llegar a sentir algo que no fuera antipatía por alguien como yo, y sin embargo, aquí estamos ahora.
-Siempre juntos.
-Y queriéndonos hasta la eternidad.
Hubieran seguido hablando y bailando inmersos en su propio mundo, pero alguien se acercó a ellos y pareció romper la burbuja en la que se encontraban, logrando que ambos se sobresaltaran al escuchar la dulce voz de su hija. Ninguno de los dos se había percatado que además de ellos, había otras parejas que se les habían unido en la improvisada pista de baile en la que se había convertido el salón de entrenamiento, por lo que los novios, quienes habían sido los primeros en acompañar a sus padres en ese baile, quisieron intercambiar pareja.
-¿Me dejarías terminar este baile con papá? –preguntó Akemi a su madre.
-Por supuesto, hija –contestó ella separándose de su esposo para dejarse guiar ahora por su yerno.
Ranma le sonrió a su hija y comenzó a moverse junto a ella, conversando de cosas triviales mientras de vez en cuando enfocaba la mirada en el rostro risueño y animado de su esposa quien conversaba bailando con el que se había convertido en el esposo de su cara de bebé; volvió a sonreír, ¿desde cuándo se refería a su hija menor con ese apodo cariñoso?, la verdad no lo recordaba, lo que sí recordaba es que al tiempo que su hija iba creciendo y que todos quienes rodeaban a su familia coincidían en lo parecidas que eran su hija y su esposa, él había decidido referirse a la niña con aquel apodo. Él nunca lo había reconocido y seguramente no lo reconocería jamás porque le gustaba esa especie de juego que tenían con su esposa, pero en honor a la verdad, para él, Akane era su verdadera "cara de bebé" y quizá, si la hubiese conocido en otras circunstancias, él le hubiera dedicado ese apodo en lugar de su ya reconocido y patentado "marimacho" con el que seguía nombrándola de vez en cuando.
Los aplausos de quienes se encontraban viendo a las parejas desplazarse por el centro del salón se dejaron escuchar cuando la melodía finalmente acabó, y de inmediato se escuchó una voz femenina por sobre todo el barullo de los demás.
-¡Debemos inmortalizar este momento con una fotografía familiar! Primero con la familia de la novia y luego con la familia del novio.
Nabiki tomó el brazo de cada uno de sus hijos gemelos y los arrastró al centro del dojo mientras vociferaba al resto de la familia para que se acercaran también. Lentamente, se fue formando un grupo que comenzó a rodear a los novios y Nabiki comenzó a distribuirlos a todos como le pareció más adecuado.
-Espero que estés pensando en tomar una inocente fotografía familiar y no en sacar ventaja de ella de después –comentó Ranma a su cuñada mientras era arrastrado a tomar ubicación en el centro del grupo, posicionándose entre su hija y su esposa.
-¿Yo? –contestó Nabiki alargando la sílaba-. Qué mala impresión tienes de mí, Ranma.
-Pero si tú misma te forjaste ese concepto cuando vendías fotos y videos nuestros.
-Era una adolescente queriendo hacer un poco de dinero para mis gastos y los de mi familia, eso te incluye porque vivías con nosotros, así que no te quejes. Por lo demás, creo que nadie querría comprar este tipo de fotografía, ¿o conoces a alguna interesada y no lo sabemos?
-No, Nabiki –contestó Ranma mirando de soslayo a su esposa-, no conozco a ninguna interesada además de tu hermana.
-Me parece bien –acotó Nabiki sonriendo socarronamente mientras empujaba al hijo mayor del matrimonio Saotome para que posara al lado de su padre-. Tú ponte aquí junto a tu esposa, Kazuma, después de todo, eres igual a tu padre, ¡hasta en esa odiosa trenza te pareces a él!, ¿Qué no se te ha pasado por la cabeza algún día cortártela?
-Aunque no lo creas estoy pensando en hacerlo, tía Nabiki –contestó el muchacho-, fue sugerencia de mi esposa.
-¡Gracias a todos los dioses! Qué buen gusto tienes Masako, no cómo el de mi hermana.
-¡Hey Nabiki, qué te pasa!, no tiene nada de malo que me guste el cabello largo de mi esposo –dijo Akane.
