A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.

Salmo 28:7Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.

Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.

Sorpresas, tu siempre sorprendes

—Pervertido.

La voz molesta de Rin me llevó a darme cuenta donde y como tenía mi mano, también a Haruno sensei, aunque no pareció importarle mucho que tuviera en mi mano uno de sus senos (ojalá siguiera pensando igual), debió saber perfectamente que no era mi culpa, ni tampoco que buscaba algo así.

-¿Y…no piensas soltarme?- me susurró débilmente, como una mezcla de vergüenza y molestia, ligeramente sonrojada.

Inmediatamente lo hice, ella dejó caer el arma a un lado y yo salí de ahí, completamente avergonzado y sorprendido por el rumbo tan distinto que tomaron las cosas.

Había sido muy poco el tiempo en el que la toque, pero, definitivamente, nunca olvidaría ese tacto suave de sus redondos pechos.

Y todavía lo recuerdo como en aquel instante, como si aún estuviera tocándole atrapado entre la espada y su cuerpo, creo que siempre lo recordaré.

Sin saber mucho que hacer, ni que decir, pues ella parecía sonreír apenada y divertida por la cara que debí tener, me sonrojé. Si, una vez más esa sensación cálida en mis mejillas y ese sentimiento vago en el estómago apareció, pero se esfumó tan rápido como llegó al sentir un golpe en la cabeza.

-¡Kakashi kun!-

-¡Ouch!-

-¡Nunca pensé que fueras uno, pero todos son iguales!-

Era Rin golpeándome en la cabeza consecutivamente, tantas veces y tan fuerte que incluso Obito se compadeció de mí y logró quitármela (en algún momento de la pelea logró soltarse y dejar de estar colgando del árbol).

-Vamos Rin chan- dijo en un suspiro –si lo es, pero esta vez no fue su culpa, fue un accidente-

-Hum…si- susurré tocándome la cabeza –lo mío no fue a propósito a diferencia de otros- y los miré.

Ambos se quedaron estáticos y yo hice un intento de no reírme, al menos no que se notara en mi rostro enmascarado. Obito tomó las manos de Rin cuando intentó ayudarme, estando ambos muy cerca el uno del otro, con mis palabras parecieron notarlo y enrojecieron tanto que pronto se me olvidó el tibio rubor que debían tener mis mejillas.

-Bien- dijo mi maestra, que ya estaba de pie –van a seguir perdiendo el tiempo en eso, o seguimos con esto- agitó los cascabeles que resonaron de nuevo.

Los tres asentimos, Obito y Rin soltándose y yo incorporándome.

-Kakashi kun- me habló, yo la miré aún un poco nervioso –toma, la necesitaras – y me ofreció mí sable.

Lo tomé sin siquiera decirle un "gracias" o un "hum", ni siquiera asentí, solo tomé la espada.

-Concéntrate-

Después de eso reiniciamos el entrenamiento, siempre con el objetivo de tomar aquel par de cascabeles; Obito y Rin continuamente le atacaban, bastante concentrados en lograr su meta, yo, por mi parte, estaba divido entre el atacarle y el despejarme un poco de aquella incomodidad que me provocaba el incidente pasado.

-Concéntrate-

Y es que por más que me enfocaba en no pensar en ello, en no recordarlo, en no apenarme, por más que me decía y repetía cosas como que todo había sido un accidente y solo eso, no podía del todo.

Así pasamos casi toda la mañana y parte del medio día. Nos turnábamos esperando el momento preciso para terminar con el ejercicio y obtener éxito. Pero no lo lográbamos.

-Es buena, es fuerte- me dije de nuevo.

No quería aceptarlo, pero estaba bastante emocionado con todo eso. Ella había resultado mucho mejor de lo que yo pensaba, y eso me gustaba y me incitaba a seguir participando en todo aquello, en lograr capturar las campanillas. Pero tenía un problema, cada vez que me acercaba demasiado a ella tenía esa sensación extraña de que podía volver a pasar lo de antes, me desconcentraba y perdía mi oportunidad.

-Concéntrate en tu objetivo, recuerda, un ninja debe solo perseguir su objetivo, solo eso.

Ya muy avanzado el día decidí que solo eran tonterías y que debía tomarme muy en serio las cosas, que no debía estar jugando ni perder el tiempo, porque todo eso que ella me hacía sentir solo eran tonterías provocadas por la vergüenza de haberla tocado, algo muy razonable, por cierto.

-Un ninja debe solo perseguir su objetivo, solo eso.

Pensé un poco y armé un sencillo plan.

Trate de sorprenderla escondiéndome debajo de la tierra, esperando el momento indicado para tomarla desprevenida y atacarla y tomar por fin los dichosos cascabeles.

Aproveché una ocasión cuando, acabando de dejar fuera de juego a Obito, esperaba el contraataque de Rin (al parecer los dos habían hecho una tregua y atacaban juntos), pero yo me adelanté a mi amiga.

Sonreí con suficiencia al notar como aún no se daba cuenta de mi presencia, estaba bajo sus pies, justo detrás de ella, me daba la espalda y era el momento justo para acabar con todo.

Repentinamente salí del suelo, detrás suyo, muy cerca.

Mi objetivo era simplemente tomar el cascabel correspondiente e irme de una vez por todas. Estaba cansado y harto de todo ese entrenamiento-combate y de lo extraño que esa mujer me hacía sentir, además de lo bobo que me resultaba el no poder concentrarme solo por esa sensación en mi mano.

Me sentí dichoso de mi velocidad y sigilo, aparentemente ella no me había notado, y fui lo suficientemente rápido como para no dejarla moverse con libertad. Cuando al fin salí y estuve cerca su cara debió ser de sorpresa al sentir mi presencia, pero no tenía mucho por hacer, al menos eso pensaba yo, porque cuando ya estaba por tomar la campanilla levantó una pierna y golpeó el suelo.

-¡Shanaroo!- gritó furiosa.

