7.3

Comenzaba el mes de marzo y tras las idas y venidas de los últimos meses a la mansión Malfoy empezaba a plantearse si no sería mejor irse a vivir directamente con él. Pero cuando entró en su casa, vio todo lo que habían avanzado en ella, lo acogedora y personal que había quedado finalmente, con los trastos de sus hijos esparcidos por todas partes, decidió que aún quería pasar allí un tiempo. A media mañana, la lechuza de los Malfoy llegó con un mensaje.

" Harry,

mis padres vendrán este fin de semana a pasarlo en la mansión. Así que tenemos que posponer la visita a la fábrica de chocolate.

¿Te gustaría venir a verles? Creo que sería un buen momento para hablarles de lo nuestro.

Espero tu respuesta.

D.M."

Harry se quedó mirando la carta ya sin leerla. Había olvidado ese trámite. Presentarse a los Malfoy oficialmente. Hubiera preferido entrar en el caldero de chocolate caliente. Sabía que era algo por lo que tarde o temprano tendría que pasar, pero si podía ser tarde, mejor.

"Siempre tarde, como todo contigo" dijo la voz de Draco en su cabeza.

Se rascó la cabeza nervioso. ¿Sería tan horrible como pensaba?

— ¡Claro que va a ser horrible!— Exclamó arrojando la carta arrugada al suelo. Ni siquiera siendo un crío de once años ese tipo había mostrado la más mínima piedad con él.

¿Les habría hablado Astoria de la infidelidad?

Paseó de un lado a otro de la cocina, empezaba a ponerse muy nervioso. ¡Ese hombre le cortaría los huevos a él! Y después a su hijo por haberse vuelto gay.

Decidido.

Recogió la carta del suelo, la estiró con la mano y empezó a escribir.

"Draco, me parece que es un poco pronto porque…"

— ¿Pronto?— Se preguntó en voz alta dejando de escribir.

Tenían 17 años cuando empezaron todo esto. Hacía siete años que se reencontraron y al menos cuatro que estaban tonteando de nuevo. Pasaba de los cuarenta años, por Merlín. Estaba siendo ridículo. Borró el mensaje.

"Si, Draco. Me parece buena idea."

Comenzó a enrollar el mensaje, pero lo volvió a leer, lo volvió a cerrar… Hasta que la lechuza, cansada de esperar, se acercó al mensaje, mientras él lo enrollaba por tercera vez con todas las dudas del mundo, lo cogió con el pico y se lo llevó.

— ¡Noooo! — Gritó por la ventana cuando el pajarraco se llevó la carta.

— ¿Papá? — Dijo James desde la puerta. — ¿Qué estás haciendo?

Harry volvió a meter el cuerpo que había sacado por la ventana y recuperando su dignidad se volvió hacia su hijo.

— ¿James? ¿Qué haces aquí?

— Terminé pronto el exámen y me vine a casa.

Harry arrugó el ceño, extrañado.

— ¿Y Stan?

Normalmente James esperaba a Stan después de los exámenes y luego se iban a hacer cualquier cosa antes que estar en casa.

— No sé, él terminó antes que yo y se fue a su casa.

Eso si que era raro.

— ¿Habéis discutido?

El gesto de desdén de James le dijo que si. — Ha sido él. Ultimamente está demasiado raro.

— Pasa y cuéntame — pidió Harry ofreciéndole u asiento y una taza de té.

— ¿Quieres cotillear?

— Quiero saber qué ha pasado para que discutáis después de que hayáis pasado juntos casi cada minuto de vuestras vidas desde que teníais once años. Llámalo cotillear si quieres.

A James le hizo gracia la lógica de su padre y su cara de expectación, Aceptó la taza y se sentó frente a él.

— ¿Recuerdas que salimos el fin de semana pasado? Pues ahí empezó a estar raro.

— ¿Por qué? ¿Pasó algo diferente?