-Hermanita, desde que tenías dieciséis años a ti te gusta hasta la última célula de tu esposo–contestó de forma burlona, sacándole una sonrisa a sus sobrinos y logrando que su hermana enrojeciera con el comentario-. Ryûma, tú ponte al lado de tu hermana, pero antes, necesito que me ayudes a traer dos sillas y las acomodes aquí para que tus abuelos puedan sentarse delante de tu hermana y tu cuñado –indicó haciéndose un poco hacia atrás para apreciar el cuadro que se estaba formando-. Kasumi, tú y tu familia distribúyanse del lado de Ranma; Akio, Shintaro y Haruki, ustedes hagan lo mismo pero del lado de Akane y guárdenme un lugar.
-Por un momento pensé que tú misma tomarías la fotografía, Nabiki –comentó Kasumi acercándose tomada del brazo de Tofu.
-No, no, mis tiempos de fotógrafa oficial de esta familia quedaron muy atrás.
-Quizá porque ya no puedes lucrar con las fotos –comentó Ranma haciendo reír a su esposa.
-¡Te escuché! –acusó Nabiki-, si sigues insistiendo, entonces sí veré la forma de tomarte un par de fotografías que pueda vender, y no, no estoy bromeando –le amenazó-. Ahora, faltan nuestros amigos –continuó suavizando el tono de su voz-. Shaomei y Mousse, ustedes, sus hijos y nietos de este lado, por favor. No, no, Jian, si pones a tu hijo de ese lado estarás ocultando la mitad de tu padre, muévete un poco a tu izquierda. Ahora, Ukyo, tú, tu nieto y los amigos de Akemi, ¿podrían ponerse de este lado? Eso es, creo que ahora sí estamos listos.
-Son muchas personas –dijo el fotógrafo contrariado.
-Sí, y tú eres un profesional, así que haz tu trabajo y regálanos una linda imagen, que yo ya te ayudé bastante al organizarnos –le regañó dirigiéndose a ocupar su lugar al lado de su esposo y de sus hijos.
-Ojalá Akito estuviera aquí también –se lamentó Akemi dirigiéndole una mirada triste a su tía.
-Estará, no te preocupes –contestó Nabiki sonriendo de medio lado-. Cuando regrese de esa molesta expedición, lo obligaré a vestirse decentemente y lo incorporaremos a la fotografía, para eso existen los programas computacionales. Bien, ahora todos dejen de cuchichear y pongan su mejor pose.
-Sólo les pido que se junten un poco más –indicó el joven fotógrafo enfocando a la numerosa familia-. Así está bien. Ahora, sonrían.
El joven tomó varias fotografías de toda esa gran familia y cuando estuvo conforme con las imágenes captadas por su cámara, indicó que ya podían dispersarse. Nabiki se acercó de inmediato para observar el resultado de la toma y mostró su satisfacción desordenando los cabellos del joven al felicitarlo.
Ranma y Akane se apartaron rápidamente del lugar y se acercaron a las puertas abiertas del salón de entrenamiento para quedarse observando nuevamente a esa gran familia que los acompañaba en aquel momento. Todos, de una u otra forma, habían sido partícipes en algún momento de la relación que había formado la pareja, y todos, en mayor o menor grado, habían contribuido de alguna forma para que ellos después de tantos malos entendidos, desengaños y problemas, estuvieran allí de pie juntos, observando a ese variopinto grupo de personas que constituían su singular familia. Una gran familia que a sus dieciséis años nunca hubieran pensado llegar a tener.
-El fotógrafo tiene razón, son muchos –comentó Akane-. Todos muy distintos entre sí, pero forman parte de nuestra historia.
-Sí –afirmó su esposo pasando un brazo por los hombros de su esposa para atraerla hacia sí-. Quizá no lo saben, pero creo que de cierta forma cada uno de ellos colaboró para que nosotros nos acercáramos y lográramos cumplir nuestro sueño.
-Aunque al principio no fue así –sonrió Akane enfocando su mirada en Ukyo quien conversaba a un lado con Mousse, puesto que se estaba formando el otro grupo a fotografiarse-, sin embargo, creo que después de nuestro reencuentro, la mayoría de ellos ayudaron para que formáramos nuestra propia familia.