La tierra bajo mis pies crujió y empezó a partirse, desquebrajándose en grandes y pequeños pedazos por la fuerza de su golpe. Tuve que buscar donde aterrizar (una de las rocas que seguían cayendo) y saltar a un lugar lejos de todo ese derrumbe. En un rápido movimiento pude zafarme y saltar lejos de ese gran hueco que formó bajo mis pies y los suyos.

El polvo, el ruido y la tierra temblando y cayendo fue algo molesto e irritante, pero también sumamente sorpresivo e igualmente peligroso.

Estaba completamente sorprendido, nunca me esperé que ella fuese capaz de tener aquella fuerza colosal, aunque debí haberlo previsto por sus entrenamientos con la sannin, pero aun así creo que también habría sido tan sorprendente y aterrador como lo fue.

-¡Sor…Sorprendente!- gritaron Rin y Obito.

Cuando el polvo se dispersó logré ver su silueta alegre y satisfecha mirándome con suficiencia (había saltado lejos de su obra y me buscaba).

-Estuvo cerca Kakashi kun- sonrío –eres rápido, es bueno, de no ser por ello estarías muerto- y río de nuevo, con esa risa cantarina, inocente y alegre que a veces esbozaba.

Yo estaba sin palabras, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y preguntándome como podía decir que iba a matarme con aquella inocencia e ingenuidad con que se dice que un arcoíris es bonito.

-Saku…Sakura sensei- dijo Obito –fue… ¡fue genial!- exclamó entusiasta, alzando un brazo, siendo cargado del otro por Rin.

Mi maestra le había dejado en el suelo medio inconsciente, y hubiera sido muy peligroso para él si nuestra compañera no se percatara de ello y le tomara alejándolos del rango de destrucción que dejó Haruno sensei.

Rin seguía sorprendida, pero al escuchar el grito de Obito le soltó molesta, enojada quizás por el grito que le dio en el oído, o tal vez por estar algo celosa del entusiasmo y admiración que Obito demostró.

-Sí, lo fue, pero tienes por qué gritar tan fuerte.

Tal vez Rin se la vivía diciéndose mi enamorada, pero también era cierto que ocasionalmente se mostraba igual de posesiva con mi amigo, incluso algunas veces también se sonrojaba, aunque él parecía nunca darse cuenta de ello, para su propia mala fortuna Obito era demasiado despistado en ese aspecto.

-Ahh…Rin chan- gimió Obito desde el suelo.

-Me asustaste- le respondió indignada - ¿así me agradeces que te salvara la vida?

-Lo siento- sonrió y se incorporó, sacudiéndose el polvo –gracias…pero, ¿no fue genial?

Y Rin sonrió y asintió –es muy fuerte… pero, Sakura sensei ¿por qué no lo mostró antes?

Mi maestra se acercó a ellos, sonriendo.

-Porque no había sido necesario, - le contestó -pero son bastante buenos para estas cosas, me obligaron a hacer algo como esto el primer día –sonrió- además por poco y lo logran, estoy segura que en poco tiempo no podré evitarles.

-Gracias- dijo Rin.

-¡Si, lo lograremos, entrenaremos y seremos muy fuertes!- exclamó Obito.

-Si…- río mí sensei.

Rin y Obito corrieron al margen de aquel gran hoyo y se asomaron con admiración.

-Wow, sí que es profundo- dijo mi amigo asomándose al hueco, ese que yo no había dejado de observar desde que el polvo se dispersó –apuesto que te habría aplastado como un mosco de haber querido Kakashi-presumido-kun-

Yo ni siquiera lo miré, hasta parecía no haberlo escuchado, estaba frente a mí, del otro lado del hueco, pero le escuchaba perfectamente.

- ¡Sí, te habría dejado como un insecto aplastado en la calle!

-Obito kun, no digas eso- dijo ella, defendiéndome.

-Hum, es la verdad, usted fue considerada con éste- se cruzó los brazos detrás del cuello.

-Pues…- suspiró mi sensei - en realidad…- me sonrió, de nuevo solo para mí, provocándome ese sentimiento vago en el estómago.

-¿Seguimos?- pregunté yo, saltando y llegando donde ellos.

No dejé que ella terminara aquella oración, no me gustaba que me mirara de esa forma, era como compasión, o lástima, y no me gustaba.

-¡Oh, sí!- dijo Rin –el entrenamiento, lo habíamos olvidado-

-No te preocupes Rin chan, creo que por hoy hemos terminado-

-¿En serio?-

Ella asintió, Obito y Rin gritaron entusiastas, yo solo permanecí quieto.

-Si me permiten-

Y mi maestra inició a revisar a Obito, tenía una herida en el antebrazo, comenzó a sanarle diciendo cosas como "es bueno ser precavido", "debes ser más cuidadoso", "tu defensa es mala", y otras indicaciones que todos sabíamos, tanto con mi amigo, como con Rin, e incluso conmigo.

Además de que después de cada misión, de cada entrenamiento o ejercicio, ella siempre remarcaba los errores que notaba, hacia recomendaciones mientras nos curaba las heridas que tuviésemos, fuesen o no importantes o serias.

-Sakura sensei- dijo Rin -¿podría enseñarme a hacerlo?-

-¿Una curación de este tipo? –mi amiga asintió -claro Rin chan, sirve y te vas puliendo con tus habilidades médicas-

-¿Usted sabe que yo…?-

-¿Qué eres aprendiz de médico?- Rin asintió –claro que si- río –de hecho me han dicho que eres muy buena- Rin se sonrojó.

-Al menos con ella no se le pasó como conmigo y Obito- me dije, quizás había estado más interesada al notar que mi amiga era ninja médico, como ella.

-Entonces, ¿de verdad me ayudará?

-Por supuesto, no sabes lo emocionada que estoy por empezar-

-¡SI!- gritó y carraspeó un poco, aun sonrojada –yo…yo también, Sakura sensei.

Los ojos de mi amiga brillaron entusiasmados, debió ser bastante alentador para ella saber que ahora contaba con una guía en sus entrenamientos de ninja médico, y eso era bastante obvio en el "sí" entusiasta que lanzó y en la alegría y concentración que ponía en cada una de las indicaciones que mi nueva mentora llegó a darle.