— No sé, nada fuera de lo normal. Es decir, siempre pasa lo mismo. Vamos, bebemos, bailamos, encontramos a alguien, nos… Y nos vamos a casa. — Se detuvo y dio un sorbo de su té. Su padre le dio un tiempo para recomponer la historia. — El caso es que creí que él había triunfado porque le encontré en el baño, aseándose y con la cara colorada. Le felicité y me volví con la mía. Todo muy normal.

Una idea fugaz pasó por la mente de Harry.

— James, ¿alguna vez has visto a Stan con una chica?

James hizo memoria.

— Pues ahora que lo dices… Creo que no. ¿Pero eso qué importa? No es gay.— Anticipó James adivinando las intenciones de su padre.

— ¿Ah no? ¿Cómo lo sabes?

James se quedó sin respuesta clara.

— Papá, que la mitad de mi familia sea gay no significa que todo el mundo lo sea. No creo que sea eso lo que pasa. Creo que es porque he vuelto a ver a la chica de la otra noche y está molesto de que pase tiempo con alguien que no sea él.

Harry asintió como dándole la razón. — Y por supuesto esos celos no tienen nada que ver con que quiera tu atención por motivos románticos— puntualizó con ironía.

— Papá, conozco a Stan. Hemos pasado muchos años juntos, hemos dormido juntos, nos hemos duchado juntos, somos colegas… — James se detuvo. Por la cara de duda que puso, Harry vio que había empezado a atar cabos y sonrió. James le vio con las cejas en alto, sin decir nada pero diciéndolo todo.

— Cállate,papá! No me metas cosas raras en la cabeza o no podré volver a verle de la misma manera.

Con un gesto Harry se puso una cremallera en la boca.

— Me voy al gimnasio — dijo Jame levantándose con cierto tono de molestia en la voz.

Desde que salió de Hogwarts, James había empezado a hacer entrenamiento de fuerza para poder entrar a la Brigada de Aplicación de la Ley Mágica. La policía mágica en Reino Unido. Miró su espalda ancha, los músculos marcados bajo la tela elástica de la camiseta y los vaqueros desgastados colocados con dejadez en su cadera, dejando asomar la goma de su ropa interior. Si esto era lo que veía Stan cada día…

"Pobre Stan" pensó para sus adentros.


Los días hasta el fin de semana volaron. Ya era sábado por la mañana y él estaba frente al armario tratando de decidir qué ponerse.

¿Una túnica? Muy clásico, no iba con su personalidad.

¿Camisa y vaqueros? Parecería muy muggle y era casi el primer objetivo a evitar con los Malfoy.

¿Un traje? Visualizarían la boda y se sentirían incómodos.

¿Pantalón sencillo y un jersey? Ni que fuese de montería.

Lanzó el enésimo modelito al suelo y se sentó en la cama. En qué maldito momento habría aceptado aquella visita.

Cogió un pantalón negro sencillo, una camisa granate de seda y se colocó una túnica formal encima. La ropa solo les iba a dar más motivos para juzgarle y meterse con él, así que daba igual lo que se pusiera. El problema era lo que iba debajo de la ropa.

A media mañana se apareció frente a la mansión. Cruzó las puertas sin ayuda. Draco ya había configurado el hechizo protector para que le dejase acceder como familia. Cruzó el jardín y observó que estaba precioso lleno de flores que comenzaban a abrirse, los cerezos y almendros repartidos le daban un aspecto de ensueño al lugar.

Aunque podía entrar directamente, consideró correcto llamar a la puerta. Abrieron y vio a su chico con una cara de estrés que no podía con ella.

— ¿Va todo bien, Draco?

— Mas o menos, si. Pasa.

Entró al salón y vio a los señores Malfoy sentados en el mismos sofá en el que tantas veces se habían acostado juntos. Se mordió los labios por dentro.

La cara de sorpresa de los señores Malfoy iban de él a Draco y, y de Draco a él.

— ¿Draco? ¿Qué está pasando? ¿Ha habido algún revuelo con el Ministerio? ¿Has vuelto a hacer algo? — Preguntó Lucius muy confundido.