-Salvo por mi padre, tu hermana y Mousse en un principio, los demás se dieron cuenta que el lazo que nos unía es incluso más fuerte que el amor.
-Y no tuvieron más opción que aceptar y apoyarnos, y ya ves que el tiempo nos dio la razón. Aunque debo reconocer que cometí errores y…
-Ambos cometimos errores, Akane, y es muy probable que sigamos cometiendo errores. Creí que eso había quedado claro hace mucho tiempo atrás.
-Lo sé –reconoció ella volteándose para quedar frente a él y poder observarlo a los ojos-, pero el recordar que estuve a punto de perderte por segunda vez y nuevamente sólo por mi culpa, todavía me angustia… que hubiera pasado si nosotros no, si tú no…
-Eso no pasó y no pasará, Akane –le interrumpió acariciando la mejilla de su esposa al verla contener las lágrimas en sus ojos-. En ese jardín en Kumamoto hicimos la promesa de permanecer juntos para siempre, recuérdalo.
-Abrázame, Ranma –dijo ella con hilo de voz-. No me importa que todos nos vean, yo necesito que me abraces.
Su esposo no lo pensó demasiado y la envolvió en un fuerte abrazo; al sentir el cuerpo de su esposa temblar entre sus brazos se preocupó y bajó su rostro para quedar cerca de su oído y poder susurrarle.
-Akane, ¿qué ocurre?
-No lo sé –murmuró escondiendo su rostro en el pecho de su esposo-, siento que son demasiadas emociones, demasiados recuerdos… yo estoy muy feliz, Ranma, créeme que justo ahora me siento muy feliz, pero no sé por qué al verlos a todos, al ver a nuestros hijos… siento unas enormes ganas de llorar. Me estoy comportando como una tonta.
-No –rebatió Ranma acariciando los cabellos de ella-, lo que pasa es que simplemente te estás dando cuenta que el largo trayecto que hemos recorrido entre tantas dificultades para llegar hasta este punto ha valido la pena. Nuestros hijos han forjado su propio camino y cada uno es feliz con el rumbo que eligió. Hemos hecho las cosas bien, Akane, y es comprensible que las emociones te desborden ahora.
-Gracias, siempre sabes cómo contenerme –dijo levantando su rostro.
-Eso lo aprendí de ti –contestó-. Creo que finalmente sí aprendimos a querernos.
-Sí.
-¿Quieres que salgamos de aquí y busquemos un lugar más tranquilo?
-No –contestó negando con un suave movimiento de cabeza-. Todos se preocuparían y más de alguna armaría un escándalo al ver que desaparecimos –continuó sonriendo para indicar con su mentón a las cinco mujeres que se encontraban conversando muy cerca de ellos.
Ranma sonrió también al divisar a las dos hermanas de Akane y a su madre conversando con Ukyo y Shaomei.
-Entonces, ya no podré tomarte en mis brazos y escapar por los tejados para estar más tranquilos.
-Creo que ya no –sonrió-. Sólo quédate a mi lado, ¿sí?
-Siempre –contestó él regalándole una profunda mirada-. No imagino una vida sin ti a mi lado.
-Tampoco yo.
El matrimonio pareció ingresar nuevamente en una burbuja en donde existían sólo ellos, por lo que les costó percatarse que sus tres hijos se habían acercado a su lado. No fue hasta que Akemi tomó el brazo de su padre y Ryûma abrazó a su madre que ellos salieron de su ensimismamiento.
-Les dije que no los molestaran –indicó Kazuma un tanto avergonzado por el comportamiento de sus hermanos menores-, pero ya conocen a estos dos. Aunque ya estén bastante crecidos y sigan cumpliendo años, serán impertinentes y reclamarán su atención en cualquier momento.
-Habló el más maduro de los tres –se burló su hermana menor-. ¿No eras tú el que insistía en venir a ver qué pasaba con nuestros padres?
-Porque me preocupé por un segundo, pero no por eso quería interrumpir el momento de complicidad. Lo siento mamá y papá, estos dos siempre han sido incorregibles.
-¿Estás bien mamá? –preguntó Ryûma mirando a su madre con cariño.