Recuerdo que solía decirle "tienes una habilidad innata para la medicina Rin chan, muy distinto a mí a tu edad, estoy segura que serás mejor que yo" …mi amiga solía sonrojarse y asentir torpemente, avergonzada y emocionada por tales frases; debo admitir que ciertamente no eran falacias o simples frases que se utilizan para alentar a alguien, Rin era muy buena, y estoy seguro de que podría haber llegado a ser un gran médico.

-¡Y, Sakura san- dijo mi amigo, interrumpiéndoles, apretando sus puños como solía hacerlo cuando estaba sumamente emocionado, empecinado en algo, o bastante molesto –si a Rin le enseña a curar, a mi puede enseñarme a ser tan fuerte, ¿verdad? !-

-Claro, ¿por qué no?

-¡YEY! –gritó entusiasta, brincando –¡seré el ninja más fuerte!

Yo suspiré, aún más interesado en el cielo que en ellos.

-Pues espero y con ese mismo entusiasmo puedas soportar el entrenamiento, Obito kun.

-Por supuesto Sakur….

-Hum…se cansará y retractará el primer día- murmuré solo para molestar, aunque seguro estaba que era verdad, al menos en el hecho de que se cansaría, porque también estaba seguro que Obito era demasiado terco como para desistir.

-¡Ah!, ¡que molesto eres Hatake!

-Hum…solo digo la verdad

-Kakashi kun no…

-Déjelo Sakura san- interrumpió –solo está celoso- sonrió, yo igual pero con presunción -¡si, lo estás!, ¡lo estás porque sabes que cuando tenga mi sharingan te ganaré!

-Hum…pues…a este paso…- susurré.

-¡Y no solo eso!- Obito se paró frente de mí, amenazándome con sus puños -¡mi sharingan y la fuerza de Sakura sensei, imagínate!, ¡no podrás con eso Kakashi-presumido-kun!- me gritó y sonrió, rozándose la nariz con un dedo –te aplastaré como a un mosquito molesto, ya verás-

-Obi…-

-¡Ustedes dos!- llamó ella, interrumpiendo a Rin –desde ahora les digo una cosa- y abrió sus ojos verdes, amenazadores y serios –no quiero que peleen, mucho menos frente a mí-

-Pero, Sakura san-

-¡Pero nada!, es una regla y reglas son reglas, ¡entendido!-

Mi amigo asintió intimidado, después me miró.

-¿Entendido Kakashi kun?-

-Hum…- asentí débilmente.

Mirarla de esa forma daba un poco de calosfrío, pero era también divertido, era graciosa cuando se enojaba, muy a pesar de ser tan terriblemente peligroso con esa fuerza que poseía.

-Así que desde ahora les digo que no deben hacerlo, y no pienso repetirlo, de ser así he de ponerles un castigo notable que se arrepentirán de solo discutir frente a mi – Obito tosió un poco, nervioso, Rin sonrió tenuemente, pero un poco intimidada, yo seguí tan indiferente como siempre.

-¿Quedó claro? – preguntó mirándome directamente.

-Hum...- asentí, ella sonrió alegre de mi escueta respuesta, tranquilizándose un poco -¿puedo retirarme?- pregunté.

-¡Kakashi kun!- puso las manos en las caderas, quizás molesta por mi falta de interés y gran necesidad de irme de ahí.

-Hum…usted dijo que ya terminó el ejercicio-

Y sorprendiéndose solo suspiró -Si…está bien- sonrió tenuemente.

Y pensé que ella era una persona sumamente voluble, ¿cómo podía pasar de un enojo a sonreír así tan fácilmente?, ¿de estar a punto de regañarme a solo darme la razón?, eso en ella, como otras tantas cosas más, siempre me ha fascinado…y gustado.

Cuando desperté de mis pensamientos me encaminé.

-Hasta mañana, Kakashi kun- se despidió Rin, yo moví la cabeza, sin siquiera voltearme.

-Oh, Kakashi kun- habló ella –espera un poco- paré y voltee –es que se me olvido decir algo más – dijo riendo, apenada, yo suspiré decepcionado, quería irme cuanto antes de ahí, lejos de ella y esa sensación incomoda que me daba – solo para aclararlo, llevaran conmigo la misma rutina de entrenamiento que llevaban con Hokage Sama, espero verlos puntualmente – miró a Obito, éste sonrió nervioso –todos los días a las 6:30 am, aquí.

-¿6:30?- preguntó mi amigo, ella asintió –pero, si con Minato sensei era a las 7:00-

-Sí, pero yo no soy Minato sensei- dijo divertida.

-Jamás lo sería- pensé, sonriendo internamente –o siquiera se parecería-

Si bien reconocía su habilidad, destreza, fuerza y gran desenvolvimiento como ninja, y, a pesar también de sentirme tan extraño con ella por el suceso de la mañana, seguía desconfiando y desaprobando que fuese mi maestra y que sustituyera a Minato sensei.

-Oohh- susurró triste mi amigo, seguramente pensando que, si no podía llegar a tiempo a las 7 de la mañana, mucho menos media hora antes.

-¡Ah!, y cuando tengamos misiones, yo les avisaré un día antes, o bien cuando sea necesario, habrá que estar siempre listos para partir, ya saben en las condiciones en las que estamos.

Asentimos.

-Sakura san- dijo Obito -¿cuándo…cuando cree que terminará la guerra?-

Mi maestra suspiró profundamente –no lo sé Obito kun- le sonrió y le tocó un hombro –pero al igual que a ti, a mí me encantaría que acabara de una vez por todas- él asintió, y ella sonrió cálidamente, justo como me sonriera el día anterior –pero mientras eso pasa tenemos que dar lo mejor y salir adelante por Konoha.

-¡Sí!- dijeron en coro mis amigos, yo asentí.