Pero Narcissa lo captó todo al vuelo y su gesto cambió drásticamente. Que siguiera vivo ahora mismo era en gran parte gracias a esa mujer, pero ella no parecía precisamente contenta de verle. Harry pasó, les saludó y se sentó en uno de los sofás. Draco se sentó junto a él.

— Padre, madre… Tenemos algo que contaros — dijo Draco agarrando la mano de Harry.

Narcissa no perdió la compostura y se mantuvo impasible pero Lucius les miró espantado, como si el mismísimo Voldemort hubiese aparecido frente a ellos de repente.

— Draco, espero que esto sea una broma de mal gusto — sugirió Lucius de malas formas.

Draco miró a Harry con una sonrisa extraña y forzada. Después negó con la cabeza.

— No, padre, no es ninguna broma. He rehecho mi vida, y él es el elegido.

Lucius puso los ojos en blanco y se llevó la mano a la frente con un fuerte suspiro.

— ¿No había más magos, Draco?! ¿No había suficientes magos homosexuales en el mundo disponibles para ti? Tuviste que irte a por Harry Potter. Ay, Merlín — parecía estar a punto de desvanecerse.

Una elfina le trajo a Lucius una toalla fría en una bandeja para que se recompusiera. Él la aceptó junto al vaso de agua. Miró a Narcissa, que les escrutaba con mirada serena. Harry empezó a sentirse mal y se levantó para ir al baño. Sabía que no les gustaría la noticia pero no esperaba ese desprecio por su parte. Escuchó de fondo a Draco levantar la voz.

— ¿Por qué no podéis al menos ser amables? ¿No os dais cuenta de que va a formar parte de la familia queráis o no?

— ¿Por qué, Draco? ¿Cuándo te volviste homosexual? — exclamaba su padre. — Encima con ÉL. No has podido elegir a cualquier otro mago de sangre pura.

— ¿Qué más dará su sangre? ¡No vamos a tener hijos entre nosotros, padre! — dijo recordando lo obvio.

— Claro que importa, Draco. Importa porque con esta unión heredará parte de nuestras riquezas. Esas riquezas que intentaron confiscarnos ellos mismos.

— ¡El habló en mi favor, por Merlín! ¡En nuestro favor! Sal ya de la edad de piedra y olvida el pasado.

La mente de Harry empezó a funcionar. Lucius estaba en contra de la sexualidad de su hijo, pero Narcissa no había dicho nada. No parecía sorprendida en absoluto. Salió del baño y volvió al salón. No se sentó, sino que se quedó de pie, apoyado en el respaldo del sofá detrás de Draco.

— Señora Malfoy, ¿sabe usted algo de unas cartas desaparecidas hace veinticinco años?

Ella se quedó en silencio y tras mantenerle la mirada miró a otro lado.

— No sé de qué me hablas.

Harry solo pudo asentir con disgusto.

— Ahí tienes mis cartas, Draco.

Draco miró a su madre. Lucius también.

— ¿Cartas? ¿De qué habláis? — preguntó Lucius nervioso.

Narcissa se miró las manos con los labios fruncidos.

— ¿Fuiste tú, mamá? ¿Interceptaste mi correo?

— Hice lo que debía hacer, Draco. Debía asegurarme de prolongar la estirpe de la familia Malfoy — dijo sin una gota de arrepentimiento.

Draco se levantó por impulso.

— ¡¿Cómo fuiste capaz?! Me viste sufrir durante meses, me sinceré contigo, ¡confié en ti! — exclamó Draco perdiendo un poco la compostura.

— ¿Si tu hijo fuese a arruinar su futuro por un impulso adolescente no habrías hecho lo mismo? — dijo la mujer, manteniendo el tono sereno.

— ¡Mamá, no era un impulso! Míranos, a pesar de todo el destino nos ha unido, no fue ningún desliz adolescente. ¡Íbamos a estar juntos igualmente!

— Si, pero ahora ya has cumplido con tus deberes, has traído la descendencia que debías. De ahora en adelante la responsabilidad para con la familia recae sobre ti. Queda en tus manos — dijo haciendo una referencia clara a su propio nieto.