-Sí, sólo es la emoción de ver a mi pequeña tan feliz. Verlos a ustedes tan grandes y realizados –contestó su madre sonriéndole a su hija quien le devolvió la sonrisa-. Hace muchos años atrás yo realmente creí que mi vida sería triste y gris, pero entonces me reencontré con su padre y aunque tuvimos muchos problemas, conseguimos lo que ambos queríamos y cuando ustedes comenzaron a formar parte de nuestras vidas, nuestra felicidad fue completa. Nuestra pequeña familia está creciendo y eso me tiene así, emocionada pero dichosa, es todo –terminó de decir acariciando la mano de Ryûma mientras tendía su brazo a Kazuma para que se acercara a su lado.
-¿Y tú, papá?, estás muy callado.
-Ustedes saben que desde que conocí a su madre y sus abuelos nos comprometieron, mi sueño fue formar una familia con ella aunque en esa época no tuviera las agallas para admitirlo. El camino fue difícil y con variadas interrupciones, pero cada uno de los pasos que tuve que dar para llegar hasta acá valió la pena. Mi recompensa fue una esposa a la que amo y amaré profundamente hasta la eternidad y unos hijos maravillosos que me han dado más alegrías que disgustos, así que, quizá no cumplí todos mis sueños o tal vez no en el tiempo y forma en que hubiera querido, pero el más grande e importante que tuve, ese sí se cumplió y con creces, así que estoy realmente satisfecho de la familia que formamos con su madre y feliz de que siga creciendo. No puedo estar más que agradecido de haber llegado a esta casona un día, porque me permitió conocer al amor de mi vida y permanecer a su lado, que siempre fue mi mayor anhelo.
-¡Ya, tortolitos! –se escuchó una voz femenina acercándose al grupo-. Todos sabemos lo mucho que se aman, las muchas dificultades que tuvieron y la hermosa familia con la que los recompensó la vida, pero, ¿es posible que comencemos con el baile de una buena vez?
-Nabiki –rezongó su hermana.
-¿Qué? –contestó alargando la frase-. Sabes que soy una de las que pensó que ustedes jamás durarían como pareja y me taparon la boca, lo reconozco… y esto es algo que no les había dicho antes y que diré por única vez, así que no esperen que se los repita –se interrumpió exhalando un suspiro-. Me alegra mucho que ustedes dos hayan luchado por permanecer juntos, me alegra mucho que hayan formado una familia, me siento orgullosa de ti, Akane, por la mujer y buena madre en la que te convertiste y te doy las gracias a ti, Ranma, por no rendirte y con ello, lograr que mi hermana sea feliz. Finalmente mi padre tenía razón, ustedes sí son el uno para el otro y espero que sigan disfrutando de su merecida felicidad por el resto de sus vidas junto a toda esta estrambótica familia que quiere seguir celebrando –sentenció quitándole importancia a lo que había dicho.
Ranma sonrió de medio lado y Akane no podía salir de su impresión pues si hacía memoria, eran muy pocas las veces que había escuchado a su hermana Nabiki dirigirle algunas palabras cariñosas y fue justamente cariño el que sintió que quería transmitirle su hermana mayor al decirle aquellas cosas.
-¡Qué esperan! –dijo Nabiki aplaudiendo un par de veces y recuperando su habitual imperturbabilidad-. La fotografía familiar del novio ya fue tomada y todos esperan a la novia para comenzar de una vez el baile que debió haber comenzado hace mucho pero como tenemos una familia tan singular, todos se dedicaron a comer, beber y conversar antes de divertirse.
-¿Me concederás el primer baile, tía Nabiki? –preguntó Ryûma ofreciéndole el brazo a la mujer para tratar de romper con todo el cúmulo de emociones que sabía embargaba a los adultos.
-Claro que sí, entre medianos nos entendemos –contestó haciendo alusión a su condición de segundos hermanos en un grupo de tres-. Vamos, aunque no sé si podamos movernos con libertad con estos atuendos –indicó observando con algo de molestia a su sobrina-. ¿Por qué tuviste que elegir una boda tradicional, Akemi? Pudiste casarte a la forma occidental como lo hizo tu hermano.
-Quería una boda como la que tuvieron mis padres, es todo.
-No sé para qué pregunté. En fin, comencemos con esto de una vez –dijo arrastrando a su sobrino hacia el centro del salón mientras se llevaba dos dedos de su mano a los labios para emitir un fuerte silbido que llamó la atención de todos-. Pon buena música, querido –indicó para comenzar a bailar con su sobrino.