Y la observé atentamente, estaba de pie, sonriendo, sus ojos cerrados, tranquila y segura, con sus brazos relajados detrás de su espalda, brindándonos la confianza de que la guerra acabaría tarde o temprano, dándonos ánimos y esperanzas, al menos eso me pareció.

-¡Oh!- exclamó de pronto -¿qué les parece si para celebrar nuestro primer enfrentamiento vamos a comer un poco?

-¡YEY!- gritó Obito, Rin sonrió.

-Yo invito.

-¡Si, usted es la mejor, Sakura sensei!- exclamó mi amigo.

Después del grito entusiasta de Obito Uchiha caminamos rumbo a la aldea, a algún restaurant que no recuerdo el nombre. Durante todo el camino los tres pasaron conversando y riendo, sinceramente no recuerdo de que rayos hablaban, generalmente no prestaba demasiada atención a esa clase de conversaciones.

Llegamos a unos cuantos metros de donde nos llevaba, pero yo me separé y seguí por la derecha y ellos por la izquierda, estaba seguro que ellos iban tan concentrados en su plática que ni siquiera notarían cuando me alejara.

No tenía entusiasmo de ir a comer, me desagradaba estar cerca de demasiadas personas, sobre todo si me veían como solían verme, entre más solitario estuviese, para mí era mejor, era más fácil de sobrellevar la situación.

Camine unos cuantos pasos, pensando en aquello que habría de comer, cuando escuché como gritaban mi nombre.

- ¡Kakashi kun!-

Giré, era ella, corriendo un poco para alcanzarme, Obito y Rin estaban adelante, a algunos metros de distancia, mirando a donde nosotros, pero apenas ella me dio alcance, les vio y sonrió y ellos entraron al local.

-Kakashi kun ¿no vendrás? - dijo un poco agitada.

Hacía calor, los rayos del sol no estaban en pleno apogeo, pero aun así eran molestos, el viento dejó de soplar y el tedio de las altas temperaturas se presentaba en todo el ambiente. Sin embargo, ella lucía muy hermosa, lo recuerdo perfectamente.

Lo recuerdo porque era extraño que alguien gritase mi nombre en plena calle y se acercara corriendo hasta mí, además de que el calor, el sol y la carrera le hicieron brotar un rojo tenue en sus mejillas pálidas y blancas, se veía hermosa.

Al menos eso pensé fugazmente, pero deseché ese pensamiento de inmediato.

- ¿Qué pasa contigo?

Era solamente una kunoichi, ni siquiera era extraordinariamente bella como para haber creado ese pensamiento fugaz en mí.

-¿Kakashi kun?-

-Hum…- negué con la cabeza cuando al fin pude despertar de mis pensamientos.

-¿Por qué, no te gusta la comida de ahí?- preguntó acercándose otro poco más, pero yo ya estaba tranquilo –si quieres podemos ir a otra parte, donde tú quieras- negué con la cabeza -¿entonces?-

-Hum, iré a casa-

-Ah…- susurró, y de nuevo esa mirada melancólica que era tan molesta, incomoda, y terriblemente difícil de ignorar –entonces…será para otra ocasión, ¿verdad?-

-Hum- ladeé el rostro, sin saber cómo responder a eso.

No me gustaba, ni me gusta, hacer promesas en balde, igual que en aquel tiempo no me gustaba ir a comer a ese tipo de sitios, a diferencia de cuando mis padres vivían, solo me agradaba estar en casa.

-Hasta mañana Kakashi kun, que descanses- me sonrió.

-Hum…- asentí, di media vuelta y caminé.

Sus ojos verdes me veían de aquella forma tan molesta, no me gustaba esa mirada, era como lástima, cierto que distinta a las del resto de los aldeanos, pero igualmente difícil de soportar, porque sinceramente no sabía cómo definir esa mirada, era lastima, nostalgia, melancolía, una mezcla extraña que no sabía bien como identificar.

Estoy seguro de que seguía observándome, muy a pesar de que jamás miré hacia atrás, no necesitaba hacerlo para saber que tenía razón, porque en aquel entonces, como todavía hoy, sus ojos verdes son difíciles de ignorar.

Seguí caminando y ella me observó un poco hasta que dio media vuelta y regresó donde Rin y Obito.

Caminé y caminé hasta llegar a mi casa, mientras eso pasaba recordé todo lo que había pasado ese día, me detuve un poco al llegar al momento en el cual la toqué, no pude evitar mirar la palma de mis manos y moverla un poco, era como volver a tenerlo entre mi mano, sintiéndose nuevamente suave y redondo, agradable.

-No debería estar pensando en estas cosas- me dije en un suspiro cansino y entré a mi casa.

Aún sentía el tacto suave, blando de su pecho, era algo agradable, vergonzoso pero agradable.

-Pensar esto debe ser algo…poco…saludable-

Asimismo, tenía demasiadas cosas por hacer como para perder el tiempo rememorando detalle a detalle el seno de mi mentora, además de que no era algo muy… ¿cómo decirlo?, saludable para mí, al menos esa palabra le di. Es un poco gracioso recordarlo ahora.

-"Pervertido"- recordé la voz de Rin.

-Bien…creo que tiene razón en decirlo, debió verse raro- suspiré y golpeé mi cabeza con la mano, apenado.

La puerta abriéndose rechinó en toda la casa –necesita aceite, lo he olvidado de nuevo- cerré, me recosté en el gran sillón y miré el techo, estaba cansado y hambriento, pero no tenía ganas para cocinar.

-Hum…deben estar comiendo…quizás debí haber aceptado.

Suspiré, bien sabía que aún si me estuviese muriendo de hambre, lo cual realmente si me pasaba, no aceptaría comer fuera.

-Me daré un baño, comeré un poco y dormiré, quizás hasta leer un poco-

Y así, como cada tarde, repetí esa rutina silenciosa, inalterable y simple que era mi vida lejos del campo de batalla.

&&&/&&&

Nunca olvidaré mi primer día como sensei, tampoco el primer día donde entrené con ellos.

Era un día soleado, hacía un poco de calor y el viento parecía tener pereza. Aun así, fue un día agradable.