A Harry le vino Scorpius a la mente. Sus hijos estaban juntos pero no tendrían hijos juntos. ¿Era responsabilidad de Draco ahora que el chico continuara el linaje? Eso significaba que Scorpius estaba obligado a tener descendencia de sangre pura con una mujer. No tendría valor para hacerle eso a Scorpius.

¿Verdad?

Miró a Draco, que afortunadamente tuvo suficiente autocontrol para no continuar con esa conversación y terminar diciendo algo inapropiado.

Sin embargo, Narcissa había aceptado que Draco había cumplido su deber y que ya podía tomar sus propias decisiones. ¿Eso significaba que de alguna manera retorcida toleraba la unión? Ya era más de lo que el propio Lucius estaba dispuesto a aceptar y de lo que él mismo había esperado al principio.

Uno de los dos lo aceptaba, eso significaba que la mitad de los progenitores de su pareja estaba de acuerdo. Serviría.

El día fue pasando con sus altibajos. Hablaron de sus trabajos, de sus hijos, principalmente de Scorpius que era el que les importaba. Draco aprovechó para contarles que iría junto a Albus a estudiar a Uganda. A Lucius le gustó la idea, pero Narcissa parecía sospechar algo, lo veía en su mirada, pero no dijo nada más. Por la tarde consiguió despedirse y volver a su casa. Su refugio de paz le recibió con su habitual soledad y tranquilidad.

Con una mano en el pecho respiró hondo y descartó ahí mismo la idea de vivir con el rubio en fechas cercanas.


Para Abril, Harry buscó información sobre Ava en los archivos oficiales del Ministerio, justificando que era por una cuestión familiar. Localizó el hogar adoptivo en el que se había criado y se dirigió a él por la tarde.

El lugar no tenía nada que ver con lo que había visto en las propagandas. Ese lugar había vivido tiempos mejores, sin duda. Era un edificio muggle en medio de una calle en uno de los barrios bajos. Probablemente la niña había terminado allí por sus propios medios.

Llamó a la puerta y le recibió una señora anciana.

— Buenas tardes, señora. Me gustaría hablar con usted sobre Ava, es una niña morena y…

— ¿Qué ha hecho esa maldita cría? Ya dijimos que no nos responsabilizamos de sus fechorías.

— No, señora. Lo que quiero es preguntar sobre su adopción.

— Jajaja, ¿qué se piensa que esto es un orfanato? Vaya y dígaselo a sus padres, aquí solo les damos comida y una cama para que no estén en la calle. Nada más.

Harry se encontró con la puerta cerrada en sus narices.

No era un orfanato y ella tenía padres. En un minuto todo su sueño se desvaneció. Volvió caminando por el barrio, los mendigos se amontonaban en las aceras, algunos peleaban entre sí… Si Ava había crecido en un sitio así no le extrañaba que fuese como era.

¿Por qué últimamente todo le salía mal?


Como cada año fue a buscar a los chicos a la estación. Vio que Albus y Scorpius bajaban felices con sus diplomas. Albus se arrojó a los brazos de su padre. Scorpius fue más reticente cuando enfrentó a Draco.

— He aprobado, padre — dijo conteniendo la emoción.

Aquí fue Draco el que le abrazó con ímpetu.

— Sabía que lo conseguirías, hijo mío.

Toda la familia Potter observó el momento de reconciliación entre padre e hijo. Harry se emocionó incluso, porque él mejor que nadie sabía lo que le dolía a Draco la distancia con su hijo. Dos años hacía que prácticamente no se veían, por supuesto sin hablarse.

A continuación salió la otra sorpresa de la tarde. Lily venía sola. Dejó su maleta al lado y le miró.

— ¿Qué pasa? — preguntó con un tono igual al de su madre.

— ¿Y Ava?

— No lo sé, no es mi responsabilidad.