-Vayan a bailar –les dijo Akane a sus dos hijos.
-¿Estarás bien, mamá? –preguntó su hijo mayor tomando del brazo a su hermana.
-Junto a tu padre siempre estaré bien, hijo, no te preocupes –sonrió recibiendo otra sonrisa de sus dos hijos como respuesta.
Al ver que se alejaban, Ranma volvió a abrazar a su esposa para acercarla hacia sí.
-Nunca pensé escuchar a Nabiki dándome las gracias por quererte.
-Eso confirma que en nuestra familia cualquier cosa puede pasar.
-¿Bailamos?
-Sí.
Ranma y Akane comenzaron a moverse suavemente al ritmo que indicaba la melodía y a su alrededor comenzaron a incorporarse el resto de los invitados. Había sido una tarde llena de recuerdos para el matrimonio y con cada recuerdo ellos habían logrado revivir cada dificultad, tristeza o alegría con la que habían logrado construir esa familia a la que amaban por sobre todas las cosas. Porque sí, se habían conocido muy jóvenes y ni siquiera habían congeniado, pero con el tiempo cada uno había comenzado a entender que mientras más tiempo pasaba, más se necesitaban, prueba de ello era que durante los años que habían estado separados, ninguno de los dos había conseguido olvidar al otro y mucho menos ser feliz, y cuando finalmente ocurrió ese afortunado reencuentro, ellos supieron prácticamente de inmediato lo que debían hacer para lograr su ansiada felicidad. Y fue difícil, sobre todo en un principio y principalmente para ella, sin embargo, habían logrado vencer todas las dificultades y permanecer juntos, porque habían esperado años para eso, porque habían hecho una promesa que ninguno de los dos estaba dispuesto a romper y porque simplemente juntos eran más que amor… simplemente más que ellos dos. Ese lejano día de invierno en el jardín Suizenji en la víspera de año nuevo, ellos habían pactado cuidar de su amor y permanecer juntos por siempre, así que el día de la boda de su hija, ellos simplemente habían decidido tácitamente renovar esa promesa y cumplirla hasta el fin de sus días y de ser posible, para toda la eternidad.
Notas finales:
1.- Hola, bueno, esto ya está llegando a su fin y no me queda más que un capítulo para compartirles que les comento, creo que será un poco emotivo, o al menos eso es lo que pretendo.
2.- Muchísimas gracias a quienes siguen comentando lo que escribo y especialmente a quienes me dejaron sus palabras en el capítulo anterior: a gatopicaro831, Benani0125, Adana Hibiki, Maria1235, Psicggg y Hikari, muchísimas gracias de todo corazón. Sin las palabras de los lectores, "He tenido suficiente (Closer)" y More than us" no hubieran sido nada más que un par de historias sin relevancia.
3.- Desde ya quiero comenzar a agradecer a todas/os quienes en algún momento han dedicado parte de su tiempo a leer esta historia que comencé hace tantos años. Desde entonces siempre me pregunté qué fue lo que gustó de este escrito y en verdad, hasta el día de hoy en que ya lo estoy terminando, no logro explicármelo, pues si soy sincera esto comenzó casi como el desafío personal de ver cuán meloso podía llegar a escribir y creo que quizás algunas veces se me pasó la mano con la miel y el azúcar, pero bueno, ya está. Para mí y mi autocritica, este escrito tiene bastantes errores; cosas que me hubiera gustado haber corregido, otras que me gustaría haber eliminado y algunas que me hubiera gustado incorporar, pero tengo como norma nunca corregir los capítulos una vez subidos… no sé, siento que el estar consciente de los errores que cometo al escribir me ayuda a tratar de no cometer nuevos, ya sea en trama, tiempos, caracterización de personajes, ortografía, etc. Así que, eso, no me queda más que confiar en que les haya gustado este capítulo y que les guste el epílogo (que más bien será un último capítulo porque está resultando ser bastante extenso).
Y nada, a quienes siguen acompañándome nos leemos en el último capítulo que muy, muy pronto estará arriba (sólo me queda darle una revisión final). Eso es una promesa.
Un abrazo y buena suerte!
Madame.