Estaba tan contenta, tan emocionada y nerviosa. Si bien ya conocía un poco de información sobre mis alumnos, ¡los alumnos del nuevo Hokage!, aún me faltaba mucho por aprender de ellos, eso lo sabía desde siempre, y siempre tuve razón.

Aquella mañana que me presenté con ellos, hablamos un poco y traté de no molestarme mucho. No suelo tener muy buen carácter, y en ese momento no podía sino solo pensar que la primera impresión era muy importante; por ello traté de controlar un poco mi mal genio.

Pero nada es sencillo si se tiene por alumno a Hatake Kakashi.

-Eso decía el reporte- objetó Kakashi kun.

-¡Pues ese reporte está equivocado!- grité molesta.

A pesar de intentar controlarme logré exaltarme un poco, además de molestarme con Kakashi kun, su infinita paciencia, despreocupación, indiferencia y, en aquel entonces, apatía y rechazo, no me ayudaron mucho.

Aunque también tuvo buenos puntos a su favor.

–No imagine que alguien se interesara tanto en mi persona y supiera tanto de mí, me halagas- le dije en una sonrisa.

Me sentí impresionada cuando él dijo y supo todo sobre mi, al parecer me había investigado, si bien me esperaba algo así, no pensé que investigara tanto, aunque le faltaban algunas cosas que consideraba, y considero, indispensables para mantener una buena y estrecha relación.

-Hum… perdone Haruno sensei, pero no creo que sea relevante, porque ¿eso para que podría servirme? - me preguntó, muy lógico y directo.

-Pues…no lo sé, pero, hum…son cosas sencillas que pueden ser consideradas irrelevantes, pero que marcan la diferencia entre el trato y la relación con las personas que nos rodean, además, Kakashi kun, si algún día piensas mandarme flores creo que es importante saber algo así-

Es curioso y gracioso recordar aquel pequeño dialogo.

A pesar de que no logré no enojarme, ni parecer una loca histérica, logré mantener una buena relación con ellos, incluso logré provocarle un tierno sonrojo al serio niño que era Hatake Kakashi, eso me hizo sentirme afortunada y satisfecha.

Obito y Rin fueron tal cual siempre pensé que serían, ya conocía de antemano a Obito, le veía de vez en vez cuando iba a casa de Sasuke, platicábamos e incluso jugábamos, siempre portándose como el niño travieso, entusiasta y tardón que era.

-¡Y no solo eso!, ¡mi sharingan y la fuerza de Sakura sensei, imagínate!, ¡no podrás con eso Kakashi-presumido-kun, te aplastaré como a un mosquito molesto, ya verás.

Obito…nunca pensé que su final sería ese…pero, siempre lo recordaré como aquel niño alegre y entusiasta que soñaba con "aplastar como un insecto" a Kakashi-presumido-kun.

Rin chan fue la más centrada de los tres, la más sensata, trabajar, entrenar y pelear con ella era lo más sencillo del mundo porque siempre estaba dispuesta a participar lo mejor posible, era una excelente alumna, una habilidosa kunoichi, una gran niña, y, segura estoy, hubiese llegado a ser de los mejores ninjas médicos de nuestra aldea.

A lo largo de todos estos años, los recuerdos, la alegría, el dolor de las pérdidas, la culpa y el desamparo que mis dos alumnos han dejado en mí, y en Kakashi kun, nos han acompañado dándonos una inmensa tristeza, pero también la fuerza suficiente para seguir adelante por ese par de niños…

Kakashi kun, sé que para él también es así, lo sé, aunque no lo diga o siquiera comente, siempre serán sus mejores amigos.

Hoy he recordado tantas cosas, sentada aquí, sola y en silencio, en la tranquilidad de la soledad he recordado tanto.

Tantas cosas, todas rondan entorno a las vivencias que tuve desde aquel día, los recuerdos me llegan y se implantan con la misma nostalgia y melancolía de siempre.

Pero hoy en especial me ha dado por recordar todo, o casi todo, desde que nos conocimos y formé aquel pequeño grupo de cuatro.

Rememoro claramente aquel segundo día que fungí como maestra.

Al día siguiente llegue muy temprano, la ansiedad y el desasosiego no me habían dejado dormir tranquilamente, así que me decidí a salir temprano, ¿qué más daba?, no dormiría tranquilamente y así evitaría posibles reclamos.

Cuando llegué miré al pequeño Kakashi kun, solitario y lejano, tal como imaginaba sería, lo encontré sentado a la sombra de los árboles, con el semblante tranquilo de quien se desconecta por completo del mundo solo para disfrutar del sol y el viento.

Recuerdo perfectamente que ese sentimiento tierno y de desamparo que él me daba me llegó de pronto, invadiéndome por completo.

Kakashi kun siempre me generó la necesidad de estar con él, de brindarle confianza, de ganarme su respeto y admiración, algo que sería complicado de lograr por su personalidad y todo lo que había vivido, pero precisamente aquello era lo que más me obligaba a estar con él.

Sentía que se lo debía.

Aun me da cierta curiosidad aquel "su aroma" que dijo cuando le pregunté cómo era que había sabido de mi identidad, yo había hecho lo posible por pasar desapercibida, pero no contaba con el excelente olfato que él tenía, debí ser menos crédula y más responsable con cosas como esas.

-Y… ¿al menos huelo bien…? - le pregunté un poco incomoda con aquella confesión.

En aquel entonces no lo noté, pero ahora, después de tantos años, estoy segura de que esa pregunta le incomodó, pero… ¿qué podía hacer?

Estaba tan nerviosa, tan insegura y el silencio generalmente me hacía sentir peor.

Siendo Kakashi kun como es, su tranquilidad no me ayudaba mucho y buscaba por sobre todos los medios ganarme su aprecio y, si no era mucho pedir, su amistad.

Porque yo sabía que una maestra de reemplazo nunca es bien recibida, mucho menos después de tener a alguien como Minato sama, menos aun si se trataba de un principiante, y las cosas se tornaban peor al tratarse de un niño tan sereno, indiferente y exigente como Kakashi kun.