Ava pasó por su lado con la maleta directa hacia la salida de la estación. Le había crecido el pelo y sus ojos verdes le daban un aire muy atractivo y adulto. Lily, sin embargo, se veía algo más infantil con su carita pecosa y el pelo naranja.

"Cómo cambian en unos pocos meses."

Draco también se quedó mirándola al pasar. Confundido.

— ¿Nos vamos? — preguntó impaciente Lily.

Salieron de la estación y volvieron a sus respectivas casas. Tenían el tiempo justo para hacer las maletas y salir al día siguiente hacia la casa que los Malfoy tenían en Suiza. Sería el primer verano que su nueva familia pasaría al completo. Echaría de menos a Ava. Si había discutido con Lily prefería que no viniera, pero quería saber qué había pasado.

Esa noche fue a hablar con ella. Llamó a su puerta y entró. Estaba leyendo un libro sentada en su cama.

— Lily, cielo, quieres hablar? — preguntó cauteloso. La chica dejó el libro a un lado. Parecía una novela romántica. Al parecer su hija ya estaba en esa época.

— Supongo que lo dices por Ava, no?

Harry asintió y se sentó en la cama de su hija.

— ¿Habéis dejado de hablaros?

— Hemos terminado la amistad. Es una prepotente y una engreída. No quiero tener nada más que ver con ella.

— ¿Y eso? ¿Qué pasó?

— Pues… — Lily se preparó, cogió aire y comenzó a hablar. — Verás, estábamos en un partido de Quidditch, Slytherin contra Ravenclaw. Me gusta ir a los partidos porque, a ver, al fin y al cabo ver a los jugadores siempre es un punto a favor, ¿sabes? Porque algunos son horribles pero otros no están nada mal. Bueno, eso ya lo sabrás tú— dijo con naturalidad haciendo una clara referencia a sus "gustos abiertos".

Con una sonrisa Harry escuchó la historia que prometía ser excesivamente detallada de su hija adolescente. Usaba mucho las manos para expresarse y ponía caras acompañando su relato, era muy graciosa.

— El caso es que cuando vimos salir al capitán de Ravenclaw nos fijamos en él. Vamos, como para no hacerlo. Y primero me fijé yo, que conste. Y se lo enseñé a ella. Y ella se quedó como babeando durante todo el partido, le dije que se cortara un poco, porque él se iba a dar cuenta, ¿sabes? Estaba siendo demasiado obvia, gritando su nombre y saludandole cada vez que golpeaba una bludger.

Las ganas de echarse a reír eran demasiado fuertes. Trató de imaginar al golpeador de Ravenclaw. Para el quidditch hace falta cierta forma física, pero los golpeadores necesitan fuerza en especial. Un chico adolescente de séptimo, golpeador, capitán y probablemente prefecto de su casa. Lily y ava serían solo una pequeña parte del grupo de fans que tendría ese chico.

— Pues el tema es que después del partido, que por cierto perdieron, Ava decidió ir a pedirle un autógrafo. Yo fui con ella, porque yo también lo quería, obviamente.

Le costaba imaginar a Ava tan atrevida, pero al final en el colegio eres muy diferente a como eres cuando estás fuera.

— Pues el caso es que él nos sonrió y nos dio los autógrafos a las dos. Nos dijo que gracias por apoyarle y tal y luego se fue. Pero Ava no se conformó y empezó a seguirle a todas partes como una acosadora. Yo le decía que no lo hiciera porque nos iba a descubrir y avisaría a los profesores, pero ella no me hizo caso.

— ¿Tú le seguías con ella?

Lily frunció el ceño y puso cara de suficiencia.

— Pues claro, pero yo solo iba con ella para asegurarme de que no se metiese en líos. ¡Sin embargo ella iba para espiarle!

Harry asintió. Si, tenía pinta de que era una cuestión de responsabilidad.

— Pues el siguiente viernes por la noche, sin decirme nada, se escapó a buscarle.

— ¿Y tú cómo sabes eso? — preguntó recordando de pronto cierto mapa y su persecución constante a Draco.

— Hmm, porque somos amigas, bueno, éramos, y eso se sabe — dijo saliendo del paso. — El caso es que estoy segura de que le hizo algo, porque al día siguiente se presentó con él del brazo, diciendo que era su novio. Y qué casualidad que esa semana habíamos aprendido a hacer filtros de amor en clase.

A Harry se le escapó la sonrisa por la nostalgia de recordar cuando él estuvo con esos asuntos también. Pero rápidamente cambió de expresión ante la expectación de su hija por su reacción espantada.

— ¡No te creo! — Exclamó tratando de usar la jerga de su hija.

— ¡A que es increíble! — reafirmó Lily levantando las manos hacia el techo, indignada. — Me ha traicionado. Para empezar porque yo lo vi primero y para seguir porque si a las dos nos gusta, lo que hay que hacer es dejar que él decida, no ir tú sola y robártelo. Y pues como ya no puedo confiar en ella, no vamos a seguir siendo amigas.

Bendita adolescencia y sus problemas trascendentales.

— ¿Entonces ahora Ava tiene novio?

— Pues no lo sé, papá. Tampoco me importa lo que haga esa traidora. Solo espero que su novio pierda el efecto del filtro y vea que es una falsa. Pero que me da igual.

— Bueno, seguro que si es cuestión de filtros no va a poder dárselo todo el verano para prolongar el efecto — dijo Harry con un guiño.

Lily sonrió. Se quedaron hablando un rato. Le contó que las chicas que le molestaban eran de Slytherin, y que en realidad se reían de Ava. Por ir con una Gryffindor y por ser pobre y estar en Slytherin igualmente. Ella la había defendido y empezaron a molestarla también. Pero en cuanto se lo dijo a Albus y Scorpius hablaron con ellas y las dejaron en paz.

A saber qué les dijeron esos dos, porque dudaba que hubiese sido Albus quién las puso en su sitio, le pegaba más a Scorpius ese papel. Le hubiera gustado verles por un agujerito en su salsa en el colegio.

Fue un rato agradable. Su hija se quedó más tranquila, le dio un abrazo y él le dijo que la quería. De camino a la puerta recordó un detalle.

— Lily, cuida ese mapa. Es un tesoro que no debe perderse.

Y se fue, dejando a Lily con los ojos muy abiertos.


Todos estaban listos por fin para agarrar los trasladores programados que había solicitado para irse a Suiza. Draco y Scorpius no lo necesitaban, pues al ser una residencia de su propiedad no necesitaban permisos para ir al país, pero los Potter junto a Stan si.

Aparecieron en una colina solitaria. Debían caminar un rato hasta llegar al pueblo donde los Malfoy tenían su segunda, tercera o a saber qué número de residencia era esa. Soplaba una brisa fresca a pesar de ser julio y en algunas de las montañas más altas quedaba nieve todavía. No le hubiese importado ver un poco el mar. Ya se lo diría, seguro que tenía varias opciones en propiedad.

Según se iban acercando se iba maravillando una vez más de lo extraordinario de las tierras suizas. El pueblo elegido por la familia Malfoy se llamaba Interlaken. Era un pequeño refugio entre dos lagos de aguas de color esmeralda, en un valle entre tres montañas. Por supuesto no iban a escoger nada menos espectacular.

El pequeño pueblo no tenía más de cinco mil habitantes, lo cual lo había convertido en un refugio perfecto para la época en la que tuvieron que salir de Reino Unido.

Solo había estado allí un fin de semana hacía unos años pero recordaba perfectamente cómo llegar. La casa familiar estaba a las afueras, solitaria. Con un acceso propio al lago mediante un pequeño muelle. Los límites de la propiedad no estaban definidos con vallas sino con hechizos protectores, con lo cual a simple vista parecía que la casa estaba sola en medio de la nada. No era hasta que pasabas las barreras mágicas que veías las instalaciones que los Malfoy habían dispuesto para su comodidad. Desde un cenador en un pequeño claro, hasta una zona donde amarrar las barcas para pasear por el lago. También habían colocado un pequeño campo de práctica para quidditch con un juego de aros, vestuarios con baños y hasta unas pocas gradas con capacidad para unas cincuenta personas. Una tirolina que terminaba en el lago desde una de las rocas más altas de la zona. Ya podía imaginarse a los chicos saltando por ella haciendo el loco. El porche de madera con asientos y una mesa le daba un toque acogedor a la fachada.