Rin y Obito llegaron, ella puntual y el terrible y exageradamente tarde, como siempre…fue ingenuo de mi parte esperar puntualidad de él…

Iniciamos con el famoso ejercicio de los cascabeles. Como resultado de aquella evaluación tuve varias cosas. Recuerdo el buen desempeño que cada uno de ellos tenía, así también más o menos aquellos consejos que les di para que mejorasen un poco.

Necesitábamos trabajar mucho, necesitábamos acoplarnos como equipo, sería un largo y arduo trabajo, pero estaba entusiasmada con la certeza de que lo lograríamos.

También tuve la sorpresa, y la vergüenza, de que Kakashi kun me tocara no precisamente en el lugar más indicado, ni en el que se debe tocar a una mujer.

Fue algo gracioso, al menos lo es hoy cuando lo recuerdo y lo pienso un poco.

Fue muy incómodo y vergonzoso, pero fue un accidente, ninguno de los dos se esperaba aquello. Además, él no era culpable, en todo caso fue mi culpa por menospreciar sus habilidades, descuidarme y no tener más remedio que dejarme caer provocando que me tocara.

Me acuerdo perfectamente la cara de sorpresa y horror que se dibujó en el rostro del pequeño Kakashi, clara señal de que tampoco se esperaba que su mano acabara justo donde terminó. Su tacto me dolió un poco, estaba en mi etapa sensible del periodo y, además, me había tomado con algo de fuerza para atrapar los tan afamados cascabeles.

Al final, después de largas horas de trabajo duro, logré mantener a salvo las campanillas, me sentía emocionada, todos eran muy buenos, en especial Kakashi kun, siempre supe que sería excelente, todo un reto, por algo era que le llamaban ninja genio y era un prospecto a ser jounnin a tan temprana edad, incluso me obligó a utilizar mi fuerza para evitar que tomara los cascabeles.

Y es que siempre fue tan bueno para esconderse, medir distancias y atacar en el momento preciso que cuando me di cuenta de que estaba ahí, detrás de mí, instintivamente solté mi grito de guerra y golpeé el suelo, sin quedarme otra solución que partir la tierra.

Después, cuando salté alejándome de esa destrucción los busqué, estaba preocupada, había utilizado algo de fuerza rompiendo la tierra de forma irresponsable.

¿Qué clase de sensei arriesga tanto a sus alumnos en el primer día?, actué por inercia, con irresponsabilidad, sin tomar en cuenta cómo y dónde estaban mis alumnos.

Afortunadamente Rin y Obito se habían salvado (Rin lo auxilió y alejó) y buscando logré ver a Kakashi del otro lado del hueco, mirándome completamente sorprendido de mi fuerza, tal cual debieron verme mis otros dos alumnos.

Me sentí muy bien al ver a los tres sanos y salvos, y me sentí también molesta por ser tan descuidada. Tenía que madurar y ser más responsable de mis actos, ya no era una chunnin, era una jounnin que tenía bajo su cuidado a tres niños.

Pero estaba tan nerviosa.

Lo tercero fue darme cuenta de que, tal como temía, acercarme a Kakashi kun sería el más grande reto al cual me enfrentaba, porque si bien es cierto que aparentemente le sorprendí con mi fuerza, aún le sentía reacio a mi presencia.

Ni siquiera logré convencerle de comer juntos.

-Hum, iré a casa.

-Ah, entonces…será para otra ocasión, ¿verdad?

¡Qué triste me sentí al verlo partir!

Me imaginaba su dolor, su tristeza, su soledad, aquella que siempre le rodeaba, aquella que se hizo más grande con los años, aquella con la cual aún lucho por, sino desaparecer, si disminuir un poco, o distraer.

Pero también ese día me sentí muy feliz, muy esperanzada con mi nueva labor, con ser sensei.

En el rostro ilusionado y ansioso de Obito, en sus gritos de entusiasmo, encontré el optimismo que necesitaba para saber que quizás no sería tan mala maestra. También la alegría y las preguntas de Rin me ayudaban, ¡ella era tan curiosa e inteligente!, me recordaba mucho a mi cuando inicié como ninja médico, solo que, a diferencia de mí, ella poseía una facilidad por aprender tremenda, yo solo tenía un buen cerebro y control de chakra, tenía que esforzarme mucho, y ella tenía más que solo esas dos cosas.

-Hasta mañana Rin chan, Obito kun.

-¡Hasta mañana sensei!

Mis pequeños alumnos desaparecieron y yo seguí caminando con lo agradable que era escuchar el "sensei" de forma tan alegre.

Llegué a mi casa e hice lo posible por pasar desapercibida, no quería toparme con nadie, bueno, no con mi padre, seguramente me diría algo como "hiciste las cosas bien, o solo lo echaste a perder".

-¿Por qué nunca es suficiente?

Me pregunté subiendo las escaleras, suspirando aliviada de salirme con la mía, me encerré en el cuarto y me metí al baño, ¡lo necesitaba urgentemente!

Mi padre siempre fue de difícil trato, alguien demasiado estricto. Sin embargo, yo quería su apoyo, su aprobación, ¡le admiraba y amaba tanto!, era mi padre y mi ejemplo a seguir, un gran shinobi, un excelente ninja médico.

Mi madre, desde que recuerdo hasta que la perdí, siempre fue tierna y buena conmigo. Mi padre, en cambio, siempre me exigía más y más, nunca fui lo suficientemente buena para él, desde que nací. Nunca sería el varón que tanto deseó, solo era una niña de cabellos rosas que soñaba con ser algo más que simplemente una ama de casa.

Estando sintiendo las frías gotas de agua recordé y suspiré tenuemente. Recordé lo complicado que fue que aceptara mi nombramiento como sensei…

Fue recién me nombraron jounnin, ellos estaban ahí y pude sentir el orgullo que desprendían al verme realizada en el más alto rango de un ninja, incluso mi padre se sintió contento, salieron de la sala y yo me quedé con el consejo y el hokage para la asignación de equipo, cuando salí al pasillo supe que ese orgullo desaparecería, y tuve razón…todo se fue al carajo cuando les informé quienes eran mis alumnos.