Pero lo mejor de todo le esperaba en la puerta. Su Malfoy. Con sus ojos teñidos de verde, reflejando el verde del cesped, su pelo húmedo y su olor a jabón y perfume. Tras unos segundos de mirarle se acercó a él y delante de sus hijos le besó con fuerza.

Sonidos de desaprobación, molestia, risas y un grito agudo les hicieron de banda sonora. Scorpius salió de la casa solo con el bañador puesto, le tiró a Albus el suyo y le agarró de la mano para llevarle directamente al lago.

— Las habitaciones están arriba, coged la que queráis.

Stan le dedicó una sonrisa de complicidad mientras James horrorizado entraba con las maletas. Lily le dio un abrazo y siguió a James y Stan.

Una vez solos Draco miró a Harry a los ojos y sin mediar palabra volvió a besarle.

— Por fin, ¿no? — dijo Draco con dulzura.

— Eso parece, si.

Cuando los chicos salieron de la casa ellos fueron directos de la mano hasta el dormitorio principal. Escuchó los gritos y los chapuzones de los chicos en el lago. Las idas y venidas de los pájaros. Sentía la calidez del sol entrando por la ventana, junto a la brisa con olor a pino, el olor a madera de las paredes y el olor a lavanda de las sábanas. Todas estas sensaciones embriagaron a Harry tanto como su propia felicidad. Miró a Draco, acarició su rostro y sonrió, recordando los años anteriores; las dificultades, el riesgo, los disgustos, las peleas, los besos a escondidas, las escapadas furtivas para verse. Todo un torbellino de emociones que se acumularon en su vientre.

Sentía la necesidad de tocarle, de amarle, de hacerle suyo pero esta vez había algo diferente a todas las anteriores.

Esta vez no tenía prisa.

Esta vez nadie le reprocharía nada.

Esta vez ninguno se iría.

Esta vez era para siempre.


Uaaaaaah! Por fin terminada!

No me lo puedo creer! Estoy muy emocionada!

Hace varios años que empecé esta historia, fue una vía de escape para procesar una experiencia personal. Yo no llegué a esos extremos ni a infidelidades, pero si que existieron estos mismos sentimientos. Sentimientos que he introducido poco a poco en cada uno de los personajes. Pero llegó la pandemia y con ella la falta de inspiración y creatividad.

He estado todos estos años atascada, sin saber cómo continuar ni atreverme a enfrentar esta historia de nuevo.

Pero gracias a mi beta principalmente, que siempre se ha mantenido ahí, con paciencia, inspirándome y pidiendome más encontré el valor y las ganas de ponerme de nuevo con ellos.

Gracias Jenn.

Comencé a releer la historia y me ha emocionado tanto que la he corregido y terminado en una semana. Me sorprende que mi propia historia me haya podido emocionar tanto.

¡Y aquí tenemos el resultado!

Comentaros que en paralelo a esta historia, si no os habéis dado cuenta, hay una historia Scorbus.

Mi idea es empezarla en algún momento, a ver si me siento inspirada.

Estad atentos para ver qué ocurrió mientras Harry y Draco estaban demasiado ocupados de sí mismos como para darse cuenta de dónde se estaban metiendo sus clones adolescentes. Jajaja

También quiero empezar a desarrollar la siguiente historia, la cual ya tiene nombre, por cierto.

A veces subo Drarry e información de los fics en mi cuenta principal de ig nanamikanna por si os apetece echar un vistazo y estar en contacto.

En fin, muchas gracias por haber leído hasta aquí y ya sabéis que si os gusta agradezco mucho el feedback y los comentarios.

Un abrazo y hasta la próxima aventura!

Kanna