-¡No!, ¡rotundamente no!, ¡me niego!, ¡lo desapruebo Sakura!-

-Papá, por favor, es mi gran oportunidad-

-Prefiero mil veces que seas una simple chunnin toda tu vida, o una civil, a que entrenes al hijo del más grande traidor de Konoha-

-Papá…-

-¡No lo recuerdas!, ¡por él perdí mi honor!, ¡por él estoy así!-

-Papá- lo abrace, yo sabía que el no estar en el campo de batalla fue duro para él –no digas eso…por él, por él estas vivo-

-¿Vivo?, ¡vivo!, primero muerto en mi deber que vivir lisiado y sin honor-

-Pero estas con nosotros, tú le debes…-

-¿Vivir?, ¿vivir así?, esto no es vida para mí, y tú lo sabes-

Baje el rostro, mi padre siempre fue un excelente guerrero, pero excesivamente orgulloso. Cuando partió a aquella misión suicida pensamos que no volvería, pero su capitán, "Colmillo blanco", Hatake Sakumo, decidió retirarse, salvar la vida de su escuadrón y así convertirse en "traidor".

Perder su honor.

Nunca he comprendido porque mi padre, al igual que el resto de las personas, no puede ver más allá de lo que eso significaba, quizás desobedeció una orden, o arriesgo el rumbo o inicio de la guerra, pero salvó la vida de muchos, muchos que eran sus amigos, y de esos muchos mi papá era parte.

Yo, por mi parte, estaba agradecida con él, me devolvió a mi padre, mi madre y yo no hubiéramos podido soportarlo.

Sakumo sama lo rescató arriesgando su vida, pero mi padre fue malherido en batalla y ni sus habilidades médicas le ayudaron a poder salvarle la pierna. Sus heridas, y el estar bajo el mando de Sakumo Hatake, le llevaron a la inactividad, estando solo al servicio ocasional del hospital, pero eso nunca fue suficiente para él.

-¡¿También tú quieres deshonrarme siendo líder del hijo del traidor? !-

-Padre…- la ira se me atoraba en la garganta, pero no quería montar más escándalo.

Los gritos resonaban en la torre del hokage, las personas pasaban y nos miraban de soslayo. Yo no podía estar más triste. Al fin había logrado ser jounnin, mi padre debía estar orgulloso, pero cuando se nos dijo que lo único era aceptar el equipo del hokage, porque aún le faltaba líder, mi padre pegó el grito en el cielo y el alma se me fue al suelo.

Si bien ya había aceptado, mi padre no lo aceptaba, y la alegría que sentía por mi ascenso se fue tan pronto le dije en qué consistiría mi trabajo.

Cuando me dijeron aquello, quienes serían mis futuros alumnos no me sentí incomoda, si un poco insegura por reemplazar a alguien tan importante como Minato sama, ¡era el Hokage!, y por tener a un genio ninja bajo mi mando, ¿estaría capacitada para aquello?, ni siquiera había ido a una misión como jounnin…

Pero…por otro lado, sentía que era mi deber…

No solo por ser una orden, o por mi papel y responsabilidad como shinobi, sino también porque sentía que de esa forma por fin pagaría un poco por el hecho de tener a mi padre con vida y a mi lado.

Le devolvería un poco de lo que le debía, debíamos en mi familia, a Sakumo sama al cuidar de su hijo; quizás esa sería la forma de agradecerle por fin el haberle devuelto a una chica de 15 años a su padre, de darle la oportunidad de tener una familia de nuevo.

Yo ya sabía todo lo que ese pobre niño sufría, el desprecio del que era víctima, la soledad que le rodeaba, lo mucho que debía pasar y soportar, si bien pocas veces le vi personalmente (ni siquiera pude acercarme al sepelio de Sakumo sama porque sería estar en graves problemas) lo sabía perfectamente.

Y lo sabía perfectamente por el desprecio con que mi padre hablaba de él y de su padre, el mismo que gran parte de los aldeanos tenía.

¿Cómo podían ser tan crueles y malagradecidos?, nunca lo entendí, pero era mi padre, y lo amaba.

-Madre…- pedí su ayuda, pero mi madre solo siguió sentada sin decir nada, como casi siempre hacía. Apreté las manos con impotencia y rabia –papá, por favor…compréndeme, no me hagas renunciar a esto…por favor- susurré.

-Sasuke- dijo mi padre, callándome, mi novio asintió -¿estás de acuerdo que tu futura esposa haga semejante vergüenza?, ¿sería bueno para el gran apellido Uchiha que uno de sus futuros miembros se enrede con un Hatake?-

-Papá, por favor…-

-Anda, opina al respecto, a ver si a ti te hace caso esta cabeza hueca que tengo por hija- los tres miramos a Sasuke, que seguía recargado en la pared de enfrente.

-Hum- dijo con seriedad –si el Hokage lo manda dudo mucho que podamos desistir de ello, por mucho que nos neguemos-

Mi corazón reboso de dicha, de alguna manera, y muy a su particular forma, Sasuke me apoyaba, y eso me alegró de sobremanera.

-Además, querido…- habló por fin mi madre, con ese tinte bajo y sumiso de siempre –piensa que se trata del equipo del nuevo Hokage, supongo que eso debe ser un gran honor y no cualquiera se le da la oportunidad de …-

-Pues será muy el equipo del hokage- la interrumpió mi padre, mi madre calló al instante –pero sigue siendo el hijo del traidor de…-

La puerta se abrió y de ella salió la alta figura del hokage, imponiéndose con fuerza y silenciando a todos.

-Perdón por interrumpir, ¿algún problema Haruno san?-

-Ah…Hokage sama…es que…no, no pasa nada- dije al fin.

-Bien. ¿Sabes?, me alegro que no te hayas marchado aún- me dijo sonriendo con esa calidez de siempre –creo que me faltaba entregarte esto- y me dio una carpeta, la tomé y la hojee –son los expedientes de mis alumnos…- rió- perdón, de tus alumnos,– me sonrió de nuevo y yo me sentí muy nerviosa, miré a mi padre, temblaba de rabia, pero ni siquiera él podía gritarle a la más grande autoridad de la aldea, era un shinobi, y sabía las reglas – cuida muy bien de ellos- me tocó el hombro –te he elegido a ti como mi sucesora porque confío plenamente en que eres la mejor opción, no lo dudes, eres lo suficientemente buena para este trabajo-

-Mu…muchas gracias, Hokage sama…-

Mi voz salió temblorosa, pero aún orgullosa.

Cuando se me aviso que sería la nueva sensei me sentí muy feliz, pero también muy curiosa por saber porque yo…es decir, sabía perfectamente que solo era una novata, y los novatos generalmente se van por los gennin, o aún quedan bajo la tutela de ninjas más expertos, tal vez se debía a la influencia de Tsunade shishuo, pero fuera lo que fuera lo cierto era que no podía dar con una respuesta concreta.

¿Por qué elegirme a mí como sucesora del hokage de la aldea?, ¿tanto confiaba en mi como para depositarme la seguridad de sus alumnos?

-Bueno, creo que tengo mucho trabajo- me dijo sonriendo, yo también le sonreí –si me disculpan me esperan dentro – y dio una reverencia que todos contestamos, iba a entrar cuando antes de desaparecer me dijo –cuida muy bien de Obito, Rin y Kakashi-

-Sí, Hokage sama-

Después de eso partimos a casa, nada de festejos, ni siquiera felicitaciones, todo eso se había perdido solo por el amargo recuerdo que mi padre tenía de su antiguo capitán y amigo; pero no me importaba, al parecer había aceptado que siguiera adelante y eso era suficiente para sentirme feliz y satisfecha.

Cuando llegamos a casa, y después de un largo y pesado silencio que duró todo el camino, mi padre al fin habló.

Se movió poco a poco, con aquel bastón que siempre cargaba, su prótesis era buena, pero no lograba moverse plenamente (odiaba usarla), se paró en la puerta y me dijo con sobriedad.

-Bien, no sigo aprobándolo, pero supongo que tu prometido tiene razón…esperemos y puedas hacer algo bueno con todo esto y que no me generes más vergüenza de lo que ya me has dado…con eso de que lo único bueno que has hecho en toda tu vida es estar comprometida con un Uchiha…- suspiró, yo bajé la mirada, Sasuke me apretó la mano –con tu permiso Sasuke, estoy cansado – entró y mi madre le siguió.

Todo aquello había sido muy difícil de sobrellevar para mí, mi padre era muy importante, y por más que me esforzaba nunca lograba llenar sus estándares…

Sin embargo, me sentía contenta, no solo por subir de rango, o por ser considerada para ser sensei, y más aún, del anterior equipo del nuevo Hokage…sino también por tener al fin algo con que devolver un poco de lo mucho que me dio ese gran hombre que fue Sakumo Hatake.

Porque para mí él siempre fue un héroe, a pesar de lo mucho que todos le odiaban, a pesar de lo que mi padre decía, él solo había salvado la vida de sus subordinados, de sus amigos…él me había devuelto a mi padre, una de las personas más importantes en mi vida…

Les debía demasiado, a él y a Minato sama, e incluso sentía que a Kakashi kun. No quería defraudarles. Me esperaba un largo camino por recorrer…

Además, ese solitario, distante e indiferente niño necesitaba más que nunca de un apoyo, de alguien que le mostrara que aún había gente buena y agradecida en Konoha, que no estaba tan solo.

Sería difícil ganarme su respeto, su confianza, pero debía hacerlo, como maestra, como kunoichi y como, si no era mucho pedir, amiga.

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Saludos desde Sinaloa, México

Nota original:

Hola…

Después de siglos, jaja, nah, meses, meses (que alivio XD) de no actualizar este fic que tanto me gusta (dijo la cuerva) he vuelto!...no, nunca me olvide de "Haruno sensei", tampoco voy a abandonarlo, solo es que estaba empecinada en terminar 123 para poder seguirla cómodamente, tratare de actualizarla consecutivamente (igual que mis otros fics) así que espero y de verdad lograrlo n.n

También espero y no se me hayan espantado los seguidores de la historia, jajaja, o cansado, que es lo más seguro, por haberme tardado tanto. Al menos espero también que la larga espera (espero, espera, como repito eso) haya valido la pena n.n

La historia está pensada originalmente para ser práctica y únicamente vista desde el punto de vista de Kakashi, pero como eso me genera el problema de dejar "huecos" en la narración, pues me vi en la necesidad de introducir un poco a Sakura…y es que no podría hablar plenamente de lo que Sakura piensa o vivió y que Kakashi no sabe, jeje, sería complicado hacerlo así…pero, pero…como la historia va más enfocada a Kakashi, gran parte de la historia será narrada por él, y después de unos pocos cap. retomaré el punto de vista de Sakura (creo que casi no saldrá ella como narradora, ojo, dije creo XD), así que ocasionalmente la verán hablando de ciertas cosas que sean necesarias esclarecerlas.

Incluso hubo alguien que me pedía hablar más de ella, de su pasado, pues aquí está una parte, y como ven, la historia será algo, o muy, dramática T,_T, pero el drama vende, y llámenme masoquista, ¡pero me gusta!

Pero bueno, dejando todo eso de lado, creo que solo resta despedirme, disculparme por la demora y agradecerles por leer la historia (además de recordarles a los seguidores de "123" que tengo un link en mi perfil si les interesa) y por supuesto decirles que cualquier duda (las que ya me han hecho las responderé a lo largo de la trama), critica es bien recibida, también les diría algo como "déjame un comentario, por favor, por favorcito T,.T", pero no soy chantajista XD

Saludos, Dios me los cuide.

Hasta pronto